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	<title>AMBERES. Un espacio literario</title>
	<tagline type="text/html" mode="escaped">Por Raúl Muñoz Jiménez</tagline>
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	<modified>2008-04-09T19:52:36+00:00</modified>
	
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		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2008/04/09/isidoro-acevedo-j-l-borges</id>
		<title>ISIDORO ACEVEDO. Por J.L.BORGES</title>
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		<issued>2008-04-09T19:52:36+00:00</issued>
		<updated>2008-04-20T16:54:18+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;strong&gt;Para Abutita, 

Por defender que la vejez - y sus habitantes - sea algo más que un problema para el resto de la sociedad. &lt;/strong&gt;

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/images.jpg&quot; width=&quot;98&quot; height=&quot;119&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;

Es verdad que lo ignoro todo sobre él -salvo los nombres de lugar y las fechas: fraudes de la palabra- pero con temerosa piedad he rescatado su último día, no el que los otros vieron, el suyo, y quiero distraerme de mi destino para escribirlo.
Adicto a la conversación porteña del truco, alsinista y nacido del buen lado del Arroyo del Medio, comisario de frutos del país en el mercado antiguo del Once, comisario de la tercera, se batió cuando Buenos Aires lo quiso en Cepeda, en Pavón y en la playa de los Corrales.

Pero mi voz no debe asumir sus batallas, porque él se las llevó en un sueño esencial.
Porque lo mismo que otros hombres escriben versos, hizo mi abuelo su sueño.

Cuando una congestión pulmonar lo estaba arrasando y la inventiva fiebre le falseó la cara del día, congregó los ardientes documentos de su memoria para fraguar un sueño.

Esto aconteció en una casa de la calle Serrano, en el verano ardido del novencientos cinco.
Soñó con dos ejércitos que entraban en la sombra de una batalla; enumeró los comandos, las banderas, las unidades.
&quot;Ahora están parlamentando los jefes&quot;, dijo en voz que le oyeron y quiso incorporarse para verlos.

Hizo leva de pampa: vio terreno quebrado para que pudiera aferrarse la infantería y llanura resuelta para que el tirón de la caballería fuera invencible.
Hizo una leva última, congregó los miles de rostros que el hombre sabe, sin saber, después de los años: caras de barba que se estarán desvaneciendo en daguerrotipos, caras que vivieron junto a la suya en el Puente Alsina y Cepeda. Entró a saco en sus días para esa visionaria patriada que necesitaba su fe, no que una flaqueza le impuso; juntó un ejército de sombras porteñas para que lo matarán.

Así, en el dormitorio que miraba al jardín, murió en un sueño por la patria.

En metáfora de viaje me dijeron su muerte; no la creí.
Yo era chico, yo no sabía entonces de muerte, yo era inmortal; yo lo busqué por muchos días por los cuartos sin luz. 

&lt;em&gt;Jorge Luis Borges 
Cuaderno de San Martín (1929) &lt;/em&gt;
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2008/03/18/franz-kafka-ii-23-diciembre-1911</id>
		<title>FRANZ KAFKA II. 23 de diciembre de 1911</title>
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		<issued>2008-03-18T20:08:07+00:00</issued>
		<updated>2008-03-19T14:51:03+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/Kafka_GrvDet01-400.jpg&quot; width=&quot;400&quot; height=&quot;381&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;



&lt;strong&gt;&quot;Uno encuentra en su diario pruebas de haber vivido, de haber  mirado alrededor y de haber anotado observaciones incluso en circunstancias que hoy parecen insoportables, es decir, encuentra pruebas de que esta mano derecha se movió igual que se mueve hoy, cuando nos hemos vuelto, ciertamente, más prudentes gracias a la posibilidad de abarcar con la mirada nuestras circunstancias de entonces&quot;.&lt;/strong&gt;


		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2008/01/13/angel-gonzalez-poema-un-adios-</id>
		<title>ÁNGEL GONZALEZ. Un poema por un adiós.</title>
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		<issued>2008-01-13T21:49:04+00:00</issued>
		<updated>2008-03-01T09:27:31+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;em&gt;&lt;strong&gt;  Crepúsculo, Albuquerque, invierno&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/foto38.jpg&quot; width=&quot;185&quot; height=&quot;300&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

       

      No fue un sueño,       
 lo vi:  
    
 La nieve ardía. 

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2008/01/08/f-garcia-lorca-su-llanto-ignacio-sanchez-majias-i</id>
		<title>F.GARCIA LORCA &amp; su LLANTO POR IGNACIO SÁNCHEZ MEJÍAS. I</title>
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		<issued>2008-01-08T13:45:23+00:00</issued>
		<updated>2008-01-25T23:16:00+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;strong&gt;A Úrsula Fabrés, 

&lt;strong&gt;Por un sí o tal vez un no, por un quizás, por la memoria y los detalles, por el destello del vino al alzar la botella y por una sonrisa. 



&lt;/strong&gt;LA SANGRE DERRAMADA.&lt;strong&gt;

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/rom_gitano.jpg&quot; width=&quot;300&quot; height=&quot;477&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;

¡Que no quiero verla! 

Dile a la luna que venga, 
que no quiero ver la sangre 
de Ignacio sobre la arena. 

¡Que no quiero verla! 

La luna de par en par, 
caballo de nubes quietas, 
y la plaza gris del sueño 
con sauces en las barreras 

¡Que no quiero verla¡ 

Que mi recuerdo se quema. 
¡Avisad a los jazmines 
con su blancura pequeña! 

¡Que no quiero verla! 

La vaca del viejo mundo 
pasaba su triste lengua 
sobre un hocico de sangres 
derramadas en la arena, 
y los toros de Guisando, 
casi muerte y casi piedra, 
mugieron como dos siglos 
hartos de pisar la tierra. 

No. 

¡Que no quiero verla! 

Por las gradas sube Ignacio 
con toda su muerte a cuestas. 
Buscaba el amanecer, 
y el amanecer no era. 
Busca su perfil seguro, 
y el sueño lo desorienta. 
Buscaba su hermoso cuerpo 
y encontró su sangre abierta. 
¡No me digáis que la vea! 
No quiero sentir el chorro 
cada vez con menos fuerza; 
ese chorro que ilumina 
los tendidos y se vuelca 
sobre la pana y el cuero 
de muchedumbre sedienta. 
¡Quién me grita que me asome! 
¡No me digáis que la vea! 
No se cerraron sus ojos 
cuando vio los cuernos cerca, 
pero las madres terribles 
levantaron la cabeza. 
Y a través de las ganaderías, 
hubo un aire de voces secretas 
que gritaban a toros celestes, 
mayorales de pálida niebla. 
No hubo príncipe en Sevilla 
que comparársele pueda, 
ni espada como su espada, 
ni corazón tan de veras. 
Como un rio de leones 
su maravillosa fuerza, 
y como un torso de mármol 
su dibujada prudencia. 
Aire de Roma andaluza 
le doraba la cabeza 
donde su risa era un nardo 
de sal y de inteligencia. 
¡Qué gran torero en la plaza! 
¡Qué gran serrano en la sierra! 
¡Qué blando con las espigas! 
¡Qué duro con las espuelas! 
¡Qué tierno con el rocío! 
¡Qué deslumbrante en la feria! 
¡Qué tremendo con las últimas 
banderillas de tiniebla! 
Pero ya duerme sin fin. 
Ya los musgos y la hierba 
abren con dedos seguros 
la flor de su calavera. 
Y su sangre ya viene cantando: 
cantando por marismas y praderas, 
resbalando por cuernos ateridos 
vacilando sin alma por la niebla, 
tropezando con miles de pezuñas 
como una larga, oscura, triste lengua, 
para formar un charco de agonía 
junto al Guadalquivir de las estrellas. 
¡Oh blanco muro de España! 
¡Oh negro toro de pena! 
¡Oh sangre dura de Ignacio! 
¡Oh ruiseñor de sus venas! 
No. 

!Que no quiero verla! 

Que no hay cáliz que la contenga, 
que no hay golondrinas que se la beban, 
no hay escarcha de luz que la enfríe, 
no hay canto ni diluvio de azucenas, 
no hay cristal que la cubra de plata. 
No. 

!Yo no quiero verla! 
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/12/30/jordi-virallonga-20-36h-o-solo-recuerdo-</id>
		<title>JORDI VIRALLONGA. 20:36h. O sólo un recuerdo. </title>
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		<issued>2007-12-30T18:09:16+00:00</issued>
		<updated>2008-02-01T12:14:57+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/23459.jpg&quot; width=&quot;95&quot; height=&quot;150&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;&lt;em&gt;Quizás por que acaba el año y ha llegado el momento de hacer inventario; de aquellos que aún están sin más intenciones que las que marca el presente de ese mismo verbo, a los que estudian  la posibilidad de tomar otros caminos con otras compañías pero les faltan algunos nudos de viento a favor – o en contra – para tomar la decisión final. Y a los que fueron más de lo que son por sabias convicciones – creo – a los que hace menos de un siglo se sentaron alrededor de una mesa para gritar lujurias y susurrar tristezas, a los que alzaron copas para brindar por la amistad y la eternidad,  para hacer lecturas de poemas, poetas y redactores de poesía. En el fondo, a los que no pronunciaron despedida pero dejaron grandes momentos en el recuerdo de quien vuelve una y mil veces a los versos* de un gran poeta.&lt;/em&gt;


&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/978842642829.gif&quot; width=&quot;110&quot; height=&quot;160&quot; class=&quot;imgdcha&quot; /&gt;

*
&lt;strong&gt;Mira padre, no te enfades,
sé que tienes un montón de trabajo,
que ahora estás muy solo y triste,
que el teléfono no para de sonar
y que por cualquier cosa lloras
y nos gritas y dices que salgamos
para no molestarte.

