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El costado izquierdo

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турист магазинa


                                         

 

 

- De reserva… uno nunca sabe cuando va a necesitar luz.

 

Fue una sensación.

Para mi, las últimas dos lajirtijas que Shelter sacó de su bolsillo duraron más. No sé. En ese ratito, y mientras él sacaba cuentas sobre los gastos para viajar hasta el límite oeste, yo recorría las charreteras de su chaqueta con la pluma de una grulla real. La misma que lucía la tarde cuando lo conocí.

 

Yo buscaba un medidor de luna que no fuese radioactivo. Uno simple de esos que marcan las fases de la creación. Lo necesitaba para adornar el frente de mi casa y tener una leve idea de los nacimientos en el nivel π. Pensé en la tienda para turistas porque es el único almacén de todo el ghetto en el que venden lo inimaginable.

Mi amigo Zunaid había comprado, allí, un erhu de cristal, con una muñeca china incluida, que sólo con el mando de la voz ejecutaba cualquier melodía.

 

Al abrir la puerta del lugar, el olor a café me mareó. Sí. Lo prohibido marea en todos los refugios. En el ghetto está prohibido pero la tienda está para satisfacer deseos de turistas (Él  también consigue Coca Cola de contrabando, obligando  a los piratas de Tlion a dejar un pack cada vez que pasan por la tienda a reponer mariposas adiestradas)


 

 

Desde uno de los ángulos:

 

 -Toeeeeeristeeee ,toeeeeeristeeee

 

Un pájaro multicolor, enorme.

 

Shelter apareció.

 

No, no, no: fue apareciendo… primero su gorra SwT; luego la chaqueta-que tiene puesta ahora y casi siempre- con sus X bordadas en las charreteras. Sus pantalones. Sus borceguíes acerados.

 

Intenté explicarle lo que buscaba pero la música de la jukebox me distraía “… y tú mirando para el Sur…larala…larala ”

 

- Qué de cosas! Le dije, finalmente, para que no quedaran rastros de inteligencia en mí.

 

- Uffff, te gustan las chucherías? Aquí hay de todo. Tienda para turistas, al fin. En estos anaqueles de dimensiones asustativas conviven cajas y cajas de marcadores Maradona; Todo tipo de ropa chamuscada por las llamas de la autocombustión. Se venden como rezagos a otros turistas advenedizos  junto a la pequeña cronología de los hechos ya que es habitual en turistas, eso de incendiarse junto al cartel ubicado a las puertas de la ciudad que dice:

“Soulless, el emporio de la piel llagada”…

 

-Cuál?

 

-Ese  que tiene dos muñecos desnudos siliconados…En el fondo, por allá,  tengo una colección de partituras de un loco al que llamaban  Wolf-gangus y cientos de varitas de director de orquesta. ¿Ves? Justo iba a remarcar el precio de las mermeladas de amores contrabandeados. Por supuesto todo tipos de pins: de la Escuela de sirenas, de la Academia para encuadernadores, del parque de lajirtijas. ¿Qué necesitabas?

 

Le conté sobre el medidor de lunas.

 

-Tengo.- sonrió satisfecho. Y se puso a buscar entre las cajones.

 

-SUEÑOS SIN USO- SUEÑOS USADOS (reponer)- SUEÑOS POR ENCARGUE

 

FASES DE LUNA- SAT.  buscó un papel lleno de símbolos.

 

- Acá está. ¿Tenés casa?

- Alguna…

-Bien, Pegalo sobre la pared  que da a las chimeneas PortLand.

 

 

- ¿Vendés sueños por encargue?

 

- Ah, esos. Antes si. Éramos muchos más y los turistas querían parecerse a nosotros. La mayoría deseaba encontrar diamantes de caras incalculables 

Ahora somos muchísimos  menos. Incluso menos lagartos y menos lijirtijas. Los turistas traen sueños holísticos y las minas son cráteres muertos.  

-¿Cuánto debo?

 

Nada.- Volvió a sonreír.- Cuántos keiros puedo cobrarte…mirate esos zapatos… a ver, Te vas a caer, como todos nosotros cuando arrastramos los hilos…- y se inclinó.

Ahí me di cuenta que íbamos a andar juntos.

