Mi Librería: Oficio de Tinieblas 5. Camilo José Cela
Oficio de tinieblas 5 (1973) la forman 1194 breves máximas -de tres páginas la más extensa; de una línea la más breve-, cuyo estilo gnómico presenta imágenes oníricas, entre consejos sapienciales en segunda persona. Se presenta como una "purga del corazón".
Lo leí en mi adolescencia, siempre tuve grandísimo interés por las vanguardias, no en vano leía también a Góngora o a Quevedo con la misma pasión que leía el "manifiesto Surrealista" de André Bretón, y entre toda aquella forma de hacer nueva, los clásicos se me antojaban muchas veces tan modernos como los más modernísimos.
Disfruté muchísimo de mi ahora olvidado Fernado Arrabal y su teatro pánico, del teatro de Samuel Beckett y su "Esperando a Godot", o los "Rinocerontes de Ionesco y tantos otros.
Esta obra es un poco la Rayuela de Cortázar, en la expresión de una fórmula iconoclasta que nos entrega una forma de literatura que ya para la época y para el autor, se torna bastante atrevidas. No fue un bombazo literario, pero permite al autor adentrarse en las arenas movedizas del atrevimiento artístico.

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Leí a Camilo José Cela en la juventud, -no este libro concretamente-, pero luego fui abandonándole a medida que me daba cuenta de su personalidad, un tanto fictiamente construida, lo cual no quita su alto valor literario. No obstante agradezco aquel tiempo incial en que él me llevaba de la mano, como luego lo hizo Hemingway o Hesse, o Lorca, para trasitar a Octavio Paz y a mi bien Ortega y Gasset, de quien he aprendido tanto. ¡Qué grande es la literatura Alma! ¡Qué grande!. Saludos.
La literatura es siempre grande. Lo sabemos. Cualquier etapa tiene siempre una nueva enseñanza. Las mismas lecturas en distintas épocas contienen mensajes distintos.
Reeleré a Hesse, ya que estamos nostálgicos...
Saludos, Guillermo.
Te dejo un artículo que acabo de escribir, pan caliente salido del horno, en relación a la república de las letras. Espero que te guste.
LA REPUBLICA DE LAS LETRAS
Con esta vieja expresión se suele designar un marco sin espacio ni tiempo en donde el hombre puede encontrar el mérito, la dignidad, la eternidad y, más aún, el sendero que nos permite huir de la cotidiana realidad. En la "República de las letras" sólo el tiempo determina quién de todos los autores existentes merece el paso a la posteridad, pues el tiempo, desprendido de los rigores del presente, incluso de sus intereses egoístas, cabalga lento por entre los siglos eligiendo todas aquellas voces que han de permanecer más allá de la muerte física.
Don Quijote ya no cabalga por la Mancha, incluso tiene vida propia más allá de la de su creador, ese Cervantes inmenso lleno de valor y arrojo, soldado del espíritu y soldado en armas. Hamlet no habla solo, nos habla a nosotros, lo hace mucho más allá de aquella vieja Inglaterra que lo viera nacer. Lorca no murió fusilado a manos de aquellos insensatos que no se daban cuenta de que cercenaban la vida de un gigante colosal que hubiera podido darnos mucho más de lo mucho que los dio, y no murió porque de inmediato alcanzó la resurrección en la "República de la letras", cielo eterno para la gloria de los grandes. Ortega filosofa todavía con aquel lector que presto abre las páginas de cualquiera de sus ensayos encontrando la prístina clarividencia de uno de nuestros grandes pensadores modernos.
Cada libro semeja una sepultura que puede ser abierta desplegando las pastas y, entonces, surge la hermosura del pensamiento dejado en ellos, el autor renace absorbido por nuestros ojos, vive con esa eternidad doméstica nuestra, más impropia, ciertamente, que la eternidad escrita con mayúsculas. Muerto para la vida biológica, esclavo del pasto de la tierra adonde ha sido devuelto, el escritor habita entre las líneas dejadas como surcos cultivados.
No sé qué hubiera sido de nosotros sin la "República de las Letras", sin este Olimpo donde habitan dioses domésticos que ejemplifican las cotas más altas donde la mente humana puede llegar. Como dijo el clásico, la vida es sueño, y lo es realmente si logramos habitar este espacio intemporal que refleja lo que somos y lo que deseamos. Pasados tantos millones de años desde nuestra aparición sobre la faz de la Tierra hubo un tiempo en que despegamos del suelo cultivándonos por el recreo de la imaginación. No nos bastaba el alimento físico una vez que lo conseguimos, pues una vez que la civilización se jerarquizó y los poderosos lograron dominar el espíritu libre del hombre, los grandes creadores se rebelaron contra la paupérrima realidad alimentado un país de sueños en donde todo se hace posible.
" La República de las Letras", este vasto dominio sin límites de espacio o tiempo es el lugar en donde terminan todos los que se hartan. Algunos, los autores que mantienen el eco de su nombre por la pronunciación que realizan millones de lectores, perviven para siempre. Otros, los lectores, se abandonan en el rincón de esta república imaginada para sencillamente poder soportar la vida. Recuerdo ahora a mi abuelo hastiado de los rigores de la existencia, sumido en la plácida lectura de los libros. Le recuerdo con su último libro en las manos, un texto de Antonio Gala que habla de los hombres grandes de la Historia, y le recuerdo soñando antes de su definitivo sueño, levemente volando por el espacio de las letras. Entonces me doy cuenta de la grandeza de la República y de la eternidad que en ella habita.
Estremecimiento, es lo que puedo decirte... tan acertado y sensible escrito, agradecido infinitamente que en mi blog, por fín hablase un artículo de calidad, no digo intervenciones que son todas dignas de quienes me escriben, digo bien, artículo, pues este es el más honrroso que puedo colgar. Es digno de tu propia página. Pero teniendo esa virtud, te es fácil dejar aquí y allá artículos que regalas como autógrafos.
Guillermo, cierto es que esa República de las Letras contiene el Olimpo de las Artes todas, sino acaso se te haya ocurrido recrear un palacio, ínsula o territorio donde todas las Artes tenga a buen recauda la creación. Una forma de Registro Akhásico donde la memoria, sí, no sólo la materialidad de la obra, todo, imaginado o creado permanezca allí, al alcance de todo y de todos quienes vibren en la sintonía de determinadas creaciones.
Un aplauso enfervorecido y muy agradecido, amigo, por tener de tu tecla y letra las ideas que aquí me obsequias.
Mi abrazo a tus sensibilidades y a tu cultura.
Si tuviste un abuelo así... no me extraña el Guillermo que eres. Gran homenaje le haces a tus ancestros, por ser bien nacido.
Me emociona tu elogio y el recuerdo del gran amigo que fue mi abuelo, quien me enseñó lo que era la literatura, la conversación y el juego del ajedrez, mi mejor amigo, que se formó el solo, leyendo por su cuenta, y que al fin pudo desarrollar la parte más espiritual de nuestra mente. Estamos en tiempo críticos para los líricos, el mundo vanagloria el ser en función del tener, y eso afecta al ánimo de las buenas gentes que piensan que todo consiste en acumular bienes.
La Republica de las Letras es el Olimpo que refresca el alma, única patria sin froteras donde todos caben, no hay límites, sólo los que queramos poner nosotros. Abrazos
caro deceo chatear con algulen
hola com estas quisiera conoserte para darte un beso en esa boca rosadita








