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AL ALMENDRO EN FLOR

Ante ti me detengo extático

contemplando

tu belleza inesperada

de flores blancas y adormecidas

rumor de vida

que anuncia repentino

el estallido de la primavera

sabor a tierra

exhalan tus blancos brazos

perfúmenes que alarga el aire.


 


 

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SIMBOLOS

La palabra símbolo proviene deL latín simbolum y ésta, a su vez, del griego symbolon, relacionada con un verbo symballein que significa lanzar conjuntamente.

Ignoro si ha llegado a sus oídos, habida cuenta del escaso eco que la noticia ha suscitado en los medios de comunicación, de que el pasado fin de semana hubo dos congresos políticos: el de Vista Triste y el de Vista Alegre, protagonizados respectivamente por el PP y Podemos.

Casi resulta innecesario señalar que los símbolos más transparentes del congreso pepero han sido los ternos. Iba a escribir los trajes, en el caso femenino, pero me corrijo por temor a algún ultimátum feminista, y señalo las ternas, Entre las más perspicuas representantes de esta simbología se halla, sin duda, Mme. de Cospedal que portaba una terna verde, casi un preanuncio de la primavera.

En el de Vista Alegre predominaban las camisas, quizás como símbolo de desafío a este tiempo tan inclemente, quizás como signo distintivo de los révoltés. Hay que desconfiar de este signo puesto que, no hace mucho tiempo, lo portaban aquellos que hoy se mueven a gusto en las puertas giratorias-y en las que no giran-

Los discursos de los miembros-y miembras- del PP denostaban acerbamente los populismos y reivindicaban por doquier la sensatez. La guapa del grupo, Andrea Levy, aunque ahora tiene un serio competidor en el ministro de Fomento, cargaba las tintas condenando el igualitarismo. Uno se pregunta en qué consiste la excelencia de un simple licenciado en Derecho. ¿O habría que escribir de una leguleya simple?.

Iglesias, un descamisado encamisado, pantalón apretado y la melena al viento, contra lo que es su costumbre, clamaba por la unidad y por la humildad, virtud que, a todas luces, no suele abundar entre la clase política, Parecía que la tempestad provocada entre él y su segundo amainaba por la decisión de las bases.

Una pasa el fin de semana-spend( gastar) dicen los ingleses- abrumado por tanto vendaval político. En el interludio, se acuerda de algún amor transitorio y de alguna noche consagrada a menesteres no tan prosaicos..


 


 


 


 


 


 

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DE LO QUE LE OCURRIO A SAN VALENTIN EN SU DIA

https://youtu.be/Q3_PRhm5iZc


Los dominios de Facebook se habían extendido tanto que llegaron hasta las regiones celestes. Multitud de felicitaciones en su día, como cabe imaginarse, de modo que el santo decidió viajar a la tierra para ver cómo iban los amores en su feliz día.

No tiene nada de extraño que, entre tantos países del Ecúmene, se resolviera por visitar Hispania. Gracias a sus múltiples redes, sabía que en este país se había producido una especie de milagro económico gracias, especialmente, a la sabia política del PP. Tampoco resulta raro que optara por visitar la Bética, eligiendo Sevilla por el hecho de ser una ciudad alegre y jovial en perfecta consonancia con su santo.

Una vez en la tierra, decidió visitar el Corte inglés, habida cuenta de la multitud que se agolpaba para comprar todo tipo de regalos en un claro y decidido homenaje. Llegado a la tercera planta, se tropezó con una bella y radiante morena que amablemente le sonreía desde el fondo de un mostrador.. Con su aspecto efébico, el santo le sonrío a su vez y le dijo: "volo cognoscere te". La bella dependiente se mostró muy sorprendida al escuchar un idioma que nunca había oído en su vida. Indicando con el gesto que esperara, busco con apremio al jefe de sección porque no quería perder la ocasión de que aquel agraciado joven hiciera algunas compras y, de paso. ofrecerse como cicerone porque era una pena que alguien como él se extraviara en la ciudad.

