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El rincón de Jucar


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Desterrado de ti


Transito un universo donde los sueños se cubren de lágrimas, donde la alegría se marchita como pétalos suicidas. Divago por firmamentos infinitos despoblados de estrellas, noches que se ciernen con un manto de oscuro luto que cae sobre mi alma, congelándola, desposeyéndola de toda capacidad para sentir pero no para sufrir, ¿por qué el sufrimiento no se acaba nunca? ¿Por qué es tan atroz?

¿Vivo? desterrado de ti, prisionero de un amor que me erosiona por dentro, como uñas que arañaran mi interior hasta dejar mi corazón en carne viva, derramándose gota a gota. Sueño con un mañana que tal vez sólo exista en mi mente, un mañana que nos proteja del hoy y nos devuelva el ayer, esperanza ¿vacua? de que algún día tú y yo, nosotros...

Navego por el océano de la soledad, sin rumbo, sin destino, pues mi único puerto eran tus brazos. Mi brújula enloqueció de amor dejándome perdido, desorientado, en mitad de la nada, aferrado a un sentimiento que me desarma, contra el que no sé luchar.

Camino por el sendero de la tristeza, y me alejo de ti en contra de todo mi ser que grita no, pero consciente de que es el único modo de no morir en el intento.

Ingenuo de mí, ¿acaso no he muerto ya?

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Rosas para ti


Tenía ocho años cuando te conocí. Eras la niña más bonita de toda la clase de tercero de E.G.B.. Yo era un chico flacucho, tímido, muy introvertido, en clase solía sentarme en las últimas bancas en un intento de pasar inadvertido. Un día viniste a sentarte junto a mí, yo intenté ocultar debajo de mis libros lo que estaba escribiendo en aquel momento pero tu adivinaste que estaba intentando esconder algo.

-         ¿Me dejas ver lo que escribes?

A cualquier otra persona jamás le hubiese permitido verlo, era mi tesoro, mi secreto. Pero allí estabas tu sentada junto a mí con tu carita resplandeciente y fui incapaz de decirte que no. Era una historia de piratas, de esas de capa y espada. Pensaba avergonzado que te reirías pensando que era una tontería, pero tú lo leíste y con gesto de solemnidad me dijiste

-         siempre me han gustado las historias de piratas, a veces imagino que soy una princesa a la que han capturado y un pirata viene y me rescata y me lleva en su barco, ¿sabes? Yo también escribo.

A partir de ese día siempre nos sentábamos juntos, en los recreos mientras los demás niños jugaban al futbol yo iba a sentarme junto a ti debajo de aquel viejo árbol, ¿lo recuerdas?, aún sigue allí y su tronco guarda celosamente un corazón grabado con nuestras iniciales. Allí tu me dejabas que leyera tus poemas y yo te enseñaba mis historias de aventuras, ¡qué feliz me sentía en aquellos momentos!, no necesitaba nada más, tú a mi lado y nuestra imaginación volando a través de gastadas hojas de papel. Por las tardes al salir de clase íbamos a tu casa a hacer los deberes y tu madre nos preparaba la merienda. Siempre íbamos a tu casa, supongo que me avergonzaba que vinieras a la mía. Papá, ocupado con sus negocios nunca estaba en casa, y mamá...mamá divagaba entre los efluvios del alcohol, entonces era muy pequeño para entenderlo ahora sé que de esa forma huía de su infelicidad, aunque yo sabía que no hablaba en serio cuando me decía gritando que yo era el culpable de todo, que papá me había utilizado para apartarla de todos sus sueños. Sentía envidia cuando veía como tus padres te besaban y te hacían carantoñas pero al mismo tiempo yo me imaginaba formando parte de aquella familia, que tus padres eran mis padres, y aquello me devolvía un trocito de felicidad.

¿Recuerdas aquella tarde en el parque?, debíamos tener diez años. Tu madre te había mandado a comprar a la tienda de Don Antonio y yo te acompañé. Al atravesar por los jardines vimos a una pareja que caminaban cogidos de la mano y entonces tu tomaste la mía, y sin pensártelo dos veces como solías hacer siempre me preguntaste

-         cuándo seamos mayores ¿te casarás conmigo?

Para mí aquella pregunta casi estaba de más, ¿acaso podía ser de otra manera?, yo no concebía ya mi mundo sin estar cerca de ti, tu eras mi persona favorita del mundo.

