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gotesdepluja

Rere cada llàgrima del cel, neix una paraula per escriure dins del infinit


Artículos publicados: 71
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Kiwi

Todos vivimos gracias a nuestros sueños. Aprender, conocer, conseguir, ver?

Si no tuviéramos sueños, no entenderíamos la razón de porque existimos, aunque la verdad es una pregunta que aún algunos no saben como contestársela.

La canción me encanta.
Y los sueños existen para luchar y conseguirlos. Un sueño, realmente es un sueño, cuando eres capaz de hacer todo lo que este en tu mano para lograrlo.
Aunque sepas que esa sensación puede ser breve, pero aún así puede ser la sensación que estabas esperando toda tu vida. Y aunque signifique darlo todo, darle tanto que incluso te des, te abandones a ti mismo. Quizás entonces podremos considerar aquello por lo que hemos luchado, hemos sufrido y hemos logrado, un sueño cumplido.


http://www.youtube.com/watch?v=g0G9vDKcdLg&feature=related

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Alba, mi velero

Y el infinito mar me rodea, inmenso, increíble e imprevisiible.
A su lado sólo soy una pequeña mancha, un insignificante velero que rompe algunas olas y se tambalea con elegancia.
Podría sentirme insignificante ante este grandioso océano, pero seria una estupidez. Pensaréis, que soy presuntuoso y engreído, no soy el mejor, pero soy, y por el mero hecho de vivir, de navegar hasta donde quiero, de sentir, de pensar por mi mismo, ya soy más que muchos, ya soy único.
Algunas veces si que recordé anécdotas pasadas, sobre antiguos conocidos, lugares que visite, lo mucho que me enseñaron éstos...
Antes sólo era un velero más, que navegaba a la deriba esperando que llegaran nuevas brisas que me condujeran hasta nuevas vivencias.
Pocos han sabido conocerme, muchos intentaban predecir mis ideas, mis pensamientos, mis actos, todo fue en vano.
Podría reprochárselo y entristecerme por ello, pero mi suerte es que lo pocos que me conocen saben a la perfección cómo y quién soy.
Y ahora me conocen por mi mismo, soy un velero que navega a su ritmo, que decide por si mismo, que combate las corrientes, que no se deja llevar.
Recuerdo algunas tempestades, que me hicieron conocer más la realidad de mis océanos.
Algún día quizás, este a punto de zozobrar, quizás en mi surjan brechas, quizás sea demasiado grande el contraste de los vientos, pero seguiré mi camino, resurgiré de mi naufragio, pues lo hice en otras ocasiones.
Menguo y crezco, sueño y vivo.
Soy velero, soy libre, soy quien soy y ni el inmenso océano sabe hasta dónde puede llegar este velero de gran corazón y alma.

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2008

Texto que escribi el dia 31 de diciembre

...

Todo el rato oigo ruidos, muchos ruidos. La gente grita, habla, anda, juega y ríe.
Todos quieren algo de mí en el mismo instante, me zarandean, o debo controlar lo que hacen para que no rompan nada?
Estoy cansada, tengo sueño pero no puedo dormir y todo el mundo me llama.
Cojo una de las botellas que hay encima de la mesa donde todos hablan, gritan, cantan y se emborrachan, la cojo delante de ellos y ni siquiera se dan cuenta y me la llevo.
Me la llevo con migo me pongo el abrigo y salgo a la calle.
No hay nadie fuera y la humedad y el frió se meten rápido en mis huesos.
Ando un poco con la botella en la mano, me siento en unas escaleras y me pongo a beber.
Me arde la garganta mientras mi nariz moquea y mis manos se congelan.
Me toco las orejas, que siguen calientes como siempre cuando hace frío.
Allí sentada bebo, un trago, otro, otro y otro.
Mi nariz sonrojada y mis pómulos ardiendo.
Nadie pasa por la calle y yo no hago más que tragar alcohol como si de agua se tratase.
Estoy sola, en la calle, bebiendo y pasando frío.
Pero no hay tanto ruido, tanto humo.
Solo estamos yo y mi botella. Yo, mi botella y el frío.
Y rompo a llorar, lloro y vuelvo a tomar un trago y sigo llorando, y lloro y lloro sin parar con los ojos hinchados, me emborracho.
Tengo ganas de gritar pero no grito.
Tengo ganas de que acabe todo, de beber como una condenada toda la botella sin respirar, de un solo trago, levantarme y vagabundear por las calles, borracha e inmune a todo, al frío, a mis penas y a mi vida.
Ingenua a todo. Cansada, harta de hacer lo que hago de sentir lo que siento y de aguantar lo que aguanto.
Y por un pequeño instante y siempre sin dejar de llorar gritar solo una vez y bien fuerte en medio de la calle?

