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JUGUETEOS

Lo esencial es invisible para los ojos, sólo se puede ver bien con el corazón. Antoine de Saint Exupery


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Encuentro casual

 Este es un texto muy viejo, de allá por el 2010. Lo traigo ahora, porque al releerlo casualmente, me ha sacado alguna sonrisa.


La mujer estaba semidormida cuando entró al baño y giró el interruptor de la luz; fue tan intempestiva su entrada, que no me dio tiempo de esconderme o correr hacia cualquier lado, así que me quedé quieto, confiando en que no volteara hacia el lugar donde yo estaba y me descubriera. Llevaba todas las intenciones de bañarse, porque sin más y casi a tientas, abrió las llaves de la regadera y empezó a mediar el agua; acomodó sobre la caja del sanitario, la toalla y la ropa interior que llevaba cobijadas bajo el brazo izquierdo y casi al mismo tiempo, empezó a desnudarse; en un dos por tres, la blusa y los pantalones de franela rosa que formaban su pijama, quedaron aventados por ahí; bajo aquellas prendas, vestía únicamente unas diminutas braguitas blancas, que no duraron más que unos segundos sobre su cuerpo, porque las retiró con rapidez y probó con una mano la temperatura del agua; puedo asegurar que aún en ese momento, ella no estaba despierta del todo. Completamente desnuda y casi de perfil, podía contemplarla a mis anchas, antes de que ella entrara a la regadera.


Tendría unos 30 años, alta y delgada, ostentaba unos senos más bien pequeños, que le iban muy bien a la complexión de su cuerpo y armonizaban perfectamente su figura; la temperatura ambiente era bastante fría, razón por la cual su piel nacarada, mostraba un aspecto levemente enrojecido y rugoso; sus pechitos, aparecían duros y levantados como dos puntitas de lanza a punto de atacar; usaba el cabello muy corto, como el de un muchacho, así que yo podía ver sin dificultad, los rasgos del  bello rostro de nariz afilada y pequeña, con los labios delgados un poco entreabiertos, que parecían pedir ser besados. Esto último me lo imaginaba seguramente, porque ella, levantando la cara y con los ojos cerrados, se metió bajo la ducha. ¡Qué delicia que lo hiciera así!, porque mientras el agua tibia escurría por todo su cuerpo, dando un ligero giro, quedó de frente a mí, mientras mis ojos sorprendidos, extasiados, la recorrían de arriba abajo, deteniéndose en la suave sombra triangular de vello suave y húmedo, que nacía entre sus piernas. ¿Cómo puedo describir las mil y una sensaciones que me recorrieron el cuerpo?...Me encontraba atónito y deslumbrado, azorado, temeroso, excitado, todo a un tiempo; era un sentimiento inefable el que me embargaba ante aquella visión maravillosa; porque la cadera y las piernas eran también un portento: las curvas de la breve cintura, de la cadera generosa y las piernas bien torneadas, eran una super carretera de inmensas subidas y bajadas peligrosas que podían desbarrancar a cualquiera. Cómo se antojaba viajar por aquellas sinuosidades, tocar con firmeza la carne blanca y joven, acariciar el cuello, la espalda, las voluptuosas nalgas, el bajo vientre prometedor y  besarla en la boca, con fuerza, mordiéndole un poco los labios pero sin hacerle daño; vagar luego concienzudamente y muy despacito, besando con fruición, cada parte, cada pliegue de esa piel blanca y suave, hasta mojar, acariciando con la punta de la lengua, la íntima y delicada azucena escondida entre sus piernas.


Comenzó a bañarse; ella ni siquiera se daba cuenta de que yo estaba ahí, mirándola, admirándola, lleno de miedo y deseo a la vez; porque tenía yo un miedo terrible, de que ella mirara hacia donde yo estaba y me descubriera; pero la diosa estaba en otra frecuencia, con una esponja y jabón perfumado, tallaba suavemente su rostro y su cuello, con lentitud, cadenciosamente, sin alguna prisa que alterara la magnífica obra que la suerte, me había destinado contemplar; porque era una suerte que la ducha no tuviera cancel. Yo, era una estatua de granito, de sal, inmóvil, hierática; con los ojos desorbitados, me complacía en observar a esa mujer incomparable, de bellos atributos físicos, que se bañaba desentendida de todo.


