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carlosmerchan


¿QUÉ ES UN REY PARA TI?









Hoy más que nunca la probabilidad de ser leído está fuera de toda duda y se queda en eso, en monda y lironda probabilidad. De modo que voy a tomarme la licencia de no escribir sobre la fiesta pues todos, ahora, en vivo y en directo, estamos metidos en ella hasta las cachas. A disfrutar y que visca Sant Jordi. Aprovecho la coyuntura para largar a modo sobre el tema del momento. La cacería de su majestad. El rey D. Juan Carlos hace unas jornadas se hizo polvo una cadera. El rey, se hizo polvo una cadera mientras le daba gusto al gatillo y le partía el alma a un elefante. El rey es cogido en parihuelas y conducido a un avión. El rey en ocho horas se planta en España y es operado de urgencia. El rey evoluciona favorablemente. Según los últimos sondeos el pueblo suspira aliviado y agradece a la divina providencia que todo quedara en susto, el mismo pueblo que jamás hubiera podido imaginar que un accidente suyo en lo alto de un andamio, un suponer, fuera resuelto con tanta solvencia como prontitud. Las colas de espera para reparar huesos quebrantados en andamios, según parece, no guardan mucha relación con los rotos en trance de cazar elefantes


Su majestad, no hace tanto, padecía de insomnio. Le quitaba el sueño el paro, sobre todo el juvenil. Nuestro rey es un dechado de campechanía y de un solidario que emociona. El pobre hombre qué tiene que hacer ante tanta tristeza. Pues lo que haría cualquiera en su caso, juntar cuarenta mil del ala y salir corriendo a África de safari, que eso propicia el sueño y tranquiliza la conciencia y para un jefe de estado no hay nada más importante que tener la conciencia tranquila y el sueño reparador. Lo mismo, lo mismo le pasa al ñapas al que el culo le huele a oficina del INEM.


   La casa real está padeciendo su particular “annus horribilis”. Pobres personas. La infanta forzada a un “cese temporal de relaciones”, su marido es sacado, puede que en loor de multitudes del museo de cera en carretilla, la otra infanta, la pobre, no es consciente de que su amado cónyuge cae inocentemente en “acciones inapropiadas”, uno de los infantitos casi se vuela un pie porque también, inocentemente, su padre le pone, con muy buen criterio, una escopeta de caza en las manos. Ay, lo lleva en la sangre, el angelito. Es que hay años en que uno no está para nada. Pues talmente como usted y como yo, que un año, un suponer, acaba usted hasta las turmas de su señora o de su señor y se mandan a paseo. O sea, se divorcian. En un arranque de paternalismo y compadreo paterno filial se sube usted a un columpio con su hijo y la mala fortuna tiene a bien que su hijo de usted se tronce una pierna. A usted le quitan la patria potestad por irresponsable y no lo enchironan de milagro. Usted se lleva veinte euros del cepillo de la parroquia por mor de matar el mono de fumar y lo empuran sin misericordia. A usted le entra el gusanillo cinegético, le arrea un perdigonazo en el coco a una libre fuera de temporada y se le caen los pelos de los sobacos. Pues eso, usted no está tan lejos de la familia real. Sus mismos padecimientos, sus mismos deslices. Es que la familia real es tan cercana al pueblo que se confunde con él.


  Desde hace algún tiempo, en los colegios, sacan a concurso una redacción que los infantes han de hacer sobre el muy jugoso tema de ¿Qué es para ti un rey? Yo he leído alguna, San Google mediante. Angelitos míos, qué imaginación le echan.







 

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DANTESCO



   Leo en la prensa de hoy (miércoles) entre atónito, incrédulo, indignado, pasmado y a la postre descojonado de la risa que una consultora de la ONU, Ghernsh92, que suena muy bien pero que me aspen si sé qué carajo quiere decir, pretende retirar, en otra hilarante vuelta de tuerca a lo políticamente correcto La Divina Comedia de Dante de las escuelas por racista, antisemita, homófoba y no sé cuántas cosas más. ¡Toma!


