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Artemis


Y VAN PASANDO...


Y van pasando los años,

y la vida al fin no puede ser

el tributo a la tristeza

de un recuerdo indiferente

que se mece en el olvido.

Y van pasando largos

lentos

… resignados.

 

Y van muriendo las estrellas.

Amanece en blanco y negro

y a mi alma no le importa,

pues descubre

que en la parte más oscura

de la luz

se esconde un beso.

Y a mis ojos no les hiere

el vacío de las noches infinitas

que te nombran en mis versos,

si en el roto del suspiro

se destapa esa caricia

que guardaste

en un pliegue de mi sombra,

al calor de tu deseo.

 

Ya se duermen las orquídeas

allí,

justo al borde de mi cuerpo,

donde el suave temblor de tus palabras

pone música a las horas

ahuyentando pesadillas

con el roce de los dedos.

 

Y van pasando los años

y la vida al fin no puede ser

más que un tiempo

que pretendo compartido.

Ya no duele la nostalgia

ni los años, ni la vida,

ni el silencio

... si es contigo.

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A la luz de la luna


Tantas veces les había visto morir al poco de nacer...

Cada uno de ellos alcanzó su hora con resignación, sin esperanza pero sin una sola queja. Y yo, a pesar de haberlos despedido uno detrás de otro, no consigo acostumbrarme a ver como su vida se escurre entre mis dedos, sin que pueda hacer nada por retenerlos o prolongar su existencia.

De casi todos guardo algo, incluso los más crueles me han dedicado una sonrisa amable en algún momento antes de partir. Pero son los otros, los más dulces, los que a pesar de haberse ido volando han dejado huellas imborrables en mi corazón.

Y este de hoy me duele un poco más. Agoniza vestido de gala adentrándose en el mar entre ocres y naranjas sin dudar un solo instante. Apenas le quedan unos minutos y se desvanece ante mí altivo y soberbio, con la arrogancia del que se sabe especial.

Y lo es; es el último de un año.

Y a pesar de la certeza de que no volveré a acariciar su perfil tengo que dejarlo marchar.

No encuentro las palabras adecuadas así que me despido de él en silencio. Me deja recuerdos de emociones muy intensas, de logros y sueños cumplidos, y, lo más importante, me deja la promesa de que el que está a punto de nacer es igual de especial que él, puesto que es el primero de otro año lleno de expectativas y de sueños por cumplir.

Me quedan 364 muertes por delante para volver a pedir un deseo, pero esta noche había pedido la luna... y alguien la encendió para mí.

Gracias por esta y por tantas noches de luna llena.

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UN ANGEL

   


Hoy me encuentro cansada. Intento escuchar con atención pero me cuesta trabajo así que dejo que mi cabeza se apoye levemente en el brazo de este hombre que recita a mi lado; las palabras se le rompen un instante en la garganta y me mira con ternura.

Qué bonita voz… no puedo evitar preguntarle si tiene hijos. 

Porque si los tiene – le digo – no debería usted pasar una sola noche sin leerles un cuento antes de dormir. 

Yo solía leer cuentos a los ángeles; no consigo recordar cómo es un ángel pero recuerdo perfectamente el olor de su sonrisa, el sonido de sus manos, el sabor dulce de su voz, la suavidad de su mirada… Recuerdo sus besos en mi risa, y aquellos deditos inquietos toqueteando en mi boca las palabras antes de engullírselas feliz entre carcajadas.

Pero no consigo recordar cómo es un ángel. 

Y este hombre sigue leyendo versos para mí; poemas de amor que son como caricias en el alma y yo creo que él sabe cuánto me gustan. Qué raro... Alguno me suena, posiblemente alguna vez antes los leí pero no lo recuerdo. No sé donde tengo la cabeza últimamente.

La cadencia de su voz tiene algo que me relaja. Es amable y guapo, muy guapo, seguro que también tiene ángeles. 

 No se olvide de besarlos cada noche, de tocar su piel para retener y recordar ese contacto cuando ya no pueda recordar su cara – insisto – los ángeles tienen un color especial. 

Yo solía acariciar las espaldas de mis ángeles; no consigo recordar cómo es un ángel pero recuerdo sus lágrimas mojando mi cuello después de una caída; recuerdo su sonrisa orgullosa tras cada reto superado; los ángeles ríen si son felices y también lloran cuando sufren. A veces incluso se enfadan porque tienen su corazón, pequeño corazón de ángel, y las cosas les duelen igual que a nosotros. Pero no consigo recordar cómo es un ángel. 

