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Cédar


DoS

 Según Benedetti, reza lo siguiente en la página ciento cincuenta y tres de "La estancia vacía" de Morgan: ¿No ha escrito usted nunca una carta sin la intención de mandarla, y la ha puesto en un sobre sin la intención de mandarla, y ha salido con ella...todavía sin el propósito de enviarla; y entonces ha oído cómo caía en el buzón.


Y es que a veces, por suerte las pocas, uno hace, dice o escribe cosas, que no sabe en que manos caerán, y mucho menos que consecuencias traerán consigo.

Dos viajeros se confunden todas las mañanas en el autobús. Uno observa que el otro se detiene siempre en la página del periódico donde se puede encontrar el horóscopo, el crucigrama y un sudoku. Este observador se dirige a su trabajo en la redacción del diario local, donde es el responsable del contenido de esa misma página cada edición.

Día tras día puede comprobar que el estado de ánimo del lector varía dependiendo de si consigue terminarse el crucigrama y el sudoku en el tiempo que dura el trayecto a su trabajo.

Se propone hacer un hombre feliz. ¿Lo conseguirá?.

A la par este redactor, con una vida anclada en la rutina y el hastío va a conseguir un life motiv para, de modo inconsciente, ir cambiando poco a poco este círculo vicioso en el que su vida se ha metido. Cree que nadie le quiere, y lo que es todavía peor, cree que nadie tendría ningún motivo para quererle; incluso dentro de su ámbito familiar más íntimo.

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Cuento de Navidad



Hace unos años ya, siglos incluso, la Virgen debía estar a estas alturas con contracciones; y es que uno supone que el parto no fue “sobrenatural” como la concepción.


También hace unos ya, que a estas alturas del año intenta uno escribir algo que se le asemeje a un cuento de navidad. Este año que agoniza no sé si conseguiré mantener la tradición.


Otros años, cuando quería inspirarme, tomaba de mi biblioteca como fuente de Castalia, el libro ilustrado de cuentos de navidad de Manuel Rivas  y enseguida algo se me venía a la cabeza. Este año he decidido no hacerlo, trataré solamente de contar la verdad, nada de cuentos.


Resulta, por si algún mal informado no se ha enterado todavía, que lo de que José era de profesión  carpintero es totalmente falso. Según un reciente estudio de lo más minucioso llevado a cabo por unos prestigiosos científicos albano-kosovares, se ha podido constatar que San José no era más que un simple y llano escritor; sin mucho éxito, de ahí que su pobre mujer, María, tuviera que dar a luz en un pobre pesebre a las afueras de Belén.


En aquella época los escritores no estaban tan bien pagados como ahora y el libro que José había publicado, no sin esfuerzo, avanzado el año I AC, una novela sin éxito de ventas como el anterior, a los palestinos les parecía muy pro-semita y por su parte los judíos llegaron a tildarla de la mayor herejía jamás escrita, así que, los unos por los otros, y la obra sin vender.


Decidió entonces partir hacia Belén con su mujer encima de una burra, que había ganado en un concurso de poesía contemporánea en Cisjordania, en busca de un lugar apartado donde encontrar inspiración para una nueva obra, la definitiva, la que le haría mundialmente conocido y a la postre inmortal.


Y vaya si lo logró, una noche como ésta, María se puso de parto, y le dio a José su mayor obra, por la que ha sido reconocido a través de los siglos convirtiéndolo en todo un clásico; tanto que año tras año, en la gran mayoría de los hogares del mundo, por estas fechas, dicha obra es recordada y venerada, poniendo en ella todos los mejores deseos de paz, prosperidad y amor.


Feliz Navidad a todos los hombres de buena voluntad.


Amén.


 

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Canción triste de navidad



No se aprecia movimiento alguno tras el cristal.


Parece que han cesado ya en la búsqueda por hoy, del mismo modo que cuando la lluvia amaina no se sabe en qué momento volverá a caer, uno no acierta con el instante en que retomarán de nuevo el trabajo, ¿será un simple cambio de ronda? No lo sé, ni siquiera podría asegurar que por hoy pueda quedarme ya tranquilo.


No estoy nervioso, a pesar de llevar tres cafés dobles bien cargados, sigo atentamente todo lo que ocurre tras la pobre perspectiva que me ofrece la vidriera. A veces me giro para observar a la dueña, siempre impasible, sin echarme ojo, con los brazos cruzados descansando la espalda sobre su trasero que apoya en la estantería de bebidas que se encuentra tras la barra. Ni siquiera se ha inmutado en el momento que he encendido mi cigarrillo, a pesar de que tiene instalado el cartel que indica que lo prohíbe la ley, ¿para qué?, qué delito puede ser fumar en un lugar público cerrado sin más cliente que, por ejemplo, un asesino confeso.


El silencio puede volverse molesto cuando sólo es interrumpido por el sonido que produce el movimiento de las manecillas de un reloj de pared, una vez por segundo, tic, tac, tic, tac.


