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carlosmerchan


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LA CÚPULA DE BARCELÓ.

La cúpula de Barceló


 


  La última broma macabra, el último despropósito, la última soplapoyez de este desgobierno que se va en buena hora (otros vendrán que bueno me harán, ja vorem) es arrimarle dos millones de euros al mantenimiento de una obra de macro albañilería, o sea, dos sopapos de los que no nos sobran en pro del lucimiento de la antepenúltima ocurrencia del niño mimado Barceló. Un telediario antes se fundieron hasta cinco millones en darle la vuelta a la tortilla de la memoria histórica de los cojones dicho sea esto con todo el poco respeto y toda la desvergüenza de la que soy capaz, amén de otros no sé cuantos mortadelos en el viaje, no sé si de placer aunque presumo placentero, de la ministra de cultura por todo el orbe mundo, suites de lujo de por medio. ¡Joer, menos mal que se van, que si se quedan otros cuatro días acaban hasta con los cepillos de las iglesias, tú!


  Que no me gustaría entrar en materia tan escurridiza y volatinera como es la de discutir lo que es arte de lo que no, que doctores tiene la santa madre iglesia. No obstante, como ciudadano libre que de momento presumo ser, creo que me asiste el derecho a opinar y opino, aunque me tiren al pilón los fanáticos de la historia oficial, esa que se hace en los despachos y que convierten a cualquiera, al azar,  en una máquina de generar dinero o en una marca comercial tipo Coca-Cola, que la cúpula de marras es un fiasco de los gordos a mayor gloria, si es que alguna puede caberle ya, del dictadorzuelo de tres al cuarto que, en su megalomanía, no ha reparado en gastos. Y dos días que le quedan de estar en el convento no es que se cague dentro, es que tira por la ventana hasta los confesionarios.


  Que el tema cúpula está muy bien, que el mallorquín se lo pase pipa unos meses dándole gusto a la máquina del gotelé no puede reprochársele, que el invento se caiga a pedazos porque el artista será muy artista pero no tiene ni puta idea de meterle al yeso un aglutinante como Dios manda, pase, pero que la ocurrencia nos cueste diez millones de euros cuando nunca han estado tan vacíos los contenedores de basura, ni tan desproporcionadamente llenas las colas del paro, no es de ser inconscientes o pinchaúvas o tornadizos o mal gobernantes sino una panda de felones (puse cabrones pero, ya saben, el decoro y eso, que ya me estoy pasando) de grandísima prosapia y descomunales proporciones.


  Que vuelvo a meterme en camisa de once varas aún a riesgo de que los demiurgos de la cosa, los aposentadores reales de la moda y los que tragan con lo que les echen por mor de no hacer el ridículo me tilden de analfabeto integral, pues es riesgo que asumo de mil amores que dicen que el desahogo ante la indignación alimenta y alarga la vida.


  En tercer curso de la carrera, D. Miguel Fernández Cid, crítico de arte, colaborador entonces de El País y, a la sazón, profesor mío de crítica nos hizo analizar una obra de Barceló como examen de fin de curso. Creo que en mi vida he escrito tanta parida junta, tanta nadería, tanta necedad en tan poco espacio. El cuadro en cuestión era una suerte de perro descoyuntado y como de cartón piedra que a mí lo cierto es que me decía más bien poco. El señor Fernández Cid tuvo a bien condecorarme con un sobresaliente. ¡Toma del frasco, Carrasco, que del bote “sacabao”!


  Y en este plan, que diría Pacumbral.


(NO INCLUYO ILUSTRACIÓN PORQUE "NO SE HA PODIDO GUARDAR CORRECTAMENTE LA IMAGEN". LA IMAGEN PESABA 11 KB. eN FIN, CAPRICHOS DE LDA)


Para publicar en el diario Ciudad de Alcoy.


