Después de mucho tiempo sin hablar del que será mi segundo libro, Onironáutico, su proceso de publicación está llegando al punto final, así que son varias noticias las que quería comentar con vosotros para que estuvierais al tanto.
En primer lugar, será un libro totalmente autoeditado por mí. Tenía un acuerdo editorial para su publicación, pero ello suponía aceptar una serie de condiciones que no me convencían del todo, como aspectos del libro o tamaño, entre otras cosas. Sobre todo, lo que me ha hecho decidirme, además de eso, es que pienso que, cuando todo este proceso termine, la satisfacción será más plena si lo hago así.
En segundo lugar, varias personas han querido colaborar en este proyecto prologando el libro. No puedo dar datos, de momento, de quienes serán los encargados para elaborar los prólogos, pero sí puedo decir que son tres personas muy importantes y reconocidas en ámbitos literarios, los tres escritores y dos de ellos miembros de diversas academias.
Y en tercer lugar, estoy en conversaciones con un importante diseñador gráfico que se haría cargo del diseño y maquetación del libro. Este último aspecto aún es sólo una posibilidad, el libro ya está en sus manos y es él quien debe decidir ahora si quiere participar en él, pero en cuanto se confirme os daré más datos. Por ahora sólo os puedo decir que es un profesional como la copa de un pino, que hasta ahora su trabajo ha sido a gran escala, incluso en varios canales de televisión nacional y que, tras entrevistarnos, mostró una gran ilusión en participar en el proyecto.
Por último, si todo el proceso va bien y no se retrasa, espero que el libro pueda estar en la calle en octubre y poder empezar con las presentaciones en ese mismo momento, ya hay algunas apalabradas, así que ya os iré informando
Finalmente, el mal funcionamiento de librodearena.com ha podido conmigo. Los errores a la hora de cargar un textos, los interminables tiempos de espera a la hora de publicar un comentario o cargar las páginas de mis amigos me han motivado a emprender la mudanza. Ahora podréis encontrarme en http://fontanerodelmar.blogspot.com/
Espero veros a todos por allí, ha sido un placer compartir con vosotros estas arenas y, por ello, volveré a menudo a visitar vuestros hogares.
Elena me regaló uno de esos barcos embotellados que a mí, desde pequeño, siempre me habían llamado la atención. Era mi veintiocho cumpleaños y el primero que pasaba con ella. – A simple vista parecerá un barco embotellado, pero es más bonito si piensas que es un barco protegido de la furia del mar-, me dijo.
El ejemplar, era un bajel de tres palos ampliamente cubiertos de velas, con todo su casco protegido por cañones, como si estuviese dispuesto a la batalla. Siempre que lo observaba, pensaba en la afirmación de Elena, un barco protegido de la furia del mar. Efectivamente, aquella botella era su hogar, pero de él no podía salir.
No tuve ninguna duda de que Elena era la mujer de mi vida hasta el día en que la vi paseando de la mano con aquel hombre de la chaqueta. Cuando entró en casa no resistió el interrogatorio, cedió a mis preguntas y también se liberó del cansino juego de doble vida que había llevado hasta ese momento. La aprecié tranquila, serena, como si se estuviese quitando un gran peso de encima. En cambio yo sentía que todo mi mundo se desplomaba. Repentinamente mi furia estalló, como si hacerle daño fuese a aliviar el que ella me había infringido, empecé a gritarle insultos. Se dio la vuelta corriendo y salió de casa con un portazo.
Entonces escuché el chasquido de cristales. En el suelo, el regalo de mi vigésimo octavo cumpleaños parecía aliarse con Elena en su decisión de poner fin a nuestra relación, la violencia del golpe de la puerta había precipitado aquel recuerdo hasta el suelo. Me acerqué con lágrimas en los ojos y pude observar el bajel fuera de la botella que antes lo protegía y ahora yacía deshecha en mil pedazos, como mi corazón sin el suyo.
Había ido a aquella playa a ver el atardecer y soñar con pasados días azules que me rescataran de mi nostalgia. Al caer el sol, tras apagarse el último rayo del crepúsculo, emergió de entre las aguas la última de las bañistas que en ese momento quedaba bajo las olas. Desnuda de ropajes y vacía de timidez su figura se acercaba hacia mí mostrando toda la dimensión de sus medidas y, ante mi sorpresa, extendió su mano y se presentó.
Enrollamos la toalla alrededor de su cuerpo a modo de falda, le cedí mi camiseta para que tapase la desnudez de su torso y, de tal guisa, nos dirigimos al domicilio de una amiga que tenía su residencia frente al paseo marítimo. La Venus marina que en ese momento me acompañaba necesitaba algo de ropa, pues me había expresado su deseo de iniciar una visita por la ciudad.
Con una falda y una camiseta cedidas por mi amiga nos dispusimos a recorrer el casco urbano. Pensé en llevarla a los lugares importantes, pero al llegar al primer monumento me dijo que aquello no le gustaba, que no lo quería, que ella lo que deseaba era ver a la gente, conocer sus aficiones, la forma de pasarlo bien, verlos reír, llorar y sentir, enamorarse y, sobre todo, quería bailar.
Así que me dirigí al local que frecuentaba con mis amigos para integrarla dentro del grupo. Cuando llegué me miraron ojipláticos preguntándose de dónde había sacado yo una maravilla de mujer como aquella. Estuvimos charlando, riendo, contando anécdotas, la mayoría sobre mí, que de repente aquella noche me convertí en el centro de atención, desnudando el pasado, en algunas ocasiones, avergonzante, pues cuanto más absurdas era mis peripecias más disfrutaban aquella suerte de amigos transmitiéndolas, como si quisieran acabar con mi reputación ante la chica de su sólo plumazo.
Tras las anécdotas fuimos a bailar, donde mi acompañante disfrutó como una auténtica loca, apuntando toda una suerte de movimientos y maneras dignas de la más famosa de las bailarinas. Hasta el cierre de la discoteca estuvimos en la pista de baile sin parar un solo segundo y cuando yo ya adivinaba la despedida, fuera del garito, deseaba como nunca había deseado que me invitase a su hotel, porque supuse que no era de la ciudad, para tomar la última copa.
Pero en vez de eso me dijo que aún le quedaba una cosa por aprender, tenía que enseñarla a besar, tenía que enseñarla a hacer el amor y así poder saber lo que se sentía. Para ello no me llevó a su habitación, o sí, según lo veo ahora creo que sí me llevó. Fuimos de nuevo a la playa y sobre la arena culminamos lo que en la noche debíamos de culminar. Nos quedamos abrazados justo hasta que empezó a amanecer, porque con el primer rayo de luz se deshizo de mis brazos y sus piernas desaparecieron para dar paso a una enorme cola de sirena. Arrastrándose llegó hasta la orilla y me lanzó un beso de despedida antes de sumergirse en el mar.
Nunca he sabido si aquello llegó a ser un sueño, pero mis sentidos recuerdan cada uno de sus gestos, su olor, el tacto de su piel, el calor de su voz, su indiscutible belleza y sobre todo su sabor, por eso ahora todas las comidas las ingiero con el doble de sal.
Y el que se va ahora de rutas playeras soy yo, así que nos vemos a la vuelta y pasadlo bien!
Nací el 18-8-81, capicúa, a las 18 horas y 18 minutos. Los médicos, al nacer, dijeron que sería alguien especial. No sé si lo soy, pero trato de serlo, no me gustaría ser un ave de paso que marcha como si nada hubiera sucedido. Amo a las personas por encima de todas las cosas, pese a todo y escribir es mi forma de terapia, de salir de la rutina diaria y meterme en la piel de los personajes que invento y, sobre todo, escribo por puro afán de supervivencia, para que cuando me marche algo quede de mí en este mundo, no me gustaría ser un simple ave de paso.
En junio del 2008 publiqué mi primer libro, "El fontanero del mar". Un libro de relatos cortos que se puede adquirir a través de la web www.bubok.com
Espero que os sintáis cómodos en esta humilde casa de arena