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	<title>Basileia -BB-</title>
	<tagline type="text/html" mode="escaped">Princesa al fin y al cabo</tagline>
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		<author><name>Basileia Hermosa Dama</name></author>
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		<title>ADIOS</title>
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		<issued>2008-05-30T11:17:57+00:00</issued>
		<updated>2008-06-02T22:50:37+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
HE TERMINADO MI ANDADURA AQUÍ.
HA SIDO UN PLACER.
UN BESO GRANDE.

		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/05/27/te-quiero</id>
		<title>te quiero</title>
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		<issued>2008-05-27T20:21:00+00:00</issued>
		<updated>2008-08-31T00:03:42+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Te quiero.
Sin frases largas, palabras grandilocuentes, ni metáforas complicadas.
Te quiero.
Sin entenderlo del todo y sin saber desde cuándo o porqué.
Te quiero.
Sin más.
		</content>
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		<title>cuento de otoño en primavera (para Naná)</title>
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		<issued>2008-05-27T00:07:23+00:00</issued>
		<updated>2008-05-29T19:51:12+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Hace tiempo me contaron un cuento que recordé sin querer el  otro día.
En realidad sólo recuerdo por encima el cuento, aunque sí recuerdo el final. Os lo contaré de todas formas, e inventaré aquellas partes que se borraron de mi memoria. Espero que os guste:
&quot;&lt;strong&gt;La Última Hoja&lt;/strong&gt;&quot;
&quot;En una calle cualquiera de un pueblo tranquilo vivía un anciano pintor. A lo largo de su vida había amado y olvidado muchas veces y ahora en la vejez, se encontraba solo, sin amigos, sin familia y sin ganas de pintar. Nada ni nadie, en lo que le rodeaba, le atraía lo suficiente cómo para ser dibujado y aunque lo intentaba una y otra vez, terminaba por soltar los pinceles aburrido y desesperado.
Pero un día la casualidad quiso que se encontrara con una niña pequeña, con esa calidez que sólo los niños tienen y la transparencia de esa mirada lo envolvió. 
Corrió a su estudio, levantó los pinceles, y ahí estaba: ¡por fin un cuadro nuevo! Y qué cuadro. Era con mucho, de lo mejor que había pintado. Volvió muchas tardes a ver a su pequeña amiga jugar en el parque y los dibujos de nuevo llenaron las paredes y los suelos de su estudio. El pintor estaba feliz. Visitaba a la pequeña en su casa, dónde era recibido con alegría, pues el pueblo era muy chiquito y sus habitantes, gente amistosa y él sentía que volvía a vivir esos años que creía perdidos para siempre.
Una tarde al final del verano, la niña enfermó. Pasaron los días y lo que parecía un catarro sin importancia se reveló como una gravísima dolencia que la mantenía postrada en cama, con alta fiebre y a ratos perdida la conciencia.
El pintor la visitó una tarde y en uno de los raros momentos en los que la pequeña se despertó le dijo al pintor que ella sabía que no viviría mucho más tiempo. Qué cuando cayera la última hoja de la hiedra que se veía desde su ventana, ella también se iría.
El pintor sin saber qué hacer, salió corriendo pensando que no podía permitir que algo así ocurriese, que no podía consentir que esa niña muriese. Tenía toda la vida por delante y le rogó a Dios que se llevase a él, a cambio de la niña.  
El pintor la visitaba cada día y cada día era mayor su angustia pues a la hiedra, cada día le quedaban menos hojas. Hasta que una noche se desató una lluvia muy fuerte y el pintor se dio cuenta que la fuerza del agua arrancaría las últimas hojas de hiedra y eso no podía consentirlo.
Se puso un impermeable, cogió una escalera y un bote de pintura y se lanzó a la tormenta. No podía permitir que la hiedra que marcaba cual reloj, el tiempo que le quedaba a su amiguita, perdiese ni una hoja más.
Apoyó la escalera y se subió a ella con un pincel mojado en pintura en la mano y dibujó la más bella hoja de hiedra que jamás se vio.
Al día siguiente la niña miró por la ventana y vio que su hoja seguía allí, más brillante que nunca y pensó que a lo mejor aún no era su tiempo de marcharse.
Comenzó a mejorar despacito, mientras comprobaba asombrada que la hoja de hiedra no se caía y pronto pudo levantarse y caminar.
Con la llegada de la primavera, la pequeña estaba totalmente restablecida y la hoja que pintó el viejo pintor en aquella noche desesperada, no se veía, pues estaba cubierta por las nuevas hojas que le habían salido a la hiedra.
La niña miraba la hiedra y recordaba a su viejo amigo, pues ya no podía verle, ya que en aquella noche de lluvia, se había enfermado y no había podido superarlo. 
La gente del pueblo dice que se fue feliz, pues aunque fue al final de su vida, por fin se sintió acompañado y querido.
La hoja sigue pintada en esa pared, otoño tras otoño, brillante y hermosa.&quot;

