Fantasia
Después de leer y comentar este interesante post en el blog La casa de Aisling, me encontré con ganas de decir muchas cosas al respecto, así que aquí está un primer post sobre la fantasía (y todo lo que lleva detrás).
Había una vez…
No resulta sencillo definir en qué momento surge el género fantástico como tal. Si nos detenemos a pensarlo un momento, es el género más viejo que hay. En la antigüedad nacen las historias mitológicas sobre dioses y héroes, las sagas nórdicas, el ciclo artúrico, los cuentos de hadas…
Se suele considerar al Manuscrito hallado en Zaragoza como el primer relato fantástico. Las obras de Edgar Allan Poe son precursoras de la fantasía, el terror y la literatura policiaca, y Frankenstein de Mary Shelley también es precursor de la fantasía, el terror y la ciencia ficción (y también hasta el policiaco).
Alicia en el país de las maravillas, y a través del espejo, y es “la mamá” de la “fantasía maravillosa”. Tenemos también como pionero en el género de “heroica” y “espada y brujería” a Lord Dunsany. También se considera a E. R. Borroughs.
Pero la “fantasía moderna”, tal y como la conocemos, comienza a penas en el siglo XX con dos escritores de habla inglesa: Robert E. Howard y J.R.R. Tolkien.
La llegada de Conan
En 1932 aparece Conan el Bárbaro en la revista pulp Weird Tales y con él la fantasía “heroica” y de “espada y brujería” llegan a la cima. Robert E. Howard era parte del llamado “Círculo de Lovecraft”, al que pertenecía también Clark Ashton Smith.
Fritz Leiber crea a Fafhrd y El Ratonero Gris, y es él quien acuña en realidad el término de “espada y brujería”. También está la escritora C. L. Moore.
La historia del Mediano que tenía un anillo y no lo quería y lo arrojó a un volcán
En 1937 Allen & Unwin publicaron El Hobbit (que podemos considerar como puente entre la fantasía “¨heroica” y la “épica”). El libro se vende como tamales calientes, y Unwin le encarga a Tolkien una segunda parte. En la mente del profesor comienza a formarse un monstruo que tardará más de una década en terminar de gestarse.
Mientras tanto, C.S. Lewis (el buen Jack, amigo de Tolkien) da a luz a Las crónicas de Narnia.
Por fin en 1954 y 55, después de 18 años, se publica por fin “El Hobbit 2”, el monstruo invencible al que algunos intentaran imitar y que se ganara el título del libro más popular del siglo XX… nos referimos por supuesto (si son muy ignorantes o soquetes para poder deducirlo) a El Señor de los Anillos. El enorme libro publicado en tres partes se vende como tamalitos calientes en época de frío y J.R.R. Tolkien se yergue como el padre, maestro y rey de la fantasía “épica” y “alta”.
¿Qué sucede después? Comienza a producirse mucha fantasía y el género se consolida. Tenemos a Ursula K. Le Guin, Peter S. Beagle, Michael Ende, Roald Dahl, Lloyd Alexander, Michael Moorcock, Tad Williams, Louise Cooper, Jack Vance, Harlan Ellison, Gene Wolfe, Wynne Jones Diana, Terry Pratchett, Tim Powers, hasta Neil Gaiman y Phillip Pullman… y etc, y etc, y etc.
Aparecen además los juegos de rol.
Y no se olviden de Borges.
La fantasía pasa por lo que casi podríamos llamar una “época dorada”, se vuelve algo por lo que las editoriales podrían apostar y se extiende como un gran océano; sin embargo, el mar aún estaba en calma.
El maguito es popular
En 1997, después de ser rechazada por varias editoriales, aparece en la editorial londoniense Bloomsbury una historia sobre un chico huérfano de cabello negro y gafas que vive con sus tíos y que en su cumpleaños número 11 descubre que es un mago, acude a una escuela de magia y debe destruir a un mago malvado.
No, amigos, no es Ged, no es Timothy Hunter, no es Henry, no es Ponder Stibbons, ni siquiera es Mildred Embrollo… se llama Harry Potter (prometo un día hacer un post sobre todos los que han plagiado la historia de Jotaka gracias a máquinas del tiempo).
2001, llega el nuevo milenio, y en el cine aparecen Harry Potter (también prometo hacer otro post sobre la afectación de las películas sobre el libro), y El Señor de los Anillos.
ESDLA obtiene más fans de los que ya se cargaba, y Harry Potter se vende como tamales en día de la Candelaria. Con el éxito del mago de la cicatriz en forma de rayo (para evitar confusiones con los otros mencionados arriba), el calmado océano de la fantasía se torna embravecido… el género se vuelve “popular”.
¿Qué implica esto?, la gente comienza a leer fantasía por montones, los jóvenes comienzan a escribir fantasía por montones, y las editoriales quieren publicar fantasía por montones.
Esto significo tanto cosas buenas como cosas malas. La fantasía se dio a conocer más entre los nuevos, pero aún no obtiene el respeto que se merece. La gente empieza a incursionar en la fantasía con entusiasmo, pero muchos optan por imitar. Las editoriales se dan cuenta de que la fantasía si vende y se vuelven más flexibles para publicarla. Por desgracia, algunas fueron “demasiado flexibles” y en las librerías aparecen (y lo que es peor, como bestsellers) libros de fantasía de baja calidad, simples imitaciones e incluso plagios descarados. Pero eso no significa que ya no se hicieran cosas buenas. Por ejemplo, Sthepen King, Phillip Pullman, George R. R. Martin siguen el rumbo que se habían trazado.
En el cine, toda película de fantasía intenta hacerse “a la Harry Potter”.
Ahorita pareciera que las cosas se van calmando un poco. La gente voltea su mirada a la nueva moda: los vampiros.
Sin embargo, es un buen momento para producir fantasía en países de habla hispana.
Laura Gallego García no sé detiene, Javier Bolado ya casi termina su saga “steam-fantasy”. Y aquí en México aparecen las primeras “series” fantásticas.
Zetro y Vaudiz
Apenas el año pasado, aparecen en el internet, la radio, los periódicos, hasta la tele, y en las ferias de libros los nombres de dos escritores noveles mexicanos: Erick Velázquez Reyes y Andrea Chapela.
Ya se había hecho fantasía en México. Recuerdo que una vez encontré en un “Samborns” una novelita sobre monstruos venidos de un mundo paralelo que aparecían en las playas de Veracruz (por burra no anote el nombre del libro ni del autor, si alguien sabe de cual hablo, páseme el dato). Sin embargo, Erick y Andrea son los primeros en publicar “series” o “sagas” fantásticas hechas en México, y hechas a la tradición de la “fantasía” moderna. No sé si de verdad la gente se da cuenta de los que eso significa.
Ambos jóvenes, independientemente de si sus libros gusten o no, de satisfagan o no a los exigentes seguidores del género, de si se sepan en que se metieron o no, son los pioneros (por decirlo de algún modo) de las sagas fantásticas mexicanas.
Significa que el camino se ha abierto. El ombligo de la Luna está listo para que los escritores mexicanos (y de América latina) de fantasía nos lancemos al dominio del mundo.
Recae ahora en los noveles seguir con el camino que se ha trazado, y tendremos que hacerlo con originalidad, amor y respeto al género.
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