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El morral de La Maga

"Tú no lees libros del mismo modo que los demás, ¡tú te los crees!" (Henry Miller, El libro de los amigos)


El pasado nos persigue (El lector, de Bernard Schlink)

Un chico de quince años conoce fortuitamente a una mujer de 36, con la que sostiene una relación amorosa durante un tiempo. Con un ritual ciertamente extraño para el adolescente (Ella lo ducha lentamente, después le pide que le lea libros, después hacen el amor) o por lo menos incomprensible, tanto como ella, los días y las semanas pasan para Michael, cada día más enamorado pero también cada día más perplejo ante las diversas reacciones de su amada. Y así, un día, con uno de esos arrebatos incomprensibles para el joven, Hanna, la mujer, desaparece. Él se siente traidor, culpable, cree que la desaparición de Hanna de su vida se debe, precisamente, a que él intentaba dejarla fuera lo más posible, la escondía y en el fondo, quizá, se avergonzaba de ella.
Pasan algunos años y Michael, marcado por su relación precoz, estudia Derecho y entra a un seminario en el que los alumnos presenciarán en vivo un juicio contra cinco mujeres acusadas de crímenes de guerra. Estas mujeres eran guardianas de un campo de concentración nazi y fueron las encargadas de trasladar a las mujeres judías a su cargo durante la marcha del oeste, sin embargo, un incendio en la iglesia donde se refugiaban durante una noche acabó con la vida de casi todas ellas, con excepción de una mujer y su hija, únicas víctimas-testigos del caso. A las cinco guardianas se les acusa de no haber abierto las puertas de la Iglesia para que las mujeres pudieran salvar su vida. Cuatro de las guardianas señalan a una de ellas como la principal responsable. Es Hanna, la ex amante de Michael, el cual acude al juicio con una avidez y constancia que extraña a sus compañeros.
Es una novela corta, escrita en una primera persona (Michael) que nos hace sentirnos más como leyendo un testimonio, una confesión, un diario. Son los recuerdos de un hombre, recuerdos sobre una mujer que quizá fue la única a la que amó (es una de las grandes interrogantes que se plantea Michael a lo largo de su vida), una mujer a la que se mantuvo atado de una manera u otra a pesar de todo, una confesión desgarradora sobre la conciencia de un hombre que se cree obligado a sentirse mal por el pasado de sus padres, de su pueblo, sin embargo, busca y busca ese remordimiento dentro de sí mismo sin encontrar nada, solo una mirada desapegada, embrutecida, empañada, una incomprensión y una contradicción muy compleja de sentimientos.
Michael siente, ante la propia Hanna y su relación, una especie de vergúenza, rencor y al mismo tiempo culpabilidad. Lo mismo siente ante los hechos de los que se le acusa a Hanna, y por tanto, de los hechos ocurridos en la guerra contra los judíos. Siente vergúenza y culpabilidad, o quizá cree que debería sentirlo, pero no lo siente. Es probable que lo que siente, o deja de sentir Michael nos pase a todos, alemanes o no, judíos o no, ante las atrocidades que sucedieron antes de que nacieramos. Y quizá nos sigue pasando ante lo que sucede pero no tocamos (Irak, Palestina, etc.). Es un dilema moral y filosófico que no tiene salida, porque contradice sentimientos y razón. Algo nos dice que deberíamos sentirnos mal por todo lo que pasa ante nuestros ojos (y es que ahora todo sucede, literalmente, gracias a la televisión, ante nuestros ojos) pero lo olvidamos tan rápido que luego nos sentimos culpables de no sentirnos culpables. Díficil. En La insoportable levedad del ser, Milan Kundera habla del eterno retorno y pone precisamente a Hitler como ejemplo. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz?, se pregunta Kundera. En la idea del eterno retorno, de Nietzche, la perspectiva de las cosas aparece de un modo distinto a como las conocemos, plantea Kundera; aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. El simple hecho de que el exterminio judío a manos de los alemanes hubiera sucedido una vez, y esa vez esté ya lejana a nosotros, diluye los sentimientos de horror. En el eterno retorno, la idea de un Hitler matando judíos una y otra vez, hasta el infinito, provoca la repulsión que creemos debería provocarnos el hecho cometido una sola vez. "El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia; todo, incluida la guillotina". Esta frase de Kundera puede aplicarse perfectamente, por ejemplo, a la visita que hace Michael al campo de concentración de Struthof. Michael viajó hasta ahí para ver de cerca el escenario, pensando que eso le ayudaría a conmoverse como creía que debía hacerlo, como su moral le indicaba que debía conmoverse. Michael lo describe así:
"Lo intenté de verdad. miré un barracón, cerré los ojos y alineé mentalmente toda una fila de barracones.Medí con mis pasos una de aquellas construcciones, calculé con la ayuda del folleto informativo el número de prisioneros que debían de ocuparla e intenté imaginarme la estrechez que reinaría allí. Sabía que los prisioneros formaban para la revista justo en aquellos escalones que separaban los barracones, y los llen´de desde el extremo inferior hasta el extremo superior del campo con espaldas alineadas en hileras. Pero todo fue inútil, y tuve una sensación de lamentable y vergonzoso fracaso". Y más adelante, también dice: "En mi primera visita estuve rondando por el terreno del campo de concentración hasta que lo cerraron. Luego me senté al pie del monumento que se encuentra por encima del campo y estuve contemplándolo desde allí. Sentía dentro de mí un gran vacío, como si aquellas imágenes que me faltaban no hubiera estado buscándolas fuera de mí, sino en mi interior, y ahora viera que dentro de mí no había nada".
La sinceridad es una de las ventajas de Michael, sinceridad implacable ante sí mismo, ante el espejo, no ante los demás. Pero yo me pregunto, además, si el hecho de despegarse de ese pasado, ayudaba a Michael a despegarse, por tanto de lo que Hanna había hecho y a perdonarla. También él tenía sus dudas. Quería comprenderla para perdonarla, pero no podía ni comprenderla del todo, ni tampoco se sentía que debía perdonarle algo.
Lo cierto es que Michael, a través de su vida, continúa atado a Hanna, ya en la tercera parte del libro, y descubierto el secreto de Hanna (el secreto que pudo salvarla de la cárcel), mantiene una comunicación con ella de manera indirecta, como si quisiera dar rodeos y no enfrentarse, como si no se atreviera a plantarse delante de ella pero tampoco olvidarla totalmente (otra de las ambigúedades e indecisiones de las que Michael es consciente pero no es capaz de resolver). Michael decide que continuará siendo el lector de Hanna y le manda cintas grabadas con libros a la cárcel durante los 18 años que Hanna pasa en ella. Ese es el único lazo que Michael es capaz de tender, pero le parece, durante un tiempo suficiente, aunque luego vuelva a sentirse culpable por ello.
Es una novela corta pero intensa, íntima en el sentido de que presenciamos las contradicciones de Michael, su evolución, sus dudas, sus miedos, su tremenda sinceridad. Una novela en la que sólo existe Michael y su interior, y con ella, su intento de arañar, de penetrar en el interior de Hanna, cosa que al parecer, nunca logra, por lo que sólo sabemos de ella a través de él, y con él asistimos a la frustración de no entender, de no saber, de no poder intuir que es lo que pasa por la mente y por el corazón de Hanna.