		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/05/03/erotico-iii</id>
		<title>erótico III</title>
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		<issued>2008-05-03T16:00:25+00:00</issued>
		<updated>2008-05-14T22:27:45+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Aún recuerdo las tetas de Frasquita.
Yo era apenas un adolescente imberbe aquel día que mamá me mandó a subirle unas prendas para remendar a Frasquita.
Frasquita me abrió la puerta de su cuarto sin reparar siquiera en que estaba medio desnuda, o a medio vestir, según se vea.
Era la hora de la siesta en aquel cuartucho caluroso, en lo alto de la escalera, que era el que habitaba la chica para todo de la casa, Frasquita.
Ella andaba por sus dominios en combinación, antes de arreglarse para salir.
-&quot;Pasa Carlitos&quot;_ me dijo; pero yo me quedé ahí, quieto, sudoroso, sin poder quitar los ojos de sus tetas. Porque eso no eran pechos, no, eran dos tetas como Dios manda; redondas, grandes, bamboleantes bajo la tela.
Me cogió la ropa que traía en las manos y la dejó sobre la silla.
Yo seguía en la puerta mirándola embobado.
Me había fijado antes en alguna señorita, de esas que venían con sus madres a visitar a la mía y con las que estaba obligado a ser amable y a tomar el té, pero ni en sueños podía haber imaginado qué bajo la ropa, una mujer podía tener ese aspecto.
Frasquita debió cansarse de mi cara de bobo y con una colleja me despertó, -&quot;pero vamos a ver, ¿es qué nunca has visto unas tetas?&quot;, yo sólo acerté a decir que no con la cabeza y ella entre coqueta, que lo era mucho y golfa, que también lo era y bastante, se echó a reir y cerró la puerta de su cuarto.
Yo por un instante me preocupé, porque mi madre había salido de visita y nadie podría rescatarme de la lujuria pecaminosa de las mujeres, cómo decía Don José, el párroco, fuera eso lo que fuera, pero qué debía de ser terrible y muy doloroso, porque si no ¿para qué tanto aviso en su contra?.
Me cogió las manos y me las puso sobre sus pechos y bajo la tela pude notar un par de bultitos duros.
Metí la mano y encontré los pezones, rosados y suaves. Los pellizqué sin saber muy bien qué estaba haciendo, pero a Frasquita debió gustarle, porque jadeó, se mordió el labio inferior y me apretó las manos contra las tetas. Se bajó los tirantes y pude acariciarla sin ropa que me estorbase.
Goloso se los lamí y cuando ella me lo pidió, también se los mordí, &quot;suavemente niño, no me vayas a hacer daño qué todavía estás muy verde&quot;, se reía flojito, con una risa entre nerviosa y pícara y yo cada vez tenía los pantalones más prietos.
Para entonces, yo ya había decidido que fuese o no dolorosa la lujuria esa, no me importaba y que haría todo lo que Frasquita me pidiese.
Se echó sobre la colcha descolorida de su catre y se remangó la combinación.
-&quot;Ven, túmbate aquí conmigo&quot;_ me dijo y yo obedecí.
Me cogió la mano y la llevó hasta su entraña húmeda. 
Se acarició y me mostró cómo debía hacerlo, pero a los pocos minutos me había dado la vuelta y había metido la lengua. Ella gemía y suspiraba y yo sudaba y no pensaba, porque la cabeza me daba vueltas, eso que la tenía metida entre sus piernas.
Entonces algo debí hacer mal, porque Frasquita empezó a dar grititos cómo si la faltase el aire, pero cómo también me decía que no parase, pues no paré, hasta que ella me apartó la cara y me sonrió.
Sin decir nada se arrodilló, me bajó los pantalones y se metió mi pene en su boca. Esa boquita de piñón jugó con él lamiéndolo, chupándolo y besándolo arriba y abajo, hasta que en pocos minutos no pude más y me corrí. Me quedé anonadado, sudoroso, temblón y sin saber muy bien lo que había pasado, aunque me alegré de estar echado en la cama de Frasquita, ya que si no, seguramente me habría caído al suelo.
Entones se echó a reir, me mandó a lavarme la cara y a vestirme, que ella tenía que arreglarse para salir en diez minutos, había quedado con su novio el del pueblo, que había venido a buscarla.
Al rato llegó mamá, que al verme tan acalorado me hizo meterme en la cama, por si tenía calentura. 
Esa noche dormí como un bebé y soñé con las tetas de Frasquita.
A las pocas semanas Frasquita nos dejó para casarse y no fue hasta muchos años más tarde, en el funeral de mamá, cuándo volví a verla.
Ya no era esa muchachita golfa y pícara, pero seguía teniendo ese par de tetas impresionante, de las que no podía apartar la vista.
Me dió un casto beso en la mejilla y cuando no la miraba nadie me guiñó un ojo.
Yo sonreí y me despedí de ella con: &quot;cómo me gustan tus tetas, Frasquita&quot;, qué seguramente no era la frase más adecuada en un funeral, pero ella me entendió y también sonrió.



