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Los Hilvanes de Apple

--¡Dos días de error! --se lamentó el Sombrerero, y, dirigiéndose amargamente a la Liebre de Marzo, añadio--: ¡Ya te dije que la mantequilla no le sentaria bien a la maquinaria! --Era mantequilla de la mejor --replicó la Liebre muy compungida.


El alma de la ciudad

?Y digo yo ? intervino el mercader con rostro perplejo y gesto casi infantil- ¿Por qué nos manda Dios a este mundo, si sabe bien en su sabiduría eterna que aquí nos acechan el pecado y la desdicha? ¿A qué crearnos para la vida si hemos de morir? ¿Por qué permite que nos acose el tentador? ¿Por qué nos deja pecar? ¿Qué gana con nuestro mal? ?

Comparo habitualmente el estilo claro y conciso y libre de artificios de Sánchez Adalid con el de Galdós. Y no me da miedo esta comparación entre un escritor actual que aún tiene que rendirse ante los pies sin piedad de la posteridad y a la criba que la historia hará por su propia cuenta y riesgo, como tampoco por el abismo que puede haber entre cualquier escritor actual (y no actual) y el maestro Galdós.

Caracteriza a Adalid su estilo sencillo, tramas que dentro del todo revelan una compleja historia hilvanada poco a poco, como al final resulta ser la vida, un tejido de hilos cosidos con las agujas del tiempo; son vidas llenas de contradicciones, personajes vapuleados, caídos y levantados una y mil veces más y siempre aprendiendo lo que la vida nos oculta o nos depara; personajes llenos de fe que luchan contra los vicios y placeres y contra la tentación, contra sí mismos, contra el destino, destino que al final se revela como el final grato que todos deseamos.

Admiro la valentía de Sánchez Adalid por traernos la historia de Extremadura, por recuperar personajes que la historia los había tragado. Por arriesgar. Porque hablar de la historia, especialmente de la extremeña, es ser muy valiente máxime en días como los nuestros donde prima hablar de otras cosas. ?Sí, pero hay quienes emplean los dineros en asuntos livianos y se le escapan las ganancias como mercurio entre los dedos. Sin embargo, otros libro a libro, gota a gota, consiguen llenar la ánfora amable de sabiduría y después dedican la vida a beberla sorbo a sorbo. Pues una biblioteca, como el buen vino, debe ir ganando con el tiempo?.

¿Cuántos españoles saben que el mantel de la última cena se encuentra en la catedral de Coria? ¿Cuántos extremos los saben? Yo no lo sabía. Y asombrada me hallo. ¿Cómo es posible que se guarde tal reliquia y pase desapercibida? ¿Por qué la sábana santa sí se le rinde pleitesía y se ha explotado su existencia convirtiendo Turín en centro de peregrinación?

NOTA: Cuando presto un libro de Sánchez Adálid recuerdo aquello de Jardiel Poncela que escribía en Amor se escribe sin hache, ¿por qué será que nadie me los devuelve? --------?Lector, lectora, algunos autores te ruegan que no prestes sus libros a nadie, porque, prestándolos, pones a tus amigos en condiciones de que no necesiten comprarlos, con lo cual el escritor sale perjudicado en sus intereses. Yo, que tengo los mismos intereses que los demás autores, te ruego todo lo contrario, esto es: que prestes en cuanto lo leas el presente libro. Como la persona a quien se lo dejes no te lo devolverá, tú te apresurarás a comprar otro ejemplar inmediatamente. También ese segundo ejemplar debes prestarlo y adquirir un tercero y prestarlo; y adquirir otro más y prestarlo también...?

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"Un obrero de las palabras"

? Quizá deberían todas las personas tener en determinado momento de su vida una necesidad tan acuciante de rememorarla como ésta que tengo yo ahora, para que la vida no fuera pareciendo, momento a momento, una muerte?. Estas palabras que me hubieran gustado decirlas alguna vez, aunque siempre las pienso, son de Fernando Fernández Gómez.

