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Cuentos Encarnados

Blog dedicado a los cuentos de Encarnación Guerrero Amores.


UN BRUJO CONVERSA CON SU HIJO

 


 


 


 


 


 


No debes nunca desear el mal ajeno, hijo mío. –Le decía un brujo a su hijo que le miraba con los ojos muy abiertos- Porque nosotros tenemos mucha responsabilidad. Lo que deseamos se cumple y si lo que deseamos es un mal podemos hacer mucho daño.


 


-Si Padre. –Dice el brujito.


 


-¿Lo has comprendido bien, hijo?


 


-Si padre. Ahora comprendo.


 


-Qué es lo que comprendes.


 


-¿Se acuerda de Hilario, ese vecino que le cae tan mal, y le tocó la lotería?


 


-¡Bueno y a qué viene eso ahora! –dice el padre malhumorado.


 


-Pues que al ir a cobrarla, su mujer le había lavado el pantalón.


 


 

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MAR DE FONDO

 


 


En la costa Sur de Andalucía (cercana al Estrecho) cuando en mayo hace bueno, aparecen en la playa los primeros bañistas. Aquel año no fue así; me alegré. Mi familia se compadeció por mi mala suerte. No sé por qué les hubiese gustado recibirme con un tiempo soleado. Yo, que había pasado el año estudiando en Madrid, deseaba encontrar, por unos días, un mar embravecido, olas rompientes, cielo gris, sensaciones inesperadas...Una playa veraniega con bañistas ya la conocía; poco podría sorprenderme.


Al día siguiente me acerqué; había mar de fondo. El cielo estaba gris. La superficie se movía, formando lomos cada vez mas grandes que, al acercarse a la orilla, se abrían en crestas espumosas cayendo con estrépito en la arena. Un niño jugaba en la playa lejos de la orilla, cerca de su casa. Varios surfistas, se dejaban llevar sobre la cresta de las olas de pie sobre una plancha. Me seducía observar la agilidad de sus movimientos.


Las olas iban ganando terreno salpicando más cerca. Retrocedí; la última me había alcanzado de lleno, casi me tumbó, estaba empapada. Miré al lugar  del niño y no lo vi.


-¡Mi hijo! ¡Mi hijo! –escuché.


Un bulto, que casi no distinguía, era arrastrado por las olas. El último de los surfistas  quiso cogerlo; se le escapó. Decidí ir tras él; se alejaba cada vez más. Continué, tenía que alcanzarlo. Cuando pude  llegar a él, mis pies no tocaban fondo.


-¡¡Socorro! –grité extenuada sin soltar al niño.


Oí una lancha motora a mis espaldas.


¡¡Socorro!! –volví a gritar -¡¡Aquí!! -Agarré al niño con una mano y con la otra daba manotazos para no hundirme.


-Tranquila. Soy el socorrista. Agárrese a esa cuerda que tiene mi compañero, yo cogeré al niño. Subimos a la lancha;  le hizo la respiración artificial...No respondía... en el colmo de la desesperación volvió a repetir. Se oyó un golpe de tos expulsando agua; lo puso de lado. El niño comenzó a llorar. Hizo señas a su compañero para que girase hacia la orilla.


Extenuado entregó el niño a su madre que lo abrazó llorando.


-Lo ha salvado ella –y se dirigió a mí.


Sorprendida, no supe reaccionar. El rostro de aquel hombre se me quedó grabado. Me juré que no lo olvidaría nunca. Regresé a Madrid, continué mis estudios...


 


Las risas del jardín me distraen.


-¡Ha llegado del viaje! -me digo.


Miro por la ventana; Un grupo de niños (entre ellos mi hijo) están jugando con él. Casi no se le ve pues todos se han tirado encima. Yo sé que es él aunque no lo vea. Lo siento. Se me quedó grabado su rostro desde aquel día. Saca la cara por un resquicio y me dice: ¡Hola cariño!  


 


  


 


 


 

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VATICINIO

 


VATICINIO


 


Cuando yo tenía cinco años, mi mamá me llevó a una astróloga que le recomendó una vecina.


-Rosenda  -le dijo a su vecina- yo no creo mucho en estas cosas, pero me fío de ti. Tienes tanta fe en ella....


Fuimos de noche. Mamá no quería que nos reconocieran. Mi familia era acomodada y creer en esas supercherías denotaban poca cultura; mamá catalogaba a una astróloga dentro del grupo de videntes.