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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/04/15/erotico-ii</id>
		<title>erótico II</title>
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		<issued>2008-04-15T14:38:21+00:00</issued>
		<updated>2008-05-02T10:55:43+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Había sido un día duro en el trabajo. Llevaba todo el día corriendo por la oficina y se sentía pegajosa y sudada. El tren tardó en llegar más de lo habitual y el vagón iba repleto, con lo que su sensación de suciedad, se incrementó hasta niveles insospechados.
Notaba las manos llenas de porquería y las palmas tenían un color indeterminado.
Su pelo, que cuando salió por la mañana de casa, tenía un brillo impecable, ahora colgaba lacio de cualquier manera y más que brillo, lo que le daba era un calor insoportable.
Por fin llegó a su casa.
Tiró el bolso en el salón sin fijarse ni siquiera en dónde caía; se desnudó por el pasillo y se metió en la ducha.
El agua tibia caía por su cabeza, resbalaba por su cuello y se metía hasta el rincón más íntimo. Le caía por los ojos y con la lengua intentaba cazar las gotitas que se aproximaban a su boca.
Con las manos ya limpias por el agua extendía la espuma del jabón por el resto de su cuerpo y se estremecía al contacto del frío del gel de baño.
Con el vello erizado y los pezones erectos dejó que la tibieza del agua le cayera por la espalda, mientras seguía enjabonándose.
Se acarició los pechos y trazó dibujos por su vientre, jugando con la espuma.
Bajó sus manos e introdujo sus dedos en su sexo.
Se acarició despacio primero, con urgencia después, para al final coger el agua de la ducha y con la presión justa dirigirla al mismo sitio donde jugaban sus dedos.
Con una mano jugaba con la ducha y con la otra introducía sus dedos una y otra vez, y mientras su calor aumentaba, su piel se erizaba más y más y su corazón se aceleraba.
Llegó al orgasmo y notó como los músculos se cerraban y apretaban el dedo que había dejado dentro, para notar toda la intensidad de su placer, y se relamió satisfecha, bebiendo el agua que aún le resbalaba por la cara.
El agua la refrescó por fin.
Cerró el grifo, se envolvió en una toalla enorme, suave y gruesa y se sentó a leer en el sofá.
El día había mejorado sensiblemente.
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/04/13/para-margarita-me-nomino-mi-meme</id>
		<title>para Margarita que me nominó, mi meme</title>
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		<issued>2008-04-13T19:59:32+00:00</issued>
		<updated>2008-04-15T16:14:30+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
B: Bailarina, por supuesto.
A: Adartia, con permiso de Ioda que me lo prestó (es una diosa celta).
S: Sin alma. Sincera, aunque pueda molestar.
I: Inconsciente, porque me faltan grandes dosis de sentido común.
L: Lectora, (pues claro).
E: Enamorada; tanto que me duele.
I: Insolente.
A: Apasionada.
B: Brava.
B: Bella, porque en ningún sitio dice que tenga que ser modesta.
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/04/12/post-primaveral</id>
		<title>post primaveral</title>
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		<issued>2008-04-12T22:49:15+00:00</issued>
		<updated>2008-05-02T11:21:25+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Tras un día de lluvia, llegó la calma. El viento soplaba suave, cual alma serena y tanquila y todo olía a tierra mojada.
Aún podía sentir el frescor del agua sobre su cara y su pelo.
Cerró los ojos e inspiró profundamente, para que el aire limpio barriese las telarañas de su interior.
Volvió la cara y miró al sol sonriendo, aguantando la luz unos instantes.
Se desperezó y siguió su camino: La primavera había llegado y todo, incluído ella, florecía de nuevo.
		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/04/03/factura-pagada</id>
		<title>factura pagada</title>
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		<issued>2008-04-03T19:53:48+00:00</issued>
		<updated>2008-04-06T22:40:40+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Aquella mañana recibió una nota:
&quot;Querido mío;
No me debes nada.Tu cuenta conmigo está saldada por completo.
Eres libre. Puedes marcharte cuando quieras de mi vida. Ni siquiera es preciso que te despidas de mí. Y por supuesto que seguimos siendo amigos, ¡faltaría más!.  
Te repito, eres libre. Te libero de la obligación de verme y tomar café conmigo. Tampoco tienes obligación de volver a acostarte conmigo, ni siquiera tienes que volver a besarme.
He sido más feliz otras veces, pero a todo se acostumbra el cuerpo. El alma es otra cosa, pero como yo perdí la mía, no tengo ese problema.
Ya ves, todo está en su sitio. Ya me pagaste todo lo que piensas que me debías. 
Así que sé feliz y que te vaya bonito.
Siempre tuya, 
Carlota&quot;
¡Qué raro!. En lugar de sentirse liberado, sintió un gran vacío, pero cenando con los amigos se le pasaría. Y si no, no había nada que unas copas y algunas amigas no pudiesen arreglar.

