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TRAIN-EDG7-128 (nirvana deseando)


tormentas magneticas en el sol


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Miroslav Tichý en Kyjov (Voyeur)



 


 


"¡La fotografía es pintar con luz! Las manchas, los puntos... ¡eso son errores! Sin embargo, los errores son parte de la foto, le dan su poesía y la convierten en una pintura. ¡Y para eso se necesita una cámara tan mala como sea posible! Si quieres ser famoso, tienes que hacer lo que haces peor que cualquier otra persona en el mundo entero.", Miroslav Tichý.



 



 


Fuentes: 7 Palos de Amianto


 


Tichý, que nació el 20 de noviembre de 1926 en un pequeño pueblo de Moravia, Kyjov, es hoy un viejo animal domestico, ya no ahuyenta a los visitantes curiosos lanzándoles un hacha. La gente dice que Miroslav Tichý nunca ha tocado a una verdadera mujer, sólo ve bragas, circulando por las calles o reposando en un banco. La cuestión es que nunca se ha preocupado por el público, de una exposición o de una publicación, para él, por nada de eso valía la pena luchar. La ilusión del mundo, de todos, es una mera apariencia, un archivo, y todo el mundo reconoce sólo lo que quieren, se mantiene en repetidas ocasiones. Tichý vive en su propio mundo, uno que no está determinado por objetivos convencionales ni por bondades maléficas (sujetadores demagógicos de ceñir)



Después de haber entrado en la Academia de Arte de Praga en la década de 1940 probó suerte como pintor y dibujante. Su amigo de infancia y salvador de su vida así como de su obra Roman Buxbaum, da fe en las nueve entrevistas que he leído de que era un pintor talentoso, pero Tichý el excéntrico se retiró para tomar fotografías. En 1948 decide también retirarse de la mirada del comunismo autócrata y loco de la Europa del Este; eso conllevaba un coste, pasó quince años en psiquiátricos, lo tomaron por loco a él, donde manda un emperador el lacayo se arrodilla o no pasea los huesos por el horizonte que se muere al final de la calle. Ese choque con la sociedad del calvario pro-ruso y su personalidad introvertida le adentró en esa espiral lenta de no preocuparte del mundo ni de nadie que lo habite, descuidó su aspecto y en su pueblo le reconocían por vagabundo y demente, el hombre del saco, pues hasta los niños temían al verle.



Pero Miroslav quería esa marginación, la buscaba, era ya un samurai "Soy un samurai, y mi único objetivo es aniquilar a mi adversario". Corrían los años sesenta y había aguantado el infierno estatal así como el despotismo inherente de un pueblecito. Era talentoso e ingenioso, en el agujero en el que se encerró estaba lleno de libros de poesía, de historia y de toda clase de narrativa y por supuesto de óptica. Empezó a construir sus cámaras de cartón, objetivos con latas de tomate, ruedas para pasar películas de tapones de cervezas y trozos de plexiglás encontrados en la basura para pulir lentes… diseñó cámaras fotográficas imposibles. En aquel pueblo perdido de Chequia se impuso tirar cien fotos diarias, todas de mujeres, persiguiéndolas, aún hoy, lleva treinta años girando sobre ese punto, llenado su casa-agujero de fotos y de dibujos, años sin calefacción agregaron el moho que hoy día se expone en los mejores museos y galerías del mundo. Muchos lo consideran un Voyeur, aquellos que no ven en sus fotografías una belleza que les resulta invisible, un mundo de armonía, sensualidad y gracia (Buxbaum dixit). El samurai contesta:


“Yo no soy pintor. Ni escultor. Ni escritor. Soy Tarzán en la jubilación” “Soy una persona asilvestrada, incluso Juan de Nepomuk, o Dios, tiene alguna influencia sobre mí. Nadie” “Yo no como animales, porque el animal es como yo”.


