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PAULA I - CONVERSANDO CON DIOS II

Así se encontraba conversando con Dios. Lo infinito de la vida mezclaba su alma con el álgido sonido material de la existencia.  


Las horas deambulaban insípidas y la habitación amplia se hizo estrecha. La luz mortecina y oscura no llegaba y un frio intenso secaba el hálito de sangre que polvoreaba sus mejillas.  


 


No escuchó mis plegarias- musitaba  


 


Si el supiera la necesidad que tengo de oírle; nadie más puede ayudarme. Nadie puede secar ipso facto las lágrimas de mi alma, ni llenar de un taco las venas del corazón. 


Ahora, en ésta soledad que cercena mis sentidos, y que con cada transcurrir escucho sus agigantados pasos, no puedo quedarme. Tendré que huir. 


 


Sus grandes ojos y piel morena formaban juego perfecto con su broche y túnica, y sin meditarlo desdibujó su silueta al final de la ventana.  


 


La parte superior del firmamento delineaba su nombre, mientras sus pulmones acallaban su tranquilidad.   


- ¡Vaya ! - exclamó. La venganza en nada me aliviará, sin embargo he traspasado ya los umbrales de la muerte.    


 


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Autora: Luz Marina Méndez Carrillo.


 


 


 

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PAULA I - CONVERSANDO CON DIOS

 


 

 

A veces el sabor agrio del alma, marca de angustia mi corazón. Angustia y más angustia, es como recoger sutiles pétalos de amor que sin palmar mis dedos, vibran de sangre mi desamor.





...
Y ella, la hermosa doncella de carita de ángel y mirada de cielo, esperaba taciturna bajo el manto negro de la noche. Una lágrima doraba rodó por sus mejillas, y ella, titilaba mucho más bella.



Ahí, lejos del mundanal ruido comprendió, que existe un mundo sutil e imperceptible que delinea a pedazos la misteriosa vid de la vida y que actos humanos delicados trenzan cada destino beneficiando la sinrazón.



Jugaba con sus largas trenzas y aun así, la noche se hacia más intensa. Esferas luminosas la cubrieron y un sol en la senectud de la noche brilló con intensidad.



Un extraño pum, pum… agigantó su espíritu, y de su delicado aliento brotaron en cadena rosas diminutas y blancas azucenas.



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Autora : Luz Marina Méndez


 

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PAULA I- TU BELLEZA



Y así es, mi espíritu se regocija en su propio placer y mi alma silenciosa observa su complacencia.


El aire, denso, cada ve más denso, cubre los pulmones y un fino ambiente con olor a yerbabuena invade mi ser. Nada comparable a lo vivido, pues siente el cuerpo magna beatificación. Ni un asomo de impaciencia e inconformidad trastorna sus rostros; por el contrario, en ellos, refleja la vida su intenso poder.


El blanco, perenne evocación. Todos lo llevan, en sus cuerpos, en sus almas. Túnicas blancas, con broches dorados. Ellas, angelicales y bellas. Ellos, purpúreos y diamantinos.


Él, de un soplo extrae de mi esencia bellos recuerdos. Sin duda, mira a través de mis ojos y siente lo que yo. Si, su espejo soy.




En cada pétalo que dobla la vida, observo y palpo su belleza que incontrolable sacude mis venas, sacude mi sangre y sin musitarlo exhala mi corazón:


 




Tu belleza…

Cuerpo de sueños profundos

Y silentes

Dulce misterio de amor impasible


Tu belleza…

tierra de alivio

Hilo invisible de la muerte


No turbes mi calma

No inquietes mis ansias


Círculo inmóvil de suaves auroras

Fuente enrarecida de placer

Elixir de vida


 


Té conocí, y bajo el manto claro de la luna negra brillo ipso facto el firmamento. Un halo de incógnitas estrellas cubrió mis manos y el corazón, que soles no latía, recobró su aliento. Caminé soñando flores en mi boca, pétalos en mis manos y un sendero de aleluyas.




 


Te amaría más que ayer,

Te desearía más que hoy




Cándida espuma

Dulce sabor

Fuego del alma.


Y estas aquí, rompiendo

De un tajo mis cadenas

Y aquella melódica ola de caricias

Circundándome de nuevo.




Tu  belleza…

Oh si,

Tu BELLEZA…


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Autora: Luz Marina Méndez C. 


 

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PAULA I- LA HOJARASCA

 


 


 


A veces, en las noches, en lo inescrutable de mi propia existencia, siento el latir de mi espíritu; la voz inerme de mi alma.




A dos pasos de mi, cerquita del oído... unos labios misteriosos susurran amor, susurran dolor. Oleadas de aire con sabor a tierra mojada merodean en derredor. “ La tierra tiene sed “ , proclaman, y la hojarasca tiñe de verde éste corazón.