La astróloga le preguntó a mamá el día que nací, la hora, cuando abrí los ojos, en qué momento lloré y muchas cosas que no recuerdo.


-Mi hijo nació el año 1892, el 6 de marzo a las 2 de la mañana.


La vidente me miró como si me penetrara.


-¿Y qué desea usted que haga? –mientras le preguntaba, me dirigió tal mirada de suficiencia que me hizo sentir poquita cosa.


-Quiero que me hable del futuro de mi hijo.


La astróloga se puso en acción.


“Mercurio y Venus ascienden triunfales, desnudos, hacia el trono de Júpiter”-Dijo manoseando, con las uñas sucias, la bola de cristal.


-¿Y qué tiene que ver eso con mi hijo? –preguntó mamá.


- Quiere decir que cuando su hijo abrió los ojos, coincidió con ese momento; le aguarda una vida gloriosa. Su hijo será un triunfador.


Mamá arqueó una ceja y me miró; “este hijo mío es enclenque, bajito para su edad, con una voz delicada,  insegura  y cuando llora parece un gato”...


-Le pagaré cuando se cumplan esos vaticinios –sentenció mamá desconfiada.


La astróloga se enfadó. Le dijo; que sabía quien era, que correría la voz diciendo que había acudido a ella para saber el futuro de su hijo, que no le había pagado... Mamá muy seria le preguntó.


-¿Dónde está su título de astróloga?...La denunciaré a la policía.


La supuesta astróloga abrió la boca y la volvió a cerrar.


Con ese gesto, mamá supo que había ganado la partida.  ¡Que lista era!


¡Vámonos  de aquí paquito!


 


No sé si sería el vaticinio o mi amor propio herido por la desconfianza de mamá (no en vano soy gallego) pero triunfé, aunque a muchos les pesó...Se entera uno de tantas cosas desde el otro mundo...


 


 


Nota: Sólo es real: 


-que el personaje está muerto.


-que su nombre era Paquito


-Que nació en 1892


-Que era gallego. Je je je 


 

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PLIFSSSSS...

 


 PLIFSSSS;  se tira de un salto desde el trampolín. Desaparece bajo el agua, sale a la superficie......Snifff snifff snifff.... recorre nadando, a estilo mariposa, diez veces el largo de la piscina. Satisfecho de su hazaña, sale; los goterones resbalan por sus pectorales fornidos, ejercita sus piernas a toda velocidad como si corriera,  mueve el tronco contorsionándose a izquierda y derecha, se quita las gafas, el gorro de natación y se sienta en la hierba.


“¡Pedazo de hombre!” piensa la chica que le observa sentada a unos 20 metros. Deja transcurrir un cuarto de hora para disimular; se levanta;  sacude su melena,  la recoge en un moño, se coloca el gorro, camina sobre el trampolín y... PLIFSSSS;  se tira dando una vuelta en el aire y cae en picado, desapareciendo bajo el agua. A los pocos segundos sale...Achacun, achacun, achacun... recorre nadando, a estilo crawl, diez  veces el largo de la piscina. Sale, se quita el gorro,  sacude varias veces su melena y pasea por la piscina para tomar el sol (en el fondo quiere llamar su atención). El tanga deja su trasero descubierto. Se mueve airoso... pin  pan  pin  pan, y las gotas, que corrían por la columna, se deslizan picaronas por el caminito que forman los cachetes. 


“¡Pedazo de mujer!” piensa el chico. No la había visto nunca en el club náutico donde trabaja de socorrista. “Este club es de élite y seguro que pertenece a una familia rica”. Y sólo de pensarlo tiene una erección.


Es un chico ambicioso y quiere progresar. Estudia arquitectura  y, cuando acabe, sueña con ser rico. Es una carrera que da dinero, por eso la ha elegido. El trabajo de socorrista en el club le ayuda (su familia es modesta) y le da oportunidad de camelarse a alguna chica de familia acomodada.


Después del paseo, ella se sienta donde estaba. Él se acerca decidido.


-¡Hola! Me llamo Michel, no te conocía. Soy el socorrista del club aunque no creo que me necesites porque he observado como nadas.


Ella es profesora de gimnasia. No pertenece al club pero como gimnasta tiene alumnas que son socias, la conocen y le permiten la entrada. Prefiere no decirlo. La halaga que un chico tan guapo se haya acercado.


