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Tu lóbulo frontal no funciona correctamente ¿Y quien dice eso? el Dr.Kawashima Image and video hosting by TinyPic


Artículos publicados: 15
1 - 2 

Trizier, cap 1: Desde el puerto

 


En realidad nunca supe la historia con demasiada claridad, pero la manera de contarla da igual porque seguiré sintiendo lo mismo.

Una noche el cielo se incendió como si una antorcha gigante lo quemara, la noche desapareció aquel día. Todo el mundo permaneció en sus casas temiendo que la muerte llamara a su puerta, nadie se atrevía a salir fuera, porque las nubes estaban prendidas como un bosque en pleno verano. Varios torbellinos se levantaron moviendo el fuego por millares de sitios, destruyendo casas, matando personas y devastando casi todo lo que era nuestro mundo.

La tierra se había convertido prácticamente en cenizas, incluso me atrevería a decir que ese desastre fue mucho peor que cuando los polos se derritieron.

Quedaron muy pocos sobre el planeta azul pero cuando esos pocos salieron del amasijo en el que se habían convertido sus casas, encontraron unos seres que hicieron que lo que ocurrió aquella noche se transformara de verdad en el verdadero apocalipsis.

La tierra estaba poblada por unos nuevos habitantes. Nunca se había contemplado o visto criaturas de tales características, su piel era de color negro con matices brillantes debido a las escamas que estas tenían, tenían poderosos brazos, fuertes y musculados, sus manos tenían garras largas y afiladas, andaban como los humanos, sin embargo ellos no eran humanos ya que eran una mezcla de lagarto y hombre, los ojos de aquellas criaturas eran rojos y estaba prácticamente hundidos en su cara, abrían levemente la boca para enseñar los colmillos que tenían demostrando su superioridad, pero esas criaturas no fueron las únicas en llegar, estas últimas no eran como aquellos lagartos . Se parecían a los hombres y a las mujeres de este mundo, eran más altos que nosotros, tenían un atractivo sobre natural aunque el cabello de estos era igual entre ellos, de color blanco perlino. Cuando la gente los vio pensaron que podrían confiar en ellos pero su mente ere más avanzada que la nuestra, su inteligencia parecía ser superior a pesar de compartir los mismos rasgos del físico y sus planes eran terribles.

Todo esto ocurrió en el 2190.

Me llamo Rose y ya paso mucho desde esa historia, yo no la viví porque aun quedaban  setenta y dos años para que yo naciese pero hubo gente que se preocupó de que aquella historia quedara en PDAs y en cualquier medio de comunicación.


Yo nunca había visto a una de esas criaturas hasta que ocurrió el desastre.

 Tengo dieciséis años y la visión de mi vida aun no es demasiado clara, creo que se debe a que aun me quedan muchas experiencias por las que pasar. Mis padres decían que era demasiado soñadora y es que apenas sabía de este mundo tan raro en el que vivía  ¿Por qué? Porque vivía en un pequeño pueblo en las montañas de un continente llamado Europa, vivíamos tan alejados para evitar problemas con los  drisure y los trizier por eso yo sabía  que no me ocurriría nada.

 

Me acurruqué entre las mantas de mi cama y apoyé la cabeza en la almohada, cerré los ojos y más tarde note como alguien ejercía una presión sobre mi brazo.

-¡Rose! ¡Despierta cariño!-era mamá, su voz sonaba angustiada así que me desperté.

-¡Mamá! Ya me he acostado bastante tarde, mañana no me voy a levantar.-me quejé.

Ella siguió tirando de mí y yo acabé levantándome, cuando lo hice vi que mi madre tenía un gesto muy angustiado y que en la otra mano había agarrado a mi hermana pequeña,  Iris.

-¿Qué está pasando mamá?-pregunté desconcertada.

-Agarra a tú hermana y corre bajando la montaña, no debes subir oigas lo que oigas.

Me calcé las botas y agarré la chaqueta de lana verde.

-¿Pero por qué?-insistí-¿Qué ocurre?

-no me preguntes, sal por la puerta de atrás, no hay tiempo.-dijo cansada de tantas preguntas. - Perdóname cariño pero no te puedo dar respuestas.

