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El Viajero Paisa / Albeiror24

Sube a nacer conmigo hermano, dáme la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado, no volverás, del fondo de las rocas, no volverás, del tiempo subterráneo, no volverá tu voz endurecida, no volverás tus ojos taladrados... (Neruda)

Camboya, cruzando el país de la eterna sonrisa, II parte

Aquí la segunda parte: merodeando por Phnom Penh. Publicado en FRONTERAS DE PAPEL, REVISTA DE VIAJES.

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Como capital, Phnom Penh se presenta como una ciudad preparada para recibir a cualquier visitante. Extranjeros de todas partes se encuentran en la ciudad del Mekong, muchos como voluntarios o trabajadores de organizaciones internacionales, como observadores, como negociantes o como turistas. Según los informes del Ministerio de Turismo, Camboya recibió durante el 2005 cerca de dos millones de extranjeros, especialmente de Corea del Sur, Japón, China, Vietnam, Tailandia y Estados Unidos. Los principales centros visitados fueron Phnom Penh, Siem Riep (Angkor Wat), Sihanoukville y Ratanakirik.

Además de restaurantes, hoteles y cualquier otra cosa que se puede encontrar en cualquier otra parte del mundo, Phnom Penh es una ciudad para descubrir con otra mirada. Antes de la guerra estaba considerada una de las más hermosas del Lejano Oriente y, seguramente, está llamada a volver a serlo. El plano urbanístico es una verdadera obra de arte con avenidas circunvalares, calles perfectamente bien trazadas que juegan con la confluencia de los dos ríos: el Mekong y el Tonle Sap, llamado en Phnom Penh “Río Basac”. El plano de la ciudad, promovido después de la independencia, inspiró el trazado urbano de Singapur.

Leyenda e historia

En 1372 la abuela Penh caminaba a orillas del río Sap cuando vio algo que flotaba en las aguas. Ella lo recogió y descubrió que se trataba de cuatro estatuas en bronce y una en piedra de Buda. Como signo de respeto, puso las seis estatuas en un altar que ella misma hizo en una colina cercana a su casa, la cual recibió con el tiempo el nombre de Colina de Penh (Phnom Penh).

En 1432 el último rey de Angkor, Ponhea Yat, ubicó la corte en el lugar, lo que le dio una importancia aún mayor a la colina en donde se fundaron varias pagodas, una de las cuales aún permanece, la Pagoda de la Colina (Wat Phnom). En 1505 la corte abandona Phnom Penh y se ubica en Lovek, pero el sitio, ubicado estratégicamente en la confluencia de los dos grandes ríos, fue visitado por navegantes extranjeros (chinos, japoneses, indios, portugueses, españoles y holandeses), lo que lo convirtió en un puerto de primer orden. Después de la invasión vietnamita al sur de Camboya (Kampuchea Krom, región que el país perdería definitivamente), el puerto fluvial quedaría separado del Mar de la China y le causaría una notable decadencia. En 1812 el rey Chan movió la corte a Phnom Penh, pero la corte tuvo que regresar a Udom varias veces hasta que con la ayuda de los franceses Phnom Penh sería la sede real de manera definitiva a partir del reinado de Norodom en 1863. Los mismos franceses adelantaron el desarrollo de Saigón, en el Delta del Mekong, más cerca al Mar de la China y ello haría que Phnom Penh perdiese su liderazgo definitivo como puerto clave en la vía comercial de la región.

En 1975 la ciudad cae en manos de los jemeres rojos, los cuales fundaron la Kampuchea Democrática, un estado maoísta que duraría hasta 1979. Entre sus políticas contaba la imposición de una revolución radical en la cual las ciudades no contaban. Phnom Penh, que al final de la Guerra de Indochina en ese año tenía dos millones de habitantes (la mayoría refugiados) fue evacuada en su totalidad. Phnom Penh quedó completamente solitaria por los siguientes cuatro años y el único edificio con permanente actividad fue el antiguo y prestigioso colegio Tuol Svay Prey, convertido en el centro secreto de interrogatorios y tortura del régimen de los jemeres rojos bajo el código S-21. En la actualidad es el Museo del Genocidio Tuol Sleng, en donde se conservan las principales pruebas que inculpan a los jemeres rojos como crímenes contra la humanidad.

