Libro de Arena
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AMBERES. Un espacio literario

Por Raúl Muñoz Jiménez

Si se callase el ruido. Una canción de Ismael Serrano

A Raül Roig, por una relación que dura ya diez años.

No te dejará dormir este estrépito infinito que intenta llenar los días de tinieblas y enemigos. Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás.

Ruido de patriotas que se envuelven en banderas, confunden la patria con la sordidez de sus cavernas. Ruido de conversos que, caídos del caballo, siembran su rencor perseguidos por sus pecados.

Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.

Ruido de iluminados, gritan desde sus hogueras que trae el fin del mundo la luz de la diferencia. Ruido de inquisidores, nos hablan de libertades agrietando con sus gritos su barniz de tolerantes.

Nunca pisa la batalla tanto ruido de guerreros, traen de sus almenas la paz de los cementerios. Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto, de la luz de tu utopía, que tu voz tape este estruendo.

Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.

Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.

Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.

Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas...

MALDICIÓN. La última canción de Nacho Vegas

Esta es un homenaje a todos aquellos que se pierden por las ventanas, a los que cierran los ojos más por desilusión que por miedo, a los eternos perdedores de esta fábula milenaria de vivir por hacer algo, a los que se rinden a tiempo, a los que aconsejan no aconsejar, a los que lloran sobre una planta por el bien de la naturaleza, a los que recapacitan aunque estén ya muertos... a los que deciden ser otros para seguir siendo los mismos pero más honestos.

Ezequiel, fue un gran error tan sólo regresar. Era pronto y a la gente le cuesta olvidar. Ezequiel respira hondo al descender del tren. Es extraño, nadie está esperando en el andén. Una breve intuición: algo huele a maldición. Pero se dirige a la casa en la que se crió.

Y habla con su madre: -Soy yo, madre, ¿no lo ves?- Madre dice: -Olvida que algún día te engendré-. Y habla con su padre: -Padre, ¿qué ocurre aquí?- Padre no contesta; se limita a maldecir. Ezequiel se acerca al bar; alguien le sabrá explicar. Pero todos callan, todo el mundo calla al verlo entrar.

Dicen que hizo algo y nunca nadie lo olvidó,

pero él no consigue recordarlo

y su vida entera se redujo a maldición

con los años y los años.

Ezequiel, mejor te vas de noche y sin molestar.

Ezequiel se oculta junto a las vías del tren. Necesita una respuesta para no enloquecer. ¿Qué ocurrió un verano negro en su ciudad natal, que la gente ni siquiera se atreve a mencionar? Al alba se va a lavar a un estanque del lugar, y es en su reflejo donde encuentra toda la verdad.

Ezequiel contempla el agua con un rictus de horror. En su rostro encuentra el rostro de la maldición. Llega al fondo de sus ojos, donde ya no hay luz. Puede ver su alma y continúa más al fondo aún. Toma conciencia del mal y su grito suena igual que el de un hombre roto que descubre dentro al animal.

Dicen que hizo algo, algo que nadie olvidó,

pero él no consigue recordarlo

y su vida entera se redujo a maldición

con los años y los años.

Ezequiel, mejor te vas de noche y sin molestar.

Ezequiel comienza a huir, nadie lo va a extrañar. Huye en dirección al norte, le guía el olor a sal. El Cantábrico se muestra en todo su esplendor. Se desnuda y lentamente avanza en dirección al sol. Y decide descansar bajo el manto gris del mar. Las olas lo mecen y duerme eternamente como un viejo zar.

Dicen que hizo algo y nunca nadie lo olvidó,

pero él no lograba recordarlo

y su vida entera se redujo a maldición.

Y ahora espera el Juicio

por los siglos de los siglos.

Ezequiel, descansa en paz en el fondo del mar.

BLANCA. Una nueva canción de Nacho Vegas.

¿Por qué me dejas caer

Tú que me subiste aquí

Tú que me trataste tan bien

Cuando yo me enamoré de ti?

Blanca llega hasta mi mente

Jura que ella es diferente

Y es hermosa hasta en su forma de mentir

Quién sabrá lo que ella sueña

Lo que siente y lo que enseña

La razón por la que permanezco fiel

Blanca, eres tan cruel

¿Y por qué me dejas hundirme así

Tú que me pusiste en alta mar?

¿Y por qué me dejas aquí tirao

Cuando yo me quise enamorar?

Blanca llega (...)

Y no olvides que

Al despertar

Siempre hay cuchillos en el cajón

Oh, nunca más

No hasta la próxima vez.

DÍAS EXTRAÑOS. Homenaje a Carlos Muñoz Jiménez - mi hermano mayor-

Por que como ya le escribí en una ocasión es mi...

NORTE/OCÉANO/CORAZÓN

Y a Marta G.Blaise, por estar siempre a su lado, y al mío.

SERONDA. Una pieza para Rubén Ballestar Urbán

Ya no sé si merecerá la pena

Partir hacia otro lugar

Ya no sé si con esta lluvia eterna

No me habré acostumbrado a la humedad

Yo que creí ser amable con la luna

Encontré su palidez allí en mi hogar

(En mi propio hogar)

Ya no sé si esta vez

Todo está dentro de mí

Y ya no puedo escapar

Ya no sé si esta vez

Todo está dentro de mí

Y ya no puedo escapar

Decidí que no hay nada que perder

Sale un tren hoy antes del amanecer

Probaré a ser otra persona

Probaré a morir un poco y volveré

Y me acercaré hasta aquí sólo para ver

Las arrugas arañadas en la piel

Y poder comprobar

Todo lo que cambió

Y todo lo que sigue igual

Y que así seguirá

(Poder comprobar)

Todo lo que cambió

Y todo lo que sigue igual

Condenado a no cambiar

Volveré a las noches sin dormir

(Y las noches sin pensar)

Y las noches sin soñar

(Y las noches sin sentir)

Y las noches sin pensar

(Y las noches sin dormir)

Y las noches sin sentir

(Y las noches sin soñar)

Una vez más

EL HOMBRE QUE CASI CONOCIÓ A MICHI PANERO. Otra canción de Nacho Vegas

Es hora de recapitular

las hostias que me ha dado el mundo.