Llevas más de un año así,
pero como nos bañamos y vestimos, 
te acompañamos al mercado,
te abrazamos e intentamos ser alegres
y que tengas siempre limpio el cenicero,
estás seguro de que todo marcha bien
y de que ella sólo a ti te hacía falta.

Mira, no te enfades,
pero necesito saber que aún nos quieres,
que no es cierto lo que dicen de nosotros
y mi hermano un cuaderno de espiral para el colegio.
No te enfades si te digo todo esto,
pero ni te has fijado en que ya sé escribir
ni en que hace cinco dientes que no pasa el ratón Pérez.&lt;/strong&gt;

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/11/21/julio-ramon-ribeyro-solucion</id>
		<title>JULIO RAMÓN RIBEYRO &amp; La solución</title>
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		<issued>2007-11-21T07:40:27+00:00</issued>
		<updated>2007-12-24T11:55:28+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/978843221155.gif&quot; width=&quot;100&quot; height=&quot;154&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;

—Bueno, Armando, vamos a ver, ¿qué estás escribiendo ahora?
La temida pregunta terminó por llegar. Ya habían acabado de cenar
y estaban ahora en el salón de la residencia barranquina, tomando
el café. Por la ventana entreabierta se veían los faroles del
malecón y la niebla invernal que subía de los acantilados.
—No te hagas el desentendido —insistió Oscar— Ya sé que a los
escritores no les gusta a veces hablar de lo que están haciendo.
Pero nosotros somos de confianza. Danos esa primicia.
Armando carraspeó, miró a Berta como diciéndole qué pesados son
nuestros amigos, pero finalmente encendió un cigarrillo y se
decidió a responder.
—Estoy escribiendo un relato sobre la infidelidad. Como verán
ustedes, el tema no es muy original. ¡Se ha escrito tanto sobre la
infidelidad! Acuérdense de Rojo y Negro, Madame Bovary, Ana
Karenina, para citar sólo obras maestras... Pero, precisamente, yo
me siento atraído por lo que no es original, por lo ordinario, por
lo trillado... Al respecto he interpretado a mi manera una frase
de Claude Monet: el tema es para mí indiferente; lo importante son
las relaciones entre el tema y yo.. Berta, por favor, ¿por qué no
cierras la ventana? ¡Se nos está metiendo la neblina!
—Como preámbuló no está mal —dijo Carlos— Vamos ahora al grano.
—A eso voy. Se trata de un hombre que sospecha de pronto que su
mujer lo engaña. Digo de pronto pues en veinte o más años de
casados nunca le había pasado esta idea por la cabeza. El hombre,
que para el caso llamaremos Pedro o Juan, como ustedes quieran,
había tenido siempre una confianza ciega en su mujer y como adamás
era un hombre liberal, moderno, le permitía tener lo que se llama
su «propia vida», sin pedirle jamás cuentas de nada.
—El marido ideal —dijo Irma— ¿Me escuchas Oscar?
—En cierto sentido sí —prosiguió Armando— El marido ideal...
Bueno, como decía, Pedro, lo llamaremos así, comienza a dudar de
la fidelidad de su mujer. No voy a entrar en detalles sobre las
causas de esta duda. Lo cierto es que cuando esto ocurre siente
que el mundo se le viene abajo. No solo porque él le había sido
siempre fiel, salvo aventurillas sin consecuencia, sino porque
quería profundamente a su mujer. Sin la pasión de la juventud,
claro, pero quizás en forma más perdurable, como pueden ser la
comprensión, el respeto, la tolerancia; todas esas pequeñas
atanciones y concesiones que nacen de la rutina y en las que se
funda la convivencia conyugal.
—Eso de la rutina no me gusta —dijo Carlos— La rutina es la
negación del amor.
—Es posible —dijo Armando— Aunque esa me parece una frase como
cualquier otra. Pero déjame continuar. Como decía, Pedro sospecha
que su mujer lo engaña. Pero como se trata sólo de una sopecha,
tanto más angustiosa cuanto incierta, decide buscar pruebas. Y
mientras busca las pruebas de esta infidelidad descubre una
segunda infidelidad, más grave todavía, pues databa de más tiempo
y era más apasionada.
—¿Qué pruebas eran? —preguntó Oscar— Sobre este asunto de la
infidelidad las pruebas son difíciles de producir.
—Digamos cartas o fotos o testimonios de personas de absoluta
buena fe. Pero esto es secundario por ahora. Lo cierto es que
Pedro se hunde un grado más en la desesperación, pues ya no se
trata de uno sino de dos amantes: el más reciente, del cual tiene
saspechas y el más antiguo, del cual cree tener pruebas. Pero el
asunto no termina allí. Al seguir investigando sobre la
frecuencia, la gravedad, las circunstancias de este segundo
engaño, descubre la presencia de un tercer amante y al tratar de
averiguar algo más sobre este tercero aparece un cuarto...
—Una Mesalina, quieres decir —intervino Carlos— ¿Cuántos tenía al
fin?
—Para los efectos del relato me bastan cuatro. Es la cifra
apropiada. Aumentarla habría sido posible, pero me hubiera traído
problemas de composición. Bueno, la mujer de Pedro tenía pues
cuatro amantes. Y simultáneamente además, lo que no debe extrañar
pues los cuatro eran muy diferentes entre sí (uno bastante menor
que ella, otro mayor, uno muy culto y fino, otro más bien
ignorante, etc.) de modo que satisfacían diversas apetencias de su
carne y de su espíritu.
—¿Y qué hace Pedro? —preguntó Amalia.
—A eso voy. Imaginarán ustedes el horrible estado de angustia, de
rabia, de celos en que esta situación lo pone. Muchas páginas del
relato estarán dedicadas al análisis y descripción de su estado de
ánimo. Pero esto se los ahorro. Solo diré que, gracias a un enorme
esfuerzo de voluntad y sobre todo a su sentido exacerbado del
decoro, no deja traslucir sus sentimientos y se limita a buscar
solo, sin confiarse a nadie, la solución de su problema.
—Eso es lo que queremos saber —dijo Oscar— ¿Qué demonios hace?
—Para ser justo, yo tampoco lo sé. El relato no está terminado.
Pienso que Pedro se plantea una serie de alternativas, pero no sé
aún cuál es la que va a elegir... Por favor, Berta, ¿me sirves
otro café?... Pero se dice, en todo caso, que cuando surge un
obstáculo en nuestra vida hay que eliminarlo; para restablecer la
situación original. ¡Pero, claro, no se trata de un obstáculo sino
de cuatro! Si solo existiera un amante no vacilaría en matarlo...
—¿Un crimen? —preguntó Irma— ¿Pedro sería capaz de eso?
—Un crimen, sí. Pero un crimen pasional. Ustedes saben que la
legislación penal de todo el mundo contiene disposiciones que
atenúan la pena en caso de crimen pasional. Sobre todo si un buen
abogado demuestra que el agente del crimen lo cometió en estado de
pasión violenta. Digamos que Pedro está dispuesto a correr los
riesgos del asesinato, sabiendo que dadas las circunstancias la
pena no sería muy grave. Pero, como comprenderán, matar a uno de
los amantes no resolvería nada, pues quedarían los otros tres. Y
matar a los cuatro sería ya un delito muy grave, una verdadera
masacre, que le costaría la pena capital. En consecuencia, Pedro
descarta la idea del crimen.
—De los crímenes —dijo Irma.
—Justo, de los crímenes. Pero, entonces, se le ocurre una idea
genial: enfrentar a los amantes, de modo que sean ellos quienes se
eliminen. La idea la concibe así: puesto que son cuatro —y
comprenderán ahora por qué ese número me convenía— haré una
especie de eliminatorias, como en un torneo deportivo. Enfrentar a
dos contra dos y luego a los dos ganadores, de modo que por lo
menos tres queden eliminados...
—Eso me parece ya novelesco —dijo Carlos —¿Cómo diablos hace? En
la práctica no creo que funcione.
—Pero estamos justamente en el mundo de la literatura, es decir,
de la probabilidad. Todo reside en que el lector crea lo que le
cuento. Y este es asunto mío. Bueno, Pedro divide a los amantes en
el Uno y el Dos y en el Tres y el Cuatro. Mediante cartas anónimas
o llamadas telefónicas u otros medios revela al Uno la existencia
del Dos y al Tres la existencia del Cuatro. Todo ello mediante una
estrategia gradual y una técnica de la perfidia que le permiten
despertar en el agente escogido no solo los celos más atroces sino
un violento deseo de aniquilar al rival. Me olvidaba decirles que
los amantes de Rosa, así llamaremos a la mujer, estaban ferozmente
enamorados de ella, se creían los únicos depositarios de su amor y
por lo tanto la revelación de la existencia de competidores los
ofusca tanto como a Pedro mismo.
—Eso sí es posible —dijo Carlos— Un amante debe tener más celos de
otro amante que el mismo marido.
—Para resumir —prosiguió Armando— Pedro lleva tan bien el asunto
que el amante Uno mata al Dos y el Tres al Cuatro. Quedan en
consecuencia solo dos. Y con estos procede de la misma manera, de
modo que el amante Uno mata al Tres. Y al sobreviviente de esta
matanza lo mata el propio Pedro, es decir, que comete directamente
un solo crimen y como se trata de uno solo y de origen pasional
goza de un veredicto benévolo. Y al mismo tiempo logra lo que se
había propuesto o sea eliminar los obstáculos que contrariaban su
amor.
—Me parece ingenioso —dijo Oscar— Pero insisto en que en la
práctica no funcionaría. Suponte que el amante Uno no logre matar
al Dos, que simplemente lo hiera. O que el amante Tres, por más
que esté enamorado de Rosa, sea incapaz de cometer un crimen.
—Tienes razón —dijo Armando— Y por eso es que Pedro renuncia a
esta solución. Eso de enfrentar a los amantes con el fin de que se
exterminen no es viable, ni en la realidad ni en la literatura.
—¿Qué hace entonces? —preguntó Berta.
—Bueno, yo mismo no lo sé... Ya les he dicho que el relato no está
terminado. Por eso mismo se los cuento. ¿No se les ocurre nada a
ustedes?
—Sí —dijo Berta— Divorciarse. ¡Nada más simple!
—Había pensado en eso. Pero, ¿qué resolvería el divorcio? Sería un
escándalo inútil, pues mal que bien un divorcio es siempre
escandaloso, más aún en una ciudad como esta que, en muchos
aspectos, sigue siendo provinciana. No, el divorcio dejaría
intacto el problema de la existencia de los amantes y del
sufrimiento de Pedro. Y ni siquiera aplacaría su deseo de
venganza. El divorcio no sería la buena solución. Pienso más bien
en otra: Pedro expulsa a Rosa de la casa, luego de demostrarle e
increparle su traición. La pone en la calle brutalmente, con todos
sus bártulos o sin ellos. Sería una solución varonil y moralmente
justificada.
—Lo mismo pienso yo —dijo Oscar— Una solución de macho. ¡Puesto
que me has engañado, toma! Ahora te las arreglas como puedas.
—El asunto no es tan simple —continuó Armando— Y creo que Pedro
tampoco elegiría esta solución. La razón principal es que expulsar
a su mujer le sería prácticamente insoportable, puesto que lo que
él desea es retenerla. Expulsarla sería hacerla aún más
dependiente de sus amantes, arrojarla a sus brazos y alejarla más
de sí. No, la expulsión del hogar, si bien posible, no resuelve
nada. Pedro piensa que lo más sensato sería más bien lo contrario.
—¿Qué entiendes tú por contrario? —preguntó Irma.
—Irse de la casa. Desaparecer. No dejar rastros. Dejar sólo una
carta o no dejar nada. Su mujer comprendería las razones de esa
desaparición. Irse y emprender en un país lejano una nueva vida,
una vida diferente, otro trabajo, otros amigos, otra mujer, sin
dar jamás cuenta de su persona. Y ello aún suponiendo que Pedro y
Rosa tengan hijos, aunque mejor sería que no los tuvieran, pues
complicaría demasiado la historia. Pero Pedro se iría, abandonando
incluso a sus supuestos hijos, pues la pasión amorosa está por
encima de la pasión paternal.
—Bueno, Pedro se va, ¿y qué? —preguntó Berta.
—Pedro no se va, Berta, no se va. Porque irse tampoco es la buena
solución. ¿Qué ganaría con irse? Nada. Perdería más bien todo.
Sería un buen recurso si Rosa dependiera económicamente de Pedro,
pues tendría al menos ese motivo para sufrir su ausencia, pero
había olvidado decirles que ella tenía fortuna personal (padres
ricos, bienes de familia, lo que sea), de modo que podría muy bien
prescindir de él. Aparte de ello, Pedro ya no es un mozo y le
sería difícil emprender una nueva vida en un país nuevo.
Obviamente, la fuga beneficiaría solo a su mujer, la que se vería
