Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena
Conoce a carlosmerchan            0 libros en su biblioteca
     0 valoraciones      369 posts en su blog      Es lector de 0 grupos

carlosmerchan


Artículos publicados: 369
 - 3 -  4 -  5 -  6 -  7 - 

Visitas ilustres


 



Cuando ya nada puede ir peor, cuando estamos al borde del abismo (Mister X dixit) cuando empezamos a retirarnos el saludo para poner en práctica el famoso aforismo de quítate tú “pa” ponerme yo, cuando ha vuelto la venta clandestina de estilográficas falsas (un suponer) y el noble oficio de trilero (otro suponer), cuando no reconocemos ni a nuestro padre porque la necesidad aprieta, cuando revive y toma vigencia el “qué hay de lo mío, Don Florencio”, cuando recuperamos el gañido de urraca en ayunas que acompaña al peloteo, la curva de bisagra de la reverencia, el servilismo, el pillar cacho como sea, cuando estamos hasta las turmas de desgobierno, inoperancia, cretinismo, idiocias mil, nos consuelan visitas como las que últimamente menudean por Alcoy.¡Menudo alivio! La ilustrísima o excelentísima o tantos “ísimas” que ustedes quieran ponerle a doña Leire, que en cuestión de tratamientos oficiales voy mayormente flojo, pateó las calles de nuestro pueblo hace cuatro días. No me hagan mucho caso pero creo haber entendido que con el sublime, ponderable, plausible  propósito de estampar una rúbrica en el libro de firmas del Ayuntamiento y poco más, compañeros y compañeras. ¡Pues anda que no consuela!


  Pero la visita estelar, por la que vivo sin vivir en mí es por la del incuestionable prócer D. Pepiño Blanco. Don Pepiño Blanco, según mi lerdo entender, es un grullo, un salta tapias aún con cristales rotos engarzados en cemento, un trepa descarado y cerril (que nunca se ha visto llegar a nadie tan alto con tan poco esfuerzo), un mira lunas, un portavoz gubernamental  sin voz ni criterio, “un estornino frito al que dan ganas de comerse de un bocado, ¡zas!, con cabeza y todo” (Cela), un ministro de fomento que lo único que ha fomentado ha sido su cafetito de las diez,  sus lentillas y un sueldazo del copón de la baraja.


  Pero le esperamos. Le esperamos como agua de mayo, que quien no llora no mama. ¿Qué hay de lo nuestro, D. Pepiño? ¿Qué hay de nuestra línea Alcoy-Játiva? ¿Es verdad que  la autovía estará lista para el otoño? Y esperamos a este Mister Marshall con chirimitas y la ilusión disparatada de un Pepe Isbert  en una cantina del salvaje oeste. Mucho me temo que la visita de D. Pepiño va a servir para poco más que la de Doña Leire. Risas con corbata, protocolo huero, besamanos. Pero algo es algo. Como alguien dijo no hace mucho en este mismo periódico, Alcoy vuelve a estar en el mapa. Por cierto, cuando D. Pepiño firme, cuídense muy mucho de no ofrecerle la Mont Blanc oficial, por si las moscas.


  Y pasó Don Pepiño y pasó doña Leire y, mañana, aleluyas con pan de higos. Al que le llegue, claro. Ya sólo faltaban el P Punto y el Mirusté, la Espe y el de los trajes, el inspector de nubes y toda la caterva de próceres patrios que, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, han ido helándonos el corazón (Machado).


 


Addenda:


   Por si no se entendiera el manuscrito que acompaña a la ilustración de al lado, que mi caligrafía es poco de fiar, reza lo que sigue.


 


“Éste es un ejemplo gráfico del sueño reparador, feliz y despreocupado al que aspiramos la mayoría. Todo se andará.”


 


(Para publicar en Ciudad de Alcoy el domingo 25 de septiembre)

Denunciar

DOMINGO MILLÁN


 



A Domingo se le ve venir como a los picos del barranco de la famosa foto en la que aparece transido y como lleno de misticismo. Domingo es fulano que oculta poco, por no decir nada y eso le hace accesible, humano y algo así como apeadero, aliviadero de toda desconfianza. Transparente, de sonrisa franca que luce como ofrenda, Domingo se mastica a sí mismo y acaba por masticarte a la que te descuidas. Y claudicas y te integras, porque no te queda otra en el mundo gráfico y visceral y ecuménico y “carborúndico”  de Domingo.


