Acabo de terminar de leerlo ahora mismo. Aún estoy en estado de shock post-coital, como aquél que díce. Tengo el final aquí, en la campanilla, dudando si lo digiero a regañadientes o lo escupo sin remedio. Lo malo de los tragos amargos es que, encima, te pillen en el último mordisco de una cena exquisita. Esto es lo que me ha pasado con el final de la segunda novela de Albert Sánchez Piñol, "Pandora al Congo".
La he leído en catalán, idioma original. Y me ha sorprendido muy pero que muy gratamente la tremenda fluidez de la prosa. He devorado cada una de las frases, alucinada no solo de los juegos maravillosos que el autor hacía con las palabras sino también con unas asociaciones de ideas que me han fascinado. Por eso me sabe aún peor el final: muy bien escrito, pero a mi juicio del todo inapropiado.
Creo que la realidad no debería nunca superar a la ficción, nunca. Menos en una novela, porque si no nos permitimos soñar entre letras estamos simple y llanamente perdidos ¿no? Soy de la opinión que hay verdades que es mejor no conocer.
En fin. Aquí queda dicho...voy a darme una duchita y a pensar qué puedo leerme ahora. ¿Alguna sugerencia?
Cuando uno se moja, es de recibo que se lo reconozcan. Cuando el que se la juega es de casa, de los entrañables, de esos que dejaste en la niñez y allí creías que se habían quedado, pues aún más. Hoy aplaudo con mis dos ventrículos a una persona especial para mí, a la que he ido a ver en sus pinitos como director teatral. Me parece mentira pero es verdad: director teatral. Wau.
Desde luego que la obra tiene su miga, pero en la versión de Roger Pera hay aportaciones que la han mejorado, por lo tanto: ole por la dirección. A cada cual lo suyo. La "banda sonora" está muy lograda, la escenografía para mí merece un diez, y uno de los fragmentos del final (un texto original de Borges, creo, pero que él ha añadido a la pieza) es un acierto como una catedral. Siempre en mi opinión, cuidado.
Si esto del teatro es pasión, y me consta que así es, hoy digo con orgullo que perdí de vista a un amigo para recuperarlo despues de mucha lluvia transformado en pasión pura: encima del escenario y detrás de un proyecto como este, que transpira magia por todos lados. Y no por el contenido de la obra -con un mensaje durillo colado entre risas- sino por las ganas y la energía que rebosa.
Todo esto, y un profundo afecto, es lo que me ha despertado esta función que he visto hoy. Os la recomiendo, de veras.
Hay estrellas que aparecen en tu cielo para deslumbrarte la noche.
A las que, sin saber por qué, te confías cuando estas perdido.
Mirarlas te duerme el mundo, cuando éste se acelera sin parar.
.
Hay estrellas que, entonces, hacen que no desesperes del todo.
Te dícen que puedes cuando más lo necesitas.
Parece que brillen, tan lejos y tan cerca, sólo para ti.
.
Hay estrellas que un día, miras hacia arriba y simplemente no están.
Tal vez habiten otros cielos, más oscuros que el tuyo.
O quizá no se fueron pero tú, por lo que sea, no las ves ya.
.
Hay estrellas que, despues de pasar, dejan un hueco por lo que fué,
un suspiro por lo que es,
y una sonrisa por lo que será.
.
Hay estrellas que cuando desaparecen,
ni se olvidan ni se pierden,
sólo indican que tu noche se va.
.
-Un beso enorme y muchas felicidades, AIRUNA-
Soñar con mi ex-suegra fué un mal presagio. Eso lo sabía yo de sobras cuando me desperté anteayer. Como no podía ser de otro modo, las malas notícias no tardaron en llegar. Después del cafelito abrí el ordenador y empezaron los fuegos artificiales de pantallitas diciendo:¡ATENCIÓN, PELIGRO! Cerraba una y se me abrían tres: que si “¡SU EQUIPO HA SIDO ATACADO!”, que si “¡PROTÉJALO RÁPIDO O USTED LLORARÁ A MOCO TENDIDO!”, que si “¡LOS TROYANOS HAN PLANTADO SUS TIENDAS, APÁRTESE ANTES DE QUE LA PANTALLA EXPLOTE!”. En serio, fué horroroso.
Me cagué en mi ex-suegra y en sus premoniciones. Me cagué en todo, mientras el ordenador parecía volverse loco de remate. Yo, que no entiendo nada de informática, decidí hacer algo útil: me conecté a la red para buscar algún antivirus eficaz. Eficaz y gratis, de paso. Me costó dar con uno ya que hacerme camino entre las malezas invasoras no era tarea nada fácil: tenía que ir apartando una a una las advertencias del señor güindows, que se estaba quedando afónico gritando avisos “¡ESTO VA DE MAL EN PEOR!”- me decían sus ventanas- “¡PARE SU PC, HOMBRE YA!” ...Pero yo, dispuesta a salvar mis bits y mis baits de esa plaga enemiga, iba cerrando las ventanitas y adentrándome en la red. Llegué a una página de antivirus, y descargué una versión de prueba (creo, porque estaba atacadísima de los nervios). Mientras se chequeaba mi ordenador empezó a precipitarse el cacao, el tal Bill Gates en persona firmaba los avisos: ¿PERO QUÉ COÑO HACE? –decía- ¡COMO DESPIERTE A LOS TROYANOS SE VA A LIAR GORDA!
