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DE LA REDENCION LITERARIA

En las novelas decimonónicas era muy frecuente que los personajes masculinos, muchos de ellos libertinos y seductores, acabaran su vida estragada mediante una redención amorosa: encontraban una mujer pura y casta que los exoneraba de su vida anterior y les prometía la más dulce felicidad dentro de un matrimonio perfecto en la muy dudosa medida en que el matrimonio puede serlo. Ese rasgo casi ha desaparecido de la literatura del siglo XX donde, con frecuencia, las mujeres son, en la feliz expresión de Sartre, "a veces víctimas, a veces cómplices".

Recuerdo una novela de Tolstoi, Resurrección, donde esta inclinación alcanza su cénit: El joven noble militar Dmitri Ivánovich Nejliúdov vuelve a saborear la vida civil un tiempo en un pueblo cercano a Nizhni Nóvgorod. Lleva una vida agradable con recepciones mundanas, sus numerosos amigos, un casamiento inminente (concertado) con una hija de familia noble y un brillante porvenir en la armada. Pero durante su estancia es convocado como jurado para un tribunal, lo que le supone una gran tortura ya que uno de los acusados es su primer amor, Ekaterina Máslova, culpada de envenenamiento, y que acaba en una cárcel siberiana. Tras seducirla la abandonó y se siente responsable de haberle inculcado la moral que le ha hecho llevar la vida que ha llevado.

Curiosamente no suele ocurrir lo mismo en el caso femenino. Se ve que nosotros somos el primer sexo, por seguir la terminología de Beauvoir, el ombligo del mundo. En las "Relaciones Peligrosas", Mme. de Merteuil, arquetipo de la figura libertina, acaba contrayendo la viruela lo que desfigura su belleza y la condena al más profundo ostracismo.

"La dama de las camelias", que hoy llamaríamos una escort de lujo, acaba devorada por la tuberculosis. Ya Balzac había intuido en "Esplendores y miserias de las cortesanas" que su destino era cruel e inexorable y que ni siquiera el más puro amor, en este caso el de Armando, podía redimirlas.

Finalmente Emma Bovary sufre una muerte atroz por un terrible veneno. Ni siquiera el pobre e infeliz Charles puede salvaguardarla. Tal vez, en el fondo, Flaubert era un puritano o, quizás, practicaba en exceso la masturbación con los consiguientes sentimientos de culpa como freudianamente insinúa Sartre en el ensayo que le dedicó

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EL CANTO DE LAS SIRENAS

El canto de las sirenas era tan poderoso que, según refiere Homero, Odiseo tuvo que rellenarse las orejas con cera y procurar que los marineros lo amarraran al mástil del barco para no sucumbir a él. Algo así como el canto de Monserrat Caballé pero con la diferencia de que las sirenas eran más delgadas y gráciles, con esa cola de pescado gélida e insinuante.

Penélope, allí en Itaca, estaba inquieta porque desde hacía varios días no había recibido un whatsApp de Ulises. Así que, si lee el libro de Aurea, "Las sirenas ya no cantan", se tranquilizará en la medida en que las esposas se calman cuando sus cónyuges emprenden largos-y cortos-viajes. Aprovechando ese feliz anuncio, yo mismo emprenderé una odisea por mis amadas pitusas en la espera de no encontrame con sirenas cantarinas ni, por supuesto, con sirenos.

Seis personajes en busca de autor: el anciano, Herminio, padre de Julia, viudo, José, joven novio de Julia, Julia, muchacha muy jovencita y bella, Rosaura, hermosa mujer madura, casada con Tomás y Tomás, esposo de Rosaura, de igual edad, tío de Julia por parte de madre. Al final encuentran a la autora, Aurea-Vicenta y, juntos, fabulan su peripecia que no les voy a contar porque, si quieren, pueden saber fácilmente las razones del enmudecimiento de las sirenas con solo comprarse el libro.

Encuentro en el libro de mi amiga hallazgos curiosos: un esotérico pleonamo, "anciano, viejísimo hombre". Es claro que hoy hay ancianos ancianos y ancianos jóvenes, grupo éste último al que yo quisiera pertenecer cuando llegue el "arrabal de senectud", que dijo el clásico. Alusiones clásicas: Circe, Estigia. Rasgos psicológicos: "sé que las mujeres se entienden hasta sin hablar".

