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Reflexiones

Vivir y escribir, escribir y vivir, todo es uno y lo mismo.


Artículos publicados: 119
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¿Qué es El Eneagrama?

Símbolo de El Eneagrama


El Eneagrama es una poderosa y sorprendente herramienta de autoconocimiento. Su estudio nos ayuda a descubrir, y salvar, aquellos automatismos que nos atan a pensamientos, emociones y actitudes que esclavizan y bloquean nuestro potencial, lo que de verdad somos y llevamos dentro.


 No creo que este artículo aporte nada nuevo a los muchos trabajos que hay publicados en la red, pero sí servirá para expresar mi particular visión sobre la importancia del Eneagrama, tanto para mí como para todos aquellos que lo estudian con paciencia, una mente abierta y mucha, mucha sinceridad.


Una de las primeras cosas que me llamaron la atención sobre esta herramienta (para algunos ciencia) son sus conexiones filosóficas con ideas afines a las de Carl Jung, me estoy refiriendo en concreto al inconsciente colectivo (patrones de comportamiento), al papel que juega en nuestra psicología los arquetipos. También veo similitudes de enfoque entre los eneatipos y el simbolismo de los dioses y diosas que se recogen en los libros Las diosas de cada mujer y Los dioses de cada hombre (estudios realizados por Jean Shinoda hace ya varios años, y que es considerada de línea jungiana). Los eneatipos también nos pueden recordar a los diferentes horóscopos: los signos del zodiaco, los del calendario chino, los del azteca…


Sin embargo, también es cierto que no todo el mundo comulga con estas ideas de los arquetipos, algo muy comprensible si pensamos que tal enfoque puede tender a encerrar al hombre en clichés estereotipados, en etiquetas que pueden ser reduccionistas de la riqueza de matices que hay en la experiencia humana. El ser humano, así lo creo, se resiste a ser clasificado, pues sólo los objetos inanimados pueden serlo sin temor a error. El hombre es algo vivo que siempre está en proceso, que es y no es al mismo tiempo (según diría Heráclito). Pensar así no entra en contradicción con lo que nos ofrece el Eneagrama, pues no nacemos en un eneatipo concreto, como dirían los horóscopos (aunque hay influencias familiares) sino que son estrategias que vamos creando poco a poco, cada uno de nosotros, a medida que nos enfrentamos, o nos sumergimos, en la maravillosa aventura de la vida.


El propio símbolo del Eneagrama está concebido como una figura dinámica donde los eneatipos van y vienen, interaccionan y son influidos por otros enatipos. Es decir, también se concibe al ser humano como algo vivo y en proceso. Así pues, el Eneagrama es un buen punto de partida para autoconocernos, autodescubrirnos y autoacercarnos al centro de nuestra esencia, el ser silencioso. Pero cada uno en la medida que su madurez y necesidad interior le permite y exige. Este autoconocerse, percibir en uno mismo los mecanismos de la personalidad (del ego), es el primer paso, un paso importantísimo, dentro de un trabajo interior más amplio de transformación y crecimiento.


Resumiendo, podría decirse que, según el Eneagrama: existen nueve formas de pensar, sentir y actuar. Son nueve estrategias que adoptamos para funcionar en la vida en ausencia de nuestro verdadero ser, y que por lo tanto no son del todo reales, y ocultan tristeza, miedo y rabia. Son nueve máscaras que no nos dan la felicidad, sino que nos mantienen en el mundo de los egos, de la expansión de la personalidad en detrimento de un despertar interior a la verdad de lo que en realidad somos, un ser lleno de potencialidades.


Si quieres saber más sobre este tema visita mi web: El Eneagrama 

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¿Qué quieres en la vida?

Últimamente he aprendido a percibir mejor las pulsiones interiores, esos deseos o impulsos que nos hacen sentir inquietos si no les damos salida. Lo comento porque en las últimas semanas, cuando no me apetece leer, ni hacer deporte, ni charlar con nadie, ni el roce de una piel, me doy cuenta de que necesito sentarme a escribir. Sí, percibo que tengo cosas que contar, que mi fondo de lecturas, reflexiones y vivencias ya está lo suficientemente lleno y maduro como para florecer, para mostrar sus frutos. Vamos a ello.