  Un par de días antes de patearme las tierras de Castilla y Andalucía le visité en la misma cima del Gurugú donde se aposenta al arrimo de sus libros y de su universo. Domingo es un planeta orbitado por sí mismo. ¡Con un par!


  Me senté en el suelo y husmeé en sus lecturas: Neruda, Kafka, Blas de Otero,  Gil de Biezma, Mann, Borges, García Márquez, Kavafis, Lorca. Domingo en su casa es el contrapunto del Domingo bohemio y callejero. Pulcritud y orden frente al desenfreno de la melena convulsa, adoquines, gatos, verborrea y luna llena y canalla. La visita duró sus buenas tres horas e inevitablemente se habló de pintura y literatura. Domingo Millán es un histórico de la movida cultural barcelonesa: Carlos Barral, Juan Marsé, Gil de Biezma , Vargas Llosa, García Márquez, Tàpies, Miró, Antoni Clavé fueron coleguitas suyos de rocíos y cristales rotos en la madrugada. Al parecer, después de una noche de líricas libaciones, a García Márquez, el gran Gabo, tuvieron que meterle en la cama entre tres con una torrija de pronóstico. Uno de esos tres, según me cuenta, era Domingo Millán.


  Domingo asistió, supongo que razonablemente atónito, a la escritura de una de las más luminosas páginas de la cultura española que, casualmente, se escribía en Barcelona, antes de que los políticos de medio pelo dieran la coña con la mandanga de hechos diferenciales, lenguas vehiculares y toda laya de fanfarrias estupefacientes. En Cataluña había talento hasta en los báteres de los bares, en catalán, en castellano, en ucraniano o en romaní. El boom de los Barral, los Marsé, los Gil de Biezma era de todos y todos disfrutábamos de él.


  La guinda sobre esa tarta ansiolítica y enriquecedora que fue la visita  la puso Domingo cuando me mostró entre otros tesoros (originales de Tàpies y Clavé incluidos) un ejemplar amarillento y toscamente editado de una revista. No se lo pierdan ustedes. Se trataba del número 0 de la mítica “Ajoblanco”, entre cuyas páginas menudeaban algunos versos suyos.


  Y poco más. Al fondo, en su estudio, los quejíos de “caño roto” de Camarón, daban feliz término a la improvisada tertulia. Me fui a casa con la sensación de haber rozado con los dedos, muy delicadamente, dos o tres segundos de Historia.


 


(Para publicar en el diario "Ciudad de Alcoy" el domingo 11 de septiembre de 2011)

Denunciar

SEPTEMBRINAS


  Son casi las doce. Todos los cucos picotean sobre las alfombras las migajas de los últimos minutos con voracidad. La casa detenida huele a sábanas recién puestas. Todos los otoños caben en todas las almohadas. No tengo mucha más gana de sobrevivir a este día, a esta espeluznante castaña en sazón que es el domingo en almíbar. El árbol que azota la ventana nunca cambia de rumbo. El árbol que azota la ventana es la película de terror de todos los septiembres. Puedo abrir la ventana y arrancar una de sus hojas volanderas que no dejan de ser octubres engarzados en noches que no se quieren, que no se piden, que no se desean. No tengo mucha gana volver a ser el amarillo ámbar del preludio de un invierno. Creo que podría prescindir del invierno si no fuera porque estoy hecho al amarillo, a los mocos primerizos de una tapia helada, lluviosa y en blanco y negro. Toda la tristeza de los inviernos hace nido siempre en la cara de un payaso desgarrado que anuncia un circo que ya no está y que la lluvia y el viento se encargan de hacer polvo, asombro, luz de gas, calle desierta.

Denunciar

VÍZNAR-ALFACAR



 


 


“…pero que todos sepan que no he muerto;


que hay un establo de oro en mis labios


F. G. Lorca.


     Gacela de la muerte oscura


 


 


 


Bien. Ya estoy aquí. Les cuento mi periplo agosteño, si les parece:


De Salamanca me bajé a Granada y Córdoba y no precisamente a ver La Alhambra o La Mezquita, que el turismo convencional y guiado me da grima.


