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gotesdepluja

Rere cada llàgrima del cel, neix una paraula per escriure dins del infinit


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El tiempo

Escrito que hice hace ya dos años
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A veces la vida da algún que otro tropiezo,

A veces los sueños se quiebran en un segundo,

A veces las noches se tiñen de tristeza,

A veces los suspiros mueren de pena.



Pero el tiempo, que parece malvado, que parece querer pasar rápido para no dejarte tiempo a la cura del llanto?

Te demuestra que debes sufrir pero que queda tiempo, que queda tiempo y a la vez se agota?

Que debes llorar y entristecerte pero a la vez saber que queda tiempo para curar, y también pensar en que el tiempo pasa rápido y se debe aprovechar.

Por que cuando ya no estemos, cuando pasen los años, nadie nos recordara? seremos una huella mas en este mundo? una vida? una muerte más.

Pero nosotros mismos debemos recordarnos? hasta el final de nuestras vidas?

Recordar ese primer beso, recordar esa primera caída al llevar por primera vez los patines, recordar el día en el que lloramos durante más horas, recordar esa lesión tan grabe, recordar a esos amigos, recordar esa boda?


Recordar? para saber que valió la pena?


Por que no hay mayor logro que disfrutar la vida? y en el lecho de muerte acordarse de ella y poder decir, gracias a todos los recuerdos? que nuestra vida... fue plena?


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Rumbo hacia un amigo

Y allí a lo lejos, más allá del horizonte, del sol y de mis propios sueños, creo divisarte, acompañado y valiente, como siempre pense que eras. Y hay veces que me parece ver un camino de estrellas guiándome, como brujula que siempre marca el norte, mí norte, tú norte. Hay veces que mis ojos no llegan a encontrarte y el viento empuja mi cuerpo, para dar apoyo a mí imaginación, y aunque no sea con mis ojos, verte. Allí estoy yo, arriba de aquel acantilado, el acantilado de mi mente, al que subo andando cada noche para detenerme en el extremo, en la parte más alta, para ver el mar, tú mar. Las olas, las mañanas y las noches, la estrellas y nubes, vientos, todo aquellos que tú ves, que te rodea. Y a veces, si tengo suerte veo tu barco en la lejanía. A veces veo el rastro de espuma al romper las olas que se endurece formando un camino, camino que se pierde a lo lejos. Camino por el que alguna vez ando, hasta encontrarte. Y cuando ese camino, en alguno de mis sueños no aparece, me queda mi voz y mí fuerza, para gritar des de el alma... que tengas buen viaje compañero y allí donde estes te contemplo.

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Gotes de pluja

Rere cada llàgrima del cel, neix una paraula per escriure dins del infinit. El cel perd trossets d?ell mateix, una llum travessa aquella foscor i aquelles llàgrimes brillant amb tota la intensitat. Una cortina d?aigua es deixa veure, meravellosa i brillant, es belluga dolçament fins a ocupa el món sencer. Plou, plouen llàgrimes sinceres del firmament. Petites espurnes, màgia que cau del cel. Llàgrimes pures y clares, fresques y netes, gotes de pluja que son molt més del que es creu.

Tras cada lágrima del cielo, nace una palabra para escribir en el infinito. El cielo pierde trocitos de el mismo, una luz cruza esa oscuridad y esas lágrimas brillan con toda su intensidad. Una cortina de agua se deja ver, maravillosa y brillante, se mueve dulcemente hasta ocupar el mundo entero. Llueve, llueven lágrimas sinceras del firmamento Pequeños diamantes, magia que cae del cielo. Lágrimas puras y claras, frescas y limpias, gotas de lluvia que son mucho más de lo que se cree.

