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Palabras borradas por el tiempo...

El perfume es el recuerdo de una flor de otro tiempo.


Una dulce espera más.

Miro el reloj por segunda vez. La aguja tan solo ha tenido tiempo de moverse un minuto. ¿Dónde está? Le pregunto al viento que tan solo sabe murmurar palabras que no entiendo. Las hojas de los árboles se mueven nerviosas y mis manos no dejan de teclear en mi teléfono móvil sus ocho primeros números. Suspiro mientras miro a la izquierda y a la derecha. Entre la multitud busco esa mirada que con una sonrisa mira fijamente a la figura que le está esperando. No la encuentro. Me subo la cremallera del abrigo y cubro mi cuello. Se acerca el invierno.


Miro el reloj por tercera vez. La aguja me grita que llego tarde. ¿Sigue allí? Le pregunto al viento que me abofetea con su frío cortante. Las hojas de los árboles caen y danzan en el aire nerviosas. Busco en mi bolsillo y saco mi teléfono móvil, no me atrevo a marcar su número. Quiero ver su sonrisa. Quiero verla allí, esperándome de pie. Seguro que ya lleva su abrigo marrón y que sus manos se resguardan en los bolsillos. El semáforo se pone rojo. Pienso en su sonrisa. Se acerca el invierno.


Y en la pared, un papel anunciaba lo siguiente: Llegas tarde una vez más.


Cojo el papel, no hay duda. Es su caligrafía. Su sonrisa desaparece de mi mente. Hace frío.


Escondida entre la multitud lo veo aparecer. Ha cogido el papel, lo ha leído. ¿Que piensa? Le pregunto al viento. ¿Me acerco? Una hoja cae y se enreda en mis rizos. Lo consideraré un sí.


...


Noto como unos brazos me rodean por la espalda. Es ella. Sonrio. Su perfume es inconfundible. Creo que ha salido el sol.


Le rodeo con mis brazos por la espalda. Sé que está sonriendo. Le imito. Creo que ha salido el sol.

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Una carta más.

Para ti, mi amor:


Quizá sea tarde para decirte lo que siento o quizá demasiado pronto. Escoger el momento no es fácil y a mí nunca se me ha dado demasiado bien. No podrías ni imaginarte el montón de veces que he empezado esta carta y las pocas que he conseguido escribir una frase con sentido. No se me da bien expresar los sentimientos, ya lo sabes. No sé si esta será la definitiva o se quedará como un intento más. Pero aquí estoy, con un bolígrafo en la mano y dejándote cada una de estas palabras para decirte algo tan sencillo como un te quiero.


¿Sabes? Me gustan esos momentos en que me miras lo más discretamente posible y yo simulo no darme cuenta. Sin embargo, al final, los dos nos descubrimos con una sonrisa.


Añoro esas tardes en que muertos de frío nos dejamos caer sobre el sofá de tu casa, uno al lado del otro, abrazados. Miramos hacia el techo, temerosos a encontrarnos uno tan cerca del otro.


Eres especial para mí, por todas y cada una de las palabras que me dices. Por todas aquellas veces que me has sorprendido y por cada una de las veces que me has dejado prácticamente sin palabras.


Me dijiste que era una chica dulce, apasionada, soñadora, tímida,... No fui capaz de decirte como te veía yo a ti en realidad. Me limité a decir estupideces y cosas para salir del paso. No sé porque no fui capaz. Quizá tenía miedo. No lo sé.


Te sientas enfrente de mí y nos miramos a los ojos con total naturalidad. ¿Qué piensas cuando me miras? No soy más que una amiga para ti ¿o cada vez que quedas conmigo esperas que pase algo más que un simple beso en la mejilla y un abrazo?


Yo solo sé lo que yo pienso, y es que te quiero y que no hay persona con la que me sienta más a gusto que contigo.


Los silencios no son incómodos y las sonrisas son fáciles.


