Alguna vez la primavera tendrá tus ojos,
las abejas libaran las lágrimas
y el néctar caído de tus labios.
Cuando tus besos abran su perfecta simetría,
abonando los pétalos que inundan la alborada,
el deseo, canción pura que la noche esconde,
rubricará tu destino de luna llena
y tú te reirás y de tu risa germinará la vida.
Algún día la primavera tendrá tu cuerpo,
te besarán los lirios en las quebradas,
llenaran de miel tu cintura
las montañas cubiertas de luz,
la lluvia te vestirá de bruma y tules
y besarás la tierra que dormita bajo tu pecho.
Alguna vez la primavera se hará eco de tu presencia,
de ti nacerá la vida en forma de claveles,
te vestirás de albas y de trinos
cuando el brote tenga tus ojos
y tu cuerpo la savia natal de tu figura;
porque alguna vez serás tú la primavera.
Ellos,
los que sacan de paseo su más fiera mediocridad,
los que rugen desde sus gargantas enajenadas,
los genios de la nada que el improperio viste con los colores
que la ira reconoce en el instante.
Ellos,
que te besan con el fuego salvaje de sus infectas tintas,
tristes bestias que no alcanzan
a desgranar el fruto para sementar la tierra
ni a levantar el pan y cosechar el beso,
pero te hieren pues ese es su destino de sierpe.
Ellos,
que salen al paso del poeta
en las llanuras cubiertad de miel
y que hunden sus garras
en el néctar que la palabra liba,
mancillando su raíz virginal.
Ellos,
los todos poderosos señores de la miseria,
vienen rompiendo los sueños
que los enamorados posan en las esquinas.
Yo combato su incompetencia desbocada
con las armas que al poeta defienden,
con mis versos, hoy vestidos de guerra.
Caes desde el fondo de tus ojos
como sutil gota que impasible
se detiene ante mi ávida mirada
Caes desde la nieve, palpitando
corazones que huyen de todo
y que a todo se enfrentan por un beso.
Caen ante mí, ¡oh, fugaces quimeras!
tus espacios, tus leyes,
y una lágrima que, herida, sabe de destierros
y a lo lejos, tu última palabra;
caen desde el centro de tu pecho enmudecido
sobre frutales que pronto tornaran al fruto,
sobre la tierra que se expande en barros
y que se llevará el tiempo en memorias perdidas.
Caes desde mí, desde el infinito
horizonte que me aterra,
desde la calle que me mira con ojos infelices.
Caes y así empapas mis besos
en posición de espera para siempre.
Nota para todos mis compañeros poetas:
He estado navegando por algunos blogs y foros en internet y, cuál será mi sorpresa cuando he descubierto poemas míos copiados íntegramente y firmados con otro nombre (dándose incluso la circunstancia de que el plagiador manifiesta tener los derechos sobre ellos)
Como supongo que esa práctica es más habitual de lo deseado, me gustaría informaros de estos hechos para que, por un lado,podáis tomar las medidas oportunas en pos de evitar que esta incómoda situación pueda afectar a vuestros trabajos y, por otro lado, informar a todos los lectores de mi blog que tengo toda la obra protegida con su correspondiente registro y que puedo ejercer las acciones legales pertinentes para proteger mi obra
Yo te espero en las hojas
que se abren en tus pechos - y tú lo sabes-
en las paredes donde cuelga la memoria.
Te espero porque tu voz sube hacia los aires,
para que tu labios se pronuncien por mis labios.
Yo te espero -y tú lo sabes-
en la estancia donde mora una copa vacía,
un violín dormido y el jazmín que muere en un florero.
Te espero en el te quiero,
en las zapatillas que bailan sobre los relojes,
la historia que anda buscando melancolías,
los hoteles bravíos de Extremadura -y tú lo sabes-
tú sabes la elevación exacta de mis manos abiertas,
mis ojos pronunciando azules imágenes en las retinas,
la suavidad del llanto en continuo retorno
y mis labios en la espera de tu lengua -y tu lo sabes-
Me amas y no me amas, -pero acaso tú lo sabes-
me tiendes una mano, que eléctrica,
se forja en pantallas encendidas
y me sometes a la pena que emerge
de montañas distantes, mares y zapatos; distantes.
-Porque tú lo sabes-
Tu sabes el trabajo del verso cada día
bajo la sombra amada de la fotografía.
Así te amaba yo
como a las hojas tristes de los árboles
que rotas caen bajo los cascos alados,
de jóvenes jinetes que parten hacia la vida.
como a la lluvia que se desliza hacia tu boca,
como a la mar que mece el ancla solitaria.
Así te amaba yo,
como al crepúsculo que se muere por tus ojos,
como a la noche oscura donde se intuye tu derrota,
como al beso herido que huyó vencido.
Así te amaba yo.
Dejé de oír tu voz quebrada,
dejé de ver tus vasos de porcelana fría,
dejé de sentir la sed que por tus ojos tenía,
y de tomar el néctar de tus labios retrocedidos.
Porque ya se fueron, ya se hundieron,
ya se han muerto lamiendo la mentira.
Así te amaba yo.
Pero ya se cansó mi voz de esperarte
en el lecho de tu amada ausencia
y en el ocaso frío de tu aliento,
se cansó mi voz de no amanecerte.
Pero así te amaba, sí, así te amaba yo.
José Cercas nació hace ya casi medio siglo en Santa Ana, provincia de Cáceres. Un pueblo donde la naturaleza y la vida hacen causa común. La belleza de sus horizontes es sin par. Esa dehesa que Cercas describe también en algunos de sus poemas.
A él, digo a Pepe, digo a José Cercas, le forjo el tiempo su espíritu poético, ese don de aires y sentimientos que le acompaña siempre.
Sus primeros pasos poéticos los da en las postrimerías de los años 80, donde la historia que se vive en esos días y el amor (siempre ese amor), forjan en él aquellos primeros versos de ilusión y aventura. En aquella época conoce a varios poetas que una manera o de otra marcaron sus escritos. Con ellos recorre el Madrid de los Austrias entre cervezas y poemas.
Luego la vida da un giro radical y deja de escribir casi 15 años. Pero él es poeta, y esa poesía estaba ahí madurando y cuando diversos acontecimientos surgieron, hicieron que ese volcán pompeyano eclosionara hacia una nueva aventura de versos y vida.