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CISNES NEGROS

Wikipedia me ilustra sobre la teoría del cisne negro: La teoría del Cisne Negro o teoría de los sucesos del Cisne Negro es una metáfora que encierra el concepto de que cuando un suceso es una sorpresa (para el observador) y tiene un gran impacto, después del hecho, este suceso sorpresivo es racionalizado por retrospección.


La desarrolló Nassim Nicholas Taleb para explicar:



El desproporcionado papel de alto impacto, difícil de predecir, y los sucesos extraños que están fuera del ámbito de las expectativas normales de la historia, la ciencia, las finanzas y la tecnología.


La no computabilidad de la probabilidad de los sucesos raros consecuenciales utilizando métodos científicos (debido a la naturaleza misma de las probabilidades pequeñas).


Los sesgos psicológicos que hacen a las personas individual y colectivamente ciegas a la incertidumbre e inconscientes al rol masivo del suceso extraño en los asuntos históricos.


A diferencia del problema filosófico anterior del cisne negro, la Teoría de Cisne Negro (en mayúsculas) se refiere sólo a los sucesos inesperados de gran magnitud, consecuencia y su papel dominante en la historia. Estos hechos, considerados atípicos extremos, colectivamente juegan roles mucho más grandes que los sucesos regulares.


No hace falta decir que en el PP están apareciendo últimamente muchos cisnes negros, cygnus atratus, para decirlo con rigor. Su Presidente, Mariano, insiste ante los periodistas en que en el PP la mayoría de los cisnes son albos, albísimos y que las cisnas lo son todavía más, es decir, inmaculadas e impolutas.

Considera el dignatario, además, digno de mención que en un partido como el PP, que cuenta con millones de seguidores, 50, 60 e incluso 100 cisnes negros es una cantidad ridícula y prácticamente desestimable.

Interrogado por los periodistas acerca de si es posible la aparición de nuevos casos, Mariano que, como buen gallego, es cachazudo, señaló que no es posible responder con certeza esa pregunta, habida cuenta de que los propios naturalistas no saben mucho sobre la reproducción de tan atra ave. Aseguró con firmeza que es seguro que también en los otros partidos se encuentran tales aves solo que su vuelo es más sigiloso. Los cisnes negros del PP vuelan con mucho estruendo y esa es la causa de que su presencia sea detectada con tanta facilidad.

A la pregunta de si es posible encontrar un remedio para evitar los males que los cisnes negros causan en una sociedad tan mormónica como la española, sugirió que hay que estar siempre in vigilando pero que esa, con ser una buena solución, no es definitiva porque no hay manera de controlar a los vigilantes in vigilando. Finalmente, quizás con el deseo de desembarazarse de la incómodas preguntas de los periodistas, respondió con esa flema gallega, encogiéndose de hombros:" si fueran ustedes juristas como yo, además de registrador y -para algunos esquilmador- de la propiedad, conocerían aquel apotegma: "ad impossibIlia nemo tenetur"


 


 


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POETA LOCAL

Casi todas las localidades tienen un poeta local. Algunas, incluso, tienen más de uno lo que favorece la competencia que, como sabían Kant y Adam Smirh, es algo enteramente beneficioso.

En literatura, como en fútbol, existen diversas divisiones: primera, segunda, regional...Los de la primera división son casi intocables , aunque, como en casi todo, hay sus preferencias. La otras categorías tienen un claro orden descendente. La última, a la que pertenezco-"y yo que me afano y me desvelo"...-es la de escriba. Un salto cualitativo en ese cursus honorum es el de poeta local en cuya meritoria labor intento desarrollarme.

El poeta local es objeto, no de la gloria universal, legítima aspiración de todos los poetas, sino de una gloria más cercana, más próxima, más familiar. "Ahí va el poeta local", dirá algún convecino, dividido entre la admiración y la conmiseración porque sigue siendo regla general que en lo económico esté muy cercano al indigente.

A mí me gustaría que a mi óbito mis queridos ciudadanos y ciudadanas, como ahora se dice, me dediquen una calle. Si en más de una localidad se le dedican nombres de calle a los médicos y me temo que, si la creciente socialización avanza, a los zapateros remendones y hasta a los políticos, no veo óbice por el que habría de negarles ese honor a los hijos del Parnaso. Claro que para eso es necesario mantener una cierta connivencia con los ediles y demás autoridades que son quienes, en definitiva, otorgan tan preciado honor.

Un claro signo de los progresos de nuestros pueblos es que en más de uno haya ya varias calles consagradas a vates ilustres: Aleixandre, Alberti, Cernuda... pero, en mi opinión, hay algo erróneo en esas dedicatorias con lo que es posible que algún ciudadano despistado confunda el numen poético con el numen de Hipócrates, es decir, se debería señalar su profesión, siempre admitiendo que la de poeta lo sea.