desembarazada de Pedro, estrecharía sus relaciones con sus amantes
y podría tener todos los otros que le viniera en gana. Pero la
razón principal es que Pedro, así lograra instalarse y prosperar
en una ciudad lejana y como se dice «rehacer su vida», viviría
siempre atormentado por el recuerdo de su mujer infiel y por el
gozo que seguiría procurando y obteniendo del comercio con sus
amantes.
—Es verdad —dijo Amalia— Eso de desaparecer, me parece un
disparate.
—Pero este recurso de la fuga tiene una variante —empalmó Armando—
Una variante que me seduce. Digamos que Pedro no desaparece sin
dejar rastros, sino que simplemente se muda a otra casa luego de
una serena explicación con su mujer y una separación amigable.
¿Qué puede pasar entonces? Algo que me parece posible, al menos
teóricamente. Pero esto requiere cierto desarrollo. ¿Me permiten?
Yo pienso que los amantes son raramente superiores a los maridos,
no sólo intelectual o moral o humanamente sino hasta sexualmente
hablando. Lo que sucede es que las relaciones del marido con la
mujer están contaminadas, viciadas y desvalorizadas por lo
cotidiano. En ellas interfieren cientos de problemas que nacen de
la vida conyugal y que son motivo de constantes discrepancias,
desde la forma de educar a los hijos, cuando los hay, hasta las
cuentas por pagar, los muebles que es necesario renovar, lo que se
debe cenar en la noche...
—Las visitas que es necesario hacer o recibir —añadió Oscar.
—Exacto. Estos problemas no existen en las relaciones entre la
mujer y el amante, pues sus relaciones se dan exclusivamente en el
plano del erotismo. La mujer y el amante se encuentran sólo para
hacer el amor, con exclusión de toda otra preocupación. El marido
y la mujer, en cambio, llevan a casa y confrontan a cada momento
la carga de su vida en común, lo que impide o dificulta el
contacto amoroso. Por ello digo que si el marido se va de la casa,
desaparecerían las barreras que se interponen entre él y su mujer,
lo que dejaría el campo libre para una relación placentera. En
fin, lo que quiero decir es que la separación amigable tendría
para Pedro la ventaja de endosar a los amantes los problemas
cotidianos, con todo lo que esto trae de perturbador y de
destructor de la pasión amorosa. Pedro, al alejarse de su mujer,
se acercaría en realidad a ella, pues los amantes terminarían por
asumir el papel del marido y él el de amante. Al convivir más
estrechamente con los amantes, gracias a la partida de Pedro, y al
ver a este solo ocasionalmente, la situación se invertiría y en
adelante irían a los amantes las espinas y al marido las rosas. Es
decir, Rosa donde Pedro.
—Todo eso me parece muy elocuente y bien dicho —intervino Oscar—
Invertir los papeles, gracias a una retirada estratégica. ¡No esta
mal! ¿Qué les parece a ustedes? A mi juicio es el mejor recurso.
—Pero no lo es —dijo Armando— Y créanme que me molesta que no lo
sea. Un autor, por más frío y objetivo que quiera ser, tiene
siempre sus preferencias. ¡Ah, sería maravilloso que las cosas
pudieran ocurrir así! Preservar la condición de marido y ser al
mismo tiempo el amante. Pero en esta solución hay una o varias
fallas. La principal, en todo caso, es que Rosa ya está
probablemente cansada de Pedro y no puede soportarlo ni de cerca
ni de lejos, ni como marido ni como amante. Todo lo que se
relaciona con él está impregnado de las escorias de su vida en
común de modo que, por más que no vivieran juntos, le bastaría
verlo para que resurgieran en su espíritu todos los fantasmas de
su experiencia doméstica. El esposo arrastra consigo la carga de
su pasado marital. Lo que le impedirá siempre acercarse a su mujer
como un desconocido.
—En definitiva —dijo Carlos— veo que las posibilidades de Pedro se
agotan...
—No, hay todavía otra posibilidad. Simplemente no hacer nada,
aceptar la situación y continuar su vida con Rosa como si nada
hubiera ocurrido. Esta solución me parece inteligente y además
elegante. Revelaría comprensión, realismo, sentido de las
conveniencias, incluso cierta nobleza, cierta sabiduría. Es decir,
Pedro aceptaría tener en la cabeza un par, o mejor dicho, cuatro
pares de magníficos cachos y pasar a formar parte resignadamente
de la corporación de los cornudos que, como es sabido, es una
corporación infinita.
—¡Hum! —dijo Carlos— No estoy de acuerdo con eso. Claro, revela
amplitud de espíritu, ausencia de prejuicios, como dices, pero
creo que sería poco digno, humillante. Yo al menos no lo
aguantaría.
—Yo tampoco —dijo Oscar— Y atención, Amalia. Llegado el caso, que
sirva de advertencia.
—¡Oh, qué maridos tenemos! —dijo Amalia— Unos verdaderos
falócratas.
—Pero esta alternativa tiene sus ventajas —insistió Armando— La
principal es que, al aceptar la situación, Pedro mantendría a su
mujer a su lado. Una mujer que lo engaña, es cierto, y que carnal
y espiritualmente pertenece a otros, pero que al fin está allí, a
su alcance y de la cual puede recibir esporádicamente un gesto
errante de cariño. Conservaría no su cuerpo ni su alma, pero sí su
presencia. Y esto me parece una maravillosa prueba de amor, de
parte de él, una prueba digna de quitarse el sombrero.
—Sombrero que no podría calarse Pedro en su adornadísima cabeza —
dijo Oscar— No, evidentemente, no me parece bien eso de aceptar la
situación. Consentir, en este caso, es disminuirse como hombre,
como marido.
—Es posible —dijo Armando— Pero sigo pensando que sería una
solución ponderada y que requiere cierta grandeza de alma. Es
preferible quizás ser infeliz al lado de la mujer querida que
dichoso lejos de ella... Pero en fin, digamos que tampoco es el
buen recurso.
—No puede matar a los amantes... —dijo Carlos— No puede echar a la
mujer de la casa, no puede tampoco desaparecer, ni divorciarse, ni
acomodarse a la situación. ¿Qué le queda entonces? Hay que
reconocer que tu personaje se encuentra metido en menudo lío.
—Hay todavía otro recurso —dijo Armando— Un recurso directo,
limpio: suicidarse.
Irma, Amalia y Berta protestaron al unísono.
—¡Ah, no! —dijo Irma— ¡Nada de suicidios! ¡Pobre Pedro! La verdad
es que me cae simpático. ¿Y a ti, Berta? Tú que tienes influencia
sobre Armando, convéncelo para que no lo mate.
—No creo que lo mate —dijo Berta —El relato se convertiría en un
vulgar melodrama. Y además Pedro es demasiado inteligente para
suicidarse.
—No sé si será inteligente o no —dijo Oscar— Después de todo es
una suposición tuya. Pero la situación es tan enredada que lo
mejor sería pegarse un tiro. ¿No crees, Armando?
—¿Un tiro? —repitió Armando— Sí, un tiro... Pero, ¿qué resolvería
esto? Nada. No, no creo que el suicidio sea lo indicado. Y no
porque se trate de un desenlace melodramático, como dice Berta. A
mí me encanta el melodrama y pienso que nuestra vida está hecha de
sucesivos melodramas. Lo que ocurre es que esta solución sería tan
mala como la de desaparecer sin dejar rastros. Con el agravante de
que se trataría de una desaparición sin posibilidad de regreso. Si
Pedro se va de la casa le queda la esperanza del retorno y hasta
de la reconciliación. ¡Pero si se suicida!
—Es verdad —dijo Carlos— Yo prefiero tener siempre en el bolsillo
mi ticket de regreso. Pero tampoco es una solución absurda. Si
Pedro se suicida se borra del mundo, borra también a Rosa, a sus
amantes, es decir, borra su problema. Lo que es una manera de
resolverlo.
—No te falta razón —dijo Armando— Y voy a reconsiderar esta
hipótesis. Aunque entre resolver un problema y eludirlo hay una
gran diferencia. Y además ¡quién sabe! ¡A lo mejor el dolor de
Pedro es tan grande que lo perseguiría más allá de la muerte!
—En buena cuenta tu personaje está fregado —bostezó Oscar— Veo que
no has encontrado una solución a tu historia. Pero nuestra
historia es que ya pasó la medianoche y que mañana trabajamos. Y
nosotros sí tenemos una solución: irnos al tiro.
—Espera —dijo Armando— Me había olvidado de otra posibilidad...
—¿Todavía hay otra? —preguntó Berta.
—Y una de las más importantes. En realidad debería haberla
mencionado al comienzo. También es posible que Pedro llegue a la
conclusión de que Rosa no le es infiel, que todas las pruebas que
ha reunido son falsas. Ustedes saben bien, tratándose de un asunto
como este la única prueba plena es el flagrante delito. Todo lo
demás, cartas, fotos, testimonios, son recusables. Puede haber
error de interpretación, puede tratarse de documentos apócrifos o
falsificados, de testimonios malévolos, en fin, de circunstancias
que se prestan a una acusación sin fundamento. Y la verdad es que
Pedro no tiene la prueba plena.
—¡Acabáramos! —dijo Oscar— Debías haber empezado por allí. Nos has
tenido dándole vueltas a un problema que en realidad no existía.
¿Nos vamos, Irma?
—¿No quieren un coñac, una menta? —preguntó Berta.
—Gracias —dijo Carlos— La historia de Armando nos ha divertido,
pero Oscar tiene razón, ya es tarde. De todos modos, Armando,
espero que cuando nos reunamos la próxima vez hayas terminado tu
relato y nos lo puedas leer.
—¡Oh! —dijo Armando— Los relatos que más nos interesan son por lo
general aquellos que nunca podemos concluir... Pero esta vez haré
un esfuerzo para terminarlo. Y con la buena solución.
—¿Nos traes nuestras cosas, Berta? —dijo Amalia.
—Yo se las traigo —dijo Armando— Pónganse de acuerdo con Berta
para la próxima reunión.
Armando se retiró hacia el interior, mientras Berta y las dos
parejas se despedían. ¿Dónde sería la próxima cena? ¿Donde Oscar?
¿Donde Carlos? ¿Dentro de quince días? ¿Dentro de un mes? Un ruido
seco, perentorio, llegó del fondo de la casa. Quedaron
paralizados.
—Se diría un tiro— dijo Oscar.
Berta fue la primera en precipitarse por el corredor, justo cuando
Armando reaparecía llevando un bolso, una bufanda, un abrigo.
Estaba pálido.
—¡Curioso! —dijo— Estas son las coincidencias que a uno lo
desconciertan. Al buscar una pastilla en mi mesa de noche desplacé
mi revólver y no sé cómo salió un tiro. Atravesó el cajón de la
mesa y rebotó contra la pared.
—¡Buen susto nos has dado! —dijo Oscar— Es así como ocurren los
accidentes. Es por eso que yo jamás tengo armas a la mano. Pon un
poco más de atención otra vez.
—¡Va! —dijo Armando— Tampoco hay que exagerar. Después de todo no
ha pasado nada. Los acompaño hasta la puerta.
El malecón seguía brumoso. Armando esperó que los autos arrancaran
y entrando a la casa corrió el picaporte y regresó a la sala.
Berta llevaba a la cocina los ceniceros sucios.
—Ya mañana la muchacha pondrá orden aquí. Estoy muy cansada ahora.
—Yo en cambio no tengo sueño. La conversación me ha dado nuevas
ideas. Voy a trabajar un momento en mi relato. No me has dicho qué
te pareció...
—Por favor, Armando, te digo que estoy cansada. Mañana hablaremos
de eso.
Berta se retiró y Armando se dirigió a su escritorio. Largo rato
estuvo revisando su manuscrito, tarjando, añadiendo, corrigiendo.
Al fin apagó la luz y pasó al dormitorio. Berta dormida de lado,
su lámpara del velador encendida. Armando observó sus rubios
cabellos extendidos sobre la almohada, su perfil, su delicioso
cuello, sus formas que respiraban bajo el edredón. Abriendo el
cajón de su mesa de noche sacó su revólver y estirando el brazo le
disparó un tiro en la nuca.
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/978843221230.gif&quot; width=&quot;100&quot; height=&quot;154&quot; class=&quot;imgdcha&quot; /&gt;
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/11/18/franz-kafka-cartas-diarios</id>
		<title>FRANZ KAFKA. Cartas &amp; Diarios</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/11/18/franz-kafka-cartas-diarios" />
		<issued>2007-11-18T21:35:13+00:00</issued>
		<updated>2007-11-21T10:10:06+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;Noviembre. Aquí sigue lloviendo, y quizá por caprichos del azar, sigue lloviendo en Praga. Y sigo leyendo al escritor checo, porque como escribió E.Vila-Matas: Quise ser escritor por su culpa, estaba con él en vez de ir a jugar a la pelota.&lt;strong&gt;&lt;em&gt;