La vieja no se inmuta. Mantiene fija la mirada en el umbral de la puerta de acceso al local, como si estuviese a un cliente que sabe no entrará, ¿o acaso espera la segura llegada de la guardia civil de un momento a otro? Debe estar acostumbrada a este tipo de situaciones, en un bar próximo a un centro penitenciario deben ocurrir este tipo de situaciones a menudo.


Uno a veces escribe porque necesita contar y otras porque necesita ordenar las cosas que se encuentran en su cabeza, si has enterrado ya a tus padres y se te ha quedado en el camino algún que otro amigo, no te queda más que hacer justicia, contigo y con los demás. Si las novias que aun sueñas te han olvidado y lo que no hace tanto era futuro ya es pasado, sólo te queda tiempo para releer viejos libros y tararear canciones que tus nuevos conocidos nunca han escuchado. Y es que él que nace en navidad, no lo olvidemos, se nos fue con treinta y tres, ni uno menos, ni uno más.


A partir de ahí todo es hastío.


 


 

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From Ireland

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 El Spanish Arch, o arco español, son las ruinas del arco que protegía el acceso al puerto donde arribaban las mercancías, fundamentalmente vino y ron que los galeones españoles traían a la ciudad de Galway, de ahí su nombre. Tras él pude encontrarme con este curioso anuncio en un bar.


Alguien me dijo hace unos meses, cuando por motivos laborales se mudó a Irlanda, respondiéndome a la pregunta de qué tiempo hacía en la isla, que aquí sólo había dos tipos de tiempo, o bien llueve, o bien va a llover. Después de una semana, del mes de agosto para más INRI, puedo dar fe de ello, y el cartel que me encontré esta tarde en los muelles de Galway me confirma que pese a ello, uno no debe desistir de hacer planes; como bien me aconsejaron al llegar, aquí no se mira la previsión del tiempo y se hacen planes, aquí se hacen planes y luego el tiempo será el que sea.

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Hasta la vuelta!!

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De manías tontas

En cierta ocasión leí no recuerdo bien donde, incluso puede ser que fuera por estas arenas, la curiosa manía que la inmensa mayoría de las personas tenemos en odiar por asociación, es decir, debido a una mala experiencia que ocurre en un contexto, aplicamos éste a lo general.


 


En el texto leído hacía mención a una persona que odiaba las islas canarias (vale cualquier lugar, de hecho yo tengo mi propia lista) debido a que siendo estudiante, un canario le había levantado una novieta que tenía. Habían pasado muchísimos años desde aquel hecho, pero nuestro amigo aún mantenía un cierto odio hacia todo aquello que llevaba implícito la palabra Canarias; hasta el punto de que se alegraba de los fracasos deportivos cada domingo en que se veían inmersos los equipos insulares.


 


Viene esto a colación debido a que últimamente me viene ocurriendo un caso similar, pero que ya comienza a molestarme por el perjuicio que representa en mis proyectos más inmediatos. A saber, desde hace un tiempo a esta parte, me veo obligado por motivos laborales a mantener asiduas “call conference” con ciertos clientes extranjeros, el caso es que como sucede a gran parte de los españoles, si bien el inglés escrito no suele ofrecer excesivas complicaciones, lo que es el oral, bien por la dicción del interlocutor, bien porque su léxico activo no coincide para nada con el mío (p/e. para decir “gato” usa “felino doméstico”), el caso es que me he propuesto ejercitar la audición en lengua inglesa, incluso me estoy pagando esos audiolibros dominicales del diario El País, pero lamentablemente, se van acumulando uno tras otro en la estantería y ¿por qué?, pues resulta que la persona al otro lado de la línea es, casi siempre, una borde, mentirosa e infame, y por lo tanto, cada vez que ahora escucho a una persona hablando en inglés, por asociación, lo paso mal, me recuerda a ella y a lo que me  hace pasar; así que , o bien modera su actitud, o yo dejo de entender la lengua de Shakespeare…… y aquí perdemos todos, ….quiero decir..yo, ...que a esa persona seguro se la trae al pairo.

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De descripciones

Si algo me atrae en un texto más que las cerezas al mirlo, es sin duda una buena descripción; no necesita planteamiento, nudo y desenlace para que lo relea una y otra vez, tanto que a veces, queda en mi memoria palabra tras palabra, adjetivo sobre nombre, como esos versos populares que estudiamos en la escuela, esos que ni el pasar de los años ni las vetas en la memoria impiden que seamos quienes de soltarlos de corrido. También me ocurre con el comienzo de algunos libros (Los comienzos de Cela son sublimes), y con la música que imprime a sus textos Manuel Rivas tirando de sinonimia. Con todo, el lenguaje cercano, ameno y amigo de Carlos Casares siempre me ha acunado como un padre que siempre tiene la palabra precisa en la tertulia perfecta. Para muestra…un botón.:

El huerto de una pequeña casa de planta baja.

Hay árboles, un pozo, un gallinero y la caseta de un perro.

El perro se llama Paulino. La gallina que habita en el gallinero atiende por Petra.

Frente a la casa, al pie de la puerta color rojo de dos hojas y debajo de una ventana, hay un batán de piedra.