Simplemente, quiero estar abrazada a ti...

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Dulce espera

Jugueteaba con la cucharilla del café mientras miraba una y otra vez como corrían las agujas del reloj. Desde siempre había tenido esa costumbre y ahora ya nadie ni nada podía quitársela. Cuando se acercaba la hora empezó a dar pequeños sorbos a aquel líquido amargo que había intentado endulzar con todo el azúcar posible. Dejó el pequeño vaso de cristal y la cucharilla en el fregadero y fue hasta el portal de su casa, salió al jardín y comprobó por segunda vez que había dejado la llave bajo la maceta acordada. Suspiró al ver su brillo y sonrió.

Al entrar en casa y cerrar la puerta tras de sí, empezó a desnudarse mientras iba camino de la ducha, en su mano derecha sujetaba la ropa y en la izquierda llevaba las zapatillas. Lo lanzó todo dentro del cubo de la ropa sucia y llenó la bañera. El sonido del agua la relajaba. Introdujo sales de baño e inundó el cuarto de baño de un dulce perfume tropical.

Primero una pierna, después la otra,… Para dejar finalmente, que todo su cuerpo fuera abrazado por aquellas aguas perfumadas.

El silencio era su único acompañante, el agua su único amante, el dulce perfume su única vestimenta,…

En el cuarto de baño tenía también un reloj, de vez en cuando lo miraba. Como Cenicienta, ella también esperaba a que llegaran las 12 de la noche, pero no para finalizar la fiesta sino para empezarla.

Salió de la bañera y miró el espejo que estaba completamente empañado, pasó su mano por la superficie y se encontró a sí misma sonriendo. Se cubrió el cuerpo con una toalla roja y fue hacia el dormitorio. Escogió la mejor ropa que tenía, se arregló el pelo y se maquilló de aquella forma delicada que le hacía la cara más fina y bonita.

El perro del vecino empezó a ladrar y la puerta de hierro del jardín emitió un chirrido, en aquel momento supo que él ya había llegado. Apagó las luces del dormitorio y se tumbó sobre la cama. Su mente empezó a dibujar cada uno de sus movimientos: atravesaría el jardín, miraría si alguna de las luces de la casa estaba encendida y sonreiría al ver que no era así. Llegaría a la maceta acordada y buscaría la llave, entraría en la casa y a oscuras se guiaría con las manos hasta la habitación.

Se removió entre las sábanas y sonrió porque la puerta de la habitación empezaba a abrirse lentamente.

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Gracias de todo corazón.

Regalos que nacen en el corazón envueltos en palabras y gestos. Eso es lo que más estoy valorando, lo que me hace sentir feliz y logra sacarme sonrisas continuamente.


 Y es que cumplir años hace ilusión si tienes gente alrededor que te lo recuerde.


Por todos los "felicidades" que he recibido y recibiré en estas arenas, por esas sonrisas que me habéis dibujado en mi cara  y dibujareis. Os regalo estas sencillas palabras:


 


Por cada uno de los sentimientos que con cuidado hemos dejado en un papel, hemos visto a la pluma danzado el baile de las palabras...

Por cada una de las veces que la negra tinta ha quedado en la blanca superfície, mostrando aquello que nuestro interior guarda...


Vale la pena escribir...


Por cada uno de los sentimientos que hemos visto plasmados en textos, aquellos que hemos leído y que nos ha permitido descubrir un poco más de aquella persona...


Por cada una de las veces que la negra tinta nos ha permitido acercarnos un poco más a los sentimientos de alguien...


Vale la pena leer...


Por cada arenero que ha descubierto en este espacio un sitio donde expresarse,...


Que ha encontrado sentimientos...


Hoy por vosotros. Muchísimas gracias.

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Viaje en autobús.

