Libro de Arena
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Arsinoe

La Rebelde Hermana Pequeña

Frustración

Algunos días uno quisiera que no hubiera amanecido. Los comentarios de los seres queridos desbordan por las pliegues de la vida y se quedan anclados a la propia existencia, de forma que están ahí, machacando y no hay forma de deshacerse de ellos por más que uno se sacuda la vestimenta del día a día.

Y es que por mucho que evolucionemos, o que nos lo queramos creer, el hecho de que una mujer tenga que "renunciar" a una parte de su merecido descanso por completar su vida profesional, por mejorar su posición laboral y la de su familia, o simplemente porque la gusta lo que hace, aún está mal visto aún entre nuestros cercanos, aunque en ninguna manera interfiera en la vida familiar.

Esta es la situación que he vivido en estos días, cuando gustosamente, y tratando de compaginarlo con las actividades familiares, he continuado enganchada a mi trabajo, porque las circunstancias, este año completamente excepcionales, han requerido que diariamente dedicara un par de horas a llamadas y correos electrónicos.

Duele cuando en lugar de valorar el sacrificio, o los sacrificios, se echan en cara como si el objetivo fuera amargar al personal. Duele cuando uno se esfuerza porque los demás se sientan orgullosos de lo que se puede conseguir con un poquito de esfuerzo, y los demás solo ven vanagloria y desapego. Duele cuando uno sacrifica su tiempo de sueño y de hobbies por subir peldañitos en el trabajo cuando además el sueldo que entra es el principal y el que además tiene mayor futuro. Duele cuando una dedica un par de días de sus vacaciones a reuniones de trabajo y se supone que afectan a la familia, y no se ve cuando todos los fines de semana del año la parte complementaria se ausenta largas horas por disfrutar del fútbol que no reporta ningun beneficio a la pareja.

Lo debo estar haciendo fatal por cuanto en lugar de sentirse orgullosos me preguntan si mi descanso no es más importante. Así que hoy estoy eso, frustrada.

Convivencia

Para que nos vamos a engañar. Convivir es dificil. Y quién diga lo contrario, que me de la fórmula, porque yo, por más que lo intento, hay días que lo único que quiero es tirar la toalla.

Soy de las que opinan que no todo tiene que ser de acuerdo al 100%. Por mucho que nos empeñemos en ser uno, las cosas son de dos. Dos educaciones diferentes. Dos gustos diferentes. Dos pasiones diferentes. Todo va bien hasta que deja de ir. Y deja de ir cuando uno de los dos no apoya en algunas cosas. Que no todo tiene que apetecer, pero si a tu pareja le hace feliz, y no interfiere en la felicidad común ¿porqué no apoyar?

Y en esas estoy. En tratar de comprender, y en decidir si uno por convivir en pareja tiene que renunciar a todo lo que le guste solo porque el otro no lo comparta. Esto sí que es tratar de conciliar, y no la vida familiar con la laboral.

Lágrimas en la Arena

No llores porque ya se terminó... sonríe, porque sucedió"

Gabriel García Márquez.

En estos últimos días, varias lágrimas ruedan por la arena. Son lágrimas de recuerdo, acompañadas de sonrisas indulgentes, sonrisas descoloridas por los recuerdos de historias recientes.

Cuando llegué al Libro no sabía muy bien que iba a encontrar. A lo largo de los días he encontrado risas y sonrisas. Ha sido un tiempo de grandes amigos y de grandes historias. También de grandes personajes, porque no todo lo que se ve en el Libro es real. A veces hay una parte de ficción.

Pero por detrás, siempre, lo que hay, son personas, con sentimientos, con debilidades, con razonamientos, y una cosa que he descubierto: son amigos. Amigos que han comprendido, que se han unido a mi, que han acompañado las sonrisas cuando las ha habido, y que en los últimos días han acompañado lágrimas. Lágrimas porque a veces, también en este Libro, hay que pasar la página, aunque esa página en la que estás se describe la historia más bella, se vive el amor más imposible, se contempla el paisaje más hermoso. Pero la historia debe continuar, y se hace necesario avanzar, porque detenerse en esa página es anclar la vida, no dejarla transcurrir por su cauce natural. Y es condenar a los personajes a un momento, quizá el más bello, quizá el más tierno, quizá el mejor momento de la vida, pero solo uno, de los muchos que se pueden llegar a vivir. Y es reducir la memoria.