No pregunte por mi padre, no me atrevía. Mamá me acompañó hasta la puerta de atrás y mi hermana se puso a llorar ella también presentía algo.

-Cariño lo hago por vuestro bien, sabes que os quiero mucho y que nunca sería capaz de dejar a mis dos niñitas solas pero la casualidad lo quiso así.-dijo después de besarla en la frente.

-¡Mami!-dijo entre llantos mientras yo la agarraba evitando las lágrimas.

-Iris, haz caso en todo lo que te diga Rose quiero que te portes bien.-pero Iris siguió llorando.-Rose, debes de ir al puerto allí os espera un barco.

-¿Un barco? ¿A dónde nos lleva?-dije preocupándome más.

-No lo sé…-y cuando dijo eso empezó a derramar lagrimas y es que aquello no era un detalle que se la había escapado. Ella lo había querido así.-Lo siento hija…-me dijo mientras me empujaba para que echase a correr con mi hermana.

Miré hacia los lados y cogí a mi hermana en brazos para no entorpecer nuestra huida pero cuando estaba a tan solo unos pocos metros de mi hogar escuché cinco tiros, entonces el horrible presagio de la muerte apareció con toda la claridad del mundo. Miré hacia atrás y contemple a una criatura cuyos ojos brillaban en la oscuridad con rasgos rojos como la sangre que acababan de derramar. Iris apretó su cabeza contra mi hombro y note como las lágrimas de mi hermana manchaban mi chaqueta.

-mamá…papá-musitó.

-Iris…-intente consolarla pero ni yo podía.

Recordé a la criatura, era un drisure. Criaturas desconocidas para mí. Según me contó mi padre aquellas criaturas había nacido del fervor del fuego y la guerra y que si te encontrabas con uno de ellos recibirías la peor muerte.

El puerto no quedaba demasiado lejos de la aldea y cuando por fin lo conseguí divisar vi como la gente se iba apilando poco a poco. El barco no era demasiado grande sin embargo tenía los rasgos de ser un barco antiguo pero en ese momento era lo que menos me importaba. Eché la última carrera hacia él y subí entre todo el mogollón de gente, muchas personas de las que estaban allí las conocía y otras no.

Un hombre empezó a pasar una especie de lista y cuando me vio a mí y a mi hermana. Cerró los ojos y se dirigió a él que debía ser su capitán.

-Hola ¿Rose?-me preguntó.

-Si.-dije secamente.

-¿Sabes lo que está pasando?- me preguntó una vez más.

-No.-volví a decir con sequedad.

-Ven, deja a tu hermana aquí, no la pasará nada.

Miré a Iris y la dije.

-Pequeñaja, ahora vengo, voy a hablar con este señor.

Seguí al hombre, este abrió una de las puertas y me dijo que tomase asiento y que sería lo más breve posible.

-Supongo que sabes la historia de los drisure y los trizier.

-La sé de sobra. Por favor vaya al grano.-exigí.

-Estas criaturas han pretendido tener lo más controlado posible a todos los humanos, sin embargo en esta gran extensión de poder de estos peculiares viajeros olvidaron pequeños pueblos de muchos continentes pero los aldeanos de estos lugares conocían la existencia de estas criaturas ya que ellos descendían de los antepasados que vivieron la llegada de los drisure y de los trizier.

-¿Qué tiene que ver eso con mis padres?-estaba dispuesta a levantarme ni siquiera había podido llorar y en aquel momento me atormentaban con viejas historias.

-El mandato de los trizier y los drisure se puso como meta acabar con esta gente o incorporarla a su sistema de vida. Rose debes de saber que hay humanos que viven con estas criaturas.

-¿y cómo viven?- era incapaz de imaginarme a alguien viviendo con seres como esos.

-depende de que bando estés.- el hombre aun no había concluido pero igualmente yo le interrumpí.

-¿Va a aclararme lo que ha pasado con mis padres?- pero en el fondo yo sabía lo que había ocurrido solamente necesitaba a alguien que lo diera por hecho.