Aguanta Laura, tragate las lágrimas, aguanta!

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Nunca o quizás

- ¿Me quieres?
- No, no te quiero.
- Entonces?
- ¿Entonces que?
- ¿Por que me miras así?
- ¿Como?
- Como si te estuviera haciendo algo.
- Porque me estas haciendo?
- ¿El que?
- Daño, mucho daño.
- ¿Pero por que?
- Porque no me quieres y nunca lo hiciste.
- Pero si tú tampoco me quieres.
- Pero es diferente.
- ¿En que?
- En que yo aunque no te quiera, podría haber llegado a amarte.
- ¿Y yo no?
- No, tú nunca me quisiste. Ni tampoco me lo demostraste?

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Una nota en cada escalón

Las finas y blancas cortinas se movían vergonzosas ayudadas por el viento y ese frescor matutino se poso en mis piernas y mis brazos. Un pequeño cosquilleo helado me acaricio todo el cuerpo y todas mis sabanas yacían en el suelo. El sol susurraba en mis ojos dulces palabras para que me fuera desvelando y algún canto de un pájaro se colaba en mi habitación deslizándose por el suelo hasta llegar a mis oídos. Me encantaban esas mañanas en que las cortinas se mecían, mis piernas estaban congeladas, el sol me acariciaba la cara y el olor a fresco trepaba hasta mi balcón. Me levante de la cama pausadamente, con los ojos aun cerrados y la cinta de mi camisón resbalo por mi hombro. Despertaba. Mi pelo alborotado, la cama deshecha, mi camisón arrugado y un gran bostezo. Estire los brazos hacía arriba y un bienestar rodeo todo mi cuerpo. Me senté en la cama y mis pies tocaron el frió suelo mientras mis dedos se encogían y entonces miraba la habitación, a cada lado, como si fuese la primera vez que despertaba en aquel lugar. Los muebles de madera oscuros, tan altos y grandes, el armario, la mesa, los estantes llenos de peluches y libros. El suelo blanco, los muebles marrones, mis cortinas blancas, la puerta del balcón igual que los muebles y mis sabanas blancas igual que mi suave camisón. Por fin me levanto del todo y ando de cuclillas con el frió en los brazos, las piernas y sobretodo los dedos de los pies. Me miro en el espejo que hay justo encima del tocador, estoy tan dormida que casi ni me distingo. Más bien me guió, con pequeños pasos, hasta la puerta que da al recibidor. Parezco una muñequita andando insegura por un bosque y me encanta. Nadie de la familia se a despertado todavía y todo esta muy silencioso. Entonces imagino las notas de aquel piano que toca en mi cabeza al ver las inmensas escaleras que suben infinitas con ese manto rojo, igual que el de los castillos de mis libros de fantasía. Des de mi puerta con suavidad doy un pequeño salto encima de la gran alfombra roja y reposo los pies descalzos, por suerte la alfombra solo esta húmeda pero esponjosa. Me coloco justo en el centro de la alfombra que corre veloz y sube por las escaleras hasta dividirse en dos caminos. Siempre se me encoge el corazón ante esas inmensas escaleras que me hacen sentir como una hormiga. Me acerco a ellas sigilosa, como si en cualquier instante se pudieran despertar y cuidadosamente poso mi pie derecho en el primer escalón, esponjoso, gracias a la alfombra. Y suena el piano. Miro mi pie y subo el otro, esa sensación tan agradable, ese rojo con el blanco de mis pies. Y el piano suena vergonzoso junto con cada paso que doy. Suave, muy suave. El piano toca dentro de mi y yo subo las escaleras poco a poco, mirando hacía el final donde esta tu habitación. Termino las escaleras, como una montañera que por fin llega a la cima. Quieta ante tu puerta, miro hacía el pomo. Miro mis pies y mis dedos que se retuercen de impaciencia. Cierro los ojos y susurro muy bajito, casi en mis adentros: - ¿Puedo pasar? Cojo el pomo con mi mano y me quedo un rato quieta. Esta frió y un poco empañado y siento la mano mojada. El piano no ha parado de tocar. Pequeñas notas suenan lentamente y al compás de la puerta que se abre y miro en el interior. Tú habitación siempre a sido la más soleada, pequeña y acogedora, llena de colores y de vida. El piano toca, no es ninguna melodía, son pequeñas notas que suenan torpemente pero con ternura. La pared llena de fotos, algunas con papa y mama, otras conmigo. Entro en la habitación y me meto dentro de tu armario ya vacío donde guardan tu mayor tesoro. Cada mañana subía a tu habitación para despertarte haciéndote cosquillas en las mejillas, porque a diferencia de mí, por mucho sol que te rozara la cara, seguías igual de dormida. Ahora siempre que subo y abro la puerta tú no estas dormida en la cama, tú no estas. Pero el piano sigue tocando, cada día. Esas notas que me enseñaste a tocar. Siempre las mismas seguidas, repetidas. Resuenan en mi cabeza. Ahora no me despierto y ya no veo tu rostro sonriente por las mañanas, pero tu tesoro siempre me espera para tocar esas notas, repetidas, que me llenan el corazón. Pues en cada una de ellas estas tú. Eras mejor amiga que hermana y la mejor profesora de piano.
¿Mañana volverás a tocar mis notas para después acunarme en tus recuerdos?