 

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CIEN ARTÍCULOS

 


 



Cien. Cien ilustraciones. Cien búsquedas. Cien formas de intentar agradar que, según lo más probable, sea un error. Uno escribe o dibuja con el alma, escupiendo todo lo que tras de uno merodea, bien sean amaneceres o paredes rotas o crepúsculos que le pillan a trasmano y con el culo frío sobre cualquier banco, apretándole los machos a la noche o contando estrellas, pero intentando agradar, llegar. Cien incertidumbres. Cien formas de atar esa mosca por el rabo.


  Para ser franco no sé muy bien a qué obedece este prurito, en ocasiones de picor insoportable, de airear opiniones y duermevelas. Y fíjense que cuesta. Sobre todo vencer el temor al ridículo o a meterla hasta el corvejón, que nadie está libre y menos que nadie este humilde escribidor. En Salamanca, mi otra tierra, mataba el gusanillo literario en “cartas al director” en La Gaceta Regional de Salamanca. Y era no poco consuelo. Para mí tengo que el amor reverencial que profeso a la letra impresa hace como si leer mis ínfulas, desvaríos y obsesiones sobre ella les dotara de más verosimilitud y les restara patetismo. No lo sé. Sea como fuere, aquí me tienen, dos años y cien artículos después de entrar en la redacción del periódico: Buenaaas… ¿Se puede…?


  Yo no sé si en este tiempo pude ofender, encabronar, vilipendiar, avasallar, irritar. Si así fuere, les aseguro que nunca fue mi intención y pido disculpas de antemano por si acaso. La verdad es que últimamente me voy con demasiada frecuencia por los fueros de la política cosa que juré no hacer desde el principio entre otras cosas por ser consciente de mis limitaciones y mi supina ignorancia. Pero estarán conmigo en que cuando la política se pasea por el terreno del histrionismo, el opinar se convierte en tentación invencible. Quizá en esos artículos, mis improbables lectores hayan visto cierto arrimo, cierta filia y nada más lejos. Siempre me he mantenido al margen porque siempre he puesto por delante a la persona. Las ideologías son peligrosas, está demostrado, y suelen devenir en categoría y fanatismo. De modo que paso de ideologías. Visto lo visto, soy más de la cuerda de un Panza que de un Quijote, o sea, que el buen gobierno de la cabeza empiece por la república de las tripas que, últimamente, los estómagos de muchos españoles andan pelín anárquicos y medio al pairo.


  Lo que no me perdonaría nunca en estos dos años de vagabundaje por el Ciudad sería haber aburrido, que mi discurso hubiera sido más que discurso monserga y mis ilustraciones, milonga. Actué de buena fe hasta donde, más mi corazón que mi mente, alcanzaron a llegar, y si no llegué más es porque no supe. Así que, muchas gracias por seguirme, por aguantarme y por perdonarme más de un desliz, gazapo o enormidad, que, estoy seguro, cometo con más frecuencia de la deseada.


  Ahí tienen mi e-mail. Escríbanme aunque sólo sea para llamarme al orden, que eso estimula una barbaridad.


Vale.


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EL GRAN HERMANO



 A la señorita Carbonero le encantan los versos de Serrat (sic)  “caminante no hay camino, se hace camino al andar” y se los dedica a su novio el cancerbero Casillas. Que la cosa tampoco es que tenga mayor importancia si no fuera porque la moza de turgentes curvas y de belleza indiscutible* es periodista y su oficio es informar. Hijos de la Logse y del dolor. Ninguno tiene la culpa. Con los pobres angelitos se han dedicado a experimentar en la materia que más daña y de aquellos polvos vienen estos lodos, informe PISA mediante. Yo creo que el trauma del niño hasta arriba de deberes y reyes Godos les ha importado un huevo. Uno que es mal pensado por naturaleza, ve más una conjura sibilina que un endulzamiento neuronal del educando. O sea, que lo que se ha pretendido es crear un pléyade de analfabetos manejables, que no hay cosa más dúctil, más plastilina que una sociedad sin criterio. Y así estamos: una periodista en la cresta de la ola de la pomada, en el “candelabro” confunde a Serrat con Machado como puede confundir a Kafka con las maracas de Machín. Pero es lo que hay. El sibilino empeño da sus frutos y deja el campo abonado para una de las infamias más escandalosas de la historia: el adoctrinamiento.  Cerebros limpios, impolutos, usados para el exquisito manejo del ipad, la litrona, los msm (que reducen el lenguaje a la mínima expresión) y poco más, pueden ser violentados por cualquier ideología. Votantes zombis, ciudadanos a los que manejar al antojo del gobierno de turno. Un mundo feliz. Dame soma y llámame androide.


