Hola: ya sé que el autobombo es una cosa muy fea, pero es que si no me promociono yo no lo hace nadie: podéis comprar mi libro - si os da la gana, claro- en la casa del libro, también on-line. Que lo sepáis. A ver si supero los dos ejemplares. Debería haber contratado a Andy Warhol.
O tal vez no, ya que desde 1987 no contesta al teléfono.
Besos a todos y a todas. Explicaré algo más adelante de mi viaje por Sevilla y aledaños, pero ahora estoy muy cansado - sobrevivir a un avión siempre me cansa.
Añado, además, una entrevista del todo prescindible - por las respuestas, que no por las preguntas, obra de Javier Pérez-Ayala :
Entrevista
2010
01.15
Jerónimo Fernández Duarte, de profesión médico acaba de publicar su segundo libro individual de poesía con la editorial poesía eres tú, anteriormente a participado en libros colectivos y sus poemas han aparecido en varias revistas de literatura.
P.- La melancolía de las grúas es un título muy nostálgico y el poema que da título al poemario habla con mucha certeza de esa nostalgia de actividad, quizás un poema publicado en un momento idóneo debido a la crisis económica, donde mucha gente que se encuentre en paro se puede ver reflejada su situación en ese poema. Me imagino que no fue esa la intención del poema. Nos puedes hablar como surgió este poema.
R.- Desde la ventana de la consulta se ven dos letreros de “se vende”. Llevan ahí dos años. En la calle de al lado se construía un edificio que estuvo un tiempo parado. La verdad es que las grúas parecen dinosaurios, manadas de dinosaurios pastando al atardecer. De ahí viene el poema. Una amiga me dice que soy bueno cuando me pongo elegíaco. Qué buena es ( risas)
P.- Cataluña es una tierra rica en poetas, en tus poemas se nota la presencia del mediterráneo, las playas, el mar. Es inevitable quizás esa referencia cuando se vive en un pueblo bañado por el mar. ¿Es tu poesía una herencia de esa tradición de poetas que han tenido el mar por compañero en sus escritos?
R.- No tanto por tradición poética como por experiencia vital. La playa es para mí el espacio erótico que para otros es el cine. Ahora caigo que nunca me la imagino vacía. Además, no le hago poemas a las gaviotas – las odio- ( risas) sino a chicas con bikini o sin él… En fin, creo que viviendo aquí es casi inevitable.
P.- Podríamos definir tu poesía como una poesía realista pero no está ausente en ningún momento de metáforas, una poesía que se entiende y en la que el lector se puede ver reflejado. Muchas voces hoy empiezan a decantarse por una poesía que se pueda entender. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación que Joan Margarit recomendó recientemente en sus nuevas cartas a un joven poeta?
R.-No he leído aún las nuevas cartas a un joven poeta. Mmmmm. Es complicado ¿ Qué quiere decir “entender”? ¿ Quién lo tiene que entender? Yo no pienso en nadie cuando escribo los poemas. Tampoco los escribo a propósito para que no se entiendan. Creo que el poema debe ser personal y transferible y también que un poema no es un menú o un billete de metro, así que la gente debe esforzarse para entenderlo. Joder, si se esfuerzan en entender el recibo de la luz ( risas)
P.- No te voy a preguntar por la Gripe A, pero quizás la poesía funcione un poco igual que la dichosa gripe, se contagia en un público minoritario paciente quizás de una pandemia que se podemos llamar poesía. ¿Crees que podremos considerar alguna vez a la poesía una pandemia o tendremos que seguir siempre siendo una minoría maravillada por este noble arte?
R.- No creo que las condiciones de contagio sean las adecuadas: nadie les lee poesía a los niños, la poesía no está presente en la vida cotidiana más allá de “la semana de la poesía”, “el día del poeta” o una chorrada similar. Parece algo como de astronautas o trapecistas, algo muy alejado de la vida diaria. Creo que el problema estriba en que la poesía demanda esfuerzo y da poca satisfacción inmediata. Para ver la tele sólo tienes que sentarte en el sofá, y la poesía no es eso.
P.- Muy pocos libros publicados y mucha calidad en tus poemas, como editor me costó mucho convencerte para que esta Melancolía de las grúas viese la luz. Como lector me he quedado con ganas de más poemas tuyos. Decía Rilke que el poeta no puede evitar acudir al papel ¿Habrá una tercera entrega?