Recordé que tenía pendiente refrescar la memória del Padre Nuestro demasiado tarde: justo entonces que quería rezar. Pero le puse intención, pensé que Dios se apiadaría de mí aunque me saltara el protocolo. Para eso él es divino mientras que yo una simple mortal...en ese momento el antivirus me dió el veredicto: ciento treinta y cuatro bichos malignos pululaban a sus anchas por mi ordenador. Algunos eran espías, otros eran guerreros peligrosos. Y todos estaban ahí: de acampada, echándose unas risas a mi costa. Brrrr.
Ya no podía ni siquiera cerrar el ordenador: se quedó con la mirada fija, el ratón no respondía a mis cosquillas y ni tan siquiera la función control-alt-supr, que de tan malos tragos me ha salvado, pues ni tan solo eso funcionaba. Temiendo que de un momento a otro iba a escuchar una carcajada ultratúmbica de los troyanos, apagué el ordenador a saco.
Total: han sido dos días en la UCI. Mi pobre ordenador se debatía entre la vida o la muerte mientras que los troyanos hacían un fuego de acampada en mis archivos y se tostaban salsichas para cenar. Yo, resignada y vestida de luto, esperaba fuera. Castigada en el cyber.
Por suerte mi ex es un informático de primera, y supo atacar a los invasores cuando menos se lo esperaban: con nocturnidad y alevosía. Así que me salvó el ordenata echándo gas lacrimógeno a esos nómadas informáticos que querían intoxicarme el ordenador.
Menos mal de mi ex. Siempre supo tratar a su madre, y por lo que se ve, también a los malos sueños que ella me regala.
Acabo de comprar un cyber-amby-pur para cambiar los aires del blog, que en la última entrada quedaron algo espesos y no me apetece en absoluto. ¿Dónde tenía yo el enchufe? A ver, creo que estaba detrás de la tele. Mierda, hay un alargo... lo seguiré... ajajá...se esconde detrás del sofá. Que no cunda el pánico, no pasa nada: retiro el tresillo y santas pascuas... ya recuerdo que por aquí atrás estaba el único enchufe que aún funciona, le puse un ladrón en Navidad para las luces del arbolito.
Leñe, cómo pesa este sofá! anda que si me vuelve a dar el lumbago...Ya ta, buf. Míralo el puñetero enchufe, ahí está: como la puerta de Alcalá...¿Pero qué veo? ¡El que quedaba libre está ocupado por otro ladrón! y de él parte un alargo multienchufe tambien todo ocupado brrrr. Algún día provocaré un destrozo con mis equilibrios elécticos...
En fin, ¿pues qué saco? ¿La lamparita? ¿El cargador del móbil? ¿el PC? Aiñ. ¡Vivir en un piso de alquiler son todo comodidades! Tendré que librar algun enchufe para poner el cyber-ambientador, digo yo. Bueno, desenchufo este gordote y tira que te vas...
¡Uy! Ahora me he quedado a oscuras, tú...pero qué bien huele, ¿verdad? mmmmmmmmmmmm esto ya es otra cosa!!!!!
Hay algo peor que ser una puta sabandija: serlo y disfrazar tus artimañas de amistad. De todas las jugarretas y malas costumbres, las que peor huelen y más intoxican son las que llegan por el flanco de los que teóricamente son tus amigos. Por imprevistas. ¡Buuuummm! Explosión en la retaguardia. Hay que joderse, pero almenos sirve para desarticular la mentira. Hace falta ser poco honesto para menear la cola igual que una sabandija, aspirar las ilusiones ajenas como el peor de los vampíros y encima pretender que eres una buena persona y mejor amiga. Se puede ser cabrón en esta vida pero coño, por lo menos con dignidad, de cara. Digo yo ¿no?
Quédate un rato más. Se lo pido como cada noche, rendido ya mi cuerpo junto al suyo, después de desatar sudor, hormonas y milagros entre las sábanas. Hoy, como ayer y como el otro, él no responde nada. Me da un beso, de los suyos, de los de después, de los tiernos. Me sonríe un poco, entrecierra los ojos mientras me acaricia el pelo, pretendiendo con el gesto pedirme unas disculpas que no quiero escuchar. Sé que su mujer le espera en casa, con la cena preparada y un buen sermón por el retraso. Una reunión, querida. ¿Tanto cuesta llamarme? ¿Cómo voy a tener que decirlo? Lo sé, llevas razón, perdóname tesoro. Las pantunflas, el periódico, el achuchón misionero de rigor, y buenas noches hasta mañana. Me imagino que así debe ser su regreso al hogar, y lo lamento. Pero no por mí, conste. Si lo siento, es por él. Aunque no me crea cuando se lo digo, por nada del mundo cambiaría mi papel por el de su decente esposa. No. Ahora ya no sé vivir sin la Otra que hay en mí. La que él me despierta.