Hace algunos días terminé de leer un libro bastante friki (del inglés freak, extraño, extravagante, estrafalario, obsesivo…), y cuyo autor es el Licenciado José Luis Parise, titulado “Casualizar. Los once pasos de la magia”, que luego en realidad son diez, aunque si apuramos se podrían quedar en cinco e incluso en cuatro, pero el autor los estira muy hábilmente para llegar al supuesto número mágico 11 (en numerología el 11, el 22, el 33… son llamados números maestros, pues no se suman y tienen mucha fuerza). Pero no es mi intención hablar de numerología (no tengo ni idea) ni de hablar mal de ningún libro, leedlo si os parece interesante, pero sabed que si os lo envían tiene un sobre coste de 8€ en portes y no hay otra posibilidad, algo que no me hizo ninguna gracia.


Lo que me mueve a escribir este post son algunas de las preguntas que Parise plantea en uno de los 11 pasos de la magia, para conseguir lo que uno desea: “¿Qué quieres?”, “¿Desde dónde se producen las invocaciones. A dónde se dirigen?”, “¿Lo estoy ordenando yo…?”. Y eso mismo me pregunto yo con total sinceridad: ¿Qué quiero? Pregunta que arrastra a otras que son de la familia: ¿Qué o quién es lo que en mí quiere? Y más aun: ¿Por qué y para qué quiero lo que quiero?... si es que de verdad tengo clara la respuesta.


El problema, o la duda, es que no se trata, al menos para mí, de dar una respuesta fácil tipo: una pantalla plana gigante, un mercedes C Coupé, etc. Si no que lo que se mueve por dentro es algo de mucho más calado, una pregunta que implica todo un sentido de vida: ¿Qué quiero en lo más profundo de mí en relación a la vida? Y para ser sinceros… no, lo, sé, ¡sí! no, lo, sé, no lo tengo claro. A pesar de llevar en La Tierra casi medio siglo, no lo veo aún.


A lo largo de mi vida he querido mucha cosas y de muy diferente índole, pero no con la suficiente madurez ni criterio como para poder decir que era eso, y no otra cosa, lo que de verdad quería, descartando otras influencias y condicionamientos externos e internos que, ahora mismo, sí estoy en disposición de filtrar. O al menos de hacerlo en mucha mayor medida. Y habiendo hecho esa labor de filtrado en estos últimos días me veo incapaz de explicar ni responder con precisión la dichosa preguntita: ¿Qué quieres…? Pues no sé: ¿tranquilidad, paz, felicidad? Supongo que sí, que algo de eso es lo que quiero. La inquietud, con su impulso constante, está ahí, agazapado en las sombras.


Blas Cubells

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Veinticinco tomateras. Una metáfora de la educación

Cuando un buen día de mayo decidí plantar veinticinco tomateras en un rincón de la parcela donde vivo, nunca imaginé todo lo que esa experiencia podría reportarme, no ya a nivel personal de relación con la naturaleza y con la vida, sino a nivel de enseñanzas pedagógicas que reafirman muchas de las cosas que he aprendido en la carrera de Educación Social, sobre todo en las asignaturas de psicología. Si recordáis aquella vieja película “Mr. Gardener” que protagonizaba Peter Seller y Shirley McLaine allá por los 80, sabréis de los muchos paralelismo que se pueden hacer entre la agricultura y la vida de nosotros los seres humanos.


