Libro de Arena
Login

A la sombra de un ciprés

por Cristóbal Carrasco (ASK)

Necrológicas por teléfono

Una nube envolvía a toda la ciudad por la tarde, justo cuando comenzó a sonar el teléfono con un ruido insoportable. ¿Quién será? me preguntaba mientras descolgaba el auricular. Por la ventana podía mirar cómo la nube se movía con su negra melena de agua y de electricidad, amenazante.

¿Sí?, ah, mi querido amigo, cuánto tiempo. No, no, aquí el tiempo es formidable. ¿Cómo? ¿Que en el pueblo lleva días con una lluvia de mil demonios? No, aquí no. Si te dijera que desde mi ventana puedo ver un sol fantástico, y que aún hay bañistas apurando los últimos retazos del verano, no me creerías,¿verdad?... Sí, lo sé, pero el hecho de que sea diciembre no importa... los meses son los meses, y las estaciones, estaciones. Y si las estaciones no cuadran, ¿qué le vamos a hacer? (al decir esto, un impetuoso tronido interfiere en la conversación) Qué... No,no. Habrá sido un choque... Eso... un accidente... ¿que te parecía un trueno? Pues ahora que lo dices, sí que lo parecía, pero te aseguro que es un accidente. ¿O te tengo que recordar que vivo en una ciudad? Sabes perfectamente que en la ciudad ocurren muchos accidentes al cabo del día... Empiezo a pensar que no me crees, querido amigo. En fin, ¿qué le puedo hacer yo? Imagínate que soy yo el que llama y comienzo a dudar de las lluvias del pueblo... ¿Que es verdad? ¿Y cómo podrías demostrármelo? Bueno, dejemos el asunto, tampoco es tan importante, allá tú si me está mintiendo. Cuéntame, ¿Cómo andan las cosas por el pueblo? ¿Mal? ¿Que han muerto tres en esta última semana? Ah, sí, lo conozco... ajá... ajá... Vaya, del corazón. Aquí también se mueren muchos del corazón, aunque la mayoría de los que mueren en las ciudades, prefieren la muerte por cáncer, o por accidente automovilístico. ¿Qué dices?... ¿Que la gente no decide cómo morirse? Eso ya lo sé, mi buen amigo, pero de alguna manera, nuestro subconsciente nos va advirtiendo de nuestro destino. ¿No me crees, verdad? Pero sigamos. Faltan dos más para acabar con las necrológicas del pueblo... ¿El párroco también? Bueno, ya era algo viejo el pobre hombre.... Ah, que ha muerto de un accidente en la iglesia... ajá... ajá... Esta muerte no me parece muy normal. Me acabas de decir que murió aplastado por uno de los santos de mármol de la iglesia. ¿Te parece a ti normal? Ah, que no es la primera vez que ocurre (la nube vuelve a quejarse, parece que no le guste mi conversación con mi amigo) ¡Vaya, espera un momento, que apago el televisor! ¡Menudo ruido! (Hago ademán de alejarme del auricular y finjo apagar el televisor) Bueno, ya estoy de vuelta. Me decías que no era la primera vez que ocurre que un santo aplasta a alguien. No. Si ya lo digo yo. Es que tampoco hay que fiarse mucho de los santos, ¡por muy santos que sean! Está bien, me callo. ¿Y la otra víctima de la semana, la conozco? ¡Ah, sí, sí! Esto sí que no me lo esperaba. La señora marquesa. ¿De pena quizás? Ah, suicidio. Ahora lo llamamos de este modo. ¿Que se volvió loca? No me digas que tú también piensas esto. Yo digo que la marquesa ha muerto por insatisfacción sexual... ¿Pero por qué te ríes ahora?... No digo que no, ya sabes que yo y la marquesa fuimos amantes, de esos locos amantes de antes como los que shakespeare describe en sus obras. ¿Té vuelves a reir?... ¡No!, ya sé sobradamente que mi físico no es para nada romántico, que ni mi panza ni mi cara bobalicona y amofletada se parecen en nada a la figura de Romeo. Pero para la señora marquesa sí que le fui un ideal vasallo enamorado, y no pienso discutir contigo si lo que tuvimos la señora marquesa y yo fue o no real.... ¡Eso, dejemos el tema así! No obstante, mi querido amigo, ¿no te parecen demasiadas muertes en una sola semana? Ah, que solo mueren los que están vivos. Pues muy pocos vivos van a quedar si seguimos así... ¿Y no será una estrategia del ayuntamiento para no colapsar el censo?... ¿Una locura lo que te he dicho? A mí no me parece una idea tan descabellada, sería como en la ciudad, que cuentan hasta los muertos con tal de seguir siendo ciudad, y no pasar a ser pueblo. ¿Que mi idea es estúpida? Pues, ¿sabes lo que te digo? ¡Al cuerno tú con tus noticias necrológicas!

Al colgar el teléfono, la nube vuelve a quejarse y comienza a caer la lluvia sobre la ciudad. Me acerco al espejo, miro mi cara amofletada, y siento que alguien por dentro me llama. Un ruido de alcantarilla interfiere en mis pensamientos, mientras el teléfono suena nuevamente, pero esta vez prefiero no hacerle caso, y me vuelvo a mirar con el presentimiento que quien mira realmente es el otro detrás del espejo.


5 comentarios - Escribe aquí tu comentario

lo dijo Neron 30 Septiembre 2007 | 07:56 PM

Qué extraña conversación telefónica. Un dialogo para besugos.

lo dijo dina 30 Septiembre 2007 | 08:26 PM

Qué gracia¡ Una idea muy buena. Me ha encantado.

lo dijo ask 2 Octubre 2007 | 06:42 AM

Agradezco estos comentarios. Queria divertirme un poco con este relato.

lo dijo Ludovica 7 Octubre 2007 | 03:54 PM

divertido... Me ha encantado ese final borgiano. Felicitaciones!

lo dijo abel 1 Diciembre 2007 | 07:24 PM

Nada mal, me ha gustado

Comenta!