&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/images.jpg&quot; width=&quot;200&quot; height=&quot;200&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;


&lt;strong&gt;Diarios, 6 de agosto de 1914.&lt;/strong&gt;

&quot;Contemplado desde el punto de vista de la literatura, mi destino parece bastante simple. El deseo de representar mi fantástica vida interior ha desplazado todo lo demás, y además la ha agotado terriblemente, y sigue agotándola. Ninguna otra cosa podrá jamás conformarme&quot;.

&lt;/strong&gt;Carta&lt;strong&gt;

&quot;Soy un hombre cerrado, taciturno, poco sociable, descontento, sin que todo ello constituya una infelicidad para mí, ya que es solamente el reflejo de mi meta. De mi modo de vivir en casa se puede sacar alguna deducción. Vivo en familia con personas bonísimas y afectuosas, más extraño que un extraño. Con mi madre no he cambiado en estos últimos años más de veinte palabras de promedio al día; con mi padre, nada más que el saludo. Con mis hermanas casadas y mis cuñados no hablo en absoluto, sin que esto signifique que esté enojado con ellos. El motivo es sencillamente éste: no tengo absolutamente nada que decirles. Todo cuanto no es literatura me hastía y provoca mi odio, porque me molesta o es un obstáculo para mí, por lo menos en mi opinión&quot;.

&lt;/strong&gt;Praga, 9 de noviembre de 1903 Carta a Oscar Pollak&lt;strong&gt;

&quot;Hace tiempo que no escribo. Con ello me pasa lo siguiente: Dios no quiere que yo escriba, pero yo tengo necesidad de hacerlo. Así se produce un constante tira y afloja, pero en definitiva Dios es el más fuerte, y hay en ello más desgracia de lo que puedas imaginarte. Hay en mi interior muchas fuerzas atadas a una estaca de la cual nazca quizás un verde árbol, mientras que liberadas podrían ser útiles a mí y al Estado. Pero con quejas no se desprende uno de ruedas de molino, y menos aún cuando uno les tiene cariño&quot;.