En el arte, a veces parece que no se puede ser bueno en muchas cosas, porque solo te reconocen una.

Pues Fernando F. Gómez, aunque tarde, se le reconoció como un verdadero escritor, cuando en el 2000, ocupó el sillón B de la Real Academia Española.

NO voy ha hacer un repaso de su vida y obra, donde englobo no solo el teatro, sus novelas, sus artículos, sus guiones... porque de eso ya se encargará hoy la prensa quienes podrán investigar en las hemerotecas y rescatar del antes de que caiga en el olvido, la gran figura de Fernando Fernán-Gómez.

Pero, la gran persona que fue, alguien lo dirá?

Fue Enrique Jardiel Poncela quien se fijó en Fernán-Gómez, quien entonces empezaba en el teatro. Intuyó el don de la interpretación en un jovencísimo pelirrojo Fernando que entonces aprendía el oficio de la ilusión, de la risa y del llanto.

Jardiel Poncela le dio los primeros papeles y, Fernando, siempre estuvo agradecido.

Fernando, en contra de tantos otros que abandonaron en el lecho de muerte a un Enrique olvidado y despreciado; acompañado al escritor hasta el último momento sin miedo a posibles represalias y, sobretodo, ayudando a una familia en un momento difícil.

Y es en estos casos donde descubrimos, no solo al artista, sino también al hombre.

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Rescanto un antiguo post. Dedicado a EntreLibros y Literaturitis Crónica.

UN PASEO EN AUTOMOVIL.
"Existen ciertas nociones vinculadas con fenómenos de nuestro entorno que tal como se viven y se interpretan en la primera infancia así quedan acuñadas para siempre en nuestra experiencia posterior.

Yo pertenezco a una generación en que el automóvil era fundamentalmente considerado como un lujo, como algo cuya irrupción ante nuestros ojos, sin ser ya exótica, no dejaba sin embargo de estar teñida de cierto cariz de excepcionalidad. La mayoría de las personas que durante los años se mi infancia y primera juventud tenían coche se daba por supuesto que tenían asimismo el dinero suficiente para poder pagar un chófer que lo condujera. Empezó a apuntar progresivamente también, entre jóvenes de buena familia, el conato de aprender a conducir sus propios automóviles. Pero esto suponía un signo más de status privilegiado; es decir, no dejaba de estar relacionado aquel naciente afán con el mundo de la excepción. Sería para mí muy difícil delimitar el momento en que empecé a entender el fenómeno de los coches como una necesidad de tipo utilitario y a aceptarlo como tal. Difícil sobre todo porque, si he de ser completamente sincera, creo no haberlo aceptado todavía. Quiero decir que me doy perfecta cuenta de las ventajas que puede suponer en la sociedad actual tener un coche propio y saber conducirlo, pero se trata de una noción en cierta manera abstracta y en conflicto con aquellas inicial vivencia de que he hablado al principio y que pervive arraigada en lo más hondo de mi ser. Jamás se me ha ocurrido comprar un coche ni aprender a conducir y sigo considerando como un placer inesperado que alguien me lleve a dar ?un paseo en automóvil?. De esta manera, mi actitud resulta hoy a los ojos de los demás tan anacrónica como en aquellos tiempos resultaba que alguien, sin ser conductor de oficio, exhibiera un carné de conducir.

En relación con este somero intento de justificar mi rechazo hacia el coche, considerado por la sociedad de consumo como un aditamento obligatorio del ser humano, se me ocurre hacer una reflexión que no deja de producirme a mí misma cierta perplejidad y que se refiere al tren.