 




 




En invierno dibujaba chicas desnudas al sol o sentadas frente a él completamente desnudas y abiertas. Todos los días del verano checo, Tichý se atrincheraba frente a la valla de la piscina de Kyjov y disparaba sus cientos de fotos diarias; mujeres, las niñas tomando el sol en el parque, las mujeres maduras en el mercado y en bici por la calle… La pose natural, y risueña de las chicas quizá se deba a que pensaban que sus cámaras eran sólo chatarra de lavadoras amarradas con hilos de zapatos de un loco, pero el erotismo, la malicia, toques de ironía y buen humor, esos, se los da la mirada profunda del samurai, esa forma de vida automarginada, los da sin alardes y sin rabia de perro egocéntrico, festejando su pasión por las mujeres que nunca ha tocado físicamente, sólo acariciado con los ojos, descuidando el resultado final tanto, como los harapos que viste; bebiendo mucho, casi deliberadamente, como vivir en su agujero, todos movimientos favoritos nada casuales, ni la aparente pobreza lo es, nada es accidental en la vida del viejo animal fotógrafo, y por méritos, Tarzán japonés:


No hay nada comparable en la historia de la fotografía.


 



 



“Naturalmente, Tichý no ha venido a ninguna de las galerías en las que se ha expuesto su obra. Ni se lo pregunté”, añade. “Pero cuando le enseñé el catálogo ví en sus ojos algo que se parecía a una especie de felicidad”. (R. Buxbaum)



A pesar del reconocimiento internacional que sus fotos están cosechando, Tichý sigue viviendo en el mismo agujero en Kyjov.



Ahora, los de Kyjov ya no se ríen tanto del extraño hombre de la barba larga que iba siempre cargado con objetivos de lata.


 





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Termoplásticos para Asuán

 


soñé... termoplásticos, fibras mecánicas inconscientes de polipropileno tejiendo sacos que se llenaban de cerebros protegiéndose de los catalizadores de última generación en obtención de polímeros de larga durabilidad obligando sin trance a la no reflexión; pero pude evadirme de las telarañas y rumié (en los sueños las coloquiales se cuelan como piñas) vueltas en cama como troncos de los termoplásticos rodando dentro de una lavadora derivando en muestras del cariño más común, dos bucles con siglas.


era un zapato de fabricación joven que cruzaba la calle sin fijarse en los síntomas de la balanza, del poder contranatural que tanto daño provoca y que no es fácil cerrar con tiritas y mucho menos con aspirinas grandes vs cataplasmas. era el zapato de Kruschev en el 59 golpeando sobre su escaño que era propiedad de la ONU ó quizás los dos (por ser joven mocasín) de Muntazer al Zaidi volando sin radar control en pos de Bush; no sé, no me encontré colgando de los cables urbanos, seria que desde allí, colgado y con el ruido del tráfico pesado de camiones chinos, era harto difícil de seguir lo que los sueños desvían a los laboratorios de cultura occidental para despejar interrogantes y aislar las moléculas de plástico.


tocaba fondo y el peligro se metía por los poros que suele abrir el miedo, ¡Vayamos a Parlamentar!! suelen gritar los hombres que proyectan los miedos para causar estragos y ampliar el desorden beneficioso para aquellos que piden la independencia de islas deshabitadas, dos palmeras y adecuan cartel de paraíso fiscal de neón, cuánto más pequeña es la isla más grande en dimensiones es el cartel y la caja fuerte de coco polímeros de fibras, textura de saco. una sacudida dormitando, escuchaba la radio, me ensoñé… proyecto sobre uso pacífico de la energía atómica, una propuesta de Eisenhower. la URSS quiere que China entre en el montaje de las maquinarias atómicas, mantenían una lucha intensa los rusos, proponen al menos que entren como observadores o como miembro asociado. los norteamericanos se oponen frontalmente a la iniciativa. con las bombas sobre la mesa, los USA quieren que el director general del nuevo organismo sea americano y mormón, confían en obtener los apoyos necesarios para que así sea, apartan las bombas por un momento de las mesas y riegan dólares por ellas, cuarenta y seis países se mueren del ardor de los ayunos obligados, muerden el anzuelo. el ruido de  la sangre fuera de las venas, detonaciones bíblicas y el microsurco de la vecina con el último hit del año a todo trapo porque el hijo quería ser músico especialista en timbales o en alguna otra cacofonía universal mezclaba todo este jarabe mental con la misma fuerza agitadora y caótica de un paramilitar con tacones de aguja en un mitin guatemalteco, y Viena será la sede permanente del organismo, las funciones principales será como una caja de resonancia y de compensaciones para informaciones y adiestramiento del personal, una entidad de corretajes… un maná!. 1957 terminará con chubascos que se extenderán poco a poco por todo el país, en Las vegas no caerá ni una sola gota (de plástico) rodarán dados, inequívocamente. en la última noche del año, la Konzert Haus de Viena, acogerá a los 600 delegados de los 55 países y al presidente de la comisión preparatoria de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) -2ª sigla destacada- acompañados de sus respectivas mujeres. serán obsequiados (aquí es cuando se mira al cielo con la esperanza de que reviente la radio o que se quede afónica la soprano en el acto) con un espectacular concierto de la sinfónica de Viena y la maravillosa voz de…


