Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a babo            0 libros en su biblioteca
     27 valoraciones      663 posts en su blog      Es lector de 0 grupos

babo


claridades

La tarde cae y el pobre chimpancé con el jersey de rayas sigue sentado en el taburete giratorio frente a la máquina tragaperras. Su mirada entristecida es de una humanidad que corta el aliento. El dueño del bar no sabe qué hacer y, por matar el tiempo mientras se le ocurre algo, discute con uno de los habituales del dominó sobre cuáles fueron las primeras palabras del segundo hombre que pisó la Luna. Que si “¡Ostras Pedrín!”, que si “Tampoco es pa tanto primo”. Ambas expresiones, aclaro, traducidas libremente del inglés por quien esto teclea. Cuando sus gritos acaban en una apuesta sobrecogedora decido regresar a casa. Andando, que la vieja ciudad está preciosa. 


 Lo cierto es que al llegar (una ducha con agua templada me vendrá de cine) busco y rebusco con cierta conmovida ansiedad; y acabo encontrando en la novela de Rafael Reig Un árbol caído, que lo que realmente dijo Lardin, uno de los tres astronautas del Apolo XI, fue: “Beautiful. Beautiful. Magnificent desolation”…


 Corra la traducción esta vez a cargo del azar, que el tiempo de arena, granito tras granito, es oro. En fin.


 

Denunciar

lunes

 Acurrucado en un tronco hueco, juega al escondite con el tiempo que transcurre. Detrás de la tapia coronada de vidrios rotos reina un silencio lunar. A lo lejos, todo un mundo azul reflejado en la mirada del astronauta náufrago...


... El chimpancé con el jersey a rayas ha sido abandonado en el taburete giratorio frente a la máquina tragaperras. Tiembla como un gorrioncito-qué-melancolía. La cara del dueño del bar es todo un poema. Por si fuera poco, uno de los habituales ha lanzado una ficha de dominó por la ventana. Qué país, señores, qué país....

Denunciar

miércoles

 Gira que te gira la tarde, como la peonza escapada de una mano desnuda y desierta. Con ternura en las yemas de los dedos que teclean porque sí, porque siempre queda algo. No hay eco sin grito en el país de los pececitos de colores. El loro del vecino de arriba, un pintor de brocha gorda en horas bajas y gemelo de otro que una vez lloró como un niño, parece enloquecido. Sólo el pudor me impide repetir sus palabras.


Y sí, gira que te gira la tarde...

Denunciar

domingo

Le costó dormirse porque al otro lado del tabique alguien practicaba con una guitarra. Luego soñó, en algún lugar de la madrugada, con una hoguera sin nadie cantando alrededor. Sombras chinescas, sin embargo, se proyectaban en el muro que separaba el solar del resto del mundo. Olía a tierra mojada y a sigilos de gato; a huellas furtivas y a piel de dinosaurio al borde de la extinción. Llorando como un niño…


 Él estaba sentado en un taburete giratorio cojo y parecía esperar que sonara el teléfono negro que tenía en el regazo. Tal vez entonces, al descolgar, la voz de un personaje de Amy Hempel repetiría un dicho antiguo: “Hay momentos en que los lobos callan y momentos en que la luna aúlla”. Quizás una voz grabada recitaría, como si de un poema se tratara, la previsión meteorológica para las próximas horas.


 El caso es que, si acaso sonó, ni él ni yo lo escuchamos.

Denunciar

Legañas

 Frente a la máquina tragaperras sólo un taburete giratorio, girando levemente sin nadie. Hay un chicle en el suelo junto a una escupidera prehistórica. El camarero ha salido un momento, me dice un anciano que está detrás del mostrador apoyado en una muleta. Parece estar completando el crucigrama del periódico. Bic cristal azul, apenas un par de nubes en el cielo de afuera que sólo se ve si sacas medio cuerpo por la ventana. Si quiero, que me sirva yo mismo. La casa ni invita, ni fía, ni acepta propinas. Del aseo de señoras al fondo, o tal vez del de caballeros que está pared con pared, se escapan gemidos. Casi mejor que busque otro lugar para tomarme una cerveza que no esté tibia. Quzás sea mucho pedir que esté limpio y bien iluminado. Antes de salir, una voz arrugada a mis espaldas: 


 - ¿Cagarrutas de Morfeo, siete letras?


 -¡País!

Denunciar

almas

Él sabía que el reto era complicado tirando a imposible. Leyó la noche anterior la receta en una novela de Hemingway y decidió en el corazón del sueño (un lugar entre la luz apagada de su flexo azul y el asombro cotidiano de sus ojos antiguos recién abiertos al mundo) disfrutarla al día siguiente para almorzar.


 El único bar del barrio que a esas horas estaba abierto, era domingo, tenía un chino dormitando frente a la máquina tragaperras y un camarero subido a una escalera de mano desenroscando una bombilla del techo al otro lado del mostrador. Me pide si me hace el favor, le dijo este último, y ya cuando baje se lo preparo en un santiamén. Sírvase usted mismo la bebida mientras.


 Él se temía, con razón, lo peor. Pudo más, sin embargo, su lealtad de personaje tecleado por mí y le dejé mi voz de carne y hueso:


 - Una tortilla con trufas escarbadas por un cerdo distinguido.


 Escapamos a la vez, perseguidos por disparos de tebeo, por bang-bangs de bocadillo. Las calles de la vieja ciudad estaban, por cierto, preciosas.

Denunciar

rostros

 He cantado bajo la ducha casi sin querer, todavía con el recuerdo del pajarito verde, de goma, estrellándose contra las cuatro paredes de mi memoria. Un juguete conmovedor en las entrañas de un campo de batalla escrito a voces. 

Denunciar

luces

 El anciano entró al bar mientras los habituales miraban en la pantalla del televisor un partido de fútbol de una liga extranjera. Nadie reparó en él cuando se quitó el abrigo polvoriento que llevaba (“Érase una vez el Oeste, Mac”…) y se quedó desnudo tal y como su madre lo trajo al mundo en algún lugar de una posguerra arrinconada.


 El primero que lo vio creyó que era un espejismo del mucho vino que había bebido y tachó de mentirosos a sus propios ojos y a sus gafas de lejos. El segundo se limitó a reírse con risa frenética hasta un delirio de vasos rotos contra el suelo, voces escandalizadas reclamando silencios antiguos y ternura de manta a cuadros cubriendo cualquier atisbo de intemperie. La policía llegó en menos que canta un gallo y todo volvió a la normalidad.


 El partido, por cierto, había acabado ya con victoria del equipo local, o visitante, por un gol a cero. Nadie supo más.

Denunciar
Artículos publicados: 663
1 -  2 -  3 -  4 -  5 - 



Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena

General 0 libros



Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad



2014 © librodearena.com