Enfilé Despeñaperros abajo para meterme a Lorca en la médula. Fue una casualidad que ese mismo día se conmemoraran los 75 años de la vileza. En el hotel “Ruta de Lorca”, donde me hospedaba, un chaval gordezuelo y con gracia andaluza por arrobas no supo darme más razón: “Yo no ze na de eze zeñó. Ezta noche, cuando venga uzté a cená, pregunte por el dueño. Eze zi que zabe”.


  Mientras subía al Parque García Lorca iba preguntando a todo lugareño de cierta edad que me salía al paso:


 “Pero entonces, ¿dónde pasó la última noche, en Víznar o en Alfacar?”. Nadie sabía nada y en algunos, los más mayores, acerté a ver una chispa de recelo en el mirar, de recelo tirando a miedo. Todavía.


  El aire era caliente, de una densidad aparatosa. Di en pensar que era el mismo o parecido aire que envolvió a Lorca en su vía crucis. Colinas quebradas, puntas de lanza de pinos, recios cipreses, chaparros olivos, cuerpos de cobre, los gitanos.  Cuando llegué arriba, entre el gentío endomingado que asistía al homenaje, vi el monolito. Un cubo cuadrado de granito recordaba a Lorca y a todas las víctimas de la guerra civil. Esperaba que el viento denso oliera a correaje, a bota militar,  a salivazo de mando, a pólvora. Pero no olía a nada, si acaso a algún resto del perfume de la concurrencia. Estaba pisando la tierra, el sitio exacto donde mataron al niño que quería partirse el corazón en alta mar. Granada, al fondo, encendía sus luces y daba sombra a Las Alpujarras. Al lado del monolito, un olivo inclinado, como apuntando al lugar donde mataron al mecenas de las palomas, las lunas y las manzanas. En mí fantaseo, luego contrastado, di en pensar que ese olivo fue lo último que vio el poeta. Contrastado porque alguien me confirmó que el olivo ya estaba allí hace 75 años. También me dijeron que el escritor no estaba enterrado en ese lugar, que todo el pueblo sabía que se lo llevaron a “las pozas”, para que, con otra vuelta de tuerca a la felonía, no se encontrara nunca el cadáver. Demasiado comprometedor.  De vuelta al hotel y después de cenar como un obispo, me presentaron al dueño:


    -No se confunda usted. A Lorca no lo mataron ni por rojo ni por homosexual. Lo mataron por un ajuste de cuentas. Por un problema de lindes. Tenga usted en cuenta que los Lorca eran de las familias más ricas de Granada y se las tenían desde hacía tiempo con los Alba, familiares suyos. (¿les suena a ustedes la casa de Bernarda Alba?) A Lorca lo mató un primo suyo  Pasó la última noche en Víznar y lo bajaron a Alfacar para matarlo.


  Después de un sueño intranquilo y de memorizar las salmodias y gañidos de todos los perros lunares de Alfacar, puse rumbo a Córdoba (Córdoba. Lejana y sola…Aunque sepa los caminos yo nunca llegaré a Córdoba) A la altura de Priego, vi los montes de Cabra  (compadre vengo sangrando, desde los montes de Cabra). Para entonces yo ya tenía los pelos como patas de centollo y una muy sutil, feble, casi imperceptible tristeza en la mirada, justo a la altura del espejo retrovisor.


  ¡Bien hallados!

Denunciar

Meditaciones del Capintán Nemo (a Irishrover in memoriam)


 


 


 