Las ventanas son amarillas.

En un árbol se ven, colgadas, cinco naranjas enormes. Las naranjas más grandes del mundo. El árbol está dentro del huerto, pero tan pegado al muro, que una naranja cuelga sobre el camino que por allí pasa.

Es un día de sol, lleno de luz. Salta la vida en cada color.

Por la hoja abierta de la puerta de la casa, enseña la nariz Elías.

Es un hombre de treinta años, y por las melenas que le salen por debajo del gorrito de lana azul y blanca mezclada, se ve que es rubio. Va vestido con una camiseta de felpa bastante sucia. Refriega los ojos, arruga y desarruga la frente, abre la hoja de debajo de la puerta, y sale al huerto. Los pantalones, remendados, van sujetos en el hombro izquierdo con un solo tirante. Los zapatos-los más grandes del mundo, como las naranjas- no son hermanos. Pone las manos en las caderas y se despereza con estruendo.  Luego, medio cojeando, aun no espabilado del todo, se dirige al pozo, saca agua y se lava cómicamente un poco. Después se sienta en el batán y mira alrededor de sí.  De repente, descubre las  naranjas. Se pone de pie y corre de cara a la casa, pero cuando va a entrar, se da un golpe-el golpe más grande del mundo- y cae postrado.

Se queja de un pie.

 

 

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De llamadas

 Recibo una llamada telefónica mientras compro un regalo para el día de la madre,  es el día de mi cumpleaños. En la pantalla del celular puedo leer el contacto que me llama, es un amigo de adolescencia que ahora ejerce de policía local en el municipio donde habito.  Es para felicitarme por mi aniversario, pienso,  aunque a decir verdad nunca lo hecho,. Tras preguntarme por mi localización exacta, no duda en soltarme esa frase que tanto odio escuchar… “Tengo una mala noticia que darte”; es ese momento en que tu cerebro comienza a funcionar a más velocidad de lo acostumbrado y deseable. En décimas de segundo ya tengo hecha una pequeña lista mental de lo que pudo haber ocurrido, a la cabeza de esa lista… me han puesto una multa. El hombre trata de arreglar el tema…”Bueno, no sé si es mala o buena”; …multa descartada, esa nunca puede ser una buena noticia. Por fin resuelve el enigma, “que tengo que llevarte una notificación porque formas parte de la mesa electoral de las elecciones europeas”, bueno, qué le vamos a hacer, algún día tendría que tocarme, en las anteriores fui segundo suplente, así que…. “pues tranquilo que en éstas te ha tocado de primer suplente y probablemente te libres”. Bueno pues nada, acércamela que te la firmo…”perdona, perdona, que me están diciendo por el walkie que hay accidente de tráfico con heridos….tengo que dejarte”. Teléfono colgado, en fin, la obligación es lo primero y la urgencia, más. Sigo con lo mío, por fin he conseguido el regalo que estaba buscando después de patearme unos cuantos comercios. Termino de hacer las pequeñas gestiones domésticas pendientes y me voy a casa un sábado más.


Estoy dando vueltas por el jardín simulando hacer algo mientras espero a que llegue la hora del almuerzo cuando escucho mi nombre al otro lado del portal. Abro y me encuentro con una pareja policial, coche patrulla incluida; venga, pasad, pero primero deja ese trasto aparcado en la calle de abajo, que los vecinos van a pensar que acabo de atracar la caja de ahorros con todo el dinero de las preferentes dentro. Nos sentamos en el porche a tomar algo, son amigos, uno el mencionado anteriormente y el otro, escritor con obra publicada, o sea la tertulia está servida, a la hora que es ya están terminando el servicio y me traen la susodicha notificación.

Tras tocar varios temas de lo más banal, mi amigo entra a saco, “ah, ¿sabes cuando hablaba contigo que tuve que dejarte?”; si, lo del accidente con heridos “pues no te lo vas a creer, era una llamada de emergencias desde Santiago, desde la central del 112”; bueno, pues no sé qué que puede tener de extraño, accidentes hay todos los días. “ Pues que llego al sitio que me indicó la operadora y me encuentro con un señor minusválido tirado en un  pequeño terraplén con una silla de ruedas motorizada patas arriba” pues vaya…!Accidente de tráfico con heridos¡,  “nada, ayudamos al señor a incorporarse, le pusimos la silla de ruedas de nuevo en el arcén y para casa, mejor así poco papeleo hubo que cubrir”.

Nos pusimos a imaginar la escena, el paisano va a todo trapo con su motorizada calzada abajo, se le va en un descuido y vuelca patas arriba..¿qué hago?...nervioso coge su móvil y sólo se acuerda de marcar el 112, le contesta una señorita, becaria, que es fin de semana, desde la central y le cuenta la movida… la pobre chica empieza a leerse todos los códigos de alerta que tiene en la chuleta que le han pasado…. ¿y dónde coño clasifico yo esto?... a ver, a ver…pues nada…accidente de tráfico con heridos…. ¡qué ya se apañarán!.

 

 

 

 

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