Así que aún dejando que una lágrima resbale por la mejilla, y llegue a los labios, a dejar su sabor salado, haciendo esbozar una tímida sonrisa, la vida también en el Libro, debe seguir. Y las historias creadas, deben avanzar, que no terminar. Sólo dejarlas evolucionar, para que aquellos que las viven, no se pierdan en los pliegues de los recuerdos, sino creen caminos compartidos, se encuentren en encrucijadas de la vida, y se sienten juntos en lindos parajes a contemplar puestas de sol.

Vivir mucho

A veces tengo la sensación de que vivo mucho. No muy deprisa, con cosas que no correspondan a la edad, sino mucho, muy intenso.

Y a veces me da miedo. Porque pienso que la vida es una cuenta, que suma y sigue, hasta llegar a un límite, un límite que no conocemos. Y que cuando lleguemos a ese límite la vida se acaba, porque ya has hecho todo lo que tenías que hacer. Ya has participado en todo lo que tenías que participar. Y ya has conocido a todos los que tenías que conocer.

Y pienso que yo he hecho ya muchas cosas. He participado en muchos eventos. He conocido a mucha gente.

Y mi cuenta está sumando. Y siempre me queda la sensacion de estar a años luz de lo que quiero ser, de lo que quiero estudiar, de lo que quiero viistar, de quién quiero conocer. Y pienso que mi cuenta aún tiene que sumar mucho más. Y deseo que mi cuenta sume aún mucho más.

Pero ¿quién me lo puede garantizar? Yo solo sé que aunque ya haya vivido mucho, aun quiero vivir mucho más.

Ingeniuidad y Desconfianza

Los equilibrios en la vida son, en general, dificiles de encontrar. El punto medio entre la ingenuidad y la desconfianza también. Entre otras cosas porque cada uno de estos equilibros, y de este en concreto, son todos relativos.

Dependen de la persona, circunstancia o acontecimiento al que se apliquen. Dependen de la situación personal en la que se encuentre cada uno. Depende del carácter, de la educación y hasta de las creencias particulares.

Es posible que a veces peque de ingenua. De hecho, si he de pecar de algo, será más de ingenuidad que de desconfianza. Es mi naturaleza. Sin embargo, a lo largo de mi vida, los batacazos surgidos de la ingenuidad nunca han sido tan graves como para renunciar a ella. Quizá esté por llegar. Quiero pensar que el hecho de ser mujer y tener desarrollado el sexto sentido que no tiene en general el sector masculino, también me ha ayudado a la hora de tomar decisiones.

Soy perfectametne consciente de que junto con la ingenuidad debo aplicar una pizca de desconfianza. O de respeto. ¿Será suficiente?

Mirarse el ombligo

A veces me planteo que es la vida. No solo lo pienso sobre la mía en particular, sino en general, qué es la vida. Quizá sea una pregunta demasiado transcendente para un sábado por la mañana, pero no es menos cierto que cualquier momento es bueno para hacer este tipo de reflexiones.

La vida no es más que un conjunto de circunstancias, que se suceden o se superponen en el tiempo. Es un conjunto de personas que se cruzan, y se juntan, o se separan, pero que en cualquier caso, hacen una aportación a nuestra persona. Es la suma de actividades, hechos y acontecimientos, que surjen de las relaciones con otras vidas, de personas, de instituciones, de lugares. Cuanto más de todo esto, más es la propia vida.

Sin embargo, a veces la vida se limita al espacio que hay alrededor de nuestro propio ombligo. Nos creemos el centro del universo. Nada es más importante que aquello que nos sucede a nosotros. Nada es mejor que aquello que sale de nuestras manos, de nuestra cabeza, de nuestras acciones. Nadie merece más atención que nosotros mismos.

Mirarse el ombligo de vez en cuando no está mal. Nos permite situarnos en el mundo, comprobar nuestra posición. Nos permite también hacer balance de lo bueno y lo malo. De los logros y de los fracasos.

El problema surje cuando nos quedamos absortos en ello, cuando nos recreamos. Entonces perdemos la perspectiva, perdemos la relatividad de las cosas.

Esta situación no sucede únicamente con las personas. Sucede también con las instituciones, con los organismos, con las empresas. Se miran el ombligo, ven lo que han hecho, lo que hacen y lo que creen que pueden hacer y el resto del mundo queda a sus pies. Nadie es capaz de hacer lo que esa institucion hace, nada es tan importante, y nada está a la altura de su colaboración.

