Os voy a contar un cuento, a ver qué os parece. Hace mucho tiempo, en un lejano país, había un multimillonario cantante de pop. Había hecho su carrera partiendo desde un humilde hogar y se forjó el destino ganándose el corazón de sus seguidores gracias a un descomunal talento. Lógicamente el fenómeno no pasó desapercibido y pronto tuvo un nutrido séquito de mentes pensantes ayudándole con sus qué-haceres diarios y , de paso, forrándose por la gestión.
Como debería rezar algún refrán, a más loco el personaje más facil manejar su fortuna, así que por este motivo o por otro, el caso es que nuestro artista cayó en un espiral considerable de autodegeneración personal. Hasta cierto punto ese mismo hecho alimentaba la mitomanía hacia el personaje, así que sus asesores le dejaron hacer, pero llegó un momento en que las excentricidades dejaron de ser rentables ya que la imágen personal del artista era paupérrima. La gallina de los huevos de oro empezaba a suscitar una extraña mezcla de pena y repugnancia en su público. Más que una persona, era ya una masa deforme de carne y huesos humanos a la que daba mucha cosa mirar y con serias dificultades para mantenerse en pie. Sus apariciones públicas se hicieron mínimas y ya no podía pisar un escenario con dignidad. Así pasaron los años.
Pero, oh sorpresa, un buen día se anunciaron nadamenos que cincuenta conciertos para el próximo verano. La mitad de sus seguidores aplaudió con agrado la notícia, la otra mitad se sorprendió al saberla. En algún rincón de la conciencia, los unos y los otros se preguntaban si el cantante sería capaz de dar la talla a esas alturas del jolgorio. Entonces, casualidades de la vida, al cantante le dió un jamacuco de tal calibre que se murió, y esos conciertos no llegaron nunca a celebrarse. No sólo se evitaron el estrépito económico que hubiese supuesto un fiasco del artista en el primer concierto sinó que la muy rentable semilla del mito musical muerto en plenas facultades (¡con cincuenta conciertos previstos!) estaba siendo ya sembrada.
Un par o tres de acciones más, y el cantante volvería a ser rentable al máximo. Por un lado, la sola notícia de su fallecimiento disparó la venta de discos del año del catapún. Por otro, con unos cheques convenientemente repartidos aquí y allá, se limpió la imágen del artista: quienes en vida le habían denunciado por escándalo, ahora confesaron de repente su inocencia, además, tambien salieron voces de debajo las piedras asegurando que el artista antes de morir estaba radiante de ganas por actuar. Perfecto. La máquina de sumar millones había empezado a sonar de nuevo para aquellos a los que la paupérrima impresión que causaba el artista en vida les estaba amenazando la inversión. Sólo faltaba, para completar la operación de merchandaising, convertir la mansión del artista en parque temático y ponerse a contar billetes sin parar.
Menos mal que esto que os comento es sólo un cuento. Si pasara en la realidad, la súbita muerte del artista me olería a chamusquina.
No consigo superarlo, a ver si alguien puede ayudarme a comprenderlo. Ahora resulta que lo de abortar debe ser un "derecho" de la mujer. Y a mí, que no me tengo por retrógrada ni por ultra-conservadora, simplemente me repugna la idea. Lógicamente cada uno puede disponer de su vida y de su cuerpo como mejor le plazca, vaya una yo para decir lo contrario. Lo que me escandaliza es que alguien pretenda que sus derechos están por encima de los demás.
Eso, justamente, es lo que pasa (a mi entender) cuando uno sopesa la idea de que tiene derecho, porque así le conviene, a poner punto y final a una vida. ¡Por favor! ¿Estamos ciegos o qué? Si alguien mata al vecino que le complica la existencia, se le condena. Si te cargas a la pareja porque es insoportable, vas a prisión. Si sacas de enmedio al urbano que te acaba de multar, eres un puto perturbado mental. Ah, pero cuidado: si a lo que pones fin es a la futura vida de alguien que no puede ni tan siquiera defenderse, entonces sí. Entonces eres modern@ . A la porra ya con tanta hipocresía social. Matar es matar, y por sentido común no puede justificarse de ninguna manera.