Lo primero que hice fue comprar los planteles, un pack de 25 diminutas tomateras de la variedad “Monserrat” que, según dicen, estuvo a punto de extinguirse por no ser un tomate muy comercial (poco carnoso). Luego preparé la tierra, en un rincón suficientemente soleado, removiéndola bien y mezclándola con abono orgánico. Aquí tenemos el primer paralelismo educativo: los niños para su desarrollo necesitan un entorno amable, cálido, acogedor y rico en posibilidades para la experimentación, en este entorno echarán sus raíces y asegurarán sus relaciones con el entorno. Una vez sembrado cada plantel con una distancia entre ellos de 50 cm. como mínimo, hay que tener mucho cuidado en regar todos los días una por una cada tomatera, para que sus raíces crezcan bien y se hagan fuertes. Otro símil más: hay que tener en cuenta que cada niño, o joven, es diferente de los demás, hay que respetar su espacio para que crezcan por sí mismos y vayan adquiriendo responsabilidades. El agua viene a ser todo aquello que vamos volcando sobre ellos, tanto desde la escuela como desde los medios de comunicación, los juegos y, por supuesto, la familia más cercana: padres, hermanos, abuelos, tíos… Podríamos decir que el agua es como la cultura (que viene del latín cultūra y que tiene también su acepción como cultivo), y ésta hay que volcarla con cuidado y en su dosis justa para no ahogar ni resecar la raíz.


El siguiente paso consiste en esperar, y esperar, y esperar pacientemente, hasta que la tomatera comienza a dar signos de crecimiento y robustez, entonces es cuando montamos los tutores, sí, curiosamente en el mundo de la agricultura lo llaman así. Consisten en esas cañas entrecruzadas que forma una especie de cabaña larga. Pues bien, a medida que la tomatera crece y toma altura hay que atarla al tutor para que crezca recta, pero con la suficiente holgura para no impedir su crecimiento. Si no se hiciera, el viento podría tumbar o partir la planta, o crecería a ras del suelo con el peligro de coger hongos u otras enfermedades. El paralelismo es claro, todos los colegios tienen la figura del tutor, aunque muchas veces esa figura es poco más que un adorno, lo cual no le resta importancia al papel tan enorme que juega en la educación por su gran responsabilidad. Los chicos a veces pueden tener conflictos mal resueltos que no hablan con nadie, lo cual puede torcer o emponzoñar su desarrollo personal a nivel de autoestima o de interés por aprender, necesitan pues que alguien los oriente y refuerce en su crecimiento.


Cuando ya han cogido altura y despliegan muchas ramas, hay que vigilar el crecimiento de ciertos brotes que crecen entre las ramas y el tronco, justo en el centro. A esos brotes los llaman “chupones”, y hay que quitárselos para que no le resten fuerza a la planta. Podríamos hacer otro símil, esos chupones se parecen a los videojuegos, las redes sociales, el móvil, las drogas… y todo tipo de actividad que pueda convertirse en un hábito peligroso por el tiempo, la atención y las energías que consume en los jóvenes. Es algo a vigilar para que no se convierta en un obstáculo para el buen desarrollo del chico.


Cuando ya hemos hecho todo eso, entonces la tomatera nos sonríe con sus flores amarillas en forma de campanilla. Cada una de esas flores, con un poco de suerte, será un hermoso tomate. La metáfora es clara, los frutos de la tomatera son los frutos que los jóvenes van mostrando en su propia madurez como personas, ya sea tocando con la guitarra alegres canciones, o metiendo goles en su equipo de fútbol, o escribiendo unas redacciones realmente interesantes… esos frutos pueden ser muy diversos. Pero hay que tener mucho cuidado, la flor del tomate es extremadamente frágil antes de dar su fruto, el más leve toque la arranca de la rama, de la misma manera las flores de los chicos, aún sin definir del todo, son también muy vulnerables, y una mala gestión por parte de los educadores (entre ellos incluyo a los padres) puede echar al traste un futuro brillante como bailarín o dibujante de cómics.


Y finalmente, hay que aceptar que, aunque tratemos a todas las tomateras por igual, con el mismo cuidado, con el mismo abono, con el mismo riego, éstas van crecer de forma diferente. Algunas crecerán rápidamente y darán fruto antes que ninguna, otras lo harán lentamente, y sin crecer mucho ya echarán flores, Y también al contrario: algunas, aunque crezcan mucho, se resistirán a florecer. También habrán tomateras que no se desarrollarán cuanto apenas y hay que dejar que crezcan a su ritmo (¿educación especial?), y otras, aunque en un porcentaje muy pequeño, crecerán un poco y se detendrán, incluso la mata morirá. Todo eso puede suceder por más que seamos muy buenos educadores, quiero decir agricultores. Y no hay más remedio que aceptarlo, la naturaleza es así, y el ser humano también es naturaleza.