A mí, a efectos de desambiguación, en esa calle futura por la que tanto lucho, ha de preceder la profesión de poeta a mi nombre para que quede constancia, por los siglos de los siglos, de mi gloria popular. Si D`Annunzio queria ser considerado "il miglior poeta del mondo", yo me conformaré con ser "il migliore poeta del villaggio".


 


 

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DILOGIA

Leo en el Diario de Sevilla un artículo se Mariló Montero, La Semilla Perdida que yo, por mi gusto clasicista, llamaría Apología del chocho. El artículo se inscribe bajo el epígrafe "Por montera". No les aclararé mucho en este sentido porque algunos recordarán aquel programa televisivo de Sánchez Dragó titulado El mundo por montera.

Mariló Montero es esa chica, ya saben, que no hace mucho advertía de los peligros de los trasplantes porque, a través de ellos, se corría el riesgo de que se operara un cambio de alma. No sé si esta chica entiende que el alma está o bien diseminada a lo largo del cuerpo -para Descartes la sede era la glándula pineal- o bien se halla unas veces en el páncreas y otras veces en el bazo constituyendo lo que, en terminología escolástica, se denominaría anima itinerans. Tampoco aclara, en su excursus metafísico, qué sucede cuando el trasplantado y el trasplantante son la misma persona. Recientemente Bono, ministro de tantas cosas, se sometió a un trasplante capilar. ¿Significa que con él su ánima salió robustecida? ¿Es Bono cada día más bono, bonísimo?

Vayamos a la dilogía. De sopetón: "quizá ahora tenga usted un cuenco de chochos en la barra del bar". En Andalucía, que somos muy dados al cachondeo, alguien replicaría: "en la barra puede que no pero en bar, sobre todo si es sábado o domingo, seguro que sí". "Estoy convencida de que en su despensa habrá un tarro de ellos". Bueno, es posible que su parienta soporte un tarro pero más difícilmente un barreño o una tinaja. Al parecer existen chochos de diferente calidad:.." de lo contrario puede que los chochos no sean los auténticos cuyas propiedades les hacen ser exclusivos". Prosigue con su elogio:..."esta ingiriendo uno de los alimentos más nutritivos del mercado. Casi el 50% es proteina, contiene carbohidratos, vitaminas, minerales como el hierro, zinc y fósforo, además de los ácidos grasos esenciales. Un slogan es siempre oportuno: "el chocho que coma la próxima vez será para usted algo más valioso que dar beneficios a su organismo" Después de leerlo, no dudo que en un futuro muy cercano habrá casi una pandemia de chochofagia.

Al final, era de esperar, la dilogía se disipa: "hace siglos que existe esta planta en las montañas del Ecuador que ni el propio gobierno conocía". No lo dudo ni por un momento: me voy a Quito/en busca de un chochito".


 


 

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EL PRIMER AMOR

El primer amor es algo que todo el mundo sabe por experiencia. Así que no me detendré en exceso sobre él. Si acaso señalar que "El primer amor" es una novela de Turgueniev en la que el gran escritor ruso describe su experiencia en este sentido, novela que, por cierto, regalé yo a alguien para la que yo fui su primer amor; es lógico que después de centenares de amores platónicos que uno ha tenido, al menos me tocara algo en correspondencia.

Mi primer amor fue tan idealizado que ni siquiera llegué a saber su nombre. Era alta, delgada, de largo pelo, y con los ojos claros. Yo la veía a diario en la media hora de recreo que había en el instituto donde cursábamos estudios. Aunque no había una estricta separación entre chicos y chicas, lo cierto que es que campábamos cada uno por nuestro lado. La recuerdo de uniforme: falda gris y chaquetita azul, con su pelo tremolante al ascender la escalera en la que yo me aposentaba para intuir su oscura presencia.

Entonces yo tenía la cabeza llena de latines y de rimas becquerianas. No parecía lógico que celebras aquel amor con un brillante hexámetro, a pesar de la insistencia con la que el profesor de Latín-un cura-trataba de inculcarnos ese metro. Para una declaración de amor resultaba excesivamente pedante y existía el riesgo de que ella fuera de Ciencias y no se enterara de las ardientes llamas que inflaban mi corazón.