¿Quién es el guapo que se cree con derecho a poner su vida por delante de otra? Más aún teniendo en cuenta que esta última, pobrecilla, ni ha tenido posibilidad de replicar. Luego salen los otros, los que dícen que un óvulo fecundado aún no se puede considerar vida. Juá. Perdonad, pero no es así. La vida está ahí desde el minuto zero. Prueba de éllo es que te quedas embarazada y , sin tú hacer nada, por arte de mágia en nueve meses nace un ser humano con una historia própia que desarrollar. Pensar que alguien tiene derecho a interrumpir ese proceso es de un ego descomunal y enfermizo, para mi es el consumismo llevado a la máxima potencia. Y digo yo que todo no vale ¿no?
Creo que el único derecho que está por encima de los demás es el de la vida. Si nos saltamos este principio apaga y vámonos. Pensemos un poco señores, que tan poco corazón va dando asco ya.
Ole: el del teléfono era él. Que a ver cómo estaba. ¿Pues cómo voy a estar? Mal. Eso debería haberle dicho, aunque la verdad es que tenía tantas ganas de escucharle, que me he quedado pasmada, sin palabras. Habla tú, que para eso has llamado. Yo estoy muda ¿no lo ves?
Me habría gustado que se tirara dos horas contándome cosas, con esa voz tan rugosa y dulce que tiene, para que se me quedara su tono pegado en el tímpano y me acompañase cuando su ausencia aprieta. ¿Por qué será que estábamos hablando y sólo podia pensar en lo lejos que está ya de mi?
Me hubiese encantado que decidiera bajar a mi casa en ese momento, como antes, y que me apretujara contra su pecho, como antes, y que entre besos me repitiese oh, nena, oh nena como antes, cuando sus manos no podían parar de recorrerme entera una y otra vez. Pero el antes ya se fue, y el ahora -por lo visto- tiene otros planes.
Él dijo que sí, que "era posible". Y yo pensé "ojalá", y continué pelando patatas, leyendo un libro o pensando en mis musaranyas, lo que fuera que estuviese haciendo en ese momento. Él dijo que sí (en su idioma), que "nosotros podemos". Y yo, que de la política estoy desengañada, lo puse en duda a pesar de reconocer la potencia del eslogan. Muy logrado, sí señor.
Conforme le he ido siguiendo (a pequeñas dosis, que la realidad me agota) me he dado cuenta que de Obama me gustan muchas cosas. Me gustan sus andares, me inspiran confianza los valores que predica, y lo veo un tío como Dios manda. Más persona y menos payaso. No quiero terminármelo de creer, que luego vienen los patacazos, pero ¿será posible que los líderes empiecen a serlo de verdad?
Viendo gestos como los que ayer protagonizó el presidente de Estados Unidos en El Cairo, empiezo a pensar que igual su famoso "Yes, we can" iba en serio, y que otro mundo es posible. Aprovechando que hoy no pelo patatas, voy a cruzar los dedos: a ver si será verdad!
Atención: creo que ya he averiguado de donde proceden las famosas llamadas a Cuba. ¿Os acordais de Roberto, mi ex-vecino? Pues seguro, fijo vamos, que debe estar espiándome. ¿Cómo no se me habría ocurrido hasta ahora?
Mi teoría es esa, a ver cómo la veis: El tío me pinchó el teléfono en un ataque de desesperación antes de abandonar su piso. Era demasiado extraño creer que podría borrarme de su vida así, como quien nada. Todos los aquí presentes sabíamos de su amor enfermizo hacia mí ¿a que sí? Aún recuerdo que se dejaba el hígado de tanto comer tortillas, y sólo para que le viera, a través del patio de luces, cocinándolas en gayumbos. Hostias qué bueno estaba.