Fuimos creciendo, la niñez quedó atrás y juntos descubrimos la adolescencia. Tú pasaste de ser una princesita a convertirte en la muchacha más linda del universo. Yo seguía siendo un chico flaco y tímido, tú lo iluminabas todo con tu presencia mientras yo permanecía en la sombra, pero era tremendamente feliz porque sabía que nada ni nadie nos hubiera apartado al uno del otro. Porque para mí la vida era estar a tu lado y para ti lo era estar al mío, éramos almas gemelas. Por supuesto seguíamos escribiendo, era nuestro secreto más íntimo, nuestro sueño, algo a lo que nos habría gustado dedicarnos toda la vida. Tu poesía había madurado y ahora cada verso tuyo era un regalo para los sentidos. Mis historias también se hicieron más serias pero mis personajes invariablemente siempre estaban enamorados de una princesa, y tú eras todas y cada una de esas princesas de mis sueños.

Mamá murió una triste tarde de otoño, yo tenía diecisiete años y sabía perfectamente que la estaba perdiendo, aunque realmente creo que nunca la tuve. En su lecho de muerte la abracé y la besé mientras las lágrimas resbalaban por mis mejillas, ella me miró con su último aliento, pero ni siquiera entonces la oí decir “te quiero”, espero que ya haya podido perdonarme, yo nunca pretendí robarle ningún sueño. La tarde después del entierro papá volvió presuroso a su despacho pues asuntos urgentes reclamaban su atención. A mí me resultaba imposible quedarme en casa pues me sentía asfixiado, y escapé. Ya era de noche cuando tú llegaste junto a mí en la playa, me habías buscado en todos nuestros sitios favoritos hasta encontrarme finalmente sentado en la arena, bajo un manto infinito de estrellas. Ninguno de los dos habló, no hacía falta. Te sentaste junto a mí, me abrazaste y acurrucándome junto a tu pecho comenzaste a acariciar mi pelo mientras yo lloraba desconsoladamente, creo que fue entonces, aunque siempre hubiera sido un hecho evidente cuando descubrí que mi mundo eras tú, que tú has sido la única persona que me dio un poco de amor.

Hoy mientras venía de camino he pasado por el mercadillo y al ver el puesto de flores me he acordado de lo mucho que te gustan las rosas rojas, no he dudado en comprarte este ramo.

Jamás me habría imaginado la vida sin ti, por eso me cuesta tanto aceptar que tu corazón se esconda debajo de esta fría lápida, que su latido se haya apagado para siempre. ¿Por qué tuvo que ocurrirte a ti?, solo teníamos veinte años, toda la vida por delante y un montón de sueños por realizar. No sabes lo largo que se hace el camino sin ti, o quizás nadie me preparó para andarlo solo, simplemente no sé hacerlo.

Ayer el mar me preguntó por ti, yo le dije que ya no estabas y al escuchar mis palabras, el cielo comenzó a llorar.

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Si pudiera

Si pudiera arrancarme este amor que devora mis entrañas, consumiéndolas. Si pudiera asesinarlo y reducirlo a la nada. Si pudiera despojarme de los sentimientos que maltratan mi espíritu y quedarme desnudo ante la vida. Si pudiera convertirme en un bloque de hielo; frío, insensible, que se fuera derritiendo hasta desaparecer, dejando un charco en el suelo como único vestigio de su paso por el mundo.


Tal vez así traería un poco de calma a mi corazón marchito, tal vez.

Pero no soy el dueño de mi amor sino su esclavo, no manejo los hilos de mis sentimientos, que vuelan libres detrás de ti, aún a sabiendas de que sólo encontrarán rechazo y volverán a mí derrotados, desangrándose, y aún así felices por haber estado cerca de ti. No puedo controlar cada gota de soledad que escapa de mis ojos.

No puedo dejar de amarte, no puedo, ni me quedan fuerzas para intentarlo. Enséñame tú a hacerlo.

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Ventilando susurros

Hoy es de esos días que me pesa la vida. Días en que la realidad te golpea con inusitada violencia, casi con ensañamiento sólo para reírse de ti y reducirte aún más. Quisiera evadirme de esa realidad y dejar que mi mente vagara por rincones donde la inconsciencia reinara a su antojo y el olvido fuera la única ley.


Hoy es de esos días en que uno tiene que luchar para sobrevivirse a sí mismo, intentando soñar lejos de la tristeza, como si aún tuviera intacto el corazón. Hoy es día de lágrimas interiores que, como cristales sueltos, pueden rasgar el alma hasta dejarla hecha jirones. Pero algunas veces los cristales no pueden retenernos, se vuelven invisibles, como si no existieran, y nuestra mirada se pierde lejos, en el infinito. Otras veces nos atrapan, y nos devuelven el reflejo de una imagen perdida en el tiempo que no quisiéramos ver, la de lo que una vez fuimos.