El libro de Aurea se abre con una afortunada dedicatoria: " a los enamorados del Amor". Uno lo tomaría por una dedicatoria personal si no fuera porque en los próximos años-o décadas-he decidido buscarme legítima. Amores pasados, amores presentes y hasta amores futuros se entremezclan en su obra. Como suele ocurrir, el amor provoca todo tipo de perturbaciones. Eso ya lo supo Safo: "Me parece que es igual a los dioses/ el hombre que frente a ti se sienta..."


Las sirenas ya no cantan. Teatro. Aurea-Vicenta González Martínez.


 


 

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LA PAGINA EN NEGRO

Si hacemos caso del tópico, parece que existe un miedo cerval y pánico entre los escritores a la página en blanco. Entiendo que la que es verdaderamente temible es la página escrita, aquella cuya término nos sorprende porque sus resultados raramente coinciden con lo que habíamos proyectado.

La página es blanco ofrece, en principio, todas las posibilidades. Resulta algo semejante a ese amor inicial que, con las bellas palabras de Stendhal, nos ofrece una "promesse de bonheur". Todo es virginal y puro y convierte al escritor en un sustituto de dios y, a veces, de acuerdo con Vargas Llosa, en un deicida.

En la página en blanco no aparecen esos pequeños signos sombreados, las palabras, que casi siempre se hallan en una zona más boscosa e impermeable, ajena al movimiento de la mano.

La página en blanco es un absoluto abanico de posibilidades. Puedes retroceder incluso antes de haberte decidido por una palabra. Puedes rehacer mentalmente una frase que te resulta o excesivamente sonora o quizás demasiado laberíntica. Se te ocurre manejar tres o más posibilidades antes de decidirte por aquella que te resulta más oportuna.

A veces, incluso, después de examinarla con el detalle con que mirarías un bello rostro, puedes optar por no emborronarla, por elegir el silencio que es la forma más profunda de comunicación.

La página en negro, en cambio, presenta un carácter definitivo. Aunque puedes destruirla, nadie podrá ya borrar su plasmación original. Resulta ominosa en su acabamiento. Y, sobre todo, si escribes poesía, profundamente desalentadora. Hay un choque inevitable en eso que la retórica clásica llama el "fondo" y la "forma". "Ese adjetivo resulta muy sonoro para una composición intimista", pensarás en más de una ocasión. O "hay un excesivo sentimentalismo en este verso". Pero, como sucede en un edificio, si le quitas unos ladrillos, se convierte en otro. Pero seguramente la conclusión más desalentadora sea la siguiente: "no es eso lo que he querido decir". Entre las palabras y el silencio, con frecuencia conviene optar por éste.


 


 


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LA FEMME DE CINQUANTE ANS

En más de una ocasión he aludido a la conocida novela de Balzac La femme de trente ans cuya síntesis es la siguiente: Julie de Chastillon está enamorada de un guapo oficial, Victor d`Aiglemont. El padre de la chica conoce en detalle toda la delicadeza de su hija y la vulgaridad de Victor a pesar de su apariencia. Intenta en vano oponerse a este amor pero los jóvenes, a los pocos meses, se casan. En breve tiempo su vida se convierte en un infierno, debido a la incompatibilidad de sus caracteres y, sobre todo, a la incapacidad de ella para gozar del orgasmo. Finalmente es capaz de abordar su sexualidad gracias a un amante, Charles de Vandenesse.

La femme de trente ans me permite a mí hablar de la femme de cinquante ans actual que, no es que sufra de dificultades sexuales, sino, muy al contrario,se halla en plena efervescencia.

Los positivistas, con Comte y Cía a la cabeza, se mostraban partidarios de que la historia humana es un continuo progreso. Que esto sea así lo prueba, en el terreno de la historia, que hasta los indepedentistas catalanes admiten una diferencia entre Don Pelayo y Rajoy, aunque no queda nada claro hacia quien se decantan. Naturalmente otro tanto ocurre en distintos aspectos de la vida humana. La femme de cinquante ans, gracias a la dieta y, todo hay que decirlo, a la cosmética, ha alcanzado una especie de segunda juventud, un esplendor enteramente desconocido en épocas pretéritas.