   Que el ávido y aún viciosillo lector se ate bien los machos que si la acérrima ignorancia, el delirante atrevimiento de los barandas sigue su curso aquí no va a quedar una biblioteca en pie.


   No sé si ustedes recuerdan un libro, bastante profético por lo que se ve, en el que se narran las vicisitudes de una extraña sociedad (no tan ficticia, según parece) en la que se llega al convencimiento de que los libros son perniciosos y deciden quemarlos todos y enchironar a todo aquel que no entregue su biblioteca a las llamas. Memorable la escena en que una mujer se autoinmola junto a sus libros. Se trata de Fahrenheit 451 y fue escrito en 1953 por Ray Bradbury. Pues miren ustedes, quién iba a decirle a don Ray que a la vuelta de un siglo sus neuras, delirios y pesadillas iban a hacerse realidad. La realidad superando otra vez a la ficción. ¡Ay! La eterna verdad de los tópicos…


   Pienso yo (aún a riesgo de dañar la última neurona que me queda), que si nos dejamos llevar por la brillante ocurrencia de estos señores, celadores todos del bienestar, el buen rollo y el procomún estaremos expuestos al juicio sumarísimo de, por ejemplo, James Joyce y su Ulises que alienta la pederastia, La Metamorfosis de Kafka por zoofobia, La Celestina por motivar el putiferio y la alcahuetería, El Lazarillo por cantar las bendiciones del alcoholismo (“...y yo, como hecho al vino, moría por él…”),  Lolita de Nabokov por semejantes motivos a los de Ulises, Un tranvía llamado deseo de Tenesse Williams por darle alas a un machista cavernícola y no les digo nada lo que le pasaría al Marqués de Sade, al Conde de Lautréamont o a Bukowski si tuvieran que pasar por el cedazo de la novísima inquisición. Completen ustedes la nómina que les dejo como mejor les acomode. Barra libre.


   Estoy con los prebostes. Los libros son el enemigo. No hay nada más peligroso que una ciudadanía formada, informada y con criterio. A ningún gobierno le interesa la imparcial documentación de los ciudadanos porque la cultura, el pensamiento libre y con fundamento, desbarata los cimientos del caciquismo en que se sustenta el mundo. Siempre ha sido así y siempre será así. Les recomiendo la lectura de “El nombre de la Rosa” de Umberto Eco. Nada tan gráfico para ilustrar lo que les digo. El conocimiento no puede trascender. El conocimiento ha de guardarse en las catacumbas donde hace su tela de araña el olvido para que nadie ose desbaratarles el negocio, en forma de revolución, pongo por caso.


   Pues nada, lo dicho. Que lean ustedes todo lo que puedan antes de que se prenda la mecha, que la pira está preparada. De momento a Dante le quedan dos telediarios. Dantesco, tú.


(Para publicar en el periódico "Ciudad de Alcoy") 

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LA CARGA DE LOS MAMELUCOS


 



Hace muchos años, en los primeros setenta, cuando aún nos despertábamos todas las mañanas en brazos de una dictadura y la brutalidad  represora del estado era pura rutina, un chaval de unos trece años se vio envuelto, sin comerlo ni beberlo en una manifestación a la salida del colegio. Los grises daban garrotazos indiscriminadamente con tanto esmero como aplicación. El chaval pudo escurrir el bulto por los pelos pero se llevó a casa todo el horror y la vileza del mundo concentrados en los ojos llenos de ira y de furia de los sicarios uniformados, de la policía del sátrapa, de los mamelucos de Franco. El chaval en cuestión era el que esto escribe. La misma escena la he revivido esta mañana (martes). La televisión me heló el corazón y me refrescó la memoria. Después de casi cuarenta años me dí cuenta de que mi infancia de grises, lecheras, garrote y tentetieso, bota militar y noche oscura del alma, no había sido una pesadilla. Desperté del mal sueño y el dinosaurio seguía allí (Monterroso).