Carlos, el jefe, acudió presto a su solicitud. Sin cruzar palabra, extendió su mano derecha al desconocido que replicó con un escueto "vale". Con gesto recriminatorio, se dirigió a Luisa: "¿No decías que no hablaba español?" Ella, sorprendida, trató de excusarse. Entonces Carlos se extendió en la multitud de regalos y objetos de todo tipo que aquella vasta tienda podía ofrecerle. Después de su perorata, el santo permanecía impasible. Entonces Carlos advirtió que no había entendido ni una sola palabra de su brillante exposición. "busca a Eugenio que. con sus conocimientos

lingüísticos, nos sacará de esta dificultad".

En poco de más de un minuto, Luisa apareció con un atildado y pulcro joven. Con gesto amable extendió la mano al santo y escuchó la replica anterior: "vale". Carlos, un tanto molesto por la situación, le preguntó: "¿en qué idioma está hablando?". "Me parece que debe ser un dialecto italiano", señalo dudosamente. Entonces Carlos lo miró con furia lo que obligo a Eugenio a presentarse en todos los idiomas que conocía, incluido el otomano porque recientemente había pasado un mes allí ya que la empresa había decidido establecer una filial en Ankara. El, santo, sin embargo, permaneció impertérrito y, dándose cuenta de la dificultad que causaba, dijo sonriendo al marcharse: "valete". Carlos le espetó bruscamente a Eugenio: "!a partir del próximo mes, vete buscando un empleo!".


 


 

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LOS AMORES DE UN TIMIDO


Allí estaba yo, como cada día, esperando con impaciencia el autobús de las cuatro de la tarde que nos conduciría a la Facultad de Letras. Era cierto que podía haber tomado sin ninguna dificultad el de las tres y media y, de ese modo, podría llegar con más tiempo a la hora de la primera clase. Pero, desde que supe, que ella, la chica oriental, como la llamaba para mis adentros, cogía siempre este autobús, no me importaba llegar con cinco minutos de retraso. Era realmente bella: esbelta, con sus largas piernas enfundadas en aquellos pantalones azules, su oscura melena al viento y, sobre todo, eso que los franceses llaman la "béauté du diable".

Como todos los tímidos, degustaba el amor de contemplación, aunque, a veces, ese mismo sentimiento me estaba vedado, habida cuenta de la cantidad de chicos y chicas que subían a esa hora a la Facultad. Alzaba mi cabeza como un periscopìo flotante con la ligera esperanza de que, entre aquella nube de cabezas, mi mirada pudiera encontrarse con la suya.

Como todos los tímidos, fraguaba mil planes de encuentro, cada uno más inconexo que el anterior, con la idea de, al menos, romper el hielo. Podía ubicarme entre los que la rodeaban-siempre permanecía de pie en la parte delantera- pero eso resultaría fatal si, llegado el momento, no me atrevía a hablarle. Igualmente era posible esperar la llegada del autobús y, una vez que descendiera, entablar conversación con ella. Esa posibilidad me parecía todavía más ridícula: esperar a alguien a quien no se conoce y cuya respuesta era, por principio, imprevisible. Hasta podía, ya en plan épico, asaltar el autobús y tomarla como rehén, una forma drástica de romper aquella timidez paralizante.

Al cabo de varios día de repetir el itinerario y de los escasos progresos que ello suponía, concebí un plan al respecto. Sabía que ella asistía las clases de Filología Hispánica y, por mi parte, a las de Filologia Clásica. Bastaba con que me saltara una de aquellas soporíferas clases de primera hora y entrara en la suya.

Con la misma firme e inquebrantable decisión con que asumen los tímidos cualquier proyecto de acción, la seguí cuando bajaba del autobús y  continué tras ella hasta la misma puerta de la clase. En la entrada un profesor me espetó: "¿vas a entrar?". Eso me dejó enteramente perplejo. Con dificultad respondí: "creo que me he equivocado de clase."