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/images-2.jpg&quot; width=&quot;129&quot; height=&quot;118&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

&lt;/strong&gt;Carta al Padre&lt;strong&gt;

&quot;Te lo ruego, papá, comprende lo que te digo, todos estos detalles no habrían tenido importancia por sí solos. Me deprimían únicamente por el hecho de que tú, el hombre que tan enormemente ha influido en mi vida, sin embargo, no observaba los mandamientos que imponía. Por ello subdividí el mundo en tres partes: una, en la cual vivía yo, el esclavo, bajo leyes que sólo hablan sido inventadas para mi y a las que yo, por otra parte —sin saber por qué— nunca más podía cumplir en forma satisfactoria: luego un segundo mundo, infinitamente lejos del mío, en el cual vivías tú, ocupado en gobernar, emitir las órdenes y disgustarte a causa de su incumplimiento; finalmente un tercer mundo, en el cual vivía el resto de la gente, feliz y sin órdenes ni obediencia&quot;.&quot;Desde muy temprano tú me prohibías la palabra. Te recuerdo siempre amenazante &quot;¡Ni una palabra de réplica!&quot; y levantando la mano al mismo tiempo. Cuando se trata de tus asuntos, tú eres un excelente orador y yo adquirí en tu presencia un modo de hablar entrecortado, tartamudeante, y aun eso era demasiado para ti: finalmente me quedé callado, primero acaso por terquedad y más adelante, debido a que en tu presencia no podía ni pensar ni hablar&quot;. &quot;Tú me decías: &quot;Ni una palabra más&quot; y con ello querías acallar en mí las fuerzas contrarias que te eran desagradables. Pero tal influjo era demasiado fuerte para mí, yo era demasiado obediente y enmudecí del todo, me oculté de ti y sólo osaba moverme cuando estabas tan lejos que tu poder, cuando menos directamente, ya no me alcanzaba&quot;. 

&quot;Entre nosotros no hubo realmente ninguna lucha; yo de inmediato estuve liquidado; lo que quedó era huida, amargura, tristeza, lucha interna&quot;.

&lt;strong&gt;conversación con un periodista checo, Gustav Janouch&lt;strong&gt;

&quot;Usted se toma demasiada molestia por cosas efímeras. En su mayor parte estos libros modernos son pálidos reflejos de lo cotidiano. Se extinguen demasiado pronto. Debiera leer más libros viejos. Clásicos. Goethe. Lo viejo extrovierte su valor íntimo, lo imperecedero. Lo que solamente tiene carácter de novedad es cosa pasajera. Hoy es bello, mañana parece ridículo... Tal vez es la ruta que sigue la literatura&quot;.

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/images-3.jpg&quot; width=&quot;89&quot; height=&quot;134&quot; class=&quot;imgdcha&quot; /&gt;
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/11/14/gioconda-belli-su-poema-olvidos-2</id>
		<title>GIOCONDA BELLI &amp; su poema OLVIDOS</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/11/14/gioconda-belli-su-poema-olvidos-2" />
		<issued>2007-11-14T22:02:17+00:00</issued>
		<updated>2007-11-15T00:36:37+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;em&gt; A Lucía del Valle, por un beso, un abrazo y un te quiero. Siempre tuyo... Papá. 

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/Un-mar-en-calma.jpg&quot; width=&quot;90&quot; height=&quot;66&quot; class=&quot;imgdcha&quot; /&gt;

&lt;strong&gt;Y viene el día en que la mujer 
olvida el apellido del vecino
y se despierta a media noche 
queriendo adivinarlo en la oscuridad, 
asustada ante las letras difusas
que resisten el esfuerzo de la memoria.
Con los ojos abiertos sobre la almohada
la mujer ve el gato respirando como niño a sus pies
y ve su casa en la oscuridad
el marido que duerme de espaldas a ella
las puertas lustrosas del armario
los libros apoyados lomo contra lomo en las estanterías
y en la noche detenida abruptamente 
por el pequeño tropiezo de no poder recordar el apellido del vecino
piensa en esa casa muchos años más tarde
en las voces que albergará, los pasos que subirán las escaleras
se pregunta qué otros quizás decidirán tirar 
la división de madera clara que ella y su marido levantaron
para quedarse en una habitación más pequeña
donde pudieran sentirse más cerca el uno del otro.
Piensa que todo eso que la rodea 
se dispersará. Sus cosas, sus libros. 
Y que entonces su vida, esas angustias,
-como la de recordar el nombre del vecino-
serán en la oscuridad
vapor de las vidas que fueron
nombres olvidados para siempre.&lt;/strong&gt;
		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/11/01/alejandro-zambra-su-poema-un-libro-vacio-</id>
		<title>ALEJANDRO ZAMBRA &amp; su Poema en un libro vacío.</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/11/01/alejandro-zambra-su-poema-un-libro-vacio-" />
		<issued>2007-11-01T12:50:05+00:00</issued>
		<updated>2007-11-10T15:45:29+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/Alejandro-Zambra.jpg&quot; width=&quot;213&quot; height=&quot;320&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;&lt;em&gt;Y, con todo, el cuerpo es un lugar donde nada muere

Paul Auster&lt;/em&gt;















&lt;strong&gt;Observo una de las cuatro paredes 
Cuando alce una mano 
esa sombra será mi sombra 
Hace dos horas es tarde
También es tarde en la pared.

Tomo la posición de un cuerpo cansado
Decido que el viento golpea intensamente en la ventana
Decido la situación de mis ojos
Pienso en una fotografía
En la mesa hay un vaso con agua hasta la mitad 
Beberlo es lo único que está pendiente.

Observo una de las cuatro paredes
Cuando pienso, esa sombra es sólo una sombra 
con bordes exactos e inevitables 
una imagen parecida a un cuerpo
Hace dos horas llegué a este cuarto
Al cerrar la puerta sentí el ruido 
que hace algo al destruirse
Quizás era la última nuez 
o una fotografía difícil 
o los restos de un espejo.
Si abriera la puerta no miraría hacia el suelo. 
Para qué.

Observo una de las cuatro paredes
Propongo las orillas de mi sombra
Mi sombra se refiere a la pared
Todo se refiere a la pared
En la pared es tarde
Hace dos horas el viento insiste contra la ventana 
Traspaso papeles de una caja a otra
No son recuerdos, son fragmentos 
que anticiparon esta hora equívoca.

Miro una fotografía
La oculto en un libro
Si alguien lo abriera
pensaría que marqué la página 
en que dejé de leer 
o que quise recordar ese poema, 
este poema.

Puedo asegurar que no es así. 
No es así.

No necesito mirar mis manos 
Sé que las tengo cerradas 
Miro, en cambio, hacia el lugar 
donde está la mesa
Veo el vaso y no veo el agua 
Veo el agua y no veo el vaso
Es como si pudiera jugar con las palabras.

Observo una de las cuatro paredes
Si alzo una mano esa sombra será la mía 
Si hago el menor movimiento 
ocurrirá la sombra de alguien 
que toma un vaso de agua 
y piensa en sí mismo 
como en un extraño.&lt;/strong&gt;

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/10/26/nacho-vegas-christina-rosenvinge-cancion-verano-fatal</id>
		<title>NACHO VEGAS &amp; CHRISTINA ROSENVINGE. Una cancion de VERANO FATAL </title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/10/26/nacho-vegas-christina-rosenvinge-cancion-verano-fatal" />
		<issued>2007-10-26T21:14:21+00:00</issued>
		<updated>2007-11-22T15:59:54+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;/strong&gt;* ME HE PERDIDO&lt;strong&gt;


&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/1191311785_f.jpg&quot; width=&quot;267&quot; height=&quot;200&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;&lt;a 
&lt;a href=&quot;http://profile.myspace.com/index.cfm?fuseaction=user.viewprofile&amp;friendID=244346230&quot;&gt;


Lo intenté por tercera vez, me enfundé en mi traje beige, miré hacia el suelo y me santigüé, te encontré entre los escombros. Y aún quedaba un muro en pié, te vi apoyada en él y creo que lo hacías para no perder la fe, el Cristo en la pared se encogió de hombros.

Y tú con tu voz, esa voz y tu pálida piel, con tu brillo en tu pelo de trigo, con ese otro brillo que imagino tras tu abrigo. Pasaste estos últimos inviernos al calor de un infierno construido en el amor para acabar en demolición. Me dices ahora ya estás advertido, no te fíes de un animal mal herido ¿Y qué te iba diciendo yo? Me he perdido.

Lo intenté siete veces más, quería ver lo que hay detrás de tu imperturbabilidad y abrir tu puerta de cuarenta y tres candados. Te adiviné en tu balcón silbando una larguísima canción, pensando es esto lo correcto o no, así que hice chas y aparecí a tu lado. Lo sabes, ahora ya estás advertido, no te fíes de un animal mal herido, y yo, descuida, le mentí, soy un experto cazador ¿Lo has visto? Es mi mundo derruido, lo que hoy es puro mañana está podrido ¿y qué te iba diciendo yo? Me he perdido.

Mátame si ya no te soy de utilidad, mátame tras leer el mensaje, pero ahora me desnudaré sin quitarme el traje. Lo he visto este mundo al derrumbarse, que lo natural es odiarse me dijiste, he de reconocer con cierta convicción y entonces entonaste dulces gritos. Comenzó el más viejo de los ritos. Fuiste tú, fui yo, sencillamente fue algo superior. Y añadiste, si lo hacemos tonto mío pues hagámoslo como es debido ¿Cómo es eso? pregunté, y tú me dijiste, justamente así no, y paraste, me lo tengo prohibido. Y yo protesté empapado y más que aturdido, y ahora sí que si que yo me he perdido. Que ahora sí que si que sé que me he perdido, porque sólo es pensar en ti y acabar perdido. Porque sólo con pensar en ti me pongo perdido.


		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/10/15/si-se-callase-ruido-cancion-ismael-serrano</id>
		<title>Si se callase el ruido. Una canción de Ismael Serrano</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/10/15/si-se-callase-ruido-cancion-ismael-serrano" />
		<issued>2007-10-15T20:13:59+00:00</issued>
		<updated>2008-04-13T23:44:21+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;blockquote&gt;A Raül Roig, por una relación que dura ya diez años.