Hay ciertos asuntos como el de educación que debieran ser intocables. Experimentos con gaseosa, que no es normal que en tan pocos años se hayan  aprobado tanta reforma educativa. Hablando de adoctrinamientos, fíjense en lo que ha pasado en el País Vasco. Ustedes, como yo, alguna vez se habrán preguntado cómo es posible que coleguitas de asesinos ocupen democráticamente cargos en las instituciones, por muy a huevo que se lo haya puesto esa otra felonía de no observar la separación de poderes (diz que jueces con afiliación, o sea). El milagro se llama ikastola en donde desde primera hora se instala el odio irracional  en las cabecitas de los chavales a todo lo que no lleve una txapela o no baile un aurresku. Y pasan los años con sus generaciones y los adoctrinados se convierten en votantes. Ahí lo tienen. Misión cumplida.


   No se fíen. Nos desinforman para hacernos comprar, vestir, comer, votar como ellos quieren. Mucho cuidado. Orwel o Huxley eran tan profetas como escritores. El gran hermano te vigila.


  Pero, en fin. No quiero amargarles a ustedes el día que adoctrinamientos y vilezas al margen el derecho al voto sigue siendo una fiesta. Voten ustedes en buena hora y que lo disfruten.


 


 


 


 


*Ahora que, según todos los indicios, las pajines y las bibianas ahuecan el ala, no le veo mayor peligro a retomar el saludable ejercicio del requiebro lechuzo y galante sin temor a ser quemados en la hoguera de lo políticamente correcto.


 

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EL CHIVO EXPIATORIO



  Ahora, D. José Luis el optimista ha dado un giro, una vuelta de tuerca a su discurso, a su pose, a su forma de sonreír (que ya va rozando las lindes de la mueca) o de meterse las manos en los bolsillos y se ofrece como chivo expiatorio. En un gesto que en teoría debiera honrarle pero que en la práctica resulta tan huero y fuera de lugar que da grima, se declara culpable hasta de la muerte de Manolete. Si a alguien consuela, bienvenido sea. Hombre, los cinco millones de “desesparados” todos suyos no son que algunos se los llevó por delante el siroco de la crisis pero una buena porción de ellos sí que salieron de su inepcia, que puestos a urdir necedades a este señor no hay quien lo tumbe. El tiempo que usó negando la hecatombe debiera haberlo utilizado para intentar ponerle remedio. También perdió mucho tiempo removiendo tumbas y avivando el zurriago con el que nos batíamos el cobre hace la leche de años o contando pitos y figas con que adornar su gobierno por mor de la igualdad. O haciéndoles la cama a los bandoleros del norte: vosotros me dais el Nóbel de la Paz, el paso a la historia, la gloria y yo os doy la vara de mando y lo que haga falta, ¡que estoy que lo regalo, oiga! Si no fuera todo tan mezquino, tan nauseabundo sería para descojonarse de risa. Ahora, tiempo, lo que se dice tiempo le va a sobrar, sobre todo para descansar,  que eso de convertir un país en un páramo debe dejar exhausto a cualquiera. Imagínenselo ustedes tumbado en su hamaca contando nubes en su retiro dorado y lo de dorado no es ninguna figura retórica que el sueldazo lo conservará con carácter vitalicio. A usted y a mí nos exigen cuarenta años cotizados para ver unas pelillas, este señor sólo necesita siete. Cualquier persona honesta, reconocido el descalabro, el mal, el estropicio estaría, no contando nubes, si no las horas que le quedan para el próximo tranquimacín. ¡Hosti tú, qué pachorra, qué cuajo, qué temple!