Blas Cubells

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Falsos patrocinadores

El lenguaje es un maravilloso sistema de comunicación, en ocasiones hermoso y bello cuando se apoya en la poesía o en determinadas prosas, nos hace imaginar, sufrir gozar, soñar… me resultaría difícil recrear un mundo sin la escritura y la lectura, sin el lenguaje de la palabra escrita o hablada. Pero como todo en la vida, hay intenciones que ensucian la cosas bellas, y el lenguaje no se escapa a esa contaminación traicionera. Todo esto viene a cuento de un anuncio de televisión, donde trabajan artistas al servicio de los creadores de necesidades inexistentes, no hace falta decir más.


Ese anuncio decía algo tan simple como “Xxxxxxxx, patrocinador de Nadal”. Uno a bote pronto piensa: ¡Oh qué bien, qué marca más buena, patrocina a Nadal!. Quien dice Nadal puede decir otros muchos deportistas, tan forrados como Nadal o más aún que él. Analicemos este vil juego de palabras: ¿Qué es un patrocinio? ¿De dónde viene esa palabra etimológicamente hablando? Pues bien, patrocinio viene de la palabra latina patrocinĭum y significa según la RAE: Amparo, protección, auxilio. En resumidas cuentas, uno patrocina a aquel o aquellos que necesitan amparo, protección o auxilio. Pero creo que precisamente el nº 2 del tenis mundial es la persona que menos amparo, protección y auxilio necesita, y como él muchísimos otros deportistas.


Si quieren de verdad ser patrocinadores que busquen equipos de fútbol, por ejemplo, de chavales de barrios que no tienen casi ni para botas deportivas, ni para viajar y jugar con el equipo del pueblo vecino. Chavales de los llamados en “peligro de exclusión” que sí necesitan amparo, protección y auxilio. Y para quienes el deporte es una magnífica puerta para la integración en la sociedad, además de otros muchos bienes educativos que podrían añadirse: compañerismo, sentido de identidad, trabajo en equipo, fomento del esfuerzo, salud, etc. A esas empresas patrocinadores sí les compraría sus productos muy a gusto, pero jamás a los que dicen “patrocinar” a los muchos millonarios “nadales” que se ganan la vida muy, pero que muy bien.


Habría que prohibir esa tergiversación del lenguaje y castigarla por ley, porque si las palabras perdieran su significado estaríamos condenados al caos. Esos supuestos patrocinadores deberían decir: “Empresa pagadora de millones por unir su imagen a la de Nadal”, y así vender mejor su, seguramente, inútil producto.


Blas Cubells

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Cerezas (II), el libro de un viejo amigo

Sigo con la segunda, y última, parte de la colección de frases extraídas del libro de Fernando, y que para mí tienen valor literario o las considero interesantes. Los pensamientos del personaje los pongo en cursiva. Veamos:


Ahora pienso que tu comportamiento fue un frenesí de percepción respecto a tu muerte temprana. Pero yo no tuve la creatividad en su punto aquella mañana…


Aquella mañana era, a pesar del verano, una mañana de bronce; con luz de invierno.


Para mí contenía lo que no decías, lo que estabas luchando por decirme y solo lograbas sentir; aquello que solo era apetito hacia mí…


Pero tampoco negaré que una ventosa trenza de dolores futuros, un aciago presentimiento, soplaba mis pestañas; y daba a mis párpados un intranquilo picor de siesta sediciosa.


(Deliberadamente teatral) ¿Dios? La poesía no la hace Dios; ni el canto desesperado de eterna aproximación. La desgarrada y patética canción de amor y de esperanza es siempre nuestra.


