Bueno, os dejo una canción de Saratoga (tranquilita, eso sí) para ambientar el texto. Espero que os guste.
Carlos se despertó suavemente y lo primero que atisbó fue la expresión tranquila de Silva, que tumbada a su lado, mirando hacia el techo y con una de sus manos bajo la cabeza, destilaba una magia que consiguió congelar el tiempo por un segundo. Cuando su visión dejó de ser borrosa, puso observar en la cara de ella el contorno de una sonrisa cálida y despreocupada, pero sus ojos desvelaban que estaba atenta a algo que no esperaba ver, si no más bien oir.
Él acarició su cuello, sacándola con dulzura de su ensimismamiento, se dieron los buenos días mirándose a los ojos, pero pronto Silvia regresó a su estado de observación. Con un absurdo miedo a interrumpir algo importante, susurró perdido en su pelo fragante, que desprendía un aroma a frutas tropicales que nunca había sabido identificar.
- ¿Qué es lo que te llama la atención?
Ella ni se inmutó, contestó en una voz apenas audible que salió de entre sus labios enrojecidos por los besos de la noche anterior, y un poco cuarteados por el frío navideño.
- El sonido de la lluvia contra el tejado- hizo una pausa, pero Carlos sabía que continuaría hablando tras ordenar sus ideas-. Lo echaba de menos, no sabes cuánto.
El corazón sacudió todo su cuerpo, que aún se encontraba bajo el confortable nórdico, y releyó el SMS incrédula, el día era hoy. Miró la hora, como él le había advertido, exactamente las diez de la mañana de un día cualquiera. Saltó de la cama y se acercó sigilosamente a la ventana, a través de las cortinas vislumbró una silueta, era él. Corrió temblando hacia el baño, se atusó rapidamente el pelo y se pellizcó las mejillas para darles un poco de color. Dió las gracias al cielo, a pesar de no creer en ningun dios, por haber elegido una camiseta y un pantalón que consideraba bastante decentes para dormir la noche anterior y bajó descalza las escaleras. Sin preguntar pulsó el botón que abría la puerta del jardín y salió.
El frio golpeó su cara, él estaba de espaldas, cerrando la puerta, cuando se dió la vuelta, la miró a los ojos desde los cinco metros que los separaban, bajó la vista y sonrió. Ella se quedó petrificada, clavada al suelo, era más alto de lo que esperaba, fue lo único que pensó. Haciendo un coloso esfuerzo, movió un pie y luego otro para bajar los escalones y recorrer el camino de grava que los separaba, él volvía a mirarla con ojos brillantes. Al estar por fin a escasos centímetros, ella creyó oirle susurrar "hola pequeña". Sin decir nada, alargó la mano lentamente y le acarició la cara, sintió un estúpido alivio cuando él no se desvaneció en una nube de humo, y solo entonces, se atrevió a mantenerle la mirada.
"Prometí darte ventaja, pero me lo está poniendo difícil"
Era la primera vez que escuchaba su voz rota, que podía ver su sonrisa, los pelos se le pusieron de punta mientras sentía que se ponía colorada, él la envolvió en un cálido abrazo y ella se sumergió en su pecho, sintiendose completamente tranquila por primera vez en varios meses. Sería imposible saber cuánto tiempo estubieron abrazados, un segundo eterno, que él solo terminó para acariciar su cuello y besarla por primera vez.
Y fue entonces cuando ella se dió cuenta de que todo, la espera, los nervios, la ignorancia, la fe ciega, los celos sin sentido, el miedo, la distancia, el sufrimiento, la impotencia, los sustos, las horas pegada al ordenador y las facturas de Movistar, habían valido la pena.
Él la cogió en brazos y ambos desaparecieron dentro de la casa.
Porque son los buenos momentos los que se quedan en la memoria, y los únicos que a la larga, merece la pena recordar.
Os dejo aqui un vídeo que hice para mis amigos de Ferrol (o Fe-Bronx), somos unos bandarras. Eso era más o menos entre finales del 2007 y principios del 2008.
Aún no había amanecido cuando Jose se sentó frente al ordenador armado con una gran taza de café arábigo y abrió un nuevo documento de texto. Conectó su grabadora al Mac y cargó las dos horas y cuarenta y siete minutos exactos de conversación. Lió un cigarrillo, indeciso decidió redactar primero la descripción de la mujer a la que había entrevistado, pero las palabras no acudían.
