El muchacho ya estaba recogiendo pacientemente la ropa, tenía los rasgos característicos del síndrome de Down y, mientras dispuse mi bolsa de deporte sobre el banco, discretamente, le estuve observando. Me llamaba la atención lo concentrado que estaba en su labor. Recudía cuidadosamente el gorro y el bañador, luego los envolvía con paciencia y detalle en la toalla. Tenía las chanclas de goma aún puestas. Mientras me iba cambiando, él continuaba como un artesano entregado a su labor. Iba solo, y no le prestaba atención a nadie más. Cuando me fui a nadar, aún seguía con su tarea. No se dio cuenta de mi curiosidad e intento de empatía.
Estuve nadando como de costumbre, menos de media hora, y fui a darme una ducha y a vestirme. Ya era la última hora de la tarde y apenas había gente ya. Me había quedado pensando en el muchacho, cómo se sentiría el chico con esa peculiaridad. Qué sentiría al bañarse en la piscina y con qué peso llevaría su quehacer con autonomía, sin depender de nadie. Imaginé a sus padres, orgullosos al conseguir que el chico, a pesar de las dificultades y con el apoyo y el amor continuase superándose, como todo el mundo, con sus limitaciones.
Bajo estos pensamientos turbadores y amables a un tiempo, en el vestuario ya vacío, dirigí la mirada al lugar que ocupaba cuando entré: allí estaban, solas, las chanclas del adolescente. Me salió una sonrisa amable y cómplice, y me imaginé la escena al llegar a su casa y comprobar, como a todos nos ha pasado alguna vez, que a pesar del cuidado, o precisamente por exceso, siempre nos sale algo mal. Pensé que había conseguido la empatía que busqué al principio.
Me pregunté qué era lo verdaderamente importante, exigir la perfección o el hecho de, simplemente, intentarlo, riéndose de nuestros errores y aprendiendo de los mismos.
Tras la estructura, varias toberas expulsan los desechos del gasóleo quemado para generar la electricidad que alimenta la mole del espectáculo electroacústico-musical. Tras ellos, varios trailers reposan hasta el día en que otro ayuntamiento, en dura disputa con otras corporaciones por la parte presupuestaria del Estado, los reciba con la misma solemnidad para la populista y ruinosa celebración. Por unos días, nada importa, ni siquiera los edificos e infraestructuras consideradas Patrimonio de la Humanidad, que sufrirán los embates de toda esa energía decibélica en un radio de kilómetros. Nadie se atreve a decir una verdad, ¿nadie? Solo, el Caballero de la Triste Figura observa atónito, por una vez mudo, lleno de estupor.
Don Quijote yergue su figura apesadumbrado por la ominosa tarea de abatir el monstruo psicodélico. Baja su yelmo, a modo de parapeto frente al brutal rugido que pareciera brotar de los mismísimos infiernos, protegiéndose de los posibles dardos de la futura intelectualidad juvenil, tensando el ánimo, infundiendo no más que funestas esperanzas a Rocinante. Sancho le acompaña, mientras reza por su señor, a la espera de buena ventura, horrorizado ante el recuerdo del clamor "¡no a la sangre por petróleo!" que la gran familia universitaria proclamaba anteayer, el año pasado, el siglo pasado, hoy, mañana. Rocinante eriza sus crines, se agita nervudo ante el inquietante destino. Recuerda vagamente los molinos de La Mancha como minúsculos gigantes, comparados con los horrísonos y feroces monstruos megadecibélicos. Un murmullo recorre la panza, las entrañas del animal, mientras el caballero de la triste figura, en el presagio de la última embestida, apunta con su pica, presto a morir ante la bestia más feroz en la plaza más concurrida y juvenil que hubiere soñado, un estadio deportivo convertido, por mor de la fiesta y de la política, en templo electroacústico y gregario. El caballero espolea a Rocinante, que avanza al trote; al paso, una infausta, rubia y hermosa muchacha que bailaba separada de la multitud, se encuentra con la pica que le atraviesa un costado desgarrándole la piel. Salta el vino, huyen los jóvenes más cercanos, Don Quijote continúa en su cabalgadura. Al llegar a un bafle gigantesco, embiste y se empotra todo él. Saltan chispas y la armadura se ilumina como una lámpara incandescente. Tras un minuto, se hace el silencio y se apagan los focos, Don Quijote permanece al rojo vivo, iluminando ténue con su resplandor. La multitud prorrumpe en aplausos y silbidos de emoción. En una minúscula área del terreno, compañeros de la blonda mancillada en vino, la portan en volandas pidiendo auxilio por los móviles. La multitud continúa aplaudiendo, con "bravos" de júbilo. Vuelan latas de cerveza, exaltados por el espectáculo más original que hayan visto nunca. Los músicos se miran, aturdidos. Rocinante huye despavorido. Acaba de pasar ante mí, está loco, se precipita a la Ronda Sur, frenazos de automóviles rugen y suena un golpe sordo, luego otros golpes más estruendosos y encadenados. Rocinante yace en el asfalto, reventado, recordando en su último estertor todas las venturas de su amo y apurando esta, su última embestida.
