Libro de Arena
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AMBERES. Un espacio literario

Por Raúl Muñoz Jiménez

ANTONIO MACHADO. Un epitafio con sabor a sal.

Y cuando llegue el día del último viaje,

y éste al partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

Cementerio de Colliure.

PASEO DE LOS TRISTES. Breve aproximación a la obra de Javier Egea.

* A Cristobal Carrasco, que hace dos otoños me descubrió

la genialidad de este poeta granadino.

I.

Pero no sobre mí, no sobre tí / no por encima, enorme, sin tiempo, alucinado / sino en la historia triste de los huesos.

Aquí habita el dolor / ese salvaje cobrador diario / que llega, empuja, nos derriba y queda.

II.

¿Recuerdas lo que queda de vida? / ¿ Conoces este ritmo que es un barrio acechando / brillante puñalada en forma de cadera / que mueve un viento seco y te mira en la esquina / con un vaso en la mano y un temblor en la boca ?

III.

Quizá me confundí de calle y de aventura / pero ya me conocen sus farolas y el alba / ya conocen mi sombra, mi canción, mi tristeza / y esta costumbre vieja de andar erguido y solo.

IV.

- ¿ Sabe quién mató al Sr. Egea ?

- Lo sé.

-¡Pués dígalo inmediatamente !

-Yo me arrojé al vacío

desde la estrella muerta

y ya no tengo miedo de morir.

BERLÍN. Homenaje a Pedro Casariego Córdoba

*Defensor del silencio y de la creación interior, Pedro Casariego Córdoba ( Madrid, 1955-1993 ) fue pintor y escritor por una necesidad expresiva que a él le parecía debilidad, pero que le ha llevado a ser valorado como un artista de culto . Escritor complejo y misterioso - prueba de ello son los poemarios La canción de Van Horne o La risa de Diós - dio por finalizado su proyecto literario en 1986, lo que simbolizó arrinconando su máquina de escribir. El 6 de enero de 1993, concebido como un regalo a su hija Julieta, terminó Pernambuco, el elefante blanco, cuento ilustrado con el que dio por finalizada su obra gráfica y escrita. Dos días después se suicidó, o como ha escrito alguien, murió mordido por un tren hambriento.

BERLÍN.

Como un tenedor ríen las mujeres que no conocen la dirección del la belleza. La belleza vive en el séptimo piso de un templo griego. En el templo hace bastante frío. Colillas manchadas de carmín decoran inteligentemente los ancensores.

Un portero automático negro se aburre y se frota las manos. Su salario es más bajo que una lombriz de tierra.

Una longitud eterna nos rodea.

La humedad construye escaleras de caracol en la hierba, aceite tramposo en la carretera y seda falsa en las estrellas. La vida se abanica con billetes incansables. Todos volcamos venenos pequeños y azules para que nadie devore. Regresemos a la sorpresa del templo griego. A mí no me gusta nada jugar al billar americano. El pasado es un jinete enfermizo y magnífico. En este templo hace mucho frío. Los guantes de cuero del portero lo demuestran. Los guantes son las gafas de las manos. El viento es bailarín del oxígeno y huye del interior de los templos. Este templo me parece fantástico.

Una orquesta casi profesional acalla el estrépito de los ramos de flores. Ramos de flores llegados de cinco o seis continentes para festejar la perfección de centenares de vientres sensibles. Flores excitantes que ocupaban todos los asientos de primera clase de un avión que nunca supo lo que es la timidez. Apuesto una vocal a que el piloto de ese avión de guerra camuflado era una azafata desnuda como cielo de verano.

Un revolver de carácter nervioso se acaba de posar en los guantes del portero. El dueño del templo parece holandés. Trafica constantemente y su cara se dedica a enrojecer. Si yo fuera holandés me fiaría del portero. Pero no me fiaría de su revolver. Estas estatuas convertirán cualquier trigal en museo. Se multiplican en todos los pisos del museo. Dios aparecerá cuando suden las estatuas.

- Estoy tan quieto como un cartero de luna -

Pienso en el aire sanguinario que acampa en los pulmones de mi hermano.

Pienso en ti, bondadosa en los espejos y terrible cara a cara.

Me atraen los papeles rugosos y los nudillos deshojados y el sigilo de las fábricas y los finales indefensos. Y los lagos que agrandan la noche. Me llamas con el vigor de una azalea prestada.

- Salgo del templo -

Abandonado este tablero de ajedrez vertical alumbrado por testigos amarillos y alfombrado con perros de lana anestesiados. En algunos lugares la anestesia se ha convertido en la religión universal. En los añicos de la calle el esqueleto de las sombras me consuela limpiamente. Anclados en las pálidas aceras los cazadores de estatuas bostezan y estudian la sencilla anatomía de las nubes. Arriba los planetas se comunican con meteoritos largos. En el vértigo de las esquinas rugen tercamente las lavadoras de los mendigos.

Estanques incoloros en una tribu de miradas. Fuegos artificiales en los laberintos de sangre sumergida. Una calma sin piernas empobrece el calor que recorre los ladrillos y los nervios.