No había asumido todavía que él, Jose Pinto, recien salido de la universidad, sin masters ni más idiomas que español e inglés básico, hubiera conseguido la entrevista más buscada durante los cinco últimos años, el momento en el que V***** se había convertido en una ciudad franca de una mafia emergente, que en poco tiempo había llegado a controlar el tráfico de drogas del país e incluso de Europa. Y lo que a él le resultó más inverosímil, fue que Albión, nombre por el que se conocía en los medios de comunicación al máximo responsable de este nuevo sindicato del crimen, se tratase una mujer de menos de treinta años que le había concedido unos momentos de su tiempo porque estaba "hasta los ovarios de que todo el mundo crea que Albión es un hombre".
¿Por qué él? Porque era el ex-novio de Carolina, una chica de V***** que al parecer conocía a la misma Albión y le había dicho que era alguien de fiar. La lealtad siempre tan arraigada a los negocios sucios le había valido para encontrarse con aquel personaje de rostro anónimo del que se nutrían los titulares y noticiarios televisivos con gran avidez, la opinión pública quería saber pero nadie conseguía profundizar en el tema sin recibir amenazas, por lo que todos, hasta el momento habían desistido.
Cómo describirla si Jose aún consideraba el encuentro una experiencia onírica, la recordaba sentada en un butacón antiguo y exento de glamour, rodeada por un halo embriagador de carisma que desde el primer momento lo hizo sentirse pequeño, aún cuando ella le mostró su lado más humano. Sin duda necesitaba inspiración para crear una descripción de ella que explicara al lector lo que sintió al verla, pero aquel día, a las siete de la mañana, las musas se hacían las remolonas. Decidió entonces reproducir la conversación y transcribirla, el hecho de quedarse embobado observando la pantalla dificultaba su tarea. Finalmente, tecleó.
J.P.: ¿Cómo acaba una estudiante de periodismo como "Padrino" de una mafia?"
A: Buena pregunta- se ríe-. Se trató, como tantas otras cosas, de una serie de acontecimientos que surgieron por si mismos. Mis padres querían vender el negocio familiar y se encontraron con varios bastardos que les hicieron la vida imposible: un comprador que se echa atrás el día de la venta, trabajadores que demandandaban indemnizaciones descomunales aún sabiendo que mis padres no tenían esas sumas... Y como hija única a la que le tocan la herencia y, en aquel momento, rebelde sin causa, decidí vengarme uno a uno de ellos. Fue entonces cuando me di cuenta de que conocía a las personas adecuadas para cada cosa, gente que ya no tenía un futuro más allá de los delitos menores y las macarradas: conseguí que les rompieran el coche, les incendiaran la casa o les pillaran con pequeños alijos de droga suficientes para que la condena los enviara a la cárcel. ¡Y maldita sea!- sonríe- puede que mis amigos de la infancia fueran unos zoquetes para conseguir una vida al uso, es decir, hipoteca, matrimonio, trabajo fijo, coche y perro. Pero sin duda eran buenos en lo que hacían, solo necesitaban un nexo que los uniera y guiara para trabajar como un equipo, me necesitaban a mi. Eso es lo que hacemos ahora, aunque no estamos en esto tantos como se dice, pero al tener una buena organización, parecemos muchos más de los que realmente somos.
Jose releyó la transcripción y decidió continuar otro día con ella. Había algo en la voz amable y a la vez autoritaria de aquella reina de hielo que le revolvía el alma. Se duchó y bajó a la calle. Las ansias de conocimiento de la sociedad tendrían que esperar.
Have you ever walked through a room
But it was more like the room passed around you
(...)
Have you ever been at someplace
Recognizing everybody's face
Until you realized that there was no one there you knew
(Has entrado alguna vez en una habitación
Pero más bien parecía que era la habitación la que pasaba por ti.
(...)
Has estado alguna vez en algun sitio
Reconociendo la cara de todo el mundo
Hasta que te das cuenta de que allí no hay nadie a quien conoces.)
Cada día no es más que una copia casi exacta del anterior. Esta certeza es la que masacra el cerebro de Daniel, impidiendo surgir cualquier nueva ilusión o sueño, impidiéndole salir de la rutina que lo aliena, que lo convierte en un hilo más dentro del complejo entramado de las vidas que subsisten en la ciudad.
Al llegar al paso de cebra de Gran Vía, mira el reloj nervioso. Transeuntes se amontonan en ambas aceras esperando el verde del semáforo, siempre hay mucha gente a esa hora. Daniel sabe que faltan ocho segundos para que el color rojo frene a los coches y nueve para que los peatones se abalancen para atravesar la calzada. Elije el pie derecho y sincronizadamente, cuando el muñeco verde aparece en la pantalla del semáforo, lidera a la marcha de personas que cruza desde los números pares a los impares.