Seguramente la chica oriental es ahora una feliz quincuagenaria, con un amoroso marido y varios hijos a su espalda. De sus redes tal vez me salvó el sentencioso Lucrecio a quien entonces estudiaba: "nam uitare plagas in amore ne iaciamur, /non ita difficile est quam captum retibus ipsis/ exire et ualidos Veneris perrumpere nudos" ( "pues evitar ser cogido en las redes del amor es menos difícil que librarse de ellas una vez se ha caído y romper los nudos que Venus ha establecido tan fuerte")


 


 

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LA NOVELA FACTION


Hoy, cuando los géneros literarios están tan desdibujados, de suerte que es posible encontrar poemas que se parecen a tragedias y viceversa, no ha de extrañarnos la aparición de un tipo novelesco nuevo: la novela facción cuyo inventor sería Frédéric Beigbeder. En palabras del propio autor: "todo en él es rigurosamente exacto: los personajes son reales, los lugares existentes( o han existido) y las fechas son todas verificables en biografías o libros de historia". Supone, sin duda, un paso adelante en relación a la non-fiction-novel,, creada por Capote e, incluso, frente a la novela metaliteraria, cultivada entre nosotros por Vila- Matas.

El título de la novela es ya bastante ilustrativo: Oona y Salinger, En ella se relatan los amores del afamado escritor y Oona O`Neil de quien el aludido Capote escribió: "solo tenía un defecto: era perfecta. Fuera de eso, era perfecta." En el momento de su encuentro, ella tenía dieciséis años y él veintiuno: la edad perfecta para el amor. Aquella historia casi perfecta se derrumbó porque Salinger se alistó en la Segunda Guerra Mundial y porque, además, apareció en la vida de ella Charles Chaplin con quien acabaría casándose.

Al margen de estar escrito con un lenguaje en el que se suceden la trivialidad y la cultura, el libro es especialmente interesante por la cantidad de celebrities que en eĺ aparecen: Fitzgerald-tambien Zelda- Capote, Hemingway, Eugenio O`Neil y, por supuesto, Jerry Salinger.

Beigbeder, como el propio Salinger, confiesa su predilección por las mujeres jóvenes en lo que coinciden con este modestísimo escriba. Por ello, en la novela, aparece más de una foto de la bellísima "Oona en todo su esplendor adolescente.

El tono deliberadamente trivial de la novela acusa a veces rasgos casi caricaturescos: Oona comprende que vuelve a tenérselas con un pretendiente desconsolado. Le parecen penosos, es la peor categoría de seductores, aunque también son los únicos amables. Las demás categorías son: el violador pálido con tendencias suicidas, el don Juan malvado, el chulo que presume de sus conquistas anteriores, el pasivo agresivo que insulta para provocar el rechazo que teme, el gracioso antierótico y, por supuesto, el perverso narcisista que, junco ton el homosexual reprimido es la categoría más dolorosa" Toda una tipología, como se ve.

Ocasionalmente surge algún pasaje lírico, como la escena del baile en la playa en la que el encantamiento, aun fugitivo, brilla con todo su esplendor. No es difícil imaginar a Jerry, abrazado a Oona, mientras suena dulcemente Smoke gets in your eyes,



Frédéric Beigbeder. Oona y Salinger. Anagrama, 2016


 


 


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LA FORTALEZA

Imagino que para muchos, no necesariamente sinólogos, les resulte cercana la figura del emperador Zhu Yuanzhan, fundador de la dinastía Ming. Previamente había sido jefe de bandoleros y había practicado el budismo. Tomó el nombre de Hong Wu( muy guerrero).

Hombre receloso, desde que accedió al poder temía continuamente por su vida. A tal efecto se había construido una fortaleza prácticamente inexpugnable. Un ancho foso, repleto de cocodrilos, separaba su morada del exterior.. Además, en las almenas había constantemente guerreros, armados hasta los dientes, que vigilaban día y noche en el caso de que alguien hubiera podido sortear el infranqueable foso.

Todavía en el interior la sólida defensa aparecía todavía más fuerte. Había, en primer lugar, una habitación circular con ocho puertas en la que estaban apostados dos guerreros. En una de aquellas habitaciones se hallaba Hong Wu, de modo que si alguien hubiera sorteado la vigilancia externa, se encontraría con la dificultad de saber detrás de qué puerta se hallaba el emperador. En la segunda habitación el número de puertas se elevaba a dieciséis; en la tercera treinta y dos y así sucesivamente.

Debe señalarse que, a pesar de su borrascoso pasado, Hong Wu era muy aficionado al ajedrez y a las matemáticas. Algún lector advertido habrá reparado en que el número ocho es el símbolo erguido de infinito.