Ahí me di cuenta de que era poeta; Lo supe por el modo en que me ató el cordón…

 

                  ***********************************

 

-Ey! Me estás escuchando

 - Ah, sí, perdón.

-Mmmmmmm, a ver ¿qué dije?

- Que el amor es dibujar flores en los picos nevados hasta que el rojo los derrita o adiestrar nubes que aprendan a jugar carreras sin hacerse trampa. Hacer que las lajirtijas sean   felices viajando al cielo.

- Jajajajajaja… Sí. Escuchaste!

 

 

(Ay… Mi margarita, si se desarma me muero.)

 

 

 

  

 





(Imagen Principal : Drawers, Marcin Jakubowski )

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"LAJIRTIJAS"


 


Otros piensan en cápsulas espaciales para poder mandar sus poemas a la Luna, yo dejé los poemas que nunca escribí en casa de Háqrön para visitar la cara oculta de esa misma Luna. Los alfileres clavados en algunas fachadas nos invitaban a trepar hasta las cornisas llenas de nubes y repletas de niños que comían helados de frutas tropicales y niñas que saltaban a la comba de dos cuerdas volteadas por enanos blancos del Camerún; agarrados, girábamos alucinando estrellas con los zapatitos de las niñas sirenas.


Bajamos en un tubular helicoidal con letras en kirghiz: турист магазинa-Remington Steele; eran las ocho, las luces del parque se apagaban y volvían a funcionar dos horas si le echabas por la ranura dos lagartijas vivas autóctonas sin patas rotas, era su única manera de ir al cielo, permanecían esperando casi sin moverse frente a las luces que se apagaban con ranuras en el parque y mientras estábamos sentados nos acariciaban los pies rozándolos como hacen los gatos del Sol. Los turistas seguían empeñados, discutiendo, que las niñas sirenas a trescientos metros de altura, entraban en hibernación creacionista y que siempre esas noticias las verificaba Reuters. Echamos dos lagartijas más, madre e hija, bellísimas.


Siempre creí que habría sido un sueño. Toda esa libertad no era sino el deseo de volver a vivirla, tocar las escamas de los peces y sentir su frialdad, sentirme libre sin ojos en las manos que me apremiaran cada amanecer por mis débitos, por sus viejos compromisos, la vertiente más imprecisa, una delgada línea que puede llegar a separar en dos definitivamente la vida del ambiguo anfibio.


Así, debilitado, busqué un refugio en las ondulaciones de un cordón de aquellos zapatitos, en los lazos donde la brisa de New Orleans roza la respiración de las ballenas y propaga ese sonido hasta encerrarlo dentro de los platos chinos que tapizan la superficie de Europa, la segunda luna de Júpiter en la cual Zeus tiene prohibida la entrada. Harto de tantas tumbas, harto de no poder abrir los libros, recogí las fuerzas de aquel ángel frágil, sin arco, y volví al parque de las luces con ranura.


¿Si es verdad que no puede entrar un dios, cómo podrías hacerlo tú? Recordé algo que escuché a un sabio callejero en Bagdad “cuando la luna es una pequeña guadaña, empieza el sueño del dios”. Metí las manos en los bolsillos y saqué dos “lajirtijas” con las patas nuevas.





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Shelter


 


Quedamos en encontrarnos a las ocho. Sólo un ratito.


Una gran cinta invisible de caminar mueve a la gente por calle Corrientes. Entre todos, entre tantos, veo  sus brazos dibujando transportadores.

 

- Busquemos una plaza.

 

Y Shelter me da la mano para cruzar la avenida. Aprieta más  fuerte cuando el semáforo comienza a parpadear.

 

 4-3-2-1-stop.

 

-Acá está bien, hay sombra.

 

Y yo lo sigo porque él siempre tiene la solución y, además, sabe contar historias. Muchas historias.  ¿De princesas?  Sí, sabe! Pero las evita por respeto.

 

-Traje Coca Cola. Pensemos refugios. No nos puede costar tanto.

 

Le vuelvo a pedir esa, de la caverna. Hace juego con su voz.    

 

- la conté muchas veces…

 

 Ese día, en la caverna, sintió tanto miedo que sólo atinó a mirar la pared.