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Las canciones de amor favoritas de Juan Marsé

Algunas veces, escribir una reseña o un comentario de un libro no sirve para explicar lo que se siente al dar la vuelta a la última página. Esto es porque el libro ha provocado tal cúmulo de emociones tan íntimas que se sabe de antemano que no podrás explicarlas, y porque se sabe que cualquier comentario objetivo sería insuficiente. De hecho, no cabe la posibilidad de un comentario objetivo, pero uno subjetivo es tan personal que dificilmente otro lector podrá compartirlo. Se crean entonces falsas expectativas a los futuros lectores, porque lo más intenso, lo más revelador y lo más emotivo del relato leído está fuera de él, es tuyo, te pertenece sólo a tí.
Diré entonces, de una manera práctica y concisa, que Canciones de amor en el Lolita´s Club es, como otras novelas de Marsé, una novela de perdedores, una novela que esconde, bajo la furia aparente de sus personajes, una ternura y una soledad infinitas.
Siguiendo con lo práctico, la trama, básicamente, es sobre una prostituta extranjera y dos hermanos, uno imbécil ( o con algún tipo de retraso o deficiencia mental) y otro un policía alcohólico. El escenario, un club de alterne de carretera, puede ser cualquiera, puede pasar en cualquiera. Escrito así, el triángulo suena común y hasta tivial, insuficiente. Por lo que sólo me atrevo a decir que es una novela sobre el desamor, y como he dicho antes, sobre la soledad y la ternura. Es la última novela de uno de mis escritores favoritos, Juan Marsé.