Una densa nube de humo gris de neuronas patinando asalta a todos aquellos delegados radioactivos recomendando cambio de sueño, trueque imposible, obligando arquear en cualquier esquina y volver a las industrias poliméricas mundiales o hasta situar en un lago a madres, milicianos, abuelas, último intento de colar un sol radiante, pero se abría la lámina cartilaginosa epiglotis de la madre del vecino Beethoven sordo, aullando en el descanso que le regalaba tras la desobstrucción el limpiador de oídos hindú. y me entumecían esos escacharrados ultrasonidos causados por el electrónicamusahars manual y extravagante. todos los ruidos del mundo entremezclados caben en dos vacas soñadoras, ahora se imponían las vacas. no quería escuchar vacadas termoplásticas deformables y desperté turbado zapato - (qué carajo pateo-leo antes de dormir?) - turbado como la radio que soplaba interferencias a la vez que sonaba algo que renovaba el ambiente con frases como la de los tiempos están cambiando, o algo parecido anunciaba aquella voz de mercadotecnia de volúmenes de producción química plástica que demanda el mercado actual, pensé en vinilos mientras la música se imponía a aquel “gargantudo”… el tiempo pasa, 1960 y los egipcios comienzan a construir la presa sobre el Nilo en Asuán… controlando cataratas cuando Pantaleón Piazzolla vuelve a Buenos Aires sin Nonino. (después de la publicidad)



 



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Número 9

9 corazones humanos de trapo



 


de la idea de Shane Acker...


 






 


 


... nació el número 9 de Tim Burton. (★★★★★)






 


 

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♂ PORNO Ю∑ "S"



 



 









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INDULGENCIA para Máquina Virtual de Java

la JavaScript mató al espíritu de la chispa de la vida de Coca Cola.


 


Ave Internet, gratia plena, dominus tecum, benedicta tu in conexio conexionis et benedictus frutus ventris tui, Google. amén.


 


Abrahán: hablaré a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza.


Nosotr@s: he aquí, a los esclavos del Señor.


 


Java le permite jugar en línea, participar en sesiones de chat con internautas de todo el mundo, calcular los intereses de una hipoteca y ver imágenes en tres dimensiones, entre otras muchas aplicaciones. Es también esencial para las aplicaciones de intranet y otras soluciones de comercio electrónico que constituyen la base informática de las empresas.





(buscando patrocinador farmacéutico en la doctrina de la Indulgencia)


 





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Tadeo Bortnowski. La pequeñez humana

Nació en Polonia. Luchó contra la ocupación soviética. Estuvo preso en Siberia. Se convirtió en camarógrafo y filmó el frente de batalla en Italia. Estuvo en Alemania durante la liberación. Pero terminada la guerra fue perseguido por “guerrillero”. Entonces recaló en Buenos Aires, donde se convirtió en el camarógrafo de “Sucesos Argentinos” y filmó buena parte de la historia argentina del ‘50 para acá. Tadeo Bortnowski recibe en su casa de Olivos y habla de lo difícil que se le hace hablar sobre todo lo que vio.