&lt;strong&gt;No te dejará dormir este estrépito infinito que intenta llenar los días de tinieblas y enemigos. Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás.
Ruido de patriotas que se envuelven en banderas, confunden la patria con la sordidez de sus cavernas. Ruido de conversos que, caídos del caballo, siembran su rencor perseguidos por sus pecados.
Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/foto_navesardiendomasalladeorion_4.jpg&quot; width=&quot;277&quot; height=&quot;200&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

Ruido de iluminados, gritan desde sus hogueras que trae el fin del mundo la luz de la diferencia. Ruido de inquisidores, nos hablan de libertades agrietando con sus gritos su barniz de tolerantes.
Nunca pisa la batalla tanto ruido de guerreros, traen de sus almenas la paz de los cementerios. Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto, de la luz de tu utopía, que tu voz tape este estruendo.
Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.
Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.
Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas. Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/V221229_96.jpg&quot; width=&quot;300&quot; height=&quot;200&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

Si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños y abriría las ventanas...&lt;/strong&gt;

		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/10/13/esenhamen-poema-pere-gimferrer-</id>
		<title>ESENHAMEN. Un poema de Pere Gimferrer.</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/10/13/esenhamen-poema-pere-gimferrer-" />
		<issued>2007-10-13T21:40:38+00:00</issued>
		<updated>2007-10-17T22:16:57+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;blockquote&gt;Para Anna Iglesias, autora de estas tintas.
Y por mucho más.

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/221228_96.jpg&quot; width=&quot;130&quot; height=&quot;96&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/221229_96.jpg&quot; width=&quot;75&quot; height=&quot;96&quot; class=&quot;imgdcha&quot; /&gt;




&lt;strong&gt;Us parlo amb les paraules de la llum i de l’aigua / les paraules del ferro, encastades al roc / amb els mots minerals i l’ombratge dels astres / amb el naip de la nit llençada en escampall. / I és aquesta collita la nostra vida: els dracs de núvols quan onegen a l’arbreda del vent / com la divisa izada d’una heràldica fosca / com el torneig dels boscos de llum articulada. / Vesprejat de paraules i ensangonat de vespes amb el mot de la nit el dia té pronúncia. / I no diem el dia quan diem aquest mots: ni els dies avials dels estanys submergits / ni aquell dia com urpes de metall i de suro que ens ullprèn i ens corprèn en un feix de fiblons. / No ens pertany aquest ferro ni aquestes atzavares / no ens pertany la corranda de les hores de foc / no ens pertanyen les ones de la nit marinada / som els hostes de l’aire i el llamp desquadernat / som ostatges del mot i rehenes del dia / del ressò del coval on reverbera el mot / nuat en si mateix / metal·lic com l’agulla que descabdella el temps de vidre imperceptible.

En un foc d’avingudes viurem de la claror / com viurem de la fosca en un foc de rials: / les paraules no diuen tanta espessor de fletxes / el col·loqui de fones de la pedra i el vent. / La llopada dels segles ha esquarterat el sol / en un dia en eclipsi som veus medievals. / Una paraula viu de ferralla i d’escorça / però també del xàfec violent del matí / quan sembla que les roses de tanta adolescencia ens esclaten als ulls en un cel ogival. / La paraula, vestida de fulles de tardor o del metall de fulls de primavera / esclatat com el ram de raïms a les mans de la nit. / I vam ser aquesta cosa perduda a les drassanes: / el navili dels anys a la roda dels mots. / Semblava que veníem d’aquelles carrerades / quan al matí ens coïa com un vent d’encenalls. / La pavana dels vespres espolsava el trapezi del firmament teixit d’or helicoidal / el teler de la nit teixidora de xarxes on tanta jovenesa s‘esgarria als miralls. / Perquè és polièdric el capçal de les hores / als ulls adolescents hi miralleja el temps. / I també polièdric és la claror dels dies / del cel del segle quinze venen els morts d’un vers / en navegació intemporal, suspesos al velam de les ones / a l’ormeig del passat. / Tanta monotonia de paraules oscades per un ventall de ferro que estripava la nit i d’aixó n’haurem dit fer versos: / una vetlla a la torre de guaita dels senders esborrats on les paraules troben / redreçan-se, la guerra del sentit i del so / en la llum ancestral. / Atalaiers, al ras de les clarors sulfúriques / quan la tarda de coure s’enlluerna pel tro / hem rebut la comanda de les eines del vespre / hem
rebut la incertesa del matins cisellats / hem rebut les absoltes d’un desmai d’aparences / el farratge enfosquit de les al·legories esculpin-se a la cara de claror de l’estiu / amb l’óxid de les aigües de la llum transversal / la piranya dels boscos en la nit congelada / quan els signes es trenen a l’or d’una fornal.

És tal vegada aquesta la paraula dels dies: / en la nit imprecisa se’ns encomana el món / és tal vegada aquest el martell dels poemes: / saber que som és viure de l’incendi del mots.&lt;/strong&gt;
		</content>
	</entry>
	
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		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/10/10/la-morosidad-sentimental-la-obra-javier-tomeo-</id>
		<title>LA MOROSIDAD SENTIMENTAL EN LA OBRA DE JAVIER TOMEO.</title>
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		<issued>2007-10-10T18:54:46+00:00</issued>
		<updated>2007-10-14T15:29:55+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
JAVIER TOMEO. Grand Séminaire de Neuchâtel

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/1.jpg&quot; width=&quot;221&quot; height=&quot;69&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

* &lt;strong&gt;Los próximos 5 y 6 de noviembre  tendrá lugar en Suiza un coloquio internacional sobre la obra del escritor Javier Tomeo. Y con el presente artículo quiero reivindicar la genialidad y la magia de un escritor más valorado en el resto del mundo que en nuestro propio país.&lt;/strong&gt;