Con mucho cuidado, casi con ternura, pasó la esponja por sus senos, dándoles un masaje suave y circular, que los hacía moverse en todas direcciones haciendo que sus botones de rosa, se engrosaran poco a poco, quedando duros y enhiestos. Le tocó su turno a la espalda, al ombligo, a las caderas; como una obra musical in crescendo, el espacio estaba lleno de la presencia magnética de la mujer, de su cuerpo, de sus movimientos, de su escencia. El vaporcillo que envolvía su cuerpo escultural, le daba una dimensión de sueño, de irrealidad.


 


Con atención y paciencia, las nalgas turgentes, redondeadas y sin celulitis, fueron lavadas con sapiencia y también la zona oculta que nacía entre ellas; quizás para ese momento, ella estuviera ya completamente despierta; pero sus movimientos seguían teniendo la misma lentitud y cadencia del principio; se hicieron casi nulos, cuando su mano comenzó a pasar por la zona sombreada de la entrepierna y a buscar un poco más hondamente en aquella carne delicada y tibia que se adivinaba apenas. Se demoró en ello; la mano derecha subía y bajaba, entraba y salía sin ganas de salir, haciendo gozar a la mujer que en el rostro reflejaba la pasión y la voluptuosidad que le producía tallar una zona tan íntima. Finalmente terminó y le tocó el turno a las piernas, largas, muy deseables, dignas de figurar en alguna revista de esas que anuncian medias o ropa interior.


¿En que estaría pensando mi bella mujer?, ¡ah!, porque después de verla como la estaba viendo, ya la consideraba mía, no podía ser de otra manera. Estaba fascinado, aunque también había que contar el miedo, un miedo terrible que me seguía manteniendo inmóvil.


Se agachó para lavarse los pies y por un instante creí que me iba a descubrir. No fue así. El agua que bañaba su cuerpo, lo hacía brillar primorosamente a la luz existente. Ella, era una sirena desinhibida y feliz, concluyendo su baño.


Cuando tomó la toalla y se cubrió, fue que se percató de mí. Me miró frente a frente sorprendida, temerosa, la luz de sus verdes ojos, parecían no dar crédito a lo que miraban. De inmediato, vi la chispa de cólera en lo más hondo de sus pupilas, se encendió en un tris, se convirtió casi al instante en una ira sorda que afeó bastante el precioso rostro.


- ¡Maldito!- gritó al borde de la histeria-, todo este tiempo has estado ahí, espiándome. Eres un ser asqueroso y ruin que no merece vivir.


Actuando con una rapidez de la que no la hubiera creído capaz y hecha una verdadera furia, se abalanzó sobre mí, tomando una escoba cercana. Se me dejo venir encima sin concesiones, golpeó una y otra vez, hasta cansarse, mientras yo corría y trataba casi inútilmente de librarme de su furia vengativa y destructora. ¿Cómo un ángel podía convertirse en un momento en un demonio y hacer tanto daño?


Ante sus gritos, unos pasos se acercaron rápidamente tras la puerta del baño y hasta nosotros llegó la voz de un hombre.


-¡Amanda!, ¿sucede algo?


- ¡Este desgraciado que se ha metido en el baño y me ha estado observando todo el tiempo mientras me bañaba!


La puerta se abrió de golpe y el hombre apareció en la entrada. Me encontraba bastante maltratado por los golpes; pero el instinto de conservación me dio fuerzas para hacer lo único razonable en tal situación: correr, correr con todas mis fuerzas, para escapar de la muerte segura que se avecinaba. Salí por la puerta abierta, dolorido y maltrecho, para buscar algún refugio que me pusiera lejos del alcance de aquella furia que momentos antes fuera una deseable mujer.


-¡Mátalo, mátalo!- gritaba histérica. Corrí, corrí sin parar hasta hallarme a salvo. Me había librado por muy poco. En mi cabeza, resonaban todavía las últimas palabras llenas de rabia que le alcancé a escuchar:


-¡Maldito ratón, no sé por dónde se metió; pero hoy mismo pongo veneno por toda la casa, para que se vaya al infierno!


