El indiscutible testamento de Javier Tomeo
En poco más de dos meses se cumplirán cuarenta años de la publicación de la primera novela del escritor aragonés Javier Tomeo, El cazador, y tal vez sea ésta una buena premisa para hacer un ejercicio de valoración sobre el conjunto de su obra, teniendo en cuenta que desde aquel 1967 hasta ahora, ha colgado en las estanterías más de treinta títulos entre novelas, cuentos y relatos.

Poco antes de morir, Juan Carlos Onetti afirmaba que había descubierto el mundo a través de las ventanas, y tras ese mismo prisma parece esconderse el universo literario del aragonés, que durante años ha hecho discurrir por sus páginas a amas de casa felices – en apariencia -, músicos frustrados, marineros que surcan mares de piedra, monarcas que deambulan en silencio, un hijo que sin dejar de querer a su madre, parece acabar odiándola, seres que se confunden en la asfixia de una ciudad superpoblada y se pierden en callejones oscuros sin salida, crímenes que se consuman simplemente para llamar la atención sin que en el fondo a nadie parezca importarle, personajes aquejados, al fin y al cabo, por una herida difícil de suturar y por donde se filtra el vacío y el desencanto, la angustia contenida y la verdad camuflada, los conceptos más elementales de ese animal llamado persona, las ganas de llorar – aunque aquí hemos venido a reírnos diría él –, habitantes de una zoología de difícil calificación a los que en el fondo se les acaba cogiendo cariño e incluso lástima, según el día, miembros de una familia de un solo apellido que intentan reinventarse a cada momento para llegar a ser alguien en la vida, o para seguir siendo nadie – como siempre-, unidos todos ellos por un único nexo; la soledad más como condena indisoluble que como un estado de ánimo pasajero.
Sus primeras obras se caracterizaron por reinventar el quehacer literario con un lenguaje llano pero a su vez codificado, una mezcla entre fantasmagórico y superficial, valga como prueba que cuando en una entrevista le preguntaron por su experiencia con la censura que cotejaba más que lo que había que leer, lo que no se debía saber, éste contestó; nunca tuve problemas con ella porque nunca entendieron lo que escribía. De esta primera fase cabe destacar El cazador, El castillo de la carta cifrada, Diálogo en re mayor y Amado monstruo – en conjunto, sus piezas más aclamadas y llevadas a escena en los principales teatros de Europa y de España -. Pero fue con la aparición de La agonía de Prosepina – 1992-, donde se intuyó el giro hacía una dialéctica más realista y en su defecto más cruda, tal vez porque ya no había que huir de nadie o porque había llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre, y por esa vía llegaron a los ándenes El crimen del cine Oriente, Los misterios de la Ópera, Napoleón VII, La soledad de los pirómanos, El cantante de boleros o La noche del lobo, así como ediciones revisadas de sus cuentos y relatos como Historias mínimas y Preparativos de viajes.
A lo largo de los años la obra de Javier Tomeo ha sido objeto de numerosos estudios, congresos, tesis doctorales y merecedor de varios premios literarios – en 1999 fue candidato al premio Nobel de Literatura-, pero eso no parece haber alterado su condición de modesto radiógrafo de la sociedad, porque mientras él sigue observando desde la terraza de un bar o desde el balcón de un ático como el tiempo sigue corriendo campo a través con viejas y nuevas manías sin detenerse en poner los puntos sobre las ies, su obra nos sigue brindando el placer de vernos tal y como somos; seres salvajes sin remedio perdidos en un mundo doméstico, capaces de reírnos de los demás y de avergonzarnos de nosotros mismos sin que nadie se dé cuenta. Pero mientras esto siga así – diría él - continúen leyendo señores, que es la mejor manera de consumir las horas.
Dicen algunos editores que las mejores obras de la literatura se identifican en las primera páginas, y que mejor manera de cerrar esta especie de homenaje que recordar el inicio de la que para algunos – y ahí me incluyo – es una de la mejores novelas que ha dado la narrativa española desde la transición – El crimen del cine Oriente - que dice así: Recuerdo que estaba lloviendo a mares y que entré en aquel cine porque no tenía otro sitio donde meterme. Era domingo, habían dado las diez de la noche y hacía bastante rato que había empezado la película. Me senté en la última fila y lo primero que hice fue quitarme los zapatos, que se me habían puesto perdidos de barro.
*Artículo publicado en el nº 19 - mayo 2007 - de la revista de Literatura y Cultura Iguazu.
3 comentarios - Escribe aquí tu comentario
Hola.
Hasta hace muy poco no conocía nada de la obra de Javier Tomeo, hasta que escuché una entrevista en La Plaza, en RNE1. El mismo autor afirmó en esta entrevista que todas sus novelas son la misma novela, que se parecen mucho (o al menos así lo veía él), pero que cuando algo es bueno, no importa que se repita hasta la saciedad. Lo mismo ocurre con las películas de Woody Allen o con las canciones de Leonard Cohen. Yo, como ya te he dicho, desconozcon su obra, a excepción de LA NOCHE DEL LOBO, que leí hace algunas semanas, y que me produjo sensaciones enfrentadas. Al dejarlo de nuevo en la estantería, no tenía muy claro qué había leído. Es curioso. Seguiré intentándolo. ¿Me recomiendas alguno en particular?
Aprovecho para felicitarte por los relatos que de momento he leído en este espacio: PIJAMA y el que habla de la inspiración (no recuerdo el nombre). Son muy intensos. COn tu permiso, seguiré leyendo por aquí.
Un saludo
Hola Rubén,
Sobre la obra de Javier Tomeo te diré que la gran mayoría de sus títulos se asemejan en la dialéctica y en la construcción narrativa - simple en apariencia pero de gran profundidad tanto literaria como sicológicamente.
Por recomendar te diré que sus mejores obras son precisamente las primeras que escribió " El castillo de la carta cifrada", " Amado monstruo" y " El crimen del Cine Oriente", aunque sinceramente todas ellas son dignas de estar en la estantería de casa, de hecho con sus libros tengo la misma sensación que cuando leo a Roberto bolaño o a Juan Carlos Onetti, la sensación de que todos sus libros me van a aportar la mejor sensación del acto de leer.
Gracias por el buen rato que me has hecho pasar al hablar contigo sin haber llegado a hablar.
Un saludo
Muchas gracias por la recomendación. Los buscaré.
Un saludo