R.- Gracias por lo de la calidad, todo es relativo. Nadie sabe lo que hará mañana pero espero que sí, que haya tercera entrega, y cuarta, etc… No sólo son pocos libros, sino que son muy finos ( risas)… Es que soy muy lento, no tengo método… me apunté en un taller literario y no tenía tiempo para hacer los ejercicios. Me he comprado libros para aprender a escribir poesía y no es que me hayan ayudado mucho. Casi todos enseñan a escribir haikús ( risas). Yo empiezo a escribir un poema y tengo que reescribirlo en otro cuaderno y llevo varios cuadernos paralelos y después paso a la versión definitiva, la envío al editor, el editor me quiere publicar el poemario y yo quiero cambiar los poemas… Así no se puede ir rápido, sobre todo con mi profesión y con dos niños en casa.
P.- Al leer tu poemario me cuesta creer que seas un autor casual y se nota ese trabajo de lectura poética en tus escritos. ¿Cuáles han sido los autores que han dejado más poso en tus escritos o qué al leerlos más te hayan influenciado?
R.- Empecé a escribir poesía en 1998, con veinticinco años. Por qué entonces y por qué tan tarde es todo un misterio, pero desde entonces no he parado. He escrito y escrito y escrito. Y también he leído y leído y leído, aunque nunca seré el lector perfecto de poesía porque empecé tarde.
Si pienso en un autor que sin duda me ha influido es Gil de Biedma. También el resto de la Escuela de Barcelona, pero sobre todo Gil de Biedma. Y hay poetas que me gustan mucho pero no creo que me hayan influido en absoluto, como Dylan Thomas. Me falta muchísimo por leer y aprender. Pero no, de casual no tengo nada: claro, que podría haberlo hecho mejor ( risas).
Catalina Albert i Paradís causó un escándalo con su narración L’ infanticida con la que ganó els jocs florals de Olot allá por la década del noventa de hace dos siglos; no por la narración en sí, sino por haberla escrito siendo mujer. Por eso, adoptó el pseudónimo de Víctor Català. La novela que nos ocupa es de 1905. Ignoro si se ha traducido alguna vez al castellano, o si se va a traducir. Los que se llenan la boca de España sabrán el por qué no se ha hecho si ha sido así. Puede ser una buena excusa para aprender el catalán y leerla en el original.
Nos cuenta la historia de (Ca)Mila, una mujer gris, sin relieve, que acompaña a su marido Martí a hacerse cargo de una ermita perdida es unas impresionantes montañas. Desde el primer momento se pone sobre el mantel un tópico repetido en toda la literatura modernista catalana: la salud de la montaña y el vicio de las tierras bajas, pero después ese tópico toma un cariz peculiar. En la ermita, en lo que supongo la hosteria - hay una ermita cerca de Tossa, Sant Grau, que tiene edificio de hostería, y también existe un edificio anexo en otra ermita cercana, Santa Ceclina, que es una de las paradas en el camino de vuelta de El pelegrí- un pastor, Gaietà, se hospeda durante el verano, acompañado por Baldiret, un niño que le ayuda a guardar el ganado. Completan los personajes vinculados a la ermita un cazador furtivo, l’ Ànima.
La novela se plantea como un sistema solar donde Mila es el sol y los tres hombres y el niño son los planetas que la orbitan. Martí, el marido, es vago tanto para trabajar como para follar. Esto último está expresado de manera tan explícita como sutil en las distintas fases de su relación con Mila: al principio ella se muestra seductora, después muerde rabiosa la almohada del lecho matrimonial - el adjetivo no es gratuito cuando él se ausenta y cuando, hacia el final de la novela, él pasa todas las noches en la ermita, todo el temor de Mila es que se despierte y se atreva a tocarla, tal repulsa le produce.
El pastor y l’ Ànima son las dos caras de la naturaleza: el pastor, cabal, virtuoso, prudente, "que parece el hermano o el padre de todos", según Mila, es la figura protectora que la enorme soledad de la mujer encuentra. Sus rondalles - fábulas legendarias-, consejos y continua ayuda hacen la vida de Mila más llevadera y aunque está notoriamente desinteresado en el sexo - porque Mila es una mujer que sabe que los hombres la desean-, Mila llegará a desear, en su anhelo de que pase cualquier cosa, que el pastor se convierta en su amante. L’ Ànima es la némesis del pastor y viceversa. Descrito de manera brillante la primera vez que aparece como una bestia - a Mila le recuerda por sus dientes una perra que tenía- acecha sexualmente a la mujer desde el principio: es el sexo y la violencia, a los que es curiosamente ajena la mujer, que lo ve como se ve a un perro. Deseando a la mujer, se hace amigo del marido y lo introduce en el vicio del juego.