 


-> Por Mariano Blejman


El camarógrafo Tadeo Bortnowski, de 78 años, tuvo una vida agitada: estuvo preso en Siberia durante la Segunda Guerra Mundial, fue integrante del Ejército Polaco como corresponsal de guerra, filmó en la línea de fuego contra Alemania y capturó las imágenes del horror en los alrededores de Nuremberg durante el juicio a los jerarcas nazis. Es, según él mismo cree, único sobreviviente entre quienes se animaron a testimoniar el Holocausto en imágenes. Cuando terminó la guerra se instaló en la Argentina y entró en la historia del país detrás de las cámaras del primer noticiero cinematográfico de Latinoamérica: Sucesos Argentinos. Hoy, a 57 años del fin de la Segunda Guerra –y dentro de su casa ubicada a tres cuadras de la residencia de Olivos–. Bortnowski recibe para develar su historia y mostrar, también, algunas imágenes de aquellos días de espanto.


El soldado polaco


Tadeo Bortnowski nunca hizo el servicio militar. Tal vez por eso su mirada envuelva con ojos amables a quien lo escucha de cerca. Tiene una memoria visual prodigiosa, bien guardada en sus relatos. Una parte de sus imágenes se oculta dentro de un estrecho placard que da a la calle: es su medio siglo en la Argentina. La otra parte de sus imágenes, esos cinco años en la línea de fuego de la Segunda Guerra Mundial, están nada más que en sus propias retinas. De miles de horas capturadas tiene, sólo, pocos minutos en VHS. El resto descansa en fílmico, en algún lugar del mundo. Su pelo castaño y sin canas le da cierto aire cincuentón. Aún así, habiendo perdido dos décadas de apariencia, parece no haber olvidado sus mañanas de guerrero.


¿Por dónde quiere comenzar Tadeo? –...


Él quisiera contar todo pero no le salen las palabras. Están detrás de la garganta amontonadas junto a las condecoraciones. Dentro de esa carpeta donde acurrucó celosamente aquellos papelitos que guarda desde que estalló la guerra en 1940. “Tenía 16 años y era un estudiante de secundario”, dice por decir algo. Polonia era ocupada por Alemania al Oeste y por la Unión Soviética al Este. En agosto de 1939, Hitler y Stalin habían firmado el pacto de “no agresión” con el que se repartieron Polonia. “Yo vivía en Piñsk, a 150 kilómetros de Rusia. Pero lo que ahí dentro sucedía era un misterio”, recuerda hoy a pocos días de cumplir 78 años. Bortnowski tenía, sin saberlo, el destino marcado. Nació con una fecha patria argentina: el 25 de mayo de 1924.


“Al principio luchamos contra los alemanes y contra los rusos.” El joven Bortnowski fue militante de una organización estudiantil subversiva. “Cuando ellos llegaron pensamos que iban a durar poco: ataban sus fusiles con piolines, no tenían zapatos de cuero sino de telas engomadas, no llevaban relojes, ni siquiera los oficiales. Creímos que sería fácil vencerlos. Los alemanes, en cambio, estaban bien equipados.” Bortnowski nunca imaginó que la guerra podría perderse, ni que iba a durar tanto tiempo. Pero los rusos lo arrestaron por opositor y lo enviaron a la lejana Siberia. “Recién ahí conocí la URSS por dentro.” Su madre y sus hermanos, de familia católica, sobrevivieron a los años con los dientes apretados. Ahora, en un rincón, Bortnowski cuelga un afiche del Papa paisano Juan Pablo II. Ya, en aquel entonces, Dios no pudo salvarlo de la cúpula stalinista. Pero le iba a dar una pequeña recompensa llamada Argentina, si es que puede llamarse recompensa. Entre Siberia, el norte próximo al Ártico y países satélites como Uzbekistán, Kazajstán y Turkmenistán hubo casi dos millones de “opositores” a los soviéticos. Un verdadero ejército de reserva.