Evidentemente cuando hablo de esto estoy pensando en una institución en concreto. No es mi lugar de trabajo, pero si es una institucion con la que he colaborado muchos años. Ahora estoy en fase de rebeldía. Comedida y silenciosa, pero rebeldía al fin y al cabo.

Pensar que ella sola tiene la verdad absoluta de las actuaciones en su mano, es un error de los que hacen historia. Pensar que se es autosuficiente para realizar diversas acciones, denota un egocentrismo que no deja de asombrarme y ante el cual me rebelo.

Porque las actuaciones compartidas siempre son enriquecedoras. Porque las personas que se cruzan siempre son intercambio de sabiduría. Y porque renunciar a todo ello, pensando que nadie lo hará tan bien como yo, manifestando que nadie estará a la altura de mis circunstancias, y que mi imagen es inigualable a la de cualqueir otro, denota un individualismo impropio de la misma naturaleza de la institución, que fue creada para su relación con los demás.

Así que no en este caso particular no me queda nada más que apartarme y ver desde el exterior el error. Porque cuando uno se pone en este plan, ninguna palabra es suficiente para hacerles ver que se equivocan. Y desde mi posición, no me queda nada más que esperar un milagro que evite el desastre al que se aboca uno mismo cuando solo tiene ojos para su propio ombligo.

Al final de esta meditación tan catastrofista, solo espero poder equivocarme y que la percepción errónea sea la mia.

Pan y Circo

Hoy en este blog, el tema de conversación será exactamente el mismo que en el resto de oficinas, cafeterías, piscinas y peluquerías que en el resto del país: España en la final de la Copa de Europa.

Desde ya, antes de continuar, pido disculpas a todos los lectores por los posibles errores futbolísticos y futboleros que lean. No voy a tratar de aparentar lo que no soy: una seguidora del futbol. Ni siquiera en momentos "históricos" como quieren hacernos creer que son estos que vivimos en estos días. No vi ayer el partido, como no he visto ninguno de los anteriores (excepto los penaltis, eso sí, entre sueñecito y sueñecito), y desde luego intentaré no ver la final. Aunque digo intentaré porque a veces una tiene que complacer a amigos y familiares, y no siempre puede hacer lo que uno quiere.

Pero si he visto, gracias a los enormes titulares de los noticiarios, las increibles celebraciones y fiestas que se han sucedido por todos los rincones de España al grito de !Viva España! y los cánticos de !Campeones, Campeones, ooooeeee ooooeeeee oooooooeeeeeee!.

El mundo no cambia. Esa es mi conclusión. Cambian nuestros atuendos, cambian los medios de transportes, cambian los aspectos de las ciudades, pero el espíritu humano no cambia. Y mientras visualizo las tracas, las borracheras, los zarandeos de vehículos y los baños en las fuentes públicas, no puedo dejar de acordarme de las campañas de “Pan y Circo” que el estado romano puso en marcha con el fin de contentar a la población en los momentos de crisis. O como dicen algunos “de dificultades económicas”. Y me doy cuenta de que dicha estrategia, a pesar de nuestros supuestos adelantos, sigue teniendo el mismo efecto. Y por momentos, nos olvidamos del precio del barril de brent, subiendo sin parar, que en breve nos obligará a dejar nuestros vehículos en casa, y nos hará replantearnos abrir el grifo del agua caliente. Nos olvidamos de que hoy el Banco de España ha aprobado la nueva subida del Euribor, lo que supone que cada mes nuestras hipotecas se incrementarán una media de 75 €, que parece poco pero sumado a los incrementos pasados no es moco de pavo. Nos olvidamos del considerable incremento de los niveles de paro, que entre otros efectos está provocando un sutil cierre de fronteras para la inmigración que busca trabajo en nuestro pais.

Pero nuestros gobiernos, de cualquier color, invierten nuestros impuestos en colocar enormes pantallas en cuantas plazas estratégicas encuentran a su paso, para que el populacho, que desde luego no parece abrumado por los problemas económicos que hay y que se avecinan, disfrute de una noche de pan y circo, en este caso pan y fútbol, y pueda decir que mi ayuntamiento habilitó los medios para que yo pasara una buena noche de diversión.

Hombres

Hace tiempo que quería hablar sobre esto, pero cuando estaba preparada para ello surgió una conversación al respecto sobre este mismo tema en uno de los blogs con más tirón del Libro de Arena, y como no quiero resultar pretenciosa, ni parecer que preciso de los temas de los demás para llenar mi blog, preferí mantenerme al margen y esperar el momento apropiado.