Es, en efecto, muy curioso que los viajes en tren hayan ido perdiendo, en proporción inversa, aquella connotación de algo consabido e indiscutible, ya que se trataba de la forma de desplazamiento más obvia para la mayoría, por ser también la más barata. ¿Qué familia no ha sacado el famoso ?kilométrico?? Hoy, en cambio, conocer al dedillo las posibilidades, horarios, trayectos y transbordos que la red ferroviaria nos ofrece es para muchos una total rareza.

Emprender un viaje en tren suele resultar un expediente con el que a la gente no se le ocurre contar sino en casos de emergencia.

Recuerdo que cuando mi hija tenía trece años veraneé con ella en una playa ya cercana al Puerto de Santa María, y pude comprobar con enorme extrañeza que muchos de los amigos de su pandilla no había montado nunca en tren. Las excursiones ferroviarias que yo empecé a programar para aquel grupo de niños y niñas despertaron en ellos una jubilosa sorpresa, una sensación de aventura, acostumbrados como estaban a desplazarse- incluso para los trayectos más cortos- aglomerados en el estrecho y tedioso recinto de un coche que ni espoleaba su imaginación ni tan siquiera les incitaba a mirar el paisaje por la ventanilla. Pensé entonces que les estaba ayudando a descubrir una emoción parecida a la que yo experimentaba a su edad, y sigo experimentando, cuando alguien me lleva a dar un paseo en automóvil. Una emoción vinculada con lo excepcional."

Tirando del Hilo
Carmen Marín Gaite
14 de enero de 1984

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Feliz cumpleaños Enrique !!!

Querido Enrique:


Hoy es tu 106 cumpleaños. Tú que decías en tu retrato que morirías joven!!! Físicamente se cumplió. Si quieres tener un cadáver bonito, muere joven. O para tener un rostro pálido desayuna rápido.

No sé porqué todos conocemos el Retrato de Antonio Machado y el de su hermano Manuel, pero pocos conocen el tuyo, tan vital, tan original, tan lleno de ironía y ese humor sarcástico, sutil, fino que te caracteriza.

Retrato al pastel (de hojaldre)
Nací armando el jaleo propio de esas escenas;
me bautizó la Iglesia con arreglo a sus ritos,
y Aragón y Castilla circulan por mis venas
convertidos en rojo caldo de eritrocitos.
¿Cuál de las dos regiones pesa en mi corazón?
Es difícil hallar la clave del misterio...
Tal vez pesa Castilla cuando me pongo serio,
y cuando estoy alegre, tal vez pesa Aragón.
A semejanza de otras diversas criaturas,
me eduqué en el temor del Dios de las Alturas;
pero perdí el temor ?o la fe? que es lo mismo,
cuando, en años después, practiqué el alpinismo.
Escribo, porque nunca he encontrado un remedio
mejor que el escribir para ahuyentar el tedio,
y en las agudas crisis que jalonan mi vida
siempre empleé la pluma como un insecticida.
Fuera de las cuartillas, no sé de otro nirvana.
No me importa la gloria, esa vil cortesana
que besa igual a todos: Lindbergh, Charlot, Beethoven...
Y no he ahorrado nunca, pensando en el mañana,
porque estoy persuadido de que he de morir joven.
Morir a los 50 años es morir joven, sobretodo hoy día. Quizás no lo fuera tanto en 1952. Hay quien cree que te dejaste morir, que te pudieron los ataques y las críticas que en los últimos años sufriste, lo cual, obviamente, te llevo a la pobreza. Tu muerte prematura la comparo con la de Lorca (las circunstancias no fueron las mismas), pero si hubierais o hubieseis vivido hasta los 83 años, ¿hasta donde habrían llegado vuestras obras tan prolíficas y llenas de infinita sabiduría, inteligencia? Nunca lo sabremos.

Combatir las tristezas de la vida con insecticida. Es buen consejo. Solo los inteligentes combaten así las crisis monetarias, existenciales, religiosas y resto de devaneos mundanales que nos invaden a los mortales.