Estepas rusas


Tadeo Bortnowski ofrece un café sin azúcar y, mientras lo hace, desempolva una carpeta prolijamente guardada en un cajón. Sus papeles certifican lo que cuenta. ¿Por qué guardó todo esto? –Siempre tuve alma de archivista. Tengo todos los papelitos... El joven Bortnowski pasó dos años en Siberia acostumbrándose a la muerte, pero nunca le llegó en carne propia. De allí le quedan los recuerdos de veranos calurosos e inviernos donde la saliva caía al piso convertida en escarcha. “El aire era tan cristalino que se podía escuchar a dos personas hablar a 20 kilómetros de distancia.” Al principio cortó maderas, limpió la nieve de las vías y realizó trabajos forzados. Su ración diaria de comida llegaba a 400 gramos de pan y una sopa. “Al que se debilitaba le reducían las raciones y ya no trabajaba. Ni tampoco comía. Y al poco tiempo se moría. Usaban siempre el mismo cajón para enterrarlos a todos.”


Bortnowski podría haber tenido esa suerte: cayó enfermo, pero fue justo cuando los alemanes rompieron el pacto con la URSS e invadieron el resto de Polonia en dirección a las estepas. Cuando el ejército nazi sitió Leningrado y rondó las periferias de Moscú, Stalin pactó con Winston Churchill y Wladyslaw Sikorski, jefe de los polacos en el exilio, la organización de un ejército con cien mil polacos que salieron de Siberia. El Primer Cuerpo ya se había formado en Francia con aquellos que habían escapado de los alemanes. Según muestra el certificado en polaco emitido por el Ejército Soviético el 18 de junio de 1942, Bortnowski estaba incorporado al Segundo Cuerpo del Ejército Polaco. Permaneció en el hospital durante mayo de 1942 y sus primeros encuentros con la muerte lo encontraron acostado: “Al lado mío se morían de tifus y malaria tropical. Yo tuve malaria pero me salvé”. El 17 de junio de ese mismo año fue dado de alta. Como no tenía fuerzas para realizar el viaje hasta el Ejército Polaco, el delegado del hospital lo envió cerca de Tashkent, en Uzbekistán. –Para llegar me dio 150 rublos, dos dólares para la época.


Tadeo muestra su certificado médico que diagnostica una “crono sepsis y endocarditis aguda”. Es decir, una inflamación del corazón por el frío y la falta de alimento. “Hasta ese momento nadie había salido de Rusia. No se podía constatar lo que sucedía.” Pero de pronto la “reserva” polaca fue evacuada: los problemas de abastecimiento acuciaban a Stalin. “Nos dieron víveres, armamento y vestimenta y nos dejaron salir a Persia (hoy Irán), donde los barcos ingleses se cargaban de petróleo.” Pero la guerra todavía no comenzaba para Bortnowski.


Un deportado sin escalas


El nuevo ejército polaco armado en la Unión Soviética se evacuó por el Mar Caspio. Pero su enfermedad le dio dos ventajas: viajó en camión por el borde del Himalaya y cuando llegó a Persia le propusieron que aprendiera a filmar. Necesitaban un camarógrafo para contrarrestar la propaganda nazi. En esa época intentó un primer contacto con su gente. Ahora enseña una carta que recibió de respuesta a otra que había enviado a su familia. La respuesta llegó de puño y letra de su madre desde su pueblo natal, fechada en junio de 1943. Vía Turquía. Y no traía buenos augurios: una estampilla de Hitler estaba en el dorso.