Bien, pues sí, realmente decir “te amo” debía emocionarle mucho, pues noté que sus ojos anunciaban lágrimas. Esas dos queridas palabras me envolverían en una divina malla de fidelidad… en realidad para siempre.


¿No será que nos cuesta desprendernos de la costumbre del dolor?


¡Todo es poesía! ¿No? nada de lo que el hombre haya hecho deja de nacer de la poesía. Las religiones nacen de la necesidad del hombre de poetizarse: fotografiarse junto al mugriento callejón de su esperanza…


¿Por qué cada vez que los humanos pedimos eternidad parece que pidamos demasiado?


¿Quién te ha dicho que la lástima ignora el deseo? Es la tristeza la que está opuesta al erotismo; y no la lástima. Creo que tus orgasmos conmigo están hechos de lástima.


¡Yo nunca me hubiera suicidado! ¿Lo parecía? Deberías entender que la vida posee ciertos rituales aparentemente contradictorios que te hacen amarla aún más.


Nuestras verdaderas creaciones se forman en unas profundidades cuyas luces nuestro espíritu desdeña, así a veces creemos nuestro deber alzarnos saliendo de ellas e ir en otra dirección.


Al elegirte provoco el desgarro en mi corazón de todo lo demás que no elijo. Aquello que simplemente no has sido tú.


Y la carne humana no se parece de una persona a otra; en nada. Menos aun cuando se ha probado alguna, sazonada con el más penetrante amor; con el afecto más insondable.


Sólo los sueños gozaron para él de la legitimidad de algo paralelo y burlón respecto a la lógica de las cosas.


He omitido algunas frases que también podrían estar en esta colección, pero las dejo para que sea el propio lector quien las descubra. Por supuesto recomiendo el libro, más allá de la homosexualidad, es una hermosa historia de amor y vida.


Blas Cubells

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Cerezas, el libro de un viejo amigo

Aquellos que leéis mis posts ya sabéis que últimamente me está dando por recuperar viejas amistades, pues bien, Fernando Lozano (a quien conocí con 19 años durante la “mili”) fue el primero de esa colección, contacté con él hace año y medio, creo, pues eso de tener un amigo pintor (de brocha fina), para alguien cuyo círculo de amistades no es muy amplio, es algo que tiene encanto, le hace a uno sentir especial, ya sé que eso no deja de ser una ilusión, pero qué le vamos a hacer, soy una persona reflexiva, que hace un trabajo interior desde hace tiempo, sí, pero tan humano como cualquiera, tan esclavo del juego de las identidades como el que más. Perdón si a alguno le estoy rompiendo los esquemas sobre mí, pero es así.


La primera foto de este post es de la portada de su libro, las otras son de algunas de sus pinturas escogidas entre las que me gustan. Pero vayamos al meollo de la cuestión, que no es ni esa manía de recuperar viejas amistades, ni los cuadros de Fernando, sino su libro “Cerezas”. Una obra que confieso me costó empezar a leer, en parte por tener mi cabeza en mil cosas y mi corazón en otras tantas, y en parte por estar escrito como una obra de teatro, algo que, como ya le dije en su momento al autor, no me gusta, hace que cueste más de leer, pero que sin embargo, a medida que uno se mete en la novela, descubre que los diálogos tienen monólogos lo suficientemente largos, y bien escritos, como para superar cualquier obstáculo en la lectura.


El libro cuenta una historia de amor entre dos personas, Fernando y Guillermo, una historia llena de anécdotas, pasiones, reproches, desencuentros, reflexiones sobre la vida y la muerte, cuentas pendientes, poesía, picardía y mucho amor, sobre todo amor, y amor del bueno. Un tema que siempre me ha interesado y sobre el que me gusta escribir, meditar y practicar en todas sus dimensiones más allá de la sexualidad. Pero no quiero hablar más del libro ni de la trama para no chafarla, lo que sí voy a hacer, y tengo permiso del autor para ello, es extraer aquellas frases que para mí tienen calidad literaria o aportan un punto de vista interesante. Vamos allá:


… ¿Recuerdas cuando tenía alguna idea y la tocaba al piano para ti con el encargo de que trazaras en palabras la clase de existencia o de experiencia que latía en esa música? Los olores que la rodeaban…, las inquietudes, los miedos, la piel…


Me miraron tal vez cientos de ojos extraños que no me importaban, ni yo a ellos. Pero no tuve sobre mi cuerpo inanimado la única mirada que en vida me importó.