Al fondo queda el ronroneo de tres gigantescos generadores que incansablemente digieren sangre, petróleo, lo que sea, lo que haga falta, con tal de que la fiesta continúe.
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En el momento más desesperanzado llegaste, Nina Doll, en silencio, precintada, secretamente. Un día me pregunté si disfrutarías con mi cuerpo, o si tan sólo gustabas de sentir mi deseo. Te dije que me hablaras, algo, lo que sea, pero tan solo me diste tu silencio. Me acerqué sin dejar de mirarte a los ojos, cuando te tuve cerca te dije que no dejases de mirarme, y obedeciste, obedeciste hasta que mi enhiesto señaló tu sexo, acusándote con dolor por tu provocación.Te quité las bragas, desgarrándolas, como a ti te gustaba -pensé-, y entré, tratando de provocarte un placer tan intenso que suplicases "no" para decir "sí". Tu impavidez me turbó una y otra vez, aumentando aún más mi excitación. Antes o después tenías que decir "basta", una mueca, un gesto, pero nunca decías nada, a pesar de mi deseo desbocado. Probé a decirte "te quiero", y continuabas en silencio, ni un gemido, ni un pestañeo. ¿Es tu silencio el precio de la fidelidad eterna? ¿Es mejor tu amor incondicional, mudo, impávido?, ¿acaso fuera mejor una sola noche de placer mortal y la condena a la soledad eterna? ¿Por qué no pude elegir entre tú mortal y tú artificial? ¿Por qué tuviste que dejarme solo, con el lacerante clon de tu cuerpo inmortal a mi servicio y tu alma entregada a otro? ¡Con lo que yo te quise, Nina Doll! Con... lo... que... yo...
Love and Others Demons es un Blog, aún bebé, divertido y desenfadado. El post de hoy trata de Amor y Memoria... El siguiente relatito tiene relación con esto, aunque está escrito en junio de 2004.
Amnesitronic
La novedad del aparato consistía en que emitía ondas de una frecuencia tal que, al entrar en resonancia con determinadas estructuras del cerebro, producía una pérdida de memoria. El problema estaba en que la pérdida era parcial, de forma que se podrían anular determinados recuerdos asociados a determinadas emociones y, sin embargo, conservar otros de la misma época intactos.
Llevaba más de un año trabajando con ratones de laboratorio en circunstancias diversas. También había trabajado con chimpacés y las conclusiones de la investigación eran claras: con una combinación de frecuencias detalladas en el dosier F1 (encriptadas por razones de seguridad) y aplicados en determinadas estructuras nerviosas detalladas en el dosier C1 (también encriptadas según el protocolo R105), se podían crear lagunas de memoria o amnesia parcial.
Faltaba probar de forma más extensiva con humanos. Ya había hecho algunas pruebas con sujetos voluntarios obteniendo amnesia parcial que resultó, hasta el momento, irreversible. De forma tal que si, antes de la aplicación del Amnesitronic, el sujeto recordaba perfectamente acciones y vivencias (con emociones asociadas), y éstas se registraban detalladamente por procedimientos subjetivos (escritos, grabación oral), procedimientos objetivos (electrocardiograma y electroencefalograma, más grabación de vídeo de la expresión facial). Después de la aplicación del amnesitronic el sujeto podía tener lagunas temporales con pérdida de sus emociones asociadas y, al mismo tiempo, recordar vivencias de esa misma época asociadas a otras emociones, personas, situaciones.