Baldiret es un personaje menos importante pero representa otra de las ansias insatisfechas de Mila: ser madre. A veces lo abraza sin poder evitarlo, lo peina, lo viste, llega a pedirle a su verdadera madre que lo deje estar con ella más tiempo en la montaña para no sentirse sola.
Como aquellos personajes de Conrad en medio de la selva, Mila en medio de la montaña también se ve asaltada por la naturaleza; como Madame Bovary, pero sin tener culpa alguna, ve su nombre manchado por las deudas: se organiza una romería - aplec- en la ermita ( dos capítulos sensacionales, maravillosos, para copiarlos a mano y saber cómo se utiliza la adjetivación, la puntuación y la gradación del ritmo para escribir) y los impagos a los proveedores desencadenan la tragedia: l’ Ànima convence a Martí de que puede recuperar las deudas jugando y MIla se queda algo más sola. Además, en el pueblo, se empieza a decir que está liada con el pastor - en esto también tiene que ver l’Ànima- y la tragedia mayor es la muerte del pastor durante una tormenta, al parecer accidental.
Todo eso hace que Mila, una mujer gris, atona, algo pétrea, fatalista - se casó con su marido porque no tenía una opción mejor y la tía que la alojaba ya era mayor-, dé no un paso sino un salto que debió sonar insólito en la época: abandonar al marido y decidir vivir sola, y no como desgracia, sino como elección.
No he citado a Conrad o a Flaubert de manera casual: me parece que la señora Albert i Paradís, autodidacta, que jamás asistió a un taller literario ni cursó una carrera, que no tenía derecho al voto, podría sentarse junto al marinero polaco y el francés de los mostachos en la misma mesa, sin ninguna vergüenza. Tenéis dos opciones: convencer a alguien para que la traduzca o aprender catalán.
Hoy hace veinte años que murió Jaime Gil de Biedma, víctima del SIDA. No he visto en el repaso a la prensa matutina - algo apresurado- que la noticia haya ocupado demasiado, salvo un suelto en la crítica cinematográfica a Cónsul de Sodoma, película ahora mismo en cartel sobre Jaime Gil.
Ya es conocida mi admiración por él y ya le he dedicado algún que otro artículo. Hoy republico un poema que escribí pensando en él y que está recogido en mi poemario Callan las sirenas. Hace alusión a dos poemas clave de Gil de Biedma: Pandémica y celeste y Desembarco en Citerea. No los reproduzco aquí porque así los buscáis y por el camino encontráis algún otro. Un abrazo a todos.
Siempre había creído que Lampedusa era un tipo triste; tal vez por el fatalismo que destila El gatopardo, su monumental novela, o porque ese fuera su único libro publicado. Me lo imaginaba solitario, decadente y triste en su sangrienta e inmóvil isla. Pues bien, este Shakespeare me ha mostrado su finísimo y jovial sentido del humor y su capacidad para disfrutar y transmitir su disfrute. Este libro corresponde a un curso de literatura inglesa que Lampedusa dió entre 1953 y 1955 en su casa, la mayor parte de las veces a un único alumno. En él, Lampedusa no nos explica tanto a Shakespeare como su relación con Shakespeare y sus obras, refiriéndose a ellas a veces como "mi esposa legítima" o sus "amantes" o "su querida".
Su primer contacto con Shakespeare fue de pequeño, cuando una compañía de cómicos errantes representó Hamlet en el pequeño teatro de Santa Margarita Belice, ante un público el 90% del cual era analfabeto, y que le hizo descubrir una de las peculiaridades del genio de Shakespeare: emocionar a todo tipo de público, letrado o no. Yo he vivido algo similar con Lorca: a principios de este año, en enero, se hizo una especie de homenaje al teatro aficionado de Tossa - hay una afición sorprendente, con media docena de grupos en un pueblo de apenas 6000 habitantes-, y una de las representaciones era un fragmento de Bodas de sangre. Por desgracia, y para mí es una doble desgracia porque la mitad de mi familia viene de Andalucía, todavía hoy, para una parte de Catalunya, el andaluz sigue siendo el tonto de los chistes. Al principio había murmullos y risitas. Pero a los cinco minutos no se sentía una mosca, la tensión se cortaba. La gente estaba como hipnotizada. Una de las actrices empezó a cantar flamenco y hasta los que creen que la Sardana es más grande que Beethoven notaron un nudo en la garganta. Al acabar, la cosa duró apenas 20 minutos, empezó una ovación cerrada, atronadora, con gente poniéndose de pie. Para mí, eso es el genio.