Ese momento ha llegado, por cuanto en estos días, he tenido varios encuentros “virtuales” con representantes del sexo masculino, y por más esfuerzos que hago, que de verdad los hago, no dejan de descolocarme...

El caso es que llegados a este punto debo hacer mi afirmación tajante “no entiendo a los hombres”. A algunos un poquito más, pero completamente a ninguno. Y es que ellos dicen que nosotras no somos claras, pero es que ellos tampoco lo son. Vale que a nosotras nos gusten los rodeos, los juegos, los misterios, pero cuando ellos se ponen a retorcer no hay quien los entienda.

Todo esto viene a que esta semana he visto ciertas incomprensiones en otros blogs, y me he vuelto a cuestionar el tema de la percepción que tenemos cada uno de las cosas. A veces los hombres te sueltan frases que te dejan una cierta alteración del sentido del equilibrio, y no sabes si debes leer algo entre líneas o es que lo han soltado así sin más, sin pensar en las consecuencias de que sea una mujer la que está leyendo lo que un hombre ha escrito.

Y sino, decidme vosotros que debe una interpretar cuando en el transcurso de una conversación en internet se lee “como nos echamos de menos”. Y aún después de los días, y de los meses, sigo dándole alguna vuelta a esa frasecita. ¿Cómo que nos echamos de menos? ¿En qué sentido, en que te gusta mi conversación, en que te gusta mi compañía? ¿Y como sabes tú en qué sentido te echo yo de menos?

Bueno, pues aquí no queda la cosa. Qué resulta que he visto también ciertas dedicatorias cantarinas entre cóctel y cóctel, Y sé de buena tinta que la dedicada también se ha planteado cuestiones al escuchar con atención y detenimiento el contenido de la canción... “te amaré a escondidas....” y digo yo que halagada se sentirá halagada, pero ¿entenderá a qué se debe semejante declaración? ¿Quiere decir que se ha enamorado el susodicho? ¿Es solo un acto de que ha caído bien? Yo estoy que no salgo de mi asombro...

Así que esta mañana, inquieta por no saber interpretar las señales masculinas, he decidido dos cosas: primera, hacer este post, que aunque sé que no me va a aclarar nada, qué queréis que os diga, al menos me libera de mis enredos. Y segundo, he decidido afrontar el día intentando en la medida de lo posible crear en los hombres la misma confusión que ellos se empeñan en crearme a mí. Porque ellos empiezan a silbar y a ponerse gallitos cuando sale en la televisión la tía del anuncio de “Busco a Jack´s”, pero en la vida real saben que la posibilidad de encontrarse a semejante hembra es de una entre varios millones, así que sus reacciones son más o menos las mismas cuando se encuentran con algo un poquito despampanante por la calle. Y reconociendo que mis medidas no son exactamente de 90-60-90, pero no se alejan mucho de ellas, me he plantado delante de mi vestuario a elegir el atuendo más apropiado a mis propósitos. Sin problemas, porque el fondo de armario suele estar a rebosar. Y me he plantado mis sandalias color oro viejo anudadas a los tobillos, que siempre son llamativas, junto a una tobillera de reminiscencias nazaríes. Me he enfundado mi pantalón pirata negro, tan ceñido que deja poco a la imaginación. Y he cubierto mi pecho con una ligera camiseta blanca semitransparente que deja al descubierto los lunares que adornan mis bronceados hombros, imagen sensual donde las haya, que ya me encargo yo de potenciar.

Y creo que el efecto que buscaba lo voy consiguiendo, por cuanto he visto a un hombre con la boca abierta desde el coche, al contemplar la estampa. Y yo, que hoy necesitaba alimentar un poquito mi ego, dejando un poco apartado el alimento emocional, he sido un poco mala, y consciente de su mirada, he recogido mi melena entre mis manos, y he dejado deslizarse lentamente uno de mis dedos por mi cuello, como quién no quiere la cosa. El resultado ha sido que no se ha enterado del verde del semáforo, que ha recibido varias pitadas de los que estaban detrás, y se ha ido tan campante circulando con las luces de emergencia puestas...

Y yo un pelín satisfecha, porque aunque no entiendo muchas veces lo que dicen o quieren decir los hombres, sé que en algunos aspectos nunca cambiarán....