Ya tenemos un patrón de estudio operativo que nos indica que si el sujeto recuerda determinadas vivencias y, en ese momento, se le aplica el amnesitronic, tras la sesión de recuerdo-inmersión en ondas se produce, en pocos segundos, una anulación, un borrado de la memoria de esas vivencias y las emociones asociadas a ellas.
La prueba
Hoy he decidido recordar y revivir momentos que me han resultado penosos en los últimos años. Llevo más de un año con una relación afectiva con mi pareja muy deteriorada. Parece que el que está más distante, más refractario al otro soy yo, puesto que mi compañera muestra mayor disposición a retomar la relación. Yo me encuentro muy bajo de moral y creo que no voy a continuar con ella. Sin embargo, he querido hacer una prueba con el Amnesitronic aplicándolo mientras revivía momentos malos con ella. Le he pedido la colaboración a mi doctorando y ayudante, David. Esto sucedió el 24 de junio de 2003.
Tras esta sesión me dirigí bastante confuso a mi casa, creo. Cuando llegué a mi casa pasadas ya las diez de la noche y bastante cansado, entré y saludé a mi compañera, creo. Estaba echada en el sofá mirando la televisión. No sabía muy bien cómo saludar, pero por la forma en que continuó mirando la televisión deduzco que lo hice de la misma forma en que lo hacía antes. Me di una ducha caliente, me puse el albornoz y salí tan relajado que no me apetecía ni cenar, así que me dirigí al sofá sin llamar la atención, creo. Ella continuó mirando la televisión y me senté en una de las butacas. Prefería estar así porque quería observar a aquella mujer tumbada en el sofá. Hacía calor, así que estaba bastante destapada, con un albornoz blanco, mostrando sus piernas hasta las rodillas y un escote generoso que insinuaba sus pechos. Era una morena guapa. No es que fuese un bellezón, pero me resultaba muy atractiva. Aquellas piernas eran bellas, tenía las uñas de los pies y de las manos perfectamente pintadas de rojo carmesí. De vez en cuando se reía con las escenas de una serie televisiva, pero yo seguía fascinado por aquella situación tan novedosa. Estaba tranquilamente en una casa extraña, con una mujer desconocida, pero todo era como si fuese habitual aunque, de hecho, de habitual no tenía nada. ¿Un complot de todos contra mí? ¿Para qué?
¿Y si fuese todo mentira? ¿Y si esa mujer fuese alguien representando un papel? ¿Y si en el trabajo todo hubiese sido, también, un papel interpretado por todos? Sé que, según mi carné de identidad, tengo cuarenta años recién cumplidos, pero ni siquiera sé si el documento es real o no. Debo tener cuidado y seguir observando. Continúo haciendo como que veo la televisión con esta mujer.
Ya son las doce de la noche y se terminó la serie de televisión. Mi supuesta mujer se incorpora y me mira de forma desganada mientras se acondiciona su albornoz blanco. En un leve segundo pude ver el pezón de su pecho izquierdo, no recuerdo haber visto nunca un pezón femenino tan cerca. Miraba aquellas manos atando el cinturón y pensé que me gustaría tocarlas; o tal vez mejor que ellas me tocasen a mí, no sé. Sin embargo me dice, sin mucho afán, "bueno, me voy a la cama, buenas noches", "buenas noches", le contesto pensando en qué debería de hacer a continuación. Antes de salir de la sala le hablo.
-¿Quieres que te acompañe? -se vuelve y se me queda mirando con cara de sorpresa.
-¿A la cama? -me dice.
-Sí .
-Bien. Sí, acompáñame -me contesta con una sonrisa asombrada.
Me levanto del sofá, con mi albornoz azul marino, mientras ella me espera en la puerta. Al acercarme me entran unas ganas enormes de estrecharla entre mis brazos pero inmediatamente pienso en la posibilidad del complot y decido ponerme en guardia mostrándome frío. Ella se me queda mirando, nuestras bocas están a cinco centímetros una frente a la otra.