Lampedusa nos explica cómo era el teatro isabelino, como era su público, formado en su mayor parte por prostitutas y piratas y que eso explicaba el brutal y atroz gusto por la mutilación y la sangre, lo que me hizo pensar en el spaguetti western y en las películas de Quentin Tarantino y sus imitadores; pero claro: no todos los isabelinos eran Shakespeare ni todos los que hacían spaguetti western, Sergio Leone - solía decir, a propósito de ser el padre del spaguetti western "soy el padre, sí, pero de un montón de hijos de puta"-. Y por supuesto, los imitadores de Tarantino no son Tarantino.
Encuentro un acierto que no trate los Sonetos y la obra dramática como dos realidades independientes sino como dos cosas interrelacionadas, la evolución de la una como explicación de la evolución de la otra, siempre en la teoría del cansancio y hastío final de Shakespeare, que acabó abandonando Londres cuatro años antes de morir, sin que se sepa qué hizo durante todo ese tiempo. Y da en el clavo al afirmar que el que podría ser lema de sir John Falstaff, No sólo soy ingenioso yo mismo, sino que soy la causa del ingenio de los demás, es uno de los misterios mayores del genio de Shakespeare: no hay director de cine o teatro, o escenógrafo, o guionista, o compositor, o libretista, o actor o actriz lo suficientemente infame como para que en contacto con Shakespeare no mejore y hasta parezca tener talento.
Sólo un pero a este libro, en absoluto imputable a Lampedusa: sabe a poco. Forma parte de un curso de dos volúmenes publicado por Mondadori en 1990 ¿ Por qué Mondadori no lo ha editado aquí, hasta donde yo sé? ¿ Por la misma razón que no traduce a Malaparte? ¿ Sólo pueden editarse libros sobre la Santa Cena, sobre los misterios insondables del cosmos y sobre conspiraciones? ¿ Sólo pueden editarse libros que vayan a venderse? Ya es triste que Enaudi y la propia Mondadori rechazaran El gatopardo - gracias, Georgio Bassani, por rescatarlo- pero que una editorial pequeña como Nortesur haya de enmendarle la plana a Mondadori no tiene nombre.
Merece la pena leer a Shakespeare en compañía del Príncipe de Lampedusa.
Queria hacer yo un post literario, no sea que irrite cierta sensibilidad justiciera, más propia del verano que del invierno, pero todavía no he acabado de leer el libro que estaba leyendo porque hago todo lo posible para no acabarlo para que me siga durando y tampoco puedo hablar aún del libro que me ayuda a serle infiel, los Diarios de Warhol, que me parecen raros, tiernos y divertidos, como si fueran los de un personaje de Tim Burton. Como de mi libro ya hablé - creo que he vendido cuatro-, y no tengo a mano un texto que escribí ya hace un tiempo para la ocasión, lo único que se me ocurre es hablar de la jornada de compras el sábado en Girona.
Me encanta Girona. Es una ciudad que da la sensación de que allí no puede pasar nada malo nunca, como lo que buscaba Holly Golightly al ir a Tiffany's. Cuarteada por dos ríos perezosos, la catedral y sus casas de colores se miran en el Onyar y la Devesa hincha su pecho de paseo dominical del siglo XIX. Hay algo que debéis saber si vais en esta época del año: hace un frío que pela. A mí se me había ocurrido recuperar unos zapatos brasileños que nunca me han ido bien del todo quiténdoles los cordones, lo que les da un aire casual pero no los hace más cálidos. Mi mujer ya me lo dijo: luego no te quejes. Eso y la maldita sinusitis o lo que fuera que empezó la noche del jueves y que me ha tenido a ketoprofeno cada doce horas me hacían tener mal cuerpo. No dejé de temblar en todo el día, a pesar de mi chaquetón de cuero sintético negro modelo KGB 1970, la bufanda, los guantes y el gorro.
