Hay veces en que ponerse a escribir da incluso más pereza que bajar la basura. No tengo excusa: tampoco bajé la basura, pero he descuidado la puesta al día del blog a los pocos días de darle nombre. De todas formas, mis olvidos suelen tener un lado bueno, una consecuencia feliz aunque no del todo inesperada. En esta ocasión, he recordado que debía volver gracias a un post it, ligeramente descompensado y pendiente de un hilo, sujeto casi por compasión a la puerta de mi dormitorio.
La nota venía a decir algo así como "Antes de c.", y terminaba con un misterioso nombre propio, repasado en esa caligrafía de insistencia propia del transcurso de una llamada de teléfono. "Antes de c." me ha servido para correr a contar cómo la memoria me ha pegado un traspié de categoría y ha hecho de ésta una sobremesa a caballo entre cualquier escena de La vida de Brian y la conversación con un bibliotecario disperso.
"Antes de c.", que podría haber sido una referencia religiosa o un recordatorio de cómo era la vida previa a c., es sin embargo la abreviatura que hace tiempo le puse a Antes de conocernos; sin duda, mi libro preferido de Julian Barnes, autor por quien no dejo de sentir envidia.
Rodeando los motivos que me llevaron a escribir el post it "y que por cierto ni recuerdo", soy incapaz de traducir en palabras la alegría de haber releído nada más que el título de este libro, bastante desconocido si tenemos en cuenta los tiempos exitosos que vive su creador.
A mí, que me ganan los autores por argumentos sencillos, sacados de debajo de un adoquín, Antes de conocernos me llegó al esófago, porque su historia, ruin en originalidad, alcanza una ternura reservada a superdotados del oficio. Si lo que se pretende es ganarse una conquista, ésta es la obra (disponible en bolsillo, por si acaso el riesgo excede la certeza).
Sigo hablando de memoria, pero sin post it, y Barnes le dedica este libro a Pat.
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Es costumbre veraniega pedir consejo sobre lecturas que arrastrar a la playa o pasear vacación en ristre. A mí suelen abordarme con un tímido "¿Sabes de algún libro para no pensar?". Sin entrar en la pregunta, me quedo con lo de "no pensar". Le he dado vueltas a la cosa y ha resultado que "no pensar" es complicado, incluso cuando tratas de dar con algún título para no hacerlo.
La cuestión es que un libro aburrido no será bastante para tostarse al litoral, como tampoco uno soso o falto de recursos. Por eso es evidente que no existen libros para no pensar, sino libros escritos por gente que no piensa.
Si lo que se busca es vivir una vida impropia, descubrir cómo es el mundo por dentro o evadirse, lo mismo da una adaptación pedagógica de Houellebecq que cualquier folleto de Pérez-Reverte o los resultados de los premios Darwin 2006.
El disfrute, que no está reñido con la cultura, nunca debe confundirse en literatura con las relaciones personales. Un contacto superficial, el encuentro en el autobús o los saludos de rutina propios del ascensor jamás deben compararse a cualquier argumento trivial. Los libros, que se caracterizan entre otras posturas por no pedir explicaciones, se quejan poco o nada si los dejas a medias, y esa ventaja inusual en el mundo ha de ser aprovechada como el fondo de un yogur.
"No pensar" y "estar en coma" son expresiones casi sinónimas, primas hermanas de estímulo-respuesta. Yo no le deseo a nadie que entre en coma y, por la misma razón, tampoco que no piense. De hecho, si me dan a elegir, prefiero que quienes ahora descansan tengan un futuro lleno de ideas.
Sin embargo, reconozco que una parte de mí necesita satisfacer a todo el mundo, y conceder felicidad no es posible si no se alcanza al menos el contento de aquellos que lo único que quieren de ti es una miserable recomendación. En un primer momento, ésta es una de las listas que daría:
* El sonido y la furia, de W. Faulkner.
* La metamorfosis, de F. Kafka.
* Crimen y castigo, de F. Dostoievski.
* La conquista del aire, de B. Gopegui.
* La ciudad y los perros, de M. Vargas Llosa.
* En Grand Central Station, me senté y lloré, de E. Smart.
* De qué hablamos cuando hablamos de amor, de R. Carver.
Llegada la fase de la comprensión, propondría, para empezar:
"La conjura de los necios, de J. Kennedy Toole.
"El turista accidental, de A. Tyller.
"Cómo ser buenos, de N. Hornby.
"Metroland, de J. Barnes.
** Fotografía de Nacho Ballesteros.
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