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Las finas y blancas cortinas se movían vergonzosas ayudadas por el viento y ese frescor matutino se poso en mis piernas y mis brazos. Un pequeño cosquilleo helado me acaricio todo el cuerpo y todas mis sabanas yacían en el suelo. El sol susurraba en mis ojos dulces palabras para que me fuera desvelando y algún canto de un pájaro se colaba en mi habitación deslizándose por el suelo hasta llegar a mis oídos. Me encantaban esas mañanas en que las cortinas se mecían, mis piernas estaban congeladas, el sol me acariciaba la cara y el olor a fresco trepaba hasta mi balcón. Me levante de la cama pausadamente, con los ojos aun cerrados y la cinta de mi camisón resbalo por mi hombro. Despertaba. Mi pelo alborotado, la cama deshecha, mi camisón arrugado y un gran bostezo. Estire los brazos hacía arriba y un bienestar rodeo todo mi cuerpo. Me senté en la cama y mis pies tocaron el frió suelo mientras mis dedos se encogían y entonces miraba la habitación, a cada lado, como si fuese la primera vez que despertaba en aquel lugar. Los muebles de madera oscuros, tan altos y grandes, el armario, la mesa, los estantes llenos de peluches y libros. El suelo blanco, los muebles marrones, mis cortinas blancas, la puerta del balcón igual que los muebles y mis sabanas blancas igual que mi suave camisón. Por fin me levanto del todo y ando de cuclillas con el frió en los brazos, las piernas y sobretodo los dedos de los pies. Me miro en el espejo que hay justo encima del tocador, estoy tan dormida que casi ni me distingo. Más bien me guió, con pequeños pasos, hasta la puerta que da al recibidor. Parezco una muñequita andando insegura por un bosque y me encanta. Nadie de la familia se a despertado todavía y todo esta muy silencioso. Entonces imagino las notas de aquel piano que toca en mi cabeza al ver las inmensas escaleras que suben infinitas con ese manto rojo, igual que el de los castillos de mis libros de fantasía. Des de mi puerta con suavidad doy un pequeño salto encima de la gran alfombra roja y reposo los pies descalzos, por suerte la alfombra solo esta húmeda pero esponjosa. Me coloco justo en el centro de la alfombra que corre veloz y sube por las escaleras hasta dividirse en dos caminos. Siempre se me encoge el corazón ante esas inmensas escaleras que me hacen sentir como una hormiga. Me acerco a ellas sigilosa, como si en cualquier instante se pudieran despertar y cuidadosamente poso mi pie derecho en el primer escalón, esponjoso, gracias a la alfombra. Y suena el piano. Miro mi pie y subo el otro, esa sensación tan agradable, ese rojo con el blanco de mis pies. Y el piano suena vergonzoso junto con cada paso que doy. Suave, muy suave. El piano toca dentro de mi y yo subo las escaleras poco a poco, mirando hacía el final donde esta tu habitación. Termino las escaleras, como una montañera que por fin llega a la cima. Quieta ante tu puerta, miro hacía el pomo. Miro mis pies y mis dedos que se retuercen de impaciencia. Cierro los ojos y susurro muy bajito, casi en mis adentros: - ¿Puedo pasar? Cojo el pomo con mi mano y me quedo un rato quieta. Esta frió y un poco empañado y siento la mano mojada. El piano no ha parado de tocar. Pequeñas notas suenan lentamente y al compás de la puerta que se abre y miro en el interior. Tú habitación siempre a sido la más soleada, pequeña y acogedora, llena de colores y de vida. El piano toca, no es ninguna melodía, son pequeñas notas que suenan torpemente pero con ternura. La pared llena de fotos, algunas con papa y mama, otras conmigo. Entro en la habitación y me meto dentro de tu armario ya vacío donde guardan tu mayor tesoro. Cada mañana subía a tu habitación para despertarte haciéndote cosquillas en las mejillas, porque a diferencia de mí, por mucho sol que te rozara la cara, seguías igual de dormida. Ahora siempre que subo y abro la puerta tú no estas dormida en la cama, tú no estas. Pero el piano sigue tocando, cada día. Esas notas que me enseñaste a tocar. Siempre las mismas seguidas, repetidas. Resuenan en mi cabeza. Ahora no me despierto y ya no veo tu rostro sonriente por las mañanas, pero tu tesoro siempre me espera para tocar esas notas, repetidas, que me llenan el corazón. Pues en cada una de ellas estas tú. Eras mejor amiga que hermana y la mejor profesora de piano.
¿Mañana volverás a tocar mis notas para después acunarme en tus recuerdos?