La mujer era una histérica. Es una verdadera lástima que no me quisiera cerca y yo, no voy a cometer el error de acercarme por ahí nuevamente; ¿que tal si con el veneno, las trampas que me ponga y el hambre que me atosiga casi siempre, termino inflado o despanzurrado en cualquier basurero?


¡Ratona suerte la mía!, ella podría haber sido la hembra perfecta para mí. 


Amanda, creo que te amo.


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Frases y más frases

Entre mis lecturas cotidianas, aparecen de vez en vez, frases que me conmueven, que hacen vibrar mi espíritu, que logran que me retuerza inquieto como si el aguijjón de un escorpión me hubiera picado. Y siento correr por mis venas una fuerza extraña que me corroe todo. Entonces me detengo y busco dónde anotar aquello; así, de a poco, se van juntando los pensamiebtos encontrados. Aquí hay algunos de ellos:


…el respeto por la soledad del ser amado es una de las menos frecuentes pero más entrañables formas del amor…  Mario Benedetti.


—Cuando una mujer me gusta, invariablemente me dicen que se acostó con medio Buenos Aires e invariablemente yo me quedo en la otra mitad. Adolfo Bioy Casares.


 


El hombre que no guarda ningún secreto es tan pobre y vacío como el que no tiene ninguna fortuna.  Yi Sang.


Una vez casado a uno ya no le queda nada, ni siquiera el suicidio, sino ser bueno. Robert Louis Stevenson.


Las palabras pueden llegar a ser como los rayos X, que atraviesan cualquier cosa, si uno las emplea adecuadamente. Las lees y te sientes traspasado. Aldous Huxley.


Hemos aprendido a ver en el pan la grandeza del trabajo, a causa del pan que ganamos con el sudor de nuestra frente. Hemos aprendido a ver en el pan el vehículo esencial de la piedad, a causa del pan que repartimos en los momentos de miseria. El sabor del pan compartido es único. Antoine de Saint Exupéry


Hay personas que coleccionan pastilleros vacíos, que viene a ser lo mismo que guardar bolígrafos sin tinta, con los que sólo se pueden escribir poemas inexistentes, que muchas veces son los mejores. Juan José Millás.


La escritura es un tejido que intenta aproximar los bordes de una herida que no tiene sutura, Juan José Millás.


La sabiduría es la capacidad de introducir la mayor cantidad de mundo en tu mundo, la mayor cantidad de miradas en tu mirada, la mayor cantidad de voces en tu voz. Ricardo Chávez Castañeda.


Lo mío fue un acto de justicia: te robé un beso porque tú llevabas meses robándome el sueño. Leído en Facebook.


Report on experience: ¿Compartir a una mujer? ¿Por qué no? Lo verdaderamente desagradable es compartir un cuarto de baño. Adolfo Bioy Casares.


Obra maestra:Libro cuyas torpezas olvidamos porque sus aciertos nos dejaron un buen recuerdo y porque tenemos en menos a muchos libros famosos y algo hay que admirar. Adolfo Bioy Casares.


La vida siempre hace temblar las fórmulas. La derrota puede revelarse como el único camino hacia la resurrección, a pesar de sus fealdades. Antoine de Saint Exupéry.


Mujeres: máquinas de transmitir tensiones. Las encendemos por un rato, por placer. Si quedan encendidas nos mandan a la tumba. Adolfo Bioy Casares.


Sólo termina de veras lo que recomienza cada mañana. Julio Cortázar.


Aterrorizado por mi incapacidad de comprender lo que se decía, me refugié en el silencio. Octavio Paz.


No escribo para saber lo que soy, sino lo que quiero ser. Octavio Paz.


La pasión debe ser lúcida. Octavio Paz. 


Parafraseando a Octavio Paz, digo que: “La pasión de leer debe ser lúcida”.


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FILIJ 2015

 El Centro Nacional de las Artes (CENART) se encuentra ubicado bastante lejos de casa, pero ha valido la pena desplazarse media ciudad, para asistir a la 35 Feria internacional del libro infantil y juvenil (Filij). De Naucalpan a Río Churubusco existe un buen trecho. La línea 2 del metro nos ha llevado a Bere y a mí desde Cuatro Caminos hasta la estación General Anaya. El domingo 8 de noviembre, arribamos a la Filij alrededor de la una de la tarde. Del metro a la entrada de la Feria, tuvimos que caminar aún como diez minutos. Mucha gente para entrar; sin embargo, pudimos hacerlo sin demasiadas dificultades.


