Libro de Arena
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AMBERES. Un espacio literario

Por Raúl Muñoz Jiménez

A ras de suelo

A esas horas de la mañana en que el alba se cruzaba con la última estrellas de la noche, la ciudad despertaba lentamente abriendo los goznes de sus puertas todavía con legañas en los ojos, tendida en un lecho de silencio con el único ruido de algún espontáneo con dos copas de más, las farolas dudando si seguir alumbrando o apagarse. Pero pronto llegarían a estar las carreteras colapsadas de coches y contaminando con sus voces a algún pobre poeta recitando versos a cinco duros. La salida del metro presentaba siempre la misma portada, turistas perdidos con sus guías de viaje, grandes ejecutivos presumiendo de corbata y zapatos nuevos con cuatro prensas bajo el brazo, algún gitano intentando sustentar a toda una familia vendiendo mecheros y tabaco de contrabando, y sentado en el último escalón antes de salir del túnel, un viejo exiliado de las tabernas de humo y ron, con sus zapatos sin suela, un abrigo de plumas albergando tristezas y unos pantalones remendados con puntas de lágrimas ya secas caídas en su regazo.

Siempre sujeto a su mismo destino, desde que este viejo presumía de beberse once copas de ron cubano en una noche sin caer abatido por una embolia, un pastor alemán exiliado también de nadie sabe qué patria.

A cierto banquero le sorprendía, incluso le molestaba escuchar cada mañana aquella sonata de desesperanza de alguien tan lejano y a su vez cercano, -una limosna para mí y para mi perro tonto-. Y sobre ellos dos se fue grabando durante mucho tiempo la misma película. Pero ya harto de escuchar al viejo a diario, creyendo que sus palabras no era más que propaganda de seres injustos decidió rendirle algunas cuentas. – Una limosna para mí y para mi perro tonto – le dijo el viejo sin mirarle a los ojos y arrastrándole a sus pies el sombrero de paja. ¬– Dígame, ¿por qué debería darle a usted una moneda? ah, ¿y por qué dice que su perro es tonto?

Una moneda porque soy pobre y una limosna porque soy pobre de verdad- acabó confesando el viejo mientras se recostaba entre cartones.

-Y mi perro es tonto por llevar tanto tiempo aquí tirado a mi lado -.


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