Quizá se esconda detrás de esa nube blanca que se ve a través de la ventana. Quizá si miro fijamente lo vea, pero no estoy segura de poder reconocerlo; hoy no consigo recordar como es un ángel. 

El extraño me mira con cara de preocupación y le sonrío. Le pregunto su nombre. 

 Diego mamá, soy Diego... tienes que descansar. Mañana volveré a la misma hora. 

¿Quién será mamá? no importa. El hombre me besa con cariño y se marcha no sin antes dejarme una foto en las manos, la misma que antes él sostenía mientras leía para mí. En ella una mujer joven abraza algo que quizá sea un ángel, sí desde luego tiene que ser un ángel.

Yo tenía un ángel, solía llamarle Diego y aunque hoy no recuerdo como era sí recuerdo cuánto le quería.

A los ángeles no se puede no quererlos.

 

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ESTA NOCHE

 


Si soñaras esta noche

con mis manos

las verías perfilando tu recuerdo

a mano alzada

dibujando la mejor de tus sonrisas

entre labios, que no encuentran

lo que buscan,

en los besos que se duermen

esperándote en la almohada.

 

Y con ellas te recorro, como siempre

muy despacio

desnudando de prejuicios

la impaciencia contenida de mis ganas,

avivando en el trazado de mi aliento

la inquietud de tu deseo renovado.

Te camino como siempre,

sutilmente,

tan despacio...

 

Y el silencio nos observa

desde el vértice del alma

donde antaño arrinconaba los naufragios.

Y el calor de mis pupilas

se derrite en tu mirada.

Y mi sangre,

que hoy no es muda,

late al ritmo del vibratto de un te quiero

en las yemas de los dedos

que se aferran a tu espalda.

Y mi carne,

que te nombra y tiene prisa,

te reclama.

 

Es preciso que te encuentre;

esta noche

                 ... quiero amarte.

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SUCEDE...


Sucede que esta noche

no quisiera que mis manos

añorasen un refugio

entre tus dedos.

Sucede que las alas

que se baten incapaces

en el aire

pierden fuerza en el vacío

del silencio.

Sucede que me aterra

que nos quede un solo sueño

olvidado en el tintero;

…no quisiera cualquier día

escribir un verso triste

en su recuerdo.

Sucede que las horas

van prendidas a un reloj

que se ha parado

en el momento en que mi boca

ya no puede despedirse

de tu beso.

Sucede que la magia

ha impregnado mis caricias

de misterio,

las palabras cobran vida,

y en un rastro de ternura

dibujado con saliva

voy tallando los lunares

de mi espalda hasta tu pecho.

Sucede que amanezco

deseando luna nueva

cielo raso, noche oscura,

que respires de mi sed,

que desates el cordón de mi impaciencia

y que plantes otra estrella

en mi universo

Sucédeme.

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RESBALANDO

 


Desciendo suave, resbalando

por la línea de tu voz;

me disperso en las palabras

que susurras en mi oído

me despeino en las que calla

tu mirada;

se desangran los motivos

en mis labios

y en la herida más profunda

que alcanzaste con tu beso

cicatriza lentamente la nostalgia.

Y esa costra de ternura

nos envuelve,

nos abriga,

nos protege cada noche

del sonido de las balas.

 

Desciendo suave, resbalando

por las yemas de tus dedos;

me desarmo en cada roce

doblegada a la intención

que anticipa la estrategia

del deseo.

Y la arista más pulida de mi carne

nunca supo de otras manos

que hábilmente cincelaran

este mapa tan preciso

de mi cuerpo.

Y en la esquina más tenaz

de mis temores

de tus miedos

en jardines de caricias

se amontonan los silencios.

 

Resbalando suavemente

descendiendo por tus besos.

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RESPIRAME LENTO


Respírame lento, profundo.

Encuentra ese rabo de nube

en que duermen mis sueños;

enciende una estrella

y espanta las sombras

que habitan errantes

el pozo del miedo.

No tardes

... te espero.

 

Cabalga en la noche

el rayo de luna imprudente

que traza el camino mas corto

de la nada al beso.

Despierta a la niña

que busca a su loco, atrapada

detrás del espejo.

Lo sabes

                   ... te espero.

 

Respírame lento, profundo.

Ahoga en tu pecho ese grito

que muerde mi cuerpo;

arranca del alma el vacío

que dejan tus manos

buscando mi rastro en el viento.

Empapa tu piel de mi aroma,

los ojos de lluvia,

entierra la voz en mi boca

y abraza con fuerza el silencio.

Lo sabes, te espero,

no tardes,

                  y en tanto...

        respírame lento.

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