Girona tiene un color plateado, sobre todo en su casco antiguo, en sus casas antaño señoriales, en las callejuelas del call o judería y en ese mismo color plateado hay sombras malvas, índigo y púrpura, el frío congelado en los soportales. En la Rambla de la Llibertat tocaba un curioso combo de jazz de aspecto balcánico, frenéticas versiones de villancicos, acordeón contra trompeta y saxofón. Fuimos a comer a Le Bistrot, en la Pujada de Sant Benet, aunque el que está en lo alto de las escaleras es Sant Martí. El menú no ha variado, pero el precio sí; será que salir en una película ya sube tu cotización. El dueño o el que era el dueño, que parecía el hermano de Tim Burton no andaba por allí. Estaban muy preocupados por la mesa de los escritores: unos cuantos que habían quedado a comer, de los que sólo reconocí a Josep María Fonalledas. Otro que llevaba el pelo al viento y salió a fumar en camiseta también debía ser escritor. Recordé el desdén de Bowles por los que se vestían de artista. Yo no dejé de temblar durante toda la comida.
Fuimos a Zara y me acabé comprando unos botines color plomo que me hubiera puesto allí mismo si Carmen no me hubiera dicho ¿ Quieres decir? Volvimos al casco antiguo, contemplamos el Pont de Pedra reflejado en el río, callejeamos, miramos escaparates, fuimos llenando el saco de regalos. Librerías, tiendas de ropa, de artesanía... Encontré otra libreta del último diseño de Divinas Palabras para Miquel Rius, desaparecida la primera en el trabajo... Casi no tenía batería en el móvil y era muy difícil seguir el partido de la Continental. Y además el Barça perdía. Cruzamos el Onyar por el puente que hizo el discípulo de Eiffel. De camino al coche, pasando por delante de un bar de la Plaça Catalunya, vi el gol del empate de Pedro. Supe que ganaríamos. Un día perfecto si no fuera por el maldito frío que tenía en los huesos y lo mal que me encontraba.
Esta frase es ya mítica, junto al lanzamiento de zapatos de Fernando Arrabal. Yo a Francisco Umbral sólo lo he visto en persona una vez. Fue cuando fui con el dr. elnúmeroprevio a escoger plaza MIR y, para celebrarlo, nos acercamos al Café Gijón para ver si pillábamos a Umbral. Umbral era exactamente igual a sí mísmo. Le estaba explicando a un tipo que le reía todo lo que decía, que en todos los pueblos hay una tapia, y en todas las tapias, una hilera de viejos, y en la bragueta de todo viejo, una hilera de moscas. "por el azúcar, supongo". Después le dijeron que le llamaban por teléfono y se lamentó de que le hubieran descubierto "su guarida", pero que prefería eso al móvil, ya que una vez estaba en una casa de putas y lo llamó su mujer, a lo que contestó "Pero bueno ¿ Tú cómo sabes que estoy aquí?". Acabó su lección magistral obligando al camarero a removerle - tal vez en eso consiste el "mezclado pero no agitado"- la Coca-cola con Beefeather que se cascó a las cinco de la tarde.
Es en cierto modo triste que alguien que ha escrito Mortal y rosa y ha hecho un arte de la columna periodística pase a la historia de un país por una frase dicha a una periodista que le había hecho una encerrona. Mi frase favorita de toda aquella parrafada es sin embargo la de " Yo he dejado a unas personas, amigas mías..." y la pregunta final "Pero bueno ¿ Vamos a hablar de mi libro o no?.
Eso digo yo ¿ Voy a hablar de mi libro o no? Pues sí, venga, hablaré de mi libro: hoy se ha puesto a la venta - por ahora sólo en internet- mi segundo poemario, LA MELANCOLÍA DE LAS GRÚAS, que como ya habréis adivinado, contiene muchos de los poemas que han ido apareciendo aquí, así que os podéis ahorrar los 12 euros que cuesta - de los que recibo 1,2- pero perdiendoos los retoques que he hecho en los poemas, poemas inéditos - esto ya es de remix de los Beatles- e incluso mi asombrosa biografía y lo guapo que salgo en la foto. Total, que digo yo ¿ De verdad, de verdad no os hace ilusión comprar el libro? Pensad que es por una buena causa, que tengo dos hijos. Y si no lo compráis no pasa nada - tranquilo, Miguel, que yo te compraré el tuyo aunque tú no compres el mío.