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T'estimo.. Te amo

Jo he estimat moltísim, he estimat fins a cansar-me i caure adormida a terra. He estimat tant fins el punt de deixar-me d?estimar, d?oblidar-me de mi mateixa. He estimat sincerament, de veritat, a tanta gent, he estimat a molts i cadascú d?una manera diferent, no més ni menys, diferent. He estimat a tothom al que jo e pogut estimar, encara que a mi no m?estimessin. He estimat fins al meu límit i algunes vegades inclòs he arribar a superar-lo. He definit tantes vegades estimar... i crec que totes les vegades vaig adreçar-hi les millors paraules. He estimat, com crec que s?ha d?estimar, com crec que es te de defensar la idea del que és estimar. Jo he estimat. He estimat fins l?extrem d?odiar, he estimat fins a l?extrem de sentir fastig. He esquerdat el meu cor amb crits de dolor i angoixa, m?he ofegat amb les meves pròpies llàgrimes, he arribat a detestar la meva manera d?estimar, que m?ha fet més petita, més estúpida, més freda. He estimat tant que sen se adonar-me, vaig regalar petites parts de mi a aquelles persones a las que vaig adreçar aquesta paraula. Miro a la gent que he estimat, que havia estimat i que encara odiant-la amb la més fer-me iniciativa, sempre recordaré haver estimar, i dins d?ells veig una petita part de mi, regalada, arrossegada per un petit fil que ni ells son conscients de la seva existència. Sento lo molt que he estimat, els trossets de mi que he nat perdent al llarg del camí, alguns de petits i insignificants i d?altres immensos, quasi jo mateixa. A vegades sem regira l?estomac al veure alguns d?aquells que es van endur les millors paraules, les més sinceres i profundes llàgrimes. Tant de mi hi ha en ells, més que en mi mateixa. Tots els estimo, tot l?amor, tot el romanticisme perdut dins dels seus impertorbables cossos. Jo he estimat infinitament, he regalat masses t?estimo. Jo no se si tinc de deixar d?estimar. Potser jo he nascut per estimar d?una manera inimaginable, que ningú correspondrà.

Yo he amado muchísimo, he amado hasta cansarme y caer dormida al suelo. He amado tanto hasta el punto de dejarme de querer, de olvidarme de mi misma. He amado sinceramente, de verdad, a tanta gente, he amado a muchos y a cada uno de un modo diferente, ni más ni menos, diferente. He amado a todo el mundo al que yo he podido amar, aun que a mí no me amarán. He amado hasta mí límite e incluso a veces lo he sobrepasado. He definido tantas veces amar? y creo que en todas ellas use las más preciosas palabras. He amado, como creo que se ha de amar, como creo que se ha de defender la idea de lo que es amar. Yo he amado. He amado hasta el extremo de odiar, he amado hasta el extremo de sentir nauseas. He agrietado mí corazón con gritos de dolor i pena, me ahogado con mis propias lágrimas, he llegado a destetar mí manera de amar, que me ha hecho más pequeña, más estúpida, más fría. He amado tanto que sin darme cuenta, regale pequeñas partes de mí a aquellas personas a las que dedique esa palabra. Miro a la gente que he amado, que había amado i que aún odiándola con la más firme iniciativa, siempre recordare haber amado, y dentro de ellos veo una pequeña parte de mí, regalada, arrastrada por un pequeño hilo que ni ellos son conscientes de su exigencia. Siento lo mucho que he amado, los trocitos de mí que he ido perdiendo al largo de mí camino, algunos de pequeños e insignificantes y otros de inmensos, casi jo misma. A veces se me revuelve el estómago al ver a algunas de esas personas que se llevaron mis mejores palabras, mis más sinceras y profundas lágrimas. Tanto hay de mí en ellas, más que en mi misma. Todos los te amo, todo el amor, todo el romanticismo perdido dentro de sus imperturbables cuerpos. Yo he amado infinitamente, he regalado demasiados te amo. Yo no se si debo dejar de amar.Tal vez yo he nacido para amar de una manera inimaginable, que nadie corresponderá.