Hoy me he quedado en un rincón abrazado a la ausencia que dejó sobre mi alma, como si mi mente viviera un presente anclado en el pasado, que recorre los pasillos de la memoria una y otra vez, que por momentos supone mi único consuelo y por el resto de la eternidad mi castigo eterno.

Hoy he paseado por mi blog, he visto su texto y los comentarios que los dos dejamos… Lo he releído una y otra vez.

Si Dios existiera hoy volvería a renegar de él, de nuevo.

 

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Por los tejados

El pasado Sábado me encontré en el blog de Sakkarah con este texto. Me sentí tan identificado con él, con como me siento en estos días, que le pedí permiso para poder traerlo aquí y compartirlo con vosotros:


Por los tejados corre el gato de la nostalgia. Se agarra a las tejas, como si fueran días arañando la vida, e intentando dar zarpazos a la rutina.

Un gato negro en un estómago vacío, y nubes negras en unos lagrimales secos, incapaces de producir lluvia.

Se cuartea la piel por el tiempo perdido, y la ira duerme un sueño definitivo.

En la oscuridad de la celda escucho un leve canto, y no salgo. Me siento ya incapaz de dar un paso. La incertidumbre vuela en su cabeza y la mía, y el canto se apaga, y no le busco. Quieta me quedo esperando un milagro.

En la oscuridad mi corazón quiere latir de nuevo, y siento miedo. Un miedo que me atenaza, que cierra mis labios, y me hace sentir en silencio.

Eres humo que pasa sordo a una súplica callada. 

Podéis leer a Sakkarah en http://sakkarah-1.blogspot.com/

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Adagio

Una de las grandes virtudes que tiene la música, es que a cada persona puede transmitirle sentimientos y sensaciones diferentes. Este Adagio para mí es la tristeza en estado puro.


Y hay días que uno parece que tiene ganas de autoflagelarse, debe ser la vena masoquista que todos llevamos dentro. Así que anoche descorché una botella de vino (sólo tomé tres copas ¡eh!), abrí la ventana para que llegara hasta mi la brisa del mar, me senté en un sillón, y me puse a escuchar una y otra vez la versión del Adagio cantada por Il Divo.


Siempre estaré para ti, aunque tú necesites estar lejos de mí, aunque la vida nunca más vuelva a unir nuestros caminos, cuando me necesites aquí estaré, siempre, esperando por ti. Lee la letra subtitulada por favor.

 

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Fragilidad

Y mi alma tiembla cuando se acerca a la tuya, con la fragilidad prendida en las pestañas. ¿Cómo se puede sentir este miedo cuándo se lleva tanto tiempo desahuciado de la vida, cuándo no se tiene nada que perder ya? ¿Acaso basta la proximidad de tu presencia para que la gruesa capa de escarcha que mantiene aprisionado mi envejecido corazón comience a resquebrajarse? ¿Tan poderoso es tu mágico influjo? Eres viento del Norte que atraviesa mi Sur. 


Tengo tanto miedo

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Que no cese la palabra

Respiro literatura, siento literatura. Cierro los ojos y es como si las palabras recorrieran mi cuerpo, descargas eléctricas que me consumen en un duermevela creativo, y luchan por salir a través de las yemas de mis dedos. Llegan para ocupar esa mitad que me faltaba desde hace tanto tiempo y las siento a mi lado, temeroso de volver a perderlas pues siempre se mostraron traviesas, esquivas. Los pensamientos se agolpan en mi mente, las ganas irrefrenables de volver a SER.


Amor y Literatura, mis dos fuerzas motrices, demasiado tiempo he pasado vacío de ambas. Ahora las palabras vuelven a mí y necesito atraparlas, sentirlas, volver a hacerlas mías, como un amante posesivo que necesitara saciarse de ellas para poder cerrar los ojos y sentirse vivo, que hay algún consuelo en mitad de la nada, algo por lo que merece la pena seguir adelante.


Aunque ya no se conviertan en las huestes de mi amor, aunque ya no pueda dirigírtelas a ti, el final no acabe como una película de Disney y el espejo me devuelva la imagen de un rostro divorciado de la vida. Aunque sea consciente de haber perdido la magia de la poesía, sean palabras de tristeza y mis lágrimas las emborronen sobre el papel. Aunque letra a letra me desgarren, ¿qué sería de mí sin ellas? 

Soy un naufrago que busca desesperadamente el salvavidas de una palabra a la que aferrarse, cuando alrededor la inmensidad del océano trae la certeza de la perdición.

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