Bortnowski se perfeccionó en El Cairo con técnicos polacos. Y todavía guarda boletos de hoteles de la ciudad. “Cuando estuve entrenado me mandaron a Italia para filmar en el frente de batalla.” Había dos cameramen mayores que no estaban preparados para la guerra y, también, soldados polacos, neozelandeses, británicos, norteamericanos; hasta un pequeño batallón de brasileños. Desde las bases militares de Italia se editaba el noticiero del Ejército Polaco y se enviaba material a Inglaterra para el famoso programa “World Victorial News”, que se repartía por el mundo aliado. En el frente, Bortnowski no tenía asistentes ni ayudantes. Contaba sólo con un permiso otorgado por el Ejército Polaco que estaba bajo el mando del Octavo Ejército del General Montgomery de Inglaterra, una cámara liviana (era una Debrai de origen norteamericano) y un trípode. Había conseguido ser nombrado Oficial, aunque su único métier era el de corresponsal. Todavía guarda el papel escrito en polaco e inglés que le habilitó para llegar varias veces donde muchos estuvieron por última vez. Simplemente pedía que lo acercaran en tanque o un camión y “de ahí me manejaba a pie”. Llegó a estar delante de las tropas aliadas: “Estaba todo camuflado. Los soldados tenían una equis blanca detrás de la mochila para que supiéramos que eran nuestros. Había momentos bravos. Hubo que vadear arroyos para poder avanzar y había que proteger a los ingenieros que hacían puentes para la tropa. Nunca sabíamos si sobrevivíamos el próximo minuto”. Cuando comenzó a filmar, no había cumplido los 20 años.


En pie de guerra


Entre el ‘43 y el ‘45 Bortnowski filmó miles de movimientos de tropas, combates y muertes en vivo y en directo. Que se emitieron, por supuesto, en diferido. Aunque sufrió algunas heridas, nunca lo tocó una bala. De todos esos combates tiene pegadas en el iris aquellas sórdidas imágenes de las primeras horas de la posguerra. Con el suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945, y la inminente rendición incondicional del 8 de mayo, el ejército lo envió a Alemania para documentar. “No sabíamos qué íbamos a encontrar, pero sí que iba a ser un testimonio para la posteridad”, dice Bortnowski, que salió de Italia en “ayuda humanitaria” para los recién liberados de campos de concentración.


“Camuflé mi misión: tenía miedo que los rusos se quedaran con las cintas.” Y así, sus retinas comenzaron a quemarse con fuego: captó esos rostros famélicos que vagaban por las calles alemanas después del fin, tomó vestigios de cuerpos recién exhumados, de las fosas comunes, de hombres colgados de sus testículos, de torturas de todas las formas y sus restos. La resaca del horror se le hacía presente a cada momento. Y todavía le aparece cada tanto. Pero Bortnowski no podía detenerse. Era su oportunidad de testimoniar el delirio encarnado en el odio. Por eso visitó Munich: “Las casas estaban como ahora se ve en la Franja de Gaza o como quedó Afganistán. No había dónde parar, ni dónde dormir. Nos acostábamos en nuestros camiones. El único lugar que estaba bien era en los edificios de Frankfurt donde se encontraba Eisenhower”.


El joven camarógrafo llegó a Nuremberg en el momento que comenzaba el juicio a los responsables del Holocausto. Fue entre el 20 de noviembre y el 1º de octubre de 1946, pero la Cruz Roja ya investigaba el fusilamiento de 15.000 oficiales polacos por balas soviéticas en Katyn, durante la primavera de 1940. El gobierno de Inglaterra había mandado delegados polacos para constatar de quiénes eran las balas, y Stalin, enfurecido, cortó relaciones con Polonia. Cuando llegó el juicio, Bortnowski no pudo ingresar a la sala: por polaco. Ingleses, norteamericanos y soviéticos tuvieron los derechos exclusivos. Entonces, se dedicó a filmar los alrededores. “Después seguí hacia el norte de Alemania, donde estaba estacionada una tropa polaca que liberó Holanda. Ahí me enteré de una batalla en la que un grupo de paracaidistas británicos y polacos se lanzó sobre el río Rin. Los alemanes los estaban esperando, liquidaron en el aire a gran parte del batallón y los aliados tuvieron que replegarse. Cuando escuché esto, pedí que se reconstruyera la batalla.” Y así se hizo. Muy cerca, la locura de la guerra había hecho un paréntesis curioso: el hospital de la zona curó, a la vez, a los alemanes y a los aliados.