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La vuelta a la infancia de Marisa Madeiri (Verde Agua)

Verde agua es una mirada al pasado, una reflexión sobre la vida, la que fue y la que es ahora, sin detenerse a pensar en la incertidumbre de un futuro que se conoce difícil. Marisa Madeiri, (esposa de Claudio Magris, también escritor), nacida en uno de esos territorios que pertenecen a un país y un día amanecen siendo de otro. Fiume, su ciudad natal, fue italiana hasta que Tito creo ese imperio ahora desmoronado llamado Yugoslavia. Entonces muchos de los habitantes de Fiume iniciaron el éxodo hacia Trieste, en donde Marisa y su familia vivieron como refugiadas.

Marisa tuvo una larga, muy larga enfermedad (murió de cáncer en 1996) y escribió esta especie de ?diario retroactivo? durante uno de los periodos en que la enfermedad remitió, entre 1982 y 1983. En estas páginas recuerda momentos puntuales de su infancia, su relación con su familia, la pobreza en que vivieron, el recuerdo de una abuela materna dominante, de una madre amorosa y sacrificada, los paisajes nuevos para ella, el aislamiento en el que vivió el resto de su infancia (al salir de Fiume a Trieste); todo este pasado bajo el prisma, las pinceladas cortas pero eficaces de su vida en el presente de la narración: sus hijos, su lucha por las mujeres más desprotegidas, su amor y compasión por cualquier forma de vida por pequeña que sea, y su serenidad ante la muerte, ante su propia muerte.

Este diario es como un enfrentamiento de Marisa hacia lo que fue su vida, lo que es, y lo que no se dice, esto es, lo que será. Tiene momentos muy dolorosos, casi trágicos, pero recordados con una fortaleza que parece ser el resultado de la soledad, el aislamiento, el exilio, pero sobre todo, por el amor que tiene a su familia, que la mantiene de pie y con una tranquilidad asombrosa hasta el último momento.

Vale mucho la pena leer el Posfacio, de Claudio Magris, para adentrarse en la personalidad de esta mujer; nadie como él la conocía y es como ver una misma cosa a través de dos cristales diferentes, el de ella misma, y el de su marido, el de un presente que recuerda a su pasado y el de un futuro inexorable que ya ha llegado y que permite a su esposo reflexionar sobre la escritura de su esposa, de su vida, de su actitud ante la muerte, sobre su corta carrera literaria, corta pero sin ninguna prisa, y que le ha valido ante la crítica la calificación de ?clásica contemporánea?.

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Las apariencias engañan (El mundo alucinante de Reinaldo Arenas)

Un mundo alucinante, la novela de Reinaldo Arenas, como predice el subtítulo, es una novela de aventuras, las aventuras y vicisitudes de Fray Servando Teresa de Mier, fraile mexicano que pasó la mayor parte de su vida en la cárcel y huyendo de ella. Una especie de road movie en donde todo lo que puede pasar pasa, y en la que nuestro buen fraile se ve inmerso en las situaciones más descabelladas, las más irónicas, las más alucinantes, superando siempre lo inverosímil pero casi siempre probable.

Reinaldo se sumerge en las Memorias de Servando, navega, toma como guía el testimonio del fraile, pero agrega su propia voz narrativa, que nos habla de la vida de este hombre, que le habla al propio fraile de su vida. Cada capítulo está visto desde tres perspectivas, la del personaje, la del narrador, y la del narrador hablando al personaje.

Es curioso como un personaje extraordinario, al que le suceden cosas extraordinarias, esté tan olvidado en la historia de nuestro país, y cómo Reinaldo lo rescata de ese olvido, y cómo esa vida exultante, dramática y azarosa de un fraile del siglo XVIII-XIX se parece tanto a la del propio escritor. Cárcel, persecución, libertad interna, lucha, Servando es igual que Reinaldo en lo provocativo, en lo rebelde, en lo tremendamente sincero y fiel a sus ideas y a su vida, en su fuerza, en su valentía, en no quedarse callado ante nada o ante nadie, en asumir las consecuencias con entereza. Muchas veces parecería que Reinaldo, más que hablar de Servando, habla de si mismo, se confiesa, se refleja en un personaje que en apariencia no tendría nada que ver con él.

