Libro de Arena
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Un día más

Vidas paralelas que se cruzan en un punto infinito del vacío. Vidas que se escapan de sus cuerpos y que vuelan libres por la eternidad. Vidas huidizas que lamentan los caminos que han tomado. Vidas que son mentira...

Una historia de amistad

El 23 de cada mes llegaba a clase más alegre. Los alumnos la notaban más guapa, más feliz. Y en verdad así era. Lorena rejuvenecía 20 años cuando volvía a vivir aquellas tardes. Esos días, al sonar el timbre que indicaba el final de las clases, se daba prisa en recogerlo todo. Se dirigía con entusiasmo a la salida y siempre, según se veían, corrían a abrazarse como si todavía tuvieran quince años. Aún se le encogía el corazón cuando recordaba la tarde en que su amiga, Lucía, le había dicho que se iba de la ciudad, que se trasladaba por motivos de trabajo.

Lucía era química y se dedicaba a la investigación en un laboratorio a unos 50 Km. de su ciudad natal, la ciudad donde había dejado medio corazón al irse. Ella también recordaba con amargura las lágrimas de aquella tarde. Tendrían las dos treinta años y desde siempre fueron la envidia del resto de sus amigas. Ambas coincidían en que no había dos amigas que se quisieran más y se necesitaran más que ellas. Disfrutaban de cada segundo juntas en los que compartían toda clase de cotilleos y confidencias. Las dos recordaban con un cariño infinito las tardes que se pasaban echadas en el sofá abrazadas, disfrutando con solo mirarse, regalándose sonrisas. Tenían una unión tan fuerte que cuando una estaba mal, la otra lo sabía aunque no estuviera a su lado en ese momento.

Durante años se tuvieron la una a la otra para todo, después tuvieron que compartir un trocito de su corazón con el novio de su amiga. Pero su amistad nunca bajó de intensidad. La necesidad de verse, de estar juntas, siguió como una constante en su vida. Las dos coincidían también en que el día más feliz de su vida no había sido su propia boda, sino la de su amiga. Ese sentimiento de orgullo al verla llegar al altar tan guapa, tan feliz, tan radiante y saber que esa era su mejor amiga y que además parte de su corazón le pertenecía solo a ella… ese sentimiento era algo que pocas personas podían disfrutar.

El día de la partida de Lucía establecieron un pacto: se verían todos los 23 de cada mes, no importara lo que pasara. Ese día sería sagrado, lo reservarían solo para ellas. Y ese pacto solo se vio interrumpido un mes, un 23 de diciembre. Ese día Lucía no pudo ir a recoger a Lorena.

Tras recibir una breve llamada telefónica, Lorena se vistió corriendo y tan rápido como pudo se dirigió hasta el hospital para ver a Lucía. Subió hasta la habitación donde estaba y casi sin llamar abrió la puerta. Allí tenía a su amiga, feliz en la cama con su hija recién nacida en los brazos.

-Lorena, te presento a Lorena, tu ahijada – dijo con una sonrisa.

Ángel de la guarda

Todos deberíamos tener un ángel de la guarda. Ese amigo que nos protege y nos tiende una mano para ayudar a levantarnos cuando nos caemos, curando nuestras heridas con un cariño infinito. Esa persona que siempre está y con la que podemos hablar de todo porque sabemos que nos va a prestar toda su atención. Esa que nos da su ilusión cuando la nuestra la hemos olvidado en alguna parte. Esa que nos regala sonrisas constantes. Aquella sin la cual nos sentiríamos totalmente perdidos, desorientados en un mundo que no tiene sentido sin ella. Ese amigo que es capaz de compartir nuestra felicidad y que sufre con nuestro dolor. Aquel que sonríe al vernos aparecer a lo lejos y al que le brillan los ojos cuando nos mira.

Aquel por el que daríamos nuestra vida sin pensarlo...

Se durmió

¿Y qué ocurre cuando te levantas y hace sol espléndido? ¿debería ser feliz solo con eso? ¿debería conformarme o tengo derecho a pedir algo más?