Hoy querrán oír mi último adiós.

Bien, poco a poco van llegando

y yo los recibo en batín.

Y unos me llaman chaval

y otros me dicen caballero.

Alguno no se ha querido pronunciar.

Yo una vez tuve un amor,

pero si he de ser sincero

dije "no" en el altar

y cuando digo no es no.

Fracasé una vez, fracasé diez mil

y aún así alzo mi copa hacia el cielo

en un brindis por el hombre de hoy

y por lo bien que habita el mundo.

¡Mirad, las niñas van cantando!

(Niñas) Shalalaralalá ...

Y no me habléis de eternidad.

No me habléis de cielos ni de infiernos más.

¿No veis que yo le rezo a un dios que me prometió

que cuando esto acabe no habrá nada más?

Fue bastante ya ...

Nunca fui en nada el mejor,

tampoco he sido un gran amante.

Más de una lo querrá atestiguar.

Pero si algo hay capital,

algo de veras importante,

es que me voy a morir

y cuando digo voy es voy.

Lo he pasado bien, y casi conocí en

una ocasión a Michi Panero,

y es bastante más de lo que jamás

soñaríais en mil vidas.

¡Mirad, las niñas van cantando!

(Niñas) Shalalaralalá ...

Dejadme preguntar: ¿Es esto el final?

Y si es así, decid: ¿Me vais a extrañar?

¡Veo que asentís pero yo sé que no!

Qué lástima, no dejaré

nadie a quien transmitir mi sabia;

consideré insensato procrear.

Y diréis de mí que soy

un viejo verde y cascarrabias,

y diréis muy bien,

y cuando digo bien es bien.

¡Largo ya de aquí! ¿Qué queréis de mí?

¿Es mi alma o es mi dinero?

Si de uno carezco y la otra es

una anomalía en esta vida.

¡Mirad, las niñas van cantando!

(Niñas) Shalalaralalá ...

(Muy bien niñas)

¡Y unos me llaman chaval,

y otros me dicen caballero!

¡Alguno declinó mi oferta para hablar!

¡Yo una vez tuve un gran amor,

pero si he de ser sincero

dije "no" en el altar,

y cuando digo no quiero decir que no!

He bebido bien, y casi conocí en

una ocasión a Michi Panero,

y ahora brindo en paz por la humanidad

y por lo bien que habita el mundo.

¡Escuchad, os lo diré cantando!

(Viejo) Shalalaralalá ...

Hasta nun ... ca ...

OCHO Y MEDIO. Una canción de Nacho Vegas

Miro al techo que hoy ha vuelto a gotear,

hacía tiempo que no llovía así.

Y cada gota golpeando contra los cacharros de metal

me hace pensar unas veces en sangre y otras veces en ti.

Lo que en realidad viene a ser lo mismo.

Lo que, por crueldad, ahora viene a dar igual.

O puede ser un ángel que una vez perdió la fe y fue expulsado,

y que ha venido a agonizar justo encima de mi hogar y estas gotas sean sus lágrimas.

O puede que sea hora de entrar ya en razón

y llegar a comprender que dentro de este horror no hay literatura, no,

y eso tú lo sabes bien a fuerza de caer una y otra vez

en una trampa mortal que en el tiempo dura ya ocho años y medio.

Seré muy breve: te quiero, y esto duele.

Y vino un pájaro a posarse en mi ventana.

Tenía una ala rota y su plumaje era gris y azul.

Y al acercar mi mano y comprobar que no, no echaba a volar

supe de inmediato que lo enviabas tú.

Lo tomé entre mis garras y lo dejé morir,

y cuando lo hizo aún llovía aquí.

Y la sangre al gotear entre zarpas de animal presagió mi suerte,

como una ave que voló de Madrid hacia Gijón aun herida de muerte,

reescribiendo la espiral de prometer hacerlo bien,

de cometer un nuevo error, de no saber pedir perdón o pedirlo demasiadas veces.

Y aunque ahora escupo una oración helado de terror ningún dios responde aún.

¿Soy yo el que no ve o es que todavía no se hizo la luz?

Seré muy breve: te extraño, y esto duele.

Trato de encontrar una salida

pero no recuerdo ni por dónde hemos entrado aquí.

Y contemplo junto a mí el cadáver del que fui,

según tú, en una ocasión,

y es la mancha de humedad la de la herida mortal impregnada en el colchón,

y ahora que te oigo llorar en lugar de ir hacia ti

me vuelvo a anastesiar y me limito a subir el volumen del televisor,

o me concentro en recordar, para no pensar en ti,

que tendría que llamar y que alguien venga a reparar la gotera de una puta vez,

que ya cansé de recoger litros de agua gris, gris como un metal

que un día relució y que ahora es suciedad.

¿Qué se hace para amar lo que quise despreciar ya una y mil veces?

Seré muy breve: te he perdido, y esto duele.