Sin Dios ni Patria…
Después de mucho tiempo pienso que las cosas que ocurren alrededor de la vida de los seres humano no depende en absoluto de Dios… si existiera… ahora, si no existe y esto es todo producto del azar, más jodidos estamos… porque si la razón no resuelve el entramado de maldad y errores humanos, que generación tras generación crecen y se multiplican… pienso que verdaderamente no hay solución alguna para la problemática humana y mundial…
Simplemente hemos llegado a otro estado de la depravación humana… que civilización tras civilización nos brinda la posibilidad de mejorar la raza, la especie y la vida sobre el planeta… pero desde la Atlántida y el mito de su destrucción, las civilizaciones y las culturas acaban pasando a la historia como formas de interpretación de la vida sobre el planeta.
Todas las personas, todos los lenguajes, dialectos y lenguas, toda la iconografía, toda artesanía, pintura, escultura…, toda la arquitectura, todas las creencias que la mente humana ha conformado para explicar el Hombre, el Universo y Dios… todo desaparece bajo el yugo del tiempo… Urano todo lo termina…
No existe posibilidad de transmitir esos conocimientos de una generación a otra… pues una época de oscuridad anticultural, acabaríamos con nuestro … enclenque progreso, pues la cultura no se hereda genéticamente, a diferencia de muchos animales, cuyo instinto les ayuda a progresar, la especie humana necesita de la transmisión directa del conocimiento para su progreso como especie superior… sí, podríamos seguir amantando bebés, cohabitando salvajemente y trepando árboles para tomar frutas… quizás apuntemos maneras ante un trozo de madera y tallemos algo gracioso a quien arrodillarnos para solicitar favores en la caza… pero lo conseguido… todo lo logrado de bueno en estos últimos miles de años… todo eso… podría quedar reducido a cenizas, a nada…
Ahora, si como cuentan las tradiciones esotéricas, Dios, quienquiera que sea Dios, está detrás de todo esto, con su homólogo y colega, Lucifer… entonces las cosas tienen otra pinta, pues como dice dichas tradiciones, las profecías apuntan hacia un ciclo de luz y un ciclo de oscuridad que limpia las almas humanas… son cursos, como los que conocemos en las escuelas, donde la vida te instruye, en el mismo alma, en el mismo espíritu para tu progreso interno. Y desde ese sentido, se construye la depravación humana como una forma de progreso para quienes se brindan al sacrificio y los tormentos de la carne, para escalar posiciones en la vida espiritual, en la escala del mundo divino. En esa otra vida que nos espera a todos una vez fallezcamos, porque aquí, en este mundo, este, no es el reino de Dios, sino el reino de este mundo pertenece a la materia y a todo aquello que le acontezca. Lejos del espíritu, esta tierra y toda su materia forma simplemente el escenario donde nos pulimos.
Pero es agotador, deprimente, triste, desesperante… porque desconectados de esa fuente primigenia que es Dios o sus emanaciones en forma de inspiración, sueños, intuiciones, deseos elevados de Bien y Superación, la vida se vuelve frenéticamente vacía, nihilista, oscura, silenciosa, sinsentido y sobre todo, se vuelve el fin de nuestra propia vida.
Sin límites en Dios, la vida se muestra extensa, optimista y llena de valores y retos por la causa divina… sin dichas creencias, luchar sólo y exclusivamente por la generación de un mundo mejor, ajeno a Dios y a todo lo que circunda su idea, es una tarea descomunal de desimportancia personal… si se puede expresar así. Ser generosos con el prójimo por el sólo hecho de procurarle una vida mejor, sin esperar un bien superior… quizás sea el principio de una nueva religión donde la generosidad se pone al servicio de otros sin esperar siquiera esos parabienes que la religión prometen como acicates de nuestra maltrecha capacidad de donar favores a cambio de nada humano.
Pero no es suficiente… para cuando aquellos que no nos acordamos ya de Dios ni para pedir que nos saque del asfixiante ahogo de nuestras pobres y míseras vidas… esas vidas tildadas del “primer mundo”, llena de encantos en la tecnología, la publicidad, el consumo, la cocina y sus productos infinitos, sus playas, sus veranos con sus pagas extras, sus vecinos domingueros, sus charlas de política y fútbol… sus niñas buenorras… y sin embargo… el primer mundo no deja de suicidarse, como una causa absurda donde la juventud tiene de todo, todo lo que el pueblo Etíope se vería satisfecho con el bienestar de los más pobres de esas culturas del ocio… y allí…¿nadie se suicida? No tienen montañas ni acantilados desde los que arrojarse, no pasan trenes para invadir las vías a su paso y acabar con la hambruna… no existen pastillas que ingerir hasta morir, no hay agua donde ahogarse, ni edificios altos para lanzarse desde una azotea…
Hasta ser pobre tiene sus inconvenientes para morir.