El fin y los medios


“¡Qué ironía!”, se resigna Tadeo. El fin de la guerra lo encontró con 21 años y una verdadera paradoja: “Los polacos fuimos los primeros atacados, los primeros que nos defendimos y los primeros en morir como moscas. Pero en el desfile de la victoria aliada marcharon franceses, norteamericanos, ingleses, rusos, neozelandeses y los polacos no fuimos invitados”. Cuando todo terminó, Bortnowski pensó en volver a Polonia. “Nunca se me ocurrió que íbamos a tener un gobierno comunista.” Yacía sobre su cabeza una sentencia de muerte por haber sido “guerrillero” contra los soviéticos. Y había perdido también su nacionalidad de polaco.


Volvió entonces a Italia y fue evacuado por los ingleses, con su archivo audiovisual completo, hacia Londres. El ejército le otorgó una indemnización y le dio transporte gratis a “cualquier lugar del mundo”. Muchos se dispersaron por Canadá, Australia y Estados Unidos. Otros terminaron en Israel. Entre ellos Menahem Begin, el entonces suboficial del Ejército Polaco que organizó el Estado de Israel. Otros, como Bortnowski, terminaron en la Argentina. Todo eso en 1948.


¿Por qué eligió la Argentina?  –Porque fue el único lugar que pude elegir. Iba a trabajar en Londres con un cineasta escocés haciendo documentales en todo el Imperio Británico, pero cuando el gremio se enteró de que era polaco, me prohibió. La lista de ingleses desocupados era tan larga como la de Schindler. Y para entonces Norteamérica ya no tenía cupo de ingreso.


Bortnowski recuerda aún el diálogo con un superior: – ¿Pero a dónde me puedo ir ya mismo?  –se enojó. –Puede ir a la Argentina. Se dirigió a la Embajada de la Argentina en Londres. Le dieron el OK. Y embarcó de inmediato. A pesar de haber filmado tanto, eligió sólo dos latas como compañía de viaje: la primera es una imagen de cuando fue condecorado con “La Cruz de los Valientes”, por estar en el frente; la otra es de la famosa batalla donde fue tomado el claustro de Montecasinos, en Italia, en mayo de 1944. Además, recibió “La Cruz de Alberto”, “La Cruz por la acción en Italia” y varias distinciones inglesas. ¿Qué sabía de la Argentina? –Nada. Pensaba que Buenos Aires estaba sobre el mar.


Sucesos argentinos


Bortnowski llegó en pleno gobierno de Perón. Se acercó al Ejército a pedir empleo pero lo derivaron a la Marina, que tenía un departamento de filmaciones. “Les gustó mi currículum y me recomendaron en Sucesos Argentinos, con quienes colaboraban.” Catorce años después llegó a ser director del primer noticiero cinematográfico de Latinoamérica. Y el más famoso “house organ” que ofició de antesala acartonada e informativa de los cines hasta su cierre definitivo en 1974. Aprendió el español mientras miraba por cámara, consiguió una mujer, cuatro hijos y nueve nietos.


Como habitante expulsado de un viejo continente destruido, la Argentina era, para él, un país de ascenso y destino esperanzador. Aunque a los pocos años ya volvía al ruedo, y filmó una nueva contienda: la Revolución Libertadora de 1955, que despojaba a Perón del poder a puro cañonazo; las peleas entre Azules y Colorados, el levantamiento de Paracaidistas contra Onganía y los bombardeos a Plaza de Mayo. Volvió a Polonia recién en 1960 para ver a su familia con miedo de que lo arrestaran. “Iba con pasaporte de No-Argentino que daban a los residentes. Viajé a Suiza desde Buenos Aires a filmar para Sucesos Argentinos la inauguración de los vuelos de Swiss Air y cuando llegué me obsequiaron un viaje a donde quisiera.” Y visitó su tierra, aunque pronto retornó al país. Después del cierre de Sucesos Argentinos fundó una productora cinematográfica que llamó Notrus Film. Y tuvo la primera herida grave de guerra: se le reventaron los intestinos en Campo de Mayo en 1990, cuando filmaba dentro de un tanque que cayó en un cráter. Le hizo un juicio al Ejército y se lo ganó. Aunque todavía espera la paga.