(Con gritos terribles).- Dime que si no fuieste a verme fue tan solo por miedo a no poder resistir la tentación de violar mi tumba y comerte mis despojos acompañándolos con el licor de mi cadáver, e ir royendo mis huesos por los prados como un perro cualquiera. (Ruge) ¡Dímelo! ¡Dímelo!


Entendía ya, cubierto de sudor, qué percepción era de entre todas las que me eran imaginables, en qué corazón estaba, y qué aroma único narraba mi sentido del infinito. Grité el nombre de ese corazón, grité tu nombre…


… y me alejé por aquel luengo pasillo hacia mi piano que usé como una dulce barricada, ya rendida, en que esperar, tocando estoicamente, tan solo ser hecho prisionero.


La noche es un vino aciago que nos viene a separar del Sol; cada noche se nos va sirviendo, en una fuente miserable, nuestra diaria porción de miel y de hiel.


El tiempo para los mortales no puede ser otra cosa que un mero paréntesis abstracto en medio de la nada.


… un niño de finas caderas me enseño que tiene sentido llamar corazón a lo que más duele; y había dejado olvidado un puñal de luz helada atravesando mi aurora…y en mi sexo su sal, aún no probada.


… y la bóveda negra de lo creado se precipitó toda en un estanque de agua podrida y fría, sobre el lacerado resto de lo que pareció ser una flor.


Admito lo que ocurre en la vida; que no es otra cosa que el paso de esas oscuras traviesas de ferrocarril bajo nosotros…; esos rectángulos entrañables de madera sobre los que corre el tren del insomnio y de la madrugada y que empatan las vías en un solo camino de hierro sonoro.


Continuará…


Blas Cubells

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Viajes al pasado


Vaya, vaya, últimamente ando rumiando e indagando en mi pasado, contactando con amigos que tuve hace ya muchos años, es algo inconsciente, como una necesidad no explicada ni comprendida, como si los últimos 15 o 20 años hubieran sido poco más que una pesadilla, y una vez despierto quisiera recuperar el presente de tan largo letargo.


¿Qué me está pasando? No lo sé, de verdad que no lo sé. Se me ocurren varias ideas: quizá los caminos que tomé, y que me alejaron de aquellas amistades, no me satisfacen, no los siento como reales, no fructificaron en nuevas relaciones llenas de verdad y afecto, razón por la que intento volver a un tiempo cercano a la adolescencia. También puede ser que tras varios años de actividad frenética llenando mi cabeza y mi corazón de nuevos conceptos y sentimientos… de pronto me encuentro con el vacío de la tranquilidad, de la paz, de los minutos sin metas, de las horas sin obligaciones “importantes”, y una sensación de “asignatura pendiente”, de injusticia que satisfacer, de desprecio injustificado por mi parte hacia ese pasado, me obliga a mirar de nuevo hacia aquello que fue y ya no es, esperando encontrar… ¿afecto, comprensión, sinceridad, perdón…? No lo sé, no lo sé, no lo sé.


Mi viaje al pasado comenzó por lo más reciente (de hace unos siete años), lo explico en “agua pasada no mueve molino” (mi anterior escrito), y siguió por un amigo con quien compartí un largo trecho del camino (de hace unos veinticinco años) lleno de aprendizajes, aventuras y locuras. Alguien al que busqué y encontré gracias a las redes sociales, aunque tan solo hemos intercambiado unas cuantas frases de “chat”, y queda pendiente un encuentro de bar entre tapas y cervezas. Luego seguí con los amigos de la adolescencia a los que perdí la pista al cambiarme de ciudad, a uno de ellos también lo encontré gracias a las redes sociales, aunque apenas hemos intercambiado un par de “e-mails”, y me ha dado pistas para encontrar a los otros dos, pues éramos como los Beatles, cuatro.