-¿Te ha ocurrido algo?, te veo muy raro -me dice.
-¿Raro?
La mujer coloca su mano derecha sobre mi pecho y me mira fijamente a los ojos. Me resultaba seductora. Pensé por un momento en una película en la que venían marcianos a la tierra y suplantaban a los humanos tomando su aspecto exterior. Pero, ¿sería yo un marciano?, ¿lo sería ella? ¿No se trasmitirá la marcianidad a través del sexo?
Sigo pensando si yo seré efectivamente yo o acaso otra persona distinta de mí. Esto es algo lioso, ¿verdad? Pero sé lo que me digo, ¡créanlo!, si no no escribiría nada. No sé, podría arriesgarme a tener sexo con ella: sería mi primera experiencia sexual; las pasadas son más bien virtuales o imaginadas, puesto que no recuerdo nada tras la corriente del aparatito de mi amigo, o de quién fuese el aparatito, que, creo recordar, se supone que me iba a solucionar mi vida de pareja, mi vida personal. ¡Pero si no recuerdo nada desde entonces! Todo es nuevo y maravilloso. A ver, piensa fríamente -me digo-, seguro, lo que se dice seguro, en la vida, no hay nada, ¿verdad?; bien. Si es terrícola pues tendrás sexo normal. Si es marciana me convertirá en marciano, tal vez ¿no? Pues eso: ¡arriésgate, tonto! Creo que me he convencido.
-¡Eh!, cariño, ¿no vienes? -me dice desde el único dormitorio de la casa.
-Sí, sí, ya voy -entro en la habitación y veo que está en penumbra, con dos velas, una en cada mesilla de una cama doble. Ella tiene un conjunto como para comérselo con ella incluido. Dios, voy a tener mi primera relación sexual y ella, bueno, ella que juegue a lo que quiera.
-¿Cómo te llamas? -le pregunto-, y se me queda mirando extrañada y en silencio.
-¿Qué?
-Sí, no sé cómo te llamas.
-Oye, ¿esto es un juego erótico o qué?
-¿Un juego erótico?
-Cariño, estás muy raro. ¿Te encuentras bien?
-Sí, estoy bien, ¿y tú?
-¿Yo?
-Sí, ¿te sientes cómoda?... ¿No te extrañas conmigo?
-¿Extrañar? Bueno, hace mucho tiempo que apenas nos hablamos, que estamos como dos desconocidos, y hoy me dices que si vienes conmigo a la cama.
-¿Hace tiempo que qué?...
-No, creo que te has cansado de mí.
-¿Cansado? ¡Pero si no te conozco!
Se me acerca, me abraza y apoya su cara en la mía. Siento su cuerpo, sus pechos, su ternura. Aunque trato de estar algo distante siento excitación e inhalo su aroma que, sin pensarlo, fuerzo lo más adentro posible. La beso, nos besamos detenidamente... Paramos un instante, ambos sentimos tensión y ella me habla susurrando.
Era mí primera experiencia sexual, al menos que yo recordara, claro. No sé si es verdad eso de la amnesia, estoy desorientado. Me gustó mucho esto del sexo, nos lo pasamos realmente bien y al día siguiente estuvo de lo más cariñosa y feliz. Yo seguía con la mosca detrás de la oreja pensando cuánto había de verdad y de mentira en todo esto. Si sería o no un complot con no sé qué fines.
Lo más extraño de todo es que en su mesilla le vi un pequeño cuaderno. Al día siguiente de nuestra primera relación sexual aproveché, mientras estaba en el baño, para echarle un vistazo. Era un diario, ¿sería real?, sería parte del complot. No lo sé, pero al final ponía algo así como que la amnesia era algo maravilloso. Que lo mejor que le podría pasar a una pareja cuando pasa un mal momento es que, el que estuviese más distante, pasase por una amnesia. Esto me dio que pensar, la verdad. ¿Verdad?, ¿mentira? Aún no lo sé, pero me siento muy feliz. Vivo el día a día, no me preocupo ya por un pasado que no existe y en cuanto al futuro, no sé lo que es.