Poco antes de morir, Juan Carlos Onetti afirmaba haber descubierto el mundo a través de las ventanas, funcionando sus pupilas como meras receptoras de un mundo más real de lo que en verdad deseaba, y que después se encargaría de catalizar en sus novelas con el argumento de recrear un sucedáneo de ese mismo mundo, menos real, pero más justo. Y tras ese mismo prisma parece esconderse el universo literario de Javier Tomeo – si bien es cierto que con focos y enfoques muy distintos a los del escritor uruguayo - que durante décadas ha hecho discurrir por sus páginas a amas de casa felices – en apariencia -, músicos inmensamente brillantes en su mediocridad , monarcas que deambulan en silencio, un hijo que sin dejar de idolatrar a su madre, parece acabar odiándola, seres que se confunden en la asfixia de una ciudad superpoblada y se pierden en callejones oscuros sin salida, crímenes que se consuman simplemente para llamar la atención sin que en el fondo a nadie parezca importarle, personajes aquejados, al fin y al cabo, por una herida difícil de suturar y por donde se filtra el vacío y el desencanto, la angustia contenida y la verdad camuflada, los conceptos más elementales de ese animal, que al parecer, todos albergamos en las entrañas, las ganas de llorar – aunque aquí hemos venido a reírnos diría él –, habitantes de una zoología de difícil calificación a los que en el fondo se les acaba cogiendo cariño e incluso lástima, según el día, personajes – o personas - que intentan reinventarse a cada momento para llegar a ser alguien en la vida, o para seguir siendo nadie – como siempre-, unidos todos ellos por un único nexo; la soledad más como condena indisoluble que como un estado de ánimo pasajero.
Pero existe una temática en particular dentro del discurso narrativo del aragonés que se ha ido extendiendo a lo largo de casi todas sus novelas, funcionando en ocasiones como verdadero telón de fondo de lo que en ellas acontecía, y es que haciendo una mirada retrospectiva sobre parte de su producción literaria se puede apreciar la falta de sinceridad en muchos de sus diálogos en lo que a temas sentimentales se refiere, tomando el término sentimental en su sentido más estricto e irreverente, algo que recuerda a aquella frase del estadounidense Cormac McCarthy - este secreto es mío y que nadie aspire a él- una ausencia al parecer planeada y claramente estructurada en cada libro pero que no deja de sorprender por plantear
situaciones en las que aflora la verdad a medias o el miedo a la verdad, la no aceptación de que somos seres sumamente dependientes de terceros – o terceras – y que en realidad puede llegar a marcar verdaderos puntos de inflexión en quienes intentan librar una batalla personal por no ser más que uno mismo y sus recuerdos, y es en este sentido donde los personajes de Javier Tomeo parecen haber librado su contienda particular. Con Diálogo en re mayor – su primera gran obra publicada en 1980 – la aventura, o más bien cabría decir desventura, de Juan y Dagoberto en un vagón de tren condenados al parecer a entenderse, escapa por completo a cualquier aproximación sentimental, excepto una breve referencia a una tal Gabriela novia o casi novia de Juan, pero lo que llama la atención de esta historia tras haber recorrido horas y horas sobre raíles, entre violas, violines y trombones y situaciones de lo más embarazosas, es que uno acaba la novela con un sentimiento supuestamente contrario al esperado, teniendo la sensación de que entre ambos personajes – uno la antítesis del otro – se han despertado unos sentimientos, nunca desvelados, que parecen acabar con la maldición de dos señores condenados a vagar por la vida sin más compañía que su sombra y sus rarezas, aunque ya antes con el Cazador -1967 - se intuyeron pistas de por dónde conduciría el autor su narrativa y en apariencia sus fobias, dado que con su ópera prima, que valga decir, algunos se atrevieron en considerarla como una reinterpretación del cuento de Peter Pan – el niño que se negaba a crecer - , pero en su visión más urbana y corrosiva, la historia de un sujeto dispuesto a no salir de su habitación para no tener que tratar a su madre posesiva, se pudo apreciar aunque suele fuese a retales, por un lado la radicalización de un hombre ante su propia madre, y por el otro, la negación sentimental de lo que un hijo espera de su madre y viceversa.
Amado monstruo – 1985 – parecía ser, casi veinte años después, el punto y seguido de El cazador, pero alcanzando aquí su cota máxima de crueldad y desarraigo – y de maestría literaria – Antonio, la todo poderosa madre de Antonio, y el maléfico Krugger, constituyen la panacea sentimental en la obra de Javier Tomeo, porque nada es lo que parece, ni mucho menos lo que se espera, ni tampoco lo que se siente pero no se dice, y es que en esta historia confluyen tres perspectivas sentimentales que acaban por colisionar en un reducido y angosto despacho de contratación de personal. Antonio no quiere trabajo para trabajar sino para escapar de su madre, que podríamos decir, apela a su condición de madre y a su amor de madre, para cuidar torpemente de su pequeño y salvarlo así de los males que acechan al mundo y sus habitantes. Y entre ellos dos el infalible responsable de personal de un banco en busca de un guardia jurado, tétrico, impasible y gélido, con su nombre – Krugger – parece decirlo todo, pero nadie sabe o espera que este señor enjuicie con mano de hierro a Antonio al ver que en su angustiosa historia se resguarda todo el amor que él nunca tuvo, y si lo tuvo no fue el que él quiso, y que al parecer ve reflejado en el débil pero cada vez más astuto aspirante a guardia jurado.
Con La agonía de Prosepina – 1992 – se intuyó en la obra de Javier Tomeo un giro hacía una dialéctica más realista y en su defecto más cruda, tal vez porque ya no había que huir de viejos fantasmas del pasado o porque había llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre, pero aun con ese cambio de dirección, las aproximaciones sentimentales siguieron su curso de ser tabú, un estado omnipresente a la vez que condicionante, por dilación o por demora, por morosidad sentimental, siempre al margen de las grandes inquietudes que clamaban los personajes de cuántas historias estamos citando. Con esta obra se daba paso por primera vez a la presencia in situ de una mujer real – Ana - , al margen de recuerdos, sueños y fabulaciones con mujeres reales pero ausentes e incluso imaginarias, o el extraño caso de las madres muertas tan presentes en la obra del escritor, con las que los personajes han entablado
conversaciones de lo más dispares. No es de extrañar que la suerte que corrieron Ana y Luís – los personajes de La agonía de Prosepina - fuese igual de trivial y pavorosa que la de sus antecesores, pero la aparición de una princesa en tiempo real inyectó en su discurso ciertos elementos que agudizaron el carácter antagónico entre hombre y mujer en la obra de Javier Tomeo, quizá porque ahora ya no era el hombre quien hablaba, sentía por y para las mujeres y las dotaba del sentido y sentimiento que su imaginario le permitía, no, no, ahora era ella quien ponía voz, conciencia y sentimiento a su vida, con un detalle hasta ahora ausente, la capacidad de decisión por sí misma. Entre estos dos novios o casi novios, nunca pareció haber amor ninguno, al margen del recurso engañoso de una sentimentalidad declarada con la máxima frialdad e incluso con cierto morbo.
A estas novelas les siguieron otras tantas donde la interrelación de los personajes siguió más o menos los mismos compases, con la única excepción de El crimen del cine Oriente -1995- recreación literaria de un crimen cometido en la bochornosa posguerra española, pero con la Mirada de la muñeca hinchable – 2003 - se llegó a la negación integral de cualquier aspiración sentimental, valga como prueba de ello esta breve sinopsis de la obra: Un hombre solitario urde un diálogo imposible con una muñeca de plástico en un mundo en el que sólo oye ruidos. Y este solitario no necesita que le contesten, y es que como ya escribió Ernesto Ayala-Dip, Tomeo es dueño de una atmósfera propia dónde él inventa las leyes que autorregulan el mundo en el que habita, un mundo en el que apenas algo cambia, pero que sin embargo, en cada libro nuevo se insinúa la extrema soledad del hombre contemporáneo, y su no menos extrema indefensión ante la estupidez y el absurdo, un rictus de dolor intransferible que se deja ver apenas unos pocos minutos pero que realmente priva de defensas al que lo lleva dentro sin ser consciente de ello, y si lo es, lo pasea por las aceras con silenciosa pero fatal complacencia, apelando al parecer a aquella afirmación de Borges en que el hombre ha de ser más fuerte que sus propias necesidades, eso sí, siempre bajo una sutil diferencia de enfoque argumental.
Para acabar esta breve incursión, quisiera citar las primera líneas de El Unicornio, monólogo ensordecedor, penúltimo acto de su Bestiario particular, y al que, por un lado, Javier Tomeo dio valiosos segundos de vida, y por el otro, que representa a la perfección el universo literario de un escritor prescindible – como todos – pero genial como pocos, pero sobre todo, que representa aquello que ha sabido legar a sus lectores: Soy un animal que jamás existió. Todo lo que les diga a partir de este momento, por lo tanto, les llega desde una dimensión mágica en la que, a pesar de todo, deberían ustedes creer.

&lt;strong&gt;Grand Séminaire de Neuchâtel
Coloquio Internacional
Javier Tomeo.
5 / 7 noviembre 2007&lt;/strong&gt;

		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/09/27/el-sueno-lauro</id>
		<title>EL SUEÑO DE LAURO</title>
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		<issued>2007-09-27T18:21:29+00:00</issued>
		<updated>2007-10-16T20:12:43+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;blockquote&gt;                                 &lt;em&gt;&lt;strong&gt;A Pere Bellés, por ser y/o estar - sin él saberlo – en la raíz de esta historia que ahora les detallo.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;



Mamá dice no tengas miedo. Yo no respondo, pero sigo teniendo miedo. Mamá dice el miedo es un estado de ánimo pasajero al que no hay que prestarle la menor importancia, dice es como el sueño, si lo tienes te metes en la cama, o la suciedad, te lavas y como nuevo, como el hambre, comes - si hay algo para comer –, como el miedo, dejas de pensar en él y ya no hay miedo. ¿Te acuerdas de tu abuelo? No le respondo pero me acuerdo. Tuvo un velero al que bautizó Laura Lee y recorrió todos los océanos conocidos y alguno – según él – más virgen que las propias vírgenes. Lo último que hizo fue grabar en su lápida Yo nunca tuve miedo.
Es un día cualquiera del mes de enero, y yo tengo miedo.
Mamá dice ponte guapo que hoy te llevo a un restaurante, tu primera visita a uno de esos lugares. Me visto. Mamá lleva un vestido negro adornado con un chal de color rojo, rojo de princesa malvada bromea ella. Mesa de madera, vajilla blanca, cristalería suiza – esto lo dice ella – paredes negras, cuadros de color rojo. Bienvenidos al restaurante Laura &amp; Lee susurra el camarero que nos atiende amablemente. Mamá no me explica la coincidencia, pero yo vuelvo a pensar en mi abuelo, y sigo teniendo miedo. Zumo de tomate, Ensalada de nueces con sorbete de fresa, chuletas de cordero con crema de frambuesa. Bebo agua. Mamá vino tinto – a trasluz se vislumbra un rojo tenue en el fondo de la botella- tarta de queso con mermelada de arándanos. Un tipo elegante – camisa lila, traje negro, corbata roja – se acerca a Mamá y le invita a bailar. Ella dice Lauro no te muevas hasta que vuelva. Cómo sonríe mientras sigue dando vueltas sobre la pista de baile… A los pocos minutos otro tipo entra por la puerta y empieza a gritar. Todos tendidos en el suelo con las manos en la cabeza. Sobre las losas empieza a extenderse una balsa de tinta roja que nadie se atreve a limpiar.
Recibo una carta de Mamá, desde el cielo para Lauro, dice no tengas miedo, desde aquí arriba también se ve todo rojo, ese rojo vivo de los telones que se extienden sobre los escenarios de los teatros cuando acaba la función.
		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/09/16/antonio-machado-epitafio-con-sabor-sal-</id>
		<title>ANTONIO MACHADO. Un epitafio con sabor a sal.</title>
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		<issued>2007-09-16T19:32:58+00:00</issued>
		<updated>2008-04-18T20:25:39+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/Antonio-Machado.jpg&quot; width=&quot;119&quot; height=&quot;116&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;

&lt;strong&gt;Y cuando llegue el día del último viaje,
y éste al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.&lt;strong&gt;

		Cementerio de Colliure.

		</content>
	</entry>
	
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		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/09/16/-polvo-sobremesa</id>
		<title>* Polvo de sobremesa</title>
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		<issued>2007-09-16T19:00:09+00:00</issued>
		<updated>2007-10-16T20:14:39+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
                       *Escrito en Noviembre de 1998.