  “Me enseñaron a dar la cara y voy a asumir responsabilidades hasta el último momento”. Esta perla también la soltó el otro día en el mitin. A mí me hace mucha gracia eso de asumir responsabilidades. Vale, queda dicho, pero de qué modo, qué te va a pasar, te encarcelarán, renunciarás a tus prebendas, te dejarás dar patadas en el culo en plaza pública. Porque así dicho queda muy mono pero es que nunca pasa nada. Nunca les pasa nada, ni los escaldan como a faisanes, ni les tiran de las orejas por traficar en gasolineras, ni les pelan al cero por ejercer de matones, ni siquiera les retiran el saludo por “corrutos”. Por cierto,  tanto asesor y tanta gaita y ¿ninguno es capaz de hacerle ver al excelentísimo ministro de fomento que no es “correto” jugar al balón con el diccionario?


  Pero para perla la de D. Alfredo, Señor Rubalcaba, no lo olviden que el compadreo y el buen rollito social-demócrata sólo para las ocasiones. El señor Rubalcaba dice que si pierde las elecciones se sentará a pensar. Yo, que no le deseo mal a nadie, sólo espero que no se haga daño en semejante tesitura. Que digo yo que si el Señor Rubalcaba se hubiera sentado a pensar antes, nada más ganar las elecciones, igual otro gallo nos hubiera cantado.


  Sólo nos queda esperar. Esperar  a que esta zahúrda de ineptos no la sustituya una reata de inopes mentales. Qué miedo, tú.


  Les dejo una ilustración de mi Alejandro (siete años) que, viendo mi torpeza, se brindó a echarme una mano sin pedirme nada a cambio.



 

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¡Tragala, perro!


 



  Imaginen ustedes por un momento que al juicio de Nuremberg le hubieran puesto el feble alias de “Conferencia de Paz”. Imaginen que mediadores atildados hubieran zanjado las atrocidades del régimen nazi con una simple negociación. Imaginen que a lo que se cocía dentro del gueto de Varsovia o en el campo de exterminio de Auschwiz, por ejemplo, estos impecables, lustrosos e ilustrados mediadores le hubieran denominado “conflicto armado” entre alemanes y judíos. Pues, miren ustedes. No se lo imaginen porque lo están viviendo. España entera ha sido un gueto, un gigantesco campo de concentración durante cincuenta años, que sólo nos ha faltado el pijama de rayas y el brazalete que nos denunciara como españoles. Todos los no abertzales hemos estado en el punto de mira de los nazis de la txapela. ¡Todos!. Si usted está leyendo ahora este artículo es porque el azar tuvo a bien no hacerle pasar por allí en el momento justo en que los carniceros accionaban un coche bomba en cualquier lugar de España. Si no, usted sería uno de los ochocientos y pico cadáveres de los que se han valido para ganar una guerra fantasma. Ahora resulta que la solución a casi medio siglo de terrorismo la tenían estos señores. El fin de la “violencia” pasa por la negociación. Porque traguemos, porque desistamos, porque admitamos que nos vencieron.


Primero: ¿por qué no llamamos a las cosas por su nombre? Violencia es la que se desata en los campos de fútbol cuando los fanáticos de uno y otro equipo se arrean estopa. Violencia es liarse a mamporros por un quítame allá ese ceda el paso. Violencia es una patada en los huevos cuando la razón se extingue. De lo que hablamos, según yo lo veo, va mucho más allá de la violencia. Está por encima de ella. Lo que yo veo es un holocausto de manual, una carnicería gratuita.


Segundo: si accedemos a la negociación, para semejante viaje no habríamos necesitado alforjas cargadas hasta arriba de seres humanos vilmente pasaportados y nos hubiéramos ahorrado la tragedia que, hoy por hoy, se comen con patatas mil familias y el resto de ciudadanos de bien, que somos casi todos los que nos unimos a su dolor.