-He venido poco por aquí. -dice coqueta- Regresé hace unos días de Manhatan. 


Es cierto que ha ido porque le gusta viajar a costa de muchos sacrificios, incluida la alimentación.


-¡Que interesante! Es el mejor barrio de Nueva York. Me interesa porque estoy estudiando arquitectura. ¿Has visto el Empire State Building?  Es un rascacielos precioso.


-Si. Estando en Nueva York no puede una perderse semejante rascacielos –dice evitando repetirlo en inglés pues sólo sabe algunas palabras.


-¿cómo te llamas? –le pregunta interesado.


-Carol


Y siguieron charlando animadamente.


-Carol, me gustaría invitarte a cenar. Así continuaremos esta conversación.


Carol asiente emocionada. La llevó al Hotel Cristina, el mejor de la ciudad. Después de cenar pasaron al salón de baile. Al final del baile dijo ella mas confidencial.


-Esto es muy serio, vamos a una discoteca.


“Las niñas de papá están muy salidas” pensó, pero le pareció normal.


En la discoteca la música es muy alta;  no se puede hablar y se van directos a la pista.


-¿Qué haces los domingos? –Le pregunta él mientras bailan.


-Voy de senderismo con los amigos.


-¿Ah Sí? Y le acaricia suavemente la espalda y, como no dice nada, baja lentamente hasta el trasero...Silencio...acerca al pecho, la mano que tiene agarrada a la suya, se lo aprieta, y no dice nada. Le pellizca el pezón y tampoco dice nada. Tiene una erección, nervioso titubea.


-¿Vamos aaa miii casa?


-¡Vamos!


“Que chica mas atrevida. ¡Vaya con las ricas!” piensa. Entra en su casa, la echa sobre el sofá, se morrean, le pasa la mano por debajo de la blusa y no dice nada. Le desabrocha los botones, se baja la cremallera, la besa cada vez más, se pone encima de ella y entonces la oye...No , no, así no. No tomo la píldora, me sienta mal.


-Podemos hacer marcha atrás –dice él nervioso.


-No, no.


Abre su bolso, le da un condón. Se lo pone.


Ve algo en el suelo que se le ha caído del bolso. Es el carné. Lee la dirección.


-¿Vives en La Moraleja? –Pregunta contrariado.


-¿Qué te pasa? –dice ella mirando a la entrepierna.


Él se mira.


-No lo sé, no me había pasado nunca, no lo entiendo.


“Joder no es rica”. Se dice. Sin embargo desea quedar bien como hombre. Piensa en imágenes eróticas, en alguna escena de Maradona...Nada.


-No te excito -dice entristecida.


-Si mujer, me excitas mucho. “Mierda con la gomita...y encima no es rica”


-No te preocupes –dice ella y sonríe para no darle importancia...


Se levanta y mirándole de reojo se viste poco a poco. Hablan de trivialidades para alargar el tiempo...¡Adiós! se besan en las mejillas. Mua mua...”Me alegro de haberte conocido”...Cierra la puerta aliviado.


 


 


 


   


 


  


   


 


 


 


  


 

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EXTRAÑA CENA DE NAVIDAD

 


Desde pequeña me gusta la cocina. Ya a los seis años,  me ponía al lado de mamá imitando con sus juguetes lo que ella cocinaba. Ahora,  todos saben de la habilidad que tengo en el arte culinario y por eso me han hecho responsable de la cena de Navidad. Estoy en la cocina. Delante tengo unas chuletas de cordero y pienso en un tipo de salsa para acompañarlo. Un ramito de violetas que me ha enviado mi novio me recuerda una receta.


Comienzo a hacer la salsa sin advertir que me he hecho un corte y mi sangre se va impregnando con los hojitas de violeta que deshojo sobre la cazuela. Muelo los pétalos con el anís y lo mezclo con el puré de manzana hecho de antemano.


 Al llegar la noche, El árbol de Navidad brilla con luces de colores en el que cada uno ha colocado sus regalos. Nos los repartimos muy sonrientes, satisfechos de encontrarnos juntos y eso nos llena de felicidad porque somos una familia muy unida. La música de fondo “Navidad, Navidad, dulce Navidad”...llena de lágrimas nuestros ojos...Sin sospechar que lo que va a ocurrir en esta cena de Navidad marcará un antes y un después.