		</content>
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		<title>atrapa sueños (mini cuento)</title>
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		<issued>2008-03-12T09:17:58+00:00</issued>
		<updated>2008-03-13T12:36:00+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
He puesto un atrapa sueños encima de mi cama.
En teoría es que las pesadillas no me lleguen, pero a mí se me ha ocurrido, que si me concentro y sueño contigo, a lo mejor cuando me levante estarás prendido en el atrapa sueños y podré cojerte y abrazarte.

		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/03/09/erotico</id>
		<title>erótico</title>
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		<issued>2008-03-09T22:58:21+00:00</issued>
		<updated>2008-04-17T09:23:43+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;em&gt;no te lo crees.

seguramente piensas que exagero.

no es así.

hace tanto tiempo de la última vez que estuve contigo que se me ha olvidado como era ser desnudada por tus manos y devorada por tu boca ansiosa.

casi tan ansiosa como la mía. 

sueño que hacemos el amor. sueño con estar contigo desnuda bajo el agua caliente de la ducha.

sueño con tocarte y acariciarte hasta que no puedas más y grites de placer contenido y al fin derramado.

deseo que tu cuerpo no dé tregua al mío durante horas.

sentir como tu sexo se entierra en el mío con fuerza, con ansia, con un placer que raya en el dolor.

pero también con ternura, con mimo, con cuidado para no dañarme.

mi cuerpo entero te ansía, te extraña, te necesita.

mi piel te requiere para seguir sintiendo.

toda yo. necesito tu boca recorriendo todo mi cuerpo. entretenida en mis labios y en mi sexo  húmedo, cada vez más y más húmedo.

vuelve a hacerme gritar de nuevo. lo necesito.

te necesito.


