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aspirante mendoza


La historia continúa...

Por razones que desconozco ya no puedo seguir con la historia de Uno Valdivia a través de este blog, entonces los invito a entrar en http://aspirantemendoza2011.blogspot.com/ ahí podrán continuar disfrutándola... saludos

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Anoche pensé en ti

Carlos entró anoche a mi cuarto. Tenía los ojos hinchados, me dijo que estuvo llorando toda la noche. Yo solo quería que se largara. No me importaba que hubiera chillado por mí. No tengo la culpa de que se comporte como un niño. Porque eso es, un niño. Hombre, para nada. Sentado al pie de la cama no dejaba de repetirme que estudió psicología solo para entenderse, para comprender por qué hacía lo que hacía.


Yo quería que se largara, que me dejara tranquila. En ese momento quería a un hombre, no a un chiquillo berrinchudo. Le pedí que saliera sino llamaría a papá. A mí no me daba vergüenza. Cuando comenzamos sí tuve mis dudas, era más chica, también porque fue algo forzado, pero con el tiempo le tomé gusto. Ahora no sé por qué tanto alboroto, ya estamos más grandes. Él más que yo. Mi hermano no es un hombre, esa es la verdad.


Ya no lo quiero. Que me deje en paz, que se vaya con el cocodrilo donde su mamita. Desde que mamá se enteró no deja de hacerme la vida imposible. De decir que yo, y solo yo, tuve la culpa de todo. Tampoco la quiero a ella.

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De día y de noche

Dos semanas y Teresa no ha vuelto a llamar. He tratado de quedarme en casa la mayor parte del tiempo, aunque tampoco tengo muchas opciones. Nadie me ha llamado para una nueva entrevista, supongo que la última fue una mera formalidad para que no siguiera molestando.


Susana ha sido la única que ha llenado mi contestadora con mensajes, algunos amenazantes, otros casi maternales donde me perdona por fallarle en año nuevo. Pero el que dejó hace dos noches no sé si llamarlo el peor o el más impactante.


Llorosa me contaba por qué terminó conmigo intempestivamente. Resultó que por aquella época cuando ambos estábamos en los 28 años, despuntando en nuestras respectivas carreras, quedó embarazada y como no estaba muy segura de lo que sentía decidió abortar y dejarme sin decir una palabra. Yo escuchaba con ganas de levantar el auricular y putearla, pero no hubiera ganado nada haciéndolo. Le bajé el volumen a la contestadora, todo estaba hecho y con disculpas estúpidas no cambiaría.


Abrí la libretita que encontré cuando Teresa desapareció. Decía Poemas de día y oscuridad, días grandes de Teresa. No hice más que ponerme a leer.

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My iron lung

La señora Margarita se sentó ni bien atravesé el umbral, nunca la había visto preocupada. Es más, pensé que nunca se preocupaba. Pregunté si todo estaba bien, pero seguía sentada mirando su bolsa.


—Creo que la señorita Teresa llamó por teléfono.


—¿Cuándo? ¿Segura que era ella, señora?


—Serían cerca de las once. Estoy segura que era ella, era su voz. Preguntó por ti, pero cuando quise buscarle conversación dijo que no te preocuparas, que estaba bien y colgó.


¿Qué carajo quiere conseguir con tanto misterio? Un ataque de nervios es lo único que conseguiré. Y tenía que pasar dos días antes de terminar el año. Mejor cancelo mi cita. Aunque un poco, o mucho sexo, puede servir para distraerme de tanta estupidez. Susana se ha portado más que bien conmigo, todavía no entiendo por qué terminó tan abruptamente nuestra relación. Ya me lo contará. Igual tengo que preguntarle cómo consiguió la libreta.


Siguiendo los consejos de la señora Margarita, primero compré un contestador por si la fugitiva llamaba de nuevo. Y segundo, no estaba dispuesto a dejar pasar mi sorpresa en la última noche del año.


Cerré la puerta y el teléfono comenzó a sonar. En la segunda timbrada entró el mensaje. ¡Feliz año, Uno! ¿Dónde estás?

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Someone better slap me, before I start to rust

Caminé más de una hora por Rivera Navarrete, por Las Camelias, por Dean Valdivia (hasta pensé que se trataba de algún pariente mío por el nombrecito). Doblé en Las Gardenias, intenté colarme en los edificios de Las Begonias, pero los roperos de seguridad me echaron enseguida.