Cada día voy al trabajo de manera automática, Todo lo hago de forma automática. No sé el porqué de nada, el por qué estoy en esa oficina, el por qué hago mi trabajo de la forma correcta. Siempre voy adelante y tengo que mirar no sé qué dosieres porque estoy un poco despistado sobre la investigación que estamos realizando. Tal vez hay algo que no salió del todo bien con el aparatito, con el Amnesitronic, o tal vez es que aún no sabemos utilizarlo adecuadamente. Sé menos que antes, seguro. Sé mucho menos y tengo lagunas grandes, sin embargo vivo al día, con mi compañera estoy encantado y todo el día tengo una cara de felicidad que no sé si es normal, la verdad. Prácticamente todo es nuevo para mí. Recuerdo lo necesario para seguir cumpliendo mi deber en la empresa, para ganarme el sueldo. Cuando me encuentro con imágenes negativas en la prensa automáticamente desvío mi atención a otro lado. En la empresa están muy contentos porque dicen que soy menos escrupuloso. ¿Por qué habría de serlo? ¿Ha habido algún problema por inventar algo nuevo? Alguien ha tratado de hablarme sobre el uso de algunas investigaciones, por ejemplo de la bomba atómica. A mí no me consta que haya ocurrido nada de eso. De hecho, no recuerdo que haya ocurrido nada malo nunca, todo es un continuo avance. Las noticias terribles que se muestran en la prensa, guerras, etcétera ¿por qué habría de creerlas? ¿Porque se ven en los medios? Pueden ser un montaje. De hecho no me cuadran esas noticias con el día a día, es imposible. La humanidad es un continuo progreso, toda ella. Cómo podría yo creer que haya tantas penalidades en el mundo, es absurdo pensar que haya tanta falta en unos sitios y que aquí nos sobre de esta manera. No me lo creo.
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"Las fotos de la nueva Letizia me hipnotizan frente al ordenador. Ese perfil súbitamente neutralizado, que un cirujano de la alta sociedad habrá limado con cariño y un hondo sentido de la responsabilidad patriótica (...)
Imagino a Felipe animando a su esposa a acometer el corte crucial, contagiándola de su mundo hasta la total invasión que ansía cualquier esposo. ¿Quizás algún día se encontrará, como preconizaba Dietrich, decepcionado al no reconocer a aquella de la que se enamoró?"
Lo que iba a ser un comentario en su excelente blog por LA CARICATURA INVERSA, se me acabó agrandando un poquito, por eso lo incluyo a continuación con el título Amor renovado.
AMOR RENOVADO: intornos y dintornos en la Zarzuela (comentario a LA CARICATURA INVERSA)
Es extraño que me entretenga algo con los intornos y dintornos de personajes tan excelentes como los de esta u otras páginas, no obviamente porque un servidor esté por encima, sino justo porque estoy mucho más abajo, literalmente, en otro mundo. Ya ven, que siempre se piensa que el desdén es una muestra de soberbia; pues no, no siempre.
Aunque a mí no me hipnotiza en absoluto la imagen de tan excelsos personajes, el blog de ?perla del turia? sí me ha conseguido atrapar, ¡ese es su mérito!
Tal vez podría advertir un detalle: el príncipe se enamoró de su amada viéndola en televisión. En esta cajita lumínica se nos mostraba, como todos sabemos, el rostro más bello de la entonces futura. No olviden que la química del amor entró en funcionamiento a través de la imagen frontal de la televisión y la escucha de su impecable voz de periodista bien dotada, creo.
Esta imagen femenina de la que su alteza se prendió, apareció pues pronto sumergida en un torrente anfetamínico que nuestro príncipe tuvo a bien padecer. En este estado, amoroso ya, se conocieron en persona, y en ese estado continuaron.
Está bien pensado dejar que pase el tiempo, cuando ya la dopa de la química ha disminuido, para hacer un cambio. Además, hay que ir con los tiempos, y los perfiles que se llevan no tienen ya esa aerodinámica necesaria para el vuelo, con o sin escoba. Además, el perfil aguileño tiene resonancias autoritarias que casan mal, nunca mejor dicho, con la imagen corporativa actual de La Casa Real.
