Libro de Arena
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A la sombra de un ciprés

por Cristóbal Carrasco (ASK)

La verdadera historia del coralero

Apresurado y nervioso, el pequeño Carlos se acercó a su abuelo, que ya estaba azuzando las brasas del fuego a la orilla del mar. Una suave brisa peinaba el agua salada formando pequeñísimas olas. El abuelo cogió al pequeño en brazos y lo miró con ternura mientras Carlos le iba diciendo con palabras entrecortadas, casi sin respiración, que había visto la torre de un castillo en el mar.

¡Es allí, abuelo, justo allí, ¿la ves? -y señalaba con su dedito al horizonte-.

¡Ah, es eso! -le contestaba aliviado, porque era sabido por todos que en aquella zona sucedían a veces cosas extrañas- No te me apures, hijo, aquello que ves es solo el viejo campanario del pueblo que duerme bajo las aguas del mar.

¿Un pueblo bajo el agua? -le preguntó dándole a entender que no le creía demasiado- ¿Y cómo vive la gente bajo el agua? -El abuelo rió a carcajadas y le contestó inmediatamente que no era posible que viva nadie en un pueblo de agua, que por desgracia el hombre no tiene branquias, al igual que tampoco tiene alas para poder volar, y por lo tanto, no le queda otra que vivir en tierra.

-En realidad, en aquel pueblo solo viven los peces, las algas, y el coralero.

El abuelo vio que el pequeño Carlos se quedó pensativo, y antes que le volviera a preguntar ansioso y con brillo en los ojos quién era el coralero, decidió por contar su historia.

-Hace muchos años, cuando tenía tu edad, yo vivía en este pueblo, con otros muchos más, además del coralero. Por si no lo sabes, el coralero bajaba al fondo del mar, y recogía unas hermosas ramas rojizas, muy valiosas, que se llaman corales -el niño lo miró e hizo burla para darle a entender que no era tonto-. Vale, perdona. Lo que te quería contar en realidad, es que, antes de la catástrofe, el coralero había denunciado la poca atención que los del pueblo iban teniendo con el fondo del mar. Se quejaba que cuando bajaba a las aguas, estaba todo sucio, lleno de escombros, de electrodomésticos... que, de manera inconscientes, tiraban los vecinos. Pero sus quejas no sirvieron para mucho, y con el paso del tiempo, el coralero se obsesionó de tal manera que pasaba más tiempo entre los peces que entre los humanos. Cada vez hablaba menos, y la gente empezó a tomarle por loco.

-¿Y qué más, qué más? -Le preguntaba Carlos, impaciente.

-El coralero ,con el tiempo, perdió la cabeza. Así lo creyeron todos, hasta que un día apareció cubierto totalmente de escamas. Los vecinos pensaron al principio que era un disfraz, pero al verlo más de cerca, descubrieron que incluso le habían crecido branquias por el abdomen, que los dedos estaban unidos por una piel cartilaginosa, y los labios eran más carnosos. El coralero advirtió al pueblo que si seguían tirando basura al mar, ocurriría un desastre. Todos, sin embargo, a pesar de lo sorprendente que pudiera ser su aspecto, hicieron caso omiso a sus palabras. El coralero volvió al mar, y el pueblo prosiguió con sus labores. Pero una noche, cuatro años después, cuando todos dormían, la tierra tembló con fuerza, el mar levantó sus aguas formando una enorme ola de quince metros, y en cuestión de minutos, el pueblo quedó totalmente inundado.

-¿Y tú, cómo te salvaste? -le preguntó entonces el pequeño Carlos.

- Yo me libré porque unos días antes, mis padres me mandaron a la ciudad por cuestión de negocios- le contestó, abrumado y triste. Y mientras contestaba, pensó en si había obrado bien contando aquella historia. O si debió decirle a su nieto que en realidad aquel mar no era un mar, sino un pantano; y que el pueblo desapareció por el capricho de un hombre, al que le importaba un rábano la vida de los vecinos.


5 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo luis 6 Septiembre 2007 | 06:47 AM

Increíble, fantástico, brutal. Me quedo corto en los adjetivos, seguro.

Querido Cristóbal, tu historia me ha impresionado no solo por lo que cuentas, sino y sobre todo por como lo cuentas.

Enhorabuena. Eres un artista.

Saludos

lo dijo daven 6 Septiembre 2007 | 07:10 AM

Estimado Cristobal:

Sigue usted marcando el ritmo de la buena narrativa en esta comunidad. Su historia es imaginativa, fruto de una excusa para no contar la verdad, el personaje del coralero es un perfecto arquetipo mitologico. El desenlace no puede ser mas pragmatico y hermoso. Contamos estas historias para no asustar a nuestros nignos de la maldad que se encontraran en el futuro.

Un fuerte abrazo

George Gordon Byron, maldito de dios

Am PRAHA, sin acentos ni egnes

lo dijo wnefron 6 Septiembre 2007 | 08:47 AM

Excelente. Un saludo.

lo dijo cristobal 6 Septiembre 2007 | 09:35 AM

Agradezco, como siempre, vuestros comentarios. Un placer poder compartir mis cosillas con vosotros,

hasta la próxima.

lo dijo Ange 30 Septiembre 2007 | 03:28 PM

Sería un gusto poder leerle más.

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