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Hoy no

No estoy nada inspirada. Estos días tengo tantas cosas en la cabeza que no puedo escribir y aún con la ayuda de la música o con cualquier imagen no puedo pensar un escrito largo y bien hecho. Estoy colapsada y mi mente llena de una niebla que no me deja ver ni mis pies. Y tengo ganas de marcharme muy lejos, hacer un largo viaje y perderme en cualquier lugar en el que poder pensar, ordenarme, gritar y escribir miles de cosas sin sentido. Soltarlo todo. Si ahora me pusiera a escribir todo lo que tengo en la cabeza estallaría o tal vez estallarían los que leyeran la cantidad de ideas, pensamientos, miedos y torbellinos. Mi niebla.
Me veo imposibilitada de escribir algo precioso hoy, no por falta de ideas. Las ideas y las palabras me salen por las orejas, pero que difícil es para mi hoy expresarme. Podría escribir una bellísima historia, un triste sentimiento, una preciosa poesía o un fantástico final.

Cuando la niebla se disipe quizás puedo sorprenderos con algo bueno de verdad.

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Mis sueños

Estos días e estado en la Molina, soy del GJ (Grupo de Jóvenes), pero me han confirmado algo que llevaba esperando des de muy pequeña, por fin seré monitora. Soy entrenadora de Básquet y de aquí un año también monitora!

?

Todos uno tras otro, en una gigantesca fila. Con ese paso cansado y lento, esos gritos y murmullos acelerados y un nervioso sudor por vuestra frente. Estamos apunto de subir en e tren y no dejáis de mirar hacía un lado y el otro, en cualquier momento puede aparecer. Más de uno os quejáis del peso de esas granes mochilas que incluso os superan de tamaño. Yo, me pregunto que cosas os habrán puesto vuestras madres preocupadas por el posible frió que podéis pasar en la montaña. Con esos fulares coloridos que os distinguen de los otros grupos. Estáis alteradísimos y no dejáis de hablar a gritos y más de una vez os e llamado la atención. Algunas de las más pequeñas se pelean entre mis piernas para estar conmigo y cogerme de la mano y otros y otras, acelerados, rompen la fila o se chocan contra los demás. Y hay un desmadre y un nerviosismo por mi parte, controlándoos a todos y mirando si estáis bien. Subimos al tren y os sentáis donde podéis mientras yo de pie os cuento, estáis todos. Votáis en el asiento, vota vuestro corazón y no dejáis de señalar todo lo que veis fuera. Siempre pasa lo mismo en todas las salidas. Vosotros gritáis, yo levanto la voz, disfrutamos.
Siempre igual., con la misma alegría y la misma sensación en mis ojos al veros tan contentos.
Chicos empecemos a cantar, nos vamos de excursión!

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