&lt;blockquote&gt;       &lt;em&gt; A todas las madres que en algún momento se perdieron,
                         y a todos los hijos que supieron entenderlo.&lt;/em&gt;


Aún era algo pequeño, no sé como explicarlo, no era un hombre hecho y derecho, pero tampoco era un niño. La medida justa de lo que yo era en aquel momento dependía de qué o quién media la edad de cada uno. Lo que sí sabía – y de eso no me cabe la menor duda- era que para mi madre era lo único que tenía, aunque me ahorraré ahora de dar detalle de lo poco que tardó mi padre en desaparecer al verme sacar la cabeza de las entrañas de quien me trajo al mundo.
Mi madre hacía tiempo que había dejado de malgastar el tiempo, se levantaba muy temprano para ir a trabajar en una modesta fábrica de tapones de corcho, y después se encerraba en casa, llave a dos vueltas, hasta el día siguiente. – Mama, ha llegado una carta del abuelo, dice que no se encuentra demasiado bien, y que quizás irá mañana al hospital. Bien – me dijo – ponla sobre la mesa.
Yo tenía el consuelo de tener dos madres, quiero decir, la mía, y Clara, la vecina del quinto, una antigua amiga de la familia, y yo subía a diario los tres pisos que separaban nuestras puertas, y allí me sentía otro, bueno, allí transcurría la mayor parte de mi vida sin que eso le importase demasiado a mi madre – a la primera quiero decir-, durante el último año había comido y cenado más veces en casa de Clara que en la mía propia, jugar, bañarse, hacer los trabajos de la escuela… incluso llorar era algo que cobrara un sentido distinto dependiendo de dónde lo hiciese. ¿Pero a quién podía contarle mi secreto?
A la semana siguiente volvió a llegar correo, - Mamá ha llegado otra carta del abuelo, dice que le operan la semana que viene de un cáncer de pulmón. Bien – me dijo de nuevo – ponla sobre la mesa.
Yo no podía ir a Clara i explicarle que me había enamorado de Dunia, su hija, ni podía enseñarle todas las cartas que le escribía pero que no llegaba a darle, pero pensé, podría contárselo a mi madre y que ella me aconsejara, o podría declararme a riesgo de sufrir el rechazo tanto de Clara como de su hija, y eso sería perder mi refugio y la amistad de Dunia, y eso con apenas trece años no era posible. Mejor así, tal y como estaban las cosas, y a buen seguro podría comerme en Navidad los postres a su lado y con un poco de suerte, incluso dormir en su misma litera. Faltaba poco para que llegase la Navidad.
Mi madre hacía días que no iba a trabajar o tal vez había cedido a él por falta de motivos, se aferraba al televisor como una mosca a la luz mientras danzaba ante sus ojos el humo de mil cigarros y no había ni dónde ni cuándo.
-Mamá ha llegado una carta del hospital, dice que el abuelo ha muerto. Bien – me dijo – ponla sobre la mesa.
Durante todo ese tiempo fui a diario a visitar a mi abuelo en compañía de Clara y Dunia a la salida del colegio. Él sabía que estaba en la taquilla del tren de ida, pero tampoco le daba demasiada importancia, me decía que él ya había cumplido con lo suyo, y que ahora le tocaban a otros llorar y reír como él lo había hecho durante tantos años.
Cuando al fin le confesé a mi madre una tarde de mayo mi amor por Dunia, me repuso con un tímido timbre de voz… Bien, ponla sobre la mesa.

		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/09/11/maldicion-ultima-cancion-nacho-vegas</id>
		<title>MALDICIÓN. La última canción de Nacho Vegas</title>
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		<issued>2007-09-11T21:29:01+00:00</issued>
		<updated>2008-06-03T19:37:32+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;em&gt;Esta es un homenaje a todos aquellos que se pierden por las ventanas, a los que cierran los ojos más por desilusión que por miedo, a los eternos perdedores de esta fábula milenaria de vivir por hacer algo, a los que se rinden a tiempo, a los que aconsejan no aconsejar, a los que lloran sobre una planta por el bien de la naturaleza, a los que recapacitan aunque estén ya muertos... a los que deciden ser otros para seguir siendo los mismos pero más honestos.&lt;/em&gt;

&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/nachovegas_asomado.jpg&quot; width=&quot;400&quot; height=&quot;252&quot; class=&quot;imgdcha&quot; /&gt;


Ezequiel, fue un gran error tan sólo regresar. Era pronto y a la gente le cuesta olvidar. Ezequiel respira hondo al descender del tren. Es extraño, nadie está esperando en el andén. Una breve intuición: algo huele a maldición. Pero se dirige a la casa en la que se crió.
Y habla con su madre: -Soy yo, madre, ¿no lo ves?- Madre dice: -Olvida que algún día te engendré-. Y habla con su padre: -Padre, ¿qué ocurre aquí?- Padre no contesta; se limita a maldecir. Ezequiel se acerca al bar; alguien le sabrá explicar. Pero todos callan, todo el mundo calla al verlo entrar.

Dicen que hizo algo y nunca nadie lo olvidó,
pero él no consigue recordarlo
y su vida entera se redujo a maldición
con los años y los años.
Ezequiel, mejor te vas de noche y sin molestar.

Ezequiel se oculta junto a las vías del tren. Necesita una respuesta para no enloquecer. ¿Qué ocurrió un verano negro en su ciudad natal, que la gente ni siquiera se atreve a mencionar? Al alba se va a lavar a un estanque del lugar, y es en su reflejo donde encuentra toda la verdad.
Ezequiel contempla el agua con un rictus de horror. En su rostro encuentra el rostro de la maldición. Llega al fondo de sus ojos, donde ya no hay luz. Puede ver su alma y continúa más al fondo aún. Toma conciencia del mal y su grito suena igual que el de un hombre roto que descubre dentro al animal.

Dicen que hizo algo, algo que nadie olvidó,
pero él no consigue recordarlo
y su vida entera se redujo a maldición
con los años y los años.
Ezequiel, mejor te vas de noche y sin molestar.

Ezequiel comienza a huir, nadie lo va a extrañar. Huye en dirección al norte, le guía el olor a sal. El Cantábrico se muestra en todo su esplendor. Se desnuda y lentamente avanza en dirección al sol. Y decide descansar bajo el manto gris del mar. Las olas lo mecen y duerme eternamente como un viejo zar.

Dicen que hizo algo y nunca nadie lo olvidó,
pero él no lograba recordarlo
y su vida entera se redujo a maldición.
Y ahora espera el Juicio
por los siglos de los siglos.
Ezequiel, descansa en paz en el fondo del mar.


		</content>
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	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/09/04/paseo-los-tristes-breve-aproximacion-la-obra-javier</id>
		<title>PASEO DE LOS TRISTES. Breve aproximación a la obra de Javier Egea.</title>
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		<issued>2007-09-04T13:37:27+00:00</issued>
		<updated>2007-09-11T20:44:27+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
* &lt;em&gt;A Cristobal Carrasco, que hace dos otoños me descubrió 
  la genialidad de este poeta granadino. &lt;/em&gt;


&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/EGEA.jpg&quot; width=&quot;282&quot; height=&quot;305&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;

I.

Pero no sobre mí, no sobre tí / no por encima, enorme, sin tiempo, alucinado / sino en la historia triste de los huesos. 
Aquí habita el dolor / ese salvaje cobrador diario / que llega, empuja, nos derriba y queda.

II.

¿Recuerdas lo que queda de vida? / ¿ Conoces este ritmo que es un barrio acechando / brillante puñalada  en forma de cadera / que mueve un viento seco y te mira en la esquina / con  un vaso en la mano y un temblor en la boca ?

III.

Quizá me confundí de calle y de aventura / pero ya me conocen  sus farolas y el alba / ya conocen mi sombra, mi canción, mi tristeza / y esta costumbre vieja de andar erguido y solo. 

IV.

- ¿ Sabe quién mató al Sr. Egea ?

- Lo sé.

-¡Pués dígalo inmediatamente !

-Yo me arrojé al vacío
 desde la estrella muerta
 y ya no tengo miedo de morir.



		</content>
	</entry>
	
	<entry>
		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/08/25/bernardo-atxaga-su-poema-invierno</id>
		<title>BERNARDO ATXAGA &amp; su Poema de invierno </title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/08/25/bernardo-atxaga-su-poema-invierno" />
		<issued>2007-08-25T11:28:55+00:00</issued>
		<updated>2007-09-01T20:49:45+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/amberes/atxaga1.jpg&quot; width=&quot;179&quot; height=&quot;248&quot; class=&quot;imgizqda&quot; /&gt;

&lt;em&gt;Qué otra cosa podría ver un explorador cansado
dentro de los límites de un metro cuadrado de tristeza...&lt;/em&gt;

                                    B.Atxaga.
                                    Poemas &amp; híbridos ( 1998 )












Así fué como acabó el undécimo mes, Noviembre / con el canto de las ocas salvajes / que marchaban hacia el sur. / Y tú miraste hacia aquel cielo para decir: / Si tueviera alas, también yo me esforzaría en buscar nuevas tierras / también yo levantaría mi campamento / en una playa llena de banderas amarillas / quizá entonces trabajara mejor con el tiempo / quizá entonces olvidara para siempre las murallas y la gente de esta ciudad.

Y recuerda, yo sólo te hice una pregunta / ¿ por qué somos tan infelices ? / De morir un més más tarde / habría visto nieve en nuestro jardín.

Seguíamos hablando / cuando los oscuros ángeles / que se lo llevaron / se llevaron también la tarde.

Así fue como acabó el undécimo mes, Noviembre / con el canto de las ocas salvajes / que marchaban hacia el sur.


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		<id>http://www.librodearena.com/amberes/post/2007/08/10/blanca-nueva-cancion-nacho-vegas-</id>
		<title>BLANCA. Una nueva canción de Nacho Vegas. </title>
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		<issued>2007-08-10T12:40:10+00:00</issued>
		<updated>2007-11-22T15:45:45+00:00</updated>
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&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;http://www.youtube.com/watch?v=4yRYODHUUNk&quot;&gt;

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¿Por qué me dejas caer 
Tú que me subiste aquí 
Tú que me trataste tan bien 
Cuando yo me enamoré de ti? 

Blanca llega hasta mi mente 
Jura que ella es diferente 
Y es hermosa hasta en su forma de mentir 
Quién sabrá lo que ella sueña 
Lo que siente y lo que enseña 
La razón por la que permanezco fiel 
Blanca, eres tan cruel 

¿Y por qué me dejas hundirme así 
Tú que me pusiste en alta mar? 
¿Y por qué me dejas aquí tirao 
Cuando yo me quise enamorar? 

Blanca llega (...) 

Y no olvides que 
Al despertar 
Siempre hay cuchillos en el cajón 
Oh, nunca más 
No hasta la próxima vez.
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