Se durmió con el corazón oprimido, con los ojos cargados de lágrimas, con la pena en cada poro de su piel. Se durmió con la esperanza de no volver a levantarse nunca más. Se durmió con miedo a no dormir. Se durmió y se despertó igual que estaba. Eso del sueño reparador es otra mentira más, pensó.

Hoy es mi cumple y soy feliz

Hoy es mi cumple y soy feliz. Soy feliz porque he sabido rodearme de personas que merecen la pena, de esas que hacen que cada día me levante con una sonrisa. Soy feliz porque tengo la suerte de tener un hogar, ese lugar que te acoge con calidez al regresar y en el que no importa lo que haya pasado; siempre te devuelve la paz. Soy feliz porque tengo una familia que me ha demostrado a lo largo de los años que no importa lo dura que sea mi caída, siempre tendrán una mano tendida hacia mí. Soy feliz porque con 17 años recién cumplidos puedo mirar sin miedo hacia el futuro sabiendo que tengo un camino inmenso por delante. Soy feliz porque en este último año he aprendido que con esfuerzo hasta el obstáculo más difícil se supera…

Soy feliz porque ya me he cansado de estar triste.

A partir de ahora he decidido ver el vaso medio lleno, aunque cueste.

Espíritu navideño

"Y un día levantarse y sonreír simplemente al sentir la caricia de un rayo de sol. Darse cuenta de que la vida son dos días y que muchas veces tenemos más de lo que sabemos valorar. Disfrutar con cada gesto de cariño que la vida nos regala y aprender a devolvérselos con aun mayor ternura. Respirar cada segundo con positivismo y descubrir que siempre tenemos a alguien a nuestro lado que nos da todo su cariño sin pedirnos nada a cambio. Amar lo que tenemos y olvidarnos de lo que carecemos. Mirar a los demás como nuestros amigos, nunca como nuestros rivales. Tener esperanza, amor y fe cuando los tiempos se vuelven un tanto oscuros...

...ese es el verdadero espíritu de la Navidad. "

Os deseo que paseis unas felices fiestas y que entreis en el 2008 cargados de ilusión y esperanza.

*-_Feliz Navidad_-*

¡Felicidades, Pilar!

Pues eso, Pilar: ¡muchísimas felicidades!

Quería agradecerte de corazón todo lo que me has ayudado, escuchándome siempre y animándome.

Quería que supieras que eres una persona genial de las que cada vez quedan menos.

Quería decirte que desde aquí te mando un poco de suerte, que ya te toca.

Quería repetirte que...

¡TE QUIERO!

Deseo. Rabindranath Tagore

Deseo decirte las palabras más profundas, pero no me atrevo, pues temo tu burla.

Por ello me río de mi mismo y transformo en bromas mi secreto.

Me burlo de mi dolor, para que no te burles tú.

Deseo decirte las palabras más sinceras, pero no me atrevo, pues temo que no me creas.

Por ello las disfrazo de mentiras y digo lo contrario de lo que pienso.

Me esfuerzo en que mi dolor parezca absurdo para que no te lo parezca a ti.

Deseo decirte las palabras más valiosas, pero no me atrevo, pues temo no ser correspondido.

Por ello te nombro duramente y me enorgullezco de mi insensibilidad.

Deseo sentarme silenciosamente a tu lado, pero no me atrevo,

pues temo que mis labios traicionen mi corazón.

Por ello hablo disparatadamente, escondiendo mi corazón tras mis palabras.

Trato a mi pena con dureza, para que no lo hagas tú.

Deseo alejarme de ti, pero no me atrevo, pues temo que descubras mi cobardía.

Por ello levanto la cabeza y me acerco a ti con aire indiferente.

La constante provocación de nuestras miradas remueve mi dolor sin piedad.

¿Alguien se anima a escribir el principio de esta historia?

Tomás, sin embargo, nunca dejó de amarle. Cuando se dio cuenta de lo que ocurría fue él mismo quien hizo la maleta. No hubo trágica despedida, sólo unas cuantas lágrimas al tomar el tren. Han pasado casi quince años desde entonces y no se atreve aún a pronunciar su nombre.

Teme que regresen los fantasmas del pasado.