Mientras los rayos caían, incendiando la tierra, vio la silueta en la piedra y la marcó.

Silueta de futuro escrito fue  su refugio.

 

Ahora me hablará de Aníbal y sus elefantes. Luego de los árabes que  construyeron insuperables escondites entre alhajas, almohadones y aljibes.

 

-Pensemos.

 

Y pienso en  un refugio de velas encendidas y leche tibia.

 

Un refugio de papel que no destruya ningún reloj. Meternos allí.

 

Refugiados. Lejos de la sal bíblica.

 

 

- No está mal aprender que si miramos para atrás nos convertiremos en estatuas.

 

 

Refugiados. Un ghetto propio donde no entren ni las muecas de sabios ni las  trampas de los alquimistas posmodernos ni las Javas atómicas.

 

Teniendo a  Shelter cerca ya no cuentan los  Budas automáticos ni  los  gatitos de la suerte china. Todas las “jaulas” de Bangkok son palacios si se escucha su risa.

 

-Me duelen las rodillas de buscar petróleo.  No quiero refugios a los pies de las gárgolas ni carritos de supermercado 3D. Pensemos pronto.

 

-Qué del amor y de la eternidad… ¿No son refugios?

 

-…;Vamos, es tarde.

 

 Corta una pequeña margarita.

 

- Nunca la deshojes.

 

 Y otra vez me da  la mano para cruzar.

 

 

 




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Sin Prisa Ni Vecinas

 



 

 

 


Voces de Lagartos:

 

 

 

Tormentas fenomenológicas, el ruido de los papeles al ser destruidos, bajar las escaleras escuchando las sirenas de la policía, tropezar por culpa de un cordón del zapato izquierdo mal enlazado, colocar con tres dedos las gafas en su sitio mientras tragas de nuevo saliva cuando abre la puerta de su casa la vecina que te delató, con un delantal podrido de manchas antiguas, levantar la cabeza y mirar la puerta entreabierta aplastada con la luz de una farola... salir por patas!!

Deseo lagartos truchos, los imagino sin prisas ni vecinas...


 






Dónde usás los dientes mi amor?

clavados en el cuello, por hoy...

mientras bailamos tangos fatales



El tango que ocultamos mejor

del que preferimos no hablar

es el que nos tiene anarcotizados



Vivir, solo cuesta vida

Ahora! Ya mismo! Puedo ajustar un guión de ropa sucia

Ropa sucia, Fuera! Ahora mismo!

Ropa sucia, Fuera!



Andás dando guerra y temblás

gastándote en relámpagos

tu estómago gruñe como enjaulado



Ahora mismo!

Ropa sucia, Fuera!

Ahora mismo!

Ropa sucia, Fuera!



Tu gracia mete miedo mi amor

dejo de beber tu licor

que huele a tormenta de viejo estilo



Dónde usás los dientes mi amor?

clavados en el cuello, por hoy...

mientras bailamos tangos fatales



Vivir, sólo cuesta vida

Ahora! Ya mismo! Puedo ajustar un guión de ropa sucia

Ropa sucia, fuera! Ahora mismo!

Ropa sucia, Fuera!

Ropa sucia, fuera! Ahora mismo!

Ropa sucia, Fuera!

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El Reloj NO dice Big Ben


 


Bugatti  la escuchaba desde el otro sillón de mimbre. Leve vaivén crujiente  hamacando  sus ideas.      

 

Ella, por hoy, todo monólogo. Toda voz eviscerada. Toda tormenta de verano:

 

- Por el oeste va cayendo Enero

   Sin que mis razones

   Logren conformarlo.

   No volverá.

 

Bugatti imagina un pozo amarillo (el color del girasol que está mirando) y Enero en el borde.

 

Y Ella:

 

-Dejó escrito en la jaula vacía

 Y en los dientes del calendario

 Que si no supe usarlo

 No fue su culpa.

 

Bugatti se pasa la lengua por sus propios dientes. Culpas enjauladas. NO!

 

Y Ella sigue:

 

-Se llevó las palabras

 Ajadas por el sol

 Esas que flotaron y

 Nadie quiso oír.

 

Bugatti prende un cigarrillo. Flotan anillos de humo que se alzan hasta el cielorraso. Ambos con los ojos en el  vértice izquierdo del salón.