Querido Enrique, tampoco soy capaz de pasar por estas cuartillas sin hacer una comparación entre los escritores de mediados de siglo y los escritores actuales. Me explico. Antes el escritor se hacía a sí mismo; la miseria y la soledad, eran circunstancias que afinaban las dotes para la literatura. Os dedicabais en cuerpo y alma al cultivo de la pluma, o del pincel en el caso de los pintores o de la partitura en el caso de los músicos, y vuestro genio era ilimitado y magistral. Sin embargo, en estos días de oropeles y destellos luminosos, que hacen una vida más sencilla y menos lleno de penurias (tenemos nuestras penas y problemas, pero son otros y no vienen al caso) Será necesario una vida extrema para ser genio?.

Tu muerte en la pobreza como tu retrato auguraba y la vida de excesiva abundancia de determinados ?escritores? me llena de indignación contra esta economía de libertad de mercado, globalizadora y destructora.


Eras Trabajador infatigable o adicto al trabajo? ?En el trabajo soy constante, igual que «Macías, el enamorado». Rara vez se pone el sol sin que haya escrito algo. Escribo al mediodía, y a veces, también por la tarde, y a veces, también por la noche?. Y con la chispa de bohemia-rareza que a todos los genios abrillanta por igual trabajabas ? (...) siempre en los cafés, pues para trabajar, necesito ruido a mi alrededor, y en ese ruido me aíslo como el pez en la pecera?. De esta rara forma de escribir destaco la anécdota del sobrenombre que pusieron al restaurante de los estudios de Hollywood, donde acudías a escribir por falta de cafés al estilo español: Poncella´s Office.

Quiero imaginarte sentado en aquella mesa siempre al fondo, como aquellas que utilizó Cela en La Colmena, de mármol con sus patas de forja, toda ella llena de panfletos, lápices, cuadernos, ...., y el café con leche ?me siento capaz de ingerir hasta nueve cafés diarios sin que mi sueño se vea turbado por otra cosa que no sea la llegada del correo de las doce. Duermo con la tranquilidad de los justos y de las marmotas, y el sueño me produce dos efectos curiosos: me pone de mal humor y me ondula el pelo? (Retrato físico. Amor se escribe sin hache.) ?Llego a un café soleado y tranquilo. Extiendo las cuartillas. Me sirven el café. Tomo un sorbo. Está estupendo. Sabe a Sidol, pero está estupendo. Enciendo un cigarro.¡Ah! Fumar ... ¡qué delicia!. Debo tener los pulmones hechos un cisco, pero ¡qué delicia! ¡Ea! Al trabajo. ¡Venga, a ver ... la estilográfica! ... Y las cuartillas se van llenando, con el optimismo supremo de la tinta azul sobre el papel blanco y satinado. ¿ No hay razones para ser feliz?? (El humorismo. Amor se escribe sin hache).

Por cierto, tú que ibas siempre con un bote de pegamento para tus correcciones, te habría gustado el invento de los postit, ya los hay de mil colores y tamaños, ahora tus folios estarían llenos de notitas sin necesidad de pegar tiras de papel.

Claro, tanto café, es normal que al final de Amor se escribe sin hache, hagas una relación de todos los cafés consumidos durante los 96 días que te llevó su escritura: 112 cafés, que al precio medio de 80 céntimos, hacen un total de 90 pesetas con 60 céntimos. A lo que hay que añadir el 20 por 100 de propinaje, dando un resultado de: 99 pesetas; ?lo que prueba que la literatura no es un deporte caro?. ¡Olvidaste darnos el precio del medio litro de la tinta empleada!!!!!

Siento nostalgia por la ya extinguida cultura de los cafés. Observo a la gente y las mesas llenas de personas solitarias, nadie conoce a nadie, nadie sabe de las costumbres de los demás, de sus gustos, de su inquietudes.

