Hablemos de Rozzo, Paras, Senadores y otros hombres públicos
Desde este país asiático ver la realidad de la patria da el privilegio de la panorámica. Como aquella vez en Varesse que un amigo aviador me dió la vuelta en su avioneta por el Lago Maggiore y todo se me volvió un mundo distinto. No es que diga que veo las cosas desde arriba como un dios. De hecho también se pierden muchos detalles. Pero la realidad toda se junta y se toca.
Leí el artículo "Benedetti rechaza fallo absolutorio de la Iglesia al padre Efraín Rozo" publicado por el Senado de la República con fecha 24 de julio. Como es de esperarse, entré a la página de los "padres de la patria" con la intención de saber más de las reacciones a la que pienso es una de las noticias más importantes de Colombia: las víctimas de la violencia, y muy particularmente de las acciones de los paramilitares, visitan el Congreso de la República de Colombia. En el artículo, el senador Benedetti dice que la Iglesia Católica debería pedir al padre Rozo la "abidicación", para usar este término noble de las sociedades monárquicas.
Al caso Rozo también le he hecho un seguimiento, por ejemplo este artículo "El oro del mundo no callará una sola palabra", de Rana Berden, una descripción muy detallada de los hechos.
Es decir, sobre mi escritorio dos casos: el padre Rozo acusado de abusar sexualmente de muchachos hace 40 años y las víctimas de la violencia fría de nuestra patria desoidos por aquellos que se encargan de las leyes y de la garantía al orden institucional y constitucional de la República. Contrasta entonces con toda la atención que se le dio a los jefes paramilitares cuando entraron a los recintos patrios como señores, o para usar un término más colombiano, como doctores. Hoy la justicia en Colombia está enredada por sofismas distractivos, cuando tenemos a la vista crímenes de guerra, historias de genocidios, intimidación y terrorismo calculado y promovido, todos dignos de un tribunal internacional que garantice las condiciones del orden. Ahí tienen pues al padre Rozo, un hombre que ya está más que castigado por sus actitudes de inmoralidad y abuso de menores. Ahí está este que ya vio que todo lo que se hace a ocultas será gritado desde los terrados. Su nombre, Efraín Rozo, está asociado ya con pedofilia, abuso e inmoralidad. Basta escribir su nombre en los motores de búsqueda. Quedó ante su Iglesia - me refiero en especial a los fieles, no a los clérigos necesariamente - como un pecador y un mal ejemplo y ante la sociedad como un individuo de pésima reputación. En él se siguen empecinando porque tocó muchachos, mientras los que asesinaron pueblos enteros, torturaron y derramaron la sangre de sus compatriotas, reciben condenas de 8 años, son bienvenidos en el Congreso e incluso pretenden protagonismo político para liderar al pueblo que aterrorizaron.
Si el senador Benedetti no está de acuerdo con las decisiones del Tribunal eclesiástico que exhoneró en vano a Rozo, que tampoco esté de acuerdo con los tribunales que exhoneran a quienes hacen de la Patria una pesadilla con la complicidad de unos. Digo en vano, porque aunque lo exhoneren, las prubeas están sobre la mesa y la historia y Dios tienen siempre la última palabra. Que abdiquen también los terroristas que no tocaron muchachos: ¡los asesinaron!