Abierta la bóveda, deslizo mis plantas por el socavón. Lejos, muy lejos de ahí, en las laderas de la silente biblioteca espero. Es tan bello, tan apacible, que en solo un instante envuelve en cielos mi cuerpo indefenso.




Lo miro llegar, sus grandes ojos negros, cabello desordenado y manos delicadas, le hacen más angelical. Flores de divinos colores y diminutas mariposas desordenan mi cabello y un tono rosa colorea mi rostro.




En la cima de la más alta montaña, me toma de la mano y en inefable sensación, sobrevolamos el desamor, el llanto, el dolor.




Y ahí está, blanco como un patriarca. Su cabellera traspasa su cintura, su túnica fucsia y el broche dorado se torna rojo como un rubí.




Sigue.



 


 


Auutora :  Luz Marina Méndez  C.

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PAULA - I

 


 




Y una noche, como aquella noche loca, en que las estrellas, hermoso collar de diademas y azucenas, bajaban dichosas del cielo a la tierra, la vi llorar; sus grandes ojos negros se tornaban tristes, y en su rostro irascible moría el sol.


 


Bonita estrella

de grandes ojos

Y alma bella


 


La resonancia de su voz transportaba amor y el pequeño instrumento suspiraba. Ella absorta lo contemplaba.


La voz se oía lejana, pero aun así, lastimaba su corazón. Nadie, a pesar del tumulto de gente que la rodeaba, podía ver ni entender su gran dolor.


Nicolás, rasgó con impaciencia su mutismo. A él no le importaría, Entró en su habitación con su conocido hermetismo y halló en el piso, el pétalo disecado de su más preciada rosa, la rosa de su corazón.


 


Sigue.

 


Autora : Luz Marina  Méndez C.


 

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MI PLUMA

 


 



 


 

Sentía por todo mí ser el descontento. Deseaba deleitarme; soñar, reír,  volar, morir en un instante. La luna,  lejos de mí; el aire,  esquivo y taciturno. Las hadas, oh si, las hadas no escuchaba, y el amor,     vuelta se daba.

 

 

Mucho tiempo pasó, mucho tiempo te tuve olvidada. La sonrisa me enseñó su  rostro adverso, y hoy,  aflora en mi, tu recuerdo.

 

Una vez más,  deleitas mi alma enamorada, cobra vida la gentil violeta y las hadas susurran   adoradas.

 

Entendí,  en éste transcurrir constante, que no me hace bien,   estar  quieta,  no me hace  bien,  estar yerta.

 

 

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MI DIARIO- MIEDO..

 


 


Un día golpeaste en mi ventana, y desde entonces, aciago dolor ancló mi corazón. Noches de somnolencias empañadas cubren mi cielo y catarsis eterno pléyade de mi alma es.


 


Mis ojos, mi boca, mi cabello, escondidos de ti yacen ya. No me ves, menos yo, más silenciosa y apacible sigo tus pasos. Me encanta tu letra, tu pensamiento, tu corazón, ese que adherido a tu ser explota en tu fina pluma cada vez que le das lugar.




Hermoso si, te imagino, y si no lo fueras, trascendencia no tendría, pues comulgan mis letras con las tuyas en igual identidad, quizás sea, delicado clamor, de almas que kilómetros separadas, ansían su cohesión.


 

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EL BRUJO DE LOS ESPEJOS XVI.

 




Frente al espejo dibujaba y desdibujaba su silueta agraciado de alegría y triunfo observando lamentos que ajados en medio de ajenjos y tristezas, caían en ramas sobre la alfombra muerta.




AL punto, sus puntos dolían más que su conciencia y en quejidos que nadie oía descarrilaban sus pensamientos.


Tres días, como los 33, y sus labios sofocados imploraban una gota del elixir sacro que da la vida. Su mente seguía en baile cruel de incesantes imágenes que doloridas clamaban, imploraban.




Piedad, vedaba para él ya que su corazón no conoció tal don.


Sus pulmones vencidos y sus venas cuarteadas, ansiaban detenerse, deseaban morirse.


La acidosis tubular de su riñones agónico lo llevaba.


El séptimo día, como la génesis de su misterio, veneno mortal de su cuerpo afloró y el lupus, para sí lo reclamó..


Sangre manaba silenciosa y evidente frente a los que le miraban, su lacerado cuerpo moría, cada minuto que transcurría


Gruesas gotas de sangre viva desfilaban espejo abajo, las mismas que el brujo de los espejos, en su camilla destilaba.

Ella, atónita miraba, como en ritual extraño la sangre plasmó en su espejo el caritativo vocablo PERDÓN y en ése instante, lejos de ahí, expiró profundo el brujo negro de los espejos.


 




FIN.


 


 


Autora Luz Marina Méndez  C.

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