?Amor, la mejor pasta para limpiar cristales?.
Hay personas que no tienen suerte en el amor, como otras no lo tienen en el juego. Eras misógino o fue un desengaño amoroso de esos que decías no podías tener ya que necesitabas entero el corazón para la circulación de la sangre?

?Era efectivamente una mujer espléndida. Alta, aguda, rotunda, vibrante (la personificación de un pasodoble). Vestía aquella noche un traje blanco con rayas grises transversales, y su delgada esbeltez hacía que, vista de lejos, pareciese una corbata. Sus piernas tenían la delicada y suculenta forma que provoca, a la vista de algunas piernas, el deseo de chuparlas después de haberlas mojado en chocolate «Suchard». Había en su piel reminiscencias de la seda croata, y los labios se le rasgaban al reír en un esguince que ponía enfermo al espectador. En cuanto a su pelo, rizado y negro hasta la furia con algo de endrino y caduco, estaba irisado por una incandescencia que no era más que electricidad perenne?.
Yo no creo ninguna de estas teorías. Me aferro a que eras adicto a la soledad. Como tantos otros genios. Me gusta tanto la dedicatoria en amor se escribe sin hache, que te descubre como un Enrique enamorado, tierno y melancólico:
?A la maravillosa y exquisita «Nez-en-l?air», cuyo perfume predilecto he comprado muchas veces para poder recordar en la ausencia sus ojos melancólicos.
En recompensa a cuanto la hice sufrir; como recuerdo a aquellos días felices en que vimos amanecer juntos, y para que al leer este libro en alguna ciudad remota vea que no he olvidado mi promesa?.


"Hay dos sistemas de conseguir la felicidad: uno, hacerse el idiota, el otro, serlo". "Hay dos sistemas de conseguir la felicidad: uno, hacerse el idiota, el otro, serlo".
Descubrí tus libros a través de Eloisa está debajo de un almendro, obra de teatro donde criticas a determinada sociedad y sus formas de vida de un Madrid que rechazas, crítica perfectamente camuflada entre el sarcasmo, la ironía y el humor, fino y sutil que hilas, Madrid que no era el que tanto amabas y que en 1937 describías desde Buenos Aires como ?la ciudad que tira de uno?.
Eloisa está debajo de un almendro:
?Irse a San Sebastián esta noche, justamente esta noche, que toca ladrones?
?La de los perros tiene una cabeza que es un carrousel?

? Y tu padre, que hace veintiún años, el día doce de enero de mil novecientos diecinueve, a las cinco y tres cuartos de la tarde ....? que memoria la de esta mujer, ni el reloj de la Puerta del Sol afina tanto.

Angelina o el honor de un brigadier:

DON JUSTO: ¡Por aquí!
DON ELÍAS: ¿Usted cree?
DON JUSTO: SÍ. Del recinto en derredor, le digo que por aquí es por donde está mejor.
DON ELÍAS: Entonces, ¿subimos?
DON JUSTO: ¡Claro! Apoye aquí abajo el pie y suba en mí ... ¡Súbase!.. ¡Píseme usted sin reparo!
DON ELÍAS: ¿No le hago daño?
DON JUSTO: NO, nada.
(por encima de la tapia asoma DON ELÍAS, congestionado por el esfuerzo)
DON ELÍAS: ¡Ya estoy arriba, y me asombra! ..
DON JUSTO: Caramba, qué mala sombra, que esté la puerta cerrada.
DON ELÍAS: vaya que sí!
DON LUSTO (Ligeramente abochornado de lo que está ocurriendo) En realidad, entrar en un cementerio por la tapia es poco serio, Don Elías.
DON ELÍAS: Es verdad.
DON JUSTO: ¿por qué han cerrado el portón?
DON ELÍAS: Por aquí, de madrugada, no viene nadie a hacer nada.
DON JUSTO: En eso lleva razón.
DON ELÍAS: Sí que ha sido una ocurrencia.
DON JUSTO: Nunca me vi en estos trances, y eso que yo, en mi existencia, he asistido a bien de lances...
DON ELÍAS: Nada, Don Justo, paciencia!
(...)
RODOLFO: Hablando del ruin de Roma ... ¡Señores, aquí estoy yo!