Y tercero: si sentamos tan macabro precedente, ya que los asesinatos de estos señores son susceptibles de ser negociados, habrá que hacer lo propio y a renglón seguido cuestionar los de Charles Manson, El Arropiero, el Carnicero de Milwaukee, el de Rostov, Anders Behring, Andrei Chikatilo, Pol Pot, Bokassa, Idi Amin, el sacamantecas, el hombre del saco, Jack el destripador y toda la patulea de hijos de la gran puta que en el mundo han sido cuyos muertos inocentes, gozan de tan poca salud como la de los caídos a manos de los nobles gudaris vascos.


  Ésta, en rigor, debiera ser la última villanía, el último insulto a la dignidad, el último destrozo de un gobierno energúmeno que se agarra al clavo ardiendo de mil vidas humanas por un rédito electoral. Ya veremos. Están haciéndose a fuego y sangre (nunca mejor dicho) un lugar de honor, el más alto, en la historia universal de la vesania, la infamia y la cochambre.


  Y a callar todos. ¡Chitón y trágala, perro! 


 


(Para publicar en el Ciudad de Alcoy)


 

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Zòon Politikon


   


 



     Lo dijo Aristóteles: el hombre es animal social y político. Yo creo que en lo de animal no sólo acertó sino que se quedó corto. ¡Qué parecido le encuentro a cualquier animalejo meando su territorio con un político ávido de poder! Desde la santísima transición para acá no recuerdo gobierno alguno en el que no haya primado por encima de todo la avariciosa, insaciable y aún rocambolesca busca y captura del voto, que es el que asegura el trono calentito otros cuatro años.


  Nos venden la burra, nos manejan, nos engañan por el puñetero voto. Verbi gratia:


Otan de entrada, no (toma dos tazas y tres o cuatro guerras), nos pasan por los morros el más beatífico  pacifismo (toma escudo antimisiles), nos animan a comprar ladrillo, a hipotecarnos dentro de un falso estado de bienestar mientras inflan la burbuja a dos carrillos, nos prometen igualdad y nos colocan un beligerante, aberrante feminismo de trinchera que no hay quien se lo fume, nos prometen pleno empleo y dejan a medio país en la puta calle. En ocasiones me he preguntado qué es lo que tiene el poder que con tales artimañas, tan tosca, tan ridículamente se intenta acceder a él. Pues verán, hoy por hoy, lo tengo más claro que nunca: dinero, parné, mortadelos, vil metal, plata, jurdós. Ni más, ni menos. Y para conseguirlo, si hay que pactar con criminales, se pacta (bajo cuerda y por lo bajini), si hay que emplear nauseabundos eufemismos tipo lucha armada, proceso de paz, negociación, se emplean (¡pero, qué coño hay que negociar con individuos que tienen como deporte reventar cabezas humanas con una 9 mm parabelum! ¡Flipante!.) Si hay que agasajar a la peña separatista, barra libre, si hay que cuestionar el concepto de nación para contentar a los mismos, pues se cuestiona, si es preciso montar la de Dios es Cristo para acabar con los terroristas, pues se monta un Gal, se asesina y se secuestra, terrorismo de estado en estado puro. Pero no nos engañemos. Tan denodados esfuerzos por finiquitar macabras lacras sociales no obedece al escrupuloso cumplimiento de una abnegada labor de zapa en busca del bien común. ¡Qué va! Están locos por colgarse la  medalla, por acicalarse con los afeites del triunfo, locos por el puñetero voto y por un jugosísimo futuro (el suyo, claro), una Arcadia feliz, una hamaca bien cómoda donde tumbarse a ver pasar las nubes y el infierno ajeno.


  Miren: yo, que ya friso el medio siglo y vivo a caballo entre el escepticismo y la repugnancia, me planto. Que maldigo la hora en que vi la primera urna. Llegarán las elecciones y veremos a cuatro animales políticos babeando en un balcón (Ferraz o Génova, ¿qué más da?) pletóricos, orgásmicos, patéticos triunfadores en esta pocilga, esta burda farsa que ha sido hasta la fecha la democracia en este país (democracia real, ya).