Con Bécquer andaba de día y de noche y podía recitar las Rimas con la misma exactitud que la lista de preposiciones. No era algo gratuito. Pensaba que si le recitaba a una chica ·los invisibles átomos del aire/en derredor palpitan y se inflaman", aunque yo fuera feucho y desgarbado, no podría resistir el impulso de tanta belleza. Así que, en cuanto volvía del instituto, abandonaba gustosamente los verbos polirrizos y los aoristos atemáticos y centraba todo mi esfuerzo en la creación poética. De las Rimas me gustaba especialmente la archisabida "Volverán las oscuras golondrinas" pero advertía que, si lograba una composición semejante, su efecto melancólico podía menoscabar aquel amor azul. Pensé en el soneto pero entonces me sentía torpe para un metro tan estricto. Opté por una solución más libre: le escribiría un cuarteto y se la entregaría tan pronto como tuviera oportunidad. He aquí el reluciente resultado de una tarde de trabajo: "cuando te veo en la escalera/fluye la sangre veloz a mi corazón/ en vano intento buscar la razón/ que mi cuerpo por entero altera." Orgulloso de mi composición y sabedor de que en breve sería el sucesor de Bécquer, pasé varios días en la escalera por la que circulaba mi dama hasta que un día, en que ralentizaba su paso, le extendí el papel. Sonrió y, en lugar de cogerlo, aceleró su paso. "No me admiró tu olvido! Aunque de un día me admiró tu cariño mucho más/ porque lo que hay en mí que vale algo/ eso..ni lo pudiste sospechar"


 


 


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LOS CEMENTERIOS

Voy al cementerio a diario, quizás porque sea mi única propiedad, paradójicamente compartida, quizás por ser el único sitio donde pasaré unas vacaciones eternas. Los muertos, se sabe, son jubilados indefinidos que, además, no tienen que soportar esa queja de Rajoy acerca de lo bien que viven los jubilados vivos.

Siempre me detengo en el mismo lugar donde yacen los míos. Conozco el lugar como la palma de la mano pero siempre lo extraño. Aunque intento concentrarme en la idea de que pronto estaré ahí, me resulta inimaginable la situación. Pienso en un grupo de personas, como tantas veces he visto, compungidas a medias por una pérdida irreparable. Escucho voces que loan la bondad y otras cualidades del finado-" de mortuis nihil nisi bene"-Veo al albañil que, diestramente por la costumbre, sella definitivamente la tumba pero me veo a mí mismo contemplando con cierta jocosidad la escena. En unos minutos,esos llorosos, esos luctuosos, esos corazones desgarrados volverán a la normalidad de sus vidas. Creo que definitivamente tenia razón Freud: no podemos creernos nuestra propia muerte, feroz defensa del instinto que provoca que, a veces a regañadientes, soportemos la vida.

Con frecuencia recorro el sitio y me encuentro con rostros conocidos, muchos amistosos. Recuerdo alguna conversación mantenida con el difunto, alguna anécdota compartida, bastantes situaciones vividas juntos y eso me parece bastante más real que lo que ahora estoy viviendo. Miro sus fotos, por lo común de algún momento feliz de su vida-hasta en la muerte hay coquetería-y no quiero ni pensar en lo que me encontraría si alguien abriera sus sepulcros, Ese mundo de apariencias, en el que casi siempre estamos inmersos, nos es tan necesario como el mundo de nuestro verdadero destino. Tal vez por eso mismo, cuando existía una especie de culto a la finitud y no el olvido de la misma, como ocurre hoy, surgieron las danzas de la muerte. Tal vez, como hicieron muchos religiosos, sería necesaria una calavera depositada en la mesilla donde descansamos. Ello contribuiría a que viéramos la muerte y nos aterráramos ante lo que con absoluta certeza nos aguarda.


 


 

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TEORIA DEL FIGURON

Figurones y figurantes los ha habido en todas las épocas pero la nuestra es particularmente copiosa en ese espécimen. Basta con mirar ligeramente las listas del partido del gobierno y del principal partido de la oposición para descubrirlos por doquier.

El figurón tiene unas señas de identidad propias. En el aspecto físico, aparecerá casi siempre con su elegante terno, no se perderá un acto social y chupará cámara como si le fuera la vida en ello. Psicológicamente viene definido por su capacidad de medro, sin especiales méritos que lo acompañen. Frente al ambicioso que, comúnmente, va directamente a su objetivo y no suele estar falto de cualidades, el figurón sabe cómo trepar, valiéndose de todas las argucias posibles. Hay algo admirable en la figura del corso, a pesar de sus bandidajes y tropelías, que lo sitúan muy por encima del común de los mortales. De hecho, hombres de espíritu, como lo fueron Stendhal y Nietzsche, le rindieron tributo. El figurón solo merece menosprecio.

Mientras el figurón se quede en el terreno de la representación, no supone un serio problema. Lo peligroso es cuando accede al poder y tiene capacidad decisoria.

