El pozo
Cuidado, casi llego al fondo
y eso que se dice
que este pozo era infinito.
Trato de trepar,
pero la pared resbala y desgarra.
Hay manos que dicen
que llegarán,
tiran cuerdas
que al tomarlas sueltan
y al fondo van a parar
haciéndome descender otro peldaño,
mis pies ya se han mojado,
alzo la vista
y la luz está menguando,
quiero gritar
con mi apagada voz
y apenas muevo brisas.
Ya sólo queda una rendija
por la que serpentea la luz
y mis necios ojos
se niegan a verla.
Golpeo con fuerza el agua
tratando de llamar la atención
pues se que fuera del foso hay voces
que se niegan a escuchar.
Aladiara

Quimeras con vodka
Y que más me puede dar,
si sus ojos son menos bonitos,
si su elocuencia es indiferente,
si ni gracia ni chispa tiene,
si su pelo es teñido
y carece de corazón.
Que me vendrá a importar,
el que tus labios sean míos
sólo una fracción de segundo
en presencia de las sombras
y ella tenga ahora
el absoluto monopolio fingido
pues cuando la soledad nos rodea,
son mi posesión más preciada.
Qué me puede incumbir,
que con ella navegues mil veces
hasta los confines del cielo,
si cuando llegas a la cima
pronuncias mi nombre en silencio.
Me es indiferente
que llevase yo la partida ganadora,
las cartas eran inmejorables,
me llevé supuestamente el premio,
pero preferiste marcharte con la crupier.
Carece de importancia
pero me astilla el corazón
si tus ojos dijeron que me amabas
y que tu boca, ante ella, lo negó.
Yo ya no me meto,
en si me querías o no
serán las quimeras
que servidas con vodka
saben mejor.
Aladiara
Recordándote
Recordándote
se pintaron las postales,
antes en blanco y negro,
de maravilloso color.
Recordándote voló tu perfume
de otro tiempo hasta este
y con él me quedé dormida.
Recordándote volvieron las risas
y voló un rato el dolor
que regresó de nuevo
planeando sobre las lágrimas.
Recordándote pensé por un segundo
que me hallaba dormida
y que al despertar
aún no te habías marchado.
Recordándote traté de dibujarte
y al perfilar tu rostro
llegó tu presencia
y en incorpóreo abrazo
volviste a estar junto a mí.
“Aladiara”
Quiero y no puedo
Quiero alzar los brazos
y lograr hallarte entre ellos,
quiero encontrarte
cuando mis ojos te busquen,
quiero decirte que te quiero
y que oírme puedas,
quiero volver a entrar en silencio,
de puntillas acercarme a ti
y regalarte un suave beso,
quiero que la realidad
se rasgue por completo
y que la inunden las mariposas
de éste dulce sueño.
Aladiara
Se que los relatos no son lo mío, pero a ver que os parece, sedme sinceros
En el momento Justo
Eran casi las tres de la madrugada, el cansancio ya comenzaba a hacer su aparición, pero no me podía permitir descansar, además apenas quedaba una hora para llegar Jaén, lugar en el que al día siguiente debía dar una conferencia. Paré un instante a estirar las piernas y apenas dos minutos después de retomar la marcha, vi a un hombre con el chaleco reflectante que me hizo señas para parar, no me gusta cuando estoy sola, pero aquel hombre parecía encontrarse realmente en problemas, así que aparqué el coche y me dirigí caminando hacia él.
-Ayúdeme por favor-
El hombre parecía tremendamente alterado, tenía varias heridas en la cara y parecía tener un brazo roto, tenía un hilillo de sangre en el oído izquierdo.
-Tranquilícese, ahora mismo llamo a emergencias. Maldita sea, no hay cobertura-
-Ya he intentado llamar, pero no llega la señal, por favor ayúdeme, mi esposa y mi nieta están muy mal, mi mujer no se mueve-.