Recuerdo vagamente aquellos días en que estábamos uno al lado del otro en silencio y sin llegar a incomodarnos. Cada uno tenía como acompañante su pensamiento y con eso nos bastaba. Creo que fue una larga temporada esa, a pesar de eso la recuerdo como algo confuso, como algo que pasó rápido y que carece de importancia.

Una de esas tardes interrumpiste mis pensamientos simplemente para preguntarme la hora. Miré el reloj de mi muñeca y te la dije sin el más mínimo indicio de molestia. Desperté en aquel momento de mi ensimismamiento y te miré por primera vez a los ojos.

Los días, uno tras otro, pasaron; y sin faltar a tu cita, te sentabas a mi lado. Éramos compañeros de viaje en aquel viejo autobús que ahora ya no circula. Las breves palabras pasaron a ser conversas triviales.

Los días en que alguien ocupaba tu sitio y se sentaba a mi lado, me mirabas unos instantes, me saludabas y te sentabas allí donde yo no podía verte. ¿Te sentías traicionado? Nunca llegué a comprender que era lo que pasaba en aquel momento por tu cabeza.

Nuestra amistad era simplemente viajera, una vez bajábamos del autobús, cada uno se enfrentaba de nuevo a sus propios pensamientos, a su propia vida. Ninguno de los dos llegó a ser importante para el otro, al menos al principio.

Los silencios volvieron en el momento en que teníamos miedo de hablar de algo que pudiese resultar muy personal para el otro. Ninguno se atrevía a romper el hielo. Pero la verdad es que nuestras manos se buscaban sin pedirnos permiso y se rozaban débilmente, nuestros labios se amaban en silencio y deseaban besarse a escondidas, nuestras miradas jugueteaban y nuestros perfumes danzaban en el aire.

Poco a poco, ambos necesitábamos la presencia del otro, cuando uno de los dos faltaba a su cita, una sensación de soledad nos recubría.

Pero llegó el día en que dejamos de subir regularmente a aquel vehículo,...

Y estoy convencida que tanto tú como yo, no fuimos capaces de decir que éramos algo más que una simple compañía para viajar... El silencio ganó la partida.


 

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¿Volverás?

Jugueteabas con mi pelo y lo enredabas en tus dedos, entonces nos mirábamos y nos dedicábamos aquella sonrisa única.


Tus manos dejaban mi pelo para irse hacia mis mejillas que esperaban ansiosas una de esas caricias lentas. Nuestras miradas seguían inmutables y nuestras sonrisas iban poco a poco haciéndose más especiales. Entonces tocabas mis labios, los acariciabas con ternura,...


Tus labios buscaban los míos con indecisión, empezaban con un leve roce, débil, tímido,... Pero siempre dulce y lleno de aquella sensación peculiar que nunca supe explicar.


Protegida por tus brazos, en contacto con tu cuerpo, nuestros labios besándose, nuestros ojos cerrados, mi pelo rozando tu rostro,...


Recuerdos que de tanto recordarlos parecen que estén ya desgastados...


Por mucho que mire hacia el horizonte ya no veo tus huellas en la playa alejándose de mí. 


Miro atrás y no me creo que formaras parte de mi vida, miro atrás y tan solo veo sueños que se van desvaneciendo con cada paso del reloj...


Miro hacia delante y ya no te veo...


¿Volverás?

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Amanecer.

Me sentí la protagonista de tu historia en aquel momento...


Pero a la vez insignificante.


Incapaz de competir con tu deslumbrante belleza...


Incapaz de igualar tu forma de besar...


Incapaz de abrazarte y envolverte entre mis brazos con una calidez semejante a la tuya...


Diferentes,... Eso es lo que somos.


Eres aquello inalcanzable y libre, la belleza y la perfección llevas siempre de tus manos.


Y yo, no soy así.


Pero nunca te olvidaré. Guardaré en mis recuerdos ese sentimiento que me acompañó durante esos instantes.


Guardaré para siempre en mi memoria ese amanecer que amé...


Ese amanecer que me amó.



 


 


 

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