A mí que, abiertamente, me declaro minorista menorero, después de una catarsis y purgación, después de una purgación catártica por mis anteriores yerros, se me abre la femme de cinquante ans como una promesa desconocida. Enfilo mi atención hacia Monica Belluci que podía ser su representante más genuino.

La femme de trente ans era, además, muy frondosa. Como Balzac pasó épocas de penuria y escasez, eso se le nota en su preferencia por los senos abundantes. A lo mejor pensando en ello escribió Darío, a quien le gustaba el aguardiente, aquellos versos: "ínclitas ubres ubérrimas". A mí me gustan más los senos de la Bellucci-y los de sus coetáneas-limones prietos surgidos del verde limonero. No olvide la ingesta de limones previos al desayuno. Su salud se lo agradecerá.


 


 


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ANAGNORISIS

No sé las razones por las que ustedes están en Facebook pero creo saber las mías. Mi razón fundamental es practicar la asebeia, motivo por el cual los jueces condenaron a Sócrates, como no hace mucho nos recordaba Juan Francisco. Tal corrupción la ejerzo igualmente con las jóvenas en la medida en que hoy las jóvenas sean corruptibles y no corrompedoras. El hecho de que Rajoy no me haya enviado todavía a sus secuaces lo imputo a que ignoren que sea delito o a la escasez de cicuta por estos predios.

Otra razón, sin duda más adventicia, es estar en contacto con mis tres amadas. Bueno, si soy, franco, son bastantes más. Cuando se enciende esa luz verde, que me indica que ellas están comunicadas, una parálisis espectral me atenaza. Para combatirla, encuentro soluciones muy originales. Podría decirles "¿estas conectada, verdad?". O para ser enteramente novedoso: "este verano es muy irregular. Tan pronto hace calor como frío". En mi ayuda acude Salinas: " ¡Si me llamaras, sí/si me llamaras!"...Tú, que no eres mi amor/!si me llamaras!".

Lo peor sucede cuando Facebook me informa que A. lleva treinta minutos sin conectarse y, lo que es peor, que R. lleva ya más de diez horas ausente o que S. lleva varios días sin hacer acto de presencia Entonces apelo a mis innumerables lecturas en el género negro: todo Conan Doyle, la mayor parte de Agata Cristhie, Simenon Chandler, Hammet...La novela negra tiene, entre otras ventajas, que educa mucho más que un tratado de lógica la capacidad de inferencia. Esa era la presumible razón por la que Wittgenstein la prefería a The Monist.

Resulta lógico que alguien se desconecte de esta singular y pedagógica red durante una hora. Hay ocupaciones triviales que hasta las más dilecta amada se ve forzada a hacer: preparar el almuerzo, pararse en unos grandes almacenes de cara a las próximas rebajas o departir con una amiga sobre un futuro viaje a Nueva Caledonia. Pero ¿y cuándo transcurren doce horas o más? Entonces la sombra de Otelo planea sobre mi ser. Es claro que, si alguien tiene un interés muy definido por otra persona, no deja transcurrir tan amplio lapsus sin establecer contacto con ella. ¿O, tal lo hace, para estimular el interés ajeno? Como en la buenas novelas policiacas, el verdadero culpable es el menos sospechoso.


 


 

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A VECES

A veces confié en manos

halladas en el camino

pensaba

que al extender las mías

encontraría

un refugio en el vacío

podríamos

atravesar puentes, selvas

sin miedo de perdernos

unidos

como el haz y el envés

de una hoja

pero mis manos cansadas

solo esperan

un sueño largo y quieto


 


 

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EL DANDI Y EL ESPEJO

Creo que fue Baudelaire el primero en señalar en que hay algo consustancial entre en dandi y el espejo. También en el narcisista. Con una diferencia. Para éste último el espejo representa su duplicidad real y, por lo tanto, ama tanto su imagen objetiva como la que se proyecta en el espejo. Narciso se ama exclusivamente a sí mismo y es incapaz del amor por otros. Su vida es el tormento de todas las Eco que se encuentran en su camino, condenadas a la autoconsunción amorosa. Freud,y posteriormente Lacan, entrevieron que esa oscura forma de autoerotismo no es más que una máscara de la homosexualidad.