-Pero que puedo hacer, voy en busca de ayuda-
-Señorita por favor, no me deje solo, venga… venga conmigo.-
Aunque con el miedo en el cuerpo, decidí seguirle. Al llegar al coche el paisaje era poco alentador, el coche se había empotrado en un árbol y la peor parte parecía habérsela llevado la señora que parecía encontrarse bastante mal, tenía varios cristales clavados en la cara y una herida bastante grande le presidía el pecho, al parecer su airbag no se había abierto. La niña sin embargo, parecía estar perfectamente y jugaba tranquilamente con su sonajero, sentada en la silla para bebés en el asiento de atrás
-Señorita, ayúdeme-
-Llámeme Violeta, por favor, déjeme ir a la ciudad, apenas quedan unos kilómetros-
-Soy médico, se que Sofía está muy mal, hay que trasladarla inmediatamente, ayúdeme por favor, la llevaremos hasta su coche e iremos al hospital, yo le indicaré el camino.-
-Sin dudarlo le dije que sí-
Me acerqué a ella –Sofía puede oírme, mire, vamos a ir al hospital, puede moverse-
-Por su puesto señorita, antes me dolía mucho pero ahora apenas siento nada- Miré al hombre que observaba la escena con cara de amargura.
Ante mis atónitos ojos, la señora abrió la puerta, se puso de pie y aunque con cierta dificultad y apoyándose en su marido, se subió a mi coche y él tras ella. Yo cogí al bebé en su silla y la acoplé en el asiento delantero.
-Bueno señor…-
-Llámeme Roberto, no se preocupe por nada, conozco esta zona como la palma de mi mano, le daré las indicaciones precisas-
Arranqué el coche.
Sofía: De dónde es usted Señorita
-Soy de Málaga, aunque llevo viviendo un tiempo en Madrid.-
Roberto: Tome el primer cruce a la izquierda.
Sofía: Se le nota por el acento, mi hijo también vive en Madrid, tiene una novia de Málaga, aunque no la conocemos, es psicóloga y mañana daba una conferencia en la Universidad, mañana íbamos a ir a verla con mi nieta para conocerla. Iba a ser una sorpresa, pero con el coche así.
Cómo no había caído, Roberto y Sofía, así se llamaban los padres de Héctor.
-¿Su hijo no se llamará Héctor por casualidad?-
Sofía -Sí, no me diga que usted es Violeta.-
-Sí soy yo.-
Roberto –Encantado de conocerla, ojalá la hubiésemos conocido en otra situación.-
-Bueno, lo importante es que pasaba por el lugar adecuado en el momento justo.-
Roberto - Continúa todo recto hasta la próxima rotonda y gire a la derecha-
Sofía – Roberto, tengo sueño, mucho sueño.-
Roberto- No te duermas ahora, que ya casi llegamos al hospital-
-Así que esta es María, se parece mucho a Héctor-
Sofía: -En el pueblo todos dicen que parece hija de Héctor en vez de Luisa, a ver si pronto nos traéis vosotros también un nietecito-
-Todavía es pronto-
Roberto: -No agobies a la chiquilla-
Mire ya se ve el cartel del hospital.
Roberto: -Para en la puerta de urgencias, coge a María y pregunta por el doctor Amadeo Sánchez, él tiene guardia esta noche, no pierdas tiempo-
Seguí estrictamente sus órdenes y eso es todo lo que ocurrió oficial, punto por punto.
-Un momento señorita, Hidalgo quédese con ella-
Estaba muy asustada, tenía el cuerpo completamente encrespado y no podía dejar de llorar. El oficial volvió a entrar, traía un café en las manos que me ofreció amablemente, el semblante de su rostro había cambiado por completo.
-Está bien Violeta, se que está diciendo la verdad, el forense acaba de confirmarme que Roberto y Sofía llevan al menos dos días muertos, ella murió a causa de las graves heridas y al parecer un vecino que acaba de entregarse atropelló a Roberto cuando éste salió a buscar ayuda. En cuanto al bebé, es una suerte que usted pasara por allí, de no haberla encontrado, quien sabe lo que hubiera sido de ella.
Aladiara Sombra de Plata
A mi amigo Aarón el karateca que no teme a nada