Pues sí: tengo la intuición que las llamadas a Cuba provienen de ese amor no resuelto entre él y yo. Así que hoy he descolgado el teléfono y le he estado contando mi vida. No había tono, sigo castigada sin línia, pero como me tiene el tema intervenido, yo sabía que al otro lado estaba él. Qué tensión. Le he dicho que yo también le echo de menos, que vuelva. Que le puedo perdonar lo de la pelandrusca esa que se trajo a su casa un día, que ya ni me acuerdo de que tenía cara y cuerpo de Barbie superestar, que por el hombre de cromañón que ahora vive en su casa tampoco se preocupe: lo hecharemos a patadas si hace falta. Roberto, al otro lado de la línia, no me contestaba nada, señal inequívoca de que mis palabras le estaban llegando al corazón. Lo más seguro que hasta estuviese llorando y todo por la intensidad del momento. Ayyyy, qué bonito es el amor!
Eso sí -le he suplicado- antes de venirte acuérdate de despedir a tu chacha. Yo no tengo servicio, pero seguro que él, con lo pijo que es, sí que tiene. Y a juzgar por el destino de las llamadas internacionales que se marca la tiparraja, me apostaría algo a que es una cubana. Siempre le gustaron tetonas al pillín de Roberto. Cuando le vea, recordarme que le pregunte qué coño me ha visto a mi...
En fin queridos ¿es o no sorprendente lo sencillas que acaban siendo las cosas que parecen complicadas? Menosmal que hoy me cuadra todo. Voy a ducharme, que Roberto debe estar al caer!
Pues sí: me cortaron el teléfono. Tomaya. Ésta es la razón por la cual últimamente tardo horrores en contestar a los comentarios. Perdón, perdón. Mira qué mala suerte que llego a tener, justo ahora que hay riesgo de epidemia por la gripe del pollo o del cerdo o del virus raro ese, no me queda mas remedio que ir al cyber a conectarme a internet. Suerte que tengo una máscara antigas que pillé hace tiempo en unos chinos por un par de eurillos, y que me va de fábula. Hay que ver lo globalizado que está todo, menos mal. Vale, puede parecer exagerado presentarse en el cyber como si hubiera emergencia nuclear declarada, decídmelo a mi, que así no voy a pillar nunca novio, pero ya se sabe que es mejor prevenir que curar ¿no? Pues eso.
Total, a lo que voy: que no tengo ni teléfono ni tampoco ADSL en casa. Castigada por quejarme a don Telefonica. Bueno. Pero esto no va a quedar así, os lo aseguro. Tengo a las chicas del 1004 a punto de pillar todas la baja por estrés: voy a estar llamando cada tres minutos para protestar por algo, aunque sea para decir que no me gusta la musiquita de espera, dá igual. Todo el dia. Dale que dale con llamar al 1004, que para eso es el único número con el que me han dejado línia directa.
No duermo, no como y casi no voy ni al lavabo. Voy a estar dándoles pol saco llamando a su bendito "servicio de atención al cliente" hasta que solucionen SU error. Yo no he llamado nunca a Cuba. O se lo creen o averiguan donde coño está el topo. El tema es que no quiero pagar y menos aún que me pongan en la lista de los morosos. De hecho, ultimamente aquí en el cyber aprecio que hay un señor muy extraño siempre a mi lado y estoy empezando a sospechar. No sé qué es lo que más me llama la atención: que vaya con un frac y una maleta que pone "cobrador" o que para venir a conectarse se coloque una mascarilla antigas idéntica a la mía...¿me estará siguiendo?
Desde que llevo un control ordenado de mis gastos, todo son sustos. Esta mañana, haciendo gala de mi nuevo carácter Zen, me ha dado por abrir la factura del teléfono. Siempre tardo en localizar el número que me interesa, o sea el total que piensan cobrarme. Para mi que complican el tema de tal manera que todos los instintos te advierten de que pases de mirar la factura si te la van a cobrar igual te parezca bien, mal o regular.