"No voy a proporcionar esa información al enemigo", dice el petimetre, el tonto del culo, el penúltimo gilipollas (según no sé quién, en este país no cabe un tonto más y qué razón tiene), el jefe superior de policía de Valencia, ante la pregunta  de cuántos efectivos policiales fueron movilizados para tan grande hazaña. Realmente “el enemigo” hay que reconocer que iba armado hasta los dientes con mochilas, cartabones, libros de texto, lapiceros, bolígrafos y alguna carta de amor de algún quinceañero con la testosterona de punta. Repugnante. Quiero olvidar las imágenes pero no puedo. Imágenes tan rancias, tan antañonas, tan irracionales que creía perdidas en el pasado. Abueletes zarandeados, imberbes sangrado por la nariz, niñas pateadas, arrastradas por el suelo, infames aullidos de lobo, iniquidad, fuerza bruta, represión, criaturitas tratadas como ganado, noche fría y oscura donde anida la irracionalidad fascista. Y lloré, lloré para adentro que es el llanto más amargo y supe entonces que la historia no es un mal trago pasado sino un presente con el que se ha de luchar con la razón, pero el sabio Goya ya lo dejó dicho: “el sueño de la razón produce monstruos”. Y ahí están otra vez los monstruos de la sinrazón de don Francisco, apaleando, humillando, violando, regurgitando ira, avasallando. El infierno de Dante o del Bosco sigue de actualidad. No aprendemos una mierda, coño. Mil historias que viviéramos, mil historias que repetiríamos. Palabra de adolescente eterno que a punto estuvieron de romperle el alma los mismos animales que nos rompieron la esperanza el martes pasado. De lo que pase de hoy al domingo en que saldrá publicada esta esquelilla, prefiero correr la cortina porque la mecha está encendida y las botas fascistoides han enseñado sus suelas. ¡Che, quina por!


 

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CARPE DIEM

 



Camina la parroquia cariacontecida y triste y como vagabunda y medio desnortada por el páramo en que se ha convertido el país, algo así como el último rincón meado y mal oliente del este del edén. La tristeza ambiente es abrumadora. En los últimos años, levantarse de la cama es el susto, el otra vez, el ya veremos hoy, la incertidumbre que el sueño lima (el que tenga para somníferos), la angustia de los lunes al sol y sombra de la desesperanza, el hielo del Dios proveerá.


No hay mañana en que no me desayune con un lamento, el mío el primero, que lo tengo más a mano, con un gesto de rabia, de conmiseración, de desesperación, si me apuran. Y vamos capeando el temporal cada cual con la argucia que más le acomoda, casi todos con el socorrido carpe diem que, últimamente, vale más bien poco. No puedo vivir el momento cuando el momento es miserable, tristísimo, no puedo disfrutar el momento cuando no hay nada con qué adobarlo. Nada. Me sabe mal decirlo pero, ser pesimista, hoy por hoy, no es derrotismo si no un ejercicio de realismo irrenunciable.


Pero nos seguimos agarrando a todo clavo ardiendo que a mano se nos pone. Decimos: el cambio, todo empezará a moverse con el cambio. Pero el cambio sólo trae más paro. Más paro y una reforma laboral que llena de pavor al currante más templado. ¡Hay que joderse con el cuajo de estos tíos! Creemos a pies juntillas que el segundo partido, una vez que se aclaren (¿se aclararán?), traerá ideas remozadas, esperanza. Pero la primera idea para acabar con el hambre que se avecina, que lo tenemos encima, es proclamar una actitud beligerante contra el clero que, se conoce, acabará con todos nuestros males. Los “hunos”, según los últimos rumores, inyectan tal cantidad de pastizara a la Iglesia (Curia Romana, mosén Vicente, no me retire usted el saludo, que le tengo ley) que tiembla el misterio, los otros, como proyecto más inmediato (vuelta la burra al trigo), le meten estopa a la candela del laicismo más visceral. Seguro que ser laicos o religiosos nos dará de comer a todos. Seguro. Pero, por el amor de Dios, ¿es que nadie va a tener el puntito de lucidez, sólo el puntito, como para darse cuenta de que al país, a tenor de la que tiene encima, le importa un huevo las ideologías, los laicismos, las arcas del Vaticano, sor Juana Inés de la Cruz o Carlos Marx?