		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/03/07/la-noche-que-baile-con-preludio</id>
		<title>la noche en que bailé con Preludio</title>
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		<issued>2008-03-07T10:41:57+00:00</issued>
		<updated>2008-03-10T13:29:52+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Llegué a la fiesta por casualidad, estirando mis alitas de mariposa, que se me habían arrugado un poco en el taxi. Las alas de mariposa son muy delicadas y se arrugan con facilidad.
Aleteé un poco y los polvitos que me dan color a las alas se esparcieron por la acera.
Cuando estuve lista, me presenté al portero:
-Soy Basileia, y vengo a una fiesta- le dije.
Me abrió la puerta y entré.
Al principio no sabía que hacer, hasta que la anfitriona me reconoció por las alitas y me presentó al resto.
Y allí estaba yo, charlando por los codos y escuchando una música estupenda. 
Entonces le ví.
Me miraba divertido las alitas con las que yo revoloteaba por la fiesta.
Me guiño un ojo y me acerqué. Me dijo que era Preludio y yo me acordé de su viaje en autobús y me eché a reir.
Le pregunté si quería bailar conmigo y me dijo que sí.
Cómo mis alitas me permiten no pisar el suelo cuando bailo, era fácil de llevar, aunque mi pareja de baile era en bailarín maravilloso.
La música sonaba y sonaba y yo no quería que parase nunca.
Nunca me habían llevado de esa manera, con ese mimo y con tanto cuidado.
Ni una sola vez se enredó con mis alitas.
Pero como soy una princesa, a las doce tuve que deshacerme del abrazo perfecto de mi pareja de baile y explicar que las princesas se marchan a esa hora.
Preludio no se impacientó, me miró, sonrió, me quitó la corona y me dijo:
 -ahora ya no eres una princesa, ¿te quedas conmigo?-
Yo sólo pude asentir con la cabeza y me dejé besar...
		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/02/29/aos-gustan-fresas-</id>
		<title>¿Os gustan las fresas?</title>
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		<issued>2008-02-29T23:18:10+00:00</issued>
		<updated>2008-03-05T22:54:32+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
Me encanta comer fresas.
Es mi fruta favorita, por muchas razones.
Son dulces, pero no demasiado, con un puntito ácido que las hace muy interesantes.
Son bonitas y suaves al tacto y además tienen esas pequeñas protuberancias para mordisquear.
Me gusta comérmelas a mordiscos, con los dedos, sin cortar en trozos y sin azúcar.
Con zumo de naranja no me disgustan pero las prefiero solas y con sus rabitos puestos, para que yo los pueda arrancar con los dientes, de un mordisco, dejando sólo las hojas y con la fresa entera en la boca.
Si os ha entrado hambre, no os culpo, las fresas son deliciosas.
Lástima que a veces produzcan alergia y reacciones mortales, pero claro, no podían ser perfectas.
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/02/25/en-suenos-</id>
		<title>en sueños...</title>
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		<issued>2008-02-25T15:57:52+00:00</issued>
		<updated>2008-03-01T18:10:17+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;em&gt;Anoche te pensé.
Me concentré en tí, en tu cuerpo, en tu aroma, hasta en tu mente.
Acostada en mi cama, te pensé.
Cerré los ojos y dibujé mentalmente tu contorno, pegado al mío.
Y el milagro se hizo.
De repente sentí tu olor a mi lado.
No quise abrir los ojos y seguí pensando en tí.
Noté como tus labios se pegaban a los míos, tu lengua entró en mi boca y tus manos sujetaron mi cabeza.
Tras tu beso, me volví fiera y ansiosa te besé yo y te mordí, porque se que te da rabia y en el fondo te gusta mucho.