En el fondo saber que está casado y que me visita sólo para follar me excita de mala manera. Esa es la pura verdad. Y si por asomo alguna vez intuyo que es por amor y no por sexo que recorre cada tarde mis rincones con los suyos , mi líbido abandona la escena con la misma soltura que yo paso de contestar el teléfono durante una semana cuando veo que es él quien me llama. No es cariño lo que le pido, y lo sabe. Intercambiamos fluidos, locuras y escarceos, nada más. Aunque una vez terminada nuestra sesión diaria, explorados ya todos los límites, agotados todos los gemidos y saciadas todas las ansiedades, entonces sí me encante saborear un abrazo cómplice, un suspiro cálido, un dedo suave recorriendo mi espalda mil veces, tentando al reloj para que retrase el adiós. Entonces sí me apetece su lado tierno, es fantástico. Pero sólo después, nunca antes. Alguien dijo una vez que el orden de los factores no altera el producto. Menuda calamidad sexual sería el tío.
La chispa siempre te abandona en el peor momento. Me lo habían dicho mil veces, pero ayer me vino a la cabeza como un flash, cuando a media ducha, se me terminó el agua caliente. C'est finie. Así, sin avisar. Qué frío, por Dios. En lugar de gotas, del grifo salían cubitos. Os lo juro. Y yo enjabonada hasta las cejas dándole porrazos al grifo. ¡No, no, no...!maldije el momento, cuando aún tenía esperanzas de que volviera a la vida, pero qué va. El agua seguía saliendo congelada. ¿Donde está la chispa de la puta caldera?
Salí de la ducha tiritando, y cagándome en mi mala suerte fuí hacia la cocina a darle mis saludos cordiales al aparatejo que me acababa de dejar tirada. Lo miré. Lo miré mal. Pero ni se immutó, las calderas traidoras es lo que tienen. A ellas ni plim. Hay que joderse.
¿Y ahora qué? me dije. Me vino a la memoria que en el otro piso, la caldera se chequeaba sola, como los gatos que se lamen a sí mismos, pero en plan tecnológico. Cuando se estropeaba o algo, le dabas al "cheiquing" y ella sola se inspeccionaba, qué mona era. Me pregunté si la caldera que tengo ahora tambien tenía la misma función, y la lógica apuntaba a que sí: es mucho más nueva. Miré todos los tubecitos, en busca del botón famoso, pero la verdad, no ví ninguno. Todo eran llaves de paso y me dió miedo tocar nada, digo vaya ser que vuele el edificio, con la tontería.
Entonces fué cuando llamé. ¿A la peluquería? No. Al servicio técnico. Aunque el pelo lo toman igual de bien o mejor. La señorita me preguntó mi dirección y al decírsela le apareció en pantalla el modelo de caldera. Ok, todo iba viento en popa, me sentí en buenas manos. ¿Y qué le sucede? me preguntó. Digo: yo qué se, que no sale agua caliente ¿Cómo se hace para que se auto-chequeo? Y va la tía y me pregunta ¿qué lucecitas estan encendidas? Voy a la cocina, lo miro, se las digo y me contesta toda seria: NO TOQUE NADA, ESA AVERÍA TIENE QUE VERLA EL TÉCNICO.
¡Coño! desde ayer que sucedió esto hasta hoy que se ha pasado el perla del operario, he estado pensando que algo gordo pero que muy gordo le ocurría a mi caldera. A ver si ahora tienen que cambiarla, por el modo de contestar de la telefonista, fijo que es un tema delicado. Ya verás tú el sablazo, me decía yo. Pero bueno, por lo menos lo hemos detectado a tiempo, con lo cual se ha podido evitar una catástrofe. Quien sabe lo que hubiera podido pasar si no llega a bloquearse la chispa. Menos mal, menos mal.
Esta mañana se ha venido el técnico. De diez a doce, me dijeron. Ha llegado a menos cuarto, las doce. Y al minuto exacto me dice: "esto ya está". ¿Como?¿Qué tenía? Le he dicho alucinando. Va y me contesta: no lo sé, la he auto-chequeado y ya funciona. No puede ser verdad, me he dicho a medio camino de pillar el cuchillo jamonero.
Total: ha puesto el reloj de la caldera en la "R", ha abierto el grifo, y sansacabó. ¡De coña! Digo ¿pero que me habeis tomado por gilipollas o qué? Y el tío que ya estaba rellenando el atraco, digo el albarán, ha levantado la ceja, alucinando. Digo ¿no me lo podía decir tu compañera que tenía que hacer esta operación tan sencilla? Es que llamé para preguntar justo esto. Dice: no, es que ella no sabe. Y he pensado: ¿qué coño va a saber si me habeis cobrado 50 euros el minuto? Así cualquiera sabe. Pues hala, me han sableado a gusto y se han ido a otro domicilio, a repasarle el corte a otra tonta, supongo.