  En estos días de frío espantoso me acuerdo mucho de mi amigo Chispa. De Chispa y de todos los que pajarean al viento con el alma encogida de hombros y de los que la crisis, el egoísmo, la insolidaridad, ha convertido en “Chispas” de nuevo cuño. El otro día murió de frío un indigente en Zaragoza. Se conoce que los cartones de los grandes almacenes y el cartón del tío de la bota no acertaron a arroparle lo suficiente ni a meterle calor en el cuerpo. En tiempos de los Gürtel, de los Noos, de los trinques, de los miserables enriquecimientos de los muy miserables corruptos, de las ideas peregrinas y las ideologías trasnochadas la gente se muere de frío, de hambre y de miseria. Todos los días me cruzo con Chispa, dos o tres veces. Últimamente se le ve mas encorvado, más poquita cosa, más desamparado. Hace un cuenco con las manos y le mete aliento por ver de calentarse. Estoy por apostar que a Chispa le importa más bien poco la reforma laboral, la barra libre de los empresarios, el anticlericarismo, los mamoneos del yerno del Rey, los eres, los jueces empapelados (el mundo al revés, tú), la muerte de Montesquieu y la madre que parió al Preste Juan de las Indias. Lo más probable es que lo único que le interese a Chispa sea que se vaya de una vez el puñetero frío por ver de desentumecer su cuerpecito de interrogación y poder volver a silbar para adentro, como los pájaros sin fuelle.


 





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Tàpies


 



A mí Tàpies me suena a facultad, a asiento calentado por niña progre, a pub caleidoscópico de grafitis, a coleguita que no conoces y con el que te tomas unas birras. A cambio, a tierra recién cocida o descosida, a desconocimiento (el mío, claro), a universo paralelo. A mí Tàpies, sus pinturas y sus teorías primorosamente escritas, me pillaron en la facultad cuando yo era un niño semi adulto que sólo codiciaba o entendía y parodiaba las sanguinas de Miguel Ángel, los drapeados de Giotto y la vulva de Eva cubierta con una hoja de parra y firmada por Durero.


  Todo, entonces, me pillaba a trasmano. Malherido por un aire frío como sólo en Castilla se las gasta el aire, uno estaba solo, de madrugada, de vuelta de sabe Dios dónde, sobre el Tormes y su puente eifeliano, Salamanca de oba y líquen y frío de pez de cobre. Pensaba que lo más fácil era que tuviera razón. Sí, Tapies tenía razón. No hay que pintar, no hay que mirar a la luna como los poetas chirles. Hay que coger la luna y no pintarla sino, directamente, ponerla sobre el lienzo. Creo que Tapies no hizo eso con la luna porque no llegaba. Pero cogió la tierra y no pintó con ella, que es lo que suelen hacer los pintores, sino que la puso sobre el lienzo o sobre la tabla o sobre su corbata. Para mí que Tapies le cogió tanto gusto a la tierra que se pasó la vida mostrándola para que no perdiéramos la perspectiva, ni dejáramos de tener los pies en el suelo. Tapies ponía trozos de pared en sus cuadros, cuerdas rotas, pellejos de gato, esquinas que besan lunes, betunes de los zapatos del asfalto. Contundente. El cuadro no sólo representa. El cuadro, es.


  Al día siguiente, en el autobús, camino de la facultad me senté al lado de un(a) querubín(a) progre, deliciosamente postmoderna. Hieratismo. Mirada perdida. Ausencia total del mundo. Un bellezón con rastas. Recuerdo que llevaba en la mochila “El arte contra la estética” de Tàpies y como dicen que la ocasión la pintan calva y presumiendo que la impresionaría, saqué el volumen y aparenté engolfarme vorazmente sobre sus páginas. Ante su pasividad me atreví a dirigirme a ella:


  -¿Te gusta Tàpies?