Tus manos inquisitivas, volvían a descubrir mi cuerpo y las mías ávidas se perdieron en el tuyo.
Me poseíste a la vez que yo te poseía a tí y nos fundimos en un solo anhelo.
Y te seguí besando, mientras tú me devorabas.
Y te acaricié, mimosa y tu recorriste mi cara con tus dedos, para que no se te olvidase nada de mí.
Y así pasamos el sueño hasta que llegó la mañana.
Ya no estás conmigo pero tal vez, pueda volver a pensarte.&lt;/em&gt;
		</content>
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/02/14/tu-fantasma</id>
		<title>tu fantasma</title>
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		<issued>2008-02-14T21:38:28+00:00</issued>
		<updated>2008-02-15T22:20:52+00:00</updated>
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&lt;em&gt;El otro día mis pasos me llevaron a los lugares que solíamos frecuentar.
Hice las mismas cosas que solía hacer cuando estabas allí conmigo.
Por un instante creí verte saliendo por aquella puerta, sonriendo, como antes.
Te devolví la sonrisa y la ilusión se esfumó.
Sólo había sido una sombra.
Me resigné a tu ausencia y con un suspiro, sacudí la cabeza, me encogí de hombros y continué con mi tarea.
Y de nuevo sucedió: noté tus brazos alrededor de mi cuerpo y durante un momento noté uno de esos besos fuertes, que me dabas apretando contra tus labios, mi mejilla.
Esta vez no me sobresalté.
Sonreí y di la bienvenida a tu fantasma.&lt;/em&gt;
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		<title>vuelta al trabajo</title>
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		<issued>2008-02-09T22:14:02+00:00</issued>
		<updated>2008-02-12T14:13:13+00:00</updated>
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Este artículo quise escribirlo el lunes, pero con el naufragio no fue posible.
El otro día volví al trabajo después de muchos meses de ausencia forzosa.
No quería volver. Tenía que dejar a mi bebé todas las tardes y no me apetecía nada.
Además, dada la naturaleza de mi trabajo, ni siquiera tengo libres los fines de semana.
Hace unos meses, cuando el niño no dormía ni de noche ni de día, soñaba con irme a trabajar unas horas y desconectar, pero ahora mi bebé se porta de maravilla y está supergracioso y me da una rabia tremenda tener que dejarle y marcharme.
Sé de sobra que no soy la primera madre ni la última que tiene que irse a trabajar y dejar que otros, sean parientes más o menos cercanos, o en las peores circunstancias, completos extraños, cuiden de sus hijos.
Por supuesto que este pensamiento de no ser la única, no me consuela en absoluto.
Y entonces llegué a mi trabajo y no me dio tiempo ni de ir al servicio en toda la tarde. Ni siquiera de tomar un vaso de agua.
Y pensé que daba igual todos los meses que había estado fuera, porque pasados los cinco primeros minutos, parecía que no me había movido de allí en absoluto y que la sonrisa de mi bebé era un espejismo, algo que había imaginado y que nada, ni mi embarazo, ni mi estancia en casa, habían sido reales.
Por fortuna llegó mi hora de salir y tras buscar mi tren en una estación en obras, llegué a mi casa, donde mi hijo me esperaba con una sonrisa enorme en su carita desdentada y cuando lo cogí en brazos abrió la boca para intentar morderme sin dientes, porque dar besos aún no sabe, y entonces fue el trabajo lo que se difuminó.
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		<title>las luces de la ciudad</title>
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		<issued>2008-01-29T16:23:58+00:00</issued>
		<updated>2008-01-31T21:46:54+00:00</updated>
