En el cíclico movimiento de las estrellas la vi girar. Cabriolaba su cola soñando agarrarla con la boca y asi en extraño ritual. El sol mágico y tranquilo ondeaba hilarante su cabello de achocolatado matiz , y sus ojos, sus grandes ojos verde caracolí y sesgada timidez, bajaban sus pupilas una y otra vez.
En el verde prado de piedras adornado, de palos y arandelas de mieles y azucenas, explaya sus placeres y alimenta sus quereres.
Luna, ¡ vivaracha y feliz! ¿ Quien lo creyera ? ¿ quien lo soñara ? que tan futil abandono siembra fuera de fertil abono
Y hoy, duerme complacida en colchón de alelí que Sarita su dueña acolcha con frenesi. Bebe en tinaja de aromas adornada y come complacida manjares y cuajadas. Pollo y verduritas y no falta su comidita que le da su pedrigí.
¿ Y quien le aseguraba que frente al confesionario su alma depuraba ?
Ella, la mancornita, tierna y bonita, prendida como siempre en sus pinceles; aro de mieles y diandemas.
Blanco pabellón estilizado,alma de claveles y de mieles saturada.
Tiritando de hielo su corazón acercó. Pálidos labios ajados, cuerpo hirviente y pies cansados. Asi cayo sobre su almohada y lagrimas crujieron desde la memoria.
Soñando, frente a la cruz de hierro, sanar su alma quemar su suerte y un frio helado de mustio invierno cayo de pronto y nubló su frente
Heme aquí ¡ Divino Señor !
De rodillas plantada y mi ser destrozado
Y en fino teflon, si, mi fino candor
Que de mi vientre brotó
Y sin vida quedó
Vértigo de mi alma, hoy me das aliento y sin musitarlo
El abandono, ¡ lanza agreste de dolor inagotable !
Simple y llanamente se abandona lo que no se quiere. ¿ para qué tener aquello que no amamos? .
No he sido de las que abandonan, me han abandonado. Todo ha pasado por la extraña confianza que nace en mi; ésa que me induce a creer a veces, en seres que ni siquiera conozco. Pero como decimos en derecho, las cosas como se hacen se deshacen y así paso.
Todo tiene su tiempo de duelo y éste, ya feneció. Ahora florecen las rosas con más intensidad y el azul del cielo se mira más azul, quizás sea porque el velo del desprecio su cabeza declinó.
Me duelen los desprecios, las despedidas sin retorno. Estas para mi han sido más dolorosas, pero menos funestas, pues en su momento he querido amarrar el tiempo y volver atrás. Volver atrás para detener la miel de la sabia flor y el púrpura rocío del amanecer. Pero no, termino por rendir mi espíritu agobiado a mi propio orgullo, a mi propio amor, ya que éste me levanta hasta la cima del verde violeta de la flor de jade, limpiando mis heridas, llenándome de vida.
Y una vez más, el aliento fluye borrando de la mente el acto de debilidad, el acto demencial.
Las 3 de la madrugada. Un golpe suave en el amplio ventanal, repetido una y dos veces más, volaba ondulando la precoz imaginación. Si no hubiese sido porque la luz nocturnal bañaba a plenitud la confortable alcoba, la aflicción me arrastraría bajo sus fauces.
El verde frondoso cubría de aromatizadas mieles aquel césped, y el canto de los grillos arropaba dulcemente éste corazón. Y ellas, en mágica ronda infantil, ondeaban el arco de tibios sabores que pululaban el mundo celeste de aquel lugar.
Eran pequeñas, inquietas y temerosas, de ojos saltones y vivarachos, cual diminuto azabache robado al aro prohibido de la madre luna. Gratificante a la vista verlas correr, bajo el último suspiro que hilarante entre los dedos vaporaba su bienestar.
Fuente iridiscente de cantos y colores tejiendo mil canciones de luces y de amores.
Proyectando sus auras de la sabia al suelo, del suelo al cielo, merodeaban dichosos y azulejos, verdes y complejos, tiñendo de sosiego la magna senectud.
No podía quedarse atrás, ella, la dulce tierra, que abrasada al blanco vaivén del aire, transformaba en azucenas el rojo clavel de mis pálidas mejillas.
Robando a Poseidón el piélago gracioso de sus finas plantas, arqueaba su cuerpo cual lucero en el agua. Sumergiendo y vaporando, vaporando y sumergiéndo. ¡ Mi precioso rubí, de pieles doradas y mirada de Cielo !!
Soles pasaron y yo con mis húmedasmejillas ysin sangre en las venas.El néctar prohibido me supo a hieles y el vino, aquel de mieles yazucenas,me supo a sangre, me supo a hielo.
Sin fuerza ni aroma, sin flores,ni agasajos.
Y fue pasando, lenta, pero lentamente fue pasando.Las esperanzas se tornaron muertas, y los dulces recuerdos decayeron mustios.
Sobre mis blancos pechos, sobre mis dulces palmas
Que ondeaban zigzagueando las hojas de mails vencidos, amarillentos y raídosPululando adioses, besos yversos de vivido aliento, de vivido fuego.
Y una vez te llamé escritor. Te lo dije, convencida del poder que manaba de tu mágica pluma.
Hoy, mil y pico de lunas después te digo lo mismo. Mi querido escritor, vence los miedos y levanta tu pluma, deja atrás la aridez de tu mente y perla de belleza ésa tu frente. No te detengas que de valientes ávido sueña el dulce presente.
Fueron días que guió la luz de mi mirada y la voz que escondidas tu alma admiraba. Ellos cimentaron de mieles la tinta de tus carruseles.
Y
De hojas blancas y traslúcidas, grises y amarillentas que en diminutos pedazos por el aíre navegaban, queriendo decorar de invisibles colores, el alma de aquella que sin conocer, amaba más que al dulce amanecer.
En hojas de hojarasca despabiló su cuerpo. No se le vió más.
Rozando sus plantas sobre la aspereza del campo verde, tecleo el broche que transportaria su ágil cuerpo y mirada indómita, al dorado vuelo que largas noches la esperaba con sus anhelos y ni un reproche.
Túnica en mano, pendiente en la frente. Bella como ninguna, hermosa como doncella. Tomó la ánfora de sus pensamientos y regó y regó sobre el pavimento, el dulce nectar de preciosas flores que proporcionaria tan afable aliento.
Pétalos dorados, blancos y acanelados; dulces aleluyas para los odíos, néctar de manjares para los placeres. Del alma, del espíritu. que danzarin e imperceptible a las miradas escapa noche y madrugada.
Debatir quisiera tan precioso ruego que del tercer cielo ha recogido. Más el alma quieta y cognoscible alerta sola e imperceptible que no es el momento, ni éste el alimento.