Casi de inmediato nos topamos con la presentación de un libro: El Principito, de Antoine de Saint Exupéry, con ilustraciones originales de Juan Gedovius, una edición nueva de Alfaguara. Gedovius presentaba precisamente los dibujos realizados para ella. Nos sentamos a terminar de ver y escuchar la presentación, pues a Bere le fascina todo lo relacionado con El Principito; permanecimos muy atentos a la plática a pesar del sol agobiante.


El país invitado de honor de la Filij es Francia; así que instalaron una carpa exclusiva para sus expositores. El espíritu del país invitado se respira también en otros espacios no menos interesantes, como los dedicados a la lectura interactiva donde pudimos observar a mucha gente leyendo libros digitales, en equipos instalados especialmente para ello y anaqueles al alcance de la mano con obras pertenecientes a escritores franceses: Sthendal, Balzac, Flaubert, Saint Exupéry, Víctor Hugo, etc.


La distribución de la Feria en general me parece adecuada, con espacios amplios entre las carpas de los expositores y áreas que permiten a la gente tomar un respiro y descansar un poco. FCE, Planeta, Santillana, SM, Conaculta, Alfaguara, son algunas de la infinidad de editoriales participantes en la Feria; forman un amplio grupo para todos los gustos y bolsillos. También destacan los espacios para música, presentaciones de libros y conferencias, firmas de los autores. La Filij comenzó el día 6 y culminará el 16 de noviembre, que por acá será día de asueto por lo de la Revolución Mexicana.


Disfrutando de la Filij, Bere y yo recorrimos muchas editoriales y hojeamos gran cantidad de libros. Como nuestros gustos personales son muy diferentes, ella optó por traerse el tercer libro de la serie televisiva Violetta y “Ciudades de papel” de John Green, libro muy promocionado en estos días por la versión fílmica que se acaba de realizar y tal vez, como secuela dejada por el éxito anterior de “Bajo la misma estrella”, otro libro del mismo Green. Por mi parte me he conformado también con traerme un par de libros: “Padres e hijos”, una novela de Iván Turgénev. Y “Cuentos completos” de Roald Dahl, material más que suficiente para quedar satisfecho con mis compras. Las novelas de Dahl me parecen muy originales, escritas con sencillez y cierto candor, que hacen sus historias muy cotidianas: Las brujas, Matilda, Charlie y la fábrica de chocolate, Jim y el durazno gigante, y muchas otras.


Tres horas de visita a la Filij nos han bastado esta vez. Pocas compras; un poco lejos el Cenart; pero lo bailado ya nadie nos lo quita,


10/11/15.


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Hidalgo e Iturbide (impresiones de lectura)

 Hoy empiezo una aventura más. Esta vez relacionada con la Historia de México.  Un libro de Armando Fuentes Aguirre, alias “Catón”. Mi amigo Poncho se ha compadecido de este empedernido lector, que afortunadamente en este tiempo tiene más oportunidad de acercarse a la lectura y me ha prestado su “Hidalgo e Iturbide, La gloria y el olvido”. Estoy dispuesto a embarcarme entre sus ochocientas veintitrés páginas, con la seguridad de que el viaje será placentero, amén de las sorpresas y corajes que siempre me depara la historia no oficial de México; como los que hice con el libro de Toñito López de Santa Anna y todas sus tropelías con gringos y franceses. No pretendo terminar el libro en cuatro o cinco sentadas; lo iré disfrutando de a poco, imbuyéndome de los pormenores en tal forma, que al final pueda tener un panorama algo más claro de los hechos acontecidos en aquella época. Aclaro que admiro a Don Miguel Hidalgo y que Agustín de Iturbide, nunca me ha importado ni poco ni mucho históricamente. Será por mi ignorancia de muchos hechos de aquel entonces o por la embarrada nomás por encima que siempre nos han dado los libros de texto escolares, con sus versiones oficiales de la historia de nuestro país.


Ahora, me embarco. Entre las manos tengo el voluminoso libro de “Catón”. En cuanto a peso no es nada ligero ni tampoco tan fácil de transportar: pero su contenido, espero que sea de lo más emocionante.