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Carla

Te levantaste a las 8:30 sin la ayuda del despertador, ni un minuto más y ni un minuto menos, como siempre. Respiraste profundamente y con algún que otro gruñido te incorporaste mirando hacía delante durante unos pequeños segundos. Entonces te giraste y me miraste, me dijiste buenos días y me diste un dulce beso, como siempre, como cada mañana. Yo te conteste con mi mejor y más dulce sonrisa. Te levantaste de la cama, lento y torpemente y tus pies y piernas temblaron ya cansados hasta que se acomodaron al contacto con el suelo. Te pusiste esas zapatillas de algodón gastadas que yo siempre te insistía que tirarás y te arrastraste hasta el antiguo armario, de donde sacaste un pantalón gris, una camisa y un polo marrón algo grueso. Hoy era sábado, me lo recordaste y hiciste broma sobre las preguntas y lo animada que estaría hoy nuestra nieta Carla, que acompañada por Gloria, vestiría su disfraz de Pirata para la representación teatral de su colegio. Como cada sábado deseabas verla, incluso te peinaste y te tiraste colonia, y como buen mozo y dulce que eres me cogiste con suavidad y cariño y bajamos juntos las escaleras, me acomodaste a tu lado y nos sentamos mientras charlabas de lo loca que estaba Carla, de lo muy curiosa que es, de lo grande que esta? Siempre fue nuestra favorita. Me miraste nuevamente y yo te contemplaba con mi misma sonrisa, resplandeciente. Siempre me decías que cuando sonreía te recordaba la razón por la que te habías casado conmigo. Me acariciaste la mejilla con tu dedo y el corazón se te encogió. Ya eran las 9, Carla estaría apunto de llegar acompañada por la niñera. Tenías la caja de chocolatinas preparada y abierta en la mesa del salón. Los caramelos estaban escondidos en los bolsillos de tu pantalón y yo observaba divertida e imaginaba lo que pasaría esta mañana. Sonó el timbre, fuerte, tarareando una rítmica y divertida canción. Te podía leer en los ojos lo mucho que deseabas que Carla, aún siendo mayor siguiera tocando aquel timbre de la misma forma. Tu dulce y a la vez grabe voz grito ese sonido de guerra que Carla, tú y yo compartíamos y la puerta se abrió velozmente. Una dulce niña de 6 años con un parche en un ojo, un fular en la cabeza, una gran coleta negra, una increíble sonrisa y un cuerpo de lo más pequeño y seco se adentro en la casa, con la misma rapidez con la que entraba siempre, y se abalanzo a tu cuello, sentándose en tus piernas y dándote un gran abrazo y un increíble beso. Tú te espachurrabas en sus brazos estrechos e infantiles y te reías con grandes y pausadas carcajadas. Entonces Carla me miro, se levanto el parche para mirar mejor mi sonrisa y con su dulce voz me llamo ?yaya? y me pregunto que tal estaba. El ?yayo? la miro fijamente, tan sonriente, con mi misma sonrisa y le dijo que hoy estaba muy guapa, como siempre. Gloría preparo café y se marcho, volvería a las 11 a recoger a Carla. Mientras Carla se preparaba el dialogo que tenía que representar en su colegió para enseñártelo, tú te metiste las manos en los bolsillos del pantalón y agarraste los caramelos. Yo te miraba divertida, me encantan esos jueguecitos y sorpresas que siempre preparas para Carla. Me repetiste nuevamente, como cada sábado lo mucho que te recordaba su sonrisa a la mía y el parecido que teníamos cuando yo era pequeña. Clara y Carla, te reías. Tus dos mujeres más queridas tenían por descuido los nombres mal escritos, pero nunca supiste decidir cual era el nombre incorrecto. O las dos Claras o las dos Carlas me repetías. La puerta se abrió y tú empezaste a aplaudir mientras yo miraba, con mí incesante sonrisa, a nuestra nieta que andaba de un lado para otro buscando un loro, su espada y gritando sin cesar que quería ron. Es curioso que a su corta edad ya quisiera hacer teatro como yo. Seguro que ella sería igual o incluso más buena que yo actuando. Tú no parabas de reírte, te sentía tan feliz y a la vez un poco triste. Pero se que esa tristeza es normal en ti, incluso por descortés e hipócrita que parezca te agradezco esas pequeñas lágrimas que a veces dejas caer mientras me miras. Porque primero empiezan siendo pequeñas gotas frías, de pena, y siempre terminan siendo gotas calidas y tiernas de felicidad y llenas de buenos recuerdos. Cuando Carla pronunció ?fin? en su gran representación tú sacaste tus manos de los bolsillos y dejaste caer una lluvia de caramelos de varios colores. Carla cerró los ojos protegiéndose y riendo dulcemente. Se puso a recogerlos, se sentó en tú regazo y empezó a comérselos. Te hablaba de numerosas batallitas, se quejaba de algunos compañeros tontos que aún no se habían aprendido sus frases de dos líneas, de sus novios y de su mochila saco grandes dibujos llenos de vivos colores. Pasasteis un buen rato charlando de miles de cosas y tú le contabas los mismos chistes, con los que se sorprendía y se reía igual que la primera vez que los había oído. Yo os miraba embobada, sonriente como siempre. Me encanta ver lo buen abuelo que eres y lo feliz que se ve Carla cuando esta contigo. Fue entonces cuando Carla me miro, sonrió y te pregunto -¿Dónde esta la yaya?- mientras agarraba el gran marco que mostraba mi fotografía. Tú me miraste, me miraste los ojos azules, los rizos y mi sonrisa, esa que permanecerá eternamente en tu mente. Empezaste a arquear una ceja, siempre te pasa cuando una pregunta te descoloca y no sabes muy bien que contestar. Te sucedía con Jaime, nuestro hijo y te sucede aún con Carla, nuestra nieta. Yo siempre te reprochaba que arquearas la ceja, arrugándote de ese modo la frente, más aún de lo que ya la tienes. Tus ojos empezaron a pensar, tu boca y tu cerebro. Entonces le dijiste, mientras me mirabas. ? Tu abuela esta disfrazada y juega al escondite por toda la casa, le encanta el escondite!- Carla arqueo del mismo modo la ceja y tu empezaste a reírte. Le explicaste que yo no me había ido, que ahora mismo estaba escondida en algún lugar de la casa mirando lo que hacéis, vigilándoos y queriéndoos. Pero que, al no poder ser pillar no puede permitirse dejarse ver y se esconde dejando por toda la casa, sonrisas, recuerdos, olores, sonidos. La niña, contenta dio un gran brinco y miro hacía la mesa del salón. Me miro, me guiño un ojo y me dio otro beso. ?¡Gracias por las chocolatinas de la mesa, yaya!- Y Carla corrió hacía el salón y empezó a desenvolver los papelitos rojos y ruidosos y a comerse las chocolatinas. Tú me miraste, yo te mire. -¿Cómo puede estar tan delgada si no deja de comer?- nos preguntamos. Me sonreíste y por un instante jugué un poco más al escondite, me acerque sigilosamente a la oreja de Carla y le susurre que te dijera ? ¡Tira ya esas zapatillas tan viejas¡- Sabías que era yo. Y con un dulce beso en tu mejilla que rozaste con tu mano, me adentre nuevamente en tú corazón para pasear un rato cogidos de la mano, viendo a nuestra nieta crecer.