En unos días también se distribuirá en algunas librerías, incluyendo, o así me lo han asegurado, la Casa del Libro de Madrid - hombre, los de Madrid, más fácil no puede ser. Incluso dice mi editor que si se le solicita al librero de confianza de cada cuál y este lo solicita al distribuidor, los libros llegarán allí donde estéis. En fin, os dejo los enlaces y por supuesto sin compromiso.
Parece que fue ayer, pero hace ya dos años que entré por aquí, desde la página de La Casa del Libro, sin saber lo que era un blog, un comentario, un tag ni la madre que los parió a todos. Lo que más me sorprende es lo deprisa que pasa el tiempo: no me extraña que la muerte nos sorprenda siempre. En estos 730 días han pasado muchas cosas: he podido publicar poemas y recibir los comentarios que me haciais y las sugerencias; reseñas de libros, que he descubierto como una vocación, algo muy divertido y otras cosas. También ha habido dos conatos de marcharme, por agotamiento, por cansancio.
Lo he dicho varias veces pero lo digo otra: no disfruto como al principio y hay cosas que me enervan y no todas son por el malfuncionamiento de la página - es peor el silencio del administrador. Cada cierto tiempo aparece alguien recordando que esta es una página de literatura, pero sin proporcionarnos ni un gramo de ella. Me jode que la gente se meta en el quehacer de otra gente, no puedo evitarlo. Me joden las polémicas estúpidas que parece que van a la baja y me la suda a quién vote cada cual. Agradezco a blogueros como Preludio o Miguel Soria que persistan en su oferta pura y dura de narración sin más. Los cito a ellos y podría citar a otros, pero me gustaría resaltar que ellos sólo pretenden compartir lo que escriben, que la gente lea y comente si les da la gana y no se pelean con nadie. Es encomiable y de mayor me gustaría ser como ellos.
He estado muy enganchado a esto, a veces con ribetes preocupantes. Ahora ya no. Desapareceré cualquier día y no es una amenaza, sino una constatación porque me conozco. No vengo corriendo con lo primero que escribo como me pasaba antes pero no pretendo que penséis que os hago un favor enorme por seguir escribiendo. Ni mucho menos, sé que yo no soy importante o no soy más importante que cualquiera. Lo único que he pretendido durante estos 730 días es que os sintierais a gusto aquí, que os sintierais con la libertad de comentar o no y que leyéramos libros juntos. Escribir es un asunto muy serio y leer también lo es. Yo he descubierto aquí mi vocación ante todo lectora. Escritor se hace uno escribiendo.
Entre las cosas pasmosas que me han pasado contaría el comentario de alguien que decía ser el traductor de El lecho de Procusto, la oferta que me hizo la intrépida Gabriela Bustos Vadillo para colaborar en una nueva revista y que el contador de visitas se volviera loco justo cuando hablé de la conquista del Polo Sur, perdiéndos 10000 de golpe.
Estoy orgulloso como sólo puede estarlo un idiota de la serie Chandleriana y de la serie No podíamos hacerlo pero lo hicimos. Me alegro de haberlas escrito.
Lamento las polémicas en las que he participado y todos y cada uno de los segundos en los que pueda haberos aburrido - no hay peor pecado. Lamento profundamente que una broma inicial con mi nick haya hecho que mi título académico aparezca por todas partes. En la vida diaria me guardo mucho de decirle a la gente que soy médico y me incomodan mucho los títulos y los privilegios - una vez me peleé para que me dieran una habitación simple en unas jornadas de las que era presidente del comité científico: me habían dado una doble.
Incluyo una lista de los cinco artículos más comentados.
Os pido perdón y os agradezco la compañía.
Jero.
Deaths and entrances - Arnal ya está aquí, 48 comentarios
Hace mil años que estoy aquí, pero como me encanta la cháchara os diré que nací en Barcelona, hace ya la tira de años, que me licencié en medicina en la misma ciudad y que después vine a vivir a Tossa por una mujer, que todavía me aguanta y con la que tengo - de momento- dos hijos.
He publicado dos poemarios: Callan las sirenas ( 2004) y La melancolía de las grúas (2009), colaboro en la revista cultural En tierra de todos de Ciudad del Carmen, México y me han publicado algunas reseñas de libros en los portales Novilis, de novela histórica y tengo una sección fija en el portal cultural Cultura en cadena. Pero no os confundáis:Sólo practico el noble arte de la mecanografía.
Creo que no hace falta decíroslo, pero estáis en vuestra casa, cuidadla bien.
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