Para el dandi el espejo es menos letal: es la única manera que encuentra de definirse frente a los otros. El espejo y todas sus mascaradas no son otra cosa que una barrera de protección.

El dandismo ha sido definido muy justamente por Luís Antonio de Villena: "Un dandi es una persona que utiliza el vestido como una manera de disidencia, es decir, se viste bien, con prendas buenas, pero nunca como los demás. Introduce elementos transgresores en su forma de vestir: Lord Byron vestido de turco; ningún inglés de inicios del siglo XIX vestía de ese modo. El dandismo es ponerse prendas que puedan llamar la atención, dentro de un aire de elegancia, pero que a la vez destaquen".

Para el dandi el espejo, como también el salón, es su fuente de gloria. Pero también de condena. El espejo le recuerda de continuo lo efímero de su reinado. A lo mejor por eso Larra decidió saltarse los sesos frente a un espejo, el último testigo de su amor frustrado.

El dandismo suele ser una forma foránea. O, tal, vez lo era en otro tiempo. Ahora resulta más dificil separar a los dandis de los posmodernos. Entre nosotros, se admite su figura encarnada por el aludido Larra, a quien Francisco Umbral dedicó un libro, Larry, anatomía de un dandy. Y él mismo, según su propio reconocimiento. Quizás su detalle más significativo en este sentido es haber reducido su edad: murió dos años antes de lo previsto.

Borges, que no era un dandi-le bastaba su inmenso talento-dejó escrito algo que entristecerá a los dandis de toda condición: "abomino de los espejos y de la cópula porque reduplican inútilmente a los hombres".


 


 

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ESPOSA

Después de la elección de oficio, de lo que me ocupé recientemente, otra decisión trascendente es la elección de esposa.

Como esto suele ocurrir en plena juventud, es normal que a veces juegue un papel importante el azar o algún avatar. Por eso yo he diferido esta opción hasta hallarme sito en la edad madura, la más dura, y, en lugar de guiarme por influencias circunstanciales, apelar a la psicología para una recta consecución. Han sido varios los meses y la consulta a distintas entidades especializadas en este asunto-Facebook incluido-hasta obtener tres candidaturas que ahora pormenorizo.

La primera candidata es joven, atractiva e inteligente, cualidades que han de considerarse muy estimables. Quizás, como fruto de esa juventud, a veces sufre de spleen. No hace mucho me escribió: "quisiera desaparecerme del mapa mundi". No me extraña entonces que acabe en la Patagonia o en la tierra del fuego donde es posible que encuentra a un amerindio con más encantos que uno a quien, a decir verdad, se le ha pasado el arroz-y hasta las gambas-

Con la segunda candidata me hallan hasta un noventa por ciento de coincidencias: es tímida, como un servidor, amante de la cultura, formal...Solo le encuentro un defecto: se ha hecho afecta al creacionismo y me dice repetidamente que ella y yo debemos ser "una sola carne". !Con la calor que hace y con lo a mí me gusta dormir solo! Además, si acepto, me espera mucho "misionero".

La tercera posible habita en las islas Caimán. Pero, aunque tengo espíritu aventurero, es posible que acusen de offshore a alguien que no tiene un duro. Solo hacía falta encontrarme con Montoro allende los mares.

Algunos de mis íntimos me aconsejan que busque una chica de la tercera edad. Me aseguran que en esa época hay una especie de pacificación de las pasiones. Eso, en lugar de darme alivio, me exaspera: lo que yo busco son pasiones indómitas como el protagonista de Cumbres Borrascosas.

En mi ayuda han venido las sabias reflexiones de Swedenborg a quien Kant considera un místico. Según el autor sueco, no hay matrimonio perfecto porque en la mujer predomina la voluntad y en el hombre la inteligencia. A eso añado yo la latitud. Para decirlo en una sentencia latina: "connubium longum, vita brevis".


 


 

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