A pesar de su extremada precaución, que hacía presagiar que su reinado fuera muy largo, Hon Wu murió asesinado. Para ser exacto, envenenado por una de sus concubinas, amante, a su vez, de su tío Zhu Di, quien fue quien le sustituyó en el trono.


 


 

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ZAPPING

Soy un acérrimo partidario del zapping, que habitualmente practico, mucho más cuando en la tele aparece la figura del Jano gallego o, todavía peor, de su ministro de Hacienda, esa voz aguda y chirriante.

Ayer, sin embargo, mis motivos para practicar este cómodo deporte eran muy diferentes. Coincidían en la programación dos personajes en los que estaba interesado, a saber, Pablo Iglesias en la sexta y Sánchez Dragó en la cuarta.

Del primero me interesaba esa guerra intestina en Podemos que, como ya sabía Salustio, es siempre la peor guerra. Frente a él, Ana Pastor, esa Madame de la entrevista, que pretende controlarlo y dirigirlo todo. Iglesias, que es un hábil esgrimista en la distancia corta, se defendía resueltamente, quizás porque haya hecho suya aquel lema de Bismarck: "la mejor defensa es el ataque". Aquello que Ana juzgó como una agudeza-"me ha adivinado el pensamiento"- se volvóia contra ella gracías a la coletillade Iglesias.

Dragó es Dragó y esto no es meramente una tautología. Asegura el caballero que, a sus ochenta años, se halla en una verdadera "eclosión sexual" y que es capaz de hacer el amor durante seis horas ininterrumpidamente. A mí eso me suena mejor que la conocida ley de Murphy. Dentro de algunos años todo me irá mejor, claro, si alcanzo tan provecta edad y si algunas de mis amigas de Facebook están entonces apetentes -y apetecibles-.

Cuando yo era un mozalbete, tuve qaue aprender un soneto con estrambote, llamado "al túmulo de Felipe II". Propongo escribir otro al soriano con una ligera variante, una vez que fenezca, si lo hace: "al túmulo tumescente de Sánchez Dragó". El primer verso podría ser el siguiente: "ese venablo brioso y certero". Algún sonetista puede completarlo.


 


 

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EL POETA GUAPO

No es necesario ni, seguramente, conveniente que los poetas sean guapos puesto que, añadir a las bellas palabras que le son propias, la apostura, pondría en serio peligro los tiernos y candorosos corazones femeninos.

El primer poeta cuya belleza nadie pone en duda es lord Byron. Parece que su sola presencia provocaba sofocos y desmayos en las damas de su época. Las de hoy, más acostumbradas a la belleza masculina, resultan menos permeables.

Otro poeta decididamente guapo es Ted Hughes, vinculado matrimonialmente a la poetisa americana Sylvia Plath en quien, en primera instancia, despertó una admiración singular. Posteriormente sus continuas infidelidades convirtieron su matrimonio en un infierno del que Plath solo pudo curarse con el suicidio, cometido a los treinta años en plena efervescencia creativa.

El reflexivo y neurótico Schopenhauer, a quien cito con frecuencia, señaló que "ningún poeta casado ha sido feliz", a lo que yo añadiría que tampoco ninguna poetisa. El buen matrimonio, tal como lo veo, ha de gozar de paz y sosiego, algo bastante infrecuente entre los poetas.

Al margen de las continuas infidelidades de Hughes, había algo que condenaba este matrimonio al fracaso; las continuas depresiones de Plath, que ella había ocultado a su marido.

Hay algo en la poesía de Hughes deliberadamente salvaje y cruel que le hacía preferir escribir sobre animales antes que hombres. Se interesó, además, por el chamanismo.

Parece que la muerte de Plath conmovió a Hughes, aunque solo fuera por el sentimiento de culpabilidad. Confesó que se sentía enteramente roto. De hecho, revisó los poemas de su mujer, incluido su mejor libro, Ariel. Creo que, al margen de controversia feminista, que acusó directamente a Hughes de crueldad, hay que desconfiar de la piedad del poeta inglés puesto que Assia Wevill, otra amante suya, murió del mismo modo que Plath, con el agravante de que también mató a sus hijos.


 


 

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