TODOS SE ASOMBRAN DE VERLE DENTRO DEL CEMENTERIO SIN HABER TENIDO QUE SALTAR LA TAPIA.
DON JUSTO: Pero, ¿por dónde has pasado?
RODOLFO: Por la puerta.
DON MARCIAL: Nosotros no hemos hallado, al venir, la puerta abierta.
RODOLFO: Pero ¿la puerta del centro?
DON JUSTO: Sí,
RODOLFO: Lo que les ha pasado, sin duda, es que han empujado, queriendo abrirla, hacia dentro y, al no hacerlo, han renunciado, sin reflexionar siquiera en que se abre para fuera, que ha sido como yo he entrado.
DON MARCIAL, DON JUSTO Y DON ELÍAS SE QUDAN MUY FASTIDIADOS DE LA EXPLICACIÓN.

(...) (la escena siguiente corresponde a un duelo de armas)
DON JUSTO: ¡Señores! ¡Hay que apuntar!! ¡ Se me han llevado un pedazo de chistera de un balazo!
RODOLFO: ¡Caray! Pues tiran a dar ...
DON JUSTO: ¡Juro que en mi vida he visto disparar de esta manera! ¡¡Si en vez de llevar chistera llevo boina, ya no existo!!
RODOLFO: ¿A ver? ... Tenía siete reflejos y ya sólo tiene seis...

Un marido de ida y vuelta:

GRACIA: Hay algunos hombres que al morir tienen que ir al Cielo y Pepe es uno de ellos.
LETICIA: ¡Dios Mío! Entonces, ¿me lo voy a encontrar también allá?
GRACIA: No. Porqué tú no irás allá.
LETICIA: Ah! Él, sí y yo, no! Y Pepe, ¿Por qué ha de ir? ... ¿Por sus virtudes?
GRACIA: No. Por tus defectos.
:::
LETICIA.: Amelia, ¿a ti te parece que tengo muchos defectos?
AMELIA. A mí me parece que no. Pero de mi opinión no se fíe la señora, porque yo cobro un sueldo en la casa.


PEPE: que no entre el médico, que quiero morirme de muerte natural.


ELÍAS: Me ha advertido que quiere saber si es seguro que va a ir, porque ha pedido un vaso de leche, y si es seguro que va a ir el espectro del señor, dice que se lanzaría a pedir un bollo.


Pero ... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?

El protagonista.- Pero ... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?
El Lector.- Hombre ... ¿Y por qué no? Pudo haber once mil vírgenes de la misma manera que hubo doce apóstoles, y diez mandamientos, y siete plagas, y cuatro evangelistas...
El protagonista.- Pchsss... NO es lo mismo. El mundo se repite de un modo inexorable. Fíjese uste en que apóstoles ha seguido habiendo, por ejemplo, Carlos Marx, Tolstoi, Giner de los Ríos. Evangelistas todavía nace: Lenin y Gandhi, sin ir más lejos... Mandamientos se pronuncian a diario: ahí están las leyes de circulación de automóviles, continuamente renovadas... y plagas, aún disfrutamos: los libros sobre Rusia, el cante flamenco. Pero ... ¿vírgenes? Vírgenes ni una sola, amigo mío....
El lector.- (rebuscando entre sus amistades) .. Una virgen... Una virgen ...Una virgen
El protagonista.- Y usted convendrá conmigo en que alguna virgen quedaría si hubiera habido alguna vez once mil ...

Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull:

Donan Coile nos hizo creer a todos que Sherlock Holmes murió cuando cayó desde en las cataratas del Niágara. Circunstancias que todos creíamos hasta que en 1925 fuiste a Londres a que te plancharan un sobrero flexible y como el sombrerero tenía encargo de la Cámara de los Lores de reformar veintidós chisteras de seis reflejos, lo que hacían un total de ciento treinta y dos reflejos refomables y como en aquel momento no sabías de Londres sino que el Támesis lo atraviesa, te fuiste a dar un paseo por las ciudad. Ya en Hyde Park, elegiste un banco orientado al mediodía que tenía un único ocupante, y tras pasar cinco minutos y dos aeroplanos, el único ocupante preguntó ?Caballero, ¿no me conoce? El único ocupante resultó ser Sherlock Holmes.
?-Fue un falso rumor- me explicó lacónico- Caí, en efecto, en las cataratas del Niágara, pero no me ahogué; no me hice más que mojarme.
-¿Y cómo salió usted del agua?
-Chorreando. Ya se lo puede usted figurar.
-Pero ¿luego?
-luego me sequé.
-Excelente idea.
- Y como, además, me encontraba ya agotadísimo y había en el mundo varios individuos decididos a impedir que yo siguiera respirando oxigeno, resolví conformarme con parecer muerto, como se me creía, y he vivido varios años retirado en una aldea de Sudamérica. La vida del campo y el acento argentino me han devuelto nuevamente energías; mis enemigos más rencorosos yacen ya bajo tierra, con una lápida en la que se lee la inscripción clásica de ?R.I.P. Se venden fosfatos? , y, en suma, me encuentro dispuesto otra vez a frontar los azares de mi gloriosa profesión.? Y tras solicitar Holmes al autor su colaboración como ayudante para resolver un caso, se dirigieron rumbo al castillo de Hull, propiedad de Lord Carddigan quien ?tiene tres hijos: Silvia, Leticia y John. La primera cuenta treinta años menos que su padre, la segunda, doble edad que su hermano pequeño, y éste, es decir, John, la cuarta parte de años que Silvia.
- Entonces ? dijo Holmes- lord Carddigan acaba de cumplir los setenta años.
- Justamente, en marzo.
- Y John tiene diez añso; Leticia veinte y Silvia, cuarenta...
- Eso es- aprobó Molkestone, aterrado de la velocidad mental para el cálculo que denotaba Sherlock Moles- . ¿ Cómo lo ha deducido tan pronto?
- Era fácil. Bastaba multiplicar tres, que son los hijos, por el logaritmo de pi, que son tres catorce dieciséis, dividiendo el resultado por el número de años que hace que lady Carddigan murió de parto. Sumando la edad de la muerta al total y deducido el tiempo que lord Carrdigan se dedicó a la política, he obtenido la edad de John. Para saber la edad de Leticia he doblado la del hermano; y para saber la de Silvia, he restado la suma de los años que tienen Leticia y John de la ffecha en que se casó lord Carddigan, que, si no recuerdo mal, fue el 13 de julio de 1885. como ve usted, el cálculo no era demasiado complicado. Tenga usted en cuenta que yo, una vez por distraerme, calculé la edad de los cien mil hijos de San Luis y solo me equivoqué tres meses en el más pequeño...?


Pero quien quiera saber quién era el asesino, dónde estaba Eloisa, porque amor ser escribe sin hache, si alguna vez hubo once mil vírgenes, qué ocurrió con el honor del brigadier, porqué un marido puede ser de ida y vuelta.... solo puedo remitiros a las ínclitas páginas de Jardiel Poncela porque son las 14:30 del meridiano de Greenwich, más Greenwich que nunca y la sopa se enfría....


Feliz cumpleaños Enrique, donde quiera que estés!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Post-scriptum: en el bar de la esquina, Juanjo y yo te esperamos para tomar un café a eso de las cinco de la tarde.





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La estrella matinal. Miró

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Llueve en silencio. Pessoa

El otoño es la estación que la naturaleza le dedicó a Fernando Pessoa. No hay mes de octubre sin lluvias, sin hojas caidas de árboles, ni tristeza en el silencio a las cinco de la tarde a finales de septiembre. Siempre LLUEVE EN SILENCIO. Siempre rescato a Pessoa en Otoño. También en Invierno.

