Al principio sus miradas tan desconfiadas eran incluso hirientes?
Sorprendidos observaban a aquella recién descubierta niña de edad avanzada.
- Se ha vuelto loca! ? Pensaba más de uno- ¿Cómo es que se piensa un pirata??
- Y peor aún ¿cómo puede creer que ellos son piratas??
A pequeños e indecisos pasos como si de un maltrecho puente colgante se tratara, los más pequeños se transforman en piratas?
En medio de mi ilusión, de mi pequeño País de Nunca Jamás, de un mundo que a veces me parece incluso real? Una cruel pregunta, como una daga afilada, se lanza?
- Pero? ¿por qué crees que eres pirata, tienes un barco y una espada si yo no veo nada?
Entonces me pregunto? ¿Quién es el causante de la muerte de la ilusión??
¿Por qué pequeños, mayores, jóvenes y abuelos han dejado de soñar?? ¿Por qué hay que ver para creer, si en realidad Creer es Ver??
No sé que es lo que pasa pero parece todo distinto? ¿Por qué?
Deambulo desde muy temprano y a pesar de las complicaciones que encuentro, a pesar de saber que esa es la chispa que detonaría la cólera de todos cuantos me rodean, hoy todo eso es distinto? ¿Por qué?
Pienso que quizás todo sea un sueño; que aún esté viajando por un mundo donde las luces y colores vencen a las tinieblas, donde el sonido de ambiente sea cálido y familiar.
Quizás aún estoy soñando y esa máquina desgarradora de sueños esté apunto de raptarme para devolverme a la realidad? pero no! ¿por qué? ¿Por qué es todo tan distinto hoy??
Y sólo él me da la respuesta; con sus ojos abiertos como si de dos faros se trataran, su radiante sonrisa y su voz aterciopelada me recibe con un Feliz Navidad! Y sonriendo, poniendo esa cara con la que amanece un niño el día de reyes?digo: Feliz Navidad!
De repente una idea, cuan cometa, se cruza en mi mente? ¿será el último año que pase a mi lado?? Tal vez sea así pues ese maldito monstruo se lo está llevando.
Él sonríe, por suerte, no ha notado esta duda que me acecha, por lo que a partir de ahora me propongo hacer de su sueño una realidad y disfrutar de ésta Navidad.
Bien ya lo he decidido, acabo de dar el primer paso para lo que realmente deseaba hacer. Voy a lanzar pequeños mensajes en botellas virtuales. Comienzo por la primera:
Querida, siguiendo tus deseos, he procurado no llorar por tu ausencia ni tu presencia, he pensado en dislocarme el alma para no tener que seguir sufriendo, pero que coño... que te den. Si he llorado y que, he tenido ganas de llamarte, de preguntar como estas como te encuentras, que tal tu nuevo trabajo tu baile tu vida....porque sabes lo que te digo, que somos seres sociales y por poco que hayamos hecho, al fin y al cabo nos hemos conocido, y solo quien se conoce se ama, así que por esa regla de tres.....good bye
Ahora estoy aquí sentado delante de mi maquinita infernal, que es mi portátil, sufriendo un colapso de creatividad.
Pero ahora eso no importa. Como estáis todos aquellos a quienes no veo desde hace meses, o años?
Yo? bueno, ya que lo preguntáis sintiéndome aislado y perdido, el caso es que tampoco me apetece encontrarme con ningún viernes, pero así es la vida. Recuperare la compostura. Porque sigo aparentando ser de hierro y muy centrado...pero estoy hecho un lio sin ganas de seguir pa?lante.
Si el alma se mantuviera tan fría como tengo ahora los pies, que suerte no?
Prefiero mil veces el gesto trágico, casi teatral, de abrir un paraguas con la mano y recorrer el mástil mientras se alza el barco sobre mi cabeza con su vela dulce, al disparo rápido y sonoro-seco de presionar un botón y hacer saltar el paraguas como un prohibido amenazante. Así, los besos lentos de la lluvia calma son como caricias que dejan mi rostro para abrazar mi paraguas, y cada gotita salta disparada del trampolín que me cubre hasta la punta veloz de mi zapato derecho, como por sorpresa. Y puedo, ocultar mi mejilla bajo los lunares de mi media luna, o llevar el paraguas como capa, dándole vueltas tentando a la suerte. Sólo si abro el paraguas puedo navegar los charcos sin sentirme grande, puedo suspirar desde los hombros y mirar las cascadas a mí alrededor haciéndome la aventurero. Si le diese al botón, si todo dependiese de un botón negro y rugoso junto al mango de madera o plástico ?mucho más terrible-, entonces el paraguas quizá pudiese replegarse y encerrarse en un bolso, o ser negro, o invitarme a llevar zapatos con los cordones atados, o invitarme a temer? a temer la lluvia.
Marta y yo solíamos ir a la sala azul del sótano del museo a tumbarnos a pensar, allí sólo había restos íberos y nunca bajaba nadie, ni si quiera pasaba el guardia que se quedaba siempre en los pisos superiores vigilando los cuadros. También nos gustaba irnos a la sala central del museo, un antiguo patio con balcones que había sido techado y gozaba de una dulce oscuridad, para bailar sobre el suelo de mármol negro que rezaba ?no pisar?. Allí siempre había una música que nos sublimaba, que nos alejaba de la realidad y podíamos ser cualquier cosa. Luego, a la salida, decíamos adiós a los restos de cara que considerábamos nuestro guardián particular de la piedra. El guardia nos miraba como comprendiendo y a la vez no sabiendo nada. Y nosotras nos íbamos canturreando por la calle, pero volviendo a ser nosotras, las nosotras del mundo. Marta y yo no lo supimos nunca, pero aquella era la casa de nuestra creatividad más pura, más desnuda, más de verdad.
algo así como besarte
como enredar mis ladridos
en tu boca interminable,
algo así como dejarme
querer
a tu torpe manera,
como dejarme alcanzar
-cazar-
aunque no sea necesario,
aunque no te lo merezcas.
algo así como dejarme
perder en tus manos feroces
y decir:
no pude hacer nada
para remediarlo.
Y decir:
yo no quería,
en voz alta
y queríamos los dos
en un susurro.
algo así como besarte
cuando no te necesito
cuando sólo tú
piensas en mí.
Baila conmigo. Y los pies eran césped, descalzos, húmedos, junto al lago imaginario, bajo los árboles altos en forma de orquesta. El cuerpo erguido, la cintura tibia, las manos desnudas buscando tentar. Baila conmigo sin decir nada, sin dejar palabras sueltas para el despertar, baila sin mirar mi rostro, sin poderme amar, sin desear alcanzarme. Respirar tan rápidamente, tan fuera de sí, perdidos en sueños, podemos bailar hasta que vuelvas a despertar al mundo. Siempre quise ser bailarín, sentir los pies descalzos a la orilla del mar, dar vueltas y vueltas, dejarme llevar, arropado por mi música, la que nadie escucha ya, la que es un secreto, la que guardo escondido en otro corazón que nunca llevo puesto. Sácame a bailar, cada noche ciego de arrullos y besos. Cada noche tonta en que no te alcanzo, en que no apareces, pidiendo mi mano para un baile más. Paso, paso, para. Paso, paso, para. Tus ojos ocultos tan lejos de mí, tan lejos de ti, no nos conocemos, sólo así, perdidos en giros, junto a la conciencia, testiga asombrada, de esta fragilidad pequeña, inocente, que sabes robar con cada caricia sobre mi hombro desnudo. Bailemos, bailamos dormidos. Nunca más parar, róbame la muerte una noche más.