La última gesta cultural de los figurantes de la educación ha sido eliminar de segundo de bachillerato la asignatura de Literatura Universal, ampliando su poda de las humanidades que ya se había iniciado con la Filosofía. En brevísimo tiempo tendremos ciudadanos ejemplares, carentes del más mínimo sentido crítico, que el poder podrá manejar a sus anchas. A mí me parece que a estos chicos solo les queda descubrir la roca Tarpeya y precipitar por la misma a aquellos niños que den pruebas de imaginación creadora. También, en plan profiláctico, podrían, como al parecer ocurre entre los esquimales, introyectar en los ancianos pensionistas, que son una carga para el estado, un sentimiento de culpabilidad que los empujara al suicidio. Sería una doble operación que garantizaría un estado sano libre de educación inútil y de momias incapaces. Brave new world!


 


 

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OBCECACION

Si tiene algún amigo o conocido comprendido entre la clase de los obcecados, seguramente lo que sigue le resultará superfluo. Por propia experiencia sabrá que, cuando se trata del alguna discusión, el obcecado mantendrá una actitud tan firme como podría hacerlo un tribunal de la Inquisición. Conocerá, igualmente, que, mientras más controvertible sea el asunto, mayor será su autoridad sobre el mismo.

Uno de los casos más flagrantes de obcecación intelectual le corresponde al filósofo inglés Hobbes. Aficionado a las Matemáticas, su megalomanía le llegó a pensar que estaba destinado a realizar grandes descubrimientos en esta área. En tono ditirámbico,llegó a escribir: "la geometría tiene algo que la asemeja al vino". Llegó a rebatir las ideas filosóficas de Descartes, expuestas en la Meditaciones Filosóficas", de cuyas objeciones daría buena cuenta el filósofo cartesiano.

Llegó a presentar hasta tres propuestas diferentes para la solución de un problema clásico, la cuadratura del círculo, pensando que realmente había sido capaz de solucionar este problema.

La polémica se avivó con John Wallis, un notable matemático pero de temperamento poco contemporizador. El tono de la disputa se fue agriando hasta desembocar en el insulto. Hobbes escribió un panfleto, "Seis lecciones para profesores de matemáticas", en el que el sarcasmo y la agresividad abundan. Por su parte, Wallis replicó en un tono irónico con ·"Castigo escolar impuesto al señor Hobbes por no dar debidamente sus lecciones". Esto sacó de quicio completamente a Hobbes que acudió directamente al insulto: "todos vuestros escritos no son sino errores o sarcasmos, esto es, nauseabundos flatos, hedores de mulo viejo cinchado en exceso tras un hartazgo". Como hace notar Martin Gardner, descendió a la tumba a los noventa años convencido de que toda la comunidad matemática estaba conjurada contra él.

Si Hobbes hubiera vivido hasta el siglo XIX, habría podido comprobar que estaba enteramente equivocado. Ferdinand von Lindeman descubrió que pi era un número trascendente, es decir, no existe ningún polinomio no nulo con coeficientes racionales que tenga a pi como raíz, lo que significa que la cuadratura del círculo con regla y compás no tiene solución. Claro que Hobbes podría haber replicado que aquello era un hechizo del demonio como hicieron los cardenales frente al telescopio de Galileo.


 


 

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ARISTOTELICA DICTA

ARISTOTELICA DICTA


"Post coitum omne animal triste nisi gallus qui canit et Rajoy qui perorat"( "después del coito todo animal está triste excepto el gallo que canta y Rajoy que perora").

P.D: añado un texto en el mismo sentido de mi época de Exotérico. Lo Bueno-y lo malo- De Net es que le ocurre como a aquel personaje de Borges, el memorioso Funes, que nunca olvida nada. Puede precisar con absoluto detalle día y hora de cualquier evento.


DE LA TRISTEZA POSTCOITAL


Un conocido filósofo británico, especialmente significado por su escepticismo y causticidad, solía decir que la mayoría de los dichos latinos deben su vigencia más a su falsedad que a su valor de verdad.

Un grupo de psicólogos de la Universidad de Harvard,de tendencia behaviorista naturalmente, decidió someter a un experimento crucial la aseveración de Aristóteles antes citada.

A tal efecto, se constituyeron dos grupos de gallos: los bankivoide(jungle fowl), aves relativamente pequeñas que viven en las copas de los árboles y los Aseel o Asil, aves de increible fortaleza en pico y cuerpo. El espacio muestral estuvo constituido por diez miembros de cada grupo. En dicho experimento se consideraron dos variables: la intensidad del canto y la duración del mismo. Todos los representantes de cada grupo copularon repetidamente con diversas gallinas que, lógicamente, se prestaron gustosas al experimento. Se observó una ligera ventaja de los gallos Aseel tanto en la duración del canto como en su intensidad, hecho que los psicólogos atribuyeron a su especial acometividad.

Curiosamente, sin embargo, el experimento probó de manera clara la falsedad de la aseveración de Aristóteles, considerada en su generalidad. A partir de la cópula número veinte con la misma gallina, tanto los gallos bankivoide como los Aseel abandonaron su canto y cayeron en una lasitud semejante a la humana.


 


 

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