Turismo macabro

Aunque parezca macabro, Camboya convirtió los rastros de la guerra y la pesadilla del sangriento régimen de los jemeres rojos en turismo. El Museo Tuol Sleng, los Campos de Exterminio, la tumba de Pol Pot, la casa de Ta Mok, las casas en ruina de Kep y otros sitios similares se encuentran en la ruta del turismo en Camboya. El hecho es criticado por muchos que lo ven como la comercialización del dolor humano, así sea de hechos pasados, pero para otros, especialmente activistas de los derechos humanos, es una manera de dar a conocer al mundo la realidad de un hecho que en muchas ocasiones ha sido negado de manera intelectual. Uno de los casos que ilustra la discusión lo constituye el mapa de cráneos de Camboya exhibido en el Museo Tuol Sleng. El mapa fue hecho por el Cetro de Documentación de Camboya - CD-Cam (una institución semi-oficial que se dedica a la recopilación de las pruebas del genocidio cometido por los jemeres rojos), como una parodia de lo que el régimen de Pol Pot llevó a cabo en el país. Algunas personalidades, entre ellas el ex rey Norodom Sihanouk, pidieron que los cráneos debían ser cremados como correspondía a la religiosidad budista para que los espíritus de los difuntos pudieran reencarnarse. Los defensores de los derechos humanos, en cambio, argüían que los cráneos eran una evidencia para ser presentada en el Tribunal Internacional en contra de los líderes de los jemeres rojos. La solución se dio en hacer una copia del mapa, que es la que en la actualidad se exhibe y conservar en un lugar más privado los cráneos que, serían cremados tan pronto termine el juicio a los criminales implicados.

Turismo real

Menos macabro es en cambio conocer todo lo relacionado con la monarquía camboyana, descendiente de las dinastías del Imperio de Angkor cuyo esplendor se ubica entre los siglos VIII y XIII. Durante el siglo XIX dos hermanos que llegarían a ser reyes, Norodom y Sisowath, fundarían sus propias dinastías, las cuales entrarían en disputas durante todo el siglo XX. Después de la independencia, se instituyó el Consejo Real que, tras la muerte o abdicación del rey, debe elegir a un príncipe que sea descendiente directo de la dinastía Norodom o de la dinastía Sisowath. El padre del rey Norodom Sihanouk era un Norodom y su madre una Sisowath. Los franceses, preocupados de tener siempre a los reyes bajo su régimen colonial sometidos a su influencia para utilizarlos como títeres de sus políticas, construyeron en Phnom Penh un suntuoso Palacio, en lugar del palacio más modesto construido por el rey Norodom en 1866. Se trata de un inmenso complejo en el cual resalta el color amarillo que es considerado el color real en el país. Existen numerosas puertas, cada una con un uso particular como la puerta de personalidades de estado, que es la principal, antecedida por un inmenso retrato del rey; la puerta de los turistas y la puerta de los muertos por donde sale el féretro del rey difunto. En el interior existen numerosos sitios para conocer como el Pabellón Chan Chhaya, que en tiempos anteriores era centro de las tradicionales representaciones de la danza clásica jemer. Uno de los lugares más importantes del Palacio es sin duda la Pagoda de Plata y el nombre no es gratuito: el piso y gran parte de los decorados son de plata (cinco mil baldosas de dicho material), protegidos por un inmenso tapiz. En el centro es venerado el Buda de Esmeralda, una bella estatua hecha en cristal y que se sienta en frente del Buda de Oro, con 9.584 diamantes incrustados. Otros numerosos tesoros relacionados con el budismo camboyano se encuentran conservados dentro de esta especial pagoda real, como una reliquia de Buda traída desde Sri Lanka en fecha desconocida. El Palacio contiene bellas pinturas de arte que representan las epopeyas hindú y los reyes camboyanos, así como una gran maqueta de Angkor Wat.

Museo Nacional

Cerca del Palacio se encuentra el Museo Nacional que conserva numerosos tesoros de la historia camboyana, no menos preciosos que los más importantes museos del mundo. Artefactos prehistóricos, de la época de la indianización camboyana, pre-angkorianos, del esplendor de Angkor Wat y posterior. El Museo representa el máximo esfuerzo por la conservación de la cultura jemer. En 1975, con la evacuación de Phnom Penh, este fue abandonado y su director asesinado. El Museo fue construido en 1918 por George Groslier, un arqueólogo francés que hizo el diseño con todo el estilo camboyano.

La ciudad para ver

Pero esas rutas obligadas del turismo no son lo único que Phnom Penh ofrece. Una ciudad que despierta al presente después del letargo y la amargura de la guerra. Entre sus calles, a veces desordenadas por el tráfico y los vendedores que van y vienen, Phnom Penh cuenta historias silenciosas que no necesitan traducción, como edificios franceses semi-abandonados en poder de arrendatarios que los compraron por unos pocos dólares hace algunos años, o de hoteles de mala muerte. Los callejones que se adentran en cúmulos de edificios atestados de gente, los mercados populares en donde se encuentra de todo, en donde todo está tirado por tierra, en donde higiene y orden no forman parte del entorno.