Denunciar

AVISO: HA MUERTO LUCIEN FREUD



Cada vez que miro un cuadro de Freud me reafirmo en la idea de que para ser original lo único que se precisa es tiempo, utensilios básicos, humildad a prueba de vanidades y confiar en que la originalidad está en el trazo de uno, en las propias manos de uno. ¡Cuánta milonga nos hubiéramos ahorrado!. Nos pasamos el siglo XX buscando la originalidad y en este empeño cometimos las más disparatadas e hilarantes y chocantes y dislocadas ramplonerías. En nombre de la originalidad se colgó un urinario en una sala de exposiciones y un mostacho daliniano en el bozo de la Gioconda ( perdón por  mi incultura artística pero Duchamp me hastía hasta la náusea, sorry), se enlató mierda (Manzoni no era pintor, era un cachondo mental que se quedó con la peña progre vendiendo sus miserias a precio de oro) se metió en formol a un tiburón ( Damien Hirst) que ni la química, andando el tiempo, fue capaz de evitar que se pudriera y que alcanzó en subasta la astronómica cifra de doce millones de dólares, se evisceraron, y despellejaron y disecaron cadáveres humanos, todo en nombre de la originalidad. Todo menos sentarse cómodamente y decir lo que se tiene que decir sin mayores aspavientos, ni procacidades, ni provocaciones baldías, hueras y patéticas. Cuando creíamos que Velázquez había agotado el lenguaje, el discurso figurativo y no figurativo (¡ay, las abstracciones en los fondos de Velázquez!) aparece gente como Lucien Freud, entre otros muchos que enumerar no quiero, que seguía creyendo en que el modesto movimiento de su mano estaba creando un universo. Coincidí en una feria de arte, en Alba de Tormes con una compañera mía de la facultad. Le pregunté que qué quería decir con lo que había colgado en su estand. “No lo sé, se me ocurrió”. Hasta un centenar de limones que empezaba a pudrirse al seco resol de Salamanca colgaba del techo de la galería. “Se me ocurrió” dijo. Y ahí vi en esencia el meollo de la búsqueda de un siglo medio desnortado y con las ideas pobres pero confusas. “Se me ocurrió”


  Bien, al hilo de estas reflexiones (que los ortodoxos del arte que hasta hace nada eran los heterodoxos me perdonen)  sólo un aviso: ha muerto el penúltimo pintor sencillo, el penúltimo orfebre de sí mismo, el penúltimo refugio de los que creemos que un solo ser humano es un mundo único, personal e intransferible, sin necesidad de forzar máquinas y locomotoras de ocurrencias más o menos simpáticas, atronadoras o escatológicas. Ha muerto el pintor de la piel y las noches que maúllan al cielo, el pintor del insomnio y el vello púbico salivado y en carne viva, el terroso pintor de la bota militar y la teta gastada fruncida de venas y semen y jauría de perros de la guerra taladrando pezones. Supo sacarle piel al pigmento y humores fieramente humanos a un pincel. Ha muerto Lucien Freud. Más de uno quedamos huérfanos de realidad y noches sin forma.


 


(Para publicar en "Ciudad de Alcoy" el domingo 31 de julio )

Denunciar

VERANOS


 



Eran grillos medio cosmopolitas. Grillos a caballo entre el campo y la ciudad. Grillos que arpegiaban monotonías a las dos de la mañana, a la luz de los Seiscientos y de los Pegaso (cíclopes de las callejuelas sin asfalto), y chirriaban disciplinados y ecuménicos cuando el calor sahariano de Castilla propiciaba el insomnio.


  Veranos de la infancia. La sed después de las correrías y los gritos. Primeros, diminutos, grandiosos amores sin glándulas que nos jugábamos a las canicas. A veces, a las dos de la mañana, aún seguíamos el lento discurrir de la noche calurosa, atormentadora, pico zorro, zaina (“churro, mitja manga i mangotero”), bombilla de cuarenta  bajo su palangana de porcelana blanca con borde azul y los padres consentidores de filamentos,  calor, madreselva y aire ardiente, jugando su tute en camiseta blanca. ¡Las cuarenta! Porrón de tintorro con gaseosa y ¡las veinte en bastos!


  Creo que todos estamos de acuerdo en que la infancia era el verano y la libertad, media noche en vela con el padre, con todos los padres en camiseta de tirantes y tus pantalones cortos al relente. Las mujerucas enlutadas cortaban trajes y contaban los virgos de las mozas en sazón y Dios campaba a sus anchas pintando de noche las almas y de rojos idos los atardeceres sin historia.  Y una calma septentrional enfriaba sudores cuando procurabas el sueño en brazos de púberes melenas intuidas. Y todo se sosegaba y la calma volvía a tus diez años y a tu piel que amordazaba el fresco y el encendido rojo cereza del aire curtidor. Vencía el sueño en el sueño de una noche de verano. Al día siguiente volvían las peonzas, los gritos, los calores que hacían regueros de polvo húmedo en la cara, las bicicletas desvencijadas, los vencejos que atornillaban con chillidos las rosas del cielo y otra mesa menestral arracimada de hombres y calor, al filo de la luna, le hacían sitio a las risas y a la noche. Tiempos idos, bucles melancólicos enredados en el blanco y negro de la vida, cuando la vida la teníamos a medio asfaltar, como las calles.


