En el momento justo
Se que los relatos no son lo mío, pero a ver que os parece, sedme sinceros
En el momento Justo
Eran casi las tres de la madrugada, el cansancio ya comenzaba a hacer su aparición, pero no me podía permitir descansar, además apenas quedaba una hora para llegar Jaén, lugar en el que al día siguiente debía dar una conferencia. Paré un instante a estirar las piernas y apenas dos minutos después de retomar la marcha, vi a un hombre con el chaleco reflectante que me hizo señas para parar, no me gusta cuando estoy sola, pero aquel hombre parecía encontrarse realmente en problemas, así que aparqué el coche y me dirigí caminando hacia él.
-Ayúdeme por favor-
El hombre parecía tremendamente alterado, tenía varias heridas en la cara y parecía tener un brazo roto, tenía un hilillo de sangre en el oído izquierdo.
-Tranquilícese, ahora mismo llamo a emergencias. Maldita sea, no hay cobertura-
-Ya he intentado llamar, pero no llega la señal, por favor ayúdeme, mi esposa y mi nieta están muy mal, mi mujer no se mueve-.
-Pero que puedo hacer, voy en busca de ayuda-
-Señorita por favor, no me deje solo, venga… venga conmigo.-
Aunque con el miedo en el cuerpo, decidí seguirle. Al llegar al coche el paisaje era poco alentador, el coche se había empotrado en un árbol y la peor parte parecía habérsela llevado la señora que parecía encontrarse bastante mal, tenía varios cristales clavados en la cara y una herida bastante grande le presidía el pecho, al parecer su airbag no se había abierto. La niña sin embargo, parecía estar perfectamente y jugaba tranquilamente con su sonajero, sentada en la silla para bebés en el asiento de atrás
-Señorita, ayúdeme-
-Llámeme Violeta, por favor, déjeme ir a la ciudad, apenas quedan unos kilómetros-
-Soy médico, se que Sofía está muy mal, hay que trasladarla inmediatamente, ayúdeme por favor, la llevaremos hasta su coche e iremos al hospital, yo le indicaré el camino.-
-Sin dudarlo le dije que sí-
Me acerqué a ella –Sofía puede oírme, mire, vamos a ir al hospital, puede moverse-
-Por su puesto señorita, antes me dolía mucho pero ahora apenas siento nada- Miré al hombre que observaba la escena con cara de amargura.
Ante mis atónitos ojos, la señora abrió la puerta, se puso de pie y aunque con cierta dificultad y apoyándose en su marido, se subió a mi coche y él tras ella. Yo cogí al bebé en su silla y la acoplé en el asiento delantero.
-Bueno señor…-
-Llámeme Roberto, no se preocupe por nada, conozco esta zona como la palma de mi mano, le daré las indicaciones precisas-
Arranqué el coche.
Sofía: De dónde es usted Señorita
-Soy de Málaga, aunque llevo viviendo un tiempo en Madrid.-
Roberto: Tome el primer cruce a la izquierda.
Sofía: Se le nota por el acento, mi hijo también vive en Madrid, tiene una novia de Málaga, aunque no la conocemos, es psicóloga y mañana daba una conferencia en la Universidad, mañana íbamos a ir a verla con mi nieta para conocerla. Iba a ser una sorpresa, pero con el coche así.
Cómo no había caído, Roberto y Sofía, así se llamaban los padres de Héctor.
-¿Su hijo no se llamará Héctor por casualidad?-
Sofía -Sí, no me diga que usted es Violeta.-
-Sí soy yo.-
Roberto –Encantado de conocerla, ojalá la hubiésemos conocido en otra situación.-
-Bueno, lo importante es que pasaba por el lugar adecuado en el momento justo.-
Roberto - Continúa todo recto hasta la próxima rotonda y gire a la derecha-
Sofía – Roberto, tengo sueño, mucho sueño.-
Roberto- No te duermas ahora, que ya casi llegamos al hospital-
-Así que esta es María, se parece mucho a Héctor-
Sofía: -En el pueblo todos dicen que parece hija de Héctor en vez de Luisa, a ver si pronto nos traéis vosotros también un nietecito-
-Todavía es pronto-
Roberto: -No agobies a la chiquilla-
Mire ya se ve el cartel del hospital.
Roberto: -Para en la puerta de urgencias, coge a María y pregunta por el doctor Amadeo Sánchez, él tiene guardia esta noche, no pierdas tiempo-
Seguí estrictamente sus órdenes y eso es todo lo que ocurrió oficial, punto por punto.
-Un momento señorita, Hidalgo quédese con ella-
Estaba muy asustada, tenía el cuerpo completamente encrespado y no podía dejar de llorar. El oficial volvió a entrar, traía un café en las manos que me ofreció amablemente, el semblante de su rostro había cambiado por completo.
-Está bien Violeta, se que está diciendo la verdad, el forense acaba de confirmarme que Roberto y Sofía llevan al menos dos días muertos, ella murió a causa de las graves heridas y al parecer un vecino que acaba de entregarse atropelló a Roberto cuando éste salió a buscar ayuda. En cuanto al bebé, es una suerte que usted pasara por allí, de no haberla encontrado, quien sabe lo que hubiera sido de ella.
Aladiara Sombra de Plata
A mi amigo Aarón el karateca que no teme a nada
6 comentarios - Escribe aquí tu comentario
El relato es muy interesante, aladiara, pero te tengo que comentar una cosilla. Has hecho un cruce de nombres. La chica primero dice llamarse Ester y después resulta ser Violeta, y él primero se llama Alberto y después Roberto. Igual lo has hecho a conciencia pero la verdad es que lía un poquillo.
Por lo demás, todo muy bien.
Besitos
Consigues que hasta el final no se descubra todo. Muy bueno. Besitos.
A mí me has tenido en ascuas hasta el inesperado final aunque tambien me ha pasado un poco como a Teresis , me he liado con los nombres.
Un abrazo
Ups, maldito Lda, hice la corrección de los nombres nada más publicarlo, pero al parecer no se cargó bien, ups, lo siento
Ya está, arreglado del todo.
Besos de Plata
me ha gustado mucho, de verdad : )