Llueve en silencio, que esta lluvia es muda
y no hace ruido sino con sosiego.
El cielo duerme. Cuando el alma es viuda
de algo que ignora, el sentimiento es ciego.
Llueve. De mí (de este que soy) reniego...

Tan dulce es esta lluvia de escuchar
(no parece de nubes) que parece
que no es lluvia, mas sólo un susurrar
que a sí mismo se olvida cuando crece.
Llueve. Nada apetece...

No pasa el viento, cielo no hay que sienta.
Llueve lejana e indistintamente,
como una cosa cierta que nos mienta,
como un deseo grande que nos miente.
Llueve. Nada en mí siente...

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Recogiendo el bi-testigo. Y una nueva lista.

(Gracias chicas)

Siempre que hago una lista, no sé porqué, nunca es la misma. Esta que ahora hago, no lleva orden ni concierto. Y el número 10, desde una fecha a esta parte, lo dejo vacío, porque el libro de mi vida creo que está aún por llegar. NO sé, igual va a ser el Cuarteto, verdad Uberri? Por cierto, estoy disfrutando horrores con nuestra lectua compartida. Películas? PUes no soy muy cinéfila, con lo cual, mi lista no podré siquiera terminarla.


1.- El árbol de la ciencia.

2.- San Martín Bueno Martir.

3.- Juliano, el apóstata.

4.- Marianela.

5.- El amor en los tiempos del cólera.

6.- Crimen y castigo.

7.- La Regenta.

8.- El barón rampante.

9.- Campos de Castilla.

10.- Este libro está aún por llegar.


Películas:

1.- Desayuno con diamantes.

2.- Con la muerte en los talones.

3.- Como robar un millón de...

4.- Vértigo.

5.- Psicosis.

6.- Casablanca.

7.- Cuando llegue septiembre.


Y con vuestro permiso añado: la Pantera rosa y el Inspector. (No he podido evitarlo).

Un comienzo: "Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados" El amor en los tiempos del cólera.

Una frase: "Venceréis, pero no convenceréis". Unamuno.

Un día: Uno cualquiera de la primera parte de Rayuela, la parte que pertenece a París.

UN olor: el que se desprende de la Córdoba que dibuja Sánchez Adalid en el Mozárabe.

Un lugar: Las calles de Nueva York al amanecer en Desayuno con diamantes.

Un momento: la fotografía de la generación del ´27 en su reunión para reivindicar la figura de Góngora.

Un café: con Martín Gaite en el parque del Retiro.

Como no sé quien falta por hacer su lista, paso el testigo a HIpatía y Ceci para esta nueva lista.

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Recordando lecturas

"Lo malo es que al lado había un bisturé. Al segundo apretujón se lo clavé. De abajo arriba: según los cánones."

Crímenes ejemplares
Max Aub

"-Y cómo no fueste monja?
-No me gusta que me manden.
-Es que en el convento en que entrases serías la abadesa, la superiora."

La tía Tula.
Miguel de Unamuno.



"Y ella acabará siendo mía, con una pasión planetaria"

Diario del seductor
Sören Kierkegaard

"... los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres"

El jardín de los senderos que se bifurcan
Borges


"... la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río [...] convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas"

Rayuela
Cortazar

"En la primavera de 1925 había ido a Londres a que me plancharan un sombrero flexible"
"Al entrar en el piso del maestro, hallé a éste conversando con un caballero de sesenta años, dos meses y un día. Pero yo no estaba para fijarme en detalles."

Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull
Jardiel Poncela

"La batalla comenzó puntualmente a las diez de la mañana" "Vistos dos turcos era como haberlos visto a todos"

El Vizconde demediado
Italo Calvino

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