-Tus padres han caído junto a otra mucha gente.-dijo bajando el tono y la cabeza mostrando lastima por mi situación.- Ellos hablaron conmigo pidiéndome que les llevase junto con vosotras a  otro continente pero al parecer América no estaba hecha para tus padres.-ya podía derrumbarme aunque no en paz, me cubrí la cara con las manos y empecé a llorar incluso más de lo que lo había hecho mi hermana.- Ellos no sabían lo que iba a ocurrir sin embargo hablaron conmigo en caso de que esto ocurriese. Escúchame Rose  yo cuidare de Iris y de ti.

Escuche las palabras del desconocido y la duda se apoderó de mi.

-¿Por qué iban a querer mis padres marcharse de la aldea? ¿Desde cuándo conocía a mis padres?-cuestioné apartando mis manos de la cara.

-Tus padres no eran felices, estaban hartos de estar escondidos.-hizo una pausa para que yo asimilase la respuesta de la primera pregunta.- conozco a tus padres desde hace mucho lo que pasa es que yo soy un viajero pero debes saber  que tu padre y yo fuimos grandes amigos de la infancia.

En aquel momento me vino un nombre a la cabeza, mi padre hablaba mucho de un amigo que era un autentico cazador de ilusiones debido a los múltiples viajes y sueños que tenía.

-¿Dan?-el hombre asintió con la cabeza.

-Sí, el vándalo, el loco, el apasionado y ahora el viejo y el torpe.-dijo con una sonrisa pero yo no fui capaz de devolvérsela porque aun seguía llorando.

Bajó la mirada y me dijo.

-Yo también me siento igual, tú has perdido a tus padres, yo a mis amigos.

Cuando Salí de aquel pequeño camarote bajé a donde estaban los de los demás y me tumbe en mi respectiva cama, cuando lo hice Iris se tumbó a mi lado y ambas nos quedamos acurrucadas con la cara llena de lagrimas.

 

 

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Diario de Thomas Deep: Mademoiselle Rose

 


Varios días después

 

El sentimiento de angustia seguía dentro de mí. Era cierto de que nunca estábamos preparados. Yo no estaba preparado para comprender lo que estaba ocurriendo ya que lo que   estaba padeciendo era peor que la adolescencia.

Aquel día ni el contrabandista ni Mr.Steph aparecieron, supuse que me habían engañado como a un idiota. Yo comenzaba a estar aburrido de las cuatro paredes de mi hogar y de leer una y otra vez el corazón delator, lo había leído tantas veces que se me ocurrió recitar las frases que me había aprendido de memoria.

<< ¿Por qué decís que estoy loco? La enfermedad ha agudizado mis sentidos, pero no los ha destruido ni embotado>>

Era una de las frases del principio del cuento y sinceramente era una de mis favoritas.

En una de esas veces en las que la recitaba fue cuando me quedé mirando aquel valle, nunca cambiaba, las nubes no se movían, el viento no sonaba ni mecía a los árboles y lo peor de todo era aquel espejo enorme que sobresalía un poco entre las copas de los árboles. Aquel lugar comenzaba a ser monótono y absurdo así que me abroché la camisa, agarré mi fusil y me acerqué a la puerta para salir de aquella jaula.

Giré el pomo con cuidado y no me paré a mirar el paisaje, ya lo había contemplado muchas veces desde la ventana del salón. No sabía que camino escoger pero algo me decía que debía ir al espejo. Corrí hacia el bosque y entre los troncos negros vi al maldito espejo tan sucio como siempre. Una vez más me detuve frente a él como si le estuviese retando.

-¡Déjame salir! – grité al mismo tiempo que agarraba mi fusil con maestría y lo apuntaba como un imbécil.

El eco de mi voz rebotó en el valle pensé que eso asustaría a alguna criatura desafortunada, pero no fue así, estaba solo.

Cerré los ojos y el fusil se resbaló de mis manos al escuchar una vocecita que venía de detrás del espejo. Nunca se me había pasado por la cabeza mirar tras ese horrible objeto pero lo hice y lo único que encontré fue un acantilado. Seguí andando con cautela hacia el final del acantilado y entonces me di cuenta de que a la derecha había una escalera por la cual podías bajar. Las escaleras eran de pizarra y escurrían. Además, cada vez que bajaba un peldaño se iba descubriendo un paisaje marino que no había visto en todo el tiempo que llevaba en aquel lugar. Al llegar al final de las escaleras algo calló sobre mí y me tiró al suelo ¿Qué querían quitarme ahora? ¿El hígado? Era una mujer, me tenía agarrado de las muñecas y había apoyado la cabeza en mi pecho.