Mi bella progre, ni pestañeó o sea que, puñetero el caso que me hizo. De modo que abandoné a la primera la escaramuza. Cerré el libro y esperé a que escampara la vergüenza que me llovía torrencialmente encima. Siguiente parada. El mujerón quiere salir. Aparto las piernas y noto calor humano a la altura de la oreja, mitad beso mitad susurro:


  -Me encanta Tàpies.


  Y desaparece con una sonrisa entre giocondina y maliciosa.


  Nunca sabré el nombre de aquella rosa pero, desde entonces “mi” Tàpies anida en una bellísima cabeza con rastas y en la tibieza de un asiento vacío.


Bon viatge, mestre i moltes gràcies per tot. Crec que tenia vosté raó.


    El quadro, és.


 


(para publicar en diario ciudad de alcoy) 

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TRAPAZAS



Se queda corta, cortísima la tradición de la picaresca. La oral y la escrita. Que no nos quitamos de encima la fama  de país al avío. A la que caiga. Que aquí el que no corre vuela y el más tonto hace relojes. Ni Rinconete,  ni Cortadillo, ni Guzmán de Alfarache, ni el Buscón, don Pablos, ni Estebanillo González, ni el bachiller Trapaza. Nada. Unos aficionados. Unos birrias. Si Cervantes o Quevedo o Mateo Alemán hubieran podido ver las trapacerías que se cuecen hoy  en el patio de monipodio en que se ha convertido España, se les abrirían las carnes ante lo que de veras es bajeza moral, bellaquería y canallada. Al fin y al cabo, los pícaros de la ficción y la no ficción del Siglo de Oro agudizaban el ingenio forzados por la hambruna y la miseria. En este siglo, lo que aviva el magín es la farlopa, el chaletazo, los trajes de alta costura, la visa oro, las mariscadas por la jeró, los coches de alta gama que llaman oficiales, los aeropuertos sin aviones, los trabajadores fantasma o nonatos, el putiferio, los sueldos astronómicos, la pasta gansa que se dispensa en las gasolineras o el trinque indiscriminado, desproporcionado, al arrimo de instituciones de ringorrango. Figurones de sonrisa profidén, sacamantecas con corbata, chirles con ínfulas, hebenes con aires de grandeza, grandísimos cabrones. Inmorales todos.


  Asistimos cariacontecidos, maniatados y resignadamente pasivos a los más abominables, execrables y purulentos episodios nacionales. Que ríase usted  de la gavilla de soserías de D. Benito (P. Galdós). Pero callamos y cívicamente votamos porque somos mansos y agachamos la cerviz y consentimos que nos la claven una y otra, y otra vez por “do más pecado hay”. Que el país de un día para otro amanezca de izquierdas o de derechas, de los rogelios o de los pitufillos, de los “hunos” o de los otros, es evento extraño pero  directamente proporcional a la cantidad de baladronadas que hayan perpetrado los barandas de turno, de uno u otro sesgo. Y yo creo que ya está bien, que la peña, según mis últimas pesquisas, está hasta los huevos de sesgos, de ideologías, de salvapatrias, y de hijos de la gran puta que se lo llevan crudo y por la cara delante de nuestros morros.


  Y ustedes sabrán perdonarme el tono crispado de este articulillo pero comprenderán que el patio no está para jolines o mecachis. Que ya está bien, que no hay mañana que no se le atragante a uno el café con un nuevo mamoneo, que lo estamos pasando mal, coño, y que a la clase política, eso, le importa más bien poco, por no decir una mierda.


  España, aparta de mí este cáliz, decía D. César Vallejo. Yo, por el mismo precio, quiero decir, aparta de nosotros tanto chorizo, tanto hideputa, tanto cabronazo sin escrúpulo que están haciendo buenos a los lázaros, los buscones, los rinconetes, los cotadillos, los trapazas y toda la patulea de honestos, inocentes, angelicales pícaros que les precedieron. Más quisieran, tú.