Las almas imitan a los aparcamientos subterráneos. Si sus secretos se pusieran en marcha nos llevarían a un reino increíble. Cada cosa estaría en su sitio.

Los trabajadores manuales lejos de las sirenas de las fábricas y muy cerca de las verdaderas sirenas. Felizmente recluidos en los imponentes sofás tibetanos de las damas del templo. Hermosas damas que se emborrachan con petróleo teñido de ginebra.

Quizá haya una para mí si no coincides conmigo. La fatiga me tumba en este jardín perfecto o en esta escombrera de cisnes encantados.

Mañana afeitaré el continuo anochecer de mi garganta. Torpes como jugadores de golf palpan el suelo mis dedos. Encima de mi las constelaciones tejen sus monótonas promesas. Mueve los abedules la ingeniería fácil que despide el paraíso.

Hay perros románticos en todos los seres de cinco letras.

No soy perezoso.

Duermo.

EL EXTRANJERO. La novela de Albert Camus.

*Más valdría no ser tan buenos y ser más honestos.

Hoy no llueve pero voy a pensar que está lloviendo y que tras varios años resguardada en un rincón del comedor, vuelvo a retomar la obra magna de Albert Camus - El Extranjero - un escritor brillante que compaginó el oficicio literario con una tuberculosis que fatigó de por vida su raquítico cuerpo para acabar varado en una cuneta tras un fatal accidente de tráfico con apenas cuarenta y siete años , y voy a pensar que escribió una novela que todo el mundo debería conocer, que como escribió Vargas Llosa se adelantó a su época, anticipando la deprimente imagen de un hombre al que la libertad que ejercita no lo engrandece moral o culturalmente; más bien, lo desespiritualiza y priva de solidaridad, de entusiasmo, de ambición, y lo torna pasivo, rutinario e instintivo en un grado poco menos que animal, y que empieza de la siguiente manera:

Hoy, mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé. He recibido un telegrama de asilo: " Madre fallecida. Entierro mañana. Sentido pésame". Nada quiere decir. Tal vez fue ayer.

IMPERI D'UNA LLÀGRIMA. Un poema de Juan Perucho

*Retrato para un día en que uno ha perdido su casa, su pareja, las caricias de una hija que se llama Lucía del Valle - claro, las tendré los fines de semana y en la época de vacaciones, -, en definitiva, una jornada para reflexionar y olvidar aquello que durante un tiempo creyó tener, si es que acaso alguna vez las tuvo.

Un somriure no arrela en un desert amarg.

abandoneu les hores allunyades

o l'esguard vagabund

sota la cendra lleu dels amors que moriren

com una boca sagnant a una altra boca,

com els rostres a llurs destins,

com una vida a una altra vida.

Vers un cel innocent,

vora les mans nocturnament germanes,

l'alba creix i suporta els robins de la sang,

no la trista, sorda esperança.

Deixeu , doncs, a les ombres llur seguici,

llur tèrbola mesura,

i hostatgeu el record en una llàgrima.

On són el cel i la terra en el record?

On és la realitat somniada?

Les arrels de la vida creixen i decoren

rialles, llàgrimes, angúnies i sospirs

d'aquest retrats rere els seus marcs de plata.

JAVIER TOMEO. Alfabeto personal de un escritor heptagenario.

LITERATURA: Escribir es abrir una ventana y ver el paisaje y contárselo a los que no están asomados contigo.

DEFORMIDAD: Tengo una retina especial, un juego de espejos cóncavos y convexos, la realidad me entra por los ojos, la veo, la capto, me penetra, la siento y la devuelvo deformada en cuartillas, no con el propósito de hacer una caricatura, sino con la intención de que el lector pueda reconocerse mejor a sí mismo a través de esa realidad que él conoce.

ELECTRICIDAD: Siempre escribo con luz eléctrica. Pocos textos resisten la gran realidad de la luz del sol.

FUEGO: Tengo la impresión de que la gente anda ahora por las calles husmeando el rastro de un incendio todavía lejano, pero que se aproxima inexorablemente.

HUMOR: Es un truco, un recurso técnico para llevar a la reflexión.

INCOMUNICACIÓN: Vivimos enfrentados los unos con los otros. Parece que los hombres están más empeñados en proclamar más lo que nos separa que lo que nos une.

ORIGINALIDAD: Está más en el tratamiento que en la idea.

REVISIÓN: Comprendería al escritor que estuviera toda la vida reescribiendo una novela.

UNA FRASE: Madres de America, ¡ Dejad que vuestros hijos vayan al cine! de Frank O'Hara, un gran poeta americano que murío atropellado con apenas cuarenta años.

UN LIBRO: He leido Pan, de Knut Hamsun quizás veinte veces - pocos libros se leen tantas veces - pero por devoción, Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, sin duda alguna, una pieza que de joven me llegó hasta las entrañas, y aún me duele.

MUERTE: Si te tiras por la ventana, es fácil caerse.

LA VIDA PRIVADA DE LOS ÁRBOLES & BONSAI. Dos novelas de Alejandro Zambra.