Reinaldo anuncia desde un principio que esta es una novela y lo recalca, "recuerda que esto es ficción", sin embargo el grotesco mundo que se plantea y se recrea, a pesar de lo descabellado es verdadero, tan verdadero como las continuas cárceles y las continuas huidas del fraile, el constante ajetreo, el ir y venir de un país a otro, siempre con las idea fijas sobre su tierra, su deseo constante de volver y hacer de su país un mundo nuevo. Fray Servando fue ante todo un hombre que buscaba la libertad, no solo la propia sino la de su país, y en eso es en lo que quizá se asemeja más al escritor cubano.

Como en otras obras de Reinaldo, el lenguaje es transgresor, lúdico, con un gran humor y una ironía ácida, negra, amarga, pero también exuberante, frondoso, mágico, poético y sarcástico. Las aventuras son absurdas, ilógicas, paródicas, exageradas, pero también desoladoras y dramáticas.

El mundo alucinante es un juego, un intertexto, un diálogo entre Servando (a través de sus memorias, es decir, de sus palabras, de las situaciones tal y como el fraile cuenta qué las vivió) y la reinterpretación de la historia a través de Reinaldo.

También hay que puntualizar algo que menciona el propio Reinaldo en el prólogo: se ha dicho constantemente que esta novela tiene cierta deuda con el realismo mágico de Cien años de soledad, de Gabo, o con De dónde son los cantantes, de Severo Sarduy, escritas y publicadas después que Un mundo alucinante, lo cual comprueba lo poco que somos capaces de apreciar todo lo que nos quede fuera del ?boom? latinoamericano, lo poco que miramos a otros autores que no sean los ya ampliamente conocidos y mencionados constantemente, y lo poco que conocemos la capacidad creativa de gente que vivió de manera marginal dentro del mundo literario. También, como dice Reinaldo en el prólogo, demuestra ?sobre todo a los reseñistas y críticos literarios, que el tiempo no existe?.

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El curioso incidente del perro a medianoche

Este es de esos pequeños libritos que lees en un dos por tres, y cuando das vuelta a la última página, una o dos horas después de haber leído la primera, te arrepientes de terminar de leerlo tan rápido. Me quedé con esa sensación de alegría y al mismo tiempo insatisfacción que da a veces salir bruscamente de un mundo que te atrapó y absorbió desde el principio. Es una novela diferente.

Hay que decir que, para empezar, es diferente porque su protagonista y narrador, es diferente. Christopher es un chico de 14 o 15 años que no es como cualquier chico adolescente de su edad. A Chris le cuesta mucho trabajo relacionarse con el exterior. La gente habla a veces "con metáforas" y a Chris no le gustan las metáforas, son complicadas. También habla con mentiras y a Chris no le gustan las mentiras. Los estímulos externos se le agolpan demasiado rápida y bruscamente, y no le da tiempo a procesarlos. El lo explica muy bien, al decir que es como un ordenador (pc) que se queda colgado y luego hay que dar reset para que vuelva a funcionar. Y además, no entenderse o no entender a los demás, le pone muy muy nervioso, puede llegar a ser incluso violento. Chris es un chico autista. En lo interno, funciona con una lógica apabullante. Por eso le gustan y se le facilitan mucho las matemáticas, en las que encuentra tanto respuestas como refugio (cuando algo va mal "fuera", Chris imagina números primos o eleva el no, 2 a la "n" potencia)

Chris empezó a escribir este relato porque su maestra y amiga se lo sugirió. Él quiere escribir una novela de detectives (es admirador de Sherlock Holmes), y nada mejor que comenzar su historia la noche en que encontró al perro de su vecina muerto en el jardín. Chris decidió que indagaría quien mató al perro, y durante su investigación comienzan a revelarse muchos secretos que el barrio guarda (al estilo Wisteria Lane) y que podrían afectar incluso la vida del propio Chris y que quizá descubrirlos le resultará muy díficil de manejar.

Chris vive con su padre. Su madre murió hace dos años, y Chris va a una escuela especial (donde "los niños son idiotas, aunque no pueda decir que son idiotas") pero tiene muy claro hasta donde quiere llegar. Chris hará examenes de matemáticas y física para entrar a la Universidad y está dispuesto a sacar un notable a pesar de las dudas de consejeros y otras personas de la comunidad educativa. Pero el incidente del perro, ocupará sus próximos días, y es muy probable que incluso cambie su vida.

Este libro es de esos que de verdad me entusiasman, que podría volver a leer muchas veces, sin perder la emoción. Chris es un personaje entrañable y a veces, como a todos los que somos "normales", me resultaba exasperante. Pero entrar en sus pensamientos ayuda a entender un poco más no solo a Chris, sino a nosotros, esos "normales" que andamos por la vida creyendo que tenemos la verdad y que sabemos comunicarnos. Quizá muchos descubramos los secretos del barrio mucho antes que Chris, pero aún así, el momento de la revelación para el protagonista resultará conmovedor y emocionante.

Leanlo! De verdad, aprenderán mucho de sí mismos y de este mundo que nos rodea, porque estamos tan acostumbrados a el, que verlo con nuevos ojos nos hará redescubrirlo, y quizá nos encontremos con grandes sorpresas, como le pasó a Chris.

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La verdad es de quien cuenta la historia (Los amores imprudentes, Gustavo Martín Garzo)

Cuando lees una novela, no sabes que será lo que te atrapará, cual es el mínimo detalle que te conmoverá tanto que al momento de cerrar el libro puedes decir que te ha gustado. Muchas veces, son las historias secundarias, las paralelas, las que causan mayor impresión, por encima del hilo argumental central.

Los amores imprudentes es el viaje iniciatico de una joven de 25 años que va en busca del pasado, un pasado que no le pertenece pero al que está atada por medio de una medalla que cuelga de su cuello.

"Es verdad que contraemos deudas con nuestros muertos, pero esto no les daba derecho a pedir que nos inmoláramos tratando de completar lo que ellos no habían sabido o podido vivir"
, (pág. 85)

La protagonista es una francesa hija de exiliados españoles que luego de la muerte de su padre descubre una fotografía de una hermosa mujer sonriendo y un sobre que contiene un nombre y un teléfono. Lo curioso de la fotografía es que la mujer que sonríe a la cámara lleva colgada al cuello la misma medalla que su padre le regaló cuando cumplió 11 años.

Al ser incapaz de manejar su propia vida, atropellada por un continuo fracaso tanto en el terreno sentimental como en el laboral, la chica (y ahora que me pongo a pensar, no sé su nombre, ¿lo habrá mencionado alguna vez?) huye de París con el pretexto de encontrar la verdad sobre esa mujer que al parecer significó mucho para su padre. Viaja hasta un pueblo cercano a Burgos, en el que parece que todo el mundo oculta algo y todos tienes diferentes versiones de lo que pasó en el pueblo hace cincuenta años.

Nazis, mujeres trabajando en una empresa de conservas, una mujer rica, influyente y triste, una anciana que recuerda los años de feliz e irreflexiva juventud; una extraña relación entre una mujer que lee y cita las novelas de PD James y una chica agresiva y agreste; un hombre que guarda un oscuro secreto, son algunos de los personajes que nuestra protagonista encontrará en el pueblo. Es difícil acceder a la verdad, cuando la mayoría de los personajes de la historia ya han muerto y los que todavía viven parecen no querer contarla.

¿Y cuál es ese pequeño detalle que captó mi atención? Pues uno que se menciona, pero que no es esencial en la novela. Una hija va a averiguar el pasado de su padre muerto y al hacerlo descubre que su padre tuvo un gran amor. Esta hija es consciente que sus padres no fueron felices, que no se querían, y que la enfermedad larga y dolorosa de la madre contribuyó a esa infelicidad. Pero al ir tras el pasado, la hija se da cuenta de que esto viene de más atrás, de antes de que ella naciera y de que su madre enfermara y muriera, incluso de antes de que su madre conociera a su padre. A lo largo de la novela, la arrolladora pasión entre su padre y aquella enigmática mujer hace más patente la gris historia de sus padres. ¿Qué sentirá una hija al saber que sus padres no fueron felices, que no se querían? ¿Qué se siente al descubrir que hay un amor más grande, más profundo, interminable, y del cual no eres tú el resultado lógico? Es como pensar que eres protagonista de una película y luego darte cuenta que no eras más que un extra, un figurante, aunque con esperanzas a llegar a actor de reparto, pero no mucho más lejos. De repente me puso muy triste pensar en ello.

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Cómo sobrevivir fuera de la isla (Café Nostalgia, de Zoé Valdés)

Café Nostalgia tiene dos escenarios principales, La Habana y París

?París ha sido mi cuartel, La Habana mi idilio?
y básicamente es la vida y los recuerdos de una exiliada a la que le angustia la fama, que se esconde de ella y a veces, también, de los sentimientos de culpa que la persiguen, debido a un pasaje dramático que vivió durante su adolescencia. Pero ese pasado continúa ahí, tocando su puerta, (por más que ella se esconda y se refugie en la literatura de Proust) encarnado en Samuel, otro exiliado cubano algunos años menor que ella y que acaba de salir de la isla, refrescando toda su vida en Cuba y cuestionando su vida en París. La vida de Marcela es también la vida de sus amigos, de las decisiones de cada uno por permanecer en ?aquella isla? o salir de ella, de sus relaciones muchas veces telefónicas, de su miedo a enviarles las cartas que les escribe, de las costumbres que todo ?aquel-isleño? lleva cargando a cuestas por el mundo, como un caracol; de los olores y sabores de la Habana que permanecen en ellos a pesar de la distancia.

La historia de Marcela y sus amigos es la búsqueda de un lugar en el mundo donde poder sentirse como en casa, sabiendo de antemano que eso no sucederá más que en un lugar: el que han decidido dejar atrás. No he leído otros libros de Zoé Valdés sobre el mismo tema (Sólo he leído Lobas de Mar) y si bien este libro no se puede llamar autobiográfico en toda su extensión, por lo menos lo parece, pues resume muchos de los sentimientos y pensamientos de la propia autora respecto a su exilio y respecto a ?aquella isla? a la que ha tenido que dejar.

He hecho una relectura de la novela, ya que la primera vez lo que más me gustó es que conjunta en una sola novela dos de mis ciudades favoritas, pero creo que no es una novela que de mucho juego para una segunda lectura. Es una novela, eso sí, fácil de leer, rápida y que quizá guste a aquellos que se sientan identificados con la protagonista, ya sea en su pasión por Proust, en su exilio, en su amor por las dos ciudades, o en ciertas neurosis que la hacen recluirse y sumirse en un autismo justo cuando parece haber encontrado algo, ya sea fama, reconocimiento, una profesión que le gusta, o un amor.

Al reescribir este texto, ya he leído otro libro de Zoé sobre Cuba: La nada cotidiana. A diferencia de éste, en el que los isleños se van, en la Nada trata sobre los que se quedan. Escribí algo al respecto, ya lo pondré por aquí. Los que leen mi blog, ¿Encontraré a la Maga?, ya lo habrán leído.

Posdata: en mi anterior blog, un amable lector sin nombre me dejó este artículo sobre Zoé, o más bien, en contra de ella. Es una recopilación de sus errores en la novela "La eternidad del instante", Y una superficial mención de los hallados en "Lobas de Mar". Advierto a los que les gusta Zoé que no les va a gustar nada el artículo. Yo no puedo opinar, porque los libros que he leído sobre ella me gustan, incluida Lobas de Mar, (y no he leído La eternidad del instante) me gustan, y nunca ando buscando los datos reales en las novelas que leo, doy por hecho que son ficción y como tal, le dejo al autor que se tome las concesiones que quiera, ya sea por ignorancia, por omisión, o porque le da la gana. En cualquier caso, es muy interesante el artículo:
http://www.red-literaria.com/articulo_instante_zoevaldes.html

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La díficil costumbre de mantenerse vivo (Tokio Blues, de Haruki Murakami

La transición de unos adolescentes a la edad adulta, a la plenitud de la vida, resulta ser más bien un enfrentamiento, un paseo que tiene a la muerte como compañera.