  Que quien entre, trinque, afane, descoyunte, dilapide, se pudra de dinero ajeno en buena hora, que estamos curados de espanto. Ahora creo que les toca a los otros (según las últimas estadísticas) mirusté. Pues, ¡hale!, buen provecho.


  Les dejo una rosa pintada a la acuarela así como para desengrasar. De verdad, sin pitorreo. La he elegido como símbolo de frescura, de pureza. Podía haber puesto una gaviota, por lo mismo, pero no tenía ninguna a mano. Una rosa es una rosa es una rosa es una rosa…


 


(Para publicar en el diario Ciudad de Alcoy)


 


 

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LA DUQUESONA



   No sé si ustedes se habrán dado cuenta, pero la historia reciente de España cada día se parece más a una caricatura del maestro Mingote. Fíjense que ya ha llovido desde que el genial humorista empezara  a dibujar orondas marquesas con su mantilla y su peineta. Pues nada, el tiempo no se ha movido. Creo que llevamos demasiado jugando a ser progres y progras y forzando una modernidad que, al parecer, nos viene grande porque  lo que se dice el pelo de la dehesa o el formol de la España cañí  no nos lo quitamos de encima ni con diez manifiestos de Carlos Marx. Ahí están esplendorosas, robustas, montaraces, altivas (es un decir) las figuras retóricas en forma de pedorros adornos parasitarios que siguen reclamando la atención del pueblo sumiso: marequesones y marquesonas, duquesones y duquesonas, condones y condonas. No sé si a ustedes le pasa pero yo, cada vez que veo a la duquesona de Alba alucinando gambas por la tele, empiezo a regurgitar naftalina de mala manera. La cosa no pasaría de un trauma personal o mera antipatía si no fuera porque la dama en cuestión viene a serle a ustedes dueña de media España. Mientras, la otra media, se pela de frío o de calor haciendo cola ya saben ustedes dónde. A mí me gustaría que alguien más despierto que el que esto escribe dijera en qué hay que trabajar para amasar semejante, desproporcionado patrimonio. Porque una de dos, o el gran Duque de Alba, que creo fue el que comenzó la saga, era un finísimo, maquiavélico currante, economista acumulador de parné con la sola herramienta de su inteligencia o fue un vándalo señor feudal que recaudó a sangre y fuego y derecho de pernada todo lo que la señora de voz atiplada y faz de pesadilla disfruta ahora sin mayores remordimientos. Un historiador de guardia, please, que si todo lo que tiene la pobre mujeruca lo consiguió legítimamente me la corto, entono un mea culpa y suplico perdón pero, o mucho me equivoco, o creo que me asiste mas razón que a un santo (que se dice ) cuando opto por lo segundo.


   O sea que de España progre nanai, que tanto aspaviento, tanto remover, tanto hurgar, tanto resucitar el franquismo para aniquilarlo a garrotazos  de niebla y humo, al final, nos lo ponen delante de las narices con una veracidad de NODO que da miedo. Tendré que sacar del desván la bailaora y el torito de fieltro, lo que pasa es que, en las teles de ahora, como no se les pegue con esparadrapo…


   Y ¡Dios santo, qué bodorrio, que está toda Sevilla engalanada, que ni eres fraudulentos, ni paro, ni nada! ¡A disfrutar, que no todos los días se nos casa una marquesa! A buen seguro que, en espíritu, allí estará hipando lleno de emoción don Paco en primera fila con doña Carmen la Collares a su diestra, el espectro de Dalí, la momia de Millán Astray,  Raphael transido por un rapto de misticismo, Concha Piquer, el brazo incorrupto de Santa Teresa y una teta disecada de Agustina de Aragón (lo ultimo es de Sabina).


