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cerampa

"La inteligencia es una patria" Nicolás Gómez Dávila


CANTO X

Se daba un respiro. Volvía a poner en orden sus ideas. Salía de un puerto para retornar a él. Todo lo que había pensado eran cuestiones sobre él como existente. Retornaba al puerto principal, la primera pregunta que se había generado ¿Quién soy? Pensaba que preguntarse por la existencia era peligroso porque lo podía llevar a un viaje sin retorno. Un viaje en el que algunos se habían perdido. Recordaba la locura de Nietzsche escribiendo Así hablaba Zaratustra y la de Cantor en busca del infinito o . Recordó la otra pregunta que se generaba a partir de los cuestionamientos y recriminaciones que le hacían en casa - ¿Para qué he nacido? ? se preguntaba. ¿Había nacido para trabajar? ¿Para ser empleado toda su vida? ¿Para buscar dinero y bienes materiales? ¿Para leer y reflexionar? ¿Para ser alguien? Percibía que este nuevo viaje sería igual que el primero. Preguntar el para qué era preguntar por la finalidad. Preguntar por la finalidad era preguntar por sus actos. Preguntar por sus actos era preguntar por la libertad.

¿Para qué he nacido? Creía que su nacimiento había sido fortuito. De millones de espermatozoides que van en busca del óvulo en el instante orgásmico de la cópula solo uno lo fecunda. A veces no es uno, pero por lo general es uno. ¿De todos los millones por qué ese? ¿Qué tenía de especial? ¿Era como dicen el más rápido o el más apto? a veces pienso -- decía ? que es cuestión de azar. Simplemente tuvo suerte. Pudo no haber sido el primero y simplemente los que iban adelante se desviaron y abrieron camino a éste que estaba tras ellos. Su concepción negaba la concepción de millones de existentes. Su existencia negaba la existencia de millones de otros. Concreción y posibilidad. Su yo concreto negaba los yo posibles.

Pero ya era nacido. Había crecido interactuando con su medio circundante, había aprendido un idioma, que como dice Savater, no había pedido aprenderlo. Recordaba ciertas ideas del filósofo español que decían: ?No preguntamos a nuestros hijos si quieren nacer? o ?Nadie me pidió permiso para traerme a este mundo? es decir, ya nacidos nos toca vivir. Antes de la concepción no soy, después de la concepción soy y, una vez nacido, me toca ser. Mientras viva me toca ser, estoy obligado a ser. Parte de mí formación la he recibido de la cultura que me tocó vivir. No sabría decir si esa cultura que me es impuesta por la fuerza de la cotidianidad es predeterminada o casual. Me desarrollo en la cultura que estoy porque he nacido ahí, pero ¿Por qué he nacido ahí? Sencillamente porque mis padres estaban ahí. Ahora pienso ? decía ? que soy producto de una cadena de casualidades, mis padres también son nacidos por casualidad. ¿Cómo sería la actualidad si los que nacieron hubiesen sido los no nacidos y no nosotros? ¿La historia sería la misma? Venía a su memoria la disputa sobre la historia y el Hombre ¿Es el Hombre el que hace la historia o la historia la que hace al Hombre? ¿Qué hubiera sido del mundo sí ?? El mundo ya es. Nacer aquí o allá es casual como el simple acto de nacer. Y retornaba el cuestionamiento sobre su cultura. Todo lo que sabía lo sabía por la sociedad en la que le había tocado vivir. ¿Qué sería de mí ? se decía ? si hubiese nacido en otra parte? ¿Pensaría lo que pienso ahora? ¿Concebiría el mundo tal como lo concibo ahora? ¿Si hubiese nacido en un mundo sin ciencia, sin arte, sin libros, qué pensaría? ¿Cuáles serian los contenidos de mi pensamiento? ¿Cuál sería mi saber y cuáles mis creencias? Pensaba si habría diferencia entre él tal como era ahora, un amante del pensamiento y del conocimiento, y si fuera totalmente distinto, por ejemplo analfabeta. Asimismo se cuestionaba por qué había elegido su vida tal como era. ¿Por qué no gustaba de otras cosas sino de aquellas que gustaba? Pensaba en Freud y en el inconciente. Tal vez el hecho de que su abuelo y su padre hubiesen cultivado la buena lectura había influido en él. Un acto inconciente. Pero también había personas que sin influencias de ningún tipo habían descubierto la ciencia y el arte. Nuevamente se decía ¿Por qué había elegido lo que era? Pensaba una respuesta sencilla ? porque me gusta - Pero se preguntaba el por qué de su gusto. ¿Por qué me gusta leer y no lo contrario? Y al hacer esa pregunta se suscitaban en su pensamiento inquietudes sobre la libertad y el determinismo. El hecho de que me guste la lectura implica que lea, ¿Pero esa implicación era libre o determinada? Es decir ¿Leo porque me gusta leer? ¿Podría elegir no leer? ¿Reside la libertad humana en elegir lo que nos gusta? No lograba esclarecer esta confusión y volvía sobre ella. Si a mí me gusta algo ¿Por qué me gusta? ¿Yo la elegí o ella me eligió a mí? Recordaba al poeta, profundo pensador y gran ensayista, Octavio Paz cuando en su libro la llama doble manifiesta: ?El misterio de la condición humana reside en su libertad: es caída y es vuelo? ¡Su libertad! ¿Qué es eso que llamamos libertad? Tenía presente que la libertad era un tema demasiado pensado en la historia humana ¿Somos libres o no lo somos? Algunos decían sí, nuestra libertad consiste en hacer lo que nos imponemos, como afirmaba Kant. Otros pensaban, como Espinosa, que nuestra libertad tiene límites. ?Somos libres hasta donde nos lo permite nuestra naturaleza? Yo soy libre de saltar pero que tan largo o que tan alto lo hago depende del entrenamiento a que me halla sometido y aun así hay un límite a mi capacidad de saltar que no podrá ser superado sin ayudas mecánicas. Recordaba a Rousseau que iniciaba su gran libro de política El Contrato Social con la frase: ?El hombre nace libre y en todas partes se halla encadenado? y a la luz de esta frase pensaba que el Hombre se debate entre la libertad y la esclavitud, entre elegir y dejar que elijan por él, entre vivir y dejar que la vida lo viva.

A su mente venía el canto XVIII del Purgatorio de la comedia dantesca en el que Virgilio le explica de forma bella y profunda a Dante lo que es el libre albedrío: ?Mas por cuanto a ellos se agregan todos los demás deseos, es innata en vosotros la virtud que aconseja, y que debe custodiar los umbrales del consentimiento. Ella es el principio de donde sacáis la ocasión de contraer méritos, según se acoge, o rechaza, los buenos o los malos amores?supongamos, pues, que nazca por fuerza necesaria todo amor que se enciende en vosotros; siempre tenéis la potestad de contenerlo. Esa noble virtud es lo que Beatriz entiende por libre albedrío.? A la luz del universal Dante se daba cuenta que la capacidad de elección es innata al Hombre. Lo que nos caracteriza es la libertad, nuestra capacidad de elegir. Frente a tantos misterios y tantas inquietudes pensaba lo que Hamlet decía a su amigo: ?Ello es, Horacio, que en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía.? Frente a esta frase del inmortal Shakespeare pensaba, nuestro impaciente Alonso, que era difícil y complicado hacerse ciertos interrogantes y que la pregunta sobre sí mismo generaba a su vez mil preguntas, tan profundas y complicadas, como la primera.

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ODISEA INTERIOR

Letras para una reflexión filosófica



A la nada, por no ser
y al azar, por la vida.




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