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Una mujer incomparable

 Puedo asegurar que fue amor a primera vista; apenas verla y contemplar su esmirriada figura, bastó para enamorarme de ella. La mirada melancólica casi triste de sus ojos, me dejó aturdido, fascinado. Su actitud era la de una mujer insegura, confundida; como si no supiera a dónde dirigirse vagaba extrañada, indecisa. Hubiera querido ayudarla en ese momento; deseé con ansia que volteara y supiera que estaba yo allí, muy cerca, observándola, dispuesto a auxiliarla en cuanto ella me lo pidiera. Pero era imposible que se diera cuenta de mi presencia, porque Macha Méril sólo estaba en la pantalla, protagonizando el filme “Una mujer casada”, de Jean Luc Godard (1964). Seguí mirando el televisor, admirando la belleza incomparable de esa mujer que un par de minutos antes era una perfecta desconocida para mí y de la que ahora podía asegurar que ya la amaba. En  mil novecientos sesenta y cuatro ella tenía veinticuatro años (nació en mil novecientos cuarenta). Yo rondaría por los nueve. Qué desincronía, qué desencuentro. Macha (María Magdalena Vladinirovna) tiene ahora setenta y cinco y yo sesenta, ya no se ve tan lejos la diferencia de edades; sin embargo, cuando cumplí los veinticinco años y ella cuarenta, quizá podría haberse dado un encuentro, casi imposible claro está. Ella era (y sigue siendo) una rutilante estrella francesa y yo un oscuro don nadie avecindado en México, que ni siquiera sabía de su existencia, hasta ahora.


Fueron sus ojos rasgados de mirada inquisidora, curiosa, los que me cautivaron. Desde la pantalla su frágil cuerpo parecía pedirme que la protegiera. Sé que no era así, en el filme ella era una mujer casada y además con un amante. Buscar en la red fotos de Macha Méril, los nombres de algunas de sus películas y la biografía de su vida fue mi acción lógica luego de conocer a esta mujer. Pude constatar su belleza, que el pasar de los años fue modificando sin que el tiempo lograra borrar de su rostro la ensoñadora nobleza de su mirada, su presencia de mujer plena y lograda, el halo mágico que la envolvía desde su juventud. Se casó apenas el año pasado con Michel Legrand, un hombre como de su edad. Lo envidio sinceramente.


Me queda guardar en mi móvil algunas fotos suyas. Conseguir algunas de sus pelis y disfrutar de sus actuaciones. Amo a Macha Méril. Un amor platónico e imposible. Un amor de viejo, de admirador de viejas películas y de algunas mujeres inmortalizadas por ellas.


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Frases y libros

 Este es un texto bastante antiguo, escrito a mediados de 2011. Quiero compartirlo de nuevo hoy, porque considero que aún tiene vigencia.


Algunos anuncios publicitarios, de esos que se colocan en todas partes (estaciones del metro, paradas de autobuses, bardas provisionales de lámina), resultan muy interesantes cuando el ingenio, la sutileza y la frescura que irradian, permite que el mensaje propuesto, llegue con suavidad hasta nuestros ojos, cerebro y corazón; sobre todo al corazón, que se emociona y sobresalta con cualquier nimiedad que conlleve sentimientos. He visto tres que me han ganado: el primero, una sonrisa; el segundo, el sentimiento inefable de querer hacer lo que mejor hago (según yo) y realizar lo que sea necesario para mejorar como ser humano (ambos propósitos son bastante subjetivos, porque no tengo la certeza de cual actividad es la que desarrollo mejor, ni si las decisiones o actitudes que tome, realmente me convertirán en una mejor persona). El tercero, la ilusión de perdurar en la memoria de muchos, de poder trascender.


El primer anuncio decía: “TODOS TENEMOS C H O N”, palabra que por acá, utilizamos generalmente para evitar el decir calzón o calzones, que deseo creer que todos los usamos, aunque hay féminas y hombres también, que no los acostumbran. El cartel está auspiciado por la UNAM, para promocionar el museo de las ciencias UNIVERSUM, que es sin lugar a dudas, uno de los mejores museos con los que cuenta la Ciudad de México y que se localiza en las instalaciones del campo universitario. La probidad de esta afirmación queda manifiesta, cuando bajo cada una de las letras de “CHON”, se lee: C (Carbono), H (Hidrógeno), O (Oxígeno), N (Nitrógeno) y los porcentajes de cada una de ellas que posee el cuerpo humano.