  Miren ustedes, a veces y visto lo visto, me dan ganas de salir al balcón y gritar como un poseso, “¡viva la tercera república!”, lo que pasa es que me corto cuando pienso que la idea ya la tuvo antes ZP, “el destrozón” y entonces, claro es, lo dejo estar.


   Ahora, a esperar la viñeta de Mingote después de la boda-esperpento. Espero que no nos defraude.


 


 


 

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TOROS



Vaya por delante que este artículo no pretende ser libelo de detractor acérrimo, ni panegírico de aficionado furibundo, sino todo lo contrario. (¡Je!)


Siempre tuvimos una relación cruenta con los animales y, lo que es peor, con los hombres (homo homini lupus) que hay que ver lo bestias que somos los unos con los otros.


Yo creo que los primeros cazadores ya le veían cierta miaja  estética al hecho de darle muerte a un animal para merendárselo, de ahí que se lo pasaran pipa pintando la gesta en las paredes. No debía ser fácil, no, abatir  piezas con un palo afilado. O sea que lo que creo es que la tauromaquia no es sino una prolongación en el tiempo  de nuestro carnívoro sentido de la vida. De nuestro ser y de nuestro estar. Supongo que al fulano cejijunto y en taparrabos también le aplaudirían la hazaña de abatir a un bicharraco que le triplicaba en peso y estatura usando como armas la inteligencia y útiles rudimentarios, bastante parecidos al trapo rojo y al trozo de acero templado del torero.


Hemos mantenido vigentes a lo largo de los siglos el ejercicio de la caza y la pesca. Eso sí, hoy día el riesgo es mínimo, que reventarle el cráneo a un oso, a cien metros de distancia con un rifle de mira telescópica, tiene bastante menos mérito (¡dónde va a parar!) que hacer lo propio entrando a matar a tumba abierta sobre un Mihura de seiscientos kilos. Al mismo rey de España, sin ir más lejos, le pusieron a huevo la caza de un oso con una curda descomunal (del oso). Según tengo entendido, le metieron tal cantidad de vodka en vena (al oso) que el animalito debió quedarse dormido de pie para que su majestad pudiera abatirlo con comodidad y sin riesgo alguno. O sea que fue una real matanza, que parece como si tuviera menos pecado. (¡Ja!)


En lo que hace al sufrimiento animal: miren ustedes, cada vez que puedo permitírmelo, que son las menos, francamente, me tiro a los pechos una colación de foie micuit que tiembla el misterio. Entonces hago un ejercicio de voluntad importante y procuro no pensar en los padecimientos por los que pasó el pobre pato hasta que consiguieron ponerle el hígado como un piano de cola. Con el rabo de toro me pasa lo mismo.


Para mí tengo que, la diferencia entre una res que palma en un matadero municipal y la que lo hace en una plaza atestada de gente  semi histérica es que, ésta última (la res), no le lame la bragueta al matarife, que es lo que dicen hacen las pobres bestezuelas en trance de ejecución, sino que tiene la razonable y comprensible intención de prender por los huevos al matador con dos cuernos como dos navajas de Albacete. El mérito por parte del torero estriba, al parecer, en no dejarse. Que de esto se haga un espectáculo, allá cada cual. Ya hablaron de su parte estética  voces más autorizadas como la de Picasso, Fortuny, Goya, Blasco Ibáñez, Hemingway …etc.


Yo no entro en una plaza de toros como no entro en un matadero o en un cebadero de patos. No voy a la caza del zorro, ni a la del oso. No voy a la pesca del atún, que eso sí que es una orgía de sangre. Yo lo que hago es quedarme tranquilito en casa y cuando se tercia y la necesidad manda, me arrimo a la nevera para embaularme cualquier cosa comestible, ya sea animal o vegetal y no veo mayor pecado en ello.


Bien. Para terminar, que tengo el folio al límite, les diré lo que realmente pienso (perdonado sea lo facilón y escatológico del chascarrillo): que donde esté una buena corrida, que se quite el fútbol… y los toros. (¡Olé!).

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