Me senté en una banca a enjugarme el sudor y un golpe seco, como de una cachetada, llamó mi atención. Algo se cayó, pensé. Miré al suelo y cerca del tacho de basura, otra de las libretitas de Teresa. De inmediato alcé la cabeza, la busqué entre la gente y media cuadra más allá vi su silueta voltear por Reyes. En un principio corrí hacia ella, aunque cuando estuve cerca paré en seco y preferí seguirla, así me enteraba a dónde iba. También podía ordenar el lio que se armaba en mi cabeza.


Su andar, su cabello negro entre lacio y ondulado tirado a un costado, me resultaban familiares. Sin embargo, las caderas estaban más anchas y creo que no era tan alta. Parecía cambiada pero al mismo tiempo la misma. Cuando se detuvo en un kiosco no aguanté más y la encaré.


—¡Uno! ¿Cómo estás? —me abrazó hasta dejarme sin aliento.


Susana, qué tal… ¿Qué ha sido de tu vida? —no sé cómo salieron las palabras. La primera mujer de la que me enamoré y que me abandonó sin decir una palabra, era muy parecida, casi idéntica, a mi enamorada embarazada y desaparecida. De pronto desfilaron todas las mujeres con las que tuve algo y fue un carnaval de Susanas y Teresas con manías y fobias impresionantes.

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...despite all my rage I am still just a rat in a cage

¿Cómo puedes estar seguro de que es suya, si todavía no la abres? terció Julián al borde de la histeria. Simplemente lo sé. No creo que haya más chicas usando ese tipo de libretitas.


Otra cosa, ¿Teresa acaso trabaja por donde dices que la viste? Julián siguió buen rato con las preguntas hasta que, harto de verme asentir en silencio, decidió largarse sin pagar las cervezas que me había invitado.


Solo movía la cabeza porque mi amigo me hizo ver que tal vez no conocía a Teresa como yo imaginaba. Ella empezó muchas carreras pero nunca tuvo la motivación ni la perseverancia para concluir con alguna y eso mismo pasaba con los numerosos trabajos que conseguía. Estuve al tanto de algunos los primeros meses de relación, luego me fui acostumbrando a sus constantes cambios de humor, y por ende, de empleo.


Cuando dijo que estaba embarazada yo suponía que estaba trabajando, aunque no tenía idea de dónde lo estaría haciendo. Cogí la libreta y por muy tentado que estuve de ver el contenido, la metí en un cajón de la cómoda y me eché a dormir.

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Reasons not to be an idiot

Mientras esperaba el cambio de luz para cruzar Javier Prado vi bajar a Teresa de una combi. Lo primero que hice fue gritar su nombre. Llamé la atención de medio mundo menos la de ella. Quise correr pero un centenar de carros reprimieron mis esfuerzos. La tenía tan cerca y no podía alcanzarla. Impotente, veía su figura desaparecer por Rivera Navarrete.


Cuando el ajetreo vehicular me hizo el favor de cederme paso, era tarde. Intenté la ruta por donde la vi andar, fue inútil, no sabía en cuál de todos esos edificios de oficinas se había metido.


Cerca a un tacho de basura encontré una de las tantas libretitas que siempre llevaba en su cartera. Tenía la manía de botarlas una vez que estaban llenas, algo que siempre le reclamé porque no entendía cuál era el sentido de escribir tanto para después abandonarlo sin más. Aunque en ese momento estaba agradecido por su mala puntería.


Señor Valdivia. Señor Valdivia. ¡Señor Uno Valdivia! de algún lado me llaman y no puedo despegar mi vista de la libreta. Señor UNO… ¡Claro! Estoy esperando por la entrevista de trabajo. ¿Dígame señorita? Don Oscar lo espera en su oficina.


A pesar de fastidiarme lo que Teresa hacía con las libretitas, nunca me dio por preguntarle qué escribía en ellas, mucho menos coger una y abrirla.

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Si yo fuera Maradona nunca me equivocaría

Una semana y no tengo noticias de Teresa. Hice la denuncia en la comisaria, pero siento que fue una pérdida de tiempo. El tombo perdió interés cuando le dije que no tenía plata para agilizar los trámites, argumentó casos más importantes que le impedirían iniciar la búsqueda inmediatamente.


Ya en casa, y como buscando despejarme, llamé a algunos contactos que hice durante mi estancia en la agencia, casi todos fueron esquivos cuando solicité una cita para ofrecerles mis servicios. Me va mal en una campaña publicitaria y nadie se acuerda de los resultados obtenidos con esos productos inútiles que para las personas son imprescindibles.

Con la indemnización y recortando algunos gastos podré mantenerme a flote. Sin embargo todo eso me parece nada, Teresa anda por ahí perdida y yo sin saber qué hacer para encontrarla.

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