La sobrepoblación de moto-taxistas que están siempre al acecho de algún cliente para llevar al otro lado de la ciudad siguiendo la ruta propia de su propio código de tránsito, los extranjeros con sus cámaras inmensas, vestidos de pantalones cortos y fotografiándolo todo con una cierta diversión, mientras todos los camboyanos pasan frente a sus cámaras con más diversión aún. Una ciudad en donde las cosas ya no producen sorpresa, como aquel bar irlandés cuya fachada en una esquina tiene nostalgia de Dublín, aquellos coreanos que caminan siempre tan juntos, como si temieran perderse y que se detienen todos al mismo tiempo para ver lo mismo y reinician su marcha todos a la vez, o aquel alemán de barba bíblica que recorre la ciudad en una moto inmensa, o aquellos muchachos camboyanos recién venidos del campo que se enamoraron de la ciudad y que no piensan regresar a su campo, porque nada es mejor que Phnom Pen en este mundo, porque para ellos es lo mejor, lo más hermoso que le pudo pasar al Mekong en su largo recorrido desde el Everest al Mar de la China. Por algo la abuela Penh quiso morir aquí, por algo los reyes dejaron a Angkor, por algo todos volvieron después de la guerra, porque Phnom Penh es la ciudad en donde la vida comienza.

Citar este artículo:

RODAS TORRES, Reinaldo Albeiro. Camboya, cruzando el país de la eterna sonrisa, II parte. Fronteras de Papel, revista de viajes. Barcelona, 2007.

Foto de Norberto Cuenca.

Camboya, cruzando el país de la eterna sonrisa, I parte

Publico aquí los diarios de viaje que he estado elaborando en FRONTERAS DE PAPEL sobre Camboya. En este primer articulo narro un viaje entre Poipet y Phnom Penh.

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Trabajar en Camboya te pone en contacto con lo más íntimo de un país que tiene todo el interés desde el punto de vista cultural, histórico y social. Si bien existen muchos reportes acerca de los problemas que afronta un país cuyo territorio es de 141.080 Km2 y que se ubica entre uno de los más pobres del Extremo Oriente, lo cierto es que Camboya posee una riqueza histórica y cultural única que empieza a ser descubierta internacionalmente. Los camboyanos se están dando cuenta de ello y le ponen mucha atención al turismo. Las ruinas del complejo arqueológico de Angkor, por ejemplo, se aprecian en la actualidad como una de las maravillas del mundo y sin duda lo son; antiguos templos hindúes de piedra que ponen en contacto directo con la gloria de uno de los imperios más espléndidos de los siglos IX a XIV en Asia: el Imperio Jémer.

Poipet: puerta del infierno, puerta del cielo

Nada hay en Poipet, más que unos casinos tan lujosos como cualquiera de Las Vegas, con la diferencia que estos están ubicados en una de las fronteras más curiosas del planeta y con la historia más cinematográfica que pueda contarse. Poipet es nada, porque nadie sabe tampoco qué es, si una aldea, un pueblo, una ciudad o una zona de guerra. La primera vez que se mencionó en la historia del mundo fue gracias a los jemeres rojos, los mismos que ahora afrontan un tribunal internacional por la desaparición de al menos 1.5 millones de camboyanos entre 1975 y 1979. Ellos expulsaron a todos los extranjeros por ese punto que entonces era una selva tropical y malárica y no tenía nada que ver con un paso internacional.

Poipet -nombre que tal vez hace referencia a una piedra negra- se volvió zona de enfrentamiento armado entre los jemeres rojos, derrocados en 1979. El ejército tailandés los repelía al otro lado de la frontera y otro tanto hacían los vietnamitas. Y en medio del caos miles de refugiados. Terminada la guerra Poipet siguió siendo nada, como era su vocación, hasta que el Reino de Tailandia prohibió los casinos y, claro, el Reino de Camboya (ya libre de tiranías y endeudado hasta lo infinito), ofreció esa tierra de nadie para los casinos que atraerían ricos tailandeses, malasios, coreanos, filipinos y generaría, al menos, mil empleos directos. Lo que no pasó por la mente de nadie es que el surgimiento de semejante pequeña "Las Vegas" en medio de una selva en la que la malaria era endémica, iba a atraer no sólo ricos, sino pobres, cientos de pobres que se cruzaron Camboya desde los rincones más extraños y alejados, dejando todo, atraídos por un supuesto El Dorado, pensando que los dólares caían por montones de las mesas de juego y que no era sino agacharse a recoger en bandeja. En consecuencia, detrás de los casinos la selva virgen murió sin ser llorada por nadie para ser reemplazada por chabolas, tugurios, casuchas, calles de barro sin alcantarillado y pobres a la espera de que caigan los dólares que nunca caen ni se ha oído en ningún rincón del planeta que caigan.