Suerte que hoy he obrado como una adulta responsable y he estado mirándome la factura detenidamente. Los tres primeros minutos, para qué voy a engañaros, mi vista navegaba por ahí en la superficie, y aunque un observador externo habría jurado que yo era toda una entendida en mirar facturas, algo así como una licenciada en control del gasto doméstico por alguna universidad de pago, la pura verdad es que iba asintiendo tranquilamente con la cabeza sin enterarme de lo que estaba leyendo. Creo que incluso alguna neuronilla se había despistado en pensar qué me pondría después de la ducha ¿los vaqueros están en la lavadora o los planché ayer? Hasta que un número escandalosamente elevado me ha apuñalado las pupilas.
¿Novecientos veinte euros? No puede ser. Toque de queda a la atención: preséntese todo el mundo a estudiar ésta factura. Debo haber mirado algo mal, he pensado. Pero qué va. Después de repasar todos los cuadritos habidos y por haber, mis peores impresiones se han cumplido: era cierto. Una facturita de casi mil euros, así, por la cara. ¿Cómo se puede pensar el señor telefónica que de buenas a primeras paso de pagar cincuenta euros a novecientos veinte? ¿A caso me he dejado dos semanas enteras el teléfono descolgado con una llamada a Lima corriendo o qué? Pues al parecer algo así les consta en su bendita red informática.
Lógicamente he llamado dedos en polvorosa al siempre amabilisísimo y más eficaz todavía servicio de atención al cliente. Como esa llamada sí que es gratuita, santo mil cuatro de los cojones, se ve que pueden torturarte hasta la saciedad antes de dignarse a atender tu llamada. Que si bienvenido (con su correspondiente eco ultratúmbico al catalán), que si en caso de avería llame al mil dos y en caso de que desee un número de teléfono llame al once ocho no sé qué...Antes de descolgar ya están intentando quitársete de encima, sólo les falta decirte: y en caso de que no sepa hacer albóndigas, llame a su madre. Hay que joderse. Pero si resulta que tú no eres idiota del todo, y que has marcado el número correcto, esto es, el mil cuatro, tienes que tragarte el rollo. Es lo que hay.
Luego te preguntan en qué idioma quieres ser atendido: pulsa el uno si quieres catalán, el dos si deseas castellano. Pulsas el que te parece, escuchas un tono y luego una operadora que te contesta en el idioma que a ella le da la gana. Para eso sus padres se lo enseñaron ¿no? Te lo tragas también, porque tú llamas para otra cosa. Pero vamos, que si antes de empezar llevabas un cabreo de diez, cuando alguien te dice mecánicamente y después de mil horas ¿en qué puedo ayudarle? tienes que controlar tu genio para no saltarle a la yugular.
Le he contado a la señorita, en su idioma que no el mío, cual era el motivo de mi llamada. Verá, resulta que me están facturando por unas llamadas que no he realizado. Claro. ¿Y qué es lo que hace ella? Pedirte datos: confírmeme por favor su dé-ene-í. Se lo digo. ¿Y de qué número de teléfono es la incidencia? Tal y tal. Vale.¿Y para qué te pide todo eso? Pues para mirar la misma factura que tienes tú entre manos. Así que por toda respuesta obtengo: efectivamente, tiene usted un consumo importante en llamadas internacionales. Uy qué bien. Llevamos cuarenta minutos de gestión y aún estamos aquí. Digo: claro, la factura pone eso, pero se da la circunstancia que yo no llamo fuera de España. Y dice ella, toda eficiente: Sí, aquí hay llamadas a Cuba. Siempre al mismo número.