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Hay una cosa que me encanta hacer, volver de noche a casa, de un lugar que está lo suficientemente lejos como para haber tenido que ir en coche.
Lo que más me gusta de la vuelta es, además de dormirme en el coche, arrullada por alguna música que me haga recordar cuando era mi padre el que conducía y no mi marido, y yo era una niña pequeña que doblaba las rodillas para caber entera en el asiento de atrás; es ver las luces de la ciudad.
Mirar como los edificios se iluminan al caer la tarde y a través de las ventanas se adivinan las luces de gente que sueña, espera, ama, odia, sufre o se consuela. Gente que en definitiva vive.
Y aunque normalmente tengo ganas de volver a mi casa, quitarme los zapatos y ponerme el pijama, hay ocasiones en las que me gustaría que el camino fuese un poquito más largo, para ver durante más rato las luces de mi ciudad.
Esas luces que hacen que me sienta bienvenida, como si la ciudad entera esperase mi regreso y lo celebrase.
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		<title>hammam</title>
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		<issued>2008-01-27T17:15:49+00:00</issued>
		<updated>2008-01-29T15:09:32+00:00</updated>
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Podría intentar escribir un relato sobre el origen del hammam, o sobre su repercusión en las culturas posteriores, pero no es lo que quiero escribir.
No quiero escribir lecciones de cultura que además, cualquiera puede encontrar en internet.
Yo quiero escribir sobre lo que se siente y se percibe dentro del hammam.
Ese silencio, para que tu alma hable y por una vez la escuches.
Esos olores, que te hacen evocar vidas pasadas que viviste en otros tiempos y lugares.
Esa sensación de paz y de renacimiento que tu cuerpo experimenta al cambiar de una a otra piscina de agua:
Primero el agua tibia,para entrar en faena; después el agua caliente, que se mete por los poros que primero ha abierto y para terminar el agua fría.
15 grados, para que notes como la sangre huye de tus venas y vuelve más tarde, tras entrar en el baño turco, en el que se queman hojas de eucalipto, sobre una fuente de piedra, creando una bruma de olor y recogimento.
Para mí fue todo eso y mucho más. En él entendí que no se puede vivir siempre enfadada, por mucho dolor que te hayan causado y que es mejor pedir una explicación si la necesitas y seguir para adelante.
Pasar dos horas pensando, o sin pensar, y notando como toda la porquería se aleja de tu mente.
No es sólo el cuerpo, lo que limpia el agua...&lt;img src=&quot;http://www.librodearena.com/myfiles/basileia/img_trabajar_1.jpg&quot; width=&quot;450&quot; height=&quot;399&quot; class=&quot;imgcen&quot; /&gt;
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		<id>http://www.librodearena.com/basileia/post/2008/01/22/no-se-si-hoy-es-luna-llena-pero-si-acaso-</id>
		<title>no sé si hoy es luna llena, pero por si acaso...</title>
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		<issued>2008-01-22T23:25:25+00:00</issued>
		<updated>2008-01-26T22:03:53+00:00</updated>
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Había una vez una dama muy pálida, que vívía cerca de un lago.
Todas las noches, se despertaba y peinaba su larga cabellera albina, reflejada en las aguas tranquilas.
Nunca nadie la vio durante las horas del día, pues se escondía del sol.
Hacía algún tiempo que éste le había pedido relaciones, pero ella se negaba, porque la fogosidad de su pretendiente, le daba miedo.
Era blanca, nívea, tibia, pero dulce y cariñosa.