Haciendo slalom, como en un baile urbano, efímero y fortuito, se cruza con mucha gente sin que exista un contacto físico, ni el más leve roce. Al llegar a la acera de enfrente echa cuentas: 451 días cruzando ese mismo lugar sin que nadie choque con él. Suspira desanimado y se desea suerte para el día siguiente, para que alguien, aunque solo se trate de un torpe, lo empuje o lo toque. Daniel se ha prometido que el día que eso suceda, le entregará una carta de dimisión a su jefe y montará su propia agencia de publicidad.
Llegó a casa con un leve dolor de cabeza después de dos horas escuchando a un catedrático con muchas tablas pero poco carisma. Se preparó un té de arándanos y tomó una aspirina antes de acercarse al ordenador. Le apetecía abstraerse un poco de la monótona realidad, leer lo que otros habían imaginado y compartir con ellos sus propias creaciones. Al escribir una L en su navegador Google Chrome, la página a la que quería ir apareció como primera opción, la señaló con el puntero e hizo click. Se extrañó levemente cuando se dio cuenta de que la web tardaba demasiado en cargar, y justo tras pensar "no te preocupes, será la conexión" al fin apareció. Observó que había dos comentarios en la publicación que había subido la noche anterior, pulso para verlos pero allí no aparecían, le se extrañó. Al fijarse, de sio cuenta de que faltaban algunos comentarios más y de que no podía ir a algunas páginas de sus amigos porque, según ponía en su pantalla, no estaba disponible en ese momento. "Bueno, al menos es mejor que el maldito error 404 o el 501 de antes". Desistió, pues odiaba ponerse a leer y tener que quedarse con las ganas de más.
Al día siguiente, se volvió a conectar y seguía ocurriendo lo mismo. Pero tanto da, por muchos fallos que tenga Libro de Arena, sigue siendo un lugar mágico demasiado difícil de abandonar.
Ficción a parte, valla jara con los errores jajaja. Pero bueno, los que llevamos tiempo por aqui ya estamos más que acostumbrados. A ver si se soluciona pronto. Bueno, por si os interesa, me he abierto un blog nuevo en el que escribiré artículos y reportajes, porque si quiero ser periodista va siendo hora de tomármelo en serio de una vez. Lo tengo alojado en tres servidores diferentes, por si os interesa os dejo las direcciones.
Ando un poco perdida en cuanto a lo de escribir, porque este curso me estoy tomando en serio la facultad así que me falta un poco de tiempo. Pero os vigilo truhanes, no os librareis de mi tan fácilmente Muajajaja (risilla maligna), siempre os tengo un ojo puesto encima. Os dejo algo improvisado que se me acaba de ocurrir, inspirado como tantas otras veces por una canción, que también os pongo y os traduzco. No me deis las gracias, que la confianza es lo que tiene. Un abrazo para todos.
Los vió pasar por la acera de enfrente. Ella, con su gabardina roja, la que reservaba para los días de otoño en los que se despertaba feliz, se aferraba al brazo de su acompañante mirándolo con lo que Javi interpretó como admiración. Por un momento hubiera jurado que el brillo de las pupilas de Laura, o quizá el de su sonrisa, lo cegó, como tantas otras veces, pero saber que la causa ya no era él le provocó un escalofrío que atravesó raudo su espalda.
Como siempre, sintió ganas de hacer muchas cosas: gritar, acercarse y saludar, llamarla, cargársela al hombro y salir corriendo con ella... Pero, sin embargo, se quedó muy quieto, como si alguien hubiese clavado sus pies a la acera, siguiéndolos con la mirada, esperando, ya sin esperanza, que al llegar a la esquina ella se girara y volviera a donde él se encontraba. Esto nunca sucedió. Javi metió las manos en los bolsillos de su cazadora y, cabizbajo, se dirigió hacia su casa, vacía, fría y sin nadie que lo estubiera esperando.
Sintió la tentación de seguir paseando toda la noche, pero el frío ya se hacía notar demasiado. Pasaría la noche, abrazado a la almohada de nuevo, acompañado por el hueco que Laura había dejado en su cama y en su vida, y consolándose al soñar que ella también lo añoraba.
Mi mundo
Nadie quiere estar solo, así que cómo he llegado aqui
Cuando te miro, lo veo brillante
Despierto y sonriendo porque ha estado dentro de ti
¿Es él todas las cosas en las que intentaste convertirme?
¿Es él todo para ti?
¿Te eleva, te hace real?
¿Te hace llorar?¿Sabe cómo te sientes?
El amor está a tu alrededor, tu universo está completo
Pero en mi mundo, solo estás tu.
Todavía puedo encontrar el olor
En mi ropa y en mi piel
Todavía puedo ver tu cara cuando duermes junto a él
¿Es él todo en lo que intentaste convertirme?
Dime, él...
He tenido muchos miedos, tu me los quitaste
Ahora te arropo
Como una manta llena de dudas
Él es tu todo
Tú me elevas, tú me haces real.