Sin duda alguna es cierto que los servicios médicos de la Zarzuela, según la versión oficial, vieron recomendable hacerle una "septorrinoplastia", para corregir problemas respiratorios. De esta manera, se recoge el aire en lugar de dejar que se desperdicie resbalando por la superficie de su faz, y acaso eso explique la sensación de relleno en su cara: el aire crea ahora una presión positiva que compensa los efectos de la presión atmosférica.
Así que todo son ventajas. Cuando la química del amor disminuye su concentración, en lugar de tentar al varón con la infinita variedad femenina, se modifica el dintorno de la amada más allá de un simple maquillaje o cambio de peinado. Ahora, el intorno de nuestro príncipe se verá inmerso en un renovado torrente de química amorosa que, ya lo verán, tendrá unos efectos espectaculares en la ya de por sí belleza natural de nuestra princesa.
Estaba comentándole a una amiga algo que recordaba haber leído en el libro En favor de África yo acuso. Uno de esos libros que no lee nadie. Su autor, René Dumont, decía que a través de la publicidad, muchas mujeres de aquellas latitudes le atribuían a la Coca Cola virtudes que no tenían, superiores, claro está, a las de un zumo natural de cualquier fruta local, o de la misma leche, con perdón.
Así que ya desde pequeñitos, aquellos bellos negritos se iban habituando, para contrarrestar así su belleza natural, a estos productos tan saludables. Hay que empezar pronto. Mi amiga, incrédula, me decía que no lo creía, que no se creía que las mamás de aquellos países de hambruna siguiesen los designios de esa publicidad. Como quiera que veía de todo punto imposible argumentar sobre esta idea, lo dejé como un problema de incomunicación, habitual por otra parte entre nosotros, fuera de unos inolvidables destellos de lucidez amorosa.
Al despedirnos, mi amiga me dijo que iba al supermercado a comprar "leche de soja", un líquido que siempre pensé que procedía de los mamíferos. O acaso es que la soja sea eso, una mamífera, con perdón.
Imagino a mi amiga con un nene, habituándolo pronto a esas leches, con perdón otra vez, para que crezca sano, perfecto, acabado como un producto manufacturado y listo para perpetuar la cadena alimenticia que va de la fábrica al tetra brik.
Las vacas lo tienen muy crudo, no me extraña que algunas se vuelvan locas, prubinas.
Me voy a tomar una rodaja de pan con tomate y aceite de oliva, que esto se va a acabar pronto.
Hace menos de una decena de años, comenté en un grupo, de composición bastante heterogénea, lo interesante que podría ser, desde mi punto de vista, que los niños conociesen el lenguaje de los sordomudos, ahora que se habla de enseñar diferentes lenguas vivas, resucitadas o muertas. Creo que sería un debate interesante. Sin embargo, me encontré, no ya con apatía o desinterés, ni siquiera con una actitud crítica, que sería enriquecedora, sino con una actitud agresiva hacia mi propuesta, en la que la logopeda, que minutos antes nos decía, en un tono maternal, que se esforzaba en hacerles ver que no tenían por qué sentirse diferentes, se convertía, inesperadamente, en una furibunda economista?
Me extrañó esta novedosa sensibilidad para con el Presupuesto, Times Are Changing. Desde luego, las posibilidades de llegar a ese conocimiento son múltiples, pero sólo proponer que se haga algo para que los niños la conozcan, ya suponía un peso insoportable para la economía, supongo que también para la economía mental de los chiquitines (claro que hay que aligerarles las cabecitas, pero ¿de qué? Ahí está el debate abierto).
Veo ahora que un libro de George Steiner ha levantado una enorme polvareda porque se pregunta, entre otras, sobre el orgasmo de un sordomudo, sobre sus sonidos en el acto sexual?, y de súbito aparece un vivo interés en este colectivo.
¿No será que sólo nos interesa el otro por el morbo?, ¿o como cuando ese otro nos pone bombas? Bueno, esto no deja de tener morbo, también.
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