  Esta noche miro a mi hijo con sonrisa complaciente, con la misma cara de tonto con la que siempre me sorprendo mirando a mi hijo. La ventana está abierta hasta el quicio. Mi niño alterna la tele y la nintendo con asombrosa desenvoltura. Vuelvo al folio sobre el que escribo. Un grillo, cien por cien cosmopolita, comienza su salmodia y me ofrece en bandeja el cierre de este artículo, de esta gavilla de recuerdos mal hilvanados y peor cosidos.


  Bon estiu.

Denunciar

MIGUEL ÁNGEL BLANCO


 



El aire estaba congelado aquella tarde de julio de1997. Todo era un gigantesco aliento contenido. Todo lo llenaba un estremecido silencio. Miles, millones de personas aún mantenían la inocencia, la creencia de que tamaña crueldad no sería posible. Hasta que sonaron. Atronaron las dentelladas secas y calientes de los colmillos del lobo hundiéndose en la nunca del cordero. Eso sí que fue memoria histórica porque, con Miguel Ángel Blanco, resucitamos la noche de los cuchillos largos que es nuestra historia más reciente, las tapias de los cementerios, los campos de concentración, las checas, la guerra, los ajusticiamientos, la fría, cortante, neblinosa,  biliosa mañana del horror gratuito.


  La ropa que llevaba M. Ángel  estaba empapada en el sudor frío del miedo. La camisa blanca de la esperanza, que tantas veces ha intentado calzarse este país, también. Esa camisa empapada en llanto, amargura, incredulidad, infinita tristeza era el santo sudario que nos cubría. La oleada de indignación despabiló conciencias y propició un espíritu común. Después de tanto tiempo divididos, al pairo, ninguneados, estábamos de acuerdo en algo al margen de ideologías, tendencias políticas y rencillas, vicio recurrente en esta tierra de caines. Habíamos tocado fondo y todos nos dimos cuenta al mismo tiempo. La víctima propiciatoria, un chaval de veintinueve años, que era todos los chavales de veintinueve años, nuestros hijos, nuestros hermanos. Y España  fue un clamor. La rebelión pacífica gritaba un BASTA YA sentido, único, rotundo, inamovible. Era un basta ya grabado a fuego en la piedra berroqueña de la razón. ¡Qué lástima que la memoria histórica sufra repentinos ataques de amnesia según el palo que pinte y los intereses que haya por medio! Pensábamos que habría un antes y un después del espíritu de Ermua y que el vil asesinato de nuestro hijo, de nuestro hermano, desterraría definitivamente a Caín y a su sombra al puto infierno. Pero no. Las cosas se enfriaron. Volvimos al adocenamiento y a la indolencia y, mano sobre mano, consentimos la penúltima vileza. Pusieron a los lobos a gobernar a los corderos y callamos como putas (perdón). La resistencia democrática, el espíritu de Ermua, el esfuerzo de la lucha antiterrorista, el respeto por las víctimas, la memoria de Miguel Ángel se fue al carajo en cuatro días o en siete años, que tanto da. Los bobos ilustres, que no ilustrados, los egoístas recalcitrantes, los erotómanos del poder, los calienta poltronas, la pléyade de imbéciles indocumentados, le han dado la razón al lobo. Algún día tendrán que rendir cuentas ante su propia memoria histórica y les pasará factura. Porque ellos también serán memoria algún día, la memoria más triste, vacua, indigente, torpe, demencial y egocéntrica de la ya de por sí, tristísima  historia de este país o lo que queda de sus ruinas.


  Que Dios nos asista y nos libre de los lobos y de los bobos. A las víctimas, que somos todos, mucho ánimo, mucho aliento  y un "NO PASARÁN", como una casa. Recuerden, todos somos Miguel Ángel Blanco así que pasen mil años.


  Y, ahora, si me lo permiten, me voy a vomitar que es lo mismo que hice hace exactamente catorce años en una tarde de julio.


 


(Para publicar en el diario Ciudad de Alcoy el domingo 17 de Julio de 2011)

Denunciar
Artículos publicados: 369
 - 3 -  4 -  5 -  6 -  7 - 



Portal de blogs literarios, comunidad literaria, y foro literario - Libro de Arena

General 0 libros



ofertas black friday | Ayuda | Contacto | Condiciones de Uso | Política de Privacidad



2018 © librodearena.com