Libro de Arena
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Reflexiones

Vivir y escribir, escribir y vivir, todo es uno y lo mismo.

Nuestro “hilo de Ariadna”

La leyenda griega cuenta como el héroe Teseo entra en el laberinto para enfrentarse al Minotauro, y luego salir de esos interminables pasillos gracias al ovillo de hilo que le entregó Ariadna. Así veo yo muchas veces la vida, como un enorme laberinto por el que nos movemos sin saber muy bien por qué, ni hacia dónde, sin embargo creo que todos tenemos nuestro hilo de Ariadna, esa pequeña fuente de certidumbres que vamos siguiendo y con la que nos vamos formando, creciendo y moviéndonos dignamente en este universo de encrucijadas y caminos. Sin embargo, he podido constatar que cada hilo es diferente, que no se pueden compartir del todo salvo con almas muy afines.

Cuántas veces una frase, que a mi me ha conmovido especialmente, ha perdido todo su mágico sentido al intentar leérsela a alguien; o al prestar un libro y luego preguntar qué tal le fue con él, descubrimos en su mirada que tampoco ha sido para tanto lo que le ha aportado a ese otro. Eso sucede, sencillamente, porque el proceso interior que cada uno tiene es diferente, el trecho de pensamientos, sentimientos y tomas de conciencia caminado no es el mismo. Si bien todos buscaríamos "la misma salida", cada uno lo hace desde un punto concreto del laberinto.

Pero… ¿dónde está el hilo de Ariadna? Esa es “la pregunta del millón” y una de las posibles respuesta no es, ni mucho menos, mía; la he podido oír en varias clases de filosofía y leer en varios libros antiguos y modernos. El hilo surgiría de una enorme necesidad por saber, mi querido Don Unamuno lo llamaría "El sentimiento trágico de la vida". Libro que si bien es duro de leer, me atrevo a sintetizar: cuando uno toma conciencia de los muchos misterios que nos rodean sin poder comprenderlos, y sin embargo, por pura sinceridad y coherencia interior, necesita respuestas como el respirar, entonces encuentra su dorado y maravilloso hilo de Ariadna personal.

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Es la hora del Hombre

Hoy dejaré que hable la música, La Muerte de Sigfrido, hacía tiempo que no la escuchaba, una de las partes de El Oro del Rhin que más me han emocionado siempre. El crepúsculo de los dioses, opera en la que se encuentra este fragmento (si mal no recuerdo), significa para mí el amanecer del hombre, como cuando el mago Merlín (en la película de Excalibur) dice aquello de: "Los dioses han muerto, es la hora del hombre". Y Nietzsche también estaría de acuerdo, dios ha muerto, hay que resucitar a dios en cada uno de nosotros.

Bueno, ya está bien de rollos, ahí tenéis esa obra inolvidable:

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La versión de la película "Excalibur":

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