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Si cierras los ojos

Deje atrás a mi amigo, le dije hasta mañana y seguí bajando mi calle hacía casa. Era ya de noche, una noche con viento fresco pero más calurosa de lo habitual. Venía de entrenar, con los pantalones cortos y rojos, la camisa azul y el jersey en la mano. Mi cabello alborotado y sudado, algunos pelos rebeldes que se apretaban tras mis orejas? Esa luna, más que luna, esa cuna, esa sonrisa del gato del cuento de Alicia. Las farolas amarillentas y la que siempre esta apagada, los coches que transitan las calles cercanas a la mía, que a estas horas, casi nunca conduce alguien. Todo, a su manera, en silencio, excepto esas hojas de los árboles de alguna finca, que se mueven con el viento y resuenan como arroz dentro de una botella, el tintineo parecido al de las campanas de mis llaves, el sonido de mis pasos pisando el suelo y el viento. Por un instante mirando aquellas hojas moverse, dulcemente. Cierro los ojos y me imagino que todo desaparece, y me concentro en cada hoja, en cada suspiro del viento. Dejo de oír los coches cercanos, mis llaves o mis pasos. Y siento la luna servida como una naranja cortada acompañando una copa de cristal con un agua clara y con brillantina azulada, y me la bebo, siento el resplandor, la luz, recorriendo mi cuerpo. Veo las hojas y me acerco a ellas, a una, más y más, y soy hoja. Siento el frescor del viento en mi cara, y respiro hondo, me trago al viento, entero. Pienso a la vez en que en cualquier momento terminara la calle y chocaré estúpidamente contra algún coche mal aparcado, alguna farola o caeré al terminar la acera. Pero ahora, con los ojos cerrados, me da desgana abrirlos, estoy cómoda, soñolienta. Querría dormirme dentro de el mundo en el que me instalado. Mientras ando, mis preocupaciones se desvanecen, que más da que choque. Quiero sentir este momento, en el que por fin lo he conseguido, por un instante he desaparecido, ya no estoy en Horta, ni en Barcelona, nisiquiera en Europa, no estoy en ninguna parte, estoy desaparecida, desvanecida. Y ando entre farolas apagadas, con copas de luna como señales de un largo camino y en el medio un precioso y majestuoso árbol, con hojas que se mecen. Y yo dejo de ser quien soy, yo no soy. Yo de repente me caigo dentro de un inmenso lago que aparece sin más demora ante mis pies descalzos, sin unos zapatos que resuenen. Y esa agua me moja y no me moja, me enfría y no tengo frío. Y estoy dentro de mí misma. No quiero irme, pequeñas burbujas relucen por todas partes y no existo. Soy mucho más que algo, que nada o que mucho. Soy pureza y oscuridad. Soy una desaparecida, una muchacha que andaba por la calle y que ha percibido más de lo que percibimos. Se ha despojado de su ropa, de sus limitaciones, que ve lo que realmente sus ojos veían más allá de lo coherente y conocido. Abro los ojos, hace mucho rato que no me topado con nada, he viajado a un lugar desconocido y he sentido algo inexplicable. Para mi sorpresa estoy en el mismo sitio que antes, como si realmente hubiera desvanecido, como si ese mundo que mi mente ha inventado me hubiera engullido, transportado a sus lugares. Ando de nuevo, quizás me adormecido en el camino hasta detenerme, que estúpido. Me enrojezco y sin querer caen mis llaves al suelo. Parecía que habían pasado años des de que no oía ese tintineo, y cuando mis dedos tocaron el frió metal mis ojos se iluminaron, reflejando en ellos mis manos, que brillaban. Una luz blanca que se paseaba por mi mano hasta llegar a la yema de mis dedos y desaparecía. Cogí las llaves, me puse el jersey, ahora tenía frío, y baje toda la calle corriendo hasta llegar a casa, no sin antes devolverle la sonrisa a la luna y secarme el cuello, de dulces gotas que aunque pudieran ser sudor, eran de un color claro y con brillantina azulada.