Tu me haces llorar, ahora sabes como me siento.
El amor está a tu alrededor, tu universo está completo
Amanda abrió el portal y se puso una sudadera antes de subir al asiento delantero del Focus de Cristóbal. Sin mediar palabra, sacó un CD de su bolsillo para meterlo en el reproductor y tras pulsar un par de teclas comenzó a sonar la canción "Rise up", de Yves Larock.
- Buenos días- dijo estirándose.
- ¿Buenos días? Estarás de broma, son casi las cinco de la mañana. ¿Para que me has hecho venir hasta aquí?
- Me acabo de despertar, así que sí, buenos días míster simpatía. ¿No querías encontrar a Sergio?- cogió un papel arrugado del enorme bolsillo y se lo tendió sin ganas-. Pues tira- dió un sorbo a un pequeño termo lleno de café recalentado que sacó de su mochila junto a unos croasanes empaquetados individualmente-. ¿Quieres?
- No, gracias- observó el papel con atención-. Al Casino de Torrelodones, ya. En serio, cambia de camello porque lo que te metes...
- Tú arranca- lo hizo refunfuñando-. He estado atando cabos antes de dormir: que está desaparecido desde esta mañana, que nadie sabe a donde ha ido, que tu madre fue a hacerle la maleta y aparentemente no falta nada de su armario, que no le hace ni caso al móvil... me he quedado dormida pensando en eso y entonces, me he despertado y lo he visto claro. Por eso te he llamado.
- ¿Que lo has visto claro? Vamos a ver, a las doce de la mañana tiene que pillar un vuelo para Ámsterdam, lo estamos buscando por todos los sitios a los que solía ir cuando se escapaba de crío, y tu dices que está en un casino lleno de pijos. Deja-las-drogas-ya.
- Lo he visto clarísimo, pero nada, no me sigues. Cállate y escucha, señor Artabe. No se si sabes que tu querido hermanito esta enamorado...
- ¿Enamorado? A ver, está un poco tonto con esa chica pero...
- Enamorado, si, enamorado. Ahora cállate. Mañana, bueno hoy, se va. Así que lo lógico es que esté pasando la noche con su chica.
-¿Su chica? Si hace dos días os estábais...
- Cinco. Y ya no nos acostamos juntos.
- Bueno- parecía sorprendido-, pero... ¿Por qué el casino? ¿Por qué no, no sé, el Fabrik o el Radical ya puestos?
- Porque ella vive al lado, y no creo que quiera recordar la última vez que la va a ver desnuda antes de irse en los baños de una discoteca llena de hippie-tripis enzarpados. Confía en mi Cris, está allí, con ella. Tan simple como sumar dos mas dos.
- Y todo esto lo sabes porque...
- Sergio y yo hacemos más cosas juntos que zumbar como salvajes, no creo que sea tan difícil de entender. Cierran en una hora, así que si quieres pillarlos, date vida y acelera.
- No van a estar allí.
- ¿Te apuestas algo?
- Lo que quieras. ¿Cena y cine?- ella lo sopesó durante unos instantes.
- Mejor cincuenta pavos.
Tardaron algo más de media hora en llegar, y siguiendo instrucciones de Amanda, Cristóbal situó el coche en un rincón oscuro cerca del aparcamiento desde donde tenían una visión perfecta de la gente que salía. Tras un cuarto de hora aguantando las interminábles quejas en voz baja de su mejor amigo, ella señaló a un grupo de gente. Unos pasos más atrás, Sergio, vestido con vaqueros y una americana negra, rodeaba con el brazo la cintura de Iciar, que se paró para quitarse los tacones, cruzaron unas palabras y él la subió a caballito. Ella comenzó a besarle el cuello y Sherpas sonrió como no lo veían hacerlo desde mucho tiempo atrás, cuando estaba empezando con Sara. Su hermano se disponía a salir cuando Amanda lo agarró del brazo sin sutilezas.
- No les jodas su última noche, compi. No seas cabrón- cuando él se acomodó de nuevo en el asiento, ella puso ambas manos tras la cabeza con chulería-. No sé como aún no me han contratado los del servicio de inteligencia.
Cristobal abrió su cartera y le dió dos billetes de veinte y uno de diez. Cogió el teléfono y llamó a su madre, una vez Sergio hubo desaparecido tras la esquina, arrancó para ir a buscar a Lisa y a Suky.
Soy una cafre y mi personalidad tiende a convertir cualquier hábito en un vicio: lectura, videojuegos, cine, escritura, billares, música. Me paso la vida riéndome de tonterías, pero soy feliz así. Aquí compartiré con vosotros las cosas que me van pasando por la cabeza y las inspiraciones que me asaltan de vez en cuando.