El segundo cartel, publicitaba una tarjeta de crédito: American Express y la imagen era una serie de limones de diversos tamaños cayendo en desorden y cada uno con fragmentos de la siguiente frase: “Si la vida te da limones...haz limonada.” Y es que muchas veces lo mejor de nosotros nunca aflora y lo dejamos perder por falta de voluntad, de decisión, de una verdadera convicción de lo que somos y queremos. ¿Cuántas veces no nos atrevemos a hacer o emprender algo, por el innato temor a fallar, a no hacerlo bien, a no poder salir adelante y quedar en ridículo?


¿Con qué fuerza anhelamos realmente una cosa, que posea la voluntad suficiente para convertirlo en realidad?...Cuando lo pienso, me atrevería a asegurar que casi nunca. Digo casi, para conservar  la esperanza de que podemos ir un poco más allá y adentrarnos de veras en la esencia de las cosas, de lo que deseamos, sin quedarnos simplemente en la superficie, nadando en lo superfluo de los quiero, pero no puedo. Que si quiero lavar mi auto, voy y lo lavo; que si quiero escribir un cuento, voy y lo escribo; que si amo a una mujer, hago el esfuerzo necesario o aún más para lograr que me corresponda.


Si mi decisión inquebrantable fuera convertirme en un escritor, ¿qué tanto estoy haciendo para lograrlo de verdad?... ¿Estoy asistiendo a algún curso de redacción? ¿estoy en algún taller de escritura? ¿busco asiduamente las convocatorias de concursos para participar? ¿estoy escribiendo diario y metódicamente? ¿mis lecturas son las más adecuadas para desarrollar mis habilidades creativas? ¿qué sería capaz de sacrificar para conseguirlo?...


El tercer anuncio era muy simple: un niño de 7 u 8 años leyendo un libro, bajo las palabras: “Leer engrandece”. Podrá parecer mentira, pero al leerlo se me hizo un nudo en la garganta y las lágrimas estuvieron a punto de aflorar a mis ojos. La iniciativa de leer más, inunda desde hace ya un tiempo, esta vieja ciudad de hierro que es la Ciudad de México, espantosamente grande y contaminada de smog, automóviles, basura, pobreza, gente...Mi ciudad me apasiona aunque no la conozca bien, quizás por lo mismo, me sé enamorado de ella. Recibir libros en donación, para fomentar la lectura, era el motivo de este último anuncio y me parece una actitud muy plausible llevar las letras a todos los rincones sin importar raza, credo o condición. Algo bueno tenía que hacer por fin el regente de la ciudad (además de limpiar de puestos ambulantes del centro histórico), aunque no sea santo de mi devoción.


Lewis Carroll, decía que debemos alimentar la mente con buenos libros, cuidando que no nos vaya a faltar alimento adecuado ni que vayamos a indigestarnos con lo leído. Parece muy sencilla la receta, aunque sabemos de su complejidad; la magia de la palabra de Carroll nos demuestra que es posible leer buenos libros: “Alicia en el país de las maravillas” es un libro casi perfecto. 


Lunes por la mañana, entre libros, pelis y reuniones familiares, he consumido el fin de semana. Hoy, es día de trabajar.


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Noche aciaga

 Medianoche. Camino por una calle solitaria, oscura. El alumbrado es infame. Veo venir al hombre: un saco de huesos. “¿Tienes fuego?”, me pregunta cigarrillo en mano. “No tengo, no fumo”…”No acepto un no por respuesta. Guárdame esto”. Saca de entre sus ropas un puñal enorme. Lo hunde en mi vientre. Soy hombre muerto. El fulano se desvanece en el aire. Palpo el lugar de la herida: no hay sangre, ni herida, ni nada. Me quedo temblando.



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Juego

 Me muero de muerte de sueño mis ideas no conectan ni la radio ni la tv ni el internet como debieran de prestado escribo un poco que no es poco para mitigar el caos más ordenado que transita por mi cabeza corazón y alma qué guapa estás y la terrible certeza cierta de que esta noche que ya no es día voy a la deriva flotando apático solitario ayo silver, dispuesto a no pensar demasiado y descansar…descansar.



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