¿Qué esperaba que le dijera? ¿Ay, calla...ahora que lo pienso....es verdad? Pues no. Si le digo que no he llamado es que no he llamado. Tal vez su pareja, me dice la teleoperadora a lo Sherlock Holmes. Si, digo: tal vez. Aunque si antes de darse a conocer el tío ya me está sableando el teléfono, creo que mucho futuro nuestra relación no tiene. Estoy sola en casa coño, le digo que yo no he marcado ningún número a Cuba. ¿Puede ser que tenga servicio doméstico? Me dice ella tan campante. Yo alucinando. Digo: no, ya me gustaría a mi, pero no puedo permitirme una chacha. De todos modos, dudo que se viniera a las cinco de la madrugada, mientras yo duermo, a consumir teléfono desde el salón de mi casa. ¿No lo encontraría usted un poco sospechoso? Y la tía, muy profesional me contesta: Señora, estoy intentando ayudarla.
¿Ayudarme? -he pensado- no, lo que está intentando su jefe es colarme unas llamadas que yo no he hecho, o que alguien me está pirateando. "¿Puede ser que haya un cruce de líneas y que me estén cobrando algo que no he consumido?" le he dicho con toda la diplomacia que he podido recolectar en mi. Y me contesta: es que aquí figura como que han sido efectuadas desde su teléfono. Claro. Mira que bien...menos mal que he llamado al mil cuatro, porque eso no habría sido yo capaz de pensarlo solita. Digo: pues no lo pienso pagar. Que lo sepa. Entonces, cuando yo ya estaba hablando por teléfono roja como un tomate, colgada de la lámpara del comedor y decidiendo si me cortaba las venas o salía al rellano a matar a alguien por pincharme el teléfono, va la teleoperadora y me comenta, sin alterar apenas su tono de voz: si lo desea, puedo abrirle una incidencia.
Hombre, con la incidencia hemos topado. Digo: vale, ábrala que yo voy a cerrar el grifo. Y es que en cuanto hemos terminado con nuestra charla, he llamado inmediatamente al banco para que no atendieran ni un sólo recibo más de telefónica hasta que todo este embrollo se solucione. Que me dirán algo en diez días me ha asegurado la teleoperadora. ¿Alguien apostaría a que me llamarán para disculparse por un error? ¿O tal vez las apuestas irían en el sentido de que si no pago voy a quedarme sin teléfono y encima voy a constar como morosa?
Al tiempo. Ya os contaré. Ahora voy a ver dónde tengo los tejanos, si en la lavadora o los planché ayer. Lo de ducharse deberé cambiarlo por un apaño con agua y jabón en el lavabo y tira que te vas. Con tanto percance no hay manera de llegar nunca a la hora, y todo por abrir una cartita de nada antes de desayunar. Hay que ver.
Justamente éste jueves les di la dirección de este blog a mis Santos Padres. Sí, tarde, pero qué se le va a hacer. Pero el problema no es ese...el tema es que justo ahora a la buena de mi musa le ha dado por venir a desvelarme de mi estancamiento creativo en plan Sexy. Y ya la conoceis cuando se pone el picardías rojo: no hay quien la pare. Y se lo digo: mujer, déjate de rombos, que ahora no está el asunto para colgar cosas semi-pornos, que mis viejos "puede" que anden por aquí leyendo. Y ella, dale que dale con susurrarme al oído historias de tres rombos para que las escriba. Así no hay quien pueda ¿eh? Que me da corte colgarlas, hombre. Más que nada porque luego, el día que sea que vuelva a cruzarme con mis padres, debería poderles mirar a la cara sin ponerme excesivamente colorada. Claro que escribir a lo picante, sabeis que me encanta...menudo conflicto de intereses me he buscado...¿Porqué no me estaré calladita yo a veces? ¿Ahora qué hago?
Escribir me gusta, me entretiene y me ayuda a compartir. Si me lees, me haces feliz...así que toma beso ¡SMUAK!, de premio. Espero que te guste este rinconcillo, y que vuelvas.
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airuna@hotmail.com
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Página creada el 22 de noviembre del 2007. Eres la visita número: