Bibiana, esa "miembra sin miembro" que, muy incidentalmente, nos recuerda aquella paradoja de Russell, tan conocida como famosa, poosee un florido huerto.En los muy escasos momentos en que sus acuciantes y
apremiantes labores ministeriales se lo permiten, suele ambular y deambular por tan bello lugar con el
propósito de aligerarse de sus enojosas tareas.
Hace un par de semanas,en uno de esos solitarios paseos, se topó con una tomatera que, inopidamente, se cruzo en su camino y, para ser justos, aquello fue un acontecimiento extraordinario.De repente notó
algo que, por trivial, no deja de ser pertinente:todos los tomates eran diferentes.Los había gruesos y
rubicundos, medianos y ligeramente decolorados, algunos con esa piel aterciopelada que los poetas, con
sus licencias, y siempre bienintencionados, atribuyen a las damas otoñales.Pero hubo algo que atrajo de
forma muuy poderosa su atención:había uno verde, pequeñajo y, además de un verde tan intenso, que contrastaba con el resto.
Con el mismo gesto de relexividaD que Rodin otorga a su Pensador, Bibiana llevó su dedo a la frente:
"hay algo erróneo-se dijo-pues el tomate verde es completamente diferente al resto.Y, para confirmarlo,
miró detenidamente aquel anómalo tomate:"no hay lugar a dudas-reflexionó en voz alta-este tomate es por
esencia diferente al resto:la forma y el tamaño varían, el color es desigual y, finalmente-alargó su
delicada manol para palparlo-la textura también es diferente".
Aunque los años del bachillerato quedaban muy distantes y, la verdad, ella siempre había tenido una vocación más flamenca que filosófica, aquel súbito descubrimiento alteró en buena medida el ritmo de su
paseo:ahora sus pasos eran más lentos y, cada dos o tres, se paraba, atenta sólo a sus rumiaciones:
"Bueno-se dijo-y, si es diferente¿por qué debo llamarlo tomate?.Esto no es más que puro nombre, un puro
y simple nombre", exclamó en voz alta, mirando displicentemente a la tomatera.
Seguramente sin saberlo, la "amenbrada" había llegado a la misma conclusión que aquel monje llamado Roscelin o Roscelino, compartida, por supuesto, por aquel Guillermo, inspirador del personaje central de la famosa novela de Eco.
Russell señaló que "el arte es tan importante como la ciencia".Y Nietzsche, que era mucho más propenso
al ditirambo, que "el arte es la única justificación de la vida".El primero se quedó corto.El segundo,
como corresponde a su talante y talento de hiperbóreo, acabó en la hipérbole.
La función de la ciencia, al menos tal como la entendemos hoy, es bastante espúrea.En efecto, la ciencia cumple respecto a la tecnología, una función similar a aquella que los pensadores del medievo
atribuían a la filosofía respecto a la teología:puramente ancilar.Y, no hace falta decirlo, algunos
usos de la tecnología son bastante discutibles.
Si analizamos el arte desde el punto de vista del receptor o, más concretamente, desde la emoción estética, podriamos señalar algunas notas distintivas.
En primer lugar, el arte verdaderamente profundo, proporciona al receptor una especie estado anímico
muy cercano al sobrecogimiento, algo similar a lo que Rudof Otto, refiriéndose a la religión, llamaba
lo "numinoso".Y lo "numinoso" ejerce sobre el que lo sufre una catarsis similar a aquella que, con toda
razón, Aristóteles atribuía la tragedia.
En segundo lugar, y bajo los efectos de una emoción estética aguda, se pierden los contornos que definen el espacio-tiempo.Las triviliades, que conforman el común de la vida, parecen desvanecerse y, por momentos, el mundo, como quería Platón, aparece "sub specie aeternitatis".
Y, finalmente, si la emoción estética es especialmente rica y continuada, puede desmbocar en lo que, tanto clínica como estéticamente, se conoce como el "síndrome de Stendhal", enfermedad bastante ajena
al común de los mortales.
Naturalmente, el efecto estético aducido es bastante variable, en función de los gustos y de las tendencias personales.En mi caso, citaría a los trágicos griegos, a Shakespeare y, genéricamente, a la
música del Barroco.
Se ha escrito que Yourcenar fue la primera mujer
en franquear el penoso umbral de la Academia.Y
esto no es del todo exacto.Habría que indicar que
quien lo hizo fue una especie de andrógino a la
manera platónica, mi-homme, mi-femme.Porque, en
efecto, Yourcenar sentía como una mujer y podía
escribir como un hombre;o a la inversa.
Como Graves-y seguramente por las mismas razones-
Yourcenar estaba especialmente predispuesta para
la novela histórica:excelente clasicista, viajera
infatigable-"sólo se está bien en otra parte"-,
dotada de una extraordinaria capacidad para captar el alma de sus personajes, no debe parecer
extraño que Memorias de Adriano sea una novela
monumental, en el doble sentido del término.Y la
trágica historia de amor entre el emperador y el
bello Antínoo refleja algo de su propia vida.
Todos los amores acaban siendo decepcionantes
pero lo son más aquellos que no llegarón a la
consumación.Y ello por una razón clara:en el amor
frustrado siempre queda la esperanza de lo que
pudo haber sido, aquella "promesa de felicidad"
que agudamente Stendhal atribuía al amor.A los
veinticuatro años, Marguerite se enamoró de forma casi desesperada de un joven fascistoide y
bello:André Fraigneau.Pero él no amaba a las mujeres, a no ser que fueran bellas y estuvieran
dispuestas a seducirlo.Y Yourcenar no lo era."Por
su físico, yo la encontraba casi fea".Aquello
debió dolerle y en El Tiro de Gracia, Sophie,que
es un trasunto de Marguerite, escribe:.."porque las mujeres se enamoran de hombres no destinados
a ella".
Pero Yourcenar no sólo tenía un gran talento para
la novela.Su ensayo sobre Mishima, una especie de
personaje de tragedia griega, ahonda en el vacío
existencial del gran escritor japonés.
En muchos sentidos, Yourcenar es, igualmente,una
anticipadora de la mujer moderna por la crítica del modelo anterior:"las costumbres no permiten en la mujer la pasión;sólo se les consiente el
amor:quizás por ello amen tan totalmente".
El materialismo es una filosofía tosca y, por lo
tanto, propia de espíritus toscos.
La admiración es el envés de la envidia
A veces la música está mas cerca de la filosofía
que la lógica.
Una forma de sentir piedad hacia los hombres es
imaginarlos en una larguísima cola camino de la
guillotina.
Hay un término que define la esencia de la vida
casi de forma icónica:inanidad.
La religión es el opio de los marxistas
Las mujeres muy raramente aman por compasión
Aquel hombre había pedido a los dioses que le
permitieran repetir su vida.Cuando uno de ellos
inquirió la razón, respondió:para repetir los
mismos errores.
La democracia es, sin ningún género de dudas, el
más perfecto de los sistemas:permite que una serie de petímetres alcancen notoriedad y fama
sin que haya en ellos ningún talento que los avale.
La única constatación de la felicidd pasada es
su irremediable pérdida.
Lo peor está siempre por llegar
Uno de mis amigos, que es mi consejero aúlico en
materia de poesía, me asegura que, no es ya que corran malos tiempos para la lírica, sino que estamos asistiendo al final de un ciclo:se agostó
y se agotó la poesía social, el yo, como es sabido, es siempre miserble y la poesía de la experiencia está excesivamente experimentada.Así
que no queda otra solución que volver a los orígenes, es decir, a la poesía bucólica.
Obedeciendo a sus doctos consejos, he vuelto a releer a Teócrito y reservaré las largas siestas de julio a Arato y sus Phainomena y,seguramente, a Montemayor, sin que me anime, por supuesto, ningún proyecto onírico.
Pero, como considero que en poesía es importante
la propia experiencia del hecho creador-eso que, en alemán, se llama con justa precisión Erlebnis-
he decidido, como hizo aquel marqués, visitar a
una vaquera o, en su caso, pastora que anime mi
alicaido numen poético.
Así que esta mañana, después de levantarme muy temprano, me he encaminado por "tierra fragosa"
a la búsqueda de la necesaria inspiración.Hacía
un calor terrible y, al cabo de varias horas, me
he sentido tan cansado que he estado a punto de
abandonar.Pero, cuando reponía mis fuerzas en lo
alto de una loma, no demasiado lejos, a unos doscientos metros, he divisado un rebaño de ovejas guarecido por una pastora que, como todas
las de su índole, presumo dulce.Entonces me he
acercado sin dilación al rebaño para llenarme de
la necesaria impresión poética que, a decir, verdad, ha resultado más óptica que olfativa.
La pastora me ha mirado, al principio, un tanto
sorprendida para después adoptar un aire que, de
no ser por la sentimentalidad que las adorna, habría calificado de amenazador.Al verla más de
cerca, he notado que, como el donjuán del Arcipreste, es trefuda y pescozuda y, si puedo
hablar sin ambages, desmedidamente culona.Así que
mi élan lírico ha sufrido un notable descenso.
Y, sin mediar palabra, ha sacado un móvil de su bolsillo y ha entablado una conversación de la
que nada he podido percibir, excepción hecha de su severa mirada.Malos tiempos para la lírica.
¿Recuerdas el verano?
qué jóvenes entonces
tu cuerpo adolescente
sembrado de hermosura
tus pechos nacarados
la risa entre los árboles
y yo, como un mendigo
pendiente de tus labios
soñando con tu pelo
la luz de los jazmines
se adormecía en tus ojos
y las rosas abiertas
posaban en tus ojos
sus pétalos en flor
¿Recuerdas que te dije?
y te lo digo ahora
ne me quitte pas
Pocas cosas, a mi entender, definen mejor lo que la Escolástica llamó el "principium individuationis" que el rostro humano.
Hay rostros que son diáfanos porque son directa
expresión de la luz y de la sombra, rostros en los que es innecesaria cualquier forma de análisis porque, en este caso, el rostro y su expresión se confunden.
Hay rostros en los que se adivina la mano delicada del orfebre más distinguido, rostros, diríase, pulidos centímetro poor centímetro.
Hay rostros en los que se adivina el paciente esfuerzo de miles de generaciones, entregada cada una de ellas a la mejora de la anterior.
Hay rostros plebeyos, plagdos de ignominias, y
rostros aristocráticos en los que late una singularidad preñada por el espíritu, rostros
delicados y tersos en los que la belleza interna
y externa se conjugan en una especie de armonía preestablecida.
El rostro de Juan Ramón podía haber sido concebido o modelado por el Greco:un rostro alargado y fino, puro y delicado, trasunto de un
misticismo casi religioso.Y ojos como de mariposa oscura, ensimismados en ellos mismos, con la atención siempre dirigida hacia adentro.
Y pómulos delicados y lisos por los que parece
escaparse la melancolía y la tristeza.
He aquí una muestra de la excelencia de la poesía del poeta por excelencia.
EL VIAJE DEFINITIVO
Y yo me iré.Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol
y con su pozo blanco.
Todas las tardes el cielo será azul y plácido
y tocarán, como esta tarde están tocando
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año
Y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado
del coche de las cinco, de las siestas del baño
en el rincón florido de mi huerto florido y
/encalado/
mi espíritu de hoy errará nostáljico
Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco
sin cielo azul y plácido.....
y se quedarán los pájaros cantando.