De Bangkok un taxi, que cuesta hasta Arayapraet US$25, se tarda 3 horas y ese es el último punto de Tailandia. Entonces se pasa la frontera y hay gente de todas partes del mundo: si son extranjeros asiáticos fijo van para los casinos, si son extranjeros occidentales, fijo van para Angkor. Poipet es además la puerta del tráfico infantil y la trata de blancas, por lo que el drama humano que se vive es palpable, muchas veces sin las debidas atenciones internacionales. ONGs y otras autoridades realizan los monitoreos convenientes, pero no suficientes.

De Poipet se puede ir a Siem Riep (Angkor Wat) que está a tres horas en taxi por una carretera que es mejor llamar trocha de mulas y se puede ir a Phnom Penh que está en autobús a 6 horas por una carretera en un 90% en buenas condiciones.

Entre Poipet y Battambang algunos puntos

No vamos por lo pronto a Siem Riep para evitar esa trocha de la que hablo y la cual no recomiendo a quienes sufren de los riñones. Mejor váyase a Siem Riep por aire desde Bankok que hay vuelos directos y está como a 45 minutos.

Sigamos la ruta Poipet - Sisopon - Battambang, las tres primeras horas en nuestro viaje a Phnom Penh. Hasta Sisopon en la actualidad, marzo de 2007, no vas a ver nada, pero es absolutamente nada, si estamos en verano. Es una trocha llena de polvo, baches y, como Poipet además de casinos y ranchos es puerto seco, todo el tiempo pasan carros de carga con contenedores que salen y entran a Tailandia. Así que el polvero que se levanta hacia los cielos es de toneladas con lo que nada se puede ver y la hora de viaje se hace eterna. Pero es sólo una horita, que nada hace mal a la aventura.

Sisopon, primera parada, capital de la provincia de Banteay Meanchey, a la cual pertenece Poipet. No te dejes confundir por la aparente feura de una ciudad sin orden urbanístico, calles sin pavimentar, pantano en invierno, polvero en verano. Justo a la entrada de la ciudad hay un lugar maravilloso que sólo sabrás de él por este relato. Si lo preguntas en inglés como "Wall´s Wat" o "The Wat of the Wall", seguro que nadie te va a entender. Por lo tanto, un poco de paciencia y pregunta por "Wat Chong-chang" (recuerda que ng es una letra con un sonido particular en jémer). Esa pagoda está construida en una colina rocosa y es un mirador estupendo. Desde la cima de la misma se puede divisar la llanura de Banteay Meanchey entonces olvidarás las penurias del sendero polvoriento entre Poipet y Sisopon.

Al salir de la "ciudad de la tierra" (así le llamo yo por lo del polvo), la carretera es ya pavimentada y a unos 15 minutos en coche se encuentra otra bella maravilla: un Buda gigante el cual se puede visitar después de ascender como cien escalones empinados. Está a tu derecha (si vas vía a Phnom Penh y se ve ya desde lejos).

Unas dos horas después (vamos en taxi que de Poipet a Phnom Penh cuesta como US$ 30) llegarás a la segunda ciudad de Camboya: Battambang. El nombre significa "el cetro perdido" en recuerdo de una antigua batalla. Verás en el centro de la ciudad una grande estatua de un príncipe negro de rodillas que sostiene con las dos manos el cetro. La estatua se encuentra en medio de una glorieta, precaución al cruzar.

Battambang es una ciudad con muchos sitios para ver. Lo mejor es hospedarse en un hotel (una noche en un hotel modesto en Camboya cuesta US$5 o US$10 con aire acondicionado). Allí existen numerosas pagodas, una de ellas, la central, bastante antigua, es la preferida del rey y una en las cuales tomó refugio con frecuencia durante el tiempo de la guerra. La admiración del arte jémer, sobretodo los murales, las esculturas y el arte rupestre elaborado por maestros anónimos del arte es una obligación. El mercado camboyano ofrece siempre numerosos artículos que se hacen atractivos todos característicos de la cultura jémer. En la "Catedral" católica de Battambang se encuentra una escuela para niños discapacitados los cuales elaboran artesanías talladas en madera y telares bellísimos. Puedes visitarlos y para ello preguntas al moto-taxi (aquí todo se mueve así) por "Multipet Donchí" que traduce en castellano "el hospital de las monjas", porque en antiguo fue un hospital de unas hermanas expulsadas durante la guerra.