Pero la verdad es que el tiempo lo cambia todo, y el breve contacto que he mantenido con mi pasado me ofrece muchas pistas de ello, o al menos, si no Cronos, nos transforma aquello que acumulamos y asumimos a lo largo de ese tiempo, dejándonos modelar por circunstancias y vivencias de las que no has sido ni testigo ni partícipe. Aunque intuyo que siempre queda un poso de lo que en esencia somos o fuimos, y creo que eso me anima a seguir intentándolo. Sin embargo ya no estoy tan seguro de que sea una buena idea buscar las viejas amistades, en muchos sentidos seres irremediablemente desconocidos. Y de nuevo me pregunto ¿Por qué lo hago? ¿Será que mi alma en estos momentos vaga en un infinito sin asideros buscando raíces que ya no existen? Todo puede ser...


www.blascubells.com

 

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Agua pasada no mueve molino


Lo cierto es que al iniciar de nuevo mi andadura por este blog, han pasado tres años de abandono, pensaba escribir sobre temas educativos, pero me he dado cuenta que éste no es el mejor lugar para hacerlo, puedo hacerlo alguna vez pero sin abusar de la confianza de los lectores.


Y dicho esto comienzo mi nueva reflexión:


Esto va sobre mí mismo, mi estado de ánimo actual que no es como para tirar cohetes, pero no para dar pena o en un alarde de masoquismo, sino porque creo sacar alguna enseñanza, que para eso sirve reflexionar.


Creo que todos tenemos “fantasmas” del pasado, vivencias más o menos fuertes, más o menos sentidas que, por una u otra razón, duermen en un cajón de los recuerdos bajo siete llaves. Pero un día, por algún hilo de conexión que no acaba de cortarse, vienen a la memoria recuerdos entrañables y sientes que tienes que abrir un poco, pero sólo un poco, uno de esos cajones… Y lo abres y ves que no pasa nada, que hasta es bonito hacerlo, y que incluso quieres decirle algo que para ti es importante a la persona con la que una vez estuviste muy unido. Te preguntas ¿por qué no? y en ese estado de semi-embriaguez escribes un correo compartiendo cosas, eso sí, con mucho tacto, de manera exquisita, escogiendo bien las palabras. Antes de mandarlo dudas, pero ese deseo de compartir es más fuerte y acabas por enviarlo…


Pasa un día, pasa otro, ¡y zas! Respuesta al canto, y lo lees con alegría, la otra persona también ha escrito con delicadeza, con criterio, con palabras de felicitación muy cuidadas. Y todo está genial, todo está muy bien ¡Qué estupendo me siento! ¡Qué civilizados somos! Voy a ponerme música, aquella que nos solía gustar a los dos…


Dios mío ¡qué he hecho! Mientras todo era muy correcto, con respeto, muy racional, no había problemas, pero la música tiene ese tremendo poder evocador de emociones y sentimientos, y junto a ellos los de impotencia, los del dolor por algo que no pudo ser. Abrí la caja de Pandora, no de par en par, sólo una rendija, cuanto a penas, pero lo suficiente para que algo en mi pecho se encogiese, mi corazón dudara y mi estado de ánimo comenzase el camino descendente.


Los que han vivido algo parecido saben que eso le nubla a uno la vista, se pierde el Norte durante un tiempo, la cosas pierden el sentido que uno les daba, nos hacemos pequeñitos, pequeñitos, y si no salimos de ese estado a tiempo puede incluso haber peligro de depresión.


En ese sentido cuan cierto es el dicho “agua pasada no mueve molino”, y yo me atrevería a decir que no sólo no mueve el molino, sino que lo paraliza, lo atasca, y toca hacer limpieza y reiniciar el sistema. Pues ahí andamos, reiniciando el programa de mi vida, valorando mis intereses, y sobre todo a las personas de mi entorno más cercano a las que quiero y sé que me quieren.


Blas Cubells

www.blascubells.com

 

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