 

Y más:

 

-Dejó una torpe araña

 Para el mes siguiente

 Que sube y baja

 Por el mismo hilo.

 

 

Ahora es la voz de Bugatti la que recorta el lugar:

 

-No entiende

 Debe girar sobre si misma

Dibujar su cuerpo en la pared

Pero no entiende…

Quizá Febrero.

 

Ella confirma con un gesto. Se levanta de su sillón y camina hasta la ventana:

 

-El reloj de mi torre

 no dice Big Ben

 pero algunos segundos

 tienen niebla.

 

 

Bugatti también se levanta y busca  entre los CD el recuerdo de esa otra araña y ese otro Enero:

 

- El reloj de mi torre

No dice Big Ben

-tampoco-

Pero algunos segundos

Tienen  estrellas.

 

  

 

 

 Y como siempre, apretó play:

 

 

 

 

 

 

 

 




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Un McDonnell Douglas en las Nubes





 


El hato de mentiras, desprecio, palizas y el no comer caliente, desata pantalones, shorts, camisas floreadas, bragas, calcetines, sueños y ligueros de cualquier secadero. Desencadena tristeza rabiosa y una desesperanza narcótica: Mirar los frutos maduros, casi secos, cayendo de ese tendal secreto que se llama “un sufrimiento de caballos”.


No me dejaba dormir, trescientas vueltas sudando pesadillas, demasiado ruido, el calor asfixiante que se declaraba inocente. Me levanté y perseguí aquel ruido calcado al despegue de un Douglas cuatrimotor del 46, en cada paso que daba el ruido rayaba hasta mover los dientes.


Entré en su casa, un caserón enorme con el suelo lleno de nubes que salían por la puerta. En el centro del patio, María (nombre escogido deliberadamente) de rodillas ante un balde sin agua y con lavadero de madera clamaba una retahíla de sinrazones, insultos, rascamientos de la cabeza de pelos anárquicos (estudio de una reforma neuronal) golpes secos de la palma de su mano, babas de ofrenda… Todo oculto, escondido, por el ruido de aquella lavadora pasada de centrifugado con tambor de carga frontal, viajando a la velocidad de la locura y escupiendo espuma de jabón industrial inflado; como un altar con sagrario donde María guardaba su dignidad y su odio hacía todos aquellos que le llevaron a su conflictiva y aseada locura.

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CÉLULAS


 Van Gogh, Vincent


 


No miré el efecto ni el aspecto científico del hecho de salir al pasillo de la séptima planta y volverme para darle un beso de despedida, en la primera hora de la mañana es casi un ritual en lo que se convierte al separarnos para irnos cada uno a su trabajo. Ella estudia la mirada de la gente, yo miro a los que estudian nuestras miradas.


Unos días atrás Xevelq me dijo que me notaba nervioso y fuera de mi entorno. Yo sabía que ella, desde antes, ya estaba volando por los tejados del rascacielos que un arquitecto loco construyó en el campo, a noventa kilómetros de donde vive el vecino más próximo. Sonaban los teléfonos y corríamos en direcciones opuestas para contestar, después nos mirábamos y callábamos con los instrumentos del trabajo clavados en la moqueta del apartamento, las sospechas nos ahogaban, culpen a las lágrimas.


En la puerta volví a darle otro beso, rompía el ritual, nunca le besaba en la boca antes de separarnos en la calle, se detuvo y me acarició la cara con las yemas de los dedos. Después de cinco días nos veíamos recíprocamente las pupilas; curiosas coincidencias, los suyos brillaban también, idénticos reflejados los míos; ojos ni vidriosos de llantos ni cansados, irritados, el tono de las palabras sería: ansiosos, expectantes.


En el aparcamiento de aquella azotea me esperaba el señor Frölich, después de veinte años iba a conocer a mi hermana, bajé del coche y me fui acercando, Xevelq estaba a su lado llorando.

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Costado Izquierdo

 


 


Siga la flecha.

 

 

Párese del otro lado.

 

 

Llegará el Nuevo testamento escrito en bits.   





 


El mismo Hombre de siempre, sólo cambiando los telones.


αριστερό άκρο


 

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