Battambang - Phnom Penh: a través de la llanura

Y seguimos nuestra incursión al corazón del país. La vía Battambang-Phnom Penh es lo que yo llamaría una auténtica autopista, aunque... vacas y bueyes suelen cruzarla con una calma indiferente. Miles de motos van y vienen, niños en bicicleta y, a veces, la gente se sienta a conversar tranquilamente en medio de la carretera. Bien, cierto que exagero, pero te harás una idea propia. Camboya tiene carreteras solo después de casi dos décadas de una cadena de sangrientas guerras. Muchos camboyanos todavía no saben para qué es ciertamente esa vía pavimentada. La llanura es bellísima: se trata del valle central del Mekong y la carretera que sigues va paralela primero al gran Tonle Sap o Lago Sap a cuya vera septentrional se encuentra el encantador Templo de Angkor.

Vamos por la vera meridional hacia el sur-oriente, en busca de Phnom Penh. Los cultivos de arroz, los pescadores, las casas campesinas y aldeas es lo que depara esta carretera. La población más importante antes de llegar a la capital es Kompung Chinnan, pero no hay mucho que ver en realidad que no pueda ser visto en Phnom Penh. Sólo que a la salida de Kompun Chinnan existe otra maravilla: Udón. Existe un desvío a la derecha que conduce a una colina que resalta fácilmente en la llanura y que se contempla como tres torres, así al estilo del Templo de Angkor. Se trata de la antigua capital de Camboya antes de Phnom Penh y estrictamente antes de que los franceses hicieran de Camboya un "protectorado" (un nombre con glamour para no decir colonia) en 1863. El complejo arqueológico está casi intacto y bien conservado, además de ser un mirador natural de la inmensa llanura de palmas. Udón ha sido además objeto de filmaciones, documentales y estudios arqueológicos. Ciertamente vas a encontrar niños pidiéndote limosna, pero pasa esto: le das 5 euros que para ti puede no ser mucho y te hace sentir bien, pero esos 5 euros van a parar a manos de los explotadores de chicos. Si cada visitante le da 5 euros, resulta que el niño en un día recoge más dinero que un trabajador ordinario en un país en donde el salario mínimo es de 40 euros mensuales. En Camboya existen cientos de ONGs que trabajan por la protección y desarrollo de los niños, así que mejor da esos 5 euros a una ONG. Si vas a dar algo al niño, comida es lo más indicado.

Phnom Penh, la gran manzana

Bueno, usemos ese nombre neoyorquino para nuestra humilde Phnom Penh, ciudad de un millón de habitantes. En 1999 escribí mis primeras impresiones acerca de una ciudad que entonces era literalmente de post-guerra. En la actualidad, 2007, Phnom Penh ha progresado notablemente. En 1999 el 95% del transporte eran motos. Ahora se puede decir que los coches llegan al 40%, pero no han rebajado el número de motos, por lo cual el caos en el tráfico es una locura. Los tuk-tuk están en vías de extinción por culpa de los coches (se limitan ya al área del Palacio y del Paseo del Río por la Avenida Sisowat), todavía no hay una buena distribución de semáforos, señalización, pasos peatonales, puentes peatonales, túneles peatonales y los guardias de tránsito no sirven para absolutamente nada... ¡a menos que un extranjero cometa una infracción! No existen líneas de autobuses (pusieron una en 2004 y duró tres meses porque ¡nadie la utilizaba!), por lo que las moto-taxi siguen siendo la mejor y única forma de transporte público.

Pero aparte de la locura en el tráfico a la cual uno se acostumbra bien pronto, la ciudad está más bonita. La Avenida Sisowat, en el área del río y el Palacio es la zona más visitada por los turistas y extranjeros en general. Existen ya cientos de lugares que en 1999 no se encontraban sino en las ilusiones: restaurantes con comidas internacionales, agencias de viaje, guías en diferentes idiomas, incluido el castellano, centros de atracción e incluso hay un centro comercial tan completo como cualquiera en Bangkok del cual no digo el nombre para no hacerle publicidad gratis (sólo que queda cerca del Nuevo Mercado).

En la próxima entrega vamos al sur después de hacer una buena visita a Phnom Penh.

Citar este artículo:

RODAS TORRES, Reinaldo Albeiro. Camboya, cruzando el país de la eterna sonrisa. I Parte. Fronteras de Papel, revista de viajes. Barcelona, 2007.

Foto de Alejandra Ramírez