Acaba de aparecer en España el segundo trabajo narrativo del Alejandro Zambra ( Santiago de Chile, 1975) La vida privada de los árboles, un pequeño recetario de emociones donde el ejercicio narrativo parece aglutinar toda la riqueza del libro en detrimento de la propia historia en sí, un marco donde los personajes parecen jugar a la descomposición de sus propias vidas - siempre conscientes de ello - con la intención de reconstruirlas de nuevo en post de un futuro que asoma por la esquina.

Desde la primera página - el libro apenas tiene cien- nos encontramos con una historia de amor, otra historia de amor, aunque en esta ocasión el propio escritor se encarga de darnos su visión de este concepto en boca de Julían, el personaje de la obra; Es un historia de amor, nada demasiado particular: dos personas construyen, con voluntad e inocencia, un mundo paralelo que, naturalmente, muy pronto se viene abajo. Es la historia de un amor mediocre, juvenil, en la que reconoce a su clase: departamentos estrechos, verdades a medias, automáticas frases de amor, cobardías, fanatismos, ilusiones perdidas y luego recuperadas - los bruscos cambios de destino de quienes suben y bajan y no se van y no se quedan . Palabras veloces, que anticipan una revelación que no llega.

Pero aquí hay mucho más, porque no hay amor sin angustia, futuro sin un milimétrico cuestionamiento de las agujas del reloj, felicidad sin desdicha... y eso parecen saberlo muy bien cuantos transitan por el plano gris de una ciudad que podría ser Santiago de Chile - por llamarla de alguna manera, seres que una vez fueron niños y ahora lo siguen siendo, pero sin ser conscientes de ello, donde el ejercicio de esperar se convirte en incognita, la soledad se convierte en dilema y la vulnerabilidad en letanía, donde una niña llamada Daniela duda si su padrastro no es realmente su padre y su verdadero padre un impostor, donde Julián - el padrastro - duda si escribe para ser escritor, o es un escritor que se resigna a escribir más mientras sigue esperando a Verónica - la madre de Daniela - que se fue y no ha regresado aún, y no sabe si volverá.

Estamos ante un tendedero donde los paños que cuelgan conforman la sintesis de cómo se comporta la gente cuando espera algo de la vida, tratado eso sí, con una delicadeza extrema que convierte lo aparentemente cotidiano en una memoria de supervivencia, una obra que uno no sabe muy bien si considerarla como la segunda parte de Bonsai - 2006 - la ópera prima con la que el escritor chileno desembarcó en nuestro país con excelente acogída, dado los parentéscos que guardan entre sí, aunque una vez cotejadas se pueda apreciar la voluntad del autor por narrar la contrahistoria de la segunda sobre la primera, tal vez motivado por el juego de crear confusión con constantes asociaciones y disecciones, con un tuyo y/o mío o por qué no, un todo o nada, otra historia de amor eterno que duró poco tiempo, y que empezaba así: Al final ella muere y él se queda solo, aunque en realidad se había quedado solo varios años antes de la muerte de ella, de Emilia. Pongamos que ella se llama o se llamaba Emilia y que él se llama, se llamaba y se sigue llamando Julio. Julio y Emilia. Al final Emilia muere y Julio no muere. El resto es literatura.

Quién haya tenido en sus manos Bonsai se alegrará de la nueva propuesta con la que el joven Alejandro Zambra parece decidido a dotar de sentido las largas noches en vela, y a quien no lo haya hecho, no me cabe más que darle ánimos a perder una tarde cualquiera entre las páginas de estas dos novelas, casi novelas o cuentos largos, o lo que sean... en el fondo eso es lo de menos.

LA HOGUERA. Un poema de Cristóbal Carrasco

Avivado tu fuego, consumes

con esta impronta forma las cosas que te anteceden,

y esta huella de sombras no responde al orden.

Miro cómo juegas por las paredes,

por esos parques de atracciones,

por rincones donde te atrapas y te desatas en olas de lumbre,

miro cómo te escondes ahora entre los libros...

entre el maremoto de versos que me invento de la nada.

¿Y qué me dices del infinito?

(es allá donde la nada recae como un rayo,

donde caeremos todos, no lo dudes)

Espero tu quietud innecesaria,

que es como esperar a que el tiempo desaparezca.

Sabes como yo que no estamos para contemplar la vida,

ni para plagiar engaños de otros...

Sin embargo... en este instante, duermes.

Miro en tus ojos cerrados la pupila del sueño,

y en ti se dibuja una sonrisa que te absorbe por dentro.

Tu sueño es necio como el mundo.

Sin embargo bailo rodeando tu cintura dormida,

bailo sobre el propósito de tus lágrimas dormidas,

sobre el compás de tus pensamientos dormidos.

¿Y qué me dices ahora del mundo?

(ahora despiertas, ante nadie despiertas)

Todo tiende a caer como lluvia

y no hay nada más allá de tu fuego.

Presiento que te marchas cansada,

quizás al paraiso próximo de tu esquina,

o quizás a los pies de un nube rota.

¡qué impronta la despedida con tus brazos apretados

al vientre de madera!

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