Su archivo personal resguarda imágenes de Sucesos Argentinos. De la guerra, en cambio, ni siquiera tiene lo de Montecasinos que mandó de vuelta a Polonia. “Cada tanto descubro mis filmaciones en documentales norteamericanos.” En su pieza tiene frescas las imágenes de un país .éste– que ya no existe: hay en un collage despintado, un hombre de pelo engominado filmando revueltas pasadas en blanco y negro; un diploma otorgado por la Asociación de Reporteros Gráficos; una foto filmando los Saltos del Moconá; otra tomada al Che Guevara durante la visita a Uruguay en 1962; una película que filmó con Borges y todavía guarda “porque ningún canal quiso comprármela”; una vieja cámara de origen francés, comprada en Norteamérica; y un proyector de “cine portil” de 100 kilos de peso. Ahora, frente al televisor se anima a descubrir unas pocas imágenes de su pasado que acompañan un especial que le dedicó la televisión polaca en 1998. Tadeo se dice Tadeusz en su idioma. Pero él piensa que ya no es de donde es: “No tengo pasaporte polaco”.Sobre la crisis argentina, laconiza: “Esto es lo más oscuro que he vivido en la Argentina. Veo nubarrones sobre el país, aunque tengo mucha fe, porque la Argentina no puede tener hambre. Nuestra crisis no es la que vivieron Rusia o los países europeos después de la Segunda Guerra. Acá la gente no muere de hambre como lo hicimos nosotros”.


¿Podría elegir una sola imagen entre las que filmó? –Me queda claro el precio que pagó Alemania por haber seguido a Hitler, que pregonaba una raza superior. El nazismo demostró la pequeñez humana. Pero cuénteme una sola imagen... –No puedo. Le juro que no puedo.







Permalink:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-202-2002-05-24.html




 


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Borges: Un Destino Sudamericano.


 


Film documental Inédito sobre el escritor argentino que ha permanecido más de treinta años sin ver la luz en salas comerciales, porque el autor de Ficciones, aseguró Di Zeo (director del documental) "no vende", ya que Borges es cultura y eso no interesa. En él, Borges interpreta a Juan Dhalman, personaje de su cuento "El Sur", que encierra muchas similitudes biográficas con "el viejo" siempre fascinado por el mundo de los sueños y por la obsesión de su propia muerte.


La falta de financiación hizo que tanto él como el realizador Tadeo Bortnowski se encargaran en solitario de un proyecto que, una vez finalizado en 1986, sólo pudo exhibirse "de forma clandestina" en colegios argentinos y su propio director llegó a "perder su rastro, sin ninguna esperanza de venderlo".





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FUENTE HTML - IDEALIPSTICKS -

MÚSICA DE MINARETES (Hyde en j&h)


 


 


Descartes ha clasificado las ideas en tres grupos __


«unas me parecen nacidas conmigo, otras extrañas y venidas de

fuera, y otras, finalmente, hechas ó inventadas por mí"


 


 


Condiciones actuales al día de 0:00 WAT en el Estuario de la Ciudad:


Nublado.


Temperatura actual:


 27ºC


 Sensación térmica:

 

32ºC

Barómetro:


982,05 mb y en rápido descenso


Humedad:


94 %


Visibilidad:


9,99 km


Punto de rocío:


26 °C


Viento:


SW 12,87 km/h


Salida del sol:


6:31


Puesta del sol:


18:37


 


Idea de una humedad en chanclas simplemente en ésta ocasión (desde un satélite)


 




LEGS






IDEALIPSTICKS | Vídeo MySpace


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METRÓNOMO. DIA 16 - Ballet


notas para vísperas de Hyde.... 17 ....


 


.


el metrónomo es utilizado en música para medir el tempo (velocidad de la música).


metrónomo de cuerda, el péndulo que se utilizó en todo el siglo XIX y XX, fue patentado en 1814 por Johann N. Mäzel (1770-1838).


Metrónomo de 1950


grave 44


largo 46


larghetto 50


lento 52


adagio 54


andantino 66


moderato 80


alegreto 100


alegro 116


vivace 126


presto 144


prestísimo 184


 


Ballet de la Ópera National de Paris


coreografía de Rudolf Nureyev


música de Sergei Prokofiev (1891-1953) ROMEO & JULIET


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