El sol sabía donde se escondía su amada, pero le daba tiempo, para ver si así podía convencerla de que no era un ser tan terrible, cómo ella pensaba.
Fue inutil.
Aunque ella ansiaba sentirse amada, no fue capaz de vencer su miedo y el sol se conformó con adorarla de lejos.
Ella ahora, se asoma cada noche, para en las noches de luna llena, mostrarse en todo su esplendor, pues no quiere ser olvidada, aunque en el fondo sabe que el sol, jamás la olvidará.
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		<title>Amantes</title>
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		<issued>2008-01-14T16:59:24+00:00</issued>
		<updated>2008-01-20T14:01:03+00:00</updated>
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&lt;em&gt;La muchacha dormía, pero un rayo de sol la vino a despertar.
Se desperezó y sacudió la cabeza, para intentar quitarse el pelo rebelde de la cara. Se volvió y miró a su amante, que aún dormía tranquilo. Le acarició el pelo, aprovechando que no se había despertado y recordó cómo se había mirado en sus ojos, durante la noche pasada.
Él había llegado a sus brazos casi por accidente y ella decidió no dejarle ir. Al menos por esa noche.
Apenas se conocían, pero no pudieron o no quisieron pasar esa noche en soledad. Ella se dejó besar, se dejó desnudar y se dejó amar.
Y él se sintió vivo, cuidado, deseado.
Ella sintió como sus manos, sus labios y su lengua recorrían todo su cuerpo y él no recordaba haber tenido entre sus brazos una piel tan suave y cálida.
La calidez de ella, traspasaba sus manos y le hacía bien.
Y ella nunca había vibrado de esa manera.
Ahora la noche había llegado a su fin y la mañana se habría paso, perezosa.
Ella recordaba el tacto de las manos de él acariciando su cintura y él se despertó.
Hicieron el amor de nuevo, lentamente esta vez y tras un largo y profundo beso, se despidieron, hasta que el destino volviese a ponerlos desnudos, frente a frente.&lt;/em&gt;
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		<title>Un cuento de princesas</title>
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		<issued>2008-01-11T14:08:36+00:00</issued>
		<updated>2008-01-14T20:19:34+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
La princesa no está triste, ni encantada, ni encerrada en la torre más alta, esperando al príncipe.
La princesa está harta.
Su príncipe azul la prometió que la cuidaría y la protegería de las brujas malas y los dragones, pero la princesa se negó, porque ella era capaz de cuidarse solita perfectamente.
De todas formas, no habría hecho falta, porque todas las buenas intenciones del príncipe se desvanecieron es cuanto se fueron a vivir juntos al castillo.
Mientras estuvieron ellos solos en el castillo, la princesa se fue bandeando, pero cuando llegó el principito, las cosas se desbordaron.
El príncipe competía con la princesa para ver quién estaba más cansado, o con más dolor de espalda y la princesa empezó a cansarse.
Se cansó de oir a todas horas lo cansado que estaba el príncipe, lo que le dolía la espalda, lo poco que dormía...
Mientras, ella que estaba igual de cansada, y con el mismo dolor de espalda, ni siquiera tenía ganas de comentarlo.
Y un día se hartó del todo, se quitó la corona, se deshizo el moño, se lavó la cara, se hizo una coleta y cambió su vestido de princesa por unos vaqueros y una camiseta.
Se bajó de los tacones y puso unas sandalias.
Hizo el equipaje, cogió al principito y se largó a vivir al bosque.
Ahora sale con un soldado que sólo le ha prometido tratarla como a una persona; ni más ni menos y que adora al principito.
Y es más feliz que nunca.

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