(PARA PUBLICAR EN CIUDAD DE ALCOY) 

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Ilustraciones de los dos últimos post. (Pueba)

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Graciassssss, Enlabasílica. Eres un crack.


Viene esto a cuento porque de un tiempo a esta parte LDA no me permite acompañar a mis textos ilustraciones. Gracias a nuestra querídisima, entrañable, mujerón ferrolano,  Amelia, con su blog masticadito para torpes como el que esto escribe, he conseguido poner mis cagaditas sin mediación del gestor de marras. De modo que ahí quedan. Déjate a ver si me lo permiten, que antes he contestado los comentarios de Rompetejas, Amelia y Joquin Julio y no me ha dejado tampoco. De modo que muchas gracias a los tres. Intentaré hacerlo mañana.




 

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DOÑA RITA Y LOS FLORIPONDIOS

  ¡Que viva el rumbo y el tronío, la majeza y el despiporre, que aquí no pasa nada y que viva el reino de Jauja y los perros atados con longanizas!


  A doña Rita, la Faraona con motivo de estas fiestas tan entrañables y estando el patio como está, no se le ocurre mejor solución que gastarse una fortuna en flores de pascua para engalanar los puentes de Valencia. Si la semana pasada me hacía de cruces ante la vesania de los “hunos” con sus Barcelós y sus cúpulas de cartón piedra, ésta me hierve el agua del radiador, que dice mi amigo Pepe Ferrer, con la poca vergüenza de los otros. Digo yo, con todo el respeto del mundo (hacia los parados, claro), que si a doña Rita se le plantaran en las medianas de los puentes toda la cohorte de desempleados a los que se les acabó la ayuda estatal, uno detrás de otro, no habrían puentes, ni aún parterres, ni callejuelas que soportaran el peso de tanta tristeza junta. Igual, entonces, se le iluminaba la bombilla y dejaba de hacer el zangolotino (vulgo, gilipoyas) con el dinero de todos. No sé qué está pasando que, a mayor miseria, mayores idiotas iluminados con ideas peregrinas, mayores caprichos, más grandes megalomanías, si cabe la redundancia. Si esto es gobernar, que vivan Bakunin y su anarquismo que para mí tengo que, solos, nos gobernábamos mejor. Y doña Rita, la Faraona, ufana y encantada de conocerse con su fórmula uno, sus floripondios, su voz de cazalla y caldo de gallina y sus dos cojones bien puestos, que no tiene la dama para colegios aunque sí para embelesarse con labores de jardinería palaciega.


  Yo creo que la clase política aún no es consciente de las pavorosas dimensiones de la crisis porque a ella no le ha rozado el lomo. O sea que, como quiera que siguen cagando gamba roja y solomillo y meando Rioja, Solans de Cabras y Moët Chandon, no reparan en que una parte importante de la población caga butifarra de Mercadona, al que le llega, claro es, y mea agua del grifo, aderezada con una pizca de arenilla nefrítica. Que tiempo ha que la vocación política pasa sus días en los cubos de la basura y que lo que mayormente mueve a esta tropa es la medra y el dinero fácil. ¡Qué se hizo, ay, de los políticos de raza que con su solo verbo y su inteligencia, removían los cimientos del país entero desde su tribuna!


  Pues eso, que como para juegos florales y paisajismos de diseño estamos.


   No quisiera ser agorero, que como ya tengo dicho en más de una ocasión, mi pesimismo no es más que un optimismo medianamente bien informado pero que, o mucho cambian las cosas, o nos vemos comiendo el yeso de la cúpula de Barceló y las flores de pascua de doña Rita. Al tiempo.


  Que ustedes lo pasen bien y feliz y próspero 2012. De verdad. Sin recochineo.


 


Para publicar en el periódico Ciudad de Alcoy.


Sigo sin poder insertar ilustraciones.


 


 

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