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Amor y reacción

Me niego rotundamente a aceptarlo. ¡Me niego, no puede ser! Supuestamente hace unos días, en clase, se hablo del supuesto nacimiento de nuestros sentimientos. Sentimientos que se producen por reacciones químicas, que son terminables, que no son más que alteraciones de nuestro cerebro. Al ver a una persona, las hormonas y quien sabe que más produce un efecto en nuestro cuerpo que incita a sentir atracción por una persona. Dicen que los sentimientos igual que estas ?reacciones? llega un punto en el que desaparecen. Cierto es que algunos sucesos pueden generar una reacción en el cerebro que nos produce estar más alterados o atraídos por alguien. Pero no creo que el amor sea efímero, sea producto de un conjunto de cosas, unidas, chocantes, que el amor salga de mis entrañas removidas y agitadas hasta que nazca ese sentimiento. Esos ojos oscuros, que me capturan en la mirada de algún chico, esa cara que refleja bondad y simpatía. Que triste pensar que en realidad todo esta unido a la química. Tal vez si que es cosa de la cabeza y alteraciones, que toda la chica que conozca me diga que las rayas horizontales sientan bien a los chicos, es algo curioso. ¡Me encantan las camisas o jerséis a rayas! Pero el amor, el amor, el alma, los sentimientos realmente más fuertes. Como pueden simplificarse en un conjunto de respuestas, unas meras reacciones. Tal vez si, tal vez no, pero el amor no es efímero a diferencia del dolor, el amor no es efímero, permanecerá en mí incluso cuando tal vez me haya ido, permanecerá igual que permaneceré yo en corazones ajenos.
¿Eso me transforma a mí en una reacción?

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Una tarde

Esas inmensas olas se rompían en si mismas, se difuminaban con esa espuma blanca, furiosas, rápidas. El sol calentaba tiernamente la arena que se mantenía fría por el viento, que aún así no levantaba ni un granito de arena. Algunos ciclistas cruzaban el paseo marítimo en silencio, casi vació. Ante mi se encontraba la soledad de la arena y de la infinita mar. Las olas rugían y mi vista miraba ese punto en el que el mar es lo único que existe, donde parece que nace un abismo, una grandiosa cascada. El viento despeinaba mi pelo sujeto con una pequeña coleta que solo recogía la parte de atrás de mi cabello, mientras mi flequillo azotaba mi frente y a veces me cubría como al finalizar una obra de teatro, mi vista. Sentía el silencio acompañado por los susurros de las olas, que se suicidaban en la arena buscando desesperadas un lugar para desaparecer, pero siempre volvían al infinito mar. No podían escapar de si mismas, de sus aguas. El viento, la mar, la arena, la soledad. Me podía ver a mi misma, contemplando la mar, las olas, el cielo, el infinito, sentada en la fresca arena, agarrando mis rodillas y cerrando los ojos para escuchar las olas con más detalle, su rugir, su hablar, para entenderlas, para ser ola, ser mar y ser infinito. Al abrir los ojos las nubes habían desaparecido y la luna se reflejaba como un gran foco marino, bajo esas aguas ya calmadas. Los rugidos ahora eran suspiros, suspiro del mundo. Las estrellas me contemplaban curiosas, mientras yo dejaba pasar mi vida contemplando aquello. La unión de la tierra, la mar y el cielo.
Sentada, pensando en tantas cosas, o más bien, sin pensar?

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