"A partir de la noche en que murió Kizuki, fui incapaz de concebir la muerte (y la vida) de una manera simple. La muerte no se contrapone con la vida. La muerte había estado implícita en mi ser desde un principio. Y éste era un hecho que, por más que lo intenté, no pude olvidar".
Esta frase que dice Watanabe, el narrador, al principio de la novela, podría ser la síntesis, el resumen de las páginas siguientes, la conclusión de las historias (la suya y la de sus amigos) que nos irá revelando durante la lectura. Es el viaje particular de un chico en el proceso de integración muerte/vida.

En este mismo proceso se encuentran Naoko y Midori, las protagonistas femeninas, y ambas reflejan los caminos contrarios que Watanabe podría seguir, tanto de vida, como de la aceptación e integración de la muerte. Naoko, a la que su conocimiento de ambas, muerte y vida, la deja pisando territorios frágiles, terrenos movedizos y herramientas raquíticas para enfrentarse a su vida. Naoko paga con la cordura este enfrentamiento, y se interna en caminos lejanos a la realidad. En cambio a Midori sus paseos con la muerte la fortalecen, le inyectan aún más energía, más vida, la impulsan. El sexo, más que un refugio real y tangible, es una fantasía que la evade de la muerte que respira y vive a su alrededor, demasiado cercana para vadearla, demasiado concreta para negarla. En cambio para Naoko el sexo es algo imposible, el cordón que podría aferrarla a la realidad y a la vida, pero que es incapaz de asir.
"Estaba en la plenitud de la vida y todo giraba en torno a la muerte",
cuenta Watanabe recordando aquellos lejanos años, quizá convencido ahora, veinte años después, de que es un verdadero superviviente.

Continuamente leemos en las noticias, escuchamos en la radio, vemos por televisión, el aumento en la tasa de suicidios entre los jóvenes japoneses, pero todo queda en una mera estadística, como las de la guerra, como las de los desastres naturales. No conocemos su vida, ni sus razones para terminarla.

Esta novela, más que un acercamiento a los jóvenes que deciden terminar con su vida, es un acercamiento a los otros, a los que se quedan, a los que deciden quedarse (pues aquí la muerte es, más que un suceso inevitable, es una decisión), a los que intentan comprender por qué e intentan encontrar un sentido. La sensación que queda a los que sobreviven es la de estar en un pozo profundo y oscuro, en el que cada muerte acumulada a sus espaldas hundirá más. Son como fichas de dominó empujadas una por la otra, en una sucesión continua e interminable. El reto es romper, empujar hacia arriba. El reto es quedarse. Vivir. Watanabe intenta comprender, a la vez, sus propias razones para vivir y las razones de su amigo Kizuki para dejar de hacerlo(y las de Naoko, y las de Hatsumi, y quizá, en el fondo, se preguntará también las de tropa-de-asalto, su compañero de cuarto, del que sólo sabemos que un día no volvió a clase ni al dormitorio, y dadas las circunstancias, parece natural suponer que también se ha suicidado, aunque no se menciona claramente).

Midori es el mejor asidero que Watanabe puede encontrar para escoger la vida. Midori no se pregunta, no intenta comprender nada, solamente vive e intenta hacerlo intensamente. Naoko intenta aferrarse a la vida navegando por el tormentoso mar, profundo y tenebroso de la locura y de las muertes de su novio y su hermana, pero terminará por naufragar.

El título original de esta novela es Norwegian Wood, una canción de los Beatles que a Naoko le gustaba mucho, sin embargo, en España se le dio el título de Tokio Blues, que a muchos no gustó, pero que a mi me pareció adecuado, pues la vida de cada uno de sus protagonistas es una triste canción de blues que tiene como fondo, como escenario, una ciudad grandiosa, tremenda, y al parecer llena de historias de vidas tristes y muertes decididas, en las que parecería que la soledad es casi siempre, compañera inseparable de la muerte, pero también de la vida.

Norwegian Wood(this bird has flown)

I once had a girl,
Or should I say she once had me?
She showed me her room
Isn´t it good Norwegian Wood?

She asked me to stay
And she told me to sit anywhere
So I looked around
And I noticed there wasn´t a chair.

I sat on a rug biding my time
Drinking her wine
We talked until two
And then she said "it´s time for bed".
She told me she worked in the morning
And started to laugh.
I told her I didn´t
And crawled off to sleep in the bath.
And when I awoke, I was alone, This bird had flown. So I lit a fire,
Isn´t good, Norwegian Wood?

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