Nos sentamos alrededor de la mesa, mientras traigo el cordero de la cocina. Papá bendice la mesa con mucho recogimiento. Después reparte el cordero y mamá hace lo mismo con la salsa. Terminamos de comer la primera chuleta con su salsa correspondiente y...


Un suave aroma a violeta comienza a invadir el salón. La fusión de mi sangre con las violetas resulta ser explosiva y los villancicos dulces y tiernos ablandan nuestras entrañas...


Me siento alterada.  Echo una ojeada a mi alrededor sin comprender lo que ocurre. Papá y mamá se miran  con lujuria,  mi hermana alarga el zapato hacia la entrepierna de su novio y los ojos se le salen de sus órbitas. Mi abuelo, que padece de parkinson, se acerca tembloroso a mi abuela y la besa en la boca...Y mi novio se arrima haciéndome guiños de complicidad. Un fuerte picor me invade y siento el imperioso deseo de irme con él...”a surcar los mares”. Después ya no se... 


 


FELICES Y EXTRAÑAS NAVIDADES JE JE JE


 


Dedico este cuento a mis queridísim@s arener@s. Me dirijo a tod@s porque si se me olvidara alguien y sufriera por ello no me lo perdonaría. Besoooooooooooooos


 


 

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LE DIJE ADIÓS

  


Le dije adiós...


porque su cuerpo se estremecía y temblaba


de pasión,


pero sus labios se cerraban ocultando


nuestro amor.


 


 


Le dije adiós...


pues en la noche su ternura me encendía


con ardor,


y a la mañana se marchaba silenciando


su emoción.


 


Le dije adiós...


al sentirme rechazada como furtiva


sin honor,


a quien se retira el saludo por vergüenza


o pudor.


 


Y le dije Adios...



 


 


 


 


 


 

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EN LA NOCHE

 


 


 


Confundido entre lo negro


dos luceros se destacan


y me acechan por la noche


escondido entre las ramas.


Luceros incandescentes


penetran en mis entrañas


y descubre en su fulgor


el secreto que guardaba.


Encendida de pasión


como fuego de escarlata,


jadeando de placer


con temblor entre sus brasas,


y susurros anhelantes


le ofrecí mi flor temprana.


Ahora quiero que sepas,


madura, pero lozana,


aunque sea por escrito


amparada en mis fantasmas,


que aquella noche entre hierbas


se quedó prendida mi alma.


 


 


 


 


 


 

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UN BUEN COÑAC

 


 


El señor Barberán ha comido con los compañeros de trabajo. Celebra su 60 cumpleaños y, como hacía tiempo que no bebía, está algo alegre. Camino de casa siente ese tipo de euforia que invita a tomar una copita de más.


Entra con sigilo y saca de la vitrina una botella de coñac, la única que tiene desde que el médico le prohibió beber. Se sorprende al comprobar que está vacía.


“¿Cómo puede ser?” -Se pregunta.


Queda pensativo.


-¡¡Es ella!! -Casi grita-  Con razón la he notado extraña últimamente. 


Se refiere a su mujer. Hasta ahora había notado que el nivel de la botella bajaba pero nunca la había encontrado vacía. Se acerca a la cocina, la besa y la mira fijamente.


-¿Qué te pasa cariño?


-Nada, nada –dice él evasivo.


Prefiere decírselo cuando tenga pruebas. Quiere sorprenderla con la manos en la masa porque conoce el carácter de su mujer. Además todos los que beben lo niegan.


“No quiero que mi mujer se convierta en una alcohólica como me ocurrió a mí” –se dice.


Pero no sabe como la va a vigilar porque tiene que ir todos los días al trabajo. Decide comprar una botella nueva y la introduce con sigilo en la vitrina con el propósito de comprobar si ocurre lo mismo. Efectivamente, cada día baja de nivel y él no ha probado ni una gota y su desesperación va en aumento porque no encuentra el modo de descubrirla


Se le ocurre un plan de emergencia. Va a la farmacia y compra una pastillas contra el estreñimiento.


Aprovecha que su mujer está en la cocina preparando la cena para deslizar dentro de la botella un puñadito de pastillas. Después de cenar se acuestan.


Al amanecer la mujer no encuentra a su marido en la cama. Está sentado en la taza del wáter, lívido, retorciéndose de dolor. 


 


 


 


 


 

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