-¡Otro despojado! Pobrecito no tiene corazón – al parecer había más como yo.

No forcejeé con aquella extraña mujer porque en seguida se apartó pero al hacerlo  escuché como algo tintineaba, al fijarme me di cuenta que tenía una enorme cadena enroscada en su tobillo izquierdo. No me dio buena espina.

-Me llamo Madeimoselle Rose – me tendió su mano enguantada – bienvenido.

Yo me mostré reacio a darle la mano

 Los  peculiar los rasgos y facciones de Madeimoselle Rose estaban demacrados y estropeados, el color de su piel era enfermizo y la sequedad causada por el mar había hecho que hubiese perdido su lustre. Bajó sus ojos de color miel descansaban unas horribles bolsas, el parpado del ojo derecho estaba más caído que el del otro ojo, sin embargo Madeimoselle no había perdido el espíritu de mujer coqueta y aun llevaba los parpados pintados con un notable verde. Tenía unos labios pequeños pero jugosos, coloreados con un carmín granate que además olía a flores. El cabello de zanahoria de Madeimoselle Rose estaba recogido en un moño que estaba casi desecho porque por la nuca resbalaban algunos mechones y en algunas partes de la cabeza se veían unas horribles calvas que la mujer intentaba disimular sin éxito.

-¿Inglés? Ahora entiendo tu comportamiento.

-¿Qué haces aquí?

-Quería disfrutar del mar pero unas sirenas se tomaron demasiadas confianzas conmigo- dijo levantando la pierna ligeramente a la vez que me enseñaba la cadena.

-¿Sirenas?

-Definitivamente eres inglés e incrédulo.- siguió mientras se sentaba en una de las rocas- ¡fueron los hermanos Duo!

-¿Quién?- de que narices me estaba hablando.

-Mas te vale que tengas cuidado. – me advirtió -Tres hermanos están esperando

A que cruces el océano nadando. – recitó.

-¿Qué ocurre si lo hago?

-el otro lado no podrás ver porque morirás – terminó susurrándome al oído.

Había una forma de morir, aquello sonaba tentador por la situación en la que estaba.

-No lo hagas inglés ingenuo. - me aconsejó-  si consigues un corazón nuevo podrás ver todo lo que esconde este mundo, podrás ver más allá del valle.

-¿Cómo puedo conseguir un nuevo corazón?

- Es una prueba- continuó hablando – debes ser paciente y esperar a que alguien nuevo llegue al valle.

-¿De cuánto tiempo estamos hablando? –quise saber.

-¿Tiempo? ¿Qué importa el tiempo? A nosotros dos nos sobra.- aseguró con una mirada profunda – todo depende del espejo.

Ya estaba cansado de reaccionar como un chico de doce años que se escapaba de casa cuando sus padres discutían, ya nada podía sorprenderme, ya me había hecho a la idea que no volvería si conseguía mi nuevo corazón tampoco podría volver a Inglaterra ¿Qué sentido tenía no morir?

-No lo hagas muchacho. – Dijo la francesa – dime tu nombre.

-¿Qué importancia tiene eso ahora? – Contesté con un tono distante aunque finalmente la respondí – Me llamo Thomas Deep.

-¿Deep? Un apellido interesante.

Sonreí levemente a la mujer que intentaba ser simpática conmigo.

-No te desesperes ya verás como aparece un corazón.

-creo que no me voy a desesperar.- admití – tengo todo el tiempo del mundo ¿no?

 

 

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Enséñame el truco que me hará temblar

 


Enséñame el truco que me hará temblar

 

¿Temblar de amor? Era lo que en esos momentos más deseaba, quería sentir como mi corazón se desbocaba al igual que un animal salvaje pero ¿Cómo iba a temblar? Mi vida tenía sentido y no necesitaba a nadie, sin embargo no podía evitar envidiar a aquellas chicas que hablaban de su “ persona especial ” si, esa persona que es “ algo más que un amigo/a ”. No era una adolescente híper hormonada pero quería sentir ese sentimiento que hacía que la gente escribiese historias o le dedicase canciones.

Como todas las tardes del viernes busqué refugio en mi cafetería favorita. Me acerqué a la estrecha barra buscando el sitio en el que siempre me sentaba pero alguien se había sentado en el, por supuesto no iba a echarle aunque me cabreé un poco .En ese instante mis oídos percibieron una voz grave que cantaba una de mis canciones favoritas “ Just like heaven ” lo hacía de forma discreta y eso provocó en mi una leve sonrisa, al agudizar más el oído me di cuenta que aquel que cantaba era el usurpador que se había sentado en mi taburete.

Quise hablarle, primero abrí los labios pero cuando me disponía a hablarle el camarero me preguntó que iba a tomar, mi conciencia emitió un grito de rabia que resonó en todos los rincones de mi ser << Cálmate >> al recoger el café me quedé de pie junto a él, agarré la taza para sentir el calor que desprendía por el ardiente café y me pregunté a mi misma si el extraño sabía que tenía una admiradora a sus espaldas. Se movió hacia atrás y al hacerlo golpeó mis manos, lo que provocó que se derramara un poco de mi café.

-Lo siento – mientras me limpiaba las gotitas del café que había caído sobre mi jersey comprobé como era el extraño que cantaba y que había robado mi sitio.

-No te preocupes –pude decir – solo han sido unas gotas.

Sus ojos oscuros se quedaron fijos en mi cara y al mismo tiempo me sonrío de forma leve pero cálida.

-pero el café quema mucho. Lo siento, debería haber estado más atento.

-Ha sido culpa mía, estaba muy cerca. –dije.

-¿Vamos a seguir buscando culpables? – preguntó de forma clara y directa.

Le sonreí al igual que él pero de una forma más amplia.

-Estabas cantando “ Just like heaven ” ¿verdad?

-Sí, me encanta “ The Cure ” además esa canción me la aprendí cuando era un chichón del suelo. – me respondió a la vez que se reía. Me contagió su risa y le observé por un momento, me gustó verle sonreír y sentí que quería volver a escuchar aquella risa tan musical y limpia.

-¿Y lullaby? ¿No te recuerda el videoclip a una historia de Tim Burton?

-¿Lullaby? Reconozco que sí – asintió a la vez que apoyaba el brazo en la barra – siempre he tenido una gran fijación por “ Just like heaven ” creo que  debe ser  por la letra.

-¿Me enseñas el truco que me hace gritar? – le pregunté recordando una de las frases de la canción.

-prefiero enseñarte el truco que te hará reír.- mi corazón se había disparado en aquel momento, su voz y los gestos que había empleado al hablar se clavaron en mi cerebro como un clavo en la pared, quería responderle pero me di cuenta de que solo era un extraño - ¿Qué me dices a eso?

-Te respondo que no sé tu nombre.- dije con sabiduría.

-tenemos  el día entero para conocer nuestros nombres y si te incomoda sigue tuteándome.

-Dime tu nombre y te prometo que me escaparé contigo.- rebelé y esta vez fui yo la que clavé mi mirada en la suya.

Al final de aquella tarde de primavera conocí su nombre y lo que era temblar de amor y al final del mes conocí sus labios, cálidos y suaves como su sonrisa, como su voz con la que continua cantando “ just like heaven ” como si fuese su canto de sirenas y yo la idiota que se siente atraída cada vez que lo hace aunque siempre me gusta caer en la trampa.

 

 

 

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¡He vuelto! Perdón por no haber aparecido en todo este tiempo

Una sinvergüenza que quiere actualizar: Sé que llevo mucho tiempo sin pasarme por libro de arena. Perdón. La razón por la que no he pasado a penas por el blog no es que mis padres me abandonasen en una isla desierta y yo intentara actualizar con una botella cosa que habría sido inútil porque todo el mundo sabe que la botella se la habría comido un tiburón. La verdadera razón es que todo se ha complicado más de lo que yo pensaba, día tras día he tenido exámenes y cosas que sé que a nadie le importa. Siento no haberme despedido en condiciones ni haber dicho "Voy a tener cuatrocientos mil kilos de exámenes y no voy a poder actualizar" y ahora todos os preguntareis ¿Y por qué no actualizaste en verano? Y la respuesta para todos vosotros es que tuve que estudiar matemáticas (un año más¬¬) ahora tampoco creo que pueda actualizar muy a menudo pero el caso es que durante este tiempo escribí algunas historias cortitas en mi libreta. En fin, lo siento mucho y gracias a la gente que me votó ^^ Únete a la plataforma "Dame un tortazo" y di "te doy un tortazo" XDDDD

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Diario de Thomas Deep (sangre y silencio)

<< Confía en tu corazón>> Me dijeron una vez.
Mr. Steph estaba sentado y yo no me veía con fuerzas para hablar.
Escuché otra vez como la puerta se abría, aquello me cabreaba bastante supuestamente ese lugar sería mi casa.
- ¡El bello durmiente se ha despertado!-exclamó una voz masculina con poco entusiasmo.
Le miré de arriba abajo. Su cabello grisáceo con algún rasgo cobrizo estaba lleno de remolinos, tenía barba de tres días y los ojos azules oscuros estaban enmarcados por patas de gallo. Su forma de vestir recordaba a las de un espía, llevaba un enorme chaquetón marrón oscuro, los pantalones también eran oscuros al igual que la camiseta y unos guantes de cuero negro cubrían sus manos.
- Haga el favor de no llamarme así.- exigí mosqueado.
- Aun no nos has dicho tu nombre.-me recordó el viejo.
- me llamo?
¿Qué estaba haciendo? Eran dos desconocidos ¿y si no eran lo que aparentaban? ¿Y si querían engañarme?
- debe ser retrasado.-mencionó el hombre de la gabardina.
Se puso delante de mí y comenzó a hacerme gestos y a gritarme.
-¿Co-mo te lla-mas?-dijo recalcando cada una de las silabas.
- No soy idiota.-musité.
-¡Por fin habla! Pensábamos que eras mudito, pero ahora me doy cuenta de que solo eres un cretino.-dijo el hombre de la gabardina.
El tal Mr. Steph le hizo un gesto a su amigo para que parara.
-Soy el teniente Thomas Deep.
Ambos hombres se miraron.
-Supongo que Mr. Steph ya se habrá presentado, yo me llamo contrabandista.
-¿Cómo?- pregunté incrédulo.
-Cuando nací mis padres vieron el trapicheo en mi cara ¡Hablando de trapicheo!
Contrabandista se coló en la habitación donde antes estaba tumbado y apareció con mi casco.
-Mr. Steph ¿Cuánto crees que me darán por esta cazuela?
Yo le arranqué el casco de las manos y le contesté.
-Esto no es una cazuela y no está en venta.-hice una pausa.- Además lo necesito para proteger mi cabeza.
-¿De qué?- preguntó entre risas y miró a Mr. Steph que estaba muy serio.-¿No se lo has explicado?
-Tampoco he tenido tiempo para ello.
¿A qué se debía tanto secretismo? ¿Qué tenía que saber?
El contrabandista sacó una navaja y yo me puse nervioso porque veía que me intentaba acercar el arma así que me puse a la defensiva y cuando estuvo cerca de mí le di un buen puñetazo.
-Serás?-se contuvo de decir una barbaridad.-no pretendo hacerte daño solo quiero enseñarte una cosa.
-No. Escúchame bien, no sé cómo puedo seguir vivo sin corazón pero no pienso dejar que te me acerques con una navaja ¿entendido?
-Solo pretende enseñarte una cosa.-añadió Mr. Steph.
-No.
-Si te lo digo no me creerás.- siguió el contrabandista.
-¿Y por qué no?
-Porque yo no me lo creería.- y dicho eso se acercó a mí y me hizo un pequeño corte en el brazo.
No sentí nada, no sentí dolor. Miré mi brazo y el corte, no salía sangre y los bordes de la herida tenían un color rosado, aquello me recordó al pavo que compraba mi madre por navidad, era como si no tuviese una gota de sangre.
-el hombre que te arrancó el corazón se llevo también tu sangre.- señaló Mr. Steph que se había levantado y miraba la estantería en busca de un libro.
Me llevé las manos a la frente << esto no puede estar pasándome >> pensaba una y otra vez mientras recibía miradas de compasión.
-¿Por qué?-conseguí articular.
-Aquel hombre no tenía corazón y ya le había llegado la hora de tener uno.
Concluyó el contrabandista.
-Toma.
Mr. Steph me dio un libro con pastas de cuero verde donde ponía
<< Cuentos de Edgar Allan Poe >>
-Daniel nos dijo que el próximo sin corazón debía tenerlo.-ambos hombres se acercaron a la puerta de salida.-Mañana volveremos.- y se marcharon.
Cuando mi instinto me dijo que aquellos dos locos estarían lejos de aquí me senté sobre el suelo de la habitación , apoye mi espalda en la cama y maldije a Daniel, después me dispuse a abrir el libro que me había dejado. La mayoría de las hojas tenían frases del tal Daniel y no se podían leer los cuentos, pero cuando llegué al cuento del corazón delator solo había una frase.
<< Una historia con corazón >> entonces el libro se escurrió de mis manos y comprobé que el silencio si existía.

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Diario de Thomas Deep I



Mis parpados pesaban demasiado y además no estaba seguro de querer abrirlos, aun así con los ojos cerrados moví un poco la cabeza y entonces sentí bajo mi cuello algo mullido y bastante cómodo, era obvio que mi cabeza estaba apoyada sobre una almohada, entonces deduje que todo lo que había pasado no había sido más que una horrible pesadilla. Me sentí con la valentía suficiente para abrir mis ojos, sin embargo lo hice con lentitud. Mi cuerpo descansaba sobre una cama bastante grande, la colcha era de color blanca con bordados que se clavaban en mi piel y la habitación en la que estaba me recordaba al dormitorio de mis padres e incluso llegué a pensar que había vuelto a casa pero en aquel cuarto había algo que no encajaba, las lámparas eran de aceite. Recuerdo que mi madre guardaba algunas pero solo las usaba en casos muy desesperados. Me levanté de la cama con violencia tirando la colcha por los aires y me dirigí con furia a la puerta, la abrí de forma brusca y cuanto salí de aquella habitación mis ojos se toparon con un espejo, en aquel espejo se reflejaba mi silueta entonces?entonces vi los vendajes que rodeaban parte de mi pecho. Me arranqué las vendas con las manos y cuando vi lo que escondían me puse furioso y destrocé todo lo que había a mi paso, una cicatriz surcaba el lado izquierdo de mi pecho. Grité, grité mucho y finalmente acabé de rodillas en el suelo astillado y viejo del salón de aquella casa finalmente lloré.
Pasaron minutos y mi mirada grisácea se quedo fija en un solo punto de aquel salón de paredes empapeladas con un papel rojo de florituras, la chimenea se había llevado toda mi atención.
Escuché como alguien abría la puerta pero ni me digne en prestar atención al intruso sin embargo este sí que me prestó atención.
- ¡Dios santo! ¿Qué ha pasado aquí? -oí sus pasos y como merodeaba por la casa a sus anchas. El hombre recogió cada una de las cosas que yo había destrozado.
- ¿No me respondes?
Me puse en pie y le miré, era un hombre anciano, su cabello blanco estaba completamente echado hacia atrás y las arrugas que tenía en la frente y en las mejillas marcaban más su mirada azul e impoluta. Su ropa era un tanto peculiar pues llevaba una americana roja impecable, la camisa de color blanco impoluto, los pantalones negros y una pajarita adornaba su cuello aunque la llevaba torcida.
Me golpeó con ligereza con un bastón cuya empuñadura era plateada y el resto de madera oscura.
- ¿Quién es usted?- pregunté en un susurro.
- Me llamo Mr.Steph y soy el dueño del tiovivo. - el hombre apoyó la mano en mi espalda me arrastró con delicadeza a la ventana y con su bastón señalo un hermoso tiovivo.
Aproveché para mirar el paisaje y recordé el bosque de los árboles de troncos oscuros y hojas rojas, estaba en un valle de praderas verdes con un pequeño riachuelo pero el cielo estaba demasiado gris supuse que en cualquier momento comenzaría a llover. Agaché la cabeza y le pregunté al hombre.
- ¿Estoy en Inglaterra?
El hombre me miró con lastima, entonces se sentó en el sillón. Sabía que me iba a decir algo malo.
-Verás joven.-el hombre hizo una pausa esperando a que me sentara.-Esto no es Inglaterra.
Aguante el sufrimiento como pude pero aquello era demasiado surrealista para mí.
- Estás encerrado.-continuó Mr.Steph.
- ¿Por qué? - dije con espontaneidad.
- Porque no tienes corazón.
Las imágenes de aquella horrible pesadilla volvieron atormentándome y horrorizándome. Agité la cabeza una y otra vez me levanté y puse mi mano sobre el lado izquierdo de mi pecho pero lo único que obtuve fue silencio.
No tenía ni tengo corazón.





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Introducción

Me llamo Thomas Deep, tengo veintitrés años y soy un soldado británico. Lucho o mejor dicho luchaba en el bando aliado pero el 10 de junio de 1944 desaparecí del mapa.
El 10 de junio de 1944 yo estaba de guardia en el campamento con otros soldados hasta que me llamo mi superior a su tienda de campaña. Recuerdo que mantuve con aquel hombre más que palabras pero aun así mantuve mis modales impecables e intente no decir ningún insulto pero lo que verdaderamente hizo enfadar al superior fue mi último comentario, lo recuerdo perfectamente porque fue lo último que dije << Señor, creo que usted lo único horrible que ha sentido en estos últimos meses ha sido el olor de su puro, sin embargo sus hombres y yo hemos olido el humo de la batalla>> entonces el superior me miró con desprecio y dijo << Si vuelves hacer un comentario así teniente Deep te enviaré a un lugar tan horrible que no te lo puedes ni imaginar >> y dicho eso se marchó de su tienda recargada dejándome a mi solo.
Lo primero que hice cuando no estaba fue mirarme en el enorme espejo que tenía, acaricié mi pelo rubio que estaba mojado y entonces aquel espejo comenzó a oscurecerse y la oscuridad se presentaba como si fuesen culebras que reptaban por el espejo, hasta que finalmente mi silueta no aparecía en el. Mi pulso se agitó e intenté salir corriendo pero unas cintas azules oscuras me sujetaron y tiraron de mí. El espejo me había absorbido.
Llegué a una sala que recordaba a las celdas de los castillos medievales, las paredes eran de piedra y entre los huecos había goteras y musgo. Agarré con fuerza mi fusil y me abroché el casco, me puse en guardia y analicé cada lado de la habitación. Al final del cuarto había dos puertas y entre ellas una estatua con un cuenco donde había algo, me acerqué y comprobé que era una especie de crema de color azul, por si acaso no me atreví a tocarlo, sin embargo mi dilema llegaba en el momento de elegir que puerta me llevaría a una supuesta salida. Comprobé que en uno de los enormes ladrillos de piedra había una escritura donde decía << la puerta izquierda guarda un camino luminoso pero si eliges la de la derecha deberás atenerte a la oscuridad y tendrás que ser paciente hasta que llegues a la salida >> Sin dudarlo elegí la puerta izquierda y cuando la abrí un montón de luz cegó mis ojos, di diez pasos hacia delante hasta que mi cuerpo chocó contra una puerta oscura que desentonaba entre tanta luz y cuando la abrí me encontré en una sala con forma de pentágono, en el centro de ella había un hombre que sostenía un violonchelo pero aquel extraño no tenía ojos es mas ni si quiera tenía cuencas. El violonchelista comenzó a tocar y cuando acabó aquella dulce melodía señaló uno de los espejos que había en la sala cuyas esquinas estaban rotas, lo atravesé con la esperanza de volver al campamento sin embargo cuando lo hice aparecí en un bosque, los arboles de aquel lugar tenían los troncos negros y las hojas rojas, observé el entorno y vi que había un sendero. Me dispuse con terror a cruzarlo sin embargo alguien se me echó encima ambos forcejeamos, era un hombre mucho mas mayor que yo y en la mano derecha llevaba una especie de bisturí. Yo saqué mi revolver de su funda y le disparé varias veces, el hombre se quedó quieto encima de mí, me lo quite de encima y me levanté, sin embargo el hombre se levantó y me clavó el bisturí en el lado izquierdo. Sentí dolor y grité con fuerza ya que notaba como la profundidad de la hoja de aquel bisturí rasgaba mi piel, hizo un corte largo y profundo pero lo más